UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 21 de mayo de 2019


REFUTANDO LOS ERRORES DEL CATOLICISMO ROMANO

 
Por Amalia Domingo Soler.

No hay deuda que no se pague, ni plazo que no se cumpla, y el señor D.Vicente de Manterola ha comenzado a pagar la deuda que tenía contraída con el Sr. Vizconde de Torres-Solanot. En el mes de mayo de 1877, se propuso el señor de Manterola refutar los errores del Espiritismo desde el pulpito de la pequeña iglesia de San Antonio del Prado, sita en Madrid. Entre los numerosos oyentes que escucharon al sabio orador, se encontraba el Sr. Vizconde de Torres-Solanot, el cual le dirigió una atenta carta al señor de Manterola invitándole a discutir por medio de la prensa sobre tan trascendental asunto, de si es o no conveniente la escuela espiritista para el mejoramiento de la sociedad. El señor de Manterola le contestó, diciéndole entre otras cosas, lo siguiente:
«El predicador evangélico no tiene en manera alguna obligación de descender de la cátedra de la verdad al terreno de la prensa cuotidiana. Su palabra, que es la palabra divina, es libre, y no puede sufrir coacción ni vínculo porque la palabra de Dios no está ligada. Y si esta intimidad santa pudiera acrecentarse, en España la casi unanimidad de la fe y la posesión secular en que se halla corroboran aquel sagrado título.»
«No quiere esto decir que el sacerdote católico haya de negarse, guardados ciertos respetos, a la controversia con el error, en que le precedieron los Santos padres de los primeros siglos; y por eso cabalmente, antes de ahora, había yo pensado publicar un libro acerca de los errores del Espiritismo.»
«Tan pronto como vea la luz este libro, que con el favor de Dios estará impreso dentro de pocos días, tendré el mayor gusto en poner su primer ejemplar en manos de Ud.»
Esto escribió el señor de Manterola el 22 de mayo de 1877, y le estaba reservado al año 1879 la gloria de publicar el nuevo libro del distinguido orador sagrado, bajo el pomposo título de El Satanismo o sea la cátedra de Satanás combatida desde la cátedra del espíritu Santo.
El asunto de esta obra es ya conocido por el público de Barcelona; puesto que es la colección de las brillantes conferencias que en las parroquias de Santa Mónica y de Santa Ana, predicó en el mes de noviembre último el señor de Manterola; pero dichas conferencias han sido enriquecidas con apéndices profundamente eruditos, y, además, es muy distinto el escuchar, y el leer; la palabra hablada vuela como las aves, y su eco se pierde sin dejar la más leve vibración; pero la palabra escrita queda a nuestra vista, y se presta a serias consideraciones.
Nosotros, cogiendo al vuelo los pensamientos del señor de Manterola, le dedicamos seis artículos contestando a sus discursos sobre el espiritismo; y hoy reanudamos nuestras tareas para refutar nuevamente su obra, por medio de una serie de artículos; diciendo hoy, lo que deciamos ayer. No tratamos de convencer con nuestras réplicas al señor de Manterola; porque éste tiene talento suficiente para haberse convencido que el espiritismo es una verdad, combatimos la escuela ultramontana; no al autor del Satanismo, porque este es un dócil instrumento y nada más. ¿Qué hombre de verdadero raciocinio (que pueda pensar por sí solo) ha de decir lo que dice el señor de Manterola en la página 9 del Satanismo?
«Que el espiritismo sea un retroceso es de muy fácil demostración. El espiritista se coloca en una situación insostenible a la luz de la revelación y también a la luz de la ciencia.»
«Señores, el espiritismo es un verdadero anacronismo en pleno siglo XIX.»
¿Y por qué? señores ultramontanos, ¿por qué? No basta decir PORQUE SÍ; es necesario demostrar con pruebas el retroceso que nos trae la escuela espiritista; y estas pruebas no las podéis presentar porque no existen. La doctrina de Jesús bien comprendida y bien practicada, tiene que ser irremisiblemente la regeneración de la humanidad, aunque esto lo niegan todas las religiones.
El espiritismo, como dice Allan Kardec en su Libro de los Espíritus, página 335: «Es fuerte, porque se apoya en las mismas bases que la religión; Dios, el alma, y las penas y las recompensas futuras, sobre todo porque presenta esas penas y esas recompensas como naturales consecuencias de la vida terrestre y porque nada del cuadro que ofrece del porvenir puede ser rechazado por la razón más exigente.»
«Muy equivocada idea se tendría del espiritismo si se creyera que toma su fuerza en la práctica de las manifestaciones materiales, y que dificultando éstas, puede minársele por su base. Su fuerza reside en su filosofía, en el llamamiento que hace a la razón, al sentido común. En la antigüedad era objeto de estudios misteriosos, cuidadosamente ocultos al vulgo; hoy no tiene secretos para nadie, habla un lenguaje claro, sin ambigüedad, en él nada hay místico, nada alegórico susceptible de falsas interpretaciones. Quiere ser comprendido de todos, porque ha llegado la época de hacer conocer a los hombres la verdad; lejos de oponerse a la difusión de la luz, la quiere para todos; no exige una creencia ciega, sino que quiere que se sepa por qué se cree, y apoyándose siempre en la razón, será siempre más fuerte que los que se apoyan en la nada.»
«¿Qué hace la moderna ciencia espiritista? Reúne en un cuerpo lo que estaba esparcido; explica en términos propios lo que solo estaba en alegóricos; rechaza lo que la superstición y la ignorancia han engendrado, para no dejar más que lo real y positivo. Esta es su misión; pero la de fundadores no le pertenece. Enseña lo que es, coordina, pero nada crea, porque sus bases han existido en todos los tiempos y lugares.!
No rechaza ninguna religión, porque todas caben dentro de la creencia espirita, no se impone ni cree que fuera del espiritismo no hay dicha posible, no tiene el exclusivismo de la religión católica, que siempre ha dicho: fuera de la iglesia no hay salvación. ¡De qué distinto modo habla Kardec en su Libro de los Espíritus, página 310, pregunta 982!
«¿Es preciso hacer profesión de espiritismo y de creer en las manifestaciones, para asegurar nuestra suerte en la vida futura?
»—Si así fuese, seguiríase que todos los que en él no creen o que no han estado en disposición de ilustrarse sobre el particular, estarían desheredados, lo que es un absurdo. El bien es lo que asegura la suerte venidera, y el bien es siempre bien, cualquiera que sea el camino que a él conduzca.
» La creencia en el espiritismo ayuda a mejorarnos fijando las ideas sobre ciertos puntos del porvenir; apresura el progreso de los individuos y de las masas, porque nos permite hacernos cargo de lo que algún día seremos; es un punto de apoyo, una luz que nos guía. El espiritismo enseña a soportar las pruebas con paciencia y resignación; aparta los hechos que pueden retardar la dicha futura, y así es como a esta contribuye, pero no hay que decir que sin él no pueda conseguirse aquella.»
Dice el Satanismo en su página 21: «La escuela que combatimos ha reducido a tesis la teoría de la pluralidad de mundos habitados, y de aquí ha deducido la pluralidad de existencias del alma humana en mundos distintos. La deducción no es lógica; pero para los neocreyentes es dogmática.»
«Dijo bien Allan Kardec, corrigiéndose, que los fenómenos espiritistas no eran nuevos, sino renovados; porque se habían realizado desde los tiempos más antiguos del mundo.»
En efecto: ¿quién de nosotros no habrá oído hablar de la doctrina de la metempsícosis o trasmigración de las almas? Y no importa que Allan Kardec proteste contra la suposición de que la antigua trasmigración y las modernas reencarnaciones sean una misma; porque al protestar, protesta contra la lógica y el sentido común. Probaremos en su día la perfecta identidad de ambos sistemas. Pero desde ahora ya, señores, preguntareis, y con razón, si mi alma, al abandonar mi cuerpo, va importa poco a donde, no tengo interés en seguir su curso hasta tal o cual planeta; pero si esta alma mía, dentro de cierto tiempo pasa a habitar otro cuerpo, y a ser alma de otro individuo, quizás de este mismo planeta o de otro planeta superior o inferior y realiza sucesivamente distintas existencias, según son distintos los cuerpos que anima, ¿dónde está la pretendida diferencia característica o esencial en ese punto concreto entre ambas escuelas? »
«Seamos serios, no juguemos con las palabras. ¿No es esto una verdadera trasmigración? ¿No es esta la verdadera metempsícosis? No y mil veces no; está muy lejos de serlo. Si la metempsícosis admite que el alma del hombre pase al cuerpo del animal, y la de éste anime el organismo de un ser dotado de razón, ¿qué igualdad existe entre el antiguo sistema y las reencarnaciones progresivas del espíritu? No juguemos con las palabras, dice el señor de Manterola, (eco de la escuela ultramontana) y esto mismo decimos nosotros con más derecho y con más justicia, señores católicos. No juguemos con las palabras; ¡lástima de tiempo que perdemos unos y otros! que podíamos aprovecharlo en algo mejor; pero vosotros os empeñáis, sea; seguid atacando a la verdad (que al mismo tiempo la difundís), y nosotros la afirmaremos y vamos siguiendo.
Atacáis al espiritismo, que lo tenéis en vuestras mismas filas, pues la religión católica es quizá la más rica en apariciones, en visiones, en profecías, y todos vuestros milagros no son más que manifestaciones de los espíritus, abultadas unas por el vulgo, santificadas otras por la tradición; pero vosotros encerrados y encastillados en vuestros antiguos privilegios, nos queréis hacer creer que los espíritus angélicos se comunicaban constantemente con los santos padres de la iglesia, y que al llamamiento de los espiritistas solo acude Satanás. ¡Absurdo inadmisible! Pero volvamos a la metempsícosis, porque vosotros que comprendéis muy bien todo el partido que se puede sacar de esa antigua creencia para ridiculizar el espiritismo, con habilidad suma queréis confundir lo blanco con lo negro; y es deber de todo buen espiritista hacer luz sobre este asunto; vosotros atacáis el espiritismo, y justo es que sus adeptos pongan la verdad en su lugar. Veamos lo que sobre la metempsícosis dice Kardec en su «Libro de los Espíritus», página 162, pregunta 644:
«La comunidad de origen en el principio inteligente de los seres vivientes ¿no es la consagración de la doctrina de la metempsícosis?
»— Dos cosas pueden tener el mismo origen y más adelante pueden no parecerse en nada. ¿Quién reconocería al árbol con sus hojas, flores y frutos en el germen informe contenido en la simiente de donde ha salido? Desde el momento en que el principio inteligente logra el grado necesario para ser espíritu y entrar en el período de la humanidad, cesa de tener relación con su estado primitivo y deja de ser el alma de la bestia, como el árbol la simiente. No le resta al hombre del animal más que el cuerpo y las pasiones que nacen de la influencia de este y del instinto de conservación inherentes a la materia. No puede, pues, decirse que tal hombre es la encarnación del espíritu de tal animal, y por consiguiente la metempsícosis, tal como se entiende no es exacta.»
642. «El espíritu que ha animado el cuerpo de un hombre ¿podría encarnarse en un animal?
» Eso equivaldría a retrogradar, y el espíritu no retrograda. El rio no remonte hacia su curso.» (118).
118. «¿Pueden degenerar los espíritus?
» No; pues a medida que progresan, comprenden lo que los alejaba de la perfección, y terminada una prueba, posee el conocimiento de ella y no lo olvida. Puede permanecer estacionario, pero no retrocede.»
613. ¿Por errónea que sea la idea atribuida a la metempsícosis no será resultado del sentimiento intuitivo de las diferentes existencias del hombre?
» Este sentimiento intuitivo se descubre en esa como en otras muchas creencias, pero el hombre la ha desnaturalizado, como ha hecho con la mayor parte de sus ideas intuitivas.
» La metempsícosis seria verdadera, si se entendiese por ella el progreso del alma de un estado inferior u otro superior, en el que hallaría desarrollos que transformarían su naturaleza; pero es falsa en el sentido de trasmigración directa del animal en el hombre y vice-versa lo que implicaría idea de retroceso o fusión, y no pudiendo verificarse semejante fusión entre los seres corporales de las dos especies, es indicio de que están en grados inasimilables, y que lo mismo debe suceder con los espíritus que los animan. Si el mismo espíritu pudiese animarlos alternativamente, se seguiría de ello una identidad de naturaleza que se traduciría en la posibilidad de la reproducción material. La reencarnación enseñada por los espíritus está fundada, por el contrario, en la marcha ascendente de la naturaleza y en el progreso del hombre en su propia especie, lo que en nada amengua su dignidad.
«Lo que le rebaja, es el mal uso que hace de las facultades que Dios le ha dado para su adelanto.»
Las anteriores consideraciones leídas sin pasión, sin espíritu de partido, ¿conducen a creer que las reencarnaciones que acepta el espiritismo sean la antigua y absurda metempsícosis?
No; para confundirlas se necesita o mucha ignorancia, o muy mala intención; pero estudiándolas desapasionadamente, se ve que el hombre podrá retroceder en posición, pues como dice muy bien Kardec, «La marcha de los espíritus es progresiva y nunca retrógrada; se «levan gradualmente en la jerarquía, y no descienden de la altura a que han llegado. En sus diferentes existencias corporales pueden descender como hombres; pero no como Espíritus. Así el alma de un potentado de la tierra puede más tarde animar al más humilde artesano, y vice-versa; porque los rangos entre los hombres están con frecuencia en razón inversa de los sentimientos morales. Herodes era rey y Jesús carpintero.»
Estúdiense bien las obras espiritistas, y no diremos que se admitan como artículos de fe todas sus proposiciones; pero si el que estudia es hombre entendido, y habla con noble franqueza tiene que confesar que dentro del espiritismo no hay nada antimoral, antirreligioso ni antiracional. Mas sigamos examinando El Satanismo y veamos lo que dice en su página 23.
«Convenimos en que hay fenómenos extraordinarios; que estos fenómenos no se explican sino atribuyéndolos a una causa inteligente. ¿Cuál es esta causa? ¿es el espíritu o alma del difunto que se evoca en una sesión espiritista? De ninguna manera: contesto resueltamente que no. ¿Pues quién es el agente? ¿Qué inteligencia es esa que responde? Eliminados los casos de superchería, que no son pocos, y alguna que otra alucinación, dada la respuesta obtenida desde el mundo invisible de los espíritus, quien responde es seguramente el ángel malo, el espíritu caído, es Satanás.» A esta suposición (puramente gratuita) contestaremos con este párrafo de Kardec que se encuentra en la introducción de su Libro de los Espíritus, página 26.
¿Cómo hemos de creer, en efecto, que Dios permite al Espíritu del mal que se manifieste exclusivamente para perdernos sin darnos como antídoto los consejos de los Espíritus buenos? Si no lo puede hacer, es impotente, y si lo puedo hacer y no lo hace, es esto incompatible con su bondad, cuyas dos suposiciones son blasfematorias. Observad que, admitida la comunicación de los Espíritus malos, se reconoce el principio de las manifestaciones, y puesto que existen, solo puede ser con permiso de Dios. ¿Cómo, pues, creer sin incurrir en impiedad que permita el mal con exclusión del bien? Semejante doctrina es contraria a las más sencillas nociones del sentido común y de la religión.»
Ante estas lógicas razones sobran comentarios, mas sigamos leyendo El Satanismo y veamos lo que dice en su página 24.
«¿Queréis ver toda la importancia que esto tiene? ¿No existe Satanás? ¿no existe el demonio? Luego no existe la tentación del paraíso: ¿no existió la tentación del paraíso? luego la historia de la creación y de la caída del primer hombre es un mito: ¿la historia de la creación es un mito? luego la doctrina del pecado original carece de sentido común. ¿Es qué nosotros no hemos caído?»
Sí, señor de Manterola; hemos caído todos los hombres de la tierra, y no una vez sola desgraciadamente; pero sufrimos las consecuencias de nuestra calda individual, sufrimos por nuestra propia culpa: no por la culpa de nuestro padre, nuestro padre no ha podido pecar, porque nuestro padre es Dios. La caída del primer hombre es la alegoría de la debilidad del espíritu humano, que siempre se ha dejado dominar por las pasiones materiales. ¡La tentación del paraíso es una fábula religiosa, y la historia de la creación no pierde nada de su imponente grandeza, porque el bíblico paraíso desaparezca del mapa universal, quedan millones y millones de paraísos para los espíritus regenerados por la práctica de todas las virtudes, y están en esas miríadas de mundos que apenas alcanza a ver el más potente telescopio y en otros sistemas planetarios que adivina y presiente la razón natura!
¿Qué son las leyendas místicas inventadas por los hombres, comparadas con la historia de la creación? ¿Qué es un paraíso con una sola pareja viviendo en la molicie de la ignorancia, comparado con el progreso indefinido del espíritu por medio del trabajo?
¡Ah! ¡señor de Manterola! si como creemos Ud. siente mucho más de lo que dice, comprenderá que las fábulas de las religiones positivas son la bruma de los pasados siglos: brumas que comienza a deshacer el siglo actual, y que desaparecerán con el calor vivificante de la razón. Mas no se alarmen las conciencias, no teman un cataclismo social con la desaparición de tantas religiones; no quedarán los pueblos sin creencias, porque imperará entonces la verdadera religión, habrá una sola, ¡una sola religión! ¡más grande! ¡más pura! ¡más sublime! ¡se buscará a Dios en la naturaleza! ¡tendrá por tabernáculo la ciencia! y se le rendirá culto, por medio del amor universal.

Fuente: Libro "El Espiritismo. Refutando los errores del catolicismo romano".

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