UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

miércoles, 16 de octubre de 2013



                                                                    BLAISE PASCAL

por
CATHERINE GOUTTIÈRE
FENÓMENO
LOS NIÑOS PRODIGIO

LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013


“Soy joven, es cierto; pero para las almas bien nacidas, el
valor no espera por el número de los años” (El Cid, Corneille).
La historia humana cuenta con numerosos niños
prodigio, en diferentes campos, que han llamado la
atención de sus contemporáneos, sin que por ello estos
últimos aportaran una respuesta coherente a ese tipo
de fenómeno.
¿Qué es un niño prodigio?
Es preciso saber diferenciar a los genios de los niños
superdotados o de los “sabios”. Los superdotados
son numerosos, más inteligentes que el promedio y
adelantados con relación al sistema escolar. Algunos
pasan el bachillerato con catorce años y prosiguen
estudios brillantes. Los “sabios” poseen con frecuencia
extraordinarias capacidades de memoria. Pueden
efectuar complejos cálculos mentales o aprender más
de ocho idiomas. Los niños prodigio son todo eso a la
vez. Pero poseen una chispa de genio que los distingue
de los demás.
Son creadores
Blaise Pascal, según el testimonio de su hermana,
encontró a los doce años, solo y sin documentación,
los fundamentos de la geometría de Euclides. Hasta
su muerte, a los treinta y nueve años, nunca dejó de
descubrir, inventar y perfeccionarse en el campo de las
matemáticas, la física y las técnicas.
Johann Carl Friedrich Gauss, nacido el 30 de abril
de 1777, fue un matemático, astrónomo y físico
alemán. Dotado de gran genio, aportó contribuciones
muy importantes a estas tres ciencias. Apodado “el
príncipe de los matemáticos”, es considerado como
uno de los más grandes matemáticos de todos los
tiempos. A los diecinueve años, Gauss caracterizó
casi completamente todos los polígonos regulares
construibles únicamente con regla y compás (teorema
de Gauss-Wantzel), completando así el trabajo iniciado
por los matemáticos de la antigüedad griega. En 1809,
a los treinta y dos años, publicó un trabajo de capital
importancia sobre el movimiento de los cuerpos
celestes que contenía el desarrollo del método de
los mínimos cuadrados, un procedimiento utilizado
desde entonces, en todas las ciencias, para minimizar
el impacto de un error de medida.
Gaspard Monge, nacido el 9 de mayo de 1746, estudió
en el colegio de los Oratorianos de Beaune. Allí mostró
los primeros signos de su excelencia, al punto de que el
director lo calificó de pueraureus (el niño de oro). A los
catorce años, construyó una bomba de incendios, cuyos
efectos suscitaron admiración. A los dieciséis años,
marchó a Lyon para terminar sus estudios en el colegio
de la Trinidad, de donde saldría dos años más tarde, con
apenas diecisiete años, no sin antes haber dado allí un
curso de ciencia física.
Son trabajadores empedernidos
Por ejemplo, Thomas Edison depositó durante su vida
1.093 patentes y empleó a más de 35.000 personas
en un imperio industrial que permitió el auge de la
electricidad en todo el mundo. El joven Thomas fue el
arquetipo del niño prodigio al que nada podía eclipsar:
después de tres meses de curso, su madre ofuscada
por el poco de interés del maestro por su hijo, decidió
tenerlo por alumno ella misma. Él completaría luego su
formación básica como perfecto autodidacta, leyendo
a los grandes autores como Dickens o Shakespeare
y devorando todos los libros de ciencia que su madre
le traía, especialmente la obra de física experimental
School of Natural Philosophy de Richard Green Parker.
En 1857, a los diez años, Thomas poseía un verdadero
laboratorio pequeño de química en el sótano de la casa
de sus padres para desarrollar su inteligencia práctica.
En 1859, a los doce años, empleado de los ferrocarriles,
mudó su laboratorio de química al vagón de equipaje
que había transformado en imprenta. Prácticamente
sordo a los trece años por causa de la escarlatina,
multiplicó los pequeños empleos y se convirtió en
experto en telegrafía a los veintiún años.
Los prodigios se interesan por todo lo que pase por
delante de sus ojos

Citemos a Isaac Newton, nacido el 4 de enero de 1643,
que apasionado primero por la mecánica, se entusiasmó
luego por la óptica, las matemáticas y la física, con su
famosa ley de gravitación universal. Se interesó también
por la filosofía y la religión.
Los prodigios emergen de todos los medios y ya no
son más privilegio de los países occidentales
Aisha Mustafá, una estudiante egipcia de diecinueve
años, inventó un nuevo sistema de propulsión espacial
basada en la física cuántica, al participar en el club de
ciencias de su universidad.
Janelle Tam, una joven singapurense de dieciséis años,
descubrió una sustancia antioxidante capaz de frenar
el envejecimiento. Ésta estaría compuesta de nano
partículas presentes en la fibra de madera (NCC o nanocelulosa
cristalina).
Kelvin Doe, de trece años, construyó baterías y
generadores eléctricos a partir de objetos encontrados
en los cubos de basura de su aldea en Sierra Leona. Tres
años más tarde, se convirtió en el invitado más joven
del Massachussetts Institute of Technology (MIT), la
prestigiosa universidad norteamericana.
Recientemente, un muchacho de quince años, Jack
Andraka, procedente de Maryland, Estados Unidos,
recibió un premio de 75.000 dólares en el Salón
Internacional de la Ciencia y la Ingeniería Intel, por
haber desarrollado un test simple para el cáncer de
páncreas, 28 veces más rápido, 28 veces menos caro y
100 veces más sensible que los tests existentes. Señaló
que su proyecto le había sido inspirado por la muerte
de uno de los miembros de su familia. Mostró sus
investigaciones a cientos de docentes e instituciones,
antes de ser tomado a su cargo por el investigador
Anirban Maitra, que le permitió utilizar un laboratorio
de la Universidad John Hopkins.
Los niños prodigio también saben hacerse notar
En música, es bien conocido el caso de Mozart. A la
edad de cuatro años, compuso una sonata, y a los
once años, dos pequeñas óperas. Saint-Saëns dio su
primer concierto de piano a los once años, y no tenía
sino dieciséis cuando hizo ejecutar su primera sinfonía.
Más cercano a nosotros, Yehudi Menuhin (1916-1999)
célebre violinista y director de orquesta fue un niño
prodigio. Se presentó desde 1927, a los once años, en
París con la orquesta Lamoureux y en Nueva York en
el Carnegie Hall. Es considerado como uno de los más
grandes violinistas del siglo XX.
En pintura, Miguel Ángel, uno de los genios más
admirables de Italia, a los ocho años, ya conocía tanto
la técnica de su arte que su maestro Ghirlandaio le
aseguró que ya no tenía más nada que enseñarle.
Desde su infancia, Rembrandt manifestó tanta pasión
por el dibujo que pudo dibujar como un gran maestro
antes de haber aprendido a leer.
Hoy en día, la joven Aelita André, de origen ruso, vive
actualmente en Australia con sus padres. Tiene seis años
y es la artista pintora profesional más joven del mundo.
Utilizando acrílico y técnicas mixtas, crea cuadros
de formas abstractas en gran número, vertiendo la
pintura sobre la tela según su inspiración. Los colores
son puros y las formas sin limitaciones, dentro de una
espontaneidad que hace único cada cuadro.
Ante estos ejemplos diversos y variados, podemos
preguntarnos si no sería que un hada buena se
inclinó sobre la cuna de estos niños ofreciéndoles un
“don” que la generalidad de los mortales no posee, o
si existe una explicación racional y lógica para esta
clase de fenómenos.
La tesis materialista
El punto de vista materialista se funda en la herencia. En
genética física, la ciencia de la herencia nació en 1865,
cuando el monje checo Gregor Mendel llegó a precisar
las leyes que explican la transmisión de los caracteres
en el curso de las generaciones. A principios de los
años 1920, se pudo demostrar que los cromosomas
representan el soporte material de la herencia,
determinado por un fragmento de cromosoma al que
se llamó gen. A mediados de los años ‘60, se sabía que las
diferentes características del hombre estaban inscritas
a lo largo de una cinta en un texto de unos tres mil
millones de letras. Esos tres mil millones de letras están
repartidos en cuarenta y seis cromosomas: veintitrés
son aportados por el padre y los otros veintitrés por la
madre, en el momento de la fecundación.
Si se acepta la idea de que la herencia física, así como
la herencia de la inteligencia, se transmiten por estos
mismos cromosomas, ¿cómo explicar que grandes
sabios hayan salido, o salen, de medios ignorantes
e intelectualmente desfavorecidos? Por ejemplo,
Copérnico, Claude Bernard, Descartes, etc., habían
nacido en medios poco cultivados, y nada hacía
presagiar las facultades que las distinguirían de la masa.
Por el contrario, muchos grandes hombres tuvieron
descendientes como la generalidad de los mortales,
incluso por debajo del promedio. Pericles engendró
dos tontos, lo mismo que Sócrates y Temístocles. Marco
Aurelio tuvo por hijo a un sanguinario, Cómodo. Henri
IV, La Fontaine, Cromwell o Goethe, tuvieron hijos que
resultaron perfectos desconocidos.
Los niños prodigio nos demuestran, con incuestionable
evidencia, que la inteligencia es independiente del
organismo físico que le permite manifestarse. La
actividad intelectual de estos niños se manifiesta a
una edad en que el cerebro no ha alcanzado su pleno
desarrollo. Y no han podido adquirir su talento por la
educación que han recibido. Eso significa que la tesis
materialista no es admisible.
La tesis religiosa
Si uno se ubica desde el punto de vista religioso, se acepta
la idea de que Dios podría otorgar un “don” a algunos de
sus hijos que se distinguirían entonces de la generalidad
de los mortales. Esta tesis no es creíble, pues Dios, que es
el Padre de toda vida, tiene en Él todas las cualidades y
todas las virtudes. Si llegara a faltarle una sola, es decir, si
tuviera una sola de las imperfecciones que la imaginación
puede concebir, no podría ser Dios. Ahora bien, siendo
Dios soberanamente justo y bueno, no puede hacer
diferencia entre todos sus hijos, su infinita bondad no
puede expresarse únicamente sobre unos en detrimento
del conjunto. Entonces, esta tesis no es concebible.
La explicación espírita
¿Que nos revela entonces el espiritismo en este
campo, o más bien, qué vienen a decirnos los Espíritus
a este respecto?
Todos tenemos una génesis, todos somos el resultado
de un pensamiento divino al que llamamos Dios.
En principio, somos creados simples e ignorantes,
semejantes unos a los otros pero sin embargo diferentes
por nuestra propia individualidad. Y es a través de las
vidas sucesivas, de encarnaciones en la materia, de las
múltiples experiencias que vivimos y que se imprimen
en nosotros, que se va a forjar nuestro carácter y
sufriremos una evolución tanto moral como intelectual.
A título de ejemplo, un espíritu que se haya dirigido
repetidas veces, es decir durante varias vidas, hacia
el campo de las matemáticas, habrá adquirido como
consecuencia, una suma de conocimientos en ese
mismo campo. Cuando decida dirigirse por primera
vez hacia la música, a fin de perfeccionar su evolución
intelectual, será entonces el último de los músicos,
pues en su memoria inconsciente no habrá registrado
ningún conocimiento previo sobre el tema.
El caso de los niños prodigio prueba la existencia de las
vidas anteriores, en el sentido de que es una revelación
de los trabajos cumplidos por esos Espíritus en otras
vidas, experiencias que pueden expresarse en su
nueva vida carnal. Entonces, este género de fenómeno
no puede producirse por azar, sin un vínculo con el
pasado del espíritu. Por el contrario, demuestra que
somos Espíritus que llegan a este mundo con todo
un pasado de aprendizaje y evolución, producto de
un trabajo realizado durante las vidas sucesivas. Cada
vida encuentra en el espíritu que se expresa en su
interior una cultura particular, aptitudes y adquisiciones
mentales que explican entonces la facilidad de trabajo
y el poder de asimilación. Es por eso que Platón decía:
“Aprender, es recordar”.
¿Podría explicarse esta clase de fenómeno por la
mediumnidad?

Sabemos que el genio debe mucho a la inspiración, y
ésta es una de las formas de la mediumnidad. La gran
diferencia entre los niños prodigio y la mediumnidad
que el médium no puede ejercer su facultad durante
horas. Necesita condiciones especiales, a veces
difíciles de reunir, para establecer un contacto con el
más allá, mientras que los niños prodigio utilizan su
talento a todas horas, de manera permanente, como
hacemos nosotros mismos con nuestras propias
experiencias intelectuales.
Algunos de ellos pueden ser igualmente médiums
y recibir una inspiración exterior que se combina,
entonces con la experiencia personal. Eso no altera ni
disminuye en nada la tesis de la reencarnación que
sigue siendo la explicación más lógica y más natural.
De aprender, comprender, asimilar, y en consecuencia,
evolucionar cada uno de nosotros a su propio ritmo,
resultan obligatoriamente las diferencias entre los
individuos. La diferencia no es injusta; es el resultado
de las múltiples experiencias que hemos vivido y que
hacen que algunos de nosotros parezcan más dotados
que otros en ciertos campos, campos que también
nosotros hemos podido conocer y que hemos puesto
de lado para vivir nuevas experiencias, o bien campos
que aún no hemos abordado.
¿Qué actitud deben tener los padres en tal
circunstancia?

La actitud de los padres es muy importante. Deben dejar
a su hijo, este espíritu que regresa, decidir por sí mismo
si se realiza o no en las experiencias que presenta. Sin
embargo, el niño no siempre tiene la elección pues
ciertos padres proyectan en la particularidad que éste
presenta, los sueños, deseos y fantasmas que ellos
mismos no han podido realizar. Tienen entonces la
sensación de ser diferentes a los otros padres, de salirse
de alguna manera del lote del común de los mortales.
Entonces, el orgullo inherente a la naturaleza humana,
tendrá como consecuencia hacerles olvidar lo esencial,
que es el deseo de su propio hijo.
Educar viene del latín “ex-ducere” y significa guiar,
conducir. Seamos padres que acompañemos y
respetemos a nuestro hijo en sus elecciones, démosle
todas las oportunidades de desarrollo y realización
dentro de su camino evolutivo. No es fácil vivir
en nuestras sociedades humanas y puede ser un
combate diario. Aunque nuestro hijo tenga ciertas
particularidades que lo hacen sobresalir de la masa, o
aunque no las tenga, simplemente amémosle, con un
amor inteligente, reflexivo y no asfixiante. En lugar de
pensar por él e imponerle las elecciones para su futuro,
démosle justo lo que pida, y no lo que podríamos exigir.
De alguna manera sepamos sugerir más que imponer,
sin olvidar jamás que estamos allí para acompañarlo,
ayudarlo, sostenerlo, y no para ahogarlo y someterlo.
Respetemos a nuestro hijo, pues en materia de
educación, respetar también es amar.

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