UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 13 de octubre de 2013

LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013
D O S S I E R
Léon Denis, el apóstol del espiritismo
por
C O LO M B E J A C Q U I N

EL PROBLEMA DEL SER Y DEL DESTINO
Este libro fue escrito por Léon Denis en respuesta a las
nuevas ideas desarrolladas en su época por los filósofos,
y en reacción al materialismo triunfante. Según él, hasta
las nuevas corrientes progresistas políticas o científicas,
levantan una barrera a la espiritualidad y a las creencias
que elevan al hombre haciéndole comprender su
verdadera naturaleza, su origen y su destino que no se
limitan a la sola existencia presente.
La doctrina espírita no es un nuevo concepto metafísico.
Reposa sobre múltiples experiencias mediúmnicas
expresadas en palabras simples, destinadas a todos por
el maestro Allan Kardec y que abarcan todos los campos
del conocimiento.
Problema del ser
La existencia del alma, partícula inmortal de la esencia
divina ha sido puesta en evidencia en numerosas
circunstancias (anestesia, sonambulismo…). En estado
de vigilia, el alma acompañada por su cuerpo sutil, está
en cierta forma “secuestrada” en la carne; recupera su
libertad en el sueño y su integridad en las sugestiones
hipnóticas que descubren un yo profundo rico en
conocimientos y experiencias adquiridas en otras vidas.
El mundo espiritual es su verdadero territorio.
Léon Denis se apoya en sus propias experiencias y en
las de eminentes personajes, como Frédéric Myers, para
demostrar que el alma puede exteriorizarse durante
la existencia (bilocación, proyecciones telepáticas) y
después de la muerte (a través de un médium).
La muerte no es sino un cambio de estado, un
renacimiento con plenitud de facultades y conciencia,
por supuesto diferentes, según el avance del espíritu. La
vida en el más allá no es “un universo frío y contemplativo
sino un universo vivo, luminoso, lleno de seres en vías de
constante evolución, donde pueden realizarse misiones.
Los terrores y las supersticiones vinculadas con la muerte
se desvanecen gracias al espiritismo”.
El Problema del Destino
Ante la incoherencia e inequidad de la vida única, la
doctrina de las vidas sucesivas representa una solución
de justicia y esperanza. Hay una estrecha correlación
entre las acciones de las vidas pasadas y el destino; se
explica la infinita variedad de facultades y caracteres;
todas las almas no tienen la misma edad y el espíritu se
purifica durante sus numerosas existencias.
En ciertas circunstancias particulares donde la memoria
integral es renovada (fiebre, delirio, muerte inminente,
sueño anestésico, sonambulismo, hipnosis), se han
establecido pruebas de las vidas sucesivas, lo cual se
explica por la existencia del periespíritu.
Ciertos espíritus evolucionados, como Pitágoras o
Empédocles han tenido el recuerdo de sus vidas pasadas
en estado consciente. Eso es muy raro pues el olvido
sigue siendo una necesidad: “El bagaje abrumador de los
recuerdos hace la ascensión menos fácil, más amarga”.
El caso de los niños prodigio, si bien no es una prueba,
es al menos un cuestionamiento que no responde ni
a la herencia ni a la educación. La creencia en las vidas
sucesivas dominó la antigüedad y se encuentra en el
centro de las grandes religiones del Oriente. Gracias a
Allan Kardec, se ha vulgarizado y difundido en Occidente.
Para adquirir todos los elementos de su grandeza, el
alma debe encontrar obstáculos y sufrimientos para
que se despierte la sensibilidad y crezca en una suerte
de lucha entre el bien y el mal. No hay igualdad ni
favoritismo. El mal no es más que el estado transitorio
del ser en vías de evolución pero, desgraciadamente, la
organización social, reflejo de una sociedad materialista,
desconoce el resultado evolutivo.
Desear, saber, amar: tal es la finalidad y el poder del alma.
La voluntad es el motor de la existencia; podemos realizar
todo; el pensamiento es creador, actúa en nosotros
y alrededor de nosotros, somos lo que pensamos. El
conocimiento es indispensable pues la evolución no se
hace en el oscurantismo o la ignorancia. Sin el amor, la
voluntad y la ciencia serían estériles; el amor ilumina, es
una fuerza que nos conduce hacia Dios.
“El hombre es el artesano de su liberación”. El libre albedrío
es una realidad, limitada, desde luego, en las etapas
inferiores, pero que permite la plenitud de la conciencia.
Libertad y responsabilidad son correlativas y anulan la
fatalidad y el determinismo.

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