UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 25 de enero de 2014





                                                                                   JACI REGIS                                                               

FILOSOFÍA
Doctrina Kardecista
Modelo Conceptual (reescribiendo el modelo espirita), de Jaci Regis
David Santamaría
dsantamaria@cbce.info
OCTUBRE / DESEMBRE 2013 FLAMA ESPIRITA

2ª. Parte – Bases de un nuevo modelo

Capítulo VII – EL DOLOR Y LA BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO
DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.)- “En la visión bíblica, la vida terrena es única, corta,
breve y por eso, debe ser agilizada para resolver el enigma del futuro. En los medios espíritas
más religiosos, se entiende que la vida corpórea es casi una tragedia, puesto que cercena la
libertad del Espíritu y ve en ella un “rosario de dolores”, un hospital, un calvario. Son muchos los
que consideran la vida en la Tierra como una etapa que deberá ser atravesada con sacrificios,
dolores, sufrimientos, para no volver a vivir aquí, en las próximas reencarnaciones. Siguen esta
recomendación: “Haz todo para que no tengas que volver a esta Tierra”.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Por mucho que en una encarnación nos
esforcemos, nunca será suficiente como para asumir en una sola vida todas las enseñanzas que puede
ofrecernos esta escuela llamada Planeta Tierra. Lo que sí podemos conseguir, poco a poco, es procurar
asegurarnos una posición un poco mejor después de cada experiencia reencarnatoria; todo ello con
esfuerzo, dedicación e interés. Debemos tener claro, como postula el Dr. Regis, que este planeta no es un
calvario -aunque muchas veces pueda parecérnoslo-, ni un rosario de dolores, aunque algunos autores
espiritistas ensalcen -probablemente en demasía- las virtudes del dolor (que las tiene, sin duda, pero no
hemos de exagerar los deseos de sufrir para adelantar más rápido; siempre es mejor un ritmo pausado,
pero constante), ni tampoco es un hospital, aunque hayamos muchos enfermos -del cuerpo y del alma-,
encarnados en él. Prioritariamente es una Escuela Primaria donde aprendemos, en muchas ocasiones, con
esfuerzos rayanos en el agotamiento; pero, no olvidemos que los aprendizajes en las escuelas primarias son
duros.

D.K. – “Sin embargo, a la luz de un nuevo entendimiento, la vida corpórea es un componente
natural, deseado y necesario para la evolución del Espíritu.
“La valorización de la vida corpórea es la consecuencia de haberse entendido el gran movimiento
evolutivo en que todos están envueltos y que, en última instancia, es producto de la propia
persona. En términos puramente intelectuales podríamos decir que la vida corpórea fluye como
una contingencia natural, independiente del valor moral del reencarnante.
F.E. – La vida corporal es, ciertamente, un elemento imprescindible para el progreso del Espíritu,
mayormente en estos estadios inferiores en los que nos movemos. Somos aún Espíritus poco avezados a la
vida espiritual, siendo ésta incomprensible aún para muchos. Aquí, en los dominios de la materia, “estamos
más despiertos”, alejados temporalmente de la modorra de la turbación.
Muchos todavía no comprenden -no comprendemos, probablemente-, no viven -no vivimos- con
conocimiento de causa lo que es el período de la erraticidad. Podemos pensar que es aquí, en el Mundo
Material, donde realmente aprendemos a conocer, poco a poco, lo que es el Mundo Espiritual. Es aquí,
donde descubrimos la existencia del Mundo Espiritual para, más adelante, durante nuestras estancias en la
erraticidad, ir dándonos cuenta de que lo que aprendimos encarnados se corrobora estando desencarnados.
Por todo lo antedicho, la vida material es valiosísima para los Espíritus inferiores y, gracias a ella y a sus
experiencias, nos erguimos cada encarnación un poco más en pos del progreso y de la felicidad.

D.K. – Pero la vida es un flujo energético, valorizado por la emoción, por el sentimiento. De ahí
que no haya posibilidad de desvincularla de la naturaleza afectiva de las personas. Por eso, la
reencarnación, como flujo natural del proceso de búsqueda del equilibrio, traza la realidad
intelectual y moral del Espíritu, su bien y su mal, sus conquistas y deficiencias. Tal es el
panorama caótico de la sociedad humana.
F.E. – Aparentemente caótico, pensamos. Siempre debe haber un orden último en esta especie de caos
evolutivo y, realmente, ese orden último sólo puede ser la Inteligencia Suprema, Causa Primera de todas las
cosas. Causa Primera e Inteligencia Suprema, son conceptos poco avenidos con una situación caótica.

D.K. – “Pero es poco inteligente circunscribirla a las nociones de prueba y expiación, o sea, de
sufrimiento y reparación de errores.
F.E. – Creemos que esta explicación del Dr. Regis ha quedado perfectamente clara a lo largo de este Modelo
Conceptual. Realmente la inteligencia nos señala que todas nuestras experiencias reencarnatorias no
pueden circunscribirse únicamente al ciclo error-expiación, sino que deben ceñirse al ciclo del aprendizaje
que, lógicamente, comporta errores con sus consiguientes consecuencias negativas para el Espíritu.

D.K. – “En la progresión de la vida corpórea o incorpórea, el sufrimiento y el dolor son
componentes inherentes a la imperfección de las personas.
“Si hay el dolor-crecimiento, a consecuencia de las mutaciones evolutivas que producen
perturbaciones vivenciales en virtud de la sustitución de parámetros consolidados por nuevas
perspectivas, igualmente existe el dolor-respuesta proveniente de los conflictos internos, de la
culpabilidad y de las relaciones con compañeros que afectan el equilibrio emocional y físico.
F.E. – Excelentes conceptos del autor: “dolor-crecimiento” y “dolor-respuesta”. Realmente son conceptos
expresados en un contexto de modernidad en el lenguaje, en la semántica, tan conveniente al Espiritismo
en nuestros días. Hay que esforzarse en alejar al máximo al Espiritismo de cualquier contexto trivial,
supersticioso o fantasioso y, sin duda, el lenguaje empleado influye de forma determinante en ello.

D.K. – “La reencarnación no puede ser concebida como una medida auto punitiva o una acción
punitiva de la divinidad.
F.E. – La Encarnación no puede ser considerada, de ninguna de las maneras, como un castigo impuesto por
Dios, aunque, ciertamente, veces hay en que determinadas encarnaciones -a causa de graves consecuencias
derivadas de actuaciones terribles del pasado- así puedan parecerlo.

D.K. – “En el modelo bíblico, el ser humano, moldeado con una marca de innata culpabilidad o
corrupción, merece ser corregido para que sea salvado del infierno. Para eso es sometido a la
autoridad divina, personal e inmediata, ya que todo el proceso debe ser completado entre el
nacimiento y la muerte. Entonces, solamente la privación de sentimientos, deseos y aspiraciones,
a través de la renuncia, puede ofrecer un futuro feliz post-mortem, porque la vida corpórea sería
el inicio y el fin de la experiencia sensible de la criatura.
“Sin embargo, a la luz de una visión dinámica concebimos la vida humana como un continuum
existencial, a través de la vivencia en el plano extrafísico y en el plano corpóreo,
intermitentemente. Eso explica la realidad evolutiva de las personas, en segmentos
reencarnatorios. La persona humana posee una biografía atemporal, en la que experimenta una
extraordinaria aventura con errores y aciertos, permanentemente inquietante e inquieta, sin
correlación estricta con el tiempo, pero desenvolviéndose en su propio tiempo.
“La ausencia de esa visión conduce a una interpretación restringida y limitada. Esa concepción
orienta todo el modo de vida, la educación, la emoción de las personas, en dirección a la muerte.
Así pues, en esa visión sensorial, la muerte es la certeza real. Todo ello contrasta con este
modelo de ascensión y libertad que estamos presentando.
F.E. – Magnífico final de capítulo el que nos ofrece el Dr. Regis. Realmente este modelo que propugna de
ascensión y libertad contrasta con el que se nos presenta –a veces también desde ámbitos espiritistas- en
muchas oportunidades, plagado únicamente de dolor, represión, culpa y tristeza. Asimismo, estos conceptos
finales se enmarcan perfectamente en ese modelo de modernidad semántica que ya mencionábamos más
arriba.
Es posible que este concepto de “modernidad semántica” que aplaudimos pueda desconcertar a algún lector.
Ello podría inducirnos a pensar que el lenguaje empleado por los autores clásicos, especialmente por Kardec,
nos molesta. Nada más lejos de nuestra intención. Comprendemos que cada época tiene su propia realidad
semántica y que el contexto histórico de cada período influye, inevitablemente, en el empleo de
determinadas expresiones. Es indudable de que en la obra de Kardec hay, por ejemplo, bastantes
antropomorfismos que, seguramente, hoy Kardec no emplearía. Sin embargo, ello no puede hacernos
pensar que Kardec tuviera una noción equivocada de Dios (basta con leer la primera pregunta de “El Libro
de los Espíritus” para comprender que no es así). Los mismos espiritistas no nos apercibimos de que en
muchas ocasiones utilizamos, inconscientemente, expresiones totalmente ajenas al contexto de la doctrina
espiritista, como por ejemplo: ¡madre de Dios!; ¡la virgen!;…
Por ello pensamos que conviene al Espiritismo actual el poseer unas buenas traducciones profesionales -no
amateurs, a pesar de la excelente voluntad de muchos seguidores del Espiritismo- de los siete libros de
Kardec, complementadas con notas aclaratorias con respecto al lenguaje de la época. ◙

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