UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 16 de noviembre de 2014




LA MUERTE Y LA TURBACIÓN
por CATHERINE GOUTTIÈRE

DOSSIER EL TRÁNSITO
LE JOURNAL SPIRITE N° 98 octobre 2014

Vivimos en un mundo material que tiene un comienzo, el nacimiento, y un fin, la detención de las funciones vitales del cuerpo físico. Entendemos esta muerte según diferentes formas de pensamiento que van desde el materialismo puro que predica la nada, es decir la desaparición total y definitiva del yo, de la conciencia y de los sentimientos, hasta las múltiples corrientes filosóficas o religiosas que permiten esperar una supervivencia del alma, tanto en estado individualizado como pudiendo integrarse en un gran todo para confundirse con el conjunto. El espiritismo, como ciencia y filosofía, aporta una respuesta clara y precisa a este acontecimiento ineluctable y, al afirmar la supervivencia del alma, revela una realidad muy diferente a las suposiciones científicas, filosóficas o religiosas sobre este asunto.
¿Qué pasa en el momento de la muerte? ¿Qué vive el espíritu en ese momento preciso? ¿Cómo vive su muerte? ¿Qué siente? ¿Qué percibe? ¿Está consciente de su nuevo estado? ¿Pueden sufrir los Espíritus en el más allá? De ser así, ¿por qué razones y cómo podemos ayudarlos? Tantas preguntas, a las cuales responde- remos en este artículo, por supuesto a la luz del espiritismo definido por Allan Kardec y los precursores, así como por nuestra experiencia de cuarenta años de comunicación. Recordemos en primer lugar los tres componentes del ser, ya definidas en su tiempo por Allan Kardec y que son: el cuerpo físico que conocemos bien, el espíritu y el periespíritu. El espíritu es una entidad espiritual individualizada que tiene un principio, el de la creación divina. Para crecer en
conciencia y en amor, y un día llegar al absoluto divino en total comprensión, el espíritu necesita vivir múltiples experiencias en la materia; y para que pueda integrarla, necesita un intermediario, una envoltura semi-material compuesta de materia muy tenue, de baja densidad, el periespíritu. Este periespíritu acompaña al espíritu a lo largo de su camino reencarnacionista, tanto en la materia como en el más allá, y le permite igualmente manifestarse a los vivos, aunque esté despojado de su cuerpo físico. Habiendo hecho este recuerdo, examinaremos lo que sucede cuando sobreviene la muerte. Ésta implica en forma irremediable la separación entre el espíritu y el cuerpo físico, por ruptura del vínculo fluídico que los une.
La separación
Ésta nunca es violenta. El periespíritu se desprende poco a poco de todos los órganos, la separación no es completa y absoluta sino cuando ya no queda ningún átomo del periespíritu unido a un átomo del cuerpo físico. Esta separación puede hacerse más o menos fácilmente o más o menos dolorosamente. ¿Por qué hablar de dolor? La separación dolorosa que podría sentir un Espíritu dependerá entonces de la fusión más o menos importante que exista entre el cuerpo y el periespíritu, y esa sensación dolorosa dependerá igualmente del grado de dificultad y lentitud que presente esa separación. En la muerte natural, la que resulta de la extinción de las fuerzas vitales por edad o enfermedad, el desprendimiento se operará gradualmente. Para algunos, en quienes los pensamientos ya se han desprendido parcialmente de la vida terrenal, la separación se hará mucho más fácilmente. Por el contrario, otros se aferrarán a la materia pues no ven nada más allá. En lugar de entregarse a la muerte que llega, van a luchar y así prolongan su agonía. En este caso, podemos decir que en el pensamiento del espíritu se instala antes de la muerte una forma de turbación, debida a la incertidumbre en la que se encuentra y a la angustia de su porvenir. La muerte llega y todo no ha terminado. La turbación sigue, pues el espíritu siente que vive, pero ya no sabe si es la vida material o la vida espiritual. Resumamos con los siguientes casos, que pueden verse como situaciones particulares, y entre los cuales hay una multitud de matices que no hay que descuidar: si en el momento de la muerte, el desprendimiento del periespíritu se opera completamente, el alma no sentirá nada. Ejemplo: la muerte durante el sueño. Cada noche, nosotros nos desincorporamos en varias fases, durante el equivalente de unas dos horas, en las cuales abandonamos nuestro cuerpo físico para ir al más allá, para regenerarnos en ese entorno vibratorio que es nuestra verdadera naturaleza. Si la muerte sobreviene en ese preciso momento, el espíritu no siente la violenta sepa-
ración del cuerpo físico, por estar ya fuera de la materia. En cambio, si en el momento de la muerte, es total la fusión entre el cuerpo y el periespíritu, se produce una suerte de desgarramiento que repercute dolorosamente sobre el alma. Para apuntalar estas palabras, citaremos el caso de nuestra vecina, fallecida con más de ochenta años y que luchó varias semanas porque no quería morir. Se aferraba a la menor parcela de vida y, por eso, sufría la situación que supuso una larga agonía y un sufrimiento para su espíritu. En cambio, si la cohesión es débil, la separación se vuelve fácil y se opera sin sobresaltos. Fue el caso de una de nuestras amigas espíritas que sabía que encontraría a su esposo, fallecido antes, y sólo esperaba el momento en que por fin pudiera encontrarlo. En ese caso, el espíritu se despega del cuerpo sin sufrimientos y vuela hacia su nueva vida. Pero la muerte no se clasifica, como en gavetas, únicamente en estas categorías. Existe una multitud de matices de acuerdo con la psicología y lo vivido por cada ser humano. El estado moral del espíritu es pues la causa principal que influye sobre la facilidad o dificultad del desprendimiento. La afinidad, el grado de fusión entre el cuerpo y el periespíritu está en razón del apego del Espíritu a la materia. Está al máximo en el humano que privilegia los goces materiales; y es casi nula en la persona que consciente o inconscientemente, sabe o intuye que es otra cosa además de materia. ¿Qué sucede cuando el corazón deja de latir? La detención del corazón provoca siempre la impresión de una caída que es sentida por todos los Espíritus cualesquiera que sean. En ese momento, el Espíritu tiene la sensación de girar a gran velocidad y caer. ¿Cómo puede tener esa sensación física cuando ya no está en su cuerpo? Siempre gracias al periespíritu y a la materia tenue que lo compone. Cada una de las células de la materia, ya sea periespiritual o no, puede vibrar y girar a gran velo- cidad. Es ese movimiento lo que siente el Espíritu. Entonces, cuando ese movimiento cesa, el Espíritu se encuentra ante la entrada de un túnel largo y estrecho. Una luz de baja intensidad centellea en su extremo. Si penetra el túnel y llega a la luz, encontrará a los seres que ha amado, parientes, amigos y, sobre todo, a su guía espiritual para continuar así su camino evolutivo en el otro mundo. Se aleja entonces de las vibraciones terrenales y vive la vida de los Espíritus conscientes de su estado espiritual. Numerosos Espíritus franquean el túnel, pero en este artículo nos interesamos en los que no lo cruzan. La no entrada en el túnel está vinculada a dos hechos establecidos. El primero es que el espíritu conserve en su nivel de conciencia, los bajos instintos que lo impulsan a hacer el mal. Se dice de él que es un mal espíritu. El segundo es que el espíritu puede seguir reviviendo sus últimos momentos, sobre todo cuando la muerte ha sido violenta. Es lo que se llama estado de turbación.

La turbación
 Puesto que el espíritu piensa, ve y oye, tiene entonces la sensación de no estar muerto. Lo que aumenta su ilusión, es que se ve con un cuerpo semejante al precedente en la forma, pero no analiza, no comprende la naturaleza etérea de su envoltura periespiritual que, recordemos, es el doble de su cuerpo físico. Él cree que ese cuerpo que ve es compacto y sólido como el primero. El Espíritu que acaba de morir, transporta consigo todo lo que acaba de ser vivido, una vivencia que sigue siendo el presente y es así como nace la turbación. Su duración es indeterminada; puede variar de algunas horas a años. En la medida en que la turbación se disipa, el espíritu se encuentra en el estado de un hombre que sale de un profundo sueño; las ideas son confusas, vagas e inciertas. Ve como a través de una niebla, y poco a poco la vista se aclara y retorna la memoria, dependiendo de los individuos. El Espíritu recupera la memoria y la lucidez de sus ideas a medida que desaparece la influencia de la materia de la que acaba de desprenderse y se disipa la especie de niebla que oscurece sus pensamientos. En este caso particular, el despertar será tranquilo y le ofrecerá una sensación de paz. Entonces el espíritu se reconoce. Cruzará entonces el túnel e irá hacia su nueva vida. Pero ese despertar puede ser diferente; puede estar impregnado de ansiedad y producir el efecto de una pesadilla en relación con los remordimientos, los rencores, o un sentimiento de haber cometido errores e injusticias. La turbación presenta, pues, características particu- lares, según el carácter de los individuos y según el tipo de muerte. Está vinculada directamente al estado moral del espíritu, a su evolución espiritual y a su forma de pensar.
Desde hace cuarenta años, nuestro Círculo, se ha comunicado, y se comunica, con numerosos Espíritus. Cuando la puerta del más allá está abierta, puede manifestarse toda clase de Espíritus, buenos o malos, bienaventurados o en turbación. Para ilustrar esa turbación, que a veces está relacionada con las creencias religiosas, hemos tenido oportunidad de ayudar a muchas entidades prisioneras de sus creencias, y entre ellas a un personaje conocido, el espíritu Louis de Funès (*) que seguía girando sobre sí mismo, rodeado de imágenes piadosas y de cirios. Su devoción era el origen de su turbación, pues demasiado apegado a los artificios de la Iglesia, seguía cerca de la iglesia y del cementerio donde había sido enterrado. (*) Actor cómico francés de origen español fallecido en 1983. (N. del T.)
El pensamiento puede ser materialista. Así ayudamos a un Espíritu que, durante su vida, siempre había codiciado la casa de uno de sus vecinos sin poder adquirirla nunca. Una vez fallecido, su deseo siempre seguía siendo ardiente. Ocupó la morada, haciéndola suya, y molestó a los ocupantes con movimientos de objetos y diversos golpes. La voluntad de posesión material le había causado una profunda turbación que le impedía reflexionar sobre su nuevo estado, es decir, su muerte efectiva. Igualmente, la turbación puede estar vinculada a la educación. Una forma de pensamiento educativa impregnada de gran rigor y olvido de sus sentimientos, dentro de una moral estricta, puede dar origen a una turbación. La turbación también puede estar ligada a la forma de muerte. He aquí lo que nos dijo un Espíritu fallecido en un accidente de automóvil, antes de que lo sacáramos de su turbación: “Está duro, hace calor. Me duele. Tengo los huesos quebrados. Hace calor, me duele. Siento el hierro y la gasolina, me ahogo. Estoy en un ataúd de acero con grandes dientes que me arrancan la piel. Siempre demasiado rápido, siempre demasiado rápido. Esto gira, esto gira”. ¿Cómo explicar que ciertos Espíritus salgan más fácilmente de la turbación que otros? Eso depende de las oraciones que puedan decir los vivos por esos Espíritus, pero también de la naturaleza misma de cada individuo dentro de su propia reflexión. Es cierto que ante una muerte idéntica, dos Espíritus de diferente evolución no la vivirán de la misma manera. Tomemos el ejemplo de Anwar El Sadat, asesinado, que pocos días después de su muerte se manifestó al Círculo. La evolución moral de este Espíritu, y el reconocimiento al estado consciente de su paternidad divina, de lo cual da testimonio repetidas veces en su autobiografía, le permitió tener una turbación de corta duración. La salida de la turbación depende igualmente del posible o imposible contacto con el guía. Ciertos guías no llegan a entrar en contacto con sus protegidos pues Louis de Funès no pueden alcanzar las vibraciones en que estos últimos se encuentran. He aquí el ejemplo de una joven a quien conozco, ella no es espírita pero está abierta a esta filosofía. Me manifestó que había visto cerca de ella, en la noche, a un hombre que la miraba, que no parecía mal intencionado, pero que la miraba fijamente. Por su descripción, correspondía a uno de sus antiguos vecinos, fallecido algunos años antes, al que no había conocido nunca pero que yo sabía que había habitado en el mismo edificio. Le expliqué que podía ser un Espíritu en turbación y que era preciso ayudarlo a encontrar la luz y abandonar el lugar donde había vivido. Lo cual ella hizo concienzudamente, y siguiendo mis consejos, rezó diariamente, le habló con el pensamiento, y ese deseo sincero transformado en vibraciones, pudo alcanzar a ese Espíritu que, después de varios días, no se manifestó más. Había encontrado su más allá. La oración puede ser individual, pero también colectiva en lo que llamamos cadena fluídica. Para ayudar a una persona que acaba de morir, y permitirle alcanzar su más allá, basta con tomarse de las manos, tres personas mínimo, poner un fondo musical, pensar durante tres o cuatro minutos en el que acaba de fallecer, visualizar el túnel y la luz que está en su extremo, e impulsar al Espíritu por ese túnel, hacia la luz, acompañarlo con nuestros pensamientos sinceros sobre la ayuda a aportar, simplemente pensamientos de amor que le llegarán y le ayudarán a ir hacia su nueva vida. Esta cadena deberá ser repetida varias veces. Si ese género de acción fuera generalizado, aceptado y comprendido por cada uno de nosotros, evitaría la turbación a buen número de nuestros desaparecidos. En el marco espírita se practican sesiones de liberación, con la participación de espíritas preparados, conscientes
del acto que se cumplirá con dificultad y que está lejos de ser anodino. Estas sesiones representan un acto importante en la comunicación espírita, en la medida en que permiten ayudar a los Espíritus en turbación así como a los malos espíritus. Así, a través de médiums que prestan sus cuerpos para estas manifestaciones, las entidades en turbación son ayudadas a despertar a su nuevo estado. En este tipo de sesión, a través de un trance, el médium es el catalizador del sufrimiento de estos Espíritus que se manifestarán en el gesto y el grito para llegar finalmente a su liberación. Durante la sesión, ellos están acompañados por nuestras presencias y nuestros pensamientos, así como de los de todos los guías que les esperan. Es una comunión entre el más allá y los espíritas, para una liberación que responde al precepto cristiano “Amaos los unos a los otros”, dentro de una solidaridad entre nuestros dos mundos. Y luego, aparte de las acciones humanas, los Espíritus se proponen igualmente por misión llegar directamente a las entidades en turbación, tratando de despertarlas a su nuevo estado aunque no siempre lo consiguen. Existe otro caso particular un tanto peculiar: los Espíritus en turbación pueden ser ayudados por el mundo animal. Fue el caso de Diane Fossey (etnóloga norteamericana 1932-1985) que salió de su turbación gracias a sus amigos gorilas que, con sus gritos y gruñidos pudieron llamar su atención y descubrirle su nueva vida. He aquí su testimonio recibido en escritura en 1989: “Sepan, mis caros amigos, que en el más allá existe una solidaridad animal que acoge a ciertos Espíritus, y que puede liberarlos de su turbación debida a la desencarnación. Fui asesinada por los cazadores furtivos cuando desde hacía muchos años, junto con mi esposo, defendía la supervivencia y la salvaguarda de la fauna. Mi marido falleció antes que yo, asesinado también por estos mismos perseguidores de las bestias salvajes, que las utilizan y las revenden, con fines lucrativos. John y yo fuimos salvados por esos mismos animales que defendíamos. Fue maravilloso y quiero dar testimonio de ello. La agresión sufrida me sumió en una profunda turbación, en una dolorosa y repetitiva pesadilla. No conocía mi muerte, la ignoraba. Sufría aquellos últimos momentos vividos, cuando oí quejidos y rugidos muy conocidos de mi persona. Esos animales, en gran número, se adelan- taban hacia mí, al final de un gran túnel; mi marido los acompañaba. Con este reconocimiento familiar salí poco a poco de mi entorpecimiento. El amor que yo había dado a ese reino me esperaba en el amoroso y eterno compartir. Amigos míos, estoy feliz por mi trabajo cumplido para la felicidad de los animales. Es la misión de ciertos hombres en esta Tierra y ella tiene su razón de ser. No es ni superior, ni inferior a otra misión. Lo esencial es realizarse en lo que se había emprendido, comprometido y decidido antes del retorno”. Y finalmente, cada noche antes de dormirnos podemos pensar en ayudar a los Espíritus a franquear el túnel. Antes de dormir, piensen en la desincorporación que tendrá lugar durante su sueño. Piensen que entran en el túnel y que las almas sufrientes que aún no han encontrado la salida pueden ser ayudadas por su fuerza, por su presencia, pues aún están muy cerca de nuestras naturalezas humanas. Piensen llevarlos así con ustedes hacia la luz. Así podrán participar en la evolución más rápida de las almas en el más allá, y el fin de su turbación.  Ustedes lo habrán comprendido, el espiri- tismo no se limita a la comunicación con un más allá consciente que viene a instruirnos y hacernos reflexionar sobre el sentido de la vida. El espiritismo, es también la ayuda que se da a todos estos Espíritus que son nuestros hermanos y cuyas almas sufren en diferentes grados, ya sea por falta de amor o por todas las faltas inherentes a nuestra inferioridad moral. Ustedes también pueden ayudarlos, no duden entonces en rezar, y su deseo sincero se traducirá en vibraciones que podrán abreviar su sufrimiento y dirigirlos hacia su más allá.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Entrada nueva en Grupo Espírita de La Palma

¿CÓMO RECONOCER UNA VERDAD ESPIRITUAL, UN MAESTRO VERDADERO Y UNA ENSEÑANZA GENUÍNA?

by idafe

Encabezamiento enrtda maestros y enseñanzas verdaderas

Introducción

Muchos se habrán preguntado alguna vez de qué manera sería posible determinar una VERDAD espiritual, calibrar a un maestro como íntegro  e identificar una enseñanza que represente una auténtica fuente de información trascendente.

Y es claro que al margen de metodologías y estrategias varias, es la propia voz interior de cada cual la que debe guiar la elección personal. No obstante, no es menos cierto que el progreso de la conciencia va encontrando criterios definidos, señales identificadoras y desarrollando un cierto “olfato” totalmente fiable, para saber discriminar donde hay verdad y donde se oculta la “chamusquina”, como a mí a veces me gusta llamar.

Precisamente en esta línea, me he encontrado una excelente criba para cernir y separar “el grano de la paja” en el enmarañado contexto de los “maestros espirituales” de todo pelaje, “revelaciones” y “enseñanzas”, que pululan en estos tiempos apurados y confusos.

Los siguientes criterios –que compartimos completamente- fueron formulados por el David R. Hawkins, Doctor en Medicina y Filosofía, reconocido como investigador pionero en el campo de la conciencia,  conferenciante, clínico, psiquiatra y científico de renombre mundial y están recogidos en su obra “La Verdad contra la Falsedad, cómo saber la diferencia”. Merecen, de todo punto de vista, una serena y profunda meditación para “extraer” todo su significado.

Óscar García Rodríguez

Flor entre piedras

¿CÓMO IDENTIFICAR Y QUÉ CARACTERÍSTICAS TIENENLA VERDAD ESPIRITUAL,  LOS MAESTROS ÍNTEGROS Y SUS ENSEÑANZAS?

Por: Dr. David R. Hawkins

1. Universalidad: La verdad es verdad en todo tiempo y lugar, independientemente de la cultura, la personalidad o las circunstancias.

2. No- excluyente: La verdad lo incluye todo, no es secreta, y no es sectaria.

3. Disponibilidad: Está abierta a todos, no es exclusiva. No hay secretos a revelar, ocultar, o vender, y no hay fórmulas mágicas o “misterios”.

4. Integridad de propósito: No hay nada que ganar o perder.

5. No-sectaria: La verdad no es la exposición de la limitación.

6. Independientemente de la opinión: La verdad es no-lineal y no está sujeta a las limitaciones del intelecto o de la forma.

7. Desprovista de Posicionamiento: La verdad no es “anti” nada. La falsedad y la ignorancia no son sus enemigos sino que simplemente representan su ausencia.

8. Nada requiere o demanda: No requiere membresías, suscripciones, regulaciones, juramentos, reglas o condiciones.

9. No-controladora: La pureza espiritual no tiene ningún interés en la vida personal de los aspirantes o en las ropas, vestimenta, estilo, vida sexual, economía, modelos familiares, estilos de vida o hábitos alimenticios.

10. Libre de la fuerza o la intimidación: No hay lavados de cerebro, adulación a los líderes, rituales de formación, adoctrinamiento o intrusiones en la vida privada.

11. No-vinculante: No hay normas, leyes, decretos, contratos o promesas.

12. Libertad: Los participantes son libres de ir y venir sin persuasiones, coerciones, intimidaciones, o consecuencias. No hay jerarquía, sino que se da un cumplimiento voluntario de las necesidades prácticas y los deberes.

13. Común: El reconocimiento es una consecuencia de en qué te has convertido, más que el resultado de los títulos atribuidos, los adjetivos o adornos.

14. Inspiración: La Verdad evita y se vacía de los adornos, la seducción y la teatralidad.

15. No-materialista: La verdad carece de la necesidad de las riquezas del mundo, el prestigio, la pompa, o los edificios.

16. Auto-cumplida: La verdad es ya total y completa y no tiene necesidad de hacer proselitismo o ganar adeptos, seguidores, o “reclutar miembros.”

17. Desapegada: No se involucra en los asuntos mundanos.

18. Benigna: La verdad es identificable a lo largo de un gradiente progresivo. No tiene “opuesto” y por lo tanto ningún “enemigo” a castigar o al que oponerse.

19. Sin intención: La verdad no interviene o tiene una agenda que proponer, infligir, o promulgar.

20. No-dualista: Todo transpira en virtud de la intrínseca (karma) propensión al campo por el que la potencialidad se manifiesta como verdadera en lugar de cómo “causa” y efecto.

21. Tranquilidad y Paz: No hay “problemas” o parcialidades. No hay ningún deseo de cambiar a los demás o imponerse a la sociedad. El efecto de las energías elevadas es innato y no depende de la propagación o el esfuerzo. Dios no necesita más ayuda que la “ayuda” que necesita la gravedad para que caiga una manzana del árbol.

22. Igualdad: Esto se expresa en la reverencia por toda vida en todas sus expresiones y sólo evita lo que es perjudicial en lugar de oponerse a ello.

23. Atemporalidad: La vida es realizada al ser eterna y lo físico es una temporalidad. La vida no está sujeta a la muerte.

24. Más allá de las pruebas: Lo que es “demostrable” es lineal, limitado, y un producto de la intelectualización y la vida mental. La realidad no necesita del acuerdo. La realidad no es una adquisición, sino que es puramente espontánea, la realización subjetiva es cuando los posicionamientos del ego dualista son entregados.

25. Mística: El origen de la verdad es un proceso de espontánea refulgencia, radiación e iluminación, que es la Revelación que sustituye a la ilusión de un yo individual separado, el ego y su actividad mental.

26. Inefable: No es susceptible de definición. La radical subjetividad es la experiencia. Es una condición que sustituye a la anterior. Con este acontecimiento, el contexto reemplaza al contenido, carente de temporalidad y más allá del tiempo. La realidad no existe en el tiempo, o por él, o más allá de él, o fuera de él, y no tiene relación con aquello que es un artificio de la actividad mental. Está, por tanto, más allá de todos los sustantivos, adjetivos o verbos, transitivos o intransitivos.

27. Sencillez: Uno ve la belleza intrínseca y la perfección de todo lo que existe más allá de la apariencia y la forma.

28. Afirmativa: La verdad está más allá de la opinión o la demostración. La confirmación es puramente por su consciencia subjetiva; sin embargo, se puede identificar mediante técnicas de calibración de la conciencia.

29. No-operante: La verdad no “hace” nada, ni “causa” nada; ella es todo.

30. Invita: En contraste con ser promocionado o persuadido.

31. No-predictiva: Ya que la Realidad no es lineal, no puede ser localizada o codificada en la restricción de la forma, como mensajes secretos, códigos, números, e inscripciones, o escondida en ruinas, piedras, las dimensiones de la pirámide, el ADN o los pelos de las fosas nasales de los camellos. La verdad no tiene secretos.

La Realidad de Dios es omnipresente y más allá de la codificación o la exclusividad.

Los códigos son indicativos de la imaginación del hombre y no del capricho de la Divinidad.

32. No-sentimental: La emotividad se basa en la percepción. La Compasión deriva del discernimiento de la verdad.

33. No-autoritaria: No hay reglas o dictados a seguirse.

34. No-egoísta: Los maestros son respetados, pero se rechaza la adulación personal o especial.

35. Educativa: Proporciona información en una variedad de formatos y asegura su disponibilidad.

36. Auto-mantenida: Ni mercenarios ni materialistas.

37. Independiente: Completa, sin depender de las autoridades externas o históricas.

38. Natural: Carente de inducir a alterar el estado de conciencia o las manipulaciones de las energías por medios artificiales; es decir, sin depender de la forma.

39. Los maestros que descarten la corrupción moral, abiertos a la honradez.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Entrada nueva en Grupo Espírita de La Palma

LAS VOCES DEL SILENCIO (XVI)

by idafe

Por: Óscar M. García

En los momentos en que somos capaces de acallar los "ruidos" que día a día nos saturan, llega el SILENCIO. Desde ahí la VOZ INTERIOR encuentra la posibilidad de manifestarse. Entonces las comprensiones instantáneas, las impresiones directas, las imágenes luminosas - es decir, la intuición espiritual - asoman, aportando la energía de la CERTIDUMBRE.

Las Voces del Silencio XVI 01
Las Voces del Silencio XVI 02
Las Voces del Silencio XVI 03 Las Voces del Silencio XVI 04
Las Voces del Silencio XVI 05
Las Voces del Silencio XVI 06  Las Voces del Silencio XVI 07
Las Voces del Silencio XVI 08
Las Voces del Silencio XVI 09
Las Voces del Silencio XVI 10

lunes, 3 de noviembre de 2014




OCTOBER NEWSLETTER 2014



THOSE WHO RETURN “HOME”

Inspirationally received by Yvonne C. Limoges

How wonderful to know that our soul is eternal and that the afterlife exists and that is where all souls return to.

How comforting to know that our loved ones have not disappeared into oblivion, but their soul is merely returning “home.”

For the material world is only a temporary residence whose purpose is to act as a school where we grow, develop and learn, to increase our intelligence and morality, so we can progress ever higher.

Yes, we miss our loved ones but we will meet them again at the appropriate time.

Sometimes unresolved issues, confusion, regrets, and anger are felt by those persons left behind, but when all are reunited again in the spirit world, much will be made clear.

We must remember that we were born into a specific family as well as a specific group of people based on our past life experiences and in accordance with a perfect Divine Plan in order for our progression.  

Remember the good qualities and the good times you had with those you knew who have entered the spirit world.

Pray for them, and remember that no one is perfect and so we all need forgiveness and compassion.

And, God loves all His children!
PRAYER FOR THOSE WHO HAVE LEFT

Dear God, may you see fit to favorably receive this prayer in the name of those who have recently left this earth.

Help them to perceive the Divine lights that will guide their pathway to eternal happiness. Permit the good spirits to take our words and thoughts to them.

You, who were so dear to so many in this world, listen to us which call to offer anew a pledge of affection from those who love you dearly.

God allowed that you be liberated before us, and since the Divine laws are Perfect, we cannot complain because this would be equal to a wish that you still be subject to the sufferings of material life. Therefore, we must all wait with resignation for the moment of our reunion in that happier world, where you have arrived before us.

Yet, we know this separation is only temporary, and however long it may appear to be, its duration is nothing compared to the blessed eternity which God has promised. You no longer have over your eyes the material veil of this world which hides the splendors of the future existence from us. Now you can contemplate new marvels!

Finally, how sweet and consoling to know, that you will not forget us, as we will never forget you. May the peace of the Lord be with you!  
                                                         AMEN

(Excerpt from the book The Gospel according to Spiritism translated by Janet Duncan)


BE CONFIDENT

                         Written by Jose M. Meseguer

In our human relationships we may find introverted, timid persons…The causes can be diverse and manifest in multiple forms, but basically revolve around lack of self-confidence, creating a psychological barrier against which they dare not face, not knowing their true possibilities for progress and improvement.

All human beings are remarkable for various reasons, everyone can learn something positive and we should …never, ever, underestimate ourselves because we are not able to achieve what others have achieved. Everyone, within one’s means, one can do much.

Feelings of inferiority can be a reflection of instability, doubt and lack of faith of the gifts [God] Our Father has given us

…We are not the product of one day, we have accumulated a rich background in experiences, both positive and negative [from past lives], however, all have given us something that shapes our personality, helping us be more capable every day to perform a task

Spiritual knowledge gives us the key to this enigma, and it is very simple. Before incarnating preparing to develop our tasks that serve on the one hand to liberate us from old debts, and secondly, towards development of certain qualities that are dormant. At the same time, these tasks also mean a chance to go slowly reducing deficiencies, those flaws that still dull and darken our dignified and fruitful life’s work.

The problem arises when we have a failure; it is normal that we have them; it is part of our learning and evidently to which we must submit, to test our patience, perseverance and faith. When we make a correct interpretation and do not encourage our own self-love as necessary to continue and move forward, we interpret and value life situations with a negative or pessimistic attitude, and create insurmountable and impossible walls…not something we can afford.

We need to change those thoughts into more positive, more uplifting ones, recalling successes, pleasant situations we've had in the past, the good works that have filled us with satisfaction; if it was possible yesterday; then today, too.

Therefore, we have to have great willpower and get to work. Most of the important things in life almost always start small, step by step. With few exceptions, any job, to give it full realization requires effort, as we said, persistence and faith. An old adage says: “Practice makes perfect.”

We also have the help of those spiritual beings who trust us and pledged to help in this difficult journey on our world. They are aware of the difficulties; understand us, love us and encourage us to continue forward, always forward, never looking back.

The important thing therefore lies in the simple things.

The great figures of spirituality in their passage through this physical life stood out for their humility and simplicity, standing up to their peers, avoiding worldly honors. Many of them, upon concluding their work here, the fruits of their labor were not even recognized in their lifetime.

So take them as an example, do not feel inferior, everyone is important. Adopt an optimistic attitude towards life and in everything you undertake, large or small, put all your interest and effort.


(This is an excerpt of an article published on October 2014 in the on-line newsletter Amor Paz y Caridad - Love, Peace and Charity- and translated and edited by Yvonne C. Limoges)

HUMILITY

 Spirit message received by Yvonne C. Limoges

Do you pray and ask God for His guidance and blessing before making (especially) important decisions in your life?

Do you feel you are better than others because you believe you are smarter, are more educated, believe you are prettier, and/or wealthier?

Are you busy criticizing others for what they do or the way they are without the same level of scrutiny as you do yourself?

Do you feel that when you listen to spiritual teachings you feel you already have heard it all and don’t believe you need at least a reminder about the whys and wherefores of life as well as the supreme morality it teaches?

Everybody mostly goes preoccupied about their busy material lives and since no one is perfect upon this earth, therefore all need constant reminders about the Divine Laws.

All should also look carefully and study the moral shortcomings one may have so they can be eliminated to the best of one’s ability.

Always keep your eyes and ears open to continue learning, which is a long process towards your progression. You cannot do this without sincere effort, an open heart and true humility before the Creator, who loves all His children equally.


TEACHINGS OF JESUS - HUMILITY

Blessed are the poor in spirit: for theirs is the Kingdom of Heaven (Matthew, 5:3)

The teachings of Jesus are contained in the Bible. Kardec extracted these specific teachings and the superior spirits helped interpret them in the book he published as The Gospel according to Spiritism.

In the Biblical quote in bold writing, Jesus means the “poor in spirit” should have “simplicity of heart and humility of spirit.” This means “the ignorant person who possesses these qualities is preferred to the wise person who believes more in himself than in God.”

“In all circumstances Jesus put humility into the category of virtues that bring Man near to God and pride into the category of vices that keep Man away from God.”  

“The reason for this is clear, for to be humble is an act of submission to God, whereas pride is a revolt against Him [or in other words, in violation of the Divine Laws].”

“For Man then, there is a far greater value for his future happiness by being poor in spirit…” which indicates one should be “rich in moral qualities.”

(Excerpts from The Gospel according to Spiritism published by Allan Kardec and translated from the French by Janet Duncan)

BE SATISFIED & HAVE COURAGE 

“Human misery is not in the uncertainty of the events that sometimes cheer you up, sometimes knock you down. It is entirely in the greedy and insatiable heart that always wants to receive, complaining of other’s aridness and never noticing its own drought. That unhappiness, always aspiring above one’s head; that unhappiness never satisfied by the dearest joys; that unhappiness, I tell you, that is what constitutes human misery…Courage! Each day is liberation. March the painful path; march and keep your eyes on the mysterious star of hope.”     - George, a familiar spirit (June, 1860)

(Excerpt from a spirit communication in The Spiritist Society of Paris’s magazine The Spiritist Review and translated into English by Luiz Cheim and Debi Caron)
THE EXISTENCE OF THE CREATOR

                         Written by Jon Aizpurua

            The Spiritist Doctrine sets as its first major principle the existence of a Creator, acknowledging it as Supreme Intelligence and First Cause of all things. Taking into consideration intuition, in synthesis with proper philosophical deduction that effects are proportional to the forces that generated them, this presents a Creator as a necessary and efficient cause that allows understanding of the majesty of the universe and its harmonious enfoldment, from the minuscule subatomic particles up to the immensity of the cosmos.

            Realizing the limitations of thought and language derived from a rational and logical perspective, Spiritism, nevertheless, tries to approach a cosmic vision of the Divinity, affirming that by definition and nature, the Creator is eternal, infinite, immutable, immaterial, unique, omnipotent, supremely just and good, since if any of these attributes were not present it would cease to be the Creator…

            …the Spiritist concept of the Creator distances itself radically from anthropomorphic ideas which attribute to a God, human forms and attributes as characterized in religious doctrines from various civilizations and cultures all over the planet. Therefore, God is not conceived as a personal being, a patriarchal entity, or as a severe and capricious judge that applies harsh punishments or distributes prizes and compensations.

            Spiritism explains that the law of adoration is fulfilled elevating one’s thought towards the Creator and conducting life in a dignified, honest and loving way, dispensing with all intermediaries, as well as any types of cults, rituals, or sacramental formulas.

            No one progresses morally and spiritually by the simple act of believing a certain religious or spiritualist belief or by participating in specific cults or mystical ceremonies.

Real progress is the result of personal effort manifested in the moral and integral transformation that each human being demonstrates in its thoughts and actions. 

In conformance with the superior moral teachings of JESUS, the law of adoration is summarized within these universal principles: Love God in spirit and truth; love your neighbor as yourself, and do not do to others what you would not want done to yourself.

In short, Spiritism, echoing the simple yet at the same time profound message of the brilliant Master of Nazareth, states that: God is Love.


(Excerpt from the book Fundamentals of Spiritism – the Soul, the Afterlife, Psychic Abilities, Reincarnation and how these influence our lives by Venezuelan university professor, clinical psychologist, and author Jon Aizpurua – translated into English from Spanish and published in 2013. This revised, updated edition is available on www.Amazon.com . See the many 5 star reviews at this website. )


GOOD ADVICE

                Written by Narciso Trevilatto

Good nutrition...acting kindly towards others and with all of nature provides a tranquil conscience, and the ingredients to staying healthy and at peace....

****************************************

Edited by Yvonne Crespo Limoges, Director

 

Spiritist Society of Florida

5042 22 Avenue North,

St. Petersburg, Florida 33710                                     Website: www.spiritistsocietyfl.com

PROGRAMA DE ACTIVIDADES PÚBLICAS DEL GRUPO ESPÍRITA DE LA PALMA – NOVIEMBRE 2014

by idafe
Cabecera programa noviembre 2014

Apreciados amigos/as: el Programa de Actividades Públicas del Grupo Espírita de La Palma para el mes de Noviembre 2014 está a vuestra disposición en nuestra sección de "Actividades Públicas" (ver pestañas superiores.) Desde allí podréis tanto consultarlo como descargarlo, ya que está como documento en formato PDF.

Para el presente mes  hemos confeccionado un variado programa de exposiciones y debates que busca profundizar en los temas del conocimiento espiritual desde la perspectiva amplia y racional que el paradigma espiritista proclama, abiertos siempre al enriquecimiento colectivo desde el diálogo sincero y constructivo.

Todas las actividades son, como siempre, de asistencia libre y gratuita. Será un placer para nosotros recibirles en nuestra sede si deciden acompañarnos.

¡Saludos cordiales a todos/as!


sábado, 1 de noviembre de 2014






De una creación impulsada por
la divinidad, a una progresión
evolutiva hacia la divinidad,
para una comprensión absoluta
de la divinidad

“Amad toda la creación de Dios, en su conjunto, hasta el
mínimo polvo. Si amáis cada cosa, comprenderéis el misterio
de Dios en las cosas”. F. Dostoievski


El Libro de los Espíritus de Allan Kardec plantea los
principios esenciales del espiritismo sobre la base de
preguntas y respuestas intercambiadas con los espíritus en
sesiones espíritas y agrupados en un conjunto coherente
y estructurado para convertirse en lo que se llamó la
“doctrina espírita”. El pilar fundamental del espiritismo es la
existencia de una fuerza suprema y creadora, todopoderosa
y omnipresente, y origen de todas las cosas: Dios.
La noción de Dios
Antes de desarrollar la noción de un ciclo divino,
detengámonos un poco en esta fuerza suprema. A falta de
un chisme de mostrador al estilo de “¡Dios es el tipo más
célebre del mundo y sin embargo nadie lo ha visto nunca!”,
antes de preguntarse “quién es Dios”, sería necesario
interrogarse sobre “qué es Dios”. Como principio primero del
espiritismo, que por lo demás supera a todos los otros, y del
cual derivan estos últimos, esta idea de Dios lógicamente es
abordada desde la primera pregunta de la obra emblemática
de Allan Kardec (Libro Primero - Las Causas Primeras,
Capítulo Primero - Dios): Pregunta 1: “¿Qué es Dios?” –
Respuesta: “Dios es la inteligencia suprema, causa primera
de todas las cosas”. Un criterio de infinidad es atribuido
entonces a Dios: Pregunta: “¿Podría decirse que Dios es el
infinito?” – Respuesta: “Definición incompleta. Pobreza de
la lengua de los hombres que es insuficiente para definir
las cosas que están por encima de su inteligencia”. Muy
pronto, se ha planteado de entrada una limitación en la
incapacidad de nuestro lenguaje, nuestra inteligencia,
nuestra reflexión, o nuestro razonamiento, para aprehender
de manera directa la noción de la divinidad. Sin embargo,
puesto que a nuestro nivel Dios es indefinible, sigue siendo
posible ejercer ese mismo razonamiento yendo a buscar el
sentido de la divinidad en los “síntomas” de la divinidad, a
saber la armonía del universo, de las cosas y de la vida. De
allí, surge el postulado esencial del proceso de Allan Kardec:
“Todo efecto tiene una causa. Todo efecto inteligente tiene
una causa inteligente. El poder del efecto está en razón
del tamaño de la causa”. Se remonta entonces a la causa
original, es decir a Dios, por la observación de sus efectos.
Así prosiguen las primeras líneas de El Libro de los Espíritus:
Pregunta: “¿Dónde puede encontrarse la prueba de la
existencia de Dios?” – Respuesta: “En un axioma que aplicáis
a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa
de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os
responderá”. Como lo recomiendan los espíritus, para llegar
a Dios, basta pues con volver los ojos hacia las obras de la
creación divina. El universo existe, tiene pues una causa.
Dudar de la existencia de Dios, sería negar que todo efecto
tiene una causa, y plantear que “nada” ha podido hacer
“algo”. Otra pregunta, otra respuesta: Pregunta: “¿Qué
consecuencia puede extraerse del sentimiento intuitivo
que todos los hombres llevan en sí mismos de la existencia
de Dios?” – Respuesta: “Que Dios existe, pues, ¿de dónde le
vendría este sentimiento si no descansara en algo? Esto es
también una consecuencia del principio de que no hay efecto
sin causa”. La demostración lleva entonces a considerar que
todo lo que existe no puede ser fruto del azar, sino que
necesariamente tiene una causa primera. Realmente hay
una voluntad inteligente en la organización armoniosa y
estable de las cosas, desde lo infinitamente pequeño hasta
lo infinitamente grande. Con gran frecuencia, al cometer
el error de atribuir la formación primera de las cosas a las
propiedades íntimas de la materia, tomamos el efecto por la
causa, mientras que esas propiedades son ellas mismas un
efecto que debe tener una causa. Y atribuir esa formación
primera a algo fortuito y aleatorio, a la imagen del azar y la
necesidad, se convierte entonces en un contrasentido: ¡un
azar inteligente ya no es azar!
Los atributos de la divinidad
A partir de allí, Allan Kardec definió por deducción lógica y
razonando por lo absurdo todo un conjunto de atributos que
caracterizan la noción de Dios, cualidades necesarias que hay
que relacionar con el hecho de sus obras:
“Dios es ‘eterno’: si hubiera tenido un comienzo, habría salido
de la nada, o bien habría sido creado por un ser anterior.
Es así como de pariente en pariente nos remontamos al
infinito y a la eternidad.
Dios es ‘inmutable’: si él estuviera sujeto a cambios, las
leyes que rigen el universo no tendrían ninguna estabilidad.
Dios es ‘inmaterial’: es decir que su naturaleza difiere de
todo lo que llamamos materia, de otra manera no sería
inmutable, pues estaría sujeto a las transformaciones de
la materia.
Dios es ‘único’: si hubiera varios Dioses, no habría unidad
de puntos de vista, ni unidad de poder en la ordenación del
universo.
Dios es ‘todopoderoso’: porque es único. Si no tuviera el poder
soberano, habría algo más poderoso o tan poderoso como él.
No habría hecho todas las cosas, y las que no hubiera hecho
él serían obra de otro Dios.

Dios es ‘soberanamente justo y bueno’: la sabiduría
providencial de las leyes divinas se revela tanto en las cosas
más pequeñas como en las más grandes, y esa sabiduría no
permite dudar ni de su justicia, ni de su bondad”.
Todo regresa y se remonta así a una causa primera, a la
fuente, es decir a Dios, definiendo de hecho un principio de
creación como característica esencial y visible de esa fuerza
divina en acción. Se habla entonces de paternidad divina en
las cosas creadas, de lo inerte a lo viviente, de lo material a lo
inmaterial, del mineral al espíritu, pasando por todas las leyes
llamadas naturales que rigen los movimientos de la vida y de
la materia bajo toda naturaleza y bajo cualquier forma que
sea. Detrás de cada cosa, hay pues un gran arquitecto como
lo sugiriera P. Teilhard de Chardin: “En cada partícula, en cada
átomo, en cada molécula, de las células de materia, viven
escondidas y obrando a espaldas de todos, la omnisciencia
del eterno y la omnipotencia del infinito”. Todo lo que revela
vida contiene un ápice de Dios, con la consecuencia del
sentimiento intuitivo de la existencia de Dios que todos
los hombres llevan en sí mismos, cualesquiera que sean las
culturas y las civilizaciones.
La creación divina: espíritu y materia
Dios se manifiesta pues, de manera permanente en todo el
universo a través de su creación que no tiene comienzo, ni
fin, ni límite finito. Esta creación concierne a dos elementos
generales esenciales del universo: el espíritu y la materia.
Ambos llevan en sí un carácter de unicidad y de eternidad,
resultado de un proceso espiritual nacido directamente de
Dios. Ambos siguen siendo consecuencia de una acción de
pensamiento, conducida y dirigida, de manera inmutable
y universal, fuera de todo azar y de todo accidente. Este
impulso creador emana de ese proceso divino y toma su
fuente de un deseo amoroso donde se transmite la idea,
la imagen, el pensamiento que se condensa para crear los
mundos, las cosas, las formas… Hay, pues, un punto de
partida, un comienzo en toda la creación de Dios, pero el
origen de cómo y cuándo fueron hechos el elemento espíritu
y el elemento materia, sigue siendo un misterio: en efecto,
la época y la forma de esa formación son desconocidos
sólo responde al principio de una voluntad divina. Por una
parte la materia es el resultado de un aglomerado atómico
engendrado por fuerzas gravitacionales cuya fuente es
espiritual. Ya sea mineral, vegetal u orgánica, ya sea inerte o
viva, esa materia responde a un principio atómico unitario
nacido de lo que la fuerza creadora ha querido que fuera.
No hay en la materia más que construcción elaborada
de un pensamiento inteligente. Cada elemento de base
está atravesado por la energía del pensamiento divino: en
cada partícula, de la molécula al átomo, del átomo a las
subdivisiones de la física cuántica, se revela una presencia
energética de naturaleza espiritual.
Por otra parte, en cuanto al espíritu, éste es definido en
El Libro de los Espíritus como el principio inteligente del
universo, pues la inteligencia, el pensamiento, es un atributo
esencial del espíritu. El individuo, que al principio no existe
como tal, también nació de un pensamiento divino, se
convirtió en un átomo espiritual para devenir finalmente
en espíritu. Se dice que Dios crea sin cesar espíritus de toda
naturaleza. En ese instante, cada espíritu es —se verá—
creado simple e ignorante como un material bruto que está
por definir, por definirse, pero que lleva en sí el carácter
de la individualidad. En la armonía infinita que caracteriza
la creación divina, esa misma armonía exige entonces
diferencias, a partir de las cuales sabrán encontrarse
diferentes formas, diferentes razones de ser, diferentes
naturalezas espirituales. Así pues, como consecuencia
los diferentes reinos han sido pensados y creados en la
fuente de Dios, que ha querido esas distinciones paralelas
sobre las cuales se establece esa misma armonía. Además,
aunque es incesante una correlación entre los dos, se pone
en evidencia una diferencia entre el mundo espírita (de
los espíritus) y el mundo material: el mundo espírita es
lo principal en el orden de las cosas, es el que preexiste y
sobrevive a todo.
Nota: La creación divina permite entonces distinguir
tres tipos de clases. Ya los seres inanimados formados de
materia sola, sin vitalidad ni inteligencia, son los cuerpos
brutos, la materia inerte. Luego los seres animados no
pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad,
pero desprovistos de inteligencia, se incorporan aquí el
vegetal, el unicelular, incluso el mundo de los insectos. Y
finalmente los seres animados pensantes, formados de
materia, dotados de vitalidad y que tienen además un
principio inteligente que les da la facultad de pensar, son los
animales y los seres humanos o extraterrestres. Cuando en
este artículo hablamos de espíritu, como entidad pensante
y activa, es entonces exclusivamente en referencia a esta
última clase que se hace alusión por defecto, considerando
en particular los seres humanos que somos. La distinción
entre los animales y los seres humanos se hace entonces a
nivel de la inteligencia que los anima, que en los animales
está principalmente en forma de instinto: el instinto es
una inteligencia rudimentaria que difiere de la inteligencia
propiamente dicha en que sus manifestaciones son casi
siempre espontáneas, mientras que las de la inteligencia son
resultado de una combinación y de un acto deliberado que se
llama razón. El instinto varía entonces en sus manifestaciones
según las especies y sus necesidades. En los seres que tienen
conciencia y percepción de las cosas exteriores, se une a la
inteligencia, es decir a la voluntad y a la libertad.
El fluido universal,
vínculo entre espíritu y materia
En este estadio, aparece un tercer elemento fundamental
para la continuación de las cosas, el fluido. En efecto, el
espíritu no puede permanecer en el espacio solo, simple
e ignorante, y tiene necesidad de vincularse a la materia
bajo la forma de la encarnación. Para ello, es preciso un
intermediario entre el espíritu y la materia, ese intermediario
es llamado fluido universal. El espíritu va entonces a
penetrarlo para dar nacimiento a la materia periespiritual,
herramienta indispensable de la encarnación. Si no hay un
comienzo para la fuerza del amor, hay un comienzo a la
vida del espíritu, que entonces despierta gradualmente y
poco a poco toma su forma. Extrae entonces del fluido de la
vida su forma futura, que se hará puntual en las secuencias
de su encarnación. Así es la construcción de la periferia
del espíritu, es decir del periespíritu. El principio vital
toma pues su fuente del fluido universal. Éste es el mismo
para todos los seres orgánicos, pero modificado según las
especies; es además lo que les da movimiento y actividad,
y les distingue de la materia inerte, pues el movimiento
de la materia no es en sí mismo la vida: ella recibe ese
movimiento, no lo da. Allí hay aún un error fundamental de
la ciencia en la comprensión del misterio de la vida a través
de las investigaciones en biología, por ejemplo, donde una
vez más se confunde el efecto con la causa. Y esa ciencia
se estrella, todavía hoy, en cuanto a la explicación de lo
viviente… Por otra parte, ¿cómo podría hacerlo de otra
manera dentro de una visión esencialmente materialista
y mecanicista?
¿Qué nos explica El Libro de los Espíritus sobre este fluido
vital? Pregunta: ¿Habría así dos elementos generales del
universo: la materia y el espíritu?” – Respuesta: “Sí, y por
encima de todo eso Dios, el creador, el padre de todas
las cosas. Esas tres cosas son el principio de todo lo que
existe, la trinidad universal. Pero, al elemento material, hay
que añadir el fluido universal que desempeña el papel de
intermediario entre el espíritu y la materia propiamente
dicha, demasiado grosera para que el espíritu pueda tener
acción sobre ella. Aunque, desde cierto punto de vista, se
le pueda ubicar dentro del elemento material, se distingue
por sus propiedades especiales. Si realmente fuera
materia, no habría razón para que el espíritu no lo fuera
también. Está colocado entre el espíritu y la materia. Es
fluido, así como la materia es materia, susceptible, por sus
innumerables combinaciones con ella y bajo la acción del
espíritu, de producir una infinita variedad de cosas de las
que sólo conocéis una pequeña parte. Siendo este fluido
universal, o primitivo, o elemental, el agente que emplea el
espíritu, es el principio sin el cual la materia permanecería
en permanente estado de división y no adquiriría nunca
las propiedades que le da el peso”. Y como escribe Allan
Kardec más adelante: “La vida es un efecto producido por
la acción de un agente sobre la materia. Ese agente, sin la
materia, no es la vida, así como la materia no puede vivir
sin ese agente. Da la vida a todos los seres que lo absorben
y se le asimilan”. A partir de allí, y en particular para los
seres orgánicos, se pone en movimiento el principio de
la vida bajo todas sus formas y diferencias, tal como la
naturaleza nos la puede presentar ya en nuestro planeta.
Y si espíritu y materia parecen tan distintos, hace falta
la unión del espíritu y la materia por el fluido vital para
“hacer inteligente” a la materia y que esta vida, estas vidas,
adquieran entonces el sentido de la evolución. Ese instinto
de evolución, programado por la fuerza divina, impulsará
entonces al espíritu a descender hacia las vibraciones de la
materia. Esa individualidad, marcada con el sello de Dios,
se formará lenta y progresivamente, en el transcurso de las
sucesivas encarnaciones en la materia.
Nota: Como se definió anteriormente, para los seres
vivos no pensantes, como los insectos o los vegetales, el
principio de vida reposa también en esa misma noción de
fluido vital que anima una porción de materia, aunque la
noción de espíritu no se aplique a su situación por estar
ellos efectivamente desprovistos de inteligencia. Se habla
entonces de una manifestación psíquica primaria dentro
de un mecanismo calificado de semi-consciente, sin hablar
por ello de individualidad espiritual. Ese dinamo-psiquismo,
término creado por el Dr. G. Geley en 1914, es atravesado
entonces por la fuerza programadora de la divinidad para
crear formas de vida convenientes en el seno de esos reinos.

Una necesidad evolutiva a través de la vida
Gracias al fluido universal, el espíritu emprenderá entonces,
a través de múltiples encarnaciones, un proceso evolutivo
que lleva en sí los atributos de la vida. De hecho, esta
evolución responde a la permanente llamada de la fuerza
paternal que, por su carácter atractivo, incita a toda la
creación impulsada a unirse a Dios. Así, los reinos avanzan
juntos en paralelo y prolongan su evolución en el mismo
sentido, el de la perfección divina en un punto omega donde
todas las naturalezas habrán de reunirse, cualesquiera
sean sus formas y modos de evolución. He aquí cómo
podríamos tratar de resumir, dentro de los límites de
nuestro lenguaje y de nuestra comprensión, la necesidad
de esta evolución global hacia Dios a partir de un impulso
creador que prosigue por un principio vital. La vida lleva
pues en sí la noción de construcción, de metamorfosis, de
trascendencia. Es para el espíritu el punto de partida de
una evolución de carácter reencarnacionista, donde de vida
en vida dentro del aprendizaje de lo bello, del bien, de la
verdad, de lo bueno, y con cierta libertad, sabrá unirse a esa
paternidad divina que lo ha creado.
Y un día, más allá de lo carnal, más allá de la vibración
periespiritual y material, el espíritu conocerá poco a poco
en su nueva grandeza el estado de no materia, pues ese
sigue siendo finalmente su origen, aun cuando la evolución
que le atrae hacia Dios le haya impuesto el contacto, la
unión, a la materia. Entonces la reencarnación ya no tendrá
razón de ser, pues se habrá unido a Dios por haberlo
comprendido. Entonces, de manera perpetua e infinita,
cuando los espíritus hayan alcanzado la pureza superior y
hayan trascendido la materia, vendrán otros a eclosionar
en el espacio, impulsados por el mismo soplo inmutable
de Dios para conocer el mismo camino. Así, reunidos en
la comprensión suprema de Dios, en el conocimiento
absoluto, participarán en la creación universal en un acto
de amor infinito. Lejos de un estado de beatitud, ellos
aportarán sus impulsos creadores, proyectando a su vez sus
pensamientos, sus imágenes, sus colores, sus formas y sus
materiales, participando en el equilibrio universal. De esta
proyección del pensamiento extraordinario nacido de la
pureza de los espíritus, nacerán entonces mundos nuevos.
Así se cierra el círculo, y así prosigue y se perpetúa el ciclo
infinito de la vida, el ciclo de Dios.
Progreso de los espíritus
en diferentes grados de avance
En espera de ese estado supremo como fin último de las
encarnaciones sucesivas, la evolución aparece como un
desarrollo lento, muy lento, a menudo difícil y laborioso. El
camino hacia la conciencia divina es largo y sembrado de
numerosas trampas. A semejanza de nuestra vida terrenal,
con frecuencia se nos plantea esta legítima pregunta del
porqué de ese camino tan complicado y doloroso en la
materia. La respuesta sigue siendo un misterio, aun para los
espíritas, pero el hecho es que el sentido de la encarnación
deseada por Dios impone la exigencia de la materialidad
para comprender el amor, para vivir la armonía. Nosotros,
como espíritus hijos de Dios, debemos vivir los unos con
los otros, en contacto unos con otros, sabiendo también
distinguir unos de otros, para aprender a comprenderse y a
amarse. Por ser creados simples e ignorantes, no somos al
parecer lo suficientemente evolucionados en conocimiento
y moralidad para poder vivir en serenidad, en amor y
armonía, en el mundo invisible. Y como el libre albedrío es
el motor esencial de la evolución, nuestro espíritu realiza el
aprendizaje del bien, pero también del mal, ya sea víctima
o verdugo. Y en la falta de evolución, en la parte más baja
de la escala, es sobre todo el mal lo que desdichadamente
se expresa, como si éste pareciera “más fácil” que el bien.
Precisemos seguidamente que no se trata de ninguna
justificación del mal, sino más bien la simple aplicación de
la relación de causa a efecto debida a la inferioridad que
caracteriza este estado. De allí los sufrimientos, desdichas,
dificultades, desigualdades, injusticias… por añadidura con
la panoplia de los principales defectos del espíritu humano:
orgullo, egoísmo, falta de respeto, dominio, individualismo,
necedad, intolerancia, celos, ambición, codicia… En efecto,
aquí estamos, ¡en terreno bien conocido en la Tierra!
Entonces los espíritus no parecen todos iguales, por ser
diferentes según el grado de avance al cual han llegado de
manera individual. A semejanza de numerosos espíritus,
esos grados de avance son ilimitados porque no es
posible trazar líneas claras de demarcación, en la medida
en que la evolución se hace de manera muy progresiva
y lineal. Sin embargo, considerando las características
generales, pueden reducirse a tres categorías principales,
tal y como las presentó Allan Kardec: “En el primer rango
pueden colocarse los que han llegado a la perfección:
los espíritus puros. Los del segundo orden han llegado al
medio de la escala: el deseo del bien es su preocupación.
Los del último grado están todavía al pie de la escala: los
espíritus imperfectos. Se caracterizan por la ignorancia,
el deseo del mal y todas las malas pasiones que retardan
su avance”. Para pormenorizar un poco, los espíritus de la
última categoría se caracterizan por el predominio de la
materia sobre el espíritu y una propensión global al mal. La
ignorancia, el orgullo, el egoísmo son defectos extendidos.
Muchos ya no son esencialmente malos: en muchos de ellos
hay mucho más de ligereza, inconsecuencia y malicia que
de verdadera maldad. Unos no hacen ni bien ni mal y otros,
por el contrario, se complacen en el mal. Muchos tienen
la intuición de Dios, pero no lo comprenden, y entonces
sus conocimientos sobre las cosas del mundo invisible
siguen siendo limitados. El Libro de los Espíritus propuso en
su época cinco clases principales por orden más o menos
creciente: espíritus impuros, espíritus ligeros, espíritus
falsos sabios, espíritus neutros, y espíritus golpeadores y
perturbadores. En esta categoría, se encuentran los que
más comúnmente llamamos hoy en día espíritus malos,
espíritus que sufren y espíritus en turbación. Se inscribe
también todo un conjunto de espíritus conscientes que
ya tienen algunas encarnaciones en su activo, pero que
no están lo suficientemente evolucionados como para ser
considerados de pleno derecho buenos espíritus. Debemos
estar tan cerca de ellos…
Los espíritus de la segunda categoría se caracterizan por el
predominio del espíritu sobre la materia y por el deseo del
bien: son los espíritus buenos. Sus cualidades y su poder para
hacer el bien están en razón del grado que han alcanzado:
unos tienen la ciencia, otros sabiduría y bondad, y los más
adelantados reúnen el saber y las cualidades morales.
Muchos ya comprenden a Dios y el infinito. Son felices
con el bien que hacen y el mal que impiden. El amor que
los une es para ellos fuente de una inefable felicidad que
no se altera ni por envidia, ni por remordimientos. Buenos
y bondadosos para con sus semejantes, no son movidos
por el orgullo, ni por el egoísmo, ni por la ambición, y no
experimentan ni odio, ni rencor, ni envidia, ni celos, y hacen
el bien por el bien mismo. Y siempre por orden creciente
en la sucesión de categorías de los espíritus imperfectos,
en El Libro de los Espíritus también fueron propuestos
cuatro grupos principales: espíritus benevolentes, espíritus
sabios, espíritus prudentes y espíritus superiores. En esta
categoría se encuentran, por ejemplo, todos los espíritus
buenos en sentido amplio, los espíritus guías y protectores,
así como los espíritus superiores ya cercanos a la pureza,
a semejanza de ciertos personajes conocidos de la
Historia venidos con un objetivo misionero para iluminar
a la humanidad. Los espíritus encarnados en la Tierra se
reparten así globalmente entre estas dos categorías,
espíritus buenos y espíritus llamados imperfectos, no
obstante con una mayoría evidente de estos últimos… En
cuanto al primer orden de los espíritus puros es una clase
única que reúne a todos los espíritus que han alcanzado
el grado supremo de la perfección. Por haber recorrido
todos los grados de la escala, alcanzado el punto omega
de la evolución y encontrado la fuerza causal, tienen una
superioridad intelectual y moral absoluta respecto a todos
los espíritus de las otras dos categorías. Y como hemos
visto más arriba, ya no están sometidos a los imperativos
de la reencarnación y tienen la vida eterna, participando
entonces en la creación en el seno de Dios.
“Trabajar más para progresar más”
Desde el impulso inicial, los espíritus no son por defecto
ni buenos ni malos: creados simples e ignorantes, son
vírgenes y neutros de toda inclinación, pero tienen la
libertad de manera intrínseca, la de hacer o no hacer, la de
seguir o no seguir, y la de progresar más o menos rápido
en función de las aptitudes, competencias, voluntades o
circunstancias. Esta noción de libre albedrío es un dato
importante en el cual siempre insisten mucho los espíritus
en las comunicaciones recibidas en sesión espírita. El libre
albedrío se desarrolla en la medida en que el espíritu
adquiere conciencia de sí mismo. Ya no habría libertad si la
elección fuera solicitada por una causa independiente de la
voluntad del espíritu. La causa del bien o del mal no está
en él, está fuera de él, en las influencias a las cuales cede
en virtud de su libre voluntad. Somos pues responsables
de nosotros mismos y de nuestro propio avance. Lo que
va a caracterizar el progreso se halla entonces a nivel de
la comprensión, de la reflexión, de la toma de conciencia,
del aprendizaje de conocimientos o de valores por el solo
hecho de una voluntad propia.
Se puede hacer así la analogía con una escuela donde
cada clase corresponde a una encarnación: se puede
progresar rápido trabajando, también se puede repetir,
no se retrocede, pero cada vez se aprende algo que nos
construye y nos da la capacidad de ser cada vez más
libres. Al final, se habrá adquirido y poco importará la
forma en que se adquirió, cada clase superior se beneficia
finalmente con las adquisiciones precedentes sobre la
base de nuestro solo trabajo y esfuerzo personal. Como
lo resume El Libro de los Espíritus: “La sabiduría de Dios
está en la libertad que deja a cada uno elegir, pues cada
uno tiene el mérito de sus obras”. “Trabajar más para
progresar más”, he aquí en suma un adagio moderno
completamente circunstancial, ¡aunque aquí tratemos de
hablar de inteligencia y de moralidad…! A nuestro nivel el
camino todavía es largo, las palabras y las explicaciones
no bastan para expresar los designios divinos que
siguen siendo para nosotros misterios muy difícilmente
aprehensibles. Se intenta aproximarse a un exhaustividad
de la divinidad que lógicamente sólo es posible una vez
alcanzado el objetivo último. Pero finalmente se trata de
principios y hechos contenidos completos en un célebre
aforismo admirablemente sintetizado por Allan Kardec y
que nuestra razón de terrícolas es capaz de comprender:
“Nacer, morir, volver a renacer y progresar sin cesar: ¡tal
es la ley!”. Pues así es el ciclo de Dios.
Publicado por RENE ABELLA