UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

lunes, 21 de julio de 2014

JESÚS PRESENTA UN CÓDIGO PRÁCTICO DE ÉTICA ESPIRITUAL

encabezamiento código práctico ético

INTRODUCCIÓN: GENEROSIDAD HACIA UNO MISMO

Para leer y extraer el significado del siguiente texto – realmente para cualquiera, pero particularmente para aquellos que hablan de cosas para los que la palabra, hablada o escrita, es apenas una referencia lejana – hay que hacer un gran ejercicio de generosidad… hacia uno mismo. Y este ejercicio únicamente puede provenir, de un lado, de la plena consciencia de nuestra limitaciones, y de otro de una total confianza íntima en que cuando somos capaces de ponernos en sintonía, contactamos directamente con la fuente de lo que ES, disipando las dudas. Y a veces con solo sentir su proximidad asoma LA SOSPECHA DE LO QUE ES, y esto ya basta para sentirse orientados, como aquel espeleólogo que sumergido en la absoluta oscuridad de una profunda caverna, detecta el leve fulgor de una claridad que le alerta de la proximidad de una salida HACIA LA LUZ. Sé, pues, generoso contigo mismo, permítete SER.

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JESÚS PRESENTA UN CODIGO PRÁCTICO

DE ÉTICA ESPIRITUAL

Jesus 02Hay una regla que el hombre carnal ha hecho y que rígidamente observa:

Haz a otros lo que ellos te hagan. Como los otros juzgan, juzga; como los otros dan, da.

Ahora bien, mientras andáis con los hombres, no juzguéis y no seréis juzgados.

Porque como vosotros juzguéis, así seréis juzgados, y lo que vosotros deis, eso se os dará.

Si, pues, vosotros condenáis, condenados seréis vosotros.

Cuando os mostréis misericordiosos, los hombres lo serán para con vosotros, y si vosotros amáis, de tal suerte que el hombre carnal pueda comprender vuestro amor, vosotros seréis bien amados.

Y así es que el hombre sabio de este mundo, hace a los otros lo que el querría que aquellos le hicieran.

El hombre carnal hace el bien a los otros, buscando egoístamente un beneficio, porque espera que sus favores se multipliquen y así le sean devueltos; él no se detiene a ver la finalidad.

El hombre es en sí mismo el campo; sus acciones son semillas y lo que él hace a otros, crece presto; el tiempo de la cosecha es segura.

¡Contemplad la cosecha! Si él ha sembrado las nocivas semillas del escándalo, del hurto y del odio, de la sensualidad y del crimen, la cosecha está asegurada y él debe recoger lo que ha sembrado; sí, y aún más, pues las semillas producen ciento por uno.

El fruto de la equidad, de la paz, del amor y de la alegría, jamás puede brotar de semillas nocivas, pues el fruto es como la semilla.

Y cuando vosotros sembréis, sembrad semillas de bien por amor al bien y no para traficar con él, esperando rica recompensa.

El hombre carnal aborrece la ley del espíritu, porque ella le quita la libertad de vivir en el pecado; bajo su luz, él no puede satisfacer sus pasiones y deseos.

El hombre carnal está enemistado con aquel que anda en el Santo Espíritu. Este hombre carnal ha matado a los hombres santos de la antigüedad, a los profetas y a los videntes.

Y el os abofeteará; os dará falsos cargos, os azotará y encarcelará, y creerá que hace la voluntad de Dios, al mataros por las calles.

Mas vosotros no habéis de prejuzgar, ni censurar a aquél que os hace mal.

Cada uno tiene problemas que deben resolverse y cada quién habrá de resolverlos por sí mismo.

El hombre que os azota, quizá tenga a cuestas un fardo de pecado; mas, ¿y el vuestro?

Un pequeño pecado en uno que anda en el Santo Espíritu, es mucho mayor, a los ojos de Dios, que monstruosos pecados en aquel que nunca ha conocido el camino.

¿Cómo podéis ver la astilla en el ojo de vuestro hermano, cuando vosotros tenéis un tronco en el vuestro?

Primero sacad el tronco de vuestro ojo y entonces podéis ver la astilla en el ojo de vuestro hermano y ayudarle a echarla fuera, y mientras vuestros ojos estén llenos de cosas extrañas, vosotros no podréis ver el camino, porque estáis ciegos, y cuando los ciegos guían a los ciegos, ambos pierden el camino y caen el abismo.

Si vosotros queréis mostrar el camino hacia Dios, debes hacer clara vuestra vista, así como también ser puros de corazón.

El fruto del árbol de la vida es demasiado delicado para alimentar la mente carnal.

Si vosotros arrojáis un diamante a un perro hambriento, he aquí, él se apartaría u os atacaría furioso.

El incienso que es agradable a Dios, es del todo insoportable para Belcebú; el pan del cielo no es sino paja para los hombres que no pueden comprender la vida espiritual.

El maestro debe ser sabio y alimentar el alma con lo que a ésta puede aprovechar.

Si vosotros no tenéis el alimento para cada hombre, pedid y tendréis; buscad seriamente y encontraréis.

Tan solo hablad la palabra y llamad; la puerta se abrirá de par en par.

No hay quién haya pedido con fe, que no haya recibido; nadie ha buscado jamás en vano; no hay quién haya alguna vez llamado como es debido, que haya dejado de encontrar una puerta abierta.

Cuando los hombres demandan de vosotros el pan del cielo, no os volváis, ni les deis el fruto de los árboles carnales.

¿Si uno, un hijo vuestro, os pidiera un pedazo de pan, le darías una piedra? ¿Si os pidiera un pez, le daríais una serpiente de la tierra?

Lo que queráis que vuestro Dios os dé; eso dad a los hombres. Vuestra capacidad para ser dignos de algo, se mide por el servicio que prestéis a los hombres.

Hay un camino que lleva a la vida perfecta; pocos lo hallan en un momento dado; es un camino angosto; está abierto entre las rocas y los abismos de la vida carnal; mas en el camino no hay abismos ni rocas.

Hay un camino que lleva a la desdicha y a la miseria. Es un camino espacioso y muchos andan en él. Está abierto entre los bosque de placeres de la vida carnal.

Tened cuidado, pues muchos pretenden andar por el camino de la vida y andan por el camino de la muerte.

Más ellos son falsos en sus palabras y obras; falsos profetas son ellos. Vístense a sí mismos con pieles de oveja, cuando en realidad son lobos feroces.

Mas ellos no pueden ocultarse por largo tiempo; los hombres les conocen por sus frutos; vosotros no podréis coger uvas de las espinas o de los abrojos; ni de los cardos higos.

El fruto es hijo del árbol y, como es el padre, es el hijo; y todo árbol que no lleva buen fruto, es arrancado de raíz y echado lejos.

El hombre que lleva una vida santa, que hace la voluntad de Dios, mora dentro del reino del alma.

El hombre bueno, de los tesoros de su corazón envía bendiciones y paz a todo el mundo; el hombre malo envía pensamientos que marchitan y secan la esperanza y la alegría, y llenan al mundo de infelicidad y dolor.

Los hombres piensan obran y hablan de la abundancia del corazón.

Y cuando la hora del juicio venga, una multitud de hombres rogarán por sí mismos y creerán poder comprar el favor del juez, con palabras.

Y ellos dirán: He aquí, nosotros hemos hecho muchas obras en el Nombre del Omnífico.

¿No hemos profetizado? ¿No hemos nosotros curado toda suerte de enfermedades? ¿No hemos arrojado los malos espíritus de los obsesos?

Y entonces el juez dirá: Yo no os conozco. Vosotros servís a Dios con palabras, mientras en vuestros corazones adorábais a Belcebú.

El malo puede usar los poderes de la vida y hacer multitud de obras notables. Apartaos de mí, obradores de iniquidad.

El hombre que escucha las palabras de vida y no las vive, es semejante al hombre que construye su casa sobre la arena; cuando las corrientes vienen, aquella es destruida y todo se pierde; mas aquel que escucha las palabras de vida y en su corazón honrado y sincero las recibe y atesora y vive en vida santa, es semejante al hombre que construye su casa sobre la roca; las corrientes pueden venir, los vientos soplar y las tormentas azotar sobre su casa, que ella es inconmovible.

Id y edificad vuestra vida sobre la sólida roca de verdad y todos los poderes del mal no podrán conmoverla.

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FUENTE: Capítulo X de la obra “Iniciación de Jesús”, de P. D. Ouspensky
 


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