UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 15 de diciembre de 2015




LA MEDIUMNIDAD EN LA IGLESIA
por PATRICIA SALIBA
PADRE PÍO segunda parte un hombre excepcional en humanidad y mediumnidad
LE JOURNAL SPIRITE N° 102 octobre 2015

LAS CURACIONES
Se atribuyen al Padre Pío curaciones (que él siempre atribuía humildemente a Jesús o a María), de parálisis, tuberculosis, fracturas, bronconeumonías, meningitis, cegueras, cánceres, etc. El 17 de noviembre de 1962, cuando era obispo de Cracovia, Karol Wojtyla le pidió por correo, que rezara por una madre de familia de cuarenta años afectada por un cáncer, Wanda Poltawska, superviviente del campo de concentración de Ravensbrück y que había conocido el infierno de los experimentos terapéuticos de los médicos nazis. Considerada muerta, fue arrojada sobre un montón de cuerpos humanos, lo cual le salvó la vida. Una semana más tarde, el Padre Pío recibió una carta de agradecimiento del futuro Papa: Wanda Poltawska se había encontrado en perfecta salud cuatro días después de su solicitud al Padre Pío. Las curaciones del Padre Pío eran producidas al mismo tiempo por su magnetismo y su facultad de médium sanador, con la oración y el sincero deseo de aliviar al otro.

LOS OLORES A VIOLETA
El Padre Pío emitía diversos perfumes de flores o de tabaco cuando uno se encontraba en su presencia o hasta distante de él. A los ocho meses, María Rosa fue afectada por graves desórdenes del bazo y del hígado. Los médicos lograron hacerla vivir una vida más o menos normal hasta los cinco años, cuando una crisis aguda puso en peligro su vida. Su vientre estaba inflamado, sus labios hinchados y tenía fiebre alta. Su cuerpo se deformaba a ojos vistas. Se envió al Padre Pío, a su convento de San Giovanni, una foto de la niña enferma y una carta. El entorno rezó. De repente, un fuerte olor a rosas y violetas se propagó por el cuarto del hospital. La niña comenzó a gemir, y la madre comprobó al acercarse que su respiración se había tornado normal. Luego, la niña despertó y dijo viendo la foto del Padre Pío: “¿Quién es? Anoche soñé que hablaba con él”.
Los médicos concluyeron en estos términos: curación científicamente inexplicable… Los perfumes son la firma del Padre Pío, tanto en vida como después de su muerte. He aquí una experiencia vivida en el seno de nuestra Asociación. Hace unos años, se dio una revelación en sesión espírita: el padre de un espírita había conocido al Padre Pío en una vida anterior. Un cáncer agresivo dio cuenta de su salud y cuando estaba en fase terminal, su familia rezó intensamente para facilitarle el tránsito hacia el más allá. Entonces, es interesante hacer notar que la víspera de su muerte, las enfermeras a su cabecera habían sentido un intenso perfume a violetas, señal de que el espíritu del Padre Pío estaba allí como para decirle a su amigo de antaño: “Vine, estoy aquí, soy yo”.
LOS ESTIGMAS Uno de los eventos notables de la vida del Padre Pío tuvo lugar en la mañana del 20 de septiembre de 1918. El capuchino acababa de celebrar la misa. Estaba arrodillado, solo, frente a la estatua de un Cristo torturado con llagas sangrantes; entonces fue “sorprendido por una calma semejante a un dulce sueño, cuerpo y alma plenos de paz. Todos mis sentidos internos y externos y también las facultades de mi alma, recuerda, se encontraban en una indescriptible quietud. Y mientras todo esto sucedía, vi delante de mí a un personaje misterioso de cuyas manos, pies y costado manaba sangre. Su visión era aterradora”. La visión del personaje desapareció y el Padre Pío se dio cuenta de que sus manos, pies y costado estaban horadados y también destilaban sangre. El susto del joven capuchino llegó entonces al máximo aunque desde hacía ocho años, ya sufría de las primeras señales de estigmas. Decidió callar y pintar sus llagas con tintura de yodo esperando que la sangre dejara de brotar. Pero las llagas no cicatrizaban. Nada sucedió. No hablaría de estas señales sino al cabo de un mes a su superior el Padre Paolino. Numerosos médicos, creyentes o no, examinaron el fenómeno y no encontraron ninguna explicación ni analogía con ningún otro hecho médico. Luego de cinco reconocimientos médicos en un lapso de quince meses, el doctor Romanelli concluyó: “Las heridas del Padre Pío no pueden ser clasificadas por sus características y, su curso clínico, entre las lesiones quirúrgicas comunes y tienen un origen muy otro y una causa que no conozco”. El Padre Pío vivía la pasión de Cristo, tal era su amor por él que sentía la pena de aquel que había querido liberar a los hombres del mal.

EL PADRE PÍO ATESTIGUA EN SESIÓN DESPUÉS DE SU MUERTE:
“Fui estigmatizado por mi adoración a Cristo, pero no lo fui únicamente a causa de eso. Fui estigmatizado no sólo en mi carne, sino también en mi espíritu a causa de todas las vibraciones negativas de la naturaleza humana. Y sin embargo el bien existe, Dios vive en todos los corazones, podéis amar. Amar quiere decir aceptar al otro más allá de la representación que uno se pueda hacer, más allá de las barreras sociales o raciales. No escuchéis a aquellos que enfrentan a los hombres unos contra otros”.

LA PERSECUCIÓN
Todas las manifestaciones mediúmnicas del Padre fueron cuestionadas por su jerarquía. Comenzó entonces una campaña de descrédito, calumnias y persecución. Monseñor Gagliardi fue su más encarnizado enemigo por sus graves acusaciones y por las severas medidas tomadas contra él por la autoridad eclesiástica desde junio de 1922: interdicción de toda correspondencia espiritual, aun hasta con sus guías de conciencia; prohibición de celebrar la misa en público, y un proyecto de trasladar al Padre Pío a otro convento en España. El resultado fueron diez años de pruebas y secuestro en su celda, cesando toda actividad pública, lo que no le impidió dar muestras de fenómenos sobrenaturales, especialmente las insólitas fragancias proyectadas a distancia.
El Padre Pío fue tratado de fanático, estafador, rebelde y herético. Este hombre sufrió los peores tormentos; se llegó hasta a impedirle beber en los días de verano. Tenía prohibición de hablar, y mirarlo se volvía sinónimo de expulsión. Fue humillado por Maccari, otro enemigo, que actuaba contra toda forma de derecho… La persecución se detuvo finalmente el 18 de julio de 1933 gracias a la voluntad de amigos del Padre Pío. Tenía entonces cuarenta y seis años, había envejecido terriblemente, y estaba consumido. Algunos años antes había tenido una visión de Jesús con expresión de repugnancia en el rostro, lloroso, mirando una multitud de clérigos en trajes sacerdotales.

LA CONSTRUCCIÓN DE UN HOSPITAL
Conociendo por experiencia el dolor y la enfermedad, el Padre Pío fue muy atento en aliviarlos. Con este fin, consideró la construcción de un hospital en San Giovanni Rotondo. En mayo de 1956 fue inaugurada la Casa Sollievo della Sofferenza (Casa de Alivio del Sufrimiento) que se convertiría en uno de los hospitales más modernos de Italia, al que podían acudir hasta mil enfermos. Pero esta obra fue motivo de una nueva persecución al Padre. En abril de 1960, algunos eclesiásticos hasta tuvieron la audacia de poner micrófonos en diferentes lugares para registrar las conversaciones de los fieles con el Padre. Un micrófono fue instalado debajo de su cama y, según algunos de sus biógrafos, hasta en el confesionario donde él oficiaba. Treinta y siete cintas magnéticas modificadas y manipuladas, llegaron al Santo Oficio. Esta maniobra era un sacrilegio pues se trataba también de escuchar los consejos dados en confesión para sorprender en falta al confesor. Estos registros duraron cuatro meses. El objetivo de esta nueva opresión era ahogar un célebre escándalo financiero en Italia, fomentado por Giuffré, un empleado de banco poco escrupuloso apodado al banquero de Dios, que desviaba los donativos. Un libro blanco titulado Padre Pío destinado a ser presentado en la ONU apareció en Ginebra en junio de 1963, al tiempo en que moría Juan XXIII. A pesar de las oposiciones, este libro escrito por Emanuelle Brunoatto, laico, uno de los hijos espirituales del capuchino, descubrió al fin las difamaciones e injusticias de las
que fue víctima el Padre Pío. Por una nueva campaña de prensa, positiva esta vez, los peregrinos afluyeron del mundo entero; y de nuevo fueron visibles las curaciones y todos los prodigios.

EL ÚLTIMO ENIGMA
El 19 de marzo de 1965, el Padre Pío debió guardar cama. Por tres días no pudo celebrar la misa. Día y noche necesitó ayuda. Durante cerca de dos meses tuvo un sufrimiento largo y casi ininterrumpido. Finalmente, el 3 de mayo superó su estado de debilidad. Pudo continuar su apostolado en el altar y el confesionario. Escrutaba las almas y las ayudaba a liberarse del peso de sus faltas: “Si lográis vencer la tentación, decía, eso produce el efecto del detergente sobre la ropa sucia”. Se estimó en veinte millones los fieles que asistieron a sus misas, y en cinco millones los que se confesaron. La víspera de su muerte el Padre Pío ya no tenía fuerzas para celebrar la misa, sin embargo el padre superior lo obligó. Ya moría y terminó desvanecido después del oficio. La misma tarde, recibió la extremaunción. Al día siguiente, el 23 de septiembre de 1968 a las 2 y 30, expiró dulcemente, sin un ruido y con el rostro sereno. Esta muerte contiene “el último enigma, revelado por su arreglo mortuorio, sus estigmas han desaparecido inexplicablemente. No subsiste ninguna cicatriz”. Este hecho sería certificado por los médicos y los religiosos, pero durante mucho tiempo permaneció oculto al público.

LA MISIÓN DE AMAR
La vida del Padre Pío es una de las páginas más crueles de la historia de la Iglesia, frente a un hombre que no pedía nada, y cuya misión era sólo dar y amar. El Padre Pío era un gran médium en quien la permeabilidad y el potencial mediúmnico existentes permitieron estas diversas manifestaciones extraordinarias y naturales. Su fe y su inmenso deseo de aliviar y hacer el bien a su alrededor eran más fuertes que su propia existencia. Aun hoy en día, muchos médiums potenciales no encuentran estructura suficientemente acogedora para manifestar su sensibilidad, esa es una de las razones de ser del movimiento espírita que difunde la idea de la supervivencia, dentro del estudio y el respeto a las leyes que rigen las facultades mediúmnicas y del respeto a la filosofía espírita.

MENSAJE DEL ESPÍRITU PADRE PÍO
“En mi última encarnación, pude darme cuenta de todas las incertidumbres de la naturaleza humana, de sus arranques de bondad y generosidad, de sus entusiasmos individuales o de multitud. También, por desgracia, me pude dar cuenta demasiado a menudo de su odio, su bajeza y su hipocresía. Lucha eterna entre el bien y el mal, existencia real de una moralidad ambivalente en cada naturaleza. Rápidamente estuve consciente de que mi sacerdocio no podía bastar para explicar, y menos aún para aliviar, tal problema. Tenía el don de clarividencia y telepatía lo cual me aportó un conocimiento suplementario, pero eso no fue una ventaja para el reposo de mi espíritu. Muchas veces esa clarividencia y esa telepatía me revelaron la verdadera naturaleza de los individuos que venían a visitarme. Sufrí encerrado en mi celda, sufrí por mi mediumnidad, por mi clarividencia. Dios permite la mediumnidad, permite la clarividencia, la
telepatía, permite que todo el poder contenido en un espíritu pueda manifestarse en su cuerpo.
No hay que combatir a la naturaleza; si estos fenómenos existen en la naturaleza, quiere decir que son permitidos, es preciso que la Iglesia los reconozca finalmente más que callarlos o disfrazarlos de milagros o brujería. Dios nunca ha prohibido el contacto entre el mundo de los vivos y el de los muertos, ni ha prohibido la posibilidad de que cualquier ser humano comprometa sus facultades de clarividencia para el bienestar de su prójimo. El milagro no existe. Es tiempo de reconocer la trascendencia del espíritu en los cuerpos. En cuanto a vosotros, hombres, reflexionad con todas vuestras fuerzas en este mundo tan difícil de vivir y pensad quizás un solo segundo que sólo el espíritu puede salvaros, que sólo la realidad de Dios puede salvaros. Me recupero en un mundo quizás diferente, pero no obstante tan cercano a todos vosotros. Me recupero al lado de vosotros”.

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