UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

jueves, 23 de enero de 2014





LA PROTOGÉNESIS
DE UN PULMÓN
por 
IGOR MANOUCHIAN
LE JOURNAL SPIRITE N° 95 janvier 2014

La acción del espíritu sobre la materia llamada también
psicoquinesia, puede aparecer ante el escéptico
como una vaga idea que se relaciona con la magia, o
como una suerte de milagro que solamente los creyentes
pueden considerar. No obstante, son de notar
los experimentadores tales como Uri Geller, cuyas facultades
han sido ampliamente señaladas y comentadas
en múltiples demostraciones; y como Jean-Pierre
Girard que desde 1975 estudia, experimenta y demuestra
que hay en el hecho psicoquinético una evidencia
incontestable y que alguna cosa sucede entre
el humano y la materia. Una fuerza real transforma el
estado atómico de la materia física en su estructura ínfima.
Respecto a estos dos especialistas de PK, hay disponibles
múltiples relatos de experiencias para quien
quiera consultarlos, evitando así un punto de vista demasiado
aproximativo por parte de quien se erigiera
en criticón, ignorando de hecho al sujeto mismo.
A la luz del espiritismo, podemos establecer y comprender
que la fuerza del pensamiento es atributo
del espíritu, ya sea éste encarnado o desencarnado. El
hombre, en su naturaleza profunda, es pues ante todo
un ser espiritual encarnado dentro de un cuerpo y una
circunstancia física. Si en ese cuerpo podemos deducir
o comprobar una fuerza muscular, es igual entonces
para el espíritu que puede desplegar una fuerza psíquica.
Sin embargo, no todo el mundo puede actuar
de modo tan característico, pero los que poseen esa
facultad, pueden ejercerla a voluntad, concentrándose
sobre la susodicha materia. Se trata, de hecho, de
una capacidad para producir una objetivación de la
imaginación con el resultado a obtener. Jacques Peccatte,
en su libro Al encuentro de los Espíritus p. 199,
trae un hecho que merece que nos detengamos en él:
“En los años 1982-1984, un espírita de nuestra asociación,
designado por su guía para ese trabajo de desarrollo
de la psicoquinesia, consiguió excelentes resultados.
En reunión experimental, llegó a doblar ligeramente una
barra de acero. Dada la forma cilíndrica de esa barra, era
fácil comprobar la deformación, pues ya no podía rodar
normalmente sobre una superficie plana”.
Se trata allí de comprender que la fuerza psíquica actúa
en el registro del átomo que compone la materia
del acero, de manera tan fina que entonces no es
forzosamente observable a simple vista en un primer
momento.
“… Además este género de experiencias que no tiene
otra utilidad que la demostración, nuestro hombre fue
invitado a participar en una acción de orden médica. El
espíritu Alexis Asmammourian (Espíritu que se ha manifestado
con frecuencia en el seno de nuestras sesiones
espíritas por vía de incorporación, diciendo haber
vivido antaño en el Cáucaso, donde su vida terminó
por el terrible suplicio del descuartizamiento) se manifestaba
regularmente cerca de una persona afectada
de un cáncer pulmonar, y que ya había sufrido la extirpación
de un pulmón. Alexis se manifestaba por vía de
incorporación (el médium en esa ocasión era Michel
Pantin) para prodigar cuidados y consejos. Invitó entonces
a nuestro experimentador en psicoquinesia, a enfocar
su pensamiento sobre el lugar del pulmón faltante,
imaginando la recreación del órgano ausente. El espíritu
Alexis Asmammourian llamó a esta posibilidad, la protogénesis.
Se trataba de recrear el pulmón por medio de
la fuerza del pensamiento del psicoquinesista, sin omitir
un dato importante: el periespíritu del paciente tiene en
su memoria el órgano desaparecido físicamente, y esta
inscripción periespiritual es un soporte determinante en
cuanto a la experiencia”.
El periespíritu es, en efecto, un cuerpo sutil que hace
las veces de enlace entre el espíritu y el cuerpo físico.
Está compuesto de células que están imbricadas en
las del cuerpo humano. Estas células son también la
memoria de hechos vividos en vidas anteriores y contribuyen
a la personalización del cuerpo en sus características
sumándose bien a la herencia genética. Gabriel
Delanne en su libro El espiritismo ante la ciencia
alude al periespíritu en estos términos resumidos: “El
periespíritu es al espíritu, lo que el sistema nervioso es al
cuerpo humano”. Retomemos el relato de Jacques:
“Nuestro experimento se realizó, y tuvimos la sorpresa
de enterarnos, algunas semanas después, de que en
una nueva radiografía aparecía una imagen extraña.
En el lugar del pulmón faltante, aparecían unos como
filamentos y fibras que dejaron perplejos a los médicos.
Nosotros, los espíritas, dedujimos de ello simplemente
que la acción de protogénesis se ponía en marcha, y pusimos
todas nuestras esperanzas en la continuación del
proceso que, quizás, permitiría la formación total del órgano.
Nuestro paciente estaba cada vez mejor, recuperó
el apetito y retornó a la pesca después de haber estado
muy mal.
Por fidelidad a sus médicos de la Tierra, aceptó un nuevo
tratamiento, inútil a nuestro entender. Fue un tratamiento
de choque que lo agotó y finalmente lo sumió
en la cama. Algunas semanas más tarde falleció. No hay
que responsabilizar a una medicina que utilizó todos los
medios a su disposición. Pero en esta circunstancia, estábamos
persuadidos de que una curación comenzaba
bien, tal vez con la clave de la protogénesis de un nuevo
pulmón”.
De este caso, más que interesante, es preciso retener
las premisas de una acción psíquica que interviene
para despertar de alguna manera la memoria celular,
en este caso la inscripción periespiritual del órgano
faltante. De la misma manera para los miembros fantasmas
de los amputados de brazos o de piernas, allí
está la presencia invisible del doble que compone el
cuerpo humano. Así, cuando estas personas señalan
dolores relativos a los miembros desaparecidos, procede
interrogarse en este sentido. Para nosotros, es
evidente que el periespíritu juega un papel primordial
y fundamental. Reconstruir un órgano del cuerpo por
la sola fuerza del pensamiento combinado, por supuesto,
con la voluntad y la confiada participación del
paciente, pone de manifiesto una dirección futurista
para la medicina, a condición de tomar en cuenta el
principio espiritual de la naturaleza del hombre. Sin
eso, nos quedaremos en las manipulaciones físicas y
químicas, y aún si éstas son un buen augurio para tratar
ciertos males, gracias especialmente a la reconstitución
sintética de la sangre, la creación artificial de
un órgano a partir de células madre como la piel o
las arterias, quedamos sin embargo en el campo de
la medicina materialista. De la psicoquinesia a la protogénesis,
no hay más que un paso, el de la aplicación
del pensamiento que debe estar apoyado también
por el sentimiento. Un enfoque médico que no tenga,
ante todo, la preocupación de sanar y curar al que
sufre no podría llegar verdaderamente a buen término.
Por otra parte, eso vale igualmente para todos los
campos. Nosotros, los espíritas, deseamos una medicina
que pueda complementarse, por una parte con la
investigación técnica y la observación química de los
componentes de un cuerpo humano, y por otra con la
toma en cuenta de una condición procedente de una
fuerza relativa al origen, tanto de ese cuerpo como del
Universo, y que no vacilamos en llamar Dios.

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