UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 9 de junio de 2013

                                                    GABRIEL DELANNE     
LA FUERZA DEL PENSAMIENTO
por
MICHÈLE BOURGEOIS


LE JOURNAL SPIRITE N° 89 JUILLET 2012


Los científicos han escrito “guardémonos de confundir
el órgano con la función”. También se puede leer “no
es posible afirmar que el pensamiento esté siempre en
armonía con la integridad del cerebro, pues no es producido
por el cerebro”.
Si bien la filosofía o la ciencia tratan de aportar ciertas
definiciones, los espíritus nos enseñan que el pensamiento
es una energía, una fuerza por la cual el espíritu
puede actuar sobre la materia que nos rodea. De
allí ciertas facultades para el espíritu, de allí ciertas
acciones, conscientes o inconscientes, sobre el cuerpo
físico, sobre la materia, y hasta sobre nuestro entorno
y más allá.
¿Qué definición
podemos dar al pensamiento?

Desde la más remota Antigüedad, las investigaciones
de los filósofos han tenido por objeto al hombre, su
naturaleza física e intelectual. Ellos se imaginaban
que el hombre estaba compuesto por dos elementos
distintos, el alma y el cuerpo y todas las deducciones de
la filosofía estaban basadas en esa dualidad. Sócrates
establecía la existencia del alma y Platón admitía “el
mundo de las ideas” distintas de los seres materiales
evocando igualmente la noción de las peregrinaciones
de las almas…
Según la definición del diccionario, el pensamiento
es un conjunto de procesos mediante los cuales el ser
humano en contacto con la realidad material y social
elabora conceptos, los relaciona entre sí y adquiere
nuevos conocimientos.
El pensamiento es presentado como una expresión
íntima del individuo con implicaciones de orden
moral, en una comunicación humana que presenta
todos los aspectos de los sentimientos, el amor y el
odio pasando por la indiferencia.
Sin embargo, se enfrentan dos concepciones una
materialista, la otra espiritualista y en los dos casos, se
opone el pensamiento a la materia. Cuando Descartes
dice “pienso luego existo”, separa la sustancia inteligente
(el pensamiento) de la sustancia corporal (la materia).
La concepción materialista
Todo es materia, cada molécula tiene propiedades,
en virtud de las cuales se ha formado el universo con
los seres que contiene. Esta materia se gobierna por
sí misma, por leyes físicas y mecánicas. Los materialistas
se interrogan entonces sobre ese pensamiento
que es invisible, sin peso, ni forma, ni color, y se
preguntan cómo puede el cerebro, que es una cosa
material, engendrar una acción inmaterial como es
el pensamiento. Ese pensamiento, atributo del alma,
que corresponde al conjunto de nuestras facultades
intelectuales, nuestra conciencia, nuestros gustos y
nuestra sensibilidad, no es sin embargo, más que un
funcionamiento del organismo, una secreción del
cerebro. Así pues, desaparece con la muerte.
La concepción religiosa y mística
Los religiosos creen que el alma corresponde a una
sustancia que no puede ser disociada de la materia,
ni de la Creación de Dios. La concepción espiritualista
es decir que la naturaleza fundamental del hombre
es ante todo espiritual. La individualidad continúa
existiendo después de la muerte y para las religiones
reencarnacionistas, preexiste a la vida física.
La concepción espírita
Los espíritus definen el pensamiento como una energía
utilizada permanentemente, en forma consciente o
inconsciente, como medio de intercambio y comunicación
más allá del mundo físico. Esta energía es transmitida
por “el fluido” como el sonido lo es por el aire. En
el mundo de los espíritus, el pensamiento se exterioriza,
vibra y se transmite de manera instantánea hacia
su objetivo sin la desviación de un lenguaje, de una
forma de expresión que en este mundo nos permite
comunicar, y a menudo disfrazar, la verdad profunda
del ser. Pero en realidad, encarnados o desencarnados,
todos vivimos en un mundo vibratorio de intercambio
de pensamientos.
En su libro El Espiritismo
ante la Ciencia Gabriel
Delanne analiza si los
argumentos esgrimidos
por los materialistas
tienen todo el valor que
se les atribuye. Muestra
que el estudio de los
hechos aporta la certeza
de que existe un principio
pensante, independiente
de la materia, no
sometido a las transformaciones
de la vida y en
el cual reside el recuerdo:
“Se ve pues que, cualquiera que sea el procedimiento
de análisis que se emplee, es imposible suponer que el
pensamiento se deba a una emanación del cerebro,
tampoco a secreciones o vibraciones de la materia cerebral,
uno no puede admitir los sistemas materialistas sin
encontrarse en oposición formal con los hechos y con la
razón, y si comprobamos en el cerebro una serie de actos
que preceden, acompañan o siguen al pensamiento, es
absolutamente ilógico atribuirles su producción.
Una de las facultades del alma que más ha llamado la
atención de los filósofos es indiscutiblemente la memoria.
Facultad misteriosa que examina y conserva los accidentes,
las formas y modificaciones del pensamiento, del
espacio y del tiempo; en ausencia de los sentidos y lejos
de la impresión de los agentes externos, representa la
sucesión de ideas, imágenes y eventos, ya idos, ya caídos
en la nada; los resucita espiritualmente, y tal como el
cerebro los sintió y la consciencia los percibió y los formó.
Para explicar su mecanismo, Aristóteles admite que las
impresiones externas se graban en el espíritu, más o
menos como uno reproduce una letra poniendo un sello
sobre cera. Descartes cree también que esta facultad
procede de vestigios que dejan en nosotros las impresiones
de los sentidos, o de las modificaciones del pensamiento”.
La verdadera naturaleza del ser
La naturaleza fundamental del hombre es ante todo
espiritual, en la medida en que la individualidad
preexiste a la naturaleza física y sobrevive después de
la muerte, prosiguiendo su evolución hasta el estado
de perfección. Esta naturaleza es triple, a saber, porque
está constituida por el cuerpo físico, el espíritu y el
periespíritu. La definición del periespíritu es esencial
para comprender los fenómenos vinculados a la fuerza
del pensamiento. El periespíritu es el calco del cuerpo
físico. Es un doble energético, una envoltura semi
material, impalpable e invisible, pero que en ciertas
condiciones puede despedir una fuerte luminosidad,
que se produce en los casos de apariciones. Acompaña
al espíritu después de la muerte y permite la acción del
espíritu sobre la materia.
El periespíritu acompaña al espíritu en todas sus vidas
sucesivas. Percibe el conjunto de nuestras sensaciones,
las transmite al espíritu y posee capacidad de memorizar.
Unido al cuerpo carnal durante la existencia
terrestre, conserva sin embargo cierta independencia
que le permite exteriorizarse.
El psiquismo humano
Un mensaje de Alexis
Carrel nos da una
definición precisa del
psiquismo humano:
“A menudo se plantea
la pregunta y queda sin
respuesta en el discurso
oficial de la ciencia. ¿Qué
es entonces el psiquismo
humano, componente
fundamental que no
puede subdividirse ni
compartirse? El psiquismo
humano es una reacción a los pensamientos, a las
imágenes, a todos los sentidos que podéis conocer en
vuestra materialidad, más una reacción profundamente
espiritual. Los estados de consciencia del hombre han
sido definidos y son numerosos. Estos estados de consciencia
responden de un modo cierto a lo que denominaré
la imaginación. La imaginación es la fuerza esencial
en todos vuestros actos de pensamiento. Tenéis toda la
fuerza de la imaginación y tenéis todo el poder de pensar
imágenes, de construir situaciones que pueden permitiros
establecer reacciones carnales.
El psiquismo es pues ponerse directamente en relación
con nuestro estado de ánimo o con nuestro modo de
pensar. En efecto, en el ser humano, el pensamiento
sigue siendo el atributo esencial, un formidable medio de
libertad, de reflexión, de intercambios y de creaciones”.
El entorno vibratorio
Este mensaje de José
Arigó completa nuestro
conocimiento:
“Es tiempo de que el
hombre comprenda por
fin que vive en el interior
de un mundo vibratorio.
Vuestras carnes vibran
según el ritmo de vuestro
pensamiento. El fluido
es ante todo resultado
de vuestro pensamiento.
Pensáis el bien y obtenéis
un buen fluido. Pensáis el mal y obtenéis un mal fluido.
El fluido creado por vuestro pensamiento va a realizar
una salida extra corporal. Se va a separar, progresivamente
se liberará de vuestro cuerpo físico. Desde que el
pensamiento, desde que el fluido se extirpa del cuerpo
físico, entonces ya no se trata de hablar de fluidos sino de
vibraciones. El pensamiento exteriorizado se convierte en
una vibración. El carácter de esta vibración es la forma
ondulatoria. La forma ondulatoria, tal como un trazo
en forma de curva, que también se va a prolongar en el
espacio, a partir de lo que hayáis pensado, a partir de
vuestra reflexión espiritual. Cuando la vibración alcance
a aquel, o aquellos, o a los elementos hacia los que se ha
dirigido, entonces se convertirá en un efluvio”.
La encarnación
La primera acción del
pensamiento es la que
corresponde a nuestra
encarnación. Este
mensaje del Doctor
Liébault nos lo explica:
“Antes de regresar al
mundo, antes de reencarnar,
erais espíritus,
estabais en el más allá. El
proceso de la fecundación
pudo hacer de vosotros,
una vez más, espíritus
encarnados, es decir, espíritus que transportan su doble
etérico de naturaleza plástica al interior de todas las
condiciones de la materialidad.
Que lo hayáis pensado o no, el resultado de todo este
proceso es que habéis conformado más o menos conscientemente
vuestros cuerpos nuevos, vuestros cuerpos
presentes. Por haberlos conformado, sois sus autores…”
Es gracias al periespíritu que el espíritu que regresa va
a transmitir a la célula su voluntad de crear un cuerpo
físico.
Durante la encarnación, el entorno de la mamá
que porta al bebé y su estado de ánimo, tienen una
influencia cierta en el fenómeno, que es una etapa
difícil para el espíritu que reencarna. La mamá y el bebé
pueden establecer entre ellos vínculos telepáticos.
¿Es el cerebro la sede del pensamiento?
Hace varios años, el espíritu William Lang respondió a
esta pregunta:
“El mundo de la biología enseña que la materia cerebral
es el agente esencial
de la manifestación de la
conciencia y yo apruebo
completamente esa definición,
una definición sin
embargo limitada y relativa
a la historia de una
medicina de orden materialista.
Hubo un tiempo,
en el siglo XIX, en que los
médicos e investigadores
afirmaban que el cerebro
podía subdividirse en
varias zonas, esas zonas
correspondían a facultades inherentes a vuestro espíritu
y vuestro pensamiento. Es así como fueron localizadas
una tras otra, la zona de la memoria, la zona del
sentimiento, la zona de la moral, la zona del dolor y así
sucesivamente.
Nosotros no aceptamos este esquema y nos inquieta
ver en la ciencia contemporánea de los hombres, que
esta misma idea toma de nuevo forma, fuerza y vigor.
No es preciso localizar las manifestaciones del pensa-
miento en el interior de la materia cerebral. Sin embargo, la
materia cerebral es un agente bioquímico que interviene
en sumo grado en la manifestación de esta reflexión.
La materia cerebral es la prueba de la existencia del
espíritu, es la que responde a los impulsos de nuestra
voluntad consciente o subconsciente. Pero el espíritu no
es la materia, el pensamiento no es el cerebro y querer
limitar el espíritu a esta forma de materia contenida en la
cavidad craneana, es por supuesto un error fundamental.
El cerebro es el agente esencial de vuestra manifestación
inteligente y sentimental. Es preciso mantener la estrecha
relación entre el espíritu y la biología donde éste se
encarna. La diferencia entre el espírita, o el espiritualista,
y el materialista consiste justamente en querer manifestar
su conciencia fuera de toda forma física y de toda forma
material, pues, por supuesto, el materialista limita el espíritu
a los intercambios bioquímicos de vuestras naturalezas
cerebrales. El biólogo acepta la actividad eléctrica
de las neuronas, el biólogo acepta la actividad física de los
intercambios a nivel de vuestras células, pero no acepta la
presencia subjetiva, no acepta la presencia trascendente,
no acepta la presencia abstracta e invisible de vuestro
amor y de vuestra inteligencia.

sábado, 8 de junio de 2013

quinta-feira, 9 de maio de 2013

OPINIÃO - ANO XIX - Nº 207 - MAIO 2013

Reportagem do programa “Fantástico”, da Rede Globo de Televisão, conta a história do neurocirurgião americano que viveu a experiência da quase morte e diz ter estado em um lugar que lhe pareceu ser o paraíso.

 Cresce o interesse pelo tema
O fenômeno chamado “quase morte” desperta grande interesse no Brasil, especialmente depois que o assunto foi tema em um dos principais espaços de telejornalismo da Rede Globo de Televisão. A reportagem veiculada pelo programa “Fantástico” de 24 de março último - http://globotv.globo.com/rede-globo/fantastico/t/edicoes/v/apos-acordar-de-coma-neurocirurgiao-acredita-em-vida-apos-a-morte/2478070/ - destacou a história do neurocirurgião americano Alexander Eben que, após haver entrado em coma profundo, teve visões de uma espécie de paraíso, e retornou convencido de que existe vida após a morte.

Um estudioso do cérebro passa a admitir a alma
Muitas pessoas, em todas as partes do mundo, registram hoje terem vivenciado o fenômeno. O destaque dado ao caso do Dr. Alexander, no entanto, tem uma particularidade: ele é, há mais de 25 anos, um notável estudioso do cérebro humano, professor da Faculdade de Medicina de Harvard. Para o Prof. Alexander Eben, a morte sempre significou o fim de tudo. Entretanto, em novembro de 2008, teve de ser conduzido às pressas a um hospital, com fortes dores de cabeça resultantes de uma rara espécie de meningite. Levado à UTI, logo entrou em coma profundo. Seus familiares foram informados de que dificilmente sairia vivo dali. Por sete dias esteve em estado comatoso. Mas, nesse mesmo período, viveu o que definiu como “a experiência mais fantástica que um ser humano pode ter”. Embora seu cérebro não funcionasse, recorda de vivências plenamente conscientes. Primeiro em um ambiente escuro e lamacento. Em seguida, foi levado a “um vale extenso, muito verde, cheio de flores e repleto de borboletas”, como descreveu. Uma entidade, com aparência de linda mulher, aproximou-se dele dizendo que não temesse, porque ali seria amado para sempre.
O retorno de sua consciência ao corpo e as transformações que o fenômeno operou em sua vida são contados pelo Dr. Alexander em um livro que já tem tradução para o português com o título de “Uma Prova do Céu”.

 Um acordo na dimensão espiritual
A reportagem da TV Globo trouxe o relato de outras experiências do gênero ocorridas no Brasil. A jornalista Vera Tabach contou que sua mãe, em 1974, esteve três meses em coma, mas que voltou relatando uma história fantástica. Durante todo aquele período afirmava ter estado em um hospital onde era tratada muito bem, por pessoas vestidas de branco. Com elas teria feito um acordo de retornar para terminar de criar seus filhos. Disseram-lhe, então, que ela voltaria e viveria com sua família por mais 20 anos, o que efetivamente aconteceu. Exatamente 20 anos depois, em abril de 1994, a mãe de Vera faleceu, quando seus filhos já estavam todos criados. A jornalista concluiu o relato dizendo que sua mãe, antes do episódio, costumava afirmar: “Na vida, só não há jeito para a morte”. Mas, após, mudou o dito para: “Até para a morte tem jeito”.
 



Tema de todos os tempos

Nas últimas décadas têm avançado de forma espantosa os estudos sobre o cérebro humano, essa máquina admirável, composta por cerca de 86 bilhões de neurônios que se ligam por mais de 10.000 conexões sinápticas. Comparável a um pequeno computador, pesando em média 1,5 kg, o cérebro humano tem funções incríveis, jamais superadas por qualquer máquina das tantas que compõem o vasto mundo da moderna computação eletrônica.

Mas, na mesma medida em que avançam pesquisas e estudos sobre o cérebro humano, mais importância assume uma velha indagação de que se ocuparam filósofos de todos os tempos: Afinal, a consciência é um produto do cérebro, ou, ao contrário, foi a consciência que criou o cérebro? Nossa civilização é, em grande parte, produto de nossas crenças. Por séculos, a busca do conhecimento, entre nós, esteve subordinada à fé. Em dado momento, o ser humano resolveu romper com essa dependência. A ciência emancipou-se da religião. Um grande avanço em cujo bojo, no entanto, se operou um fenômeno prejudicial à busca de resposta a esta indagação. A partir da emancipação do conhecimento, tudo o que diz com a alma passou ao domínio da religião. A ciência, numa espécie de concordata promovida com os setores religiosos, cuidaria, a partir dali, das questões materiais. As espirituais, estas continuariam de competência das igrejas. Aprofundou-se, com isso, a dicotomia profano-sagrado. O espírito, desde então, não é coisa para ser investigada pela ciência. O paradigma por esta adotado é inteiramente materialista. A consciência seria um produto do cérebro, logo nada teria a ver com a alma ou espírito.

          Mas, a vida não pode ser dicotomizada entre o profano e o sagrado que, a rigor, não existem. Existe o natural. Matéria e espírito, extensão e pensamento, fazem parte da natureza a cujas leis tudo se deve conformar. A cada dia, mais cientistas admitem essa íntima conexão entre o material e o espiritual. A consciência seria um atributo do espírito, o que não implica precise este ficar subordinado ao domínio das religiões. Sem adesão a qualquer crença, alguns cientistas assumem posições de ruptura com o paradigma materialista no qual a ciência moderna precisou se inserir. O Dr. Alexander Eben, por exemplo, desde sua experiência pessoal, passou a questionar o paradigma que, até então, defendera.

Poder-se-á dizer que isso não prova a existência do espírito. Que os fisiologistas oferecem outras interpretações. Que, mesmo estando o cérebro funcionalmente morto, algumas áreas do complexo mecanismo cerebral podem ter permanecido ativas, gerando aquelas sensações. Mesmo assim, para quem passou por situações reais como as descritas pela maioria dos que vivenciaram o fenômeno da quase morte, não há explicação mais lógica do que esta: a consciência sobrevive, íntegra, independentemente do corpo físico. Trata-se. pois, no mínimo, de um tema palpitante que reclama ser discutido em todas as suas implicações. Sem reservas ou preconceitos nem da ciência nem da religião. (A Redação)

 
 
 
Por um Conceito Espírita de Deus

Às vezes quero crer, mas não consigo. É tudo uma total insensatez.  Vinicius de Moraes

A fé em Deus está em declínio. Pesquisa divulgada há cerca de um ano, encomendada pela agência de notícias Reuters, dá conta de que, no mundo todo, cresce o número de pessoas que confessam não crer em Deus. Elas já são 18% em todo o Planeta. A França lidera o ranking dos descrentes da divindade, somando 39% dos entrevistados. No Japão, 34% das pessoas ouvidas disseram às vezes acreditar, outras não, configurando um certo agnosticismo. Ou seja: quer-se crer, mas buscam-se fundamentos, razões capazes de sustentar a crença. Essas pessoas rejeitam a fé cega.

O Brasil, no entanto, segue majoritariamente crente. Na pesquisa, 84% das pessoas entrevistadas disseram crer em Deus. De maioria católica, mas com forte crescimento evangélico, o país sustenta uma cultura popular de fé no Deus bíblico, pessoal, criador de todas as coisas e protetor daqueles que lhe votam fé. Só dois países superam o nosso em número de crentes em Deus: Indonésia (93%) e Turquia (91%), ambos de cultura predominantemente muçulmana, monoteísta, e cujo Deus, também pessoal, guarda fortes características protecionistas. À sua vontade soberana e onipotente seus adoradores costumam confiar inteiramente suas vidas e destinos, convencidos de que a fé, os ritos a ela inerentes e a obediência a seus sagrados códigos, lhes garantirão sorte nesta vida e bem-aventurança no Além.

Como se vê, a concepção ainda vigente de Deus é eminentemente teísta. Nela, diferentemente da visão deísta, esconde-se um certo desprezo ao ser humano, à sua capacidade de realização por méritos e esforços próprios, ao seu potencial de crescimento, de natural evolução. Tudo está na direta dependência do voluntarismo divino. Em sua versão mais fundamentalista, o teísmo assume radical oposição aos movimentos humanistas, à laicização dos costumes, a que indivíduos e sociedades orientem suas vidas pelos ditames de sua consciência e pelo aprendizado de suas experiências.  Seus mentores defendem a ingerência da religião em todos os setores da vida humana e, se pudessem, transformariam o mundo numa grande teocracia. Supõem que, fora da religião e dos códigos mandamentais supostamente revelados por Deus a alguns profetas, não existe bondade, nem justiça, nem progresso, nem ética, nem salvação.

É natural que uma visão assim de divindade – e que é aquela acolhida pelas grandes religiões monoteístas do mundo – provoque o decréscimo da aceitação da existência de Deus. Mas aquele não é o conceito de Deus compatível com o espiritismo. Doutrina fundada primordialmente na existência do “espírito” como princípio inteligente do universo, pressupõe a existência de uma “inteligência suprema”, que também é a “causa primeira de todas as coisas” (Questão n.1 de O Livro dos Espíritos), mas destituída do caráter de pessoalidade atribuída ao Deus judaico/cristão/muçulmano. Mergulhados que estamos no relativismo, não temos condições de entender, é certo, em toda sua plenitude, esse Deus que se situaria no âmbito do Absoluto. Mas, pelos conhecimentos já amealhados, especialmente pelo grau de libertação conquistada com o revolucionário paradigma da evolução, já podemos rejeitar, sem culpas, aquele Deus das religiões. Com propriedade, escreveu Léon Denis: “A Ciência, à proporção que se adianta no conhecimento da Natureza, tem conseguido fazer recuar a ideia de Deus, mas esta se engrandece, recuando”. (“Depois da Morte”). Pensamos que a conceituação de “inteligência suprema e causa primeira” se compatibiliza com o estágio atual da ciência e do pensamento.

A filosofia espiritualista, evolucionista, progressista e humanista que configura nossa identidade espírita situa-nos como deístas, posição inspirada pela razão e não pela fé. É uma visão diferenciada daquela das religiões. Isso nos impõe o dever de zelar e agir no sentido de que a consciência popular e a cultura de nosso tempo não nos confundam com expressões retrógradas e culturalmente pobres em cuja desgastada órbita se demoram as grandes religiões ainda existentes em nosso tempo. Elas tendem a desaparecer, no mesmo ritmo em que está a decrescer a fé em Deus. Mas, isso, ao contrário do que se possa, apressadamente, concluir, não significa o triunfo do ateísmo. Parece mais sensato identificar aí a busca de um conceito mais qualificado de Deus. Ele já não cabe no espaço exíguo das religiões.

 

Justiça não é Vingança
Em tempos de discussão sobre a redução da maioridade penal, chamou atenção depoimento com o título acima, publicado na Folha de São Paulo (28/4). Sua autora: a jornalista Luiza Pastor, 56. Ela foi estuprada quando tinha 19 anos por um menor com alentada folha policial que já fora detido várias vezes por fatos semelhantes. Levada por terceiros à delegacia, reconheceu o garoto delinquente, identificado como PS, e conheceu sua história: filho de uma prostituta, era criado pela avó, evangélica,“que tentara salvar-lhe a alma à custa de muitas surras”.  A conversa que ouviu dos policiais foi de que não adiantava mantê-lo preso, coisa que, aliás, não fora pedida por ela. “Esse é dos tais que a gente prende e o juiz solta”, disseram, acrescentando: “O melhor mesmo é deixar ele escapar e mandar logo um tiro”. Não concordando com solução, Luiza foi chamada de covarde e ainda teve de ouvir: “Se está com pena dele, vai ver que gostou!”.

 Um destino implacável
Traumatizada com o fato, Luiza foi embora do país. Retornou depois de muitos anos. Agora, sempre que ouve falar em redução da maioridade penal recorda a história de PS, de quem nunca mais soube. Renova, então, a crença de que se o Estado não investir fortemente em educação dirigida a milhares de jovens em idênticas condições daquele, “teremos criminosos cada vez mais cruéis, formados e pós-graduados nas cadeias e ‘febens’ da vida”.
Se PS ainda vivesse, teria uns 50 anos, hoje. Mas, é quase certo que não vive mais. No Brasil, dificilmente alguém com seu perfil passa dos 30 anos. Morre antes, por doenças contraídas na cadeia, quando não abatido pela polícia ou em disputa com outros delinquentes.

A teoria e a prática
Teórica e tecnicamente, a redução da maioridade penal seria defensável. Um garoto de 15, 16 ou 17 anos, hoje, tem plena capacidade de entender o caráter criminoso de seus atos. Mas, na prática, de nada vai adiantar encarcerá-lo e submetê-lo às péssimas condições de nossos presídios, onde inevitavelmente se fará refém de bandos de experientes criminosos que comandam o ambiente prisional e coordenam, além de seus muros, a violência da qual todo o país se tornou igualmente refém. Sem qualquer possibilidade de aquisição de valores positivos que só o trabalho e a educação, desenvolvidos em ambiente minimante humanizado, poderiam lhe oferecer, esses garotos, que nem lar tiveram, simplesmente não têm chance de recuperação. A sociedade e o sistema os fizeram irrecuperáveis. E pena que não recupera é inócua. É vingança que nega a justiça.

Criminalidade e reencarnação
Numa concepção imediatista e materialista, a solução de “mandar logo um tiro”, sugerida pelo policial, poderia se justificar. À luz de um humanismo espiritualista, entretanto, estamos todos comprometidos uns com os outros. Criminalidade é doença da alma. E é contagiosa. O egoísmo de alguns, a injustiça social, o orgulho e a arrogância de tantos, a falta de solidariedade, são agentes desencadeadores do crime cujos efeitos atingem “culpados” e “inocentes”. Numa perspectiva imortalista e reencarnacionista, a ausência de políticas pedagógicas e de justiça social, no presente, assim como o exercício da vingança privada ou social, no lugar de uma justiça recuperadora, constituem-se em políticas a repercutirem negativamente nas sociedades do futuro. Adiar significa agravar. E já adiamos demasiadamente.

 
Allan Kardec:
Pseudônimo ou Heterônimo?

Eugenio Lara, arquiteto e designer gráfico, membro-fundador do Centro de Pesquisa e Documentação Espírita (CPDoc), fundador e editor do site PENSE - Pensamento Social Espírita [www.viasantos.com/pense]. E-mail: eugenlara@hotmail.com

 Pseudônimo (pseudónymos) é uma palavra constituída pelos componentes gregos pséudos (falso) e ônoma (nome), cuja acepção tem o sentido de ocultação da real personalidade do autor. Trata-se de um recurso normalmente usado por literatos, artistas e pessoas públicas.

O uso de pseudônimo está associado à reputação e à posteridade, à preservação da identidade do autor. O compositor brasileiro Chico Buarque, por exemplo, para driblar a censura nos anos negros da ditadura militar, usou o pseudônimo Julinho Adelaide. E o escritor francês George Sand, assim como o “outro” George, a inglesa Eliot, eram mulheres, apesar do pseudônimo masculino. Muito provavelmente não teriam tanto sucesso literário se assinassem com seu nome civil. No século 19, a literatura era de domínio quase exclusivo dos homens.

O grande escritor carioca Machado de Assis, quando escrevia crônicas de teor político mais arrojado para sua época, se escondia por trás de pseudônimos. Muitos textos que redigiu contra a abolição somente foram descobertos, como sendo de sua autoria, cerca de 40 anos após a publicação. Até então, ninguém sabia que o autor de Dom Casmurro era quem escrevia aqueles textos de sabor panfletário, assinados como “Boa Noite”.

O pseudônimo se constitui, amiúde, numa identidade secreta. Isto não significa que seja semelhante a anônimo, onde não há a identificação de uma personalidade, de alguma pessoa ou autor, como é também o caso do ghost-writer (escritor fantasma), aquele que escreve biografias, artigos e ensaios sem que seu nome apareça como autor, sem que receba os créditos. Políticos que não sabem escrever normalmente se servem de ghost-writers, para proferir seus discursos políticos e publicar artigos em jornais diários.

Pode também ser o pseudônimo um nome artístico, seja porque o nome civil, o ortônimo, soa desagradável ao ser pronunciado ou porque o nome alternativo mostra-se mais compatível com a atividade desempenhada ou com algum esquema numerológico, simbólico, como é o caso do cantor Jorge Ben Jor (Jorge Duílio Lima Meneses). José de Lima Sobrinho & Durval de Lima dificilmente fariam sucesso como dupla sertaneja se não adotassem o nome artístico Chitãozinho & Xororó. Do mesmo modo, o cantor e compositor britânico Elton John (Reginald Kenneth Dwight), o cantor brasileiro de rap Mano Brown (Pedro Paulo Soares Pereira) e o ex-beatle Ringo Starr (Richard Starkey), dentre outros.

Normalmente o pseudônimo é uma criação, uma invenção do autor, apenas um nome diferente de seu nome civil, não existente na vida real. Já o heterônimo designa outra personalidade distinta e independente, com uma biografia inventada. É um personagem fictício, como eram os heterônimos de Fernando Pessoa. Em sua obra literária, o grande poeta português lançou mão de dezenas de heterônimos para expressar a multiplicidade de sua produção poética, cada qual com biografia própria, por ele inventada. O termo heterônimo surge e se consagra com Fernando Pessoa.

No meio espírita, o uso de pseudônimo é bastante comum: Irmão Saulo (Herculano Pires), Max (Bezerra de Menezes), Vinícius (Pedro Camargo), Karl W. Golstein (Hernani Guimarães Andrade), Horácio (Jaci Regis), Fortúnio (Joaquim Carlos Travassos), Mínimus (Antônio Wantuil de Freitas) etc.

No caso de Denizard Rivail, é curioso observar que o nome Allan Kardec, ao contrário dos pseudônimos normais, não foi inventado, não surgiu de sua imaginação. Foi emprestado de uma de suas supostas existências, o que dota o nome, de certo modo, com as mesmas características de um heterônimo, ou seja, tem vida própria, possui uma biografia. O nome Allan Kardec, segundo a tradição aceita pelos espíritas, designa um druida, personalidade que teria vivido entre os celtas, ao tempo de Júlio César na conquista da Gália. É um nome real, de um personagem que supostamente teria existido, podendo se constituir, portanto, num heterônimo.

Todavia, o nome Allan Kardec é mesmo um pseudônimo, é assim que se caracteriza. Devido à sua origem, poderíamos classificá-lo como um semi-heterônimo, porque possui características verossímeis à personalidade de Denizard Rivail, considerando-se no caso, obviamente, que haveria um fio de continuidade existencial, palingenética entre o suposto druida Allan Kardec e o pedagogo Hippolyte Léon Denizard Rivail, reencarnado em Lyon, França, em 3 de outubro de 1804.

Pela abrangência de seu significado, talvez a expressão mais adequada às características do pseudônimo Allan Kardec seja o atual termo nickname (apelido, alcunha). Aplicada em chats, em salas de bate-papo na internet, essa palavra inglesa é usada para identificar os internautas entre si. Normalmente o nick é cheio de caracteres estranhos, que pululam e poluem a interface dos chats no Orkut, Facebook, no Messenger (MSN), nas chamadas redes sociais.

O pseudônimo pode surgir de um apelido, de um cognome, normalmente com sentido pejorativo, mas que também pode representar uma forma de exaltação. Seria um epíteto, alcunha ou codinome. Também conhecido como apodo ou antonomásia, termo este que caracterizaria, por exemplo, a expressão Druida de Lyon, concedida a Allan Kardec. Se tem sentido afetivo, normalmente no meio familiar, nas relações interpessoais, é denominado de hipocorístico. O apelido de Gabi, dado por Denizard Rivail a sua esposa, Amélie Boudet, é um autêntico hipocorístico.

 



Aniversário do CCEPA até doces de Pelotas teve

Uma singela comemoração marcou a passagem dos 77 anos do Centro Cultural Espírita de Porto Alegre, na noite de 19 de abril. Presenças muito caras como Dante López e esposa Mónica com Gustavo Molfino  (Argentina); Mauro de Mesquita Spínola, Jacira Jacinto da Silva e Alcione Moreno (São Paulo); José Dorneles Budó (Santa Maria); Margarida da Silva Nunes (Florianópolis); e Homero Ward da Rosa e Regina (de Pelotas, que, gentilmente trouxeram os famosos doces de sua cidade para a comemoração) deram especial toque de confraternização e de troca de ideias com dirigentes, colaboradores e amigos do CCEPA.

ABRADE resgata o papel de Kardec

Numa iniciativa de seu assessor administrativo, Marcelo Henrique Pereira, a Associação Brasileira de Divulgadores Espíritas – ABRADE -, no mês de Kardec, abril, inseriu em sua home-page uma série de artigos de pesquisadores e especialistas espíritas “sobre o verdadeiro papel de Allan Kardec na Codificação Espírita”, em homenagem aos 156 anos de O Livro dos Espíritos. Você pode conferir os artigos de Carlos de Brito Imbassahy, Carlos Antônio Fragoso Guimarães, Milton Medran Moreira, Marcelo Henrique Pereira, Paulo R. Santos, Mário Lange de S.Thiago, Astolfo Olegário Oliveira Filho e Marcus Vinicius de Azevedo Braga, acessando: http://www.abrade.com.br/site/index.php?pag=cat&show=35 .

 Conferências públicas de junho no CCEPA

O ex-presidente do CCEPA, Donarson Floriano Machado, será o palestrante convidado que, nos dias 3 de junho, 2ª feira às 20h30 e 19 de junho, 4ª feira às 15h, desenvolverá o tema: “A Questão Social no Espiritismo”.
TOMADO DE:  http://ccepa-opiniao.blogspot.com/

viernes, 7 de junio de 2013


EL DUELO Y LA CONSULTA CON
UN MÉDIUM
por
J A C Q U E S P E C C AT T E
E D I TO R I A L

LE JOURNAL SPIRITE N° 89 JUILLET 2012


Como espíritas estamos
sometidos regularmente
a preguntas
como estas: “¿Sus
médiums reciben en
consulta? ¿No conocen un buen médium en mi región?
He perdido a un ser querido y desearía comunicarme
con él, su ausencia me es insoportable… etc.”
Siendo el espiritismo por definición la comunicación con
el más allá, las personas abatidas por un fallecimiento
piensan naturalmente que los médiums espíritas tienen
por función comunicarse con sus seres queridos fallecidos.
El problema es que las demandas son demasiado
numerosas y que la acción espírita conlleva muchas
otras líneas de trabajo en experimentos, enseñanza y la
necesaria difusión, donde no es factible tener listas de
espera de espíritus con quienes cada uno quisiera comunicarse.
Y fue para responder a una fuerte demanda que nacieron
la clarividencia y la mediumnidad profesionales, una
demanda de contactos personalizados para un gran
número de consultantes, lo cual no pueden asumir los
grupos espíritas, por tener otras funciones más orientadas
a la estructuración de una idea y su difusión. Hay
pues un cierto desfase entre lo que se ofrece y lo que la
gente espera: los espíritas proponen una reflexión sobre
la muerte y los profesionales una satisfacción inmediata
de comunicación. El problema no es nuevo pues se ha
planteado desde el comienzo, cuando el propio Allan
Kardec invitaba a sus corresponsales a estudiar primero
la doctrina espírita para comprender la desencarnación,
la reencarnación, los principios de la comunicación, y
para valorar todo su alcance filosófico y moral.
Todavía hoy en día nos encontramos frente a demandas
inmediatas sin que
nuestros interlocutores
tengan una
justa idea de lo que
eso representa. Y
entonces, como se considera que los médiums entran
en contacto con los muertos, al neófito le parece legítimo
pedirles que se comuniquen con el ser querido
que acaba de perder. Y es así como casi a diario se nos
pide, porque parece completamente natural, que en
efecto sea ese el papel del médium: entrar en contacto
con todos los muertos de quien cada uno quisiera tener
noticias. Entonces son los profesionales no espíritas los
que se dedican a este ejercicio para satisfacer lo que se
convierte en una clientela de personas que necesitan ser
tranquilizadas. Y para hacerlo, los médiums improvisados,
cuyas facultades no siempre son comprobadas, se
lanzan a la aventura, con un conocimiento muy incierto
de las complejidades de la comunicación espírita. Así,
muy a menudo se abre la puerta a una mistificación,
consciente o inconsciente, cuando el médium se ve obligado
a percibir el más allá aun cuando no perciba nada.
Uno no se comunica con los espíritus por una simple
solicitud, como si se tratara de pasar una llamada telefónica
sin que la línea jamás esté ocupada. Es necesario
un buen médium y se necesita luego que el corresponsal
sea localizable, es decir que sea captado por el médium,
y que tenga la posibilidad de responder al llamado. Un
espíritu puede estar en una profunda turbación, puede
no estar disponible, a veces puede haber reencarnado,
etc. Y sin embargo, se considera que responde para
que el médium que se encuentra “en la línea” pueda
dar una información a su cliente. Y en ausencia de una
clara percepción del espíritu, es el propio médium quien
hace el trabajo. Sustituye al espíritu, dice lo que cree
adivinar, lanza algunas banalidades habituales, según
lo que imagina de la situación de un espíritu: “Me dice
que los quiere, que no los olvida, que ha encontrado a
los suyos…” Y desde hace mucho tiempo, este tipo de
seudo comunicación se perpetúa según un modelo
idéntico, donde los consultantes siempre han tenido la
buena sorpresa de enterarse de que sus parientes fallecidos
están en la luz, felices y liberados de su condición
carnal sin otra forma de turbación. Sin embargo, en estos
últimos años hemos comprobado que los comentarios
han cambiado algo en este campo profesional: cada
vez más, ciertos videntes tienden a decir que el espíritu
solicitado no está muy bien, que necesita oraciones, que
le hace falta elevarse… Se aprecia entonces muy claramente
que la influencia espírita ha pasado por allí, que
comienza a ser considerada la noción de turbación, y
que entonces el medio profesional ha hecho evolucionar
sus conceptos de la muerte bajo la influencia de lo
que se dice aquí y allá, porque nuestra idea espírita gana
terreno y, aun sin darse cuenta, los videntes y médiums
profesionales son influenciados por los conceptos que
hemos enseñado en el transcurso del tiempo. No es, sin
embargo, que sus percepciones sean más justas, simplemente
se han adaptado a conocimientos más exactos.
He aquí cómo la difusión espírita ha tenido su influencia
para una mejor comprensión de la muerte. Pero el problema
planteado permanece intacto, pues la práctica
profesional no puede responder a las exigencias de la
verdadera mediumnidad con relación a su desarrollo y
los límites de sus posibilidades.
Hacia un enfoque espírita
Por nuestra parte, debemos hacer comprender los
objetivos espíritas, que no consisten en emprender
comunicaciones a gran escala en una suerte de trabajo
en cadena sin fin, donde habría que comunicarse con
todos los espíritus posibles. Los médiums no son los
stakhanovistas (*) productivos de la comunicación, sino
intermediarios que pueden recibir razonablemente
cierto número de espíritus que, por sus consejos y sus
enseñanzas, hacen avanzar la comprensión del más allá.
(*) Del minero Alekseï Stakhanov, que estableció un record de
extracción de carbón en la Rusia stalinista. (N. del T.)
Hay que saber además que existen numerosos espíritus
en turbación después de la muerte, y que no es una
comunicación forzada con estos espíritus lo que necesariamente
les permitirá encontrar la libertad. Por el
pensamiento y por la oración, se puede ayudar a nuestros
seres queridos fallecidos a abreviar su turbación, y
la primera reflexión que se debe hacer ante un fallecimiento,
es pensar en la rápida liberación de los espíritus
que acaban de desencarnar. El hecho de comunicarse
prematuramente con un espíritu que no está liberado
de su turbación, no trae sino confusión por ambas partes,
a menos que se sepa establecer el diálogo necesario
para dirigir al espíritu turbado hacia su liberación. Lo
que no saben hacer, ni los videntes profesionales, ni los
aprendices de la mediumnidad, que intentan experiencias
arriesgadas con un vaso o una mesa.
Es pues indispensable conocer las realidades del más
allá y de la turbación para abordar la cuestión, y es inútil
esperar con impaciencia la manifestación de un ser querido
fallecido en particular, pues ellos son tan numerosos
que sería absolutamente imposible ser recibidos uno a
uno por los médiums que, en un trabajo ininterrumpido,
perderían su salud física y psíquica. Y fue por esa razón
que el espiritismo debió estructurarse, y ello desde los
comienzos con Allan Kardec, que preconizaba el conocimiento
y el aprendizaje dentro de un marco adecuado y
serio de estudio y reflexión.
Eso no significa, sin embargo, que el espiritismo se
vuelva esencialmente teórico descuidando la práctica,
no, muy por el contrario: por ejemplo, respecto a la
liberación de los espíritus turbados, un grupo espírita
puede tener sesiones particulares de liberación, como
las tenemos nosotros, que permiten liberar grupos de
espíritus sin que por otra parte, tengamos necesariamente
las identidades precisas de estos espíritus.
Hay luego la diversificación de las mediumnidades, que
permite a ciertos espíritus manifestarse por el arte o por
acciones terapéuticas a través de médiums más especializados
en sus potenciales mediúmnicos. Ya no se trata
entonces de tener noticias de todos los espíritus posibles,
sino de trabajar con ciertos espíritus para desarrollar
un campo u otro. Eso no excluye, sin embargo, que
de vez en cuando se tengan noticias de los espíritus de
nuestros parientes desaparecidos, sin que por eso cada
espírita esté esperando informaciones sobre toda su
familia y todos sus amigos fallecidos, lo cual representaría
una multiplicidad de intervenciones espirituales
impuestas a nuestros médiums. Y si en el propio medio
espírita, no todo es posible, tampoco puede serlo para
todos los no espíritas que nos lo solicitan. Y volvemos
así a los fundamentos que Allan Kardec definió en su
tiempo. Antes de querer comunicarse, es preciso estudiar
la filosofía espírita a través de sus diferentes principios,
a fin de conocer las diversas situaciones posibles
del espíritu después de la muerte, a fin de descubrir
todas las complejidades de la mediumnidad y su desarrollo
para, igualmente, tener una visión de conjunto
respecto al sentido de las vidas sucesivas en el proceso
del designio divino de una evolución intelectual y moral
a la vez. Abordar el espiritismo únicamente desde el
ángulo de la comunicación a toda costa, es exponerse
a no comprender nada de la situación de un espíritu.
Si el ser querido difunto se manifiesta en un estado de
turbación, es necesario comprender las razones, es preciso
luego admitirlas y hacer lo necesario por medio de
la oración para liberar al espíritu de su estado. Eso no es
comprendido ni valorado por un público acostumbrado
a los videntes de quienes espera siempre las mejores
noticias posibles como si el más allá fuera un paraíso
encontrado por todos los espíritus.
Es necesario, pues, en este campo, como en otros, pasar
por las fases de la instrucción y la educación, lo cual siempre
ha sido la propuesta de los grupos espíritas. Y si esta
instrucción no es aceptada por los interlocutores, que
creen saber lo suficiente a partir de conocimientos erróneos,
religiosos o esotéricos, no se puede ir más lejos. Los
elementos de definición del más allá que existen, han
sido dados por los propios espíritus, desde Allan Kardec
hasta hoy, y allí está la base fundamental del espiritismo
que no es una filosofía humana sino un conocimiento
dado por los espíritus y sobre el que el humano debe
reflexionar. Por otra parte eso requiere investigaciones
y estudios, pues la revelación espírita en sí misma no es
completa y hay que analizar sin cesar los puntos precisos,
ver cuáles son las aplicaciones científicas, filosóficas,
éticas o morales de tal o cual principio, a fin de dar
al espiritismo todo su lugar y su coherencia frente a los
grandes retos de la humanidad. Al decir esto, uno se aleja
sin duda alguna de los deseos de todos los que esperan
señales personalizadas de un ser querido desaparecido,
para soportar mejor su ausencia. Evidentemente esta
esperanza es legítima desde el punto de vista afectivo,
y cada uno de nosotros ha pasado por allí. Pero es preciso
decirse que el duelo es la suerte común de toda la
humanidad, y partiendo de eso, es muy egoísta esperar
exclusivamente para nosotros la manifestación del único
espíritu que nos interesa, el que se llora y se lamenta,
abstracción hecha de todos los demás humanos que por
su parte también lloran a sus fallecidos.
No es más útil, dentro de la multiplicidad de los sufrimientos,
detenerse no sólo en su propio sufrimiento,
sino emprender una reflexión común a partir de la idea
espírita, a fin de comprender la muerte de otra manera,
en un duelo que se vuelva positivo, y con la idea de que
el espíritu del fallecido también puede sufrir y que tenemos
el medio del pensamiento dirigido para abreviar su
turbación. Y esta es además una enseñanza esencial del
espiritismo: pensar más allá de nuestro propio duelo,
pensar en un espíritu que quizás también esté sufriendo.
Por muchísimo tiempo los profesionales de la videncia
han descuidado esta realidad, y si bien, con frecuencia
tienen un papel consolador para el ser humano, tienden
a desconocer que el espíritu del que dan buenas noticias
a menudo está en una turbación que no ha sido
percibida. Si la comunicación con el más allá debe tener
algún sentido, éste no es sólo para atenuar el sufrimiento
humano del duelo, sino que es también para socorrer
a los desencarnados que sufren igualmente de su lado.
Pocos médiums independientes o clarividentes profesionales
perciben esta realidad, y cuando la perciben
no saben muy bien cómo asumirla y resolverla. En todo
caso debemos insistir en este sufrimiento frecuente de
los desencarnados, que a menudo necesitan de nuestros
pensamientos de afecto y de amor para encontrar el
camino de su libertad en el encuentro con su guía. Todos
pueden pensar en este sentido con motivo de un fallecimiento,
lo que con frecuencia será más fructífero que
consultar a un médium para hipotéticas informaciones.

sábado, 1 de junio de 2013

León Denis en Wikipedia:

Léon Denis

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Léon Denis
Léon denis 1870.jpg
Foto de Léon Denis retocada, ca. 1870
Nacimiento 1846
Fallecimiento 1927, 81 años
Nacionalidad francés
Ocupación filósofo
Creencias religiosas espiritista
Léon Denis (1 de enero de 1846 - 12 de marzo de 1927) fue un notable filósofo espiritista francés,1 y junto a Gabriel Delanne y Camille Flammarion, uno de los principales exponentes del espiritismo después de la muerte de Allan Kardec. Dio en Europa conferencias internacionales de espiritismo y espiritualismo, promoviendo la idea de la supervivencia del alma después de la muerte y sus consecuencias para las relaciones humanas. Es conocido como el apóstol del espiritismo francés.

Índice

Biografía

Léon Denis nació en Foug, Meurthe-et-Moselle, Francia, el 1 de enero de 1846,2 de una familia humilde. Muy temprano en su vida, por necesidad, hizo trabajos manuales y tuvo que soportar duras responsabilidades por su familia. Desde sus primeros pasos en el mundo sintió que lo asistían amigos invisibles. En vez de participar en juegos apropiados a su edad, trató de instruírse a sí mismo lo más intensamente posible. Mediante su propio esfuerzo leyó trabajos serios para desarrollar su inteligencia. Se convirtió en un serio y competente autodidacta.
A la edad de 18 años, comenzó trabajando como representante de venta, y por ello viajaba con frecuencia. Esta situación continuó hasta el tiempo de su conversión. Adoraba la música y, siempre que tuviera la oportunidad, atendía óperas o conciertos. Tocaba arias conocidas para piano y también sus propias composiciones.
Era casi exclusivamente vegetariano, no fumaba y tampoco eran de su complacencia las bebidas fermentadas. Se dio cuenta que el agua era su bebida preferida.
Tenía costumbre de ver con interés los libros que se mostraban en las librerías. A los 18 años, encontró uno con un título inusual: El Libro De Los Espíritus, de Allan Kardec. Compró el libro y fue inmediatamente a su casa entregado con entusiasmo a su lectura.
Denis comentó luego de leerlo: “Encontré en este libro la solución clara, completa y lógica, al problema universal. Mi convicción se hizo fuerte. La teoría espiritista disipó mi indiferencia y mis dudas.”
Denis no era solo un sucesor de Allan Kardec, como se suponía, sino que además fue una figura importante en la consolidación del movimiento espiritista. Emprendió estudios sobre el espiritismo, investigó sobre la mediumnidad, y expandió el movimiento espiritista por Francia y el resto del mundo. Profundizó los aspectos morales de la doctrina y, sobre todo, reafirmó el movimiento en las primeras décadas del siglo XX.
Se suele considerar al rol de Kardec como aquel de sabio, siendo el rol de Denis como aquel de filósofo. Léon Denis fue llamado el Apóstol del Espiritismo, debido a su trabajo sostenido y a sus palabras, dichas y escritas, en favor de la nueva doctrina. Poseyendo gran sensibilidad moral, dedicó su existencia entera a la defensa de los postulados que Kardec había transmitido en los libros de la doctrina espiritista.
El mismo Denis resumió su misión como sigue: “He consagrado mi existencia al servicio de esta causa grande que es el espiritismo, o moderno espiritualismo, que ciertamente será la fe universal y la religión del futuro."

Véase también

Referencias

  1. Spence, Lewis.Encyclopedia of Occultism and Parapsychologyp. 229.
  2. Biography (Bezerra de Menezes Kardecian Spiritist Center)

Bibliografía

De Denis:
Muchos de sus trabajos están disponibles en español.
Biografía:

Enlaces externos

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