UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

lunes, 14 de octubre de 2013

por
FABIENNE DUCOURNEAU
REFLEXIÓN
EL ESPÍRITA ANTE LA MUERTE
LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 201


¿Cómo reacciona el espírita frente a la muerte? Esa
es una pregunta que también pueden plantearse
las personas no espíritas. En teoría, la definición de
“muerte” nos es común; en cambio lo que nos es menos
común, son nuestras respectivas actitudes frente a la
muerte, simplemente porque existen diferencias según
nuestras naturalezas y nuestras personalidades.
El espírita y el acompañamiento al final de la vida
En general, todos, un día u otro, por lo menos una vez,
seremos confrontados a acompañar a una persona
al final de su vida. Es cierto que ante una enfermedad
recién declarada, el primer sentimiento que nos
invade es la esperanza de una curación. Pero cuando
se instalan la enfermedad y el sufrimiento, y la única
salida posible es la muerte, entonces a menudo ésta
se percibe como una liberación para la persona que
amamos. El acompañamiento, en la propuesta espírita,
en la definición espírita, por haberlo vivido yo misma,
sigue siendo una experiencia intensa, por supuesto
en la medida en que la persona la desee íntimamente,
aun cuando, al final de la vida, ella se interroga con
frecuencia respecto a la vida y la muerte, intensificando
así todas las aspiraciones, como el deseo de infinito, de
universalidad o de encontrar a los suyos en el más allá.
Es allí donde el espiritismo cobra entonces todo su valor,
en la esperanza de un más allá cierto. La dura realidad
de la muerte se torna más aceptable en el sentido de
que es apaciguada por el que está en el camino de
salida y ciertamente también por el que se queda,
el acompañamiento se convierte así en el camino
compartido entre acompañante y acompañado. De esa
manera, el intercambio sobre la muerte, sobre esta otra
vida, ya no es un tema tabú. Se convierte en verdadero
para preparar mejor la separación, para indicar a la
persona que se ama, lo que va a encontrar, a encontrar
más allá de la materia. En nuestra sociedad la negación
de la muerte está aún tan presente que, al final de su
vida, el hombre debe sentirse muy solo. Por qué no
hacerse las siguientes preguntas: ¿al final de su vida el
hombre tiene necesidades y preguntas espirituales?
¿Cómo las puede expresar si la persona que tiene
enfrente no desea abordar el asunto de la muerte, a
menudo por temor?
“Por efecto de la enseñanza espírita, la muerte pierde todo
carácter atemorizante; ya no es sino una transformación
necesaria, una renovación. En realidad, nada muere. La
muerte sólo es aparente. Solamente cambia la forma
externa; el principio de la vida, el alma, perdura en
su unidad permanente, indestructible. Más allá de la
tumba, ella y su cuerpo fluídico se encuentran, en la
plenitud de sus facultades, con todas las adquisiciones:
luces, aspiraciones, virtudes y poderes, con los que se ha
enriquecido durante sus existencias terrenales. He aquí
los bienes imperecederos de los que habla el Evangelio
cuando dice: «Ni los gusanos ni el orín los corroen, y los
ladrones no los roban». Son las únicas riquezas que nos
es permitido llevarnos con nosotros y utilizar en la vida
por venir. La muerte y la reencarnación que le sigue en
un tiempo dado, son dos formas esenciales del progreso.
Rompiendo las estrechas costumbres que habíamos
adquirido, nos ubican en medios diferentes; dan a
nuestros pensamientos un nuevo auge; nos obligan a
adaptar nuestro espíritu a las mil caras del orden social
y universal. Cuando ha llegado el atardecer de la vida,
cuando nuestra existencia, como la página de un libro,
se pasa para hacer lugar a una página en blanco, a una
página nueva, el sabio pasa revista a sus acciones. Feliz
aquel que, en esta hora, pueda decirse: «¡Mis días han sido
muy plenos!». ¡Feliz aquel que ha aceptado sus pruebas
con resignación y las ha soportado con valor! Al desgarrar
su alma, éstas han dejado que salga todo lo que había en
ella de amargura y hiel. Repasando en su pensamiento
esta vida difícil, el sabio bendecirá los sufrimientos
soportados. Estando su conciencia en paz, verá acercarse
sin temor el momento de la partida. Digamos adiós a
las teorías que hacen de la muerte el preludio de la nada
o de castigos sin fin. ¡Adiós, sombríos fantasmas de la
teología, dogmas horrorosos, sentencias inexorables,
suplicios infernales! ¡Espacio para la esperanza! ¡Espacio
para la vida eterna! No son oscuras tinieblas, es una luz
deslumbrante lo que sale de las tumbas”. Extracto del
libro Después de la Muerte de Léon Denis.
El espírita frente a la muerte de un allegado
La separación de un ser querido siempre es motivo de
tristeza, sea uno espírita o no. La aceptación es más o
menos larga según la índole del vínculo que nos unía.
Nuestra convicción y nuestra enseñanza espíritas nos
dominan poco a poco, pues sabemos que nada muere,
que iremos a la sesión espírita y sabremos que no están
muertos. Esta certeza de la vida futura, de la presencia
de los que hemos amado, y que seguimos amando, nos
dan esperanza cuanto más el espírita se comunica con
los fallecidos. La muerte se torna más dulce pues nos
da el medio de comunicarnos con nuestros parientes y
amigos que dejaron la Tierra antes que nosotros. Por el
pensamiento, los acercamos a nosotros y ellos siguen
ayudándonos, aconsejándonos y amándonos. ¡Qué
alegría saberlos felices, conocer su nueva existencia
y tener la certeza de que un día a nuestra vez los
encontraremos, en el más allá o en otra existencia!
En cambio, si los espíritus son sensibles a los dolores
inconsolables de los que se quedan, los recuerdos y
lamentos pueden ser un obstáculo para su avance.
“Siendo el espíritu más feliz que en la Tierra, lamentarse
por su vida, es lamentar que sea feliz. Dos amigos están
prisioneros y encerrados en el mismo calabozo; un día
ambos deben obtener su libertad, pero uno de ellos la
consigue antes que el otro. ¿Sería caritativo que el que se
queda se enfade porque su amigo fue liberado antes que
él? ¿No habría más egoísmo que afecto de su parte si
quisiera que compartiera su cautiverio y sus sufrimientos
tanto tiempo como él? Es igual con dos seres que se aman
en la Tierra; el que parte primero es el primero liberado, y
debemos congratularlo por eso, esperando con paciencia
el momento en que sea nuestro turno. Sobre este asunto
haremos otra comparación. Ustedes tienen un amigo
que, cerca de ustedes, está en una situación muy penosa;
su salud o su interés exigen que se vaya a otro país donde
estará mejor en todo respecto. Momentáneamente
ya no estará cerca de ustedes, pero siempre estarán
en correspondencia con él: la separación no será sino
material. ¿Estarán disgustados por su alejamiento, si
es para su bien? Con las pruebas patentes que da de
la vida futura, de la presencia a nuestro alrededor de
los que hemos amado, de la continuidad de su afecto
y de su solicitud, por las relaciones que nos permiten
hasta hablar con ellos, la doctrina espírita nos ofrece un
supremo consuelo en una de las causas más legítimas
de dolor. Con el espiritismo, más que soledad, más que
abandono; el hombre más aislado siempre tiene amigos
cerca de él, con los que puede conversar. Soportamos
con impaciencia las tribulaciones de la vida; nos parecen
tan intolerables que no comprendemos que podamos
resistirlas; y sin embargo, si las hemos soportado con
valor, si hemos sabido imponer silencio a nuestros
murmullos, nos felicitaremos por ello cuando estemos
fuera de esta prisión terrenal, como el paciente que sufre,
cuando se cura, se felicita por haberse resignado a un
tratamiento doloroso”.
Extracto de El Libro de los Espíritus de Allan Kardec.
¿Los espíritas tienen miedo a la muerte?
A todo lo largo de la vida la muerte suscita nuestro
interés, pero con frecuencia el cuestionamiento
sobre nuestra propia muerte interviene luego de
la partida de un padre, una madre, un amigo o un
amor… ¿Cuánto tiempo nos queda aún por vivir?
¿Años, meses, semanas, días? ¿De qué manera vamos
morir? Si bien se sabe a dónde vamos, el tiempo y la
forma siguen siendo interrogantes y, lo confieso, una
angustia, pues la enfermedad o el accidente producen
temor. Efectivamente, la angustia viene sobre todo
cuando se piensa en ese cambio de estado, cambio
entre la vida física y la vida espiritual: en esa ruptura
entre el espíritu y el cuerpo, ¿tendremos una caída,
conoceremos la turbación? Si bien durante muchos
años he tenido esta angustia, y todavía la tengo, hoy
está más atenuada por dos razones: La primera, es
la conducta moral que se apoya en nuestra filosofía,
ayudar en el momento de la muerte por medio de la
cadena fluídica o por nuestros pensamientos.
Sabemos que, en su mayoría, los espíritus que dejan
nuestra Tierra, no pueden alcanzar la serenidad y la
paz cuando llegan al mundo invisible, sobre todo los
espíritus que no pueden evadirse de lo que acaban de
vivir como guerras, crímenes o suicidios. La turbación,
es lo vivido que sigue siendo el presente. Entonces, sí,
todos conocemos más o menos la turbación, espíritas
o no. Pero, para que la turbación sea abreviada, para la
liberación del espíritu, el espiritismo nos ha enseñado
que basta con darse la mano y tender nuestras almas
hacia el más allá, formando así una cadena fluídica, una
cadena amorosa. ¡Así puede ser vencida la turbación!
La segunda razón es la lectura de los que nos han
precedido en la partida y que han venido a la sesión
espírita a dar testimonio. He aquí pues, varios
testimonios de espíritus que, eso espero, disipen los
temores de ustedes, como fue mi caso.
“Cuando llegas al final del túnel, no sabes exactamente lo
que va a ocurrir. Ves claramente personas que se acercan.
Reconoces a algunas de ellas, amigos o parientes. Están
rodeadas por un halo blancuzco que delimita sus cuerpos.
Avanzas con cierta angustia, tienes miedo de caer en el
vacío, sientes desconfianza, no sabes y te preguntas si
sueñas y luego, llega el momento de la conciencia, es un
despertar brutal en dos palabras: estoy muerto y vivo.
Entonces comprendes todo, te despejas completamente,
el tiempo ya no existe”.
“Se apaga lentamente y, súbitamente, a la entrada
de una suerte de gruta, el túnel sombrío, avanzar,
simplemente avanzar. Buscas, buscas porque no sabes,
adivinas, crees adivinar, pero eso aún no quiere decir
nada. Porque al final, te invade la luz que parecía
acecharte. Te da un poder insospechado. Te dice que
eres un espíritu y que procedes de Dios. Dios, palabra
entre las palabras que habías tenido la costumbre de
escuchar y quizás de decir, se convierte entonces en un
momento, un instante, un calor, una vida, un esplendor
que hace que tu pertenencia asuma de repente su
verdadera naturaleza y entonces, tú mismo, te dices
«Dios» y pronuncias «Dios» y amas a Dios. Este ya
no es el Dios de los suplicios, este ya no es el Dios de
los sacrificios, las cruces se han roto, el Padre está
presente y comprendes entonces lo que quiere decir
voluntad porque la voluntad pertenece a ti mismo en
el don de la infinita bondad del Padre. Porque voluntad
quiere decir que tienes el deseo de descubrir; para mí
el descubrimiento del después de la muerte ha sido el
descubrimiento de lo que presentía”. “Vean, desde mi
salida de la escena, he tratado de comunicarme con
aquellos que me añoraban, hablándoles, palmeándoles
en la espalda: «Eh, estoy aquí, les escucho», pero ellos
no me oían. Entonces, me devolví a mi nueva morada, a
mi nueva escena donde ya estaban reunidos todos los
que había conocido. Otro acto me esperaba, otro telón
se levantaba, el de mi eternidad”.
Para mí, es una suerte ser espírita, estar siempre
cerca de aquellos a quienes he amado. Cuando
hablo de ellos, cuando pienso en ellos, los imagino
en sus nuevas vidas, y me basta cerrar los ojos para
saberlos presentes, ¡no en una presencia física pero
igualmente presentes en una realidad invisible! Si a
veces corren lágrimas, son lágrimas de recuerdo, de
emoción pero nunca serán lágrimas de tristeza. No
puedo encontrar definición más bella de la muerte
que la dada por los propios espíritus.

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