UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 28 de noviembre de 2015



JEAN GUSIK Y FRANEK KLUSKI dos médiums excepcionales
LOS GRANDES MÉDIUMS
 por JOCELYNE CHARLES 
LE JOURNAL SPIRITE N° 101 juillet 2015 





FRANEK KLUSKI











JEAN GUSIK

Gustave Geley, médico, atraído por los fenómenos de lucidez, premonición y sonambulismo, llegó a ser director del Instituto Metapsíquico Internacional (IMI) de 1919 a 1924. Esta institución fundada en 1919, tenía por objeto la búsqueda de la prueba científica de la supervivencia del alma después de la muerte. Gustave Geley trabajó en colaboración con un Comité constituido por eminencias científicas e intelectuales como el premio Nobel Charles Richet, el astrónomo Camille Flammarion, el físico Sir Oliver Lodge o hasta Ernest Bozzano.
Gustave Geley estaba especialmente interesado en el estudio de los médiums que producen fenómenos físicos y en particular la ectoplasmia. El ectoplasma es una sustancia material que se exterioriza del cuerpo del médium por diferentes orificios y que es utilizada por el Espíritu que desea manifestarse.
Este último formará la materia viviente, y gracias a su periespíritu (vehículo del espíritu) integra esta materia y se hace visible hasta la tangibilidad. Para realizar estos experimentos Gustave Geley recurrió, en la época, a dos médiums excepcionales: Franek Kluski y Jean Guzik.

FRANEK KLUSKI (1874 - 1944) Natural de Varsovia, el médium polaco Franek Kluski ejercía la profesión de banquero y era también escritor y poeta en sus horas libres. Cuando Gustave Geley lo trajo a Francia, no practicaba regularmente su mediumnidad sino desde hacía dieciocho meses. Pero desde su niñez, estaba sujeto a presentimientos y percibía Espíritus con quienes hablaba en
forma familiar y natural. De los veinte a los cuarenta y seis años, muy ocupado, casado y padre de familia, no prestó mayor atención a sus visiones. Luego entre el 8 de noviembre y el 31 de diciembre de 1920, Gustave Geley organizó con él catorce sesiones en París.
Fenómenos luminosos Los resplandores constituían el fenómeno predominante en las sesiones con Franek Kluski. El aspecto era a menudo el de una corriente de vapor blancuzco y algo luminoso cuya dimensión y forma cambiaban constantemente como las de una niebla. Aquí y allá, en la corriente luminosa se formaban pequeños puntos brillantes. Gustave Geley relata: “Con frecuencia he podido observar, que los resplandores eran esbozos de formaciones de órganos. Reconocí, por ejemplo, extremidades de dedos muy caracterizadas… Cuando nos tocaban, sentíamos el contacto de dedos o manos”. Estos fenómenos luminosos eran los primeros estadios de la materialización.

Materializaciones de miembros humanos
Gustave Geley y los asistentes a las sesiones pudieron comprobar la materialización de miembros humanos por la vista, el contacto y el moldeado de estos miembros. Para conseguir los moldeados se practicaba la técnica de la cera fundida. He aquí el método: se colocaba cerca del médium una cubeta con parafina derretida que flotaba sobre agua caliente. Se pedía a la entidad materializada que sumergiera repetidas veces en la parafina una mano, un pie o hasta una parte de su rostro.
Casi instantáneamente se formaba un molde aplicado exactamente sobre ese miembro. Ese molde se endurecía rápidamente al contacto con el aire o el agua contenida en una cubeta vecina. Luego, el ectoplasma se desmaterializaba y dejaba el guante a los experimentadores. Ese guante era llenado entonces con yeso y se quitaba la parafina sumergiendo todo en agua hirviendo.
Quedaba entonces un yeso que reproducía todos los detalles de la parte materializada. El equipo de Gustave Geley obtuvo con Franek Kluski en el Instituto Metapsíquico, nueve moldes de los cuales siete son de manos, uno de pie y uno de la parte baja del rostro (labios y mentón). Este último era de dimensión normal; los ocho restantes eran más pequeños que el natural, de la talla de un niño de cinco o siete años. Los moldeados se formaban a pedido durante la sesión. La operación comenzaba generalmente luego de un tiempo de espera bastante largo, veinte minutos por término medio, y se producía luego de manera muy rápida, uno o dos minutos y a veces menos. Gustave Geley observó: “Esta rapidez no ha dejado de sorprendernos, pues la parafina a la temperatura del aire, no se solidifica tan rápido. Según el médium, parece que las entidades que operan pueden modificar a discreción la temperatura del miembro, y enfriarlo considerablemente para acelerar el fraguado de la parafina. Damos esta explicación tal cual, haciendo notar que con frecuencia, las propias manos de los médiums en trance sufren un enfriamiento brusco y considerable”. Estos guantes de parafina eran tan pequeños en las muñecas que era imposible retirar la mano sin romper el frágil molde. La salida no podía hacerse sino por una desmaterialización, ninguna otra solución era posible. Estos moldes se conservan todavía en el Instituto Metapsíquico de París.

JEAN GUZIK
En 1922 y 1923, durante ochenta sesiones, Gustave Geley estudió a otro médium polaco, Jean Guzik (1876-1928), obrero curtidor de profesión. Muy joven producía manifestaciones que perturbaban a su entorno. Estas sesiones se caracterizaban por fenómenos luminosos, voces directas, olores, desplazamientos de objetos, manos y rostros ectoplásmicos, contactos y escrituras directas. He aquí dos extractos de actas redactadas después de cada sesión.
Sesión del 16 de abril de 1923 a las 20h 30, en el gran salón del IMI “Asistentes: Profesor Richet, señora Le Bert, Sr. Sudre, Dr. Geley,
Sr. De Jelski. Control de la derecha: Señora Le Bert, su hija. Control de la izquierda: Profesor Richet. Control habitual del médium, los experimentadores de la sala. Después de una corta espera durante la cual el profesor Richet recitó versos a media voz, el médium se agita y entra en trance. Los controles perciben contactos sobre los brazos, las piernas, la espalda. Se oyen ruidos de pasos. Unas sillas se han desplazado ruidosamente. Unos lápices situados sobre una mesa a un metro detrás del médium, son tomados y movidos. Se oye el ruido de lápices que escriben. De repente, una pesada silla es trasladada sobre la mesa por encima de nuestras cabezas, sin tocar a nadie. Esta silla es acostada sobre la mesa. Se trata de una silla acolchada que pesa cinco kilogramos. Comprobamos que el papel blanco colocado sobre una mesa situada detrás del médium, muestra rastros ilegibles de escritura”. Una de las particularidades más notables de Jean Guzik era la manifestación de formas animales. Los experimentadores podían ser tocados, acariciados, rozados, mordidos, lamidos, incluso arañados. La mayoría de estas creaciones recordaban perros, a veces a otros animales, ardillas, gatos, etc.
Sesión del 17 de abril de 1923 a las 16h 30, en el salón del doctor Geley “Asistentes: Sr. Raymond P…, Conde de C…, Dr. Geley, la señora G…, Sr. De Jelski. Control habitual del médium, los experimentadores de la sala. Las puertas son selladas por el Sr. De C…. Control de la derecha: Señora De C… Control de izquierda: Sr. P… Después de una corta espera, manifestaciones de las cuales es objeto el Sr. De C…. Se siente palpado, rozado, golpeado en el lado izquierdo y sobre la espalda. Declara tener claramente la impresión de la presencia de un animal cerca de él. Estas manifestaciones son intermitentes, cesan, vuelven a empezar. Mientras aparecen, se percibe un olor desagradable a perro mojado, olor que desaparece instantáneamente cuando se suspenden las manifestaciones. Se perciben ruidos de pasos, muy claros, detrás de los controles”. Las manifestaciones producidas a lo largo de las numerosas experiencias con Jean Guzik realizadas en el instituto Metapsíquico Internacional permitieron, a su término, la redacción de un manifiesto firmado por treinta y cuatro personalidades (literatos, científicos, médicos…) que concluían en la realidad del fenómeno: “Afirmamos nuestra convicción de que los fenómenos obtenidos con Jean Guzik no son explicables ni por ilusiones o alucinaciones individuales o colectivas, ni por una superchería cualquiera”.

jueves, 26 de noviembre de 2015


                                                             SIDDARTA GAUTAMA

LA REENCARNACIÓN a través los tiempos
REENCARNACIÓN - LAS PRUEBAS
por  KADIA HAMADOU 
LE JOURNAL SPIRITE N° 102 octobre 2015


Desde la Prehistoria, encontramos la creencia en la migración de las almas. Desde la India ancestral hasta el cristianismo primitivo, los hombres creyeron que las almas eran eternas y que solamente los cuerpos eran perecederos. Viajemos a través del tiempo y recorramos juntos diferentes comarcas de culturas muy diversas y en las cuales, sin embargo, se encuentra esta misma creencia en la reencarnación.

EN LA INDIA SAGRADA
 La India es terreno abonado para la espiritualidad, el hinduismo es la confluencia de diferentes doctrinas espirituales: shivaísmo, jainismo, vedismo, brahmanismo, budismo, todas estas religiones y filosofías han coincidido en diferentes creencias y dogmas: la India carga la historia de todos estos hombres que han pisado su tierra en busca de certeza, como Siddarta Gautama. ¿Por qué sufrimos, y cómo no sufrir más? Fue a través de estos cuestionamientos y las respuestas que encontró, que el rey Siddarta se convirtió en el Buda, el que despertó. La India es para
muchos una tierra de despertar que, desde la antigüedad hasta nuestros días, ha inspirado a diferentes civilizaciones europeas. Actualmente, podemos observar una influencia de Asia en la noción de karma, a través de las preguntas que el público nos hace en las conferencias sobre reencarnación. Si remontamos el tiempo, encontramos los primeros rastros de reencarnación en los antiguos textos religiosos indios, llamados Vedas. Estos conjuntos de textos, transmitidos al principio oralmente, hacia el siglo XV a.C. por sabios védicos considerados videntes, fueron reunidos por escrito a partir del siglo V a.C. En este libro religioso pueden encontrarse pasajes como este: “Así como un hombre desecha los trajes usados para vestirse con nuevos, el ser encarnado abandona los cuerpos usados para entrar en nuevas formas”. De esa manera, según la doctrina védica, las almas son inmortales y cuando “…han alcanzado la perfección suprema, no entran más en esta vida perecedera, morada de los males”. El hombre es pues sometido a un ciclo de reencarnaciones, samsara en sánscrito, donde experimentará el sufrimiento debido a su ignorancia, o más bien a lo que se llamaría su karma antes de alcanzar una liberación final, conocida por la palabra “moksha” o “nirvana”. Encontramos estas creencias tanto en los hinduistas como en los budistas, pero Asia no es la única tierra donde la reencarnación se había convertido en una evidencia. No las mezclemos con las de los celtas, que creían igualmente que las almas regresaban a la Tierra para cumplir lo que no había sido realizado durante la vida anterior.

EN EL MUNDO CELTA
Tanto entre los indios como entre los celtas existe un ciclo correspondiente a la reencarnación. La rueda kármica de las vidas sucesivas es mencionada en el primer pueblo mientras que en el segundo, se admiten tres círculos que corresponden cada uno a tres mundos diferentes: el de Keugant: el infinito, Dios, el de Abred: la muerte, las almas que regresan de la muerte, la reencarnación, y el último el de Gwenwed: la felicidad, donde el hombre encontrará su memoria integral, la de todas sus encarnaciones. El pueblo celta vivía en armonía con la naturaleza. Los druidas, guardianes y transmisores del saber, jugaban un papel preponderante en la sociedad celta. Sabios y adivinos, también intervenían mucho en la educación y la justicia, así como en la organización litúrgica. César, como otros de sus contemporáneos, quedó impresionado por la organización de la sociedad celta, pero también por el ánimo del que daban muestras los guerreros galos ante la muerte. Por cierto, escribió en su Comentario sobre la guerra de las Galias: “De lo que ellos (los druidas) tratan sobre todo de persuadir, es de que las almas no perecen, sino que después de la muerte pasan de un cuerpo a otro: eso les parece particularmente apropiado para estimular el coraje, suprimiendo el temor a la muerte”. El poeta Lucano escribió en una de sus recopilaciones, en 49 a.C., a propósito de las creencias celtas: “El mismo espíritu anima un cuerpo en otro mundo y, si sus enseñanzas son exactas, la muerte es el medio de una larga vida, y no el fin”. Los celtas tenían igualmente sus propios poetas, los bardos, que sabían también acompañar la poesía con melodía. En un poema titulado Estancias de Alruna, la reencarnación es cantada en prosa y en verso como una verdad universal: “En el universo en movimiento, todo es sólo repetición. Almas de vuestros antepasados, nosotros regresaremos para vivir”. A miles de kilómetros de allí, en otras civilizaciones que tienen una historia y tradiciones totalmente diferentes, se pensaba igualmente que los antepasados reencarnaban.

EN LA TRADICIÓN AFRICANA
Antes de la llegada del cristianismo en el siglo I y del islam en el siglo VIII, el África negra era en su mayoría animista, cada clan tenía sus costumbres. La expansión del cristianismo y del islam, así como el colonialismo, contribuyeron a caracterizar como
brujería todos los cultos religiosos africanos anteriores. Durante siglos, en el África negra perduraron las tradiciones orales. De generación en generación, se transmitía todo el bagaje histórico de una familia, los griots eran los conservadores de esa memoria. Contaban sus epopeyas y, al igual que los trovadores y juglares, sabían añadir un sentido poético y legendario. En toda África podíamos observar que los antepasados eran honrados y celebrados. En numerosas etnias del África negra, como los Mossi, los Bambara y los Dogones, encontramos la creencia en la reencarnación; para ellos, era evidente que un difunto reencarnaba en su propia familia. En algunas de estas poblaciones, el recién nacido era examinado por los ancianos, para encontrar en sus rasgos o en marcas cutáneas, señales de su vida anterior. Se consultaba también a un adivino para que este último revelara la identidad de aquel que había regresado. Según los Dogones, la mujer y el hombre reencarnaban en el mismo clan durante cinco generaciones: el que había vivido todas sus encarnaciones se convertía en antepasado, un espíritu que podía venir siempre a traer ayuda a sus descendientes como una suerte de guía, o a castigar a aquellos de su familia que cometían faltas. Entre los pueblos del Sahel como los Dogones, cada clan era representado por un tótem, es decir un animal, una planta, un mineral o bien un objeto artesanal que lo simboliza. Los Dogones pensaban que antes de reencarnar, un alma se refugiaba en su tótem. La representación del hombre en un animal o una planta sería la simbología de un estado inicial en su evolución hacia la metamorfosis. Las creencias africanas son tan vastas como diversos son estos pueblos. Del Sahel a las tierras del Nilo, descubrimos muchas diferencias, pero perdura un punto común: la creencia en el renacimiento del alma.

DEL ANTIGUO EGIPTO A LA GRECIA ANTIGUA
 La muerte parece tener un lugar central en los cultos del antiguo Egipto. Nadie podía escapar a ella, ni siquiera un Dios como Osiris que fue asesinado por su hermano Seth. Luego de este contratiempo, Osiris se convirtió en el Dios de la muerte y el renacimiento; así, dio esperanza a los hombres porque él había vencido a la muerte. El Libro de los Muertos egipcio hace referencia a la reencarnación, su título original es Salida al día, evocando así el camino que lleva de las tinieblas a la luz. Los muertos son momificados y El Libro de los Muertos les hace las veces de guía en su tumba.
Efectivamente, los diferentes hechizos de este antiguo libro de magia les permitirían acceder a la inmortalidad. En los jeroglíficos, la reencarnación está representada por la palabra Kheper, que significa escarabajo, es decir entre los egipcios de la antigüedad: “Convertirse, hacerse, formar o construir de nuevo”. Los egipcios creían en las vidas sucesivas, pensaban que se podía regresar a la Tierra para reparar nuestros errores, pero, si durante el juicio a nuestra alma, nuestro corazón se mostraba tan ligero como una pluma, podíamos continuar nuestras encarnaciones en el cielo. El historiador griego Heródoto afirmaba que la creencia en las vidas sucesivas había pasado de Egipto a Grecia. Los primeros rastros de esta creencia se encuentran en el siglo VI a.C., en una corriente religiosa llamada orfismo. Según los adeptos al orfismo, el alma reencarna indefinidamente en un cuerpo y la muerte es un período de descanso antes del viaje a la materia. Antes de reencarnar, el alma es juzgada en el Hades. El camino que será elegido por los jueces dependerá de la encarnación anterior; después de la elección de un nuevo destino, el alma bebe el agua del Leteo para olvidar su encarnación precedente. A través de los filósofos, la reencarnación se ha convertido en un asunto de reflexión y ya no es solamente una creencia, sino un saber que sigue el hilo lógico de la reflexión. Según Sócrates, el conocimiento que parece innato resulta de un aprendizaje que ya ha tenido lugar. Desde los filósofos de la antigüedad griega hasta el profeta Jesús, perdura esta creencia en un alma eterna que renace para alcanzar un objetivo de orden espiritual
.
DEL CRISTIANISMO PRIMITIVO AL ESPIRITISMO 
Desde hace mil quinientos años, la Iglesia rechaza la creencia en la reencarnación mientras que Jesús había crecido en una civilización donde era admitida. En efecto, en la corriente de los esenios de la que formaba parte Juan el Bautista, así como entre los fariseos, era enseñada la creencia en las vidas sucesivas. Jesús mismo, en sus palabras afirmaba esta creencia. Una noche, durante un intercambio con un fariseo de nombre Nicodemo, le aseguraba: “En verdad, en verdad, te digo, ninguno puede ver el reino de Dios si no nace de nuevo”. En el Antiguo Testamento, El Libro de Malaquías hace referencia al retorno del profeta Elías: “He aquí que os enviaré a Elías, el profeta, antes de que llegue el día del eterno, ese día grande y temible”. En el Evangelio según Mateo, dice Jesús, haciendo referencia a esta profecía: “Es cierto que Elías debe venir, y restablecer todas las cosas. Pero yo os digo que Elías ha venido ya, que no lo han reconocido, y que lo han tratado como han querido”. Algunos siglos después de la muerte de Jesús, la reencarnación aún era admitida entre muchos grandes religiosos cristianos, especialmente entre los Padres de la Iglesia como Orígenes que enseñaba la pluralidad de las existencias, pero igualmente san Jerónimo, doctor de la Iglesia, considerado como uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina. Fue mucho más tarde que la reencarnación fue tildada de anatema por la Iglesia, en 553 durante el segundo concilio de Constantinopla convocado por el emperador Justiniano. Más de mil años más tarde, ese concilio perjudicó a uno de sus propios hermanos, el 17 de febrero 1600: Giordano Bruno fue quemado vivo por haber tratado de exponer a la luz de la ciencia lo que la Iglesia ha querido borrar de la historia. Como Giordano Bruno, Allan Kardec quiso dar testimonio de la veracidad de la reencarnación a través de los hechos. Los testimonios de los Espíritus venidos a manifestarse le confirmaron lo que a lo largo de los siglos ya los hombres admitían. La comunicación espírita ha permitido obtener respuestas coherentes y lógicas que explican la reencarnación por las relaciones de causa a efecto, interviniendo en una ley universal de evolución. Entre los pioneros del espiritismo, encontramos científicos como Gabriel Delanne y Albert de Rochas que han demostrado, a través de
hechos coherentes y contundentes, no sólo la supervivencia del alma sino también su retorno a la materia para evolucionar y progresar sin cesar.
A pesar de los siglos transcurridos desde la antigüedad india hasta nuestros días, la creencia en las vidas sucesivas perdura en más de mil millones de seres humanos. Es evidente que si esta creencia fuera del orden de la superstición, hubiera sucumbido al tiempo como muchas creencias irracionales. Después de las investigaciones de numerosos científicos espíritas hasta los años 30, un solo científico dedicó luego sus trabajos a esta idea, en la persona del doctor Ian Stevenson. A pesar de esta desoladora comprobación, sabemos que no hará falta otro siglo antes de que otros científicos se interesen en serio por esta ley, que ha demostrado a través el tiempo su carácter universal.

martes, 24 de noviembre de 2015






LOS GRANDES MÉDIUMS
COLOMBE JACQUIN por
EUSAPIA PALLADINO médium de efectos físicos
LE JOURNAL SPIRITE N° 101 juillet 201526


Entre las mediumnidades de efectos físicos, el caso de Eusapia Palladino fue el más estudiado por eminentes personalidades de varios países, contribuyendo así a convencer a numerosos observadores, en particular a los científicos. Nació en 1854 en una familia pobre de los Abruzos, en Italia, donde las costumbres son rudas. Huérfana de madre muy joven, vio degollar a su padre ante sus ojos por bandoleros que habían penetrado en la granja. Eusapia permaneció postrada por días; fue recogida por su abuela, una harpía que le infligía malos tratos. Sus noches
estaban pobladas de pesadillas, y desde los ocho años manifestó que “ojos expresivos la miraban detrás de un montón de piedras o un árbol”.
Las primeras manifestaciones medianímicas aparecerían en la pubertad. Damiani, un espiritualista, tuvo conocimiento de la existencia de Eusapia a través de un mensaje recibido por su esposa médium. Durante una sesión, un Espíritu que se presentó bajo el nombre de John King, invitó a Eusapia a desarrollar sus facultades, y sería su guía durante toda su vida.

El 9 de agosto de 1888, el profesor de medicina Ercole Chiaia de Nápoles, invitó por medio de una carta abierta en la prensa al célebre médico y criminólogo Cesare Lombroso para que estudiara el extraordinario caso de Eusapia Palladino. A partir de 1891 tuvieron lugar en Nápoles unas sesiones con Alexandre Aksakof, consejero de Estado del zar, espírita y mecenas.
Durante estos experimentos, se produjeron golpecitos, transporte de objetos o del cuerpo de la médium sobre su silla, aparición de puntos fosforescentes, percepción de soplos fríos, visión de manos o dedos que rozaban a los participantes, el hinchamiento del vestido de la médium o de las cortinas del gabinete negro, hinchamiento que resistía cuando se apoyaba la cortina contra el muro. Instrumentos musicales comenzaban a tocar solos. Se tomaron impresiones en bloques de masilla colocados cerca de la médium.
Lombroso se convenció y “lamentó haber combatido los hechos espíritas con tanta perseverancia”. Otras experiencias tuvieron lugar en Milán y en Roma, luego Eusapia fue invitada a Varsovia a la casa del profesor Ochorowicz, a Francia a la isla Roubaud por el profesor Charles Richet en presencia de Myers y Oliver Lodge, luego a Tolón a la casa de Albert de Rochas.
En agosto de 1895, Eusapia fue a Cambridge y sufrió el severo control de Richard Hogdson, secretario de la Sociedad norteamericana de Investigaciones Psíquicas. Particularmente desconfiado, imposibilitó ciertos fraudes de los cuales Eusapia, bajo la presión de solicitudes de toda clase, se había hecho culpable.
Numerosas sesiones tuvieron lugar también en varias ciudades de Italia, y las trampas puntuales no impidieron a la mayoría de los observadores advertidos concluir en la realidad de las manifestaciones. Sesiones demasiado cercanas y demasiado agotadoras condujeron a una fatiga de la médium que ya no era muy joven.
Además, Eusapia sentía el escepticismo, y a veces hasta la hostilidad de los participantes, presentes únicamente para desenmascarar la superchería. En julio de 1897, fue invitada a Montfort-l’Amaury a la casa de la Señora Blech y ejerció su facultad en presencia de Albert de Rochas, Guillaume de Fontenay y Camille Flammarion. Este último receloso, luego de las conclusiones muy negativas de su colega italiano, el astrónomo Giovanni Schiaparelli, vería desvanecer su escepticismo paso a paso ante las manifestaciones producidas: levitaciones de las mesas, toques, pellizcos en la oreja que no podían proceder de Eusapia. Durante una sesión memorable, Eusapia se puso a describir un círculo sobre el rostro de Camille Flammarion, gesto que acompañó con una caja de música que sonaba en cadencia con los movimientos de la médium, una silueta blanca, una mano materializada vino a apartar la silla sobre la que Flammarion había apoyado la mano.
Eusapia regresó enseguida a Italia, luego fue a San Petersburgo y a París a principios del siglo XX, por invitación del Instituto General Psicológico donde acudían numerosas personalidades, especialmente Henri Bergson, Pierre y Marie Curie, Edouard Branly.
John King, el guía de Eusapia, aparecía con frecuencia en las sesiones, pero nunca producía manifestaciones “intelectuales”, su presencia se limitaba a los efectos físicos. Ningún médium del mundo ha sido más rudamente puesto a prueba durante una tan larga carrera. Los protocolos de experimentación eran muy duros: antes de las sesiones, Eusapia debía cambiar todos sus vestidos bajo el control de una mujer, sus pies y sus manos eran sujetados por los participantes, a veces hasta la pierna entera; las salidas eran cerradas herméticamente. Únicamente una linterna fotográfica era introducida en el recinto. A veces los observadores se avergonzaban de ser obligados a recurrir a tales procedimientos. Se tomaron fotos dando testimonio de la elevación de los objetos; se realizaron moldeados de huellas de dedos y de manos en masilla.
Analfabeta, Eusapia se expresó toda su vida en una jerga napolitana, comprendiendo perfectamente todo lo que se le decía pues estaba dotada. Impetuosa, terca, no se dejaba impresionar por el hermoso mundo que frecuentaba, siguió siendo muy humilde, sensible al sufrimiento de los débiles, hasta distribuir sus ganancias entre los más pobres.