UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

jueves, 2 de agosto de 2018



UNA LLAMADA DE ATENCIÓN

 Editorial cbce@cbce.info

Bien es cierto que todo necesita su tiempo. No podemos modificar nuestros esquemas mentales de un día para otro, ni tan siquiera de una existencia a otra. En general, se necesitan varias -o muchas- etapas para variar nuestra forma de pensar. Para desechar ideas, hábitos, y predisponernos a abrir nuestra mente con el fin de permitir que otros conceptos aniden hasta formar parte de nosotros. 

Cualquier transición es lenta, y así es lógico que sea. Los cimientos firmes son aquellos que se han hecho sin prisas, habiendo tenido el periodo necesario para reposar y adquirir la solidez adecuada con el fin de resistir los embates del tiempo, y ofreciendo, a su vez, la seguridad indispensable capaz de sostener la futura edificación.

Lo mismo sucede con el Espiritismo. A medida que nos adentramos en la comprensión del mensaje que nos ofrece la filosofía espiritista, vamos tomando consciencia de los equívocos en los que caemos tanto en el entendimiento de sus postulados, como en el uso de su terminología.

¿Y por qué esta introducción?, dirán los amigos lectores.

Pues bien, recientemente nos ha llegado una serie de escritos procedentes, según  parece, de una página espirita o que utiliza el vocablo “Espirita”, en los que se emplean expresiones propias de la iglesia católica, totalmente inadecuadas dentro del contexto espiritista; tales como: la virgen María, el espíritu santo, rezar un número determinado de oraciones,  etc. etc.

Con la velocidad con que las redes sociales se mueven, seguro que ello habrá llegado al conocimiento de otras personas que quizás no saben nada, o muy poco, sobre esta filosofía, y que al ver su procedencia y leer su contenido les puede provocar tal confusión que la idea que se formen nada tenga que ver con la realidad.

¿Por qué esos desatinos y tales mezclas?

Meditemos la célebre frase de Amalia Domingo Soler:

“ESPIRITISTAS ANFIBIOS, aquellos que se mueven en dos ambientes; los que leen las obras de Allan Kardec y encienden una vela al Cristo de la Salud; evocan a los espíritus y al día siguiente van a oír misa por el alma de sus difuntos…”. Cuando eso ocurre, es que muy poco, o nada, se ha leído o entendido de la Obra de Kardec.

Y como consecuencia de todo lo citado, los que sólo han oído hablar de “esas cosas”, que no conocen, o de las que únicamente tienen cierta información, generalmente deformada, sacan conclusiones precipitadas e inciertas, imprimiendo al Espiritismo una fama que, en absoluto, le corresponde. 

De ahí aquella frase lapidaria de Camille Flammarion1, con la que no estamos de acuerdo, en lo que se refiere a la primera oración, que subrayamos:

 “El Espiritismo tiene mala reputación y se la merece. Sus adeptos carecen de método en su mayoría; no son ponderados y se dejan engañar por ilusiones. Al examen imparcial y crítico, sin el cual no se puede estar seguro de nada, prefieren una creencia y una religión consoladoras” (“La muerte y su misterio”, Vol. III).

Esa “… mala reputación que se merece…”, según dijo Flammarion, es debida a la ignorancia de los que se presentan como espiritistas, que con su conducta y manifestaciones ambiguas siembran la confusión, pero NO al Espiritismo, en sí.    “En el Espiritismo se encuentra a faltar, demasiadas veces, ese “examen imparcial y crítico” que preservaría a esta doctrina filosófica y científica de los vaivenes que imprimen a su camino, muchos simpatizantes que se dicen espiritistas, sin haber entendido realmente lo que esta palabra significa en cuanto a esforzarse en una trayectoria de sobriedad, rectitud, estudio y asunción de las propias responsabilidades. Si así se hiciera; mejor dicho, si así se intentara hacer, se contribuiría a ir borrando del Espiritismo ese estigma de su pésima reputación que, dicho sea de paso, no se la merece ya que es una de las más importantes doctrinas filosóficas enseñadas a la Humanidad. Los espiritistas en general y los dirigentes en particular hemos de esforzarnos en dignificar todo aquello que envuelve el concepto espiritista.”

Por el bien del Espiritismo, esta doctrina optimista, humanista y librepensadora, y por todos los que nos sentimos espiritistas, seamos conscientes del bien y, a la vez, del daño, que podemos provocar con comportamientos, prácticas y manifestaciones totalmente incongruentes y fuera de lugar.

Y volviendo al encabezamiento, las transiciones siempre son lentas, ¡muy lentas! Quienes actúan de ese modo, sin duda están transcurriendo una etapa de su transición. Pero, a pesar de ello, podemos y tenemos que ser capaces de intentar ser más sensatos, en todo lo que concierne a nuestra existencia y, sobre todo, en la terminología que usamos. El Espiritismo, como filosofía de vida que es, nos marca el camino para poder llegar antes a la meta que nos concierne, que es la del equilibrio, la de la paz y armonía interior. ◙
TOMADO DE:
FLAMA  ESPIRITA  JULIOL / SETEMBRE 2018

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