UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 8 de octubre de 2013


                                         EL FIN SANGIENTO DE LA COMUNA DE PARÍS


DOSSIER
Léon Denis, el apóstol del espiritismo
por
MANUEL HERNANDEZ
ENCUENTROS ESPÍRITAS

LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013

Después de la muerte de Allan Kardec el 31 de
marzo de 1869, los espíritas se consultaron y
buscaron un sucesor. ¿Quién sería capaz de recoger
la antorcha del hombre que permitió desarrollarse al
espiritismo? Pesada y difícil responsabilidad después
de la impronta dejada por el Maestro. Camille
Flammarion será sondeado para la tarea, pero con
veintisiete años, nuestro joven científico no se sentirá
capacitado para aceptar el desafío de tan importante
misión. El espiritismo ya era surcado por diversas
corrientes espiritualistas y de vez en cuando por
disidentes, que Allan Kardec había logrado canalizar.
El movimiento necesitaba de un hombre de raras
cualidades para proseguir su avance. Será en 1882,
en el congreso iniciador de la Sociedad de Estudios
Espíritas presidido por el Doctor Josset, donde Léon
Denis hará una notable aparición destacada por sus
cualidades de orador y, por si fuera poco, de una
muy rara elocución. Estaba rodeado por Alexandre
Delanne (padre de Gabriel), Amélie Boudet (esposa
de Allan Kardec) y Pierre-Gaëtan Leymarie, ¡“El
apóstol” del espiritismo, acababa de alzar vuelo!
No obstante, es necesario rememorar el contexto
histórico, para comprender mejor el compromiso total
de los pioneros. La aparición de El Libro de los Espíritus
en 1857 marcará los comienzos del espiritismo cuyo
desarrollo transitará una época en ebullición, rica
en descubrimientos científicos, rica en creaciones
artísticas, con las luchas obreras de pueblos en busca de
emancipación social como telón de fondo. Empeñada
en una amarga lucha contra el naciente materialismo, la
filosofía espírita atravesará también eventos políticos y
bélicos extremadamente difíciles: la guerra contra Prusia
en 1870, la Comuna de París en 1871 y la primera guerra
mundial en 1914-1918. Estos traumatismos humanos
dejarán profundas cicatrices en muchos corazones y los
espíritas no quedarán exentos.
En esos momentos de grandes trastornos, Gabriel
Delanne y Léon Denis, amigos de siempre, defenderán
con cuerpo y alma la nueva revelación. Léon Denis
dictará más de trescientas conferencias e intervendrá
en todos los congresos. Viajero permanente, jamás
escatimará esfuerzos por la causa. Ardiente defensor del
espiritismo kardecista en toda circunstancia, dará réplica a
todos los interlocutores y opositores.
A finales del año 1916, Léon Denis recibirá la visita
inesperada de un hombre providencial, Jean Meyer. Nativo
de Suiza, había llegado a Francia a la edad de dieciocho
años. Hombre inteligente y desbordante de energía,
perseverante y trabajador tesonero, tiene sesenta y un
años, había hecho fortuna en el mundo vinícola y poseía
una sólida red de relaciones. Desde su primera infancia, en
busca de verdaderas respuestas sobre el sentido de la vida,
el espiritismo se había convertido para él en una evidencia
al leer las obras de Allan Kardec y Léon Denis. Como
hombre de acción y de convicción, venía al encuentro
de Léon Denis y luego de Gabriel Delanne. De acuerdo
con estos pares, ofrecerá al espiritismo todos los medios
materiales de difusión y de investigaciones científicas
que le faltaban para probar la existencia del alma y de su
supervivencia. En 1917, se hizo propietario de la Revista
Espírita, suspendida en su aparición desde el comienzo de
la guerra; atendió la Federación Espírita Internacional; creó
la Unión Espírita Francesa, fundó la Casa de los Espíritas y
las Ediciones Jean Meyer. Para abrir caminos a la ciencia,
en 1918 fundó igualmente el Instituto Metapsíquico
Internacional reconocido de utilidad pública en 1919
y pidió a otro ardiente defensor de la causa, Gustave
Geley, que se encargara de la dirección. En 1928, puso
en marcha la Sociedad de Estudios Metapsíquicos que
debía velar por los trabajos de las diferentes instituciones.
Jean Meyer, el humanista, acoge igualmente en su chalet
de Montmorency, en Auteuil, a Gabriel Delanne, su
hija adoptiva y su prima que vivían en la más absoluta
indigencia. Permitió así a este último proseguir su trabajo
con calma y dignidad. Se convirtió en el mecenas del
pintor Augustin Lesage. Sostuvo el Orfanato Allan Kardec,
sociedad dirigida por la Sra. Jean Malosse.
En 1925, después de nueve años de labor y entrega total,
será el organizador del Congreso Espírita Internacional
en París bajo los auspicios de la Casa de los Espíritas de
Francia. Estarán representados veinticuatro países y el
acontecimiento será cubierto por sesenta periódicos. A
petición suya, Léon Denis, de cerca de ochenta años, será
nombrado presidente honorario. Será todavía en este
Congreso cuando este último sellará su amistad con Arthur
Conan Doyle. Y en su discurso de clausura, también dará
testimonio de toda su gratitud a su otro amigo, Jean Meyer,
por haber vencido todos los obstáculos en la organización,
pero sobre todo por haber dado a la filosofía espírita un
respeto y una consideración, cuando tantos detractores
se mofaban de ella. El tribuno espírita volverá a Tours,
revigorizado, sin el menor rastro de cansancio.
Hasta el fin, Jean Meyer, cuidadoso de la sustentabilidad
de la obra espírita, guiará e instruirá a un joven, Hubert
Forestier, que se convertirá en su secretario particular y que
asegurará la continuidad espírita hasta su propia muerte
en 1971.

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