UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 23 de abril de 2013

                                                              JEAN EMILE CHARON

EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
por
KARINE CHATEIGNER

EL NACIMIENTO DEL UNIVERSO
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013

El Universo me inquieta y no puedo pensar que este reloj
exista y no haya relojero (Voltaire)
Pero, ¿qué es el Universo y qué sabemos hoy de él?
Nuestro planeta, la Tierra, navega en el infinito océano
del Universo. Gracias a la tecnología actual, podemos
percibirla, minúscula y perdida en ese océano eterno,
vortiginosa en medio de las miríadas de estrellas y
galaxias.
La historia del Universo, y luego la de nuestros orígenes
es una larga epopeya de unos 13,7 mil millones de
años. Al principio, todo era sólo energía. Al inicio, no
había materia ni siquiera átomos. No había más que
una “sopa” de partículas elementales energéticas, es
decir de energía pura: electrones, fotones y quarks. La
temperatura rondaba algunos millones de millones
de grados. La densidad era enorme y reinaba allí
el mayor caos. Estamos en el tiempo cero y nada
existe, solamente la nada y de golpe, una formidable
energía sacude la nada. Esta gran explosión es llamada
comúnmente Big-bang.
Se acepta entonces pensar que el Universo comenzó
por un Big-bang hace alrededor de 13,7 millardos
de años, un Universo contenido en el interior de una
burbuja microscópica, caliente y densa. Luego, esa
burbuja estalló bruscamente y nació el Universo. Con
ese Big-bang, el tiempo, el espacio y la materia tomaron
lugar con vertiginosa rapidez. En una fracción de
segundo, toda la energía contenida en aquella burbuja,
en ese punto en particular, fue liberada a través del
espacio que se creaba al mismo tiempo que la materia.
Desde los primeros instantes, las consecuencias de esa
explosión energética se contaron en microsegundos,
luego en segundos y en minutos antes de conocer una
fase de reposo.
A la primera cien-milésima de segundo, se forman
protones y neutrones. Son los futuros constituyentes
de los núcleos de átomos y de la materia ordinaria.
Luego, en los minutos siguientes aparecen los primeros
núcleos de átomos. Poco a poco, se van a juntar
unos con otros para producir el hidrógeno pesado
(deuterio) y el helio. La temperatura es de mil millones
de grados. Simultáneamente han aparecido fuerzas
para organizar esta materia. Cuatro interacciones
elementales son responsables de todos los fenómenos
físicos observados en el Universo, cada una se
manifiesta por una fuerza llamada fuerza fundamental.
Se trata de la interacción nuclear fuerte, la interacción
electromagnética, la interacción nuclear débil y la
gravitación. Luego la creación retardará su ritmo.
EL NACIMIENTO DEL UNIVERSO
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
Y sin embargo, ya todo estaba en su lugar para que
mucho más tarde apareciera la vida, pues desde su
nacimiento, este embrión de Universo contiene ya
la energía necesaria para construir todo lo que nos
rodea. Reguladas con una infinita precisión, todas
las propiedades de la arquitectura del Universo
están determinadas por las constantes físicas, por los
números eternos cuyo valor exacto es medido en los
laboratorios pero que ninguna teoría puede explicar.
Son los números de oro del Universo.
Al alba de la creación, se conformó el decorado
cosmológico. Éste se extendería sin cesar para que más
tarde, mucho más tarde, ¿fue un día, una hora, una
noche? actores llamados hombres representaran allí el
papel de su vida.
Muchos de nosotros pensamos que una inteligencia tuvo
algo que ver con la creación del Universo (Charles Townes,
físico, premio Nobel).
¿Según qué programación en una fracción de segundo,
el Universo, semejante a un grano de arena, se volvió
más grande que una galaxia?
Y siguió creciendo a una velocidad increíble, creciendo
todavía hoy. Los átomos más ligeros se formaron
300.000 años más tarde: átomos de hidrógeno
(un protón y un electrón) y átomos de helio. Las nubes
frías de hidrógeno y de helio se formaron al cabo de
un millón de años. Por la acción de la gravitación, esas
nubes se condensaron dando nacimiento a las primeras
galaxias en las cuales nacieron las primeras protoestrellas.
Estamos ya 100 millones de años después del
Big-bang.
Las estrellas y los planetas tal y como los conocemos se
formaron al cabo de 5 mil millones de años. En cuanto
al planeta Tierra, existe desde hace 4,6 millardos de
años, o sea cerca de 10 mil millones de años después
del Big-bang.
De lo infinitamente pequeño surgió en algunos
minutos lo infinitamente grande. Ese Universo, nacido
de aquella formidable explosión llamada Big-bang,
está poblado de soles, lunas, estrellas y galaxias,
planetas, cometas, meteoritos y agujeros negros. La
Tierra, cuyo Sol representa la estrella más cercana
forma parte de nuestro sistema solar, compuesto de
otros siete planetas que levitan en el espacio. Hace aún
poco tiempo, nuestro sistema solar contaba con nueve
planetas, pero en 2006, Plutón, considerado por los
astrónomos como un planeta enano, perdió su status
de planeta.
He aquí brevemente relatado el Cómo. Pero todavía
hoy numerosos científicos se niegan a investigar y a
explicar el Porqué. Pues cada efecto es precedido por su
Causa. Por otra parte, allí no se encuentra el sentido del
comportamiento científico, un comportamiento que
en dos siglos ha dado un formidable salto adelante,
rompiendo con antiguas teorías, como la de Aristóteles
y abordado nuevas, fruto de la observación y de sabios
cálculos matemáticos.
Pero, ¿qué había antes del Big-bang? Nada, se responde,
pues en el momento no lo sabemos, y de la nada, de ese
momento cero, se produjo una explosión venida de no
se sabe dónde, dando nacimiento al Universo. Antes,
se convino en hablar del muro de Planck, lo que podría
significar que existe un muro para el conocimiento.
El tiempo cero no es completamente igual a cero,
lleva el nombre del físico alemán Max Planck, premio
Nobel en 1918, y corresponde a 10 elevado a la -44
segundos después del Big-bang. Antes de ese instante,
el conocimiento tropieza con un muro, llamado muro
de Planck: en efecto, la física cuántica impide conocer
la naturaleza de los fenómenos que precedieron a esta
fracción de segundo increíblemente pequeña.
Los científicos trabajan sobre este período. Se han
elaborado varias teorías, pero por el momento, aún
son incompletas y necesitan avanzar en los campos
matemático, físico y técnico.
El Big-bang cuestionado
El gran fresco universal ha sido descrito con asombrosa
precisión por astrónomos y físicos, pero sólo el
momento cero del Universo sigue siendo todavía
un enigma, y eso desde hace más de 70 años. Hasta
entonces se habían propuesto elaboradas teorías, que
llegan hasta las más increíbles. Ninguna ha podido ser
experimentada y en consecuencia demostrada.
Según la teoría del Big-bang y las ecuaciones de
la relatividad general de Einstein, los físicos han
conseguido que en el momento cero, el Universo no
tenía dimensiones, su temperatura y su densidad eran
infinitas, lo cual sigue siendo difícil de admitir pues esta
noción muestra el límite de su ciencia.
Además, la visión tradicional de la relatividad general
no parece compatible con la otra construcción física del
siglo XX, la mecánica cuántica, para la cual la certeza se
detiene en 10-43 segundos. Eso nos muestra la dificultad
para determinar y definir el momento cero.
Acerca de ese momento inicial y de ese nacimiento,
escuchemos a Hubert Reeves:
—¿Se puede hablar del momento cero donde todo
comenzó?
—No
—¿Y de antes del Big-bang?
—El Big-bang, es el horizonte, es el límite, más allá del
cual no hay nada.
No es que allí no había nada, es que no hay nada. No
existe ninguna observación, ningún dato que nos permita
decir lo que había antes de 13 millardos 700 millones
de años. A la orilla del mar, ustedes ven el agua hasta el
horizonte y no pensarían en decir que el agua se detiene
allí porque no ven más allá de ese horizonte. Hoy en
día, los cosmólogos se atreven a aventurarse más allá de
ese horizonte pues se trata de comprender lo que pudo
provocar el Big-bang.
Etienne Klein, físico y filósofo:
“Sabemos contar la historia que
nos separa del muro de Planck; esta
historia ha durado 13,7 millardos
de años, pero más allá de ese muro,
no se puede decir nada. Ante el
muro de Planck, lo único que se
puede hacer, es callar”.
Si para los matemáticos sigue siendo extraordinario
descubrir esos instantes primeros del Universo,
pregunten a cualquier perito en física cuántica, y todos
les dirán que no están seguros de que el Big-bang sea
el comienzo de nuestro Universo, pues la física clásica
que imagina ese comienzo es incompleta.
Hasta es posible incluso que un día el Big-bang sea
superado. Como lo dice Hubert Reeves, ese modelo
estándar del Big-bang representa una probabilidad
satisfactoria para el día de hoy, máxime cuando
numerosos físicos, aun conociendo las incoherencias
de este modelo, no tienen ninguna otra explicación del
Universo que proponer al público.
La arquitectura del Universo
“Es difícil resistirse a la impresión de que la estructura
actual del Universo, que parecía tan sensible a la menor
modificación de las cifras, ha sido cuidadosamente
elaborada. La conjugación, aparentemente milagrosa,
de los valores numéricos que la naturaleza ha asignado
a esas constantes fundamentales sigue siendo la
prueba más contundente de una forma de organización
cósmica”. (Paul Davies, profesor de física teórica)
Si el Universo no hubiera sido reglamentado por
esas constantes fundamentales, infinitas y eternas,
hubiera podido ser diferente sabiendo que la mínima
desviación en esa mecánica celeste hubiera quitado
a la humanidad toda posibilidad de existir. Ciertos
cosmólogos actuales siguen quedando fascinados
por los valores precisos que tomaron las diversas
constantes físicas en el momento del Big-bang.
Ya sea científico o filósofo, el hombre reflexiona, mide
e investiga. ¿Qué busca? La fuente, la causa. Todo
efecto tiene una causa y el Universo no puede ser
comprendido sin llegar a la fuente de la creación. El
Universo y la vida son el fruto de un deseo de carácter
divino y la materia en la fuente de la creación es
ante todo transformada por una energía cósmica de
naturaleza divina. Naturaleza divina corresponde a
Amor, Amor que sin embargo no se mide ni se calcula.
Para los pioneros de la física moderna tales como
Galileo, Kepler o Newton, la voluntad divina está en
la fuente de la creación y la ciencia, al revelar el orden
de las cosas, no tendría otro objetivo que vislumbrar el
espíritu de Dios. La ciencia no puede admitir esta simple
verdad si responde al ateísmo, pero puede considerarla
en la medida en que reconozca un entorno espaciotemporal
establecido en forma inteligente y amorosa.
Esa es una realidad que los físicos y astrofísicos
comprueban cada vez más.
Trinh Xuan Thuan, astrofísico norteamericano
“La cosmología moderna ha precisado la estrecha
conexión cósmica que tenemos con el resto del Universo.
Las estrellas son nuestros ancestros a causa de todas
las partículas que nos constituyen. Son partículas que
existen desde el comienzo del Universo y que sin duda
vienen de las estrellas; somos polvo de estrellas: ese es
uno de los grandes descubrimientos de la astronomía
contemporánea. Otro de estos descubrimientos,
igualmente muy importante, es que desde las primeras
fracciones de segundo del Big-bang, todo estaba regulado
de manera extremadamente precisa, no solamente para
que apareciera la vida, sino también para que naciera una
conciencia que permitiera conocer al Universo, apreciar
su hermosura y su armonía. Uno se da cuenta de que si
se modificaran en algo esas constantes (Big-bang), se
llegaría a Universos estériles. Reduzcamos por ejemplo la
fuerza de gravedad: el Universo está demasiado diluido,
las nubes de hidrógeno y de helio no se contraen. No hay
estrellas, por tanto no hay alquimia nuclear ni ascenso
a la complejidad de la vida, ni inteligencia ni conciencia.
Aumentemos entonces la fuerza de gravedad: el guión
es diferente pero el resultado es poco convincente. La
precisión de estos arreglos para que un día aparezca un ser
dotado de conciencia es comparable a la de un arquero
que quiera clavar su flecha en un blanco de un centímetro
cuadrado situado al otro extremo del Universo, a catorce
mil millones de años luz. Me parece difícil explicar el
arreglo extremadamente preciso del Universo, sin invocar
un «principio creador», que tiene todo regulado desde el
comienzo. Entre el azar y la necesidad, elijo la necesidad.
Todos los científicos están lejos de aceptar este principio
que implica, por supuesto, la noción de un principio
creador. De todas maneras, añade Trinh Xuan Thuan,
la única pregunta verdadera, es esta: ¿por qué hay algo
en lugar de nada? Y allí la ciencia no puede decirnos
absolutamente nada”.
Nuestra ciencia es de disciplina materialista, vinculada
exclusivamente a la experiencia, la observación y la
teoría. Afirma que los elementos de la naturaleza y sus
fenómenos se bastan a sí mismos, a sus formaciones, a
sus movimientos y a sus desarrollos, pero, ¿no pueden
la física o la astrofísica aliarse a la metafísica? En otras
palabras y en forma más general: ¿es anticientífico creer
en Dios? O aún más, ¿puede la ciencia llevar al hombre
por el camino de la conciencia divina? Se puede ser
científico y creyente? Dejemos la palabra a algunos
eruditos:
Andreï Sakharov, físico atómico
ruso: “No concibo el Universo y
la vida humana sin un comienzo
inteligente, sin un «calor» espiritual
en el origen, algo que no depende
de la materia y de sus leyes”.
Otra cita de Andreï Sakharov:
“Sostengo la hipótesis cosmológica
según la cual el desarrollo del Universo se repite un
número infinito de veces sobre las páginas «siguientes» o
«precedentes» del Libro del Universo”.
Alfred Kastler, premio Nobel de Física escribió en 1965:
“La idea de que el mundo, el Universo material, se
creó solo me parece absurda. No concibo el mundo
sino con un Creador, en consecuencia, un Dios.
Para un físico, un solo átomo
es tan complejo, tan lleno de
inteligencia, que el Universo
materialista no tiene sentido”.
Max Planck, fundador de la teoría
de los quanta en la física moderna,
premio Nobel 1918: “Entonces
nada nos impide, y nuestro instinto
científico lo reclama, identificar el
orden universal de la ciencia y el
Dios de la religión. Para el cristiano,
Dios se ubica al principio, para el
físico al final del pensamiento”.
Pierre-Paul Grassé: zoólogo
(1895-1985): “Si el Universo es
comprensible, es porque está
ordenado. Pero, ¿de dónde viene
ese orden del Universo como las
leyes físicas, las que dirigen el
movimiento de los astros, las de
gravedad, y todas las que descubren
los físicos y los químicos? ¿Cuál llamado orden no
supone una inteligencia ordenadora? Si he regresado a
la fe, es por la ciencia, por una trayectoria científica. Creo
que la ciencia impone el pensamiento de Dios”.
Alexander Polyakov, físico ruso: “Sabemos que la
naturaleza está descrita por el mejor de los matemáticos
porque la creó Dios”.
Arno Penzias, que, en compañía de Robert Wilson fue
el primero en detectar una radiación cósmica (premio
Nobel en 1965), hizo este comentario sobre la perfecta
concepción que constituye nuestro Universo: “La
astronomía nos conduce a un solo acontecimiento, un
Universo creado a partir de la nada, un Universo con un
equilibrio tan minucioso que suministra las condiciones
exactas para permitir la vida y que no puede sino seguir
un plan (que podría denominarse «sobrenatural»)”.
Jean-Emile Charon (1920-1998),
físico y filósofo francés, es autor de
varios libros, ensayos y artículos
científicos o de filosofía científica,
(El ser y el verbo; El espíritu, ese
desconocido; He vivido quince mil
millones de años; Muerte, he aquí
tu derrota; El Espíritu y la Ciencia; etc.). Sus últimas notas
fueron publicadas después de su muerte en forma de
testamento espiritual, con el título: ¿Y la Divinidad en
todo esto? Entre los físicos, fue de los que no dudaban
en hablar del espíritu y de la conciencia, diciendo que
estamos hechos de materia y de espíritu y que por
tanto, es necesario tener nociones tan científicas sobre
el problema del Espíritu, como las que se tienen sobre
la Materia.
Extracto de la obra ¿Y la Divinidad
en todo esto? Entrevista con
Erik Pigani publicada en febrero
de 1998, algunos meses antes de
su muerte:
- Para volver a la creación del
Universo, ¿entonces usted está
íntimamente convencido de que
no ha sido creado por azar?
- Para mí, es una certeza. Hace poco tiempo eso se verificó
de manera científica, y toda la prensa se hizo eco. Ello
porque los astrofísicos disponen hoy de instrumentos
fantásticos para verificar sus teorías, como los
ordenadores que pueden recrear las condiciones iniciales
del nacimiento del Universo. Entonces, ellos se entretienen
mucho construyendo “Universos de juguete”. Los cálculos
son complicados, sin duda, pero el proceso es simple: se
programan los parámetros físicos conocidos, y se activa
la máquina. Como le decía, se trata de la velocidad de
la luz, de la masa de las partículas, etc. Ahora bien, si se
introducen en el ordenador los parámetros correctos, se
obtiene nuestro Universo. Pero si se cambia aunque sea
un solo decimal de una sola constante física, se asiste a
una serie de catástrofes a cual más espantosa: el Universo
se desmorona sobre sí mismo, o es demasiado caliente, o
demasiado frío. ¡Por tanto la Vida no puede aparecer!
Big-bang, ¿quién eres?
Dios no es la eternidad, no es el infinito, pero es eterno e
infinito. No es ni el tiempo ni el espacio, pero ha existido
desde siempre y su presencia está en todas partes. (Isaac
Newton)
La teoría del Big-bang nació en los años ‘30 a partir de
las investigaciones de Alexander Friedmann (1888-
1925), de George Le Maître (1884-1966) y de Georges
Gamow (1904-1968), investigaciones surgidas de la
observación y de las teorías de la física. La existencia
del Big-bang hubiera podido ser predicha por Albert
Einstein (1879-1955), pero él no creía que el Universo
podía evolucionar. Esta es una teoría sobre la que está
de acuerdo una gran mayoría de científicos.
El término Big-bang fue inventado por el cosmólogo
y astrónomo inglés Fred Hoyle. Él era el principal
detractor de la teoría del Big-bang y para designarla,
inventó el término BigBang que le parecía sonoro. Eso
gustó al gran público de los años ’50 y desde entonces
se convirtió en el término que designa esta teoría.
Hubert Reeves, astrofísico, director de investigaciones
en el CNRS (*) compara el Big-bang con un guión, el del
pasado: “Ciertos guiones son más creíbles, tienen a su
favor más pruebas que otros. No es necesario considerar
la teoría del Big-bang como la verdad. En la ciencia no hay
verdad, hay una plausibilidad.
(*) Centro Nacional de Investigación Científica. (N. del T.)
Esta plausibilidad es compartida por numerosos físicos,
astrofísicos y científicos; sin embargo, quedan algunas
«nebulosas» que, sin duda, el tiempo llegará a disipar. Por
ejemplo, de la composición de este Universo nacido del
Big-bang se conoce solamente el 5% (átomos, moléculas,
electrones, etc.). Otra forma de materia llamada materia
negra (o materia sombría) está compuesta de partículas
macizas no detectadas hasta hoy, que entran en la
composición total en alrededor del 25%, así como otra
forma de energía cuya naturaleza es mal conocida,
pero que podría ser una constante cosmológica,
llamada genéricamente energía negra, y que entra en la
composición del contenido material del Universo en un
70 %. Entonces, el 95% representa alguna cosa que está
allí pero de cuya naturaleza no se tiene ni la menor idea”.
Nuestro Universo habría nacido
entonces hace 13,7 millardos de
años, pero, ¿qué dice al respecto
el físico Paul Langevin a título
póstumo?:
“No existe el comienzo del Universo,
los astrofísicos establecen una
génesis de lo que ellos llaman el
Big-bang, haciendo creer al público
que antes no existía nada. Eso es un absurdo que hay que
denunciar. En efecto, el Universo no tiene ni comienzo ni
fin, y eso de lo que hablan los hombres está limitado a su
propia observación.
El Padre es una unidad amorosa y eterna cuyo
pensamiento dirige al espacio el nacimiento de los
espíritus individualizados. Quien se atreva a afirmar que
el Universo tiene límites reniega de la noción de infinito y,
por consiguiente, no puede responder a las exigencias de
la verdadera ciencia.
Ser científico, es ante todo reconocer que el hombre no
sabe sino pocas cosas, no en un vasto Universo, sino en un
Universo sin fin. Ser científico, es admitir que aún es preciso
aprender sin escuelas, sin definiciones, sin prejuicios y sin
definiciones materialistas. Ser científico, es admitir que no
hay límites al milagro de la vida y, por consiguiente, no
anatematizar al que cree en el espíritu, al que está más
cerca de la verdad porque ha superado la materia. Ser
científico, en el sentido noble del término, tiende más a
un estado de espíritu que al nivel de los conocimientos. El
conocimiento es una herramienta, no es el saber total.
El amor aliado a la inteligencia es más fuerte que todas las
facultades de la tierra juntas”. (Paul Langevin - mensaje
1987)
Sin duda es antinómico para un físico exponer una
noción de infinito, en la medida en que no puede haber
física sin medidas, es decir sin referencias concretas.
Dentro de esta perspectiva, el estatuto de los Universos
infinitos no se puede defender pues toda teoría física
implica números como tal, forzosamente repartidos
en un intervalo finito. Por consiguiente, un Universo
infinito, situado fuera del dominio de las medidas, se
excluye ipso facto del marco de la física. Si bien la noción
de infinito tiene una utilidad en matemáticas, no tiene
ninguna en física. Por el contrario, la aparición del
infinito en una teoría física, determina que esta última
simplemente es falsa, o al menos incapaz de manejar la
situación en la cual se presente la aberración.
Y sin embargo, tal como lo dice el
físico Jean-Pierre Luminet:
“Con frecuencia los físicos han
tratado de eludir la cuestión
del infinito, a la que consideran
demasiado metafísica. Ahora bien,
eliminado el infinito, éste, como la
esfinge, no cesa de renacer de sus
cenizas. Ha sido necesario esperar el comienzo del siglo XX
para una rehabilitación parcial del infinito en la física. La
teoría cuántica, la cosmología relativista o los modelos de
agujeros negros han hecho surgir nuevos infinitos. Desde
entonces, finito e infinito se codean en el propio seno de
los modelos”.
La marcha de la ciencia, como la del progreso, debe
alcanzar su emancipación, pero, ¿hacia qué? Uno
acumula conocimientos a una velocidad loca, y el
número de científicos no cesa de incrementarse
en toda la historia de la humanidad. Pero, de ese
montón de informaciones sobre asuntos cada vez más
puntuales, ¿se llega a precisar una visión del mundo
y del Universo, a la vez científicamente coherente, y
que responde a las preguntas que cada uno se hace
desde que está en edad de hacer preguntas? ¿Qué es
el mundo y qué hago yo en él?
¿Antes del Big-bang, la amnesia del Universo?
De la nada no puede nacer ninguna cosa y si hace 13,7
millardos de años se produjo una explosión, ¿cuál fue
la fuente?
Desde hace más de medio siglo, el modelo estándar
del Big-bang se ha impuesto en el mundo científico
y entre el gran público informado. Pero una pregunta
queda sin respuesta: “¿Qué había antes del Big-bang?”
Dilucidar esta cuestión entraña ya otra: “¿Y qué pasaba
antes?” La respuesta es que no hay “anterior”, ya que
“antes” el tiempo no existía. Pero justamente después,
súbitamente el tiempo, el espacio y la materia se
decidieron a existir. No todos los físicos piensan que el
tiempo comenzó con el Big-bang.
Pero, ¿qué sucede con el momento cero? En efecto,
todo el período en el cual el Universo tenía menos de
10-43 segundos (diez millonésimas de mil millonésima,
de mil millonésima, de mil millonésima, de mil
millonésima parte de segundo) siempre escapa a los
cosmólogos.
Estamos frente a un verdadero problema conceptual
que da testimonio de nuestro fantasma de atribuir al
Mundo una fecha de nacimiento: el tiempo cero es
un instante dentro de un tiempo que aún no existe.
Un 10-44 de segundo probablemente no existe. El
momento cero sería entonces una suerte de infinito,
un horizonte inaccesible. El cero, igual que el infinito,
no tiene equivalente real. Son pues dos conceptos
abstractos que no entran en las leyes de la física donde
todo se mide.
Pero, ¿qué pasa con el azar, término tan a menudo
empleado por los científicos? ¿Es realmente científico
proponer el azar en la fuente del universo, en la fuente
de la vida? Por definición, el azar no es científico pues
el azar es la ausencia de leyes. Ahora bien, la ciencia es
ante todo la búsqueda de las leyes que rigen el Universo.
Por consiguiente, no se puede hacer investigaciones
científicas y colocarse a la vez detrás del azar.
Valiente testimonio de un sabio ateo:
“Dios no existe: estoy obligado a creer que existo por azar,
gracias a un proceso evolutivo que, milagrosamente,
partiendo de nada llega a una obra maestra, violando
constantemente las leyes fundamentales de la ciencia y
del simple sentido común. ¿Han comprobado ustedes que
las cosas se mejoran por sí mismas
cuando las dejan abandonadas?
¡Yo no!” (Jean Rostand - biólogo)
El Big-Bang: extracto del libro de
K. Chateigner De Dieu à l’Homme
et aux Univers (De Dios al hombre
y a los Universos

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