UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Léon Denis, el apóstol del espiritismo
por
VA L É R I E P I E R R O T
LA EXPERIENCIA ESPÍRITA DE
LÉON DENIS

LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013

“Léon Denis fue un experimentador sagaz, hábil, informado
y prudente”. Escribió Henri Regnault, uno de sus biógrafos.
El Grupo de la calle del Cygne
Luego de la lectura de El Libro de los Espíritus de Allan
Kardec, en 1864 a los dieciocho años, y de las reflexiones
que siguieron, Léon Denis decidió fundar, con algunos
amigos, un grupo, cuya sede fue la calle del Cygne; un
grupo formado por principiantes que obtuvo resultados
nulos o insignificantes, según ellos, y con algunos
casos de obsesión bastante graves, provocados por
entidades maléficas. “Allí aprendí, agrega, cuán peligroso
es entregarse a la experimentación espírita sin preparación
y sin protección eficaz”.
“Como tantos otros, decía, yo buscaba pruebas,
hechos precisos que vinieran a apoyar mi fe; pero estos
hechos tardaron en venir. Al principio insignificantes,
contradictorios, mezclados de supercherías y desengaños,
estaban lejos de satisfacerme”.
“En efecto, parece que lo invisible quisiera probarnos, medir
nuestro grado de perseverancia, exigir cierta madurez de
espíritu antes de entregarnos sus secretos”.
El Dr. Aguzoly, los señores Rebondin y Page y los hermanos
Huault fueron los principales miembros de ese grupo del
que se convirtió en secretario. Esta pequeña asociación,
reforzada por la presencia del capitán Harmant, que
tenía una facultad de videncia, retomó las sesiones con
nuevo entusiasmo en la casa del Dr. Aguzoly. Léon Denis,
que ya era médium escribiente, desarrolló igualmente
la videncia. En estado de vigilia rememoraba escenas
impresionantes de la Historia y algunas relacionadas
con vidas anteriores. Estos relatos alternaban con las
comunicaciones de espíritus familiares, con mensajes de
filosofía, mensajes de “Sorella”, su directora espiritual. Las
sesiones de la calle del Cygne prosiguieron cada semana
hasta 1877.
El Grupo de la calle du Rempart
En 1890, las sesiones de experimentación,
interrumpidas desde la muerte del Dr. Aguzoly, se
reanudaron con los señores Périnne y Lejeune, venidos
a residenciarse en Tours. Espíritas ambos, conocían
perfectamente la doctrina, y es con su concurso que
Léon Denis puede formar un grupo cuyo médium era
la señora Forget, cuyas extraordinarias cualidades
medianímicas citará repetidas veces. Este grupo fue
uno de los más importantes que tuvo ocasión de
presidir y que, durante unos quince años, prosiguió
las sesiones, a intervalos más o menos próximos.
Había considerado suficiente hacer una sesión cada
dos semanas.
Había médiums en número de cinco, de los cuales tres
de incorporación; siendo los otros además, videntes,
auditivos y escribientes.
Los principales mensajes dados por los Espíritus
eran taquigrafiados y recogidos en registros muy
bien llevados que se convirtieron en propiedad de
Léon Denis. Los informes taquigráficos, formaron
siete volúmenes inéditos, que permitieron comparar
los discursos pronunciados y las comunicaciones
obtenidas y comprobar, a varios años de distancia, una
perfecta identidad de carácter y de visión para cada
uno de los comunicantes.
“El conjunto, decía, constituye una enseñanza completa,
filosófica y moral conforme a los principios expuestos por
Allan Kardec”.
Cuando Léon Denis necesitaba definirse sobre un
punto de doctrina, o cuando deseaba tener un consejo
respecto a una acción a emprender, se la confiaba a
sus amigos invisibles y la respuesta siempre llegaba
clara y satisfactoria. Sólo eran admitidos los miembros
del grupo; en cada oportunidad eran quince o veinte.
Al principio de cada sesión, el presidente, en la ocasión
Léon Denis, hacía una rápida plegaria. Luego se
atenuaba la luz y se esperaban las manifestaciones con
paciencia y recogimiento.
Las sesiones del grupo de la calle du Rempart se
terminaron en 1909; pero las reuniones continuaron, en
comité íntimo, en la casa de la señora Forget, su vieja
amiga, hasta la muerte de ésta en 1917. Aun sin tener
ya un grupo donde pudiera trabajar oficialmente, Léon
Denis, no dejó nunca de hacer experimentos espíritas.
Durante la primera guerra mundial, a través de otros
médiums, se le aseguró la protección de los Espíritus
y fue informado acerca de las diferentes fases de las
peripecias que les pasaban a los ejércitos. Día por día,
los Espíritus le tenían informado, con exactitud, sobre la
situación y la salida.
Durante una sesión organizada en 1918 con dos damas
parisienses, una de ellas resultó ser una excelente
médium. La señora Forget vino a incorporarse a esta
sesión, como espíritu. Explicó que habiendo visto
cuánto sufría su amigo al ser privado de la relación con
el más allá, había buscado y terminó por descubrir una
médium y le había sugerido la idea de venir a Tours a ver
al Maestro.
Experiencias de fenómenos espontáneos
Son hechos que se producen de improviso, ya sea fuera
de las sesiones, o durante una sesión, sin que se haya
buscado provocarlos.
Primer ejemplo: “Durante la guerra de 1870, escribió
Léon Denis, siendo oficial de los movilizados de Indreet-
Loire, fui alojado por algunos días en una amplia y
antigua morada, en las afueras del campo de Dompierre
donde estaba acantonado nuestro batallón. En la noche,
cuando regresaba a mi habitación por las escaleras y
largos pasillos, percibía singulares impresiones: soplos y
contactos indefinibles me impresionaban. Toda la noche,
era importunado por ruidos misteriosos y por vibraciones
que hacían estremecer la cama y el piso de madera.
Un sargento de mi compañía era médium, una noche
de invierno lo llevé a la casa y nos sentamos ambos a
una mesa, tratando de penetrar el secreto de aquellas
manifestaciones. Pronto la mesa fue sacudida y luego
volteada por una fuerza irresistible; los lápices se rompieron
y el papel fue desgarrado. Los muros eran sacudidos por
golpes y se escuchaban unos ruidos sordos que parecían
venir de las profundidades del suelo. Súbitamente la luz
se apagó. Un redoble más fuerte que todos los ruidos
anteriores hizo trepidar la casa, y luego se perdió a lo lejos,
en el silencio de la noche. Antes de dejar aquella casa
encantada, nos enteramos de que en otro tiempo había
sido teatro de escenas sangrientas”.
Para él, ya espírita, no se trataba de convencerse de
la realidad del hecho, sino de ayudar a los Espíritus en
turbación que, después de su muerte permanecían
cerca de los vivos y manifestaban su presencia por
medios primitivos.
Quedó libre para buscar un refugio más tranquilo, y
habiéndolo encontrado, invitó al sargento médium y a
algunos camaradas para venir a experimentar en común.
Era febrero de 1871.
Segundo ejemplo: “Por mucho tiempo viví en Tours, en
una casa donde se oían ruidos de pasos, y golpecitos sobre
las paredes y los muebles. Las puertas se abrían luego de
que una mano invisible hubiera movido y girado el pestillo.
El timbre sonaba sin que se lo hubiera tocado. A veces, en el
momento mismo en que un visitante quería tocarlo, se le
oía sonar antes de que lo alcanzaran”.
Tercer ejemplo: “Era una noche de verano, pero todavía
a plena luz del día, cuando, estando reunidos el capitán
y yo, en la casa del Dr. Aguzoly, en su consultorio, fuimos
testigos de una materialización prometida por los Espíritus
desde hacía algún tiempo. Habiendo sonado tres golpes
en la pared, apareció una forma humana a algunos
pasos de nosotros tres que estábamos sentados en fila,
con la espalda vuelta a la ventana. La forma salió de una
pared y, deslizándose lentamente sobre el piso, atravesó
la habitación para hundirse en la pared opuesta. La parte
superior del cuerpo estaba claramente perfilada, pero la
parte baja formaba sólo una masa compacta. Los tres
estábamos perfectamente despiertos y conscientes, y
al intercambiar nuestras observaciones resultaron ser
absolutamente idénticas. No nos pareció posible ninguna
superchería: las puertas estaban cerradas y no existía
ninguna solución de continuidad en las paredes en los
puntos donde se había producido la aparición, luego
desvanecida. Los Espíritus guías nos dijeron después
que ellos se habían servido de un Espíritu al que habían
ayudado, sacando los elementos de la materialización de
los fluidos ambiente, a fin de asegurar nuestra convicción
en la realidad del espiritismo”.
Escritura directa
Léon Denis afirmó que con frecuencia había obtenido
escritura directa, fenómeno consistente en colocar un
lápiz en una caja o entre dos pizarras enmarcadas en
madera. Se le ponía la tapa a la caja, o se ajustaban las
pizarras una contra la otra. Se ataba todo, y, sin ningún
contacto, algunas veces se obtenían comunicaciones
escritas que eran pruebas reales de identidad. Así, pudo
conseguir firmas de personas muertas, absolutamente
desconocidas por los asistentes, firmas completamente
idénticas a las que los difuntos tenían en vida.
Incorporación
Léon Denis conoció los fenómenos de encarnación (o
incorporación). Las guías de Léon Denis y los del grupo
que presidía en la calle du Rempart, se habían
manifestado con gran frecuencia. Estos guías daban
consejos a los asistentes y les precisaban detalles de su
vida íntima, estas indicaciones constituían verdaderas
pruebas de identidad. También proporcionaban
instrucciones llenas de lógica y de grandeza sobre los
problemas de la vida y el destino. Se manifestaban todos
los tipos de espíritus, especialmente el de Sophie, una
ex-vendedora de hortalizas de Amiens que venía a
menudo y empleaba el dialecto picardo totalmente
desconocido, tanto del médium como de los asistentes.
Igualmente, hubo comunicaciones en lengua extranjera
diferente de la hablada por el médium y los asistentes
que no la conocían.
Padres venían a alentar a sus hijos presentes en la
reunión; amigos fallecidos evocaban recuerdos de la
infancia, los servicios prestados y las faltas cometidas.
Exponían su forma de vivir en el más allá, hablaban
de las alegrías y los sufrimientos morales sentidos
después de la muerte, consecuencia de su manera de
vivir en la Tierra. Léon Denis manifiesta: “Varias veces, se
suscitaron discusiones de cierta violencia entre espíritus.
Dos célebres políticos, adversarios declarados en la Tierra,
seguían combatiéndose por boca de nuestros médiums,
con una fogosidad oratoria, una rigurosa dialéctica,
argumentos de tribuna y de pretorio, y un conjunto de
rasgos característicos y picantes, que eran otras tantas
pruebas de identidad. Una lucha de voluntades entre
uno de nuestras guías y un espíritu obsesor, ambos
incorporados, alcanzó niveles épicos”.
Había tres médiums de incorporación en la calle du
Rempart y, habitualmente, mientras que uno de los
médiums era incorporado, los otros no lo eran; a veces
las incorporaciones eran simultáneas. Se entablaban
entonces diálogos y discusiones entre varios espíritus
y el presidente del grupo.
Léon Denis escribió cómo fue puesto en relación
con su padre fallecido: “Mi padre, fallecido hacía unos
veinte años, nunca se había podido comunicar en el
seno del grupo cuyos trabajos yo he dirigido durante
mucho tiempo, por ninguno de los médiums que allí
se han sucedido. Había perdido toda esperanza de
comunicarme con él, cuando una tarde, en Marsella,
durante una visita de despedida hecha a una familia
amiga, una dama, a quien no
habían visto desde hacía más
de un año, se presentó y se unió
a nosotros. En medio de nuestra
conversación, se durmió con un
sueño espontáneo y, para mi
gran sorpresa, el espíritu de mi
padre, a quien ella nunca había
conocido, se manifestó por ella,
dándome las más irrecusables
pruebas de identidad y, en una
efusión llena de ternura, me
expresó las sensaciones y las
vivas emociones que había
experimentado desde la hora de
la separación”.
Videncia
Léon Denis obtuvo numerosos fenómenos de videncia.
“En el grupo de estudios que por mucho tiempo dirigí en
Tours, los médiums describían apariciones de difuntos,
visibles sólo para ellos, es cierto, que aunque nunca los
habían conocido y nunca habían visto ninguna imagen
de ellos, escuché algunas descripciones que los asistentes
reconocían según sus indicaciones”.
Mesa
Jerónimo de Praga fue el guía de Léon Denis.
Se manifestó primero por la mesa, en 1882,
deletreando sucesivamente todas las letras del alfabeto.
Conclusión
Hasta su muerte, Léon Denis siempre estuvo en contacto
con el más allá, lo que le dio todo el derecho de aconsejar
a sus lectores sobre la manera de experimentar y de
proceder para formar los grupos de estudios espíritas.
Preconizaba que los miembros del grupo debían elegir
entre ellos a un director de sesiones competente; que el
grupo debía dar muestras de paciencia, perseverancia,
discernimiento, método, regularidad y sentido crítico,
y ejercerlos sin cesar para poder juzgar el valor de las
manifestaciones; de buen carácter mental; que debía
mantener una gran elevación de pensamiento y de
corazón y jamás dejarse guiar por el interés.
Precisaba que antes de experimentar, había que saber
que el más allá no albergaba sólo fuerzas superiores; que
allí había también, como en nuestra humanidad, seres
poco evolucionados. No obstante ellos necesitaban
manifestarse a los vivos, y así podían favorecerse con
los beneficios del espiritismo. Estos Espíritus esperaban
el momento propicio para satisfacer sus rencores, sus
furores, a expensas de experimentadores imprudentes
e confiados que, sin precaución y sin reserva, abrían de
por en por las vías que hacían comunicar nuestro mundo
y el de los Espíritus y que, en ciertos
casos, conducían a los médiums a la
obsesión y a la posesión.
“Entonces es indispensable conocer
los peligros a los cuales uno se expone
procediendo así. Por consiguiente,
sólo deben entregarse a este género
de experiencias aquellos que, por
sus estudios, han adquirido un
conocimiento profundo. Es preciso
igualmente, para proceder así, estar
animado, al extremo, de sentimientos
de solidaridad y bondad”.
Fuentes: Léon Denis y la experiencia
espírita - por Henri Regnault
El apóstol del espiritismo - por
Gaston Luce

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