UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 31 de mayo de 2013



EL INTEGRISMO MATERIALISTA
por
S É B A S T I E N   DAMIN

LE JOURNAL SPIRITE N° 89 JUILLET 2012

El pasado 13 de noviembre,
Jacques Peccatte fue invitado
al programa Servicio
público transmitido por
France Inter en el cual los
oyentes pueden intervenir
en directo por mail. Es
asombroso ver con cuánta
virulencia fue recibido por
ciertas personas el tema
Regresan los espectros.
“Locos”, “chiflados”, “histeria”,
“charlatanes”, “manipuladores”…,
no faltaron los
adjetivos elogiosos así como los llamados a la censura.
Me parece que esos desvíos desacreditan a los autores
de esas palabras. Tuvimos la prueba de que en Francia
existe un cierto integrismo materialista y sin complejos
que decididamente nada tiene que envidiar al integrismo
religioso. Detrás de un aparato de radio o un
ordenador, se agita, se eructa, se insulta, se burla o se
esgrime el espantapájaros de la secta. ¡Atención, aquí
están los oscurantistas! No adherirse al materialismo es
“chocante”, “es un escándalo”, ¡una verdadera herejía!
Una vez más, pudimos comprobar la ausencia de
humildad de los materialistas radicales a quienes les
cuesta trabajo abordar la diferencia de otra manera que
no sea en términos de inferioridad, patología, perversión
o provocación. Los argumentos utilizados son
siempre los mismos: “no es racional, no es científico”.
Sin embargo, más de ciento cincuenta años después
de Allan Kardec, nosotros siempre buscamos en vano
lo que puede tener de científico la duda sistemática. La
observación es inútil, pues por supuesto, la alucinación,
la fragilidad psicológica o la falta de educación explican
todos los hechos aparentemente misteriosos, y sus
testigos, si no son religiosos, necesariamente forman
parte de una secta. La utilización de amalgamas fáciles,
Dios = religión = secta = ignorancia = oscurantismo…
demuestra claramente su ignorancia del asunto. No
obstante, eso no les parece incompatible con una
actitud rigurosamente científica. Justifica los insultos
fáciles y la utilización del tono paternalista: “Esas cosas
no son serias”, “Papá Noel existe”, devolviendo el tema
de los fenómenos perturbadores
al ámbito de la
niñez y la ingenuidad.
Aquí se tiene la curiosa
impresión de ver repetirse
la historia. En efecto,
estos materialistas siguen
exactamente las mismas
inspiraciones que los
colonizadores de los
primeros tiempos: educar
a los salvajes y los ignorantes
e imponer su
verdad. Entonces, por razones de comodidad, la palabra
superioridad ha sido sustituida por objetividad y racionalidad.
Esta amalgama siempre está presente y eso
explica por qué en el campo de las ciencias, los materialistas
radicales no soportan a sus colegas relativistas
que matizan esos términos y por tanto el valor de la
autoridad que se atribuyen. Negar la existencia de los
espíritus no impide para nada su manifestación que es
totalmente natural. Ellos siempre se expresarán de una
u otra manera, y aun cuando casi todos los pueblos
“primitivos” han sido erradicados, los espíritas constatan
aún hoy, gracias a la duda metódica, ciertas anomalías
en el paradigma científico actual. Estas anomalías son
anunciadoras de revoluciones científicas y por tanto
culturales por venir.
El espiritismo tiende hacia un ideal universal pero
que no tiene nada de imperial. Aunque desagrade a
algunos, la universalidad no se impone; hay que construirla
por el intercambio, el compartir, con la suma
de las culturas y ciertamente el espiritismo tendrá un
papel muy importante que jugar en esa construcción.
Pero, por el momento, nuestra cultura, dotada de los
cegadores progresos de las “tecno-ciencias”, nos lleva
a creer que hemos alcanzado las cumbres del conocimiento.
El colonialismo ha gangrenado todos los
campos del pensamiento, no solamente la economía o
las relaciones humanas, y lo mismo la ciencia, evidentemente,
aún hará falta mucho tiempo, de reflexión y de
análisis para descubrir y desterrar esos malos defectos
de nuestra forma de pensar.

jueves, 23 de mayo de 2013


 

BOLETÍN INFORMATIVO DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL PARA EL PROGRESO DEL ESPIRITISMO — A.I.P.E.
AÑO VII Nº 17 ESPIRITISMO: CIENCIA - FILOSOFÍA - MORAL ENERO / ABRIL 2013


EL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO (parte 3)
(basado en el “Curso de Doctrina Espírita” - desarrollado por Espiritismo Verdadero, Rafaela – Argentina)
LOS PENSAMIENTOS
El pensamiento es una fuerza impulsiva, creadora, que alimenta los sentimientos,
y ambos se reflejan en las acciones.
“Quien domina sus pensamientos es dueño de su conducta. El pensamiento es creador y no obra alrededor nuestro influenciando a nuestros semejantes en bien o en mal. Obra sobre todo en nosotros.
Modelamos nuestra alma y su envoltura por nuestros pensamientos."

(León Denis)

Si analizamos cuál es la mayor parte de los pensamientos que sostenemos durante el día, con sinceridad, ecuanimidad, capacidad de comprensión, podremos medir con cierta exactitud nuestra evolución espiritual.
¿Cómo hacer para disciplinar el pensamiento? Preguntarnos:
¿Cuáles son mis pensamientos predominantes durante el día?
¿Puedo mantener el hilo de un análisis, o divago en mis propias conjeturas?
¿Alimento pensamientos de rencor, de juzgamiento, de crítica?
¿Planifico conscientemente actividades intelectuales, morales, espirituales o solidarias?
¿Los problemas materiales, me permiten filosofar?
¿Soy capaz de reconocer las virtudes del prójimo y tratar de aprender de ellas?
¿Qué pienso de cada miembro de mi familia?
El control del pensamiento necesita una dedicación diaria, puesto que en esta predisposición, se opera un proceso en la mente: la comprensión se ensancha, se adquiere mayor lucidez, pudiendo advertir nuestra tendencia errónea. Este reconocimiento del estado negativo robustece las fuerzas en el bien y toda la personalidad comienza a tener una actitud ejemplarizante, comenzando el proceso de sublimación de fuerzas que, en cierto momento, fueron necesarias para el espíritu, pero que en la actualidad son una barrera que le impide dar pasos evolutivos.
LOS SENTIMIENTOS
El sentimiento es una fuerza que trasciende más allá del pensamiento,
y se nutre de éste.
El sentimiento es un estado que podemos conscientemente desarrollar y pertenece a las potencias del espíritu.
En la medida en que nos abocamos a la detección de tendencias negativas en el nivel de los sentimientos, vamos profundizando de tal modo, que entramos en la reflexión sobre la calidad de los sentimientos. Aprendemos a detectar en qué medida demostramos o no, lo que sentimos, y qué somos capaces de sentir. De esta manera, podremos reconocer y valorar los sentimientos de bien que recibimos de los demás.
Al conocer nuestras limitaciones, nos comprendemos, y como consecuencia, comprendemos a otros seres que también tienen limitaciones, en lugar de juzgarlos desde la ignorancia de nuestra propia personalidad.
¿Cómo hacer para evaluar el sentimiento? Preguntarnos:
¿Son serenos mis sentimientos?
¿Por quién vibro con mayor profundidad?
¿Qué afecto gané, cómo lo logré, o cómo hacer para lograrlo?
¿Qué situaciones de vidas me emocionan?
¿Qué capacidades hay en mi capaz de hacer feliz a otros?
¿Soy un elemento estabilizante, de armonía, o de discordia?
¿Soy tolerante? ¿Soy agradecido? ¿Lo manifiesto? ¿De qué forma?
¿Soy capaz de perdonar?
¿Qué me produce si veo que otros obtienen lo que deseo y no puedo alcanzar?
¿Siento agradecimiento a Dios, o me enfrento ante ciertas situaciones?
Meditar ampliamente ante cada una de estas preguntas, permite ponernos en contacto con nuestra personalidad real, y convoca fuerzas de orden superior, que acuden solícitas para impulsar esa evolución consciente que asumimos.
LO MÁS TRASCENDENTE PARA EL ESPÍRITU ENCARNADO
ES GESTIONAR EL
DESARROLLO DE SUS SENTIMIENTOS
Porque el desarrollo de los sentimientos es lo único que debilita los personalismos y nos acerca a los demás.
A.I.P.E. ENE-ABR 2013
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Porque nos hace sentir al otro semejante. Semejante en derechos, oportunidades, opiniones, que no tienen por qué ser iguales a las nuestras, pero sí valiosas.
Porque cultivando los sentimientos en forma sencilla, generosa, sin especulaciones, debilitamos tendencias erróneas y acrecentamos conquistas evolutivas.
Porque debilitamos el orgullo amando, aprendiendo a comprender, a ponernos en el lugar del otro, a solicitar ayuda.
Porque debilitamos la rebeldía amando, encauzando universalmente nuestros reclamos.
Porque controlamos la violencia amando, sintiendo piedad por el prójimo y lo reconocemos nuestro igual.
Porque encauzamos la imposición amando, valorando las posturas de los otros, considerándolas como una alternativa más a ser tenida en cuenta.
Es el desarrollo del amor quien nos permitirá transitar etapas futuras hacia una libertad consciente.
Pero, dar ese paso, el renunciamiento a una parte de nuestra personalidad es lo que más nos cuesta. Lo experimentamos como si dejáramos de ser nosotros, como si perdiéramos fuerza, como si fuéramos menos que otros, sin embargo no es así.
Conocernos y tratar de cambiar, no es ser menos, es crecer. No es una claudicación de nuestro Yo, sino es ser Yo en una dimensión superior, de una forma más libre, más consciente, más comprometida. Es comprender que no perdemos nuestra personalidad, sino que la enriquecemos aprendiendo a conocernos, a escuchar, a compartir. Aprendiendo a aceptar los yerros, a abrazar, a perdonar. Aprendiendo a amar.
En esta tarea de descubrirnos encontraremos dificultades: Somos sujeto y objeto de la investigación y no siempre es fácil ser objetivos, pues las mismas tendencias erróneas que deseamos detectar, dificultan la objetividad del análisis.
Porque tanto las fuerzas negativas como positivas no se hallan “en estado puro", (rebeldía, imposición, orgullo, amor, generosidad, solidaridad), sino que se están grotesca o finamente entrelazadas entre sí, lo que hace dificultosa la tarea de detectarlas y analizarlas.
Con la disposición sincera al cambio, con la constancia en nuestras reflexiones, y con la valoración permanente de los estados básicos que hacen a la personalidad del ser, poco a poco, la transformación se opera.
“Si el interés por el desarrollo personal sigue creciendo a este nivel, y este interés se traduce en un cambio real en la conciencia, observaremos un proceso de retroalimentación positiva que conduce a una aceleración exponencial de la toma de conciencia interior. Cuanto más gente tome conciencia, y cuanto más sepamos qué es lo que promueve este despertar interior, más favorable se mostrará el entorno social..."
(La revolución de la conciencia – Laszlo, Russell y Groft)
Como vemos, el conocimiento de la personalidad implica todo un proceso que necesita maduración para su concreción. La evolución del espíritu es completamente individual, cada uno tiene un tiempo distinto de maduración, y cada uno responde a su Libre Albedrío y a su voluntad por acelerar este proceso, amparado y conducido siempre por las Leyes Divinas.
El conocimiento más profundo de la personalidad, no es sólo para promocionarnos individualmente, sino para que, junto a ese objetivo individual, procuremos también responder a un objetivo universal que consiste en contribuir cada uno, conscientemente, al equilibrio de las fuerzas de bien que impulsen a la humanidad hacia un nuevo estado de lucidez, comprensión y paz.
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PIENSA Y MEDITA
(por Carlos Ferrer Planas)
Escúchate, escucha a tu espíritu, inicia el viaje, sea largo o corto, es tu viaje.
Déjate llevar y llevar al nuevo día, recuerda que el amor es una energía, es vida.
A.I.P.E. ENE-ABR 2013
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Y si sientes curiosidad, busca y averigua, adquirirás mucha más sabiduría.
Recapacita, reflexiona, que sea cuidadosamente, siempre encontrarás algo especial, como puede ser algo tan necesario: la amistad.
Hazlo en profundidad, es tu vivencia.
Todo ello es cambio y renovación, pero así es la evolución.
No solo tienes que modificar el pensamiento, recuerda que tienes sentimientos,
no te aceleres, sé constante, lo conseguirás.
Te recuerdo que la paciencia es calma, da equilibrio, entendimiento y serenidad.
Gracias, te invito a practicar.
-=-=-
LA FELICIDAD EN EL NIVEL HUMANO (Nieves Granero Sánchez)
“Para el materialista, la realidad es la Tierra, su cuerpo es todo, pues fuera de él nada existe, puesto que hasta el pensamiento se extingue con la desorganización de la materia, como el fuego, cuando concluye el combustible. El materialista no puede traducir por medio del lenguaje y del arte, más que lo que ve y siente, y si no ve y siente más que la materia tangible, no puede transmitir otra cosa. Donde solo ve vacío, nada puede tomar.”
(Allan Kardec – Obras Póstumas)
¿Qué es lo que da felicidad al ser humano? ¿La búsqueda del éxito, del prestigio, del brillo social que otorgan los bienes materiales, e incluso la superioridad intelectual? Aún la sabiduría debe ocupar su justo lugar. Saber, por el deseo íntimo de superación y por el compromiso de enseñar, de dar de sí mismo, teniendo en cuenta que inteligencia no implica solamente dar cabida a nuevos conocimientos, sino que también contiene la capacidad de resolver cuestiones en el momento en que éstas se presentan. Implica flexibilidad para considerar los contextos desde el marco de referencia de cada uno y también desde el marco de referencia de los demás. Muchas veces encontramos estas características en las personas más simples, más sencillas.
Un análisis más espiritualista debería profundizar las raíces de la felicidad en caminos interiores de satisfacción, independientes de las premisas exteriores, roles y jerarquías sociales y económicas.
La felicidad trascendente a la que todos aspiramos, es aquella que se refleja en la tranquilidad de una conciencia responsable con sus deberes y compromisos espirituales, aquella que anhela la paz interior y reivindica la alegría de vivir como un canto de optimismo y fe en la vida. Por sí sola la existencia constituye una fuente de energías placenteras que conducen al espíritu a una mayor plenitud en el contacto consecutivo con su origen, con Dios, con la perfección de la Creación y con la certeza de que todas las situaciones de vida posibilitan el acercamiento del alma al conocimiento verdadero de su esencia, de su felicidad.
Es indudable que una visión tan profunda contradice los postulados modernos de felicidad, ya que plantea la necesidad de comprender los procesos de evolución desde una óptica interior y con una perspectiva a largo alcance.
Alcanzar a intuir estos niveles de evolución, puede constituirse en un objetivo espiritual de vida, contemplándonos y contemplando a los seres y circunstancias con un sentimiento de humildad e inspiración en Dios. Iremos descubriendo en la serenidad de nuestra conciencia, que somos motivo de felicidad para otros y entonces, habremos establecido contacto con la realidad superior de nuestros espíritus y empezaremos a disfrutar de la vida de una manera diferente y desconocida. Porque la felicidad ya no dependerá de condicionamientos externos sino de un proceso inverso, del que se nutre el espíritu convencido de su destino trascendente.