UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 1 de enero de 2016




                                                     Giordano Bruno por Ettore Ferrari(1845-1929), Campo de' FioriRoma.

DEFENSORES Y PENSADORES de la reencarnación en la historia 
por ETIENNE BERTHAUT
LE JOURNAL SPIRITE N° 102 octobre 2015

“Todas las almas forman parte del alma del universo, y al final todos los seres son uno. (…) Cada acción trae su recompensa o su castigo en otra vida. El paso a otro cuerpo depende de la manera en que se ha comportado en el uno (…). El objetivo de la filosofía es el descubrimiento de esta unidad”. Giordano Bruno Spaccio de la Bestia Trionfante (La expulsión de la Bestia Triunfante)
En la Historia de los Hombres tal y como ha podido llegar a nosotros, hubo algunos, en diferentes lugares y épocas, que propusieron y defendieron esta idea universal de la reencarnación. En estos términos, o en otros, quisieron llamar la atención de sus contemporáneos, muy a menudo contra viento y marea, chocando a veces con la intolerancia de los dogmas establecidos, siempre con audacia y convicción, y hasta el sacrificio de su vida para los más comprometidos. Ellos comunicaron, de una forma u otra, este principio intrínseco de la peregrinación del alma de cada ser, pasando de cuerpo en cuerpo, de destino en destino, y dando sentido a una forma de salvación por medio de este carácter evolutivo hacia la Divinidad en el origen de todas las cosas. Más allá de Allan Kardec, que a mediados del siglo XIX codificó el pensamiento espírita y su pilar fundamental de la reencarnación, hubo también filósofos, escritores, eclesiásticos, pensadores ocultos, teólogos y testigos, que defendieron —o simplemente utilizaron— esta idea de la reencarnación en sus reflexiones intelectuales, verdad testaruda porque está íntimamente vinculada a la naturaleza espiritual de todos. He aquí algunos, entre los más emblemáticos, citados a veces aquí o allá en nuestros diversos artículos.

PITÁGORAS, PLATÓN, Y OTROS FILÓSOFOS GRIEGOS
Tan lejos como la herencia del saber en rasgos escritos nos permite remontarnos, fue entre los pensadores griegos que se enunciaron las primeras ideas de reencarnación. Ellos reconocían al alma como inmortal y que después de la muerte, podía pasar a una nueva encarnación, ya fuera en un cuerpo humano, o en un cuerpo animal. A través de la doctrina del orfismo, documentada desde el 560 a.C., que sostiene que “las almas pasan de una vida a otra según ciertas revoluciones y a menudo entran en los cuerpos humanos”, Ferécides de Siros (siglo VI a.C.~540 a.C.) fue el primero en sostener que el alma inmortal vuelve a encarnar sucesivamente en la Tierra. Si bien el historiador Heródoto (484-425 a.C.) afirmaba que la reencarnación ya había sido inventada por los egipcios, y que esa fue de hecho la fuente de la creencia griega, se atribuye a Pitágoras (hacia 582-507 a.C.~530 a.C.), filósofo y matemático, la introducción en Grecia de lo que hoy puede ser considerada la doctrina de la reencarnación. El gran filósofo Platón (427347 a.C.) retoma la convicción de Pitágoras, que es incluso una de las bases de su sistema de pensamiento, tal y como está expuesta en sus obras como Fedón, Fedra, Gorgias, y particularmente en el mito de Er de La República. Más ampliamente otros filósofos griegos hablaron igualmente de la reencarnación en sus diferentes escritos: Heráclito de Éfeso (hacia 540-480 a.C.), el poeta lírico Píndaro (522-443 a.C.), Empédocles (490-430 a.C.), Sócrates (469-399 a.C.), y Aristóteles (384-322 a.C.) que expuso que “no importa qué alma, tal como el polvo en suspensión en el aire, puede entrar en cualquier cuerpo” (Del alma). Finalmente, la reencarnación sería enseñada hasta los neoplatónicos de los primeros siglos por los filósofos Plotino (205-270 d.C.) y discípulos Porfirio de Tiro (234-305 d.C.) y Proclo (412-485 d.C.). Es interesante hacer notar —lo descubrirá— que la idea reencarnacionista sostenida por estos Padres neoplatónicos, no dejaría de irrigar más o menos clandestinamente toda la primitiva red cristiana en sus diversos pensadores, filósofos y teólogos, hasta los humanistas del Renacimiento. Y entonces fue principalmente en la noción de metempsicosis que se extendió el concepto de reencarnación, así la transmigración de las almas podría intervenir no sólo en lo humano, sino también en lo no-humano (animales y vegetales).

VIRGILIO Y CICERÓN
Bajo la influencia de los filósofos griegos, de las corrientes inspiradas en la doctrina del orfismo y las ideas de Pitágoras, siempre existieron en el imperio romano, en particular en Roma entre las clases adineradas, filósofos y artistas, entre quienes se difundió entonces la creencia en la reencarnación. Así Virgilio (70-19 a.C.), poeta latino contemporáneo del fin de la República romana y comienzos del reinado del emperador Augusto, hacía en su obra mayor La Eneida claras alusiones a la transmigración de las almas, en el Canto VI que trata del descenso de Eneas a los infiernos.
Antes de él, Cicerón (106-43 a.C.), estadista romano y autor latino, perpetuaría la tradición de la transmigración de las almas. Considerado como el más grande autor latino clásico, era un orador sin igual, que publicaría una abundante producción literaria: obras sobre retórica, cartas, defensas y discursos políticos, poesía… Queriendo adaptar al latín las teorías filosóficas griegas, es conocido por haber sido, después de Lucrecio y su De Natura Rerum, el primer autor romano en redactar obras de filosofía en latín. En Hortensius, diálogo filosófico desaparecido en la Edad Media, pero del cual se han recuperado algunos fragmentos, Cicerón escribió: “Hemos nacido en un cuerpo para reparar los errores cometidos en una vida anterior”.

FLAVIO JOSEFO
Flavio Josefo (hacia 37-100 d.C.) es un historiador y escritor judaico de origen judío, que tomó parte, como comandante militar en Galilea, en la Primera Guerra judeoromana en 66 d.C., primera rebelión de los judíos contra el imperio romano. Aunque controvertido y poco fiable a los ojos de los historiadores actuales, sigue siendo considerado como uno de los historiadores más importantes de la antigüedad grecorromana. Su obra es una de las principales fuentes de la historia de los judíos del primer siglo, respecto a los acontecimientos y conflictos de la época entre Roma y Jerusalén. En su célebre obra La Guerra de los Judíos, habla muy claramente de la reencarnación, afirmando que los fariseos creían en el regreso de las almas de los justos en otro cuerpo.

LOS PADRES DE LA IGLESIA
En el cristianismo primitivo, Orígenes (hacia 185-253 d.C.), eminente filósofo, teólogo y sacerdote cristiano, es el más conocido de los Padres de la naciente Iglesia. Primer gran filósofo cristiano, se apoya en la interpretación de las Escrituras y en la filosofía griega para establecer una primera síntesis de la teología en sus comienzos, tratando de hacer del cristianismo una filosofía mística. Pero, acusado de desnaturalizar la fe cristiana impregnándola de teorías neoplatónicas, suscitó numerosas controversias que le valieron el destino de los grandes mártires. Declarándose resueltamente de acuerdo con Platón y Plotino, para quienes el alma divina y eterna revestía un cuerpo corruptible para superar las debilidades de la carne, manifestó que “cada alma viene a este mundo fortificada por las victorias o debilitada por los escollos de sus vidas anteriores” (Sobre los Principios). Habiendo sido todos los Espíritus concebidos iguales y unidos a la Divinidad, según él tarde o temprano todas las criaturas deben orientarse hacia la Divinidad, pues “en toda alma se encuentra el sentido espiritual y la imagen de Dios”. Muy innovador para su tiempo, afirmaba que si uno no ha hecho la elección del amor, retrocede; si elige la evolución, termina por comprender que la libertad se encuentra en la elección de amar y que una sola existencia no podría permitir ese regreso al seno de Dios.
Otro Padre de la Iglesia, San Gregorio de Nicea (hacia 335-394 d.C.), teólogo y filósofo influenciado por Orígenes, escribió que “para el alma inmortal existe la necesidad natural de ser sanada y purificada y que, si no lo ha sido en su vida terrenal, la sanación se opera por medio de las vidas futuras y sucesivas”. Así, “es una necesidad natural para el alma purificarse a través de múltiples vidas”. Otro eminente filósofo y teólogo del cristianismo, Agustín de Hipona, más conocido por el nombre de San Agustín (354-430 d.C.) cuyos textos influenciaron profundamente el pensamiento humano hasta el siglo XVII, escribiría: “¿No he vivido en otro cuerpo antes de entrar en el seno de mi madre?”

CARPÓCRATES Y LOS GNÓSTICOS
Durante aquellos primeros siglos después de Jesucristo, fértiles en concepciones filosóficas y religiosas a partir del naciente cristianismo, los gnósticos, es decir los que consideran que la salvación del alma pasa por un conocimiento directo de la divinidad (por experiencia o revelación), y por tanto por un conocimiento de sí mismo, perpetúan la doctrina de la reencarnación. Citemos entre ellos a Carpócrates, filósofo gnóstico nacido en Alejandría en la primera mitad del siglo II, que fue un defensor de la reencarnación. El obispo Ireneo de Lyon (hacia 130-202 d.C.) que se opuso vigorosamente a los gnósticos, se expresa en estos términos de los carpocracianos que creían en la metempsicosis: “Nadie se libra del poder de los ángeles que han hecho el mundo, pero todos pasan sin cesar de un cuerpo a otro, y por tanto tiempo hasta que hayan cumplido con todas las acciones que se realizan en este mundo” (Contra las herejías). Según el escritor cartaginés Tertuliano (hacia 150-220 d.C.), primer gran teólogo de lengua latina en África del Norte, parecería que los carpocracianos estuvieron entre los primeros en querer demostrar que el Nuevo Testamento reconocía la reencarnación, y esto a partir de pasajes del Evangelio en los cuales se dice, por ejemplo, que Juan el Bautista es el espíritu del profeta Elías.

MANSUR AL-HALLAJ 
La cultura árabe no está libre de concepciones de la reencarnación por teólogos que deseaban proseguir con el puro origen del Corán, en un naciente islam. Uno de los más conocidos, Mansur Al-Hallaj (hacia 857-922 d.C.) de Bagdad, es un místico persa del sufismo y autor de una vasta obra. Predicador en Irán, en India, y hasta las fronteras de China, fue acusado de herejía por sus ideas místicas tanto por los sunitas como por los chiitas. Condenado a muerte y crucificado, seguirá siendo uno de los más célebres condenados sufíes. Poeta prolífico, escribió: “Como la hierba de los campos, he crecido muchas veces en las orillas de los cursos de agua. Desde hace cien mil años he vivido, laborado y hecho esfuerzos, en toda clase de cuerpos”. Más tarde, citemos también a otro místico persa, Rûmî (12071273), que influenció profundamente al sufismo. Reconocido en vida como muy espiritual, le gustaba frecuentar a los cristianos y los judíos tanto como a los musulmanes. En 1250, escribió que él “ha sido mineral, planta y animal, antes de ser hombre” (Odas místicas).

GIORDANO BRUNO & TOMMASO CAMPANELLA
Giordano Bruno (1548-1600) es un personaje muy atípico para su época. Nacido en Italia, fue un antiguo hermano dominico, filósofo, teólogo y escritor, que publicó cerca de treinta y cinco libros. Su obra es compleja y diversa, de una notable modernidad para su tiempo ante las concepciones muy estrechas impuestas por la intolerancia religiosa, dueña del saber y el conocimiento. De genio ecléctico, audacia sin límites, científico precursor, apasionado del hermetismo y la mnemotécnica, fue un pionero en astronomía, física y filosofía, interesado en la astrología, lo oculto y la magia. Diecinueve años antes de Galileo, formuló el principio de la inercia, el mayor descubrimiento de su época, y fue el campeón de la idea del infinito (el mundo es infinito porque Dios es infinito). Identificado con el heliocentrismo de Copérnico, fue el primero en postular, por supuesto contra la doctrina de la Iglesia, la pluralidad de mundos habitados en su obra De l’Infinito, Universo, e Mondi (Del Infinito, el Universo, y los Mundos). Partidario de la reencarnación por las ideas neoplatónicas, de la no-creación del mundo, de la no-virginidad de María, volvió a cuestionar así los principales dogmas de la Iglesia católica. Dotado de una personalidad fuerte y brillante, sus afirmaciones sulfurosas lo pusieron de espaldas a los católicos de Francia e Italia, a los calvinistas de Suiza, a los anglicanos de Inglaterra y a los luteranos del imperio germánico. Después de una vida errante, fue detenido por herejía por la Inquisición y condenado a la hoguera al cabo de ocho años de procesos y retrocesos. Desde el siglo XIX, una estatua de bronce de su efigie domina sobre el lugar de su suplicio, en el Campo dei Fiori, en Roma. Otra personalidad singular, Tommaso Campanella (15681639) fue un monje dominico y filósofo italiano. Se interesó principalmente por la política de su tiempo y desarrolló en su obra principal Citta del Sole (La Ciudad del Sol) tesis de filosofía política que tendían hacia la utopía. Adepto a la reencarnación, afirmaba que después de la muerte el alma no va ni al infierno, ni al paraíso, ni al purgatorio, hizo un elogio al nacimiento
del rey Luis XIV en el que declaraba que el nacimiento real, ¡era una prueba de su teoría de la reencarnación! Perseguido por sus ideas heréticas, pasó numerosos años en prisión.

PENSADORES ESOTÉRICOS Y ADEPTOS AL OCULTISMO 
Después de la Revolución y el advenimiento del librepensamiento, algunas figuras del ocultismo, a veces pintorescas y coloridas, defendieron en sus preceptos esotéricos ciertos principios de la reencarnación. Helena Petrovna von Hahn (1831-1891), más conocida por el nombre de Helena Blavatsky o Madame Blavatsky, fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Teosófica en 1875 y de una corriente esotérica a la cual dio el nombre genérico de teosofía, antiguo concepto según el cual todas las religiones y filosofías poseen el aspecto de una verdad más universal. Su divisa era: “No hay religión superior a la verdad”. Influenciada por numerosos viajes a Norteamérica, Oriente, la India y Asia, su enseñanza se basa en un sincretismo que vincula el budismo, el hinduismo, el esoterismo y en forma general a todas las otras tradiciones religiosas. La reencarnación forma parte pues, naturalmente, de la enseñanza teosófica dentro de la idea de que los seres reencarnan a través de una miríada de vidas, pasando por los reinos mineral, vegetal y luego animal, para alcanzar el estado humano, etapa previa a los reinos superiores bajo la forma de otras entidades espirituales liberadas de las contingencias materiales. Espía rusa para algunos, impostora para otros, hoy en día sigue siendo un personaje controvertido, pero cuya obra, sin embargo, ha hecho conocer al occidente la esencia de las tradiciones espirituales más antiguas. Mencionemos a Rudolf Steiner (1861-1925), filósofo, ocultista y pensador social austro-húngaro. Adepto a la teosofía, fue el fundador en Alemania de la antroposofía que busca “restaurar el vínculo entre el hombre y los mundos espirituales”. Su obra Reinkarnation und Karma desarrolla el principio de la reencarnación, pero bajo una forma bastante oscura, totalmente diferente y más bien alejada de los preceptos habitualmente conocidos. La antroposofía influenció ciertos protocolos de educación en Alemania (escuelas Waldorf) y las corrientes de pensamiento de la New Age, pero hoy en día sigue siendo muy cuestionada debido a acusaciones de secta y de vínculos racistas. Gérard Encausse (1865-1916), llamado Papus, fue un médico y escritor ocultista francés, francmasón, cofundador de la orden Martinista. Apodado el “Balzac del ocultismo” por su impresionante obra literaria de cerca de ciento sesenta libros, revistas o artículos. Mucho más cerca de las ideas espíritas, en 1912 escribió La Reencarnación - La evolución física, astral y espiritual - En lo que se convierten nuestros Muertos y se expresa en estos términos: “El alma humana, la imperecedera psique, dirigida por el doble astral del cuerpo físico, del cual acaba de exteriorizarse, nace a la vida verdadera, dentro del mundo invisible; después de un lapso necesario, el alma podrá volver a descender a la Tierra con el objetivo de su evolución hacia la divinidad. La doctrina de la reencarnación es una conmovedora demostración de la justicia divina y de la bondad del Padre”.

ANDRÉ PEZZANI, ABOGADO DE LYON
Para llegar al siglo XIX del espiritismo codificado por Allan Kardec, citaremos finalmente a André Pezzani (1818-1877), abogado de la Corte Imperial de Lyon, escritor y redactor jefe, que habría podido permanecer como un oscuro abogado de no haber escrito cerca de una veintena de libros de filosofía y de teología, de los cuales algunos fueron notables en su época. Completamente olvidado hoy en día, este hombre de gran erudición, manifiestamente simpatizante de las ideas espíritas y que se carteaba con Allan Kardec, publicó en 1865 una notable síntesis sobre la reencarnación, titulada La Pluralidad de las Existencias del alma. La obra, “conforme con la doctrina de la pluralidad de los mundos, opiniones de los filósofos antiguos y modernos, sagrados y profanos, desde los orígenes de la filosofía hasta nuestros días”, fue presentada y elogiada por el propio Allan Kardec en la Revista Espírita de Enero de 1865. La obra fue citada igualmente por Gabriel Delanne en sus libros La Reencarnación y El alma es inmortal.

DIVERSOS ESCRITORES
Para concluir este sobrevuelo de los principales defensores y pensadores de la reencarnación, debemos recordar una multitud de personajes célebres, escritores, y no pocos, que de una u otra manera, han sabido manifestar un testimonio, una simpatía, incluso convicciones para algunos, al abordar la idea de la reencarnación en sus respectivas obras: Dante (1265-1321, poeta italiano), Leonardo da Vinci (1452-1519), Paracelso (1493-1541, médico y alquimista suizo), William Shakespeare (1564-1616), Henry More (1614-1687, filósofo inglés), Spinoza (1632-1677
filósofo holandés), Leibniz (1646-1716 filósofo y sabio alemán), Voltaire (1694-1778), Benjamin Franklin (1706-1790), David Hume (1711-1776, filósofo escocés), Federico el Grande (1712-1786, rey de Prusia), Emmanuel Kant (1724-1804), Gotthold Lessing (17291781, escritor y filósofo alemán), Goethe (1749-1832), Friedrich von Schiller (1759-1805, poeta y dramaturgo alemán), Napoleón (1769-1821), Hegel (1770-1831, filósofo alemán), Charles Fourrier (1772-1837, filósofo y economista francés), Arthur Schopenhauer (1788-1860, filósofo alemán), Alphonse de Lamartine (17901869), Pierre Leroux (1797-1871, filósofo, publicista y político francés), Honoré de Balzac (1799-1850), Victor Hugo (1802-1885), Ralph Emerson (1803-1882, ensayista y filósofo norteamericano), George Sand (1804-1876), Jean Reynaud (1806-1863, filósofo francés), Gérard de Nerval (1808-1855, poeta y escritor francés), Edgar Poe (1809-1849, poeta y cuentista norteamericano), Francis Bowen (1811-1890, filósofo norteamericano), Théophile Gautier (1811-1872), Charles Dickens (1812-1870, novelista inglés), Richard Wagner (1813-1883), Soren Kierkegaard (1813-1855, teólogo y pensador danés), Gustave Flaubert (1821-1880), Ernest Renan (1823-1892, escritor e historiador francés), Thomas Huxley (1825-1895, naturalista inglés), Léon Tolstoï (1828-1910, novelista y autor dramático ruso), George Bernard Shaw (1856-1950, escritor y dramaturgo irlandés), Arthur Conan Doyle (18591930, espírita y novelista escocés), Gustav Mahler (1860-1911), Maurice Maeterlinck (1862-1949, escritor belga), David Lloyd George (1863-1945, Primer Ministro británico), Henry Ford (1863-1947, industrial norteamericano), Rudyard Kipling (18651936, novelista y poeta inglés), Christian Morgenstern (18711914, escritor y poeta alemán), Jerome Salinger (1919-2010, novelista norteamericano), Norman Mailer (1923-2007, novelista norteamericano), y tantos otros…

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