UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

lunes, 8 de junio de 2015



EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
por KARINE CHATEIGNER
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
EL NACIMIENTO DEL UNIVERSO

El Universo me inquieta y no puedo pensar que este reloj exista y no haya relojero (Voltaire)
Pero, ¿qué es el Universo y qué sabemos hoy de él? Nuestro planeta, la Tierra, navega en el infinito océano del Universo. Gracias a la tecnología actual, podemos percibirla, minúscula y perdida en ese océano eterno, vortiginosa en medio de las miríadas de estrellas y galaxias. La historia del Universo, y luego la de nuestros orígenes es una larga epopeya de unos 13,7 mil millones de años. Al principio, todo era sólo energía. Al inicio, no había materia ni siquiera átomos. No había más que una “sopa” de partículas elementales energéticas, es decir de energía pura: electrones, fotones y quarks. La temperatura rondaba algunos millones de millones de grados. La densidad era enorme y reinaba allí el mayor caos. Estamos en el tiempo cero y nada existe, solamente la nada y de golpe, una formidable energía sacude la nada. Esta gran explosión es llamada comúnmente Big-bang. Se acepta entonces pensar que el Universo comenzó por un Big-bang hace alrededor de 13,7 millardos de años, un Universo contenido en el interior de una burbuja microscópica, caliente y densa. Luego, esa
burbuja estalló bruscamente y nació el Universo. Con ese Big-bang, el tiempo, el espacio y la materia tomaron lugar con vertiginosa rapidez. En una fracción de segundo, toda la energía contenida en aquella burbuja, en ese punto en particular, fue liberada a través del espacio que se creaba al mismo tiempo que la materia. Desde los primeros instantes, las consecuencias de esa explosión energética se contaron en microsegundos, luego en segundos y en minutos antes de conocer una fase de reposo. A la primera cien-milésima de segundo, se forman protones y neutrones. Son los futuros constituyentes de los núcleos de átomos y de la materia ordinaria. Luego, en los minutos siguientes aparecen los primeros núcleos de átomos. Poco a poco, se van a juntar unos con otros para producir el hidrógeno pesado (deuterio) y el helio. La temperatura es de mil millones de grados. Simultáneamente han aparecido fuerzas para organizar esta materia. Cuatro interacciones elementales son responsables de todos los fenómenos físicos observados en el Universo, cada una se manifiesta por una fuerza llamada fuerza fundamental. Se trata de la interacción nuclear fuerte, la interacción electromagnética, la interacción nuclear débil y la gravitación. Luego la creación retardará su ritmo.
Y sin embargo, ya todo estaba en su lugar para que mucho más tarde apareciera la vida, pues desde su nacimiento, este embrión de Universo contiene ya la energía necesaria para construir todo lo que nos rodea. Reguladas con una infinita precisión, todas las propiedades de la arquitectura del Universo están determinadas por las constantes físicas, por los números eternos cuyo valor exacto es medido en los laboratorios pero que ninguna teoría puede explicar. Son los números de oro del Universo.
Al alba de la creación, se conformó el decorado cosmológico. Éste se extendería sin cesar para que más tarde, mucho más tarde, ¿fue un día, una hora, una noche? actores llamados hombres representaran allí el papel de su vida.
Muchos de nosotros pensamos que una inteligencia tuvo algo que ver con la creación del Universo (Charles Townes, físico, premio Nobel). ¿Según qué programación en una fracción de segundo, el Universo, semejante a un grano de arena, se volvió más grande que una galaxia?
Y siguió creciendo a una velocidad increíble, creciendo todavía hoy. Los átomos más ligeros se formaron 300.000 años más tarde: átomos de hidrógeno (un protón y un electrón) y átomos de helio. Las nubes frías de hidrógeno y de helio se formaron al cabo de un millón de años. Por la acción de la gravitación, esas nubes se condensaron dando nacimiento a las primeras galaxias en las cuales nacieron las primeras protoestrellas. Estamos ya 100 millones de años después del Big-bang. Las estrellas y los planetas tal y como los conocemos se formaron al cabo de 5 mil millones de años. En cuanto al planeta Tierra, existe desde hace 4,6 millardos de años, o sea cerca de 10 mil millones de años después del Big-bang.
De lo infinitamente pequeño surgió en algunos minutos lo infinitamente grande. Ese Universo, nacido de aquella formidable explosión llamada Big-bang, está poblado de soles, lunas, estrellas y galaxias, planetas, cometas, meteoritos y agujeros negros. La Tierra, cuyo Sol representa la estrella más cercana forma parte de nuestro sistema solar, compuesto de otros siete planetas que levitan en el espacio. Hace aún poco tiempo, nuestro sistema solar contaba con nueve planetas, pero en 2006, Plutón, considerado por los astrónomos como un planeta enano, perdió su status de planeta. He aquí brevemente relatado el Cómo. Pero todavía hoy numerosos científicos se niegan a investigar y a explicar el Porqué. Pues cada efecto es precedido por su Causa. Por otra parte, allí no se encuentra el sentido del
comportamiento científico, un comportamiento que en dos siglos ha dado un formidable salto adelante, rompiendo con antiguas teorías, como la de Aristóteles y abordado nuevas, fruto de la observación y de sabios cálculos matemáticos. Pero, ¿qué había antes del Big-bang? Nada, se responde, pues en el momento no lo sabemos, y de la nada, de ese momento cero, se produjo una explosión venida de no se sabe dónde, dando nacimiento al Universo. Antes, se convino en hablar del muro de Planck, lo que podría significar que existe un muro para el conocimiento. El tiempo cero no es completamente igual a cero, lleva el nombre del físico alemán Max Planck, premio Nobel en 1918, y corresponde a 10 elevado a la -44 segundos después del Big-bang. Antes de ese instante, el conocimiento tropieza con un muro, llamado muro de Planck: en efecto, la física cuántica impide conocer la naturaleza de los fenómenos que precedieron a esta fracción de segundo increíblemente pequeña. Los científicos trabajan sobre este período. Se han elaborado varias teorías, pero por el momento, aún son incompletas y necesitan avanzar en los campos matemático, físico y técnico.
El Big-bang cuestionado El gran fresco universal ha sido descrito con asombrosa precisión por astrónomos y físicos, pero sólo el momento cero del Universo sigue siendo todavía un enigma, y eso desde hace más de 70 años. Hasta entonces se habían propuesto elaboradas teorías, que llegan hasta las más increíbles. Ninguna ha podido ser experimentada y en consecuencia demostrada. Según la teoría del Big-bang y las ecuaciones de la relatividad general de Einstein, los físicos han conseguido que en el momento cero, el Universo no tenía dimensiones, su temperatura y su densidad eran infinitas, lo cual sigue siendo difícil de admitir pues esta noción muestra el límite de su ciencia.
Además, la visión tradicional de la relatividad general no parece compatible con la otra construcción física del siglo XX, la mecánica cuántica, para la cual la certeza se detiene en 10-43 segundos. Eso nos muestra la dificultad para determinar y definir el momento cero.
Acerca de ese momento inicial y de ese nacimiento, escuchemos a Hubert Reeves:
—¿Se puede hablar del momento cero donde todo comenzó? —No —¿Y de antes del Big-bang? —El Big-bang, es el horizonte, es el límite, más allá del cual no hay nada.
No es que allí no había nada, es que no hay nada. No existe ninguna observación, ningún dato que nos permita decir lo que había antes de 13 millardos 700 millones de años. A la orilla del mar, ustedes ven el agua hasta el horizonte y no pensarían en decir que el agua se detiene allí porque no ven más allá de ese horizonte. Hoy en día, los cosmólogos se atreven a aventurarse más allá de ese horizonte pues se trata de comprender lo que pudo provocar el Big-bang. Etienne Klein, físico y filósofo:
“Sabemos contar la historia que nos separa del muro de Planck; esta historia ha durado 13,7 millardos de años, pero más allá de ese muro, no se puede decir nada. Ante el muro de Planck, lo único que se puede hacer, es callar”.
Si para los matemáticos sigue siendo extraordinario descubrir esos instantes primeros del Universo, pregunten a cualquier perito en física cuántica, y todos les dirán que no están seguros de que el Big-bang sea el comienzo de nuestro Universo, pues la física clásica que imagina ese comienzo es incompleta.
Hasta es posible incluso que un día el Big-bang sea superado. Como lo dice Hubert Reeves, ese modelo estándar del Big-bang representa una probabilidad satisfactoria para el día de hoy, máxime cuando numerosos físicos, aun conociendo las incoherencias de este modelo, no tienen ninguna otra explicación del Universo que proponer al público.
La arquitectura del Universo “Es difícil resistirse a la impresión de que la estructura actual del Universo, que parecía tan sensible a la menor modificación de las cifras, ha sido cuidadosamente elaborada. La conjugación, aparentemente milagrosa, de los valores numéricos que la naturaleza ha asignado
a esas constantes fundamentales sigue siendo la prueba más contundente de una forma de organización cósmica”. (Paul Davies, profesor de física teórica)
Si el Universo no hubiera sido reglamentado por esas constantes fundamentales, infinitas y eternas, hubiera podido ser diferente sabiendo que la mínima desviación en esa mecánica celeste hubiera quitado a la humanidad toda posibilidad de existir. Ciertos cosmólogos actuales siguen quedando fascinados por los valores precisos que tomaron las diversas constantes físicas en el momento del Big-bang.
Ya sea científico o filósofo, el hombre reflexiona, mide e investiga. ¿Qué busca? La fuente, la causa. Todo efecto tiene una causa y el Universo no puede ser comprendido sin llegar a la fuente de la creación. El Universo y la vida son el fruto de un deseo de carácter divino y la materia en la fuente de la creación es ante todo transformada por una energía cósmica de naturaleza divina. Naturaleza divina corresponde a Amor, Amor que sin embargo no se mide ni se calcula. Para los pioneros de la física moderna tales como Galileo, Kepler o Newton, la voluntad divina está en la fuente de la creación y la ciencia, al revelar el orden de las cosas, no tendría otro objetivo que vislumbrar el espíritu de Dios. La ciencia no puede admitir esta simple verdad si responde al ateísmo, pero puede considerarla en la medida en que reconozca un entorno espaciotemporal establecido en forma inteligente y amorosa. Esa es una realidad que los físicos y astrofísicos comprueban cada vez más.
Trinh Xuan Thuan, astrofísico norteamericano
“La cosmología moderna ha precisado la estrecha conexión cósmica que tenemos con el resto del Universo. Las estrellas son nuestros ancestros a causa de todas las partículas que nos constituyen. Son partículas que existen desde el comienzo del Universo y que sin duda vienen de las estrellas; somos polvo de estrellas: ese es uno de los grandes descubrimientos de la astronomía contemporánea. Otro de estos descubrimientos, igualmente muy importante, es que desde las primeras fracciones de segundo del Big-bang, todo estaba regulado de manera extremadamente precisa, no solamente para que apareciera la vida, sino también para que naciera una conciencia que permitiera conocer al Universo, apreciar su hermosura y su armonía. Uno se da cuenta de que si se modificaran en algo esas constantes (Big-bang), se llegaría a Universos estériles. Reduzcamos por ejemplo la fuerza de gravedad: el Universo está demasiado diluido, las nubes de hidrógeno y de helio no se contraen. No hay estrellas, por tanto no hay alquimia nuclear ni ascenso a la complejidad de la vida, ni inteligencia ni conciencia. Aumentemos entonces la fuerza de gravedad: el guión es diferente pero el resultado es poco convincente. La precisión de estos arreglos para que un día aparezca un ser dotado de conciencia es comparable a la de un arquero que quiera clavar su flecha en un blanco de un centímetro cuadrado situado al otro extremo del Universo, a catorce mil millones de años luz. Me parece difícil explicar el arreglo extremadamente preciso del Universo, sin invocar un «principio creador», que tiene todo regulado desde el comienzo. Entre el azar y la necesidad, elijo la necesidad.
Todos los científicos están lejos de aceptar este principio que implica, por supuesto, la noción de un principio creador. De todas maneras, añade Trinh Xuan Thuan, la única pregunta verdadera, es esta: ¿por qué hay algo en lugar de nada? Y allí la ciencia no puede decirnos absolutamente nada”.
Nuestra ciencia es de disciplina materialista, vinculada exclusivamente a la experiencia, la observación y la teoría. Afirma que los elementos de la naturaleza y sus fenómenos se bastan a sí mismos, a sus formaciones, a sus movimientos y a sus desarrollos, pero, ¿no pueden la física o la astrofísica aliarse a la metafísica? En otras palabras y en forma más general: ¿es anticientífico creer en Dios? O aún más, ¿puede la ciencia llevar al hombre por el camino de la conciencia divina? Se puede ser científico y creyente? Dejemos la palabra a algunos eruditos: Andreï Sakharov, físico atómico ruso: “No concibo el Universo y la vida humana sin un comienzo inteligente, sin un «calor» espiritual en el origen, algo que no depende de la materia y de sus leyes”. Otra cita  de Andreï Sakharov: “Sostengo la hipótesis cosmológica según la cual el desarrollo del Universo se repite un número infinito de veces sobre las páginas «siguientes» o «precedentes» del Libro del Universo”.
Alfred Kastler, premio Nobel de Física escribió en 1965: “La idea de que el mundo, el Universo material, se creó solo me parece absurda. No concibo el mundo sino con un Creador, en consecuencia, un Dios.
Para un físico, un solo átomo es tan complejo, tan lleno de inteligencia, que el Universo materialista no tiene sentido”.
Max Planck, fundador de la teoría de los quanta en la física moderna, premio Nobel 1918: “Entonces nada nos impide, y nuestro instinto científico lo reclama, identificar el orden universal de la ciencia y el Dios de la religión. Para el cristiano, Dios se ubica al principio, para el físico al final del pensamiento”. Pierre-Paul Grassé: zoólogo (1895-1985): “Si el Universo es comprensible, es porque está ordenado. Pero, ¿de dónde viene ese orden del Universo como las leyes físicas, las que dirigen el movimiento de los astros, las de gravedad, y todas las que descubren los físicos y los químicos? ¿Cuál llamado orden no supone una inteligencia ordenadora? Si he regresado a la fe, es por la ciencia, por una trayectoria científica. Creo que la ciencia impone el pensamiento de Dios”.
Alexander Polyakov, físico ruso: “Sabemos que la naturaleza está descrita por el mejor de los matemáticos porque la creó Dios”.
Arno Penzias, que, en compañía de Robert Wilson fue el primero en detectar una radiación cósmica (premio Nobel en 1965), hizo este comentario sobre la perfecta concepción que constituye nuestro Universo: “La astronomía nos conduce a un solo acontecimiento, un Universo creado a partir de la nada, un Universo con un equilibrio tan minucioso que suministra las condiciones exactas para permitir la vida y que no puede sino seguir un plan (que podría denominarse «sobrenatural»)”. Jean-Emile Charon (1920-1998), físico y filósofo francés, es autor de varios libros, ensayos y artículos científicos o de filosofía científica, (El ser y el verbo; El espíritu, ese desconocido; He vivido quince mil millones de años; Muerte, he aquí tu derrota; El Espíritu y la Ciencia; etc.). Sus últimas notas fueron publicadas después de su muerte en forma de testamento espiritual, con el título: ¿Y la Divinidad en todo esto? Entre los físicos, fue de los que no dudaban en hablar del espíritu y de la conciencia, diciendo que estamos hechos de materia y de espíritu y que por tanto, es necesario tener nociones tan científicas sobre el problema del Espíritu, como las que se tienen sobre la Materia.
Extracto de la obra ¿Y la Divinidad en todo esto? Entrevista con Erik Pigani publicada en febrero de 1998, algunos meses antes de su muerte: - Para volver a la creación del Universo, ¿entonces usted está íntimamente convencido de que no ha sido creado por azar? - Para mí, es una certeza. Hace poco tiempo eso se verificó de manera científica, y toda la prensa se hizo eco. Ello porque los astrofísicos disponen hoy de instrumentos fantásticos para verificar sus teorías, como los ordenadores que pueden recrear las condiciones iniciales del nacimiento del Universo. Entonces, ellos se entretienen mucho construyendo “Universos de juguete”. Los cálculos son complicados, sin duda, pero el proceso es simple: se programan los parámetros físicos conocidos, y se activa la máquina. Como le decía, se trata de la velocidad de la luz, de la masa de las partículas, etc. Ahora bien, si se introducen en el ordenador los parámetros correctos, se obtiene nuestro Universo. Pero si se cambia aunque sea un solo decimal de una sola constante física, se asiste a una serie de catástrofes a cual más espantosa: el Universo se desmorona sobre sí mismo, o es demasiado caliente, o demasiado frío. ¡Por tanto la Vida no puede aparecer!
Big-bang, ¿quién eres? Dios no es la eternidad, no es el infinito, pero es eterno e infinito. No es ni el tiempo ni el espacio, pero ha existido desde siempre y su presencia está en todas partes. (Isaac Newton)
La teoría del Big-bang nació en los años ‘30 a partir de las investigaciones de Alexander Friedmann (18881925), de George Le Maître (1884-1966) y de Georges Gamow (1904-1968), investigaciones surgidas de la observación y de las teorías de la física. La existencia del Big-bang hubiera podido ser predicha por Albert Einstein (1879-1955), pero él no creía que el Universo podía evolucionar. Esta es una teoría sobre la que está de acuerdo una gran mayoría de científicos. El término Big-bang fue inventado por el cosmólogo y astrónomo inglés Fred Hoyle. Él era el principal detractor de la teoría del Big-bang y para designarla, inventó el término BigBang que le parecía sonoro. Eso gustó al gran público de los años ’50 y desde entonces se convirtió en el término que designa esta teoría.
Hubert Reeves, astrofísico, director de investigaciones en el CNRS (*) compara el Big-bang con un guión, el del pasado: “Ciertos guiones son más creíbles, tienen a su favor más pruebas que otros. No es necesario considerar la teoría del Big-bang como la verdad. En la ciencia no hay verdad, hay una plausibilidad. (*) Centro Nacional de Investigación Científica. (N. del T.)
Esta plausibilidad es compartida por numerosos físicos, astrofísicos y científicos; sin embargo, quedan algunas «nebulosas» que, sin duda, el tiempo llegará a disipar. Por ejemplo, de la composición de este Universo nacido del Big-bang se conoce solamente el 5% (átomos, moléculas, electrones, etc.). Otra forma de materia llamada materia negra (o materia sombría) está compuesta de partículas macizas no detectadas hasta hoy, que entran en la composición total en alrededor del 25%, así como otra forma de energía cuya naturaleza es mal conocida, pero que podría ser una constante cosmológica, llamada genéricamente energía negra, y que entra en la composición del contenido material del Universo en un 70 %. Entonces, el 95% representa alguna cosa que está allí pero de cuya naturaleza no se tiene ni la menor idea”. Nuestro Universo habría nacido entonces hace 13,7 millardos de años, pero, ¿qué dice al respecto el físico Paul Langevin a título póstumo?: “No existe el comienzo del Universo, los astrofísicos establecen una génesis de lo que ellos llaman el Big-bang, haciendo creer al público que antes no existía nada. Eso es un absurdo que hay que denunciar. En efecto, el Universo no tiene ni comienzo ni fin, y eso de lo que hablan los hombres está limitado a su propia observación. El Padre es una unidad amorosa y eterna cuyo pensamiento dirige al espacio el nacimiento de los espíritus individualizados. Quien se atreva a afirmar que el Universo tiene límites reniega de la noción de infinito y, por consiguiente, no puede responder a las exigencias de la verdadera ciencia. Ser científico, es ante todo reconocer que el hombre no sabe sino pocas cosas, no en un vasto Universo, sino en un Universo sin fin. Ser científico, es admitir que aún es preciso aprender sin escuelas, sin definiciones, sin prejuicios y sin definiciones materialistas. Ser científico, es admitir que no hay límites al milagro de la vida y, por consiguiente, no anatematizar al que cree en el espíritu, al que está más cerca de la verdad porque ha superado la materia. Ser científico, en el sentido noble del término, tiende más a un estado de espíritu que al nivel de los conocimientos. El conocimiento es una herramienta, no es el saber total. El amor aliado a la inteligencia es más fuerte que todas las facultades de la tierra juntas”. (Paul Langevin - mensaje 1987) Sin duda es antinómico para un físico exponer una noción de infinito, en la medida en que no puede haber física sin medidas, es decir sin referencias concretas. Dentro de esta perspectiva, el estatuto de los Universos infinitos no se puede defender pues toda teoría física implica números como tal, forzosamente repartidos en un intervalo finito. Por consiguiente, un Universo infinito, situado fuera del dominio de las medidas, se excluye ipso facto del marco de la física. Si bien la noción de infinito tiene una utilidad en matemáticas, no tiene ninguna en física. Por el contrario, la aparición del infinito en una teoría física, determina que esta última simplemente es falsa, o al menos incapaz de manejar la situación en la cual se presente la aberración. Y sin embargo, tal como lo dice el físico Jean-Pierre Luminet:
“Con frecuencia los físicos han tratado de eludir la cuestión del infinito, a la que consideran demasiado metafísica. Ahora bien, eliminado el infinito, éste, como la esfinge, no cesa de renacer de sus cenizas. Ha sido necesario esperar el comienzo del siglo XX para una rehabilitación parcial del infinito en la física. La teoría cuántica, la cosmología relativista o los modelos de agujeros negros han hecho surgir nuevos infinitos. Desde entonces, finito e infinito se codean en el propio seno de los modelos”.
La marcha de la ciencia, como la del progreso, debe alcanzar su emancipación, pero, ¿hacia qué? Uno acumula conocimientos a una velocidad loca, y el número de científicos no cesa de incrementarse en toda la historia de la humanidad. Pero, de ese montón de informaciones sobre asuntos cada vez más puntuales, ¿se llega a precisar una visión del mundo y del Universo, a la vez científicamente coherente, y que responde a las preguntas que cada uno se hace
desde que está en edad de hacer preguntas? ¿Qué es el mundo y qué hago yo en él? ¿Antes del Big-bang, la amnesia del Universo? De la nada no puede nacer ninguna cosa y si hace 13,7 millardos de años se produjo una explosión, ¿cuál fue la fuente?
Desde hace más de medio siglo, el modelo estándar del Big-bang se ha impuesto en el mundo científico y entre el gran público informado. Pero una pregunta queda sin respuesta: “¿Qué había antes del Big-bang?” Dilucidar esta cuestión entraña ya otra: “¿Y qué pasaba antes?” La respuesta es que no hay “anterior”, ya que “antes” el tiempo no existía. Pero justamente después, súbitamente el tiempo, el espacio y la materia se decidieron a existir. No todos los físicos piensan que el tiempo comenzó con el Big-bang. Pero, ¿qué sucede con el momento cero? En efecto, todo el período en el cual el Universo tenía menos de 10-43 segundos (diez millonésimas de mil millonésima, de mil millonésima, de mil millonésima, de mil millonésima parte de segundo) siempre escapa a los cosmólogos. Estamos frente a un verdadero problema conceptual que da testimonio de nuestro fantasma de atribuir al Mundo una fecha de nacimiento: el tiempo cero es un instante dentro de un tiempo que aún no existe. Un 10-44 de segundo probablemente no existe. El momento cero sería entonces una suerte de infinito, un horizonte inaccesible. El cero, igual que el infinito, no tiene equivalente real. Son pues dos conceptos abstractos que no entran en las leyes de la física donde todo se mide. Pero, ¿qué pasa con el azar, término tan a menudo empleado por los científicos? ¿Es realmente científico proponer el azar en la fuente del universo, en la fuente de la vida? Por definición, el azar no es científico pues el azar es la ausencia de leyes. Ahora bien, la ciencia es ante todo la búsqueda de las leyes que rigen el Universo. Por consiguiente, no se puede hacer investigaciones científicas y colocarse a la vez detrás del azar. Valiente testimonio de un sabio ateo: “Dios no existe: estoy obligado a creer que existo por azar, gracias a un proceso evolutivo que, milagrosamente, partiendo de nada llega a una obra maestra, violando constantemente las leyes fundamentales de la ciencia y del simple sentido común. ¿Han comprobado ustedes que las cosas se mejoran por sí mismas cuando las dejan abandonadas? ¡Yo no!” (Jean Rostand - biólogo)
El Big-Bang: extracto del libro de K. Chateigner De Dieu à l’Homme et aux Univers (De Dios al hombre y a los Universo

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