UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 6 de octubre de 2013

EL APÓSTOL DEL ESPIRITISMO
CONVERTIDO EN ESPÍRITU

LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013

Cercano a nuestro Círculo, Léon Denis, el infatigable
defensor del espiritismo, no ha dejado de manifestarse a
nosotros desde su más allá. Les sugerimos conocer más a
este espíritu y encontrarnos un momento con aquel cuya
mirada esclarecida ha sabido transmitirnos toda la flama
ardiente de su compromiso. Él ha venido a hablarnos de
varios temas: el objetivo del espiritismo, el compromiso
espírita, Dios, la hermosura de la Naturaleza, el celtismo, la
turbación vivida después de la muerte, la clarividencia, la
psicometría, el suicidio, etc. A través de algunos extractos
de mensajes, compartiremos con ustedes la reflexión de
este espírita comprometido, convertido en espíritu cuya
preocupación es instruirnos siempre sobre lo que es
posible realizar y sobre nuestro porvenir.
El espiritismo como respuesta filosófica al sentido
de la vida
Extractos de mensajes:
“En esta época, donde muchos hombres tienen
miedo al porvenir, creo efectivamente que es preciso
comprometerse, luchar, manifestar su voluntad de vivir
con amor e inteligencia. Creo que la fórmula espírita
responde a la angustia de vuestra época y que el sentido
del deber, sin que signifique “obediencia ciega”, llama a
compartir una verdad, siempre mejor definida cuando
aceptáis oírnos”.
“ … Desde los tiempos heroicos del espiritismo, la Tierra
no ha conocido sino la tormenta guerrera, el odio racial
y el desprecio por el sentido de la vida en pro del dinero.
Más vale decir que todos nuestros ideales de antaño
han caído en el olvido de la historia, y que los valores
humanos han cedido el paso a los valores mercantiles.
Las ciencias y las técnicas se han desarrollado en la Tierra
y me alegro por eso, el dominio de las energías es una
prueba incontestable del genio humano. La mala suerte
ha querido que predomine la inferioridad moral de los
Espíritus de la Tierra, y que el tecnicismo así desarrollado
no esté al servicio de todos, en el alivio de las miserias, sino
para el bien de algunos convertidos en consumidores del
“progreso”, sin preocuparse por las leyes de la naturaleza,
el compartir y el amor…”.
“… El retroceso de la espiritualidad ha desprovisto a la
evolución científica de todo sentido moral. Es así como,
progresivamente, el materialismo ha penetrado las
conciencias y los métodos de producción social se han
apartado de la indispensable justicia evocada por todos
los misioneros de Dios…”.
“… Vuestro mundo no puede continuar mucho tiempo más
pisoteando su filiación divina, y los muertos tienen como
deber despertar a los vivos. Así, la manifestación de los
Espíritus en la comunidad humana, debe ser un llamado
permanente al sentido moral de la vida. Así, después de
más de un siglo, el fénix debe renacer de sus cenizas. No es
necesario que nuestro trabajo, de nosotros, los descubridores
del espíritu, los exploradores del más allá, se ahogue en el río
de la ignorancia y del tiempo que pasa…”.
“A la ignorancia, es preciso responder con la cultura, al
fanatismo con la razón, al egoísmo con el amor, al ateísmo
con el espiritismo. Actualmente vosotros vivís en la Tierra,
una mutación que no tiene comparación alguna. La
electrónica, la física, la cibernética y la biología no pueden
escapar, y no deben escapar, a la ética espiritual de la vida…”
El carácter único de la revelación espírita
He aquí otro extracto, donde el espíritu Léon Denis
evoca el carácter único de la revelación de los Espíritus:
“… El espiritismo es la única, sí, la única filosofía en la
Tierra que no es resultado de la reflexión de un hombre o
de un grupo de hombres, sino el resultado de la reflexión
y el conocimiento de los desencarnados, vulgarmente
llamados «los muertos». El espiritismo es pues un
conocimiento como no existe ningún otro, pues los
Espíritus que os hablan, os guían y os protegen, se hallan
en un estado tal que sus percepciones sobrepasan todas las
posibles percepciones que podéis tener en estado humano.
Allí, donde nos hallamos, podemos discernir mejor el
bien del mal. Allí donde nos hallamos, podemos entrar
en contacto con fuerzas que también son superiores a
nuestros Espíritus que sin embargo ya os guían. Podemos
transmitiros pues un conocimiento infinito. El espiritismo
jamás ha sido tan justo, tan verdadero, tan pertinente, tan
contemporáneo y tan moderno como en vuestro mundo
actual, donde se plantean todas las preguntas y donde la
ciencia materialista ya comienza a vislumbrar sus límites…”
El más allá que se manifiesta por todas partes
Luego Léon Denis evoca, a través del siguiente mensaje,
la manifestación de los Espíritus que, en todas partes del
mundo, buscan llamar la atención de los hombres sobre la
supervivencia del alma.
“… Penetramos en la cotidianidad de cada uno. Entramos a
las casas. Golpeamos las paredes de esas casas. Desplazamos
los objetos. Provocamos la conciencia de todos en su sueño.
Aportamos nuestra luz para no decir nuestra luminosidad.
Nuestros fantasmas vivos se manifiestan en múltiples lugares
y sin embargo el hombre calla, y sin embargo el hombre no se
atreve a decir que existimos. El hombre se oculta, el hombre se
esconde, el hombre se obliga a olvidar y ocultar lo que aprende
y lo que ve. El orgullo ciega la naturaleza de los hombres. El
orgullo impide nuestra verdadera presencia…”
Comprender un hecho social: el suicidio
En el siguiente extracto de mensaje de 1989, Léon Denis
aporta un punto de vista espírita sobre un flagelo que con
frecuencia suscita desconcierto e incomprensión. Se trata
del suicidio:
“… estamos frente a un problema real que no puede resumirse
en una respuesta moral simplista. Dios no prohíbe el suicidio,
ya que sólo el hombre es responsable ante su muerte. El
suicidio no es pues un acto inmoral y no debe ser considerado
como una infracción, una falta o incluso, hasta un pecado. El
suicidio es un estado de desamparo enfermizo cuyas causas
son a menudo ajenas al sujeto que cometerá esa acción. Las
principales causas del suicidio son las siguientes: falta de
amor; desmejora en el trabajo, si ese trabajo es envilecedor,
repetitivo que vuelve esclavo al espíritu; el sentimiento de
inutilidad en una sociedad no igualitaria que no reconoce el
valor de un hombre sino su éxito financiero, tildando al otro
de «fracasado», este adjetivo hace mucho daño y mata; el
sentimiento de inferioridad, marcado por el odio social y el
rechazo a las diferencias; y por último, el despertar repentino
de una vida anterior, ya suicida, pueden llevar a una neurosis
obsesiva que conduce al acto. Es pues tiempo de considerar la
desesperación como un llamado a la esperanza, de considerar
el suicidio como una enfermedad del alma que se ahoga
en el cuerpo social. No afirméis jamás vuestro porvenir en
este campo, pues la ausencia de amor es una enfermedad
que acecha a todos los hombres. El hombre tiene el deber
de vivir su encarnación, pero el hombre no es nada en el
abandono, en el desprecio y en la soledad. La respuesta a la
calamidad suicida es pues una respuesta profundamente
amorosa. Debe proceder de los individuos, pero también de
los Estados, de las sociedades que éstos representan y de las
leyes que ellos deciden. Quiero imaginar con vosotros una
sociedad de amor que no pueda sino retener al hombre en
la responsabilidad de su vida física y no lo empuje hacia la
muerte como una herramienta inútil que estorba. En cuanto
al trastorno palingenésico que puede llevar al hombre a darse
muerte, debe encontrar su respuesta en el desarrollo de un
psicoanálisis de tipo reencarnacionista que sea reconocido
por toda la profesión médica.
No he venido a daros una solución a este grave problema,
pero he venido a traeros una respuesta. De ahora en
adelante, si se le pregunta al espírita su posición ante el
suicidio, responderá ante todo que es el crimen de los otros
y no la falta de uno solo”.
Concluiremos este encuentro, con las palabras
encarnadas de Léon Denis en 1885 en El Porqué de la
Vida. El extracto está tomado de su abundante literatura
espírita que les invitamos a descubrir; allí se expresa toda
su alma poética: “Es a vosotros, oh mis hermanos y
hermanas en humanidad, a vosotros todos a quienes el
fardo de la vida ha encorvado, a vosotros a quienes las
ásperas luchas, las preocupaciones y las pruebas han
agobiado, a quienes dedico estas páginas. Es a vuestra
intención, afligidos y desheredados de este mundo, que las
he escrito. Humilde pionero de la verdad y del progreso, he
puesto en ellas el fruto de mis desvelos, mis reflexiones y mis
esperanzas, todo lo que me ha consolado y sostenido en
mi marcha por este mundo. Podéis encontrar allí algunas
enseñanzas útiles, un poco de luz para iluminar vuestro
camino. Pueda esta modesta obra ser para vuestro espíritu
entristecido lo que la sombra es al trabajador quemado de
sol, lo que es, en el árido desierto, la fuente límpida y fresca,
que se ofrece a la mirada del viajero aturdido”.

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