UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 19 de octubre de 2019

¿ VALE SEGUIR A KARDEC DESPUÉS DE 215 AÑOS DE SU NACIMIENTO? (I.M)
Homenajear a Kardec en el día de su aniversario es tener reflexiones sobre la pertinencia de aún decirnos espíritas kardecistas [kardecianos] en pleno siglo XXI, cuando muchas de las ideas defendidas en sus libros están hoy distantes del horizonte académico, rechazadas y consideradas envejecidas por la filosofía contemporánea.
Kardec permaneció en el limbo de la ciencia, de la filosofía y de la espiritualidad. Filósofos no lo reconocen como tal, científicos declaran con desprecio que el espiritismo es una pseudociencia y las tradiciones espirituales muchas veces excluyen el espiritismo de un reconocimiento para un diálogo.
Entonces, ¿Aún vale seguir a Kardec?
La cuestión se resume en lo siguiente: o sobrevivimos a la muerte y nos podemos comunicar con los que quedaron o la muerte es el final de todo. Admitida la primera hipótesis, las ideas que Kardec de ella derivó – y que hoy son expulsadas de la filosofía contemporánea – pueden ser defendidas fácilmente. Entre ellas, la existencia de Dios, el evolucionismo, con una teleología en la historia de la naturaleza, una conexión espiritual entre todos los seres del universo, una ética de colocar a los valores espirituales por encima de la ganancia terrena, y así en adelante.
Kardec pensaba haber reunido evidencias suficientes de que la vida continua y de que los espíritus se comunican. Otros después de él recorrieron el mismo camino en la segunda mitad del siglo XIX e inicio del siglo XX y llegaron a la misma conclusión, como William Crookes, Russel Wallace, Gustave Geley, Friedrich Zölnner y tantos más. En el siglo XX, tenemos, por ejemplo, la importante investigación de Ian Stevenson, con robustas evidencias de la reencarnación. Mas esos y otros investigadores de ayer y de hoy fueron tan silenciados, ignorados y rechazados como a Kardec. La ciencia llamada mainstream no abre espacio para ese tipo de investigación, porque ella hiere paradigmas fuertemente establecidos, porque no es una ciencia fácil de hacerse en el control y en la repetición de los fenómenos mediúmnicos, porque no es una ciencia que traiga innovaciones tecnológicas o productos lucrativos y mucho menos prestigio académico. Talvez haya otras hipótesis explicativas de esa exclusión desdeñosa.
Entretanto, para quien es médium desde que nació (como es mi caso) y vive cercado de fenómenos que otras ciencias no explican y que podrían comprometer la salud mental si no fuesen aceptados como mediúmnicos y si no tuviésemos instrumentos para lidiar con eso, el espiritismo deja de ser una filosofía del limbo académico, para volverse una necesidad y una posibilidad de equilibrio y orientación.
Esa es una de las grandes contribuciones de Kardec: como estaba convencido de la realidad del mundo espiritual y del intercambio con los espíritus, él no quedó indefinidamente repitiendo experiencias para comprobar los fenómenos y ni siquiera paró en esa investigación inicial. Él trató de estudiar cómo funcionaba aquello y de ofrecer directrices prácticas y parámetros éticos de como lidiar con la mediumnidad, de manera segura, saludable y útil.
Y en esa orientación, Kardec fue único. Nunca nadie antes de él y nadie después de él hace ese trabajo y de forma tan clara, tan crítica y tan competente. Por eso, encuentro que el Libro de los Médiums, muy poco estudiado y aplicado en el movimiento espírita brasileiro [y en el mundo], es el libro de Kardec que permanece sin alteraciones.
Los otros traen una visión del mundo, una filosofía y una ética que para mí y para muchos tiene sentido, más precisan ser releídos con sus contextos históricos y precisan ser transpuestos para un diálogo con problemas del hoy y visiones contemporáneas.
Kardec es pues una referencia, un inicio, una base. Un maestro que no se intimidó en querer avanzar más allá de la mera apreciación de un fenómeno, mas quiso dejar el resultado de sus diálogos con los espíritus y una filosofía coherente, bien articulada, que pudiese ayudarnos a mejorarnos a nosotros mismos y al mundo.
Hay en Kardec la preocupación del educador, de volver las cosas claras, prácticas, aplicables, útiles. Hay la intención de un reformador social de querer transformar la sociedad, volverla más justa, más progresista, más humana, más fraterna – dentro del horizonte que era posible a un discípulo de Pestalozzi en la primera mitad del siglo XIX.
Por eso, releo, reveo, hasta critico a Kardec en algunos puntos (estoy escribiendo un libro sobre toda esa relectura que hago), más permanezco espírita kardecista [kardeciano] – y hoy tenemos que adoptar sí ese adjetivo, ya que el espiritismo tomó muchas formas en nuestro país [y en el mundo]. Porque lo esencial de Kardec, es justamente ese manejo racional y ético de la mediumnidad, ese entendimiento progresista y pedagógico del mundo y de la vida, aún tienen mucho sentido para mi y considero que aún no dio lo que tenía que dar como contribución en este mundo, porque aún ni comprendido fue.
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Dora Incontri. Escritora y Educadora Brasileña. 2019

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