UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

lunes, 22 de abril de 2013

In Memoriam
Gualberto  Plaza
Jon AizpúruaPsicólogo y Escritor, Ex-Presidente de CEPA.
          La noticia de la desencarnación de Gualberto Plaza me afectó en lo más íntimo, no sólo porque fuimos amigos de décadas, sino porque admiré siempre su talento y su talante, su cultura y buen ánimo, y su incondicional disposición para estudiar y servir a la difusión del Espiritismo, en especial el que interpreta la doctrina enseñada por Kardec dentro de una concepción laica y librepensadora. Van transcurriendo los días de aquella triste noticia y sin embargo, con sobrada frecuencia me envuelve la nostalgia por el recuerdo de las numerosas ocasiones en que disfruté del calor y la hospitalidad de su hogar, al lado de Carmen, su eterna y fiel compañera.
          Mucho hablé con Gualberto en Miami, en Caracas y Maracay, en San Juan de Puerto Rico, en Porto Alegre y Sao Paulo, en Buenos Aires y en Rafaela, ciudades en las que participamos en Congresos y Conferencias espíritas convocados por la Confederación Espírita Panamericana. En cada ocasión conversamos mucho sobre Espiritismo, y siempre coincidíamos en la conveniencia de reafirmar las bases kardecianas de la doctrina espírita a la vez que debía tenderse a su inaplazable actualización, aunque también hablamos de otros asuntos relativos a nuestras vidas, ocupaciones y proyectos.
          De esas charlas brotó y se consolidó nuestra entrañable amistad. Conocí de primera mano su experiencia de joven cubano llevado tempranamente a la lucha social y política. Supe por sus propias palabras, que se había entusiasmado por el ideal de una patria libre, democrática, próspera y con oportunidades para todos sus ciudadanos, que ofrecía un líder desde la Sierra Maestra, y constaté, por las lágrimas que incontenibles brotaban de sus ojos, cuanta decepción había en su alma por la traición de ese líder a sus promesas y cuanto dolor por la entronización en la patria de Martí  de una tiranía de corte totalitario, sustentada sobre una asfixiante ideología materialista. Me enteré entonces de los meses que estuvo encarcelado por manifestar su desacuerdo con el inesperado giro que tomaban los acontecimientos y de su audacia para librarse de la prisión y desafiar al embravecido mar hasta llegar, literalmente desnudo, a las playas de la Florida. Igual que otros cientos de miles de sus compatriotas, Gualberto pagaba el duro precio del exilio por ser fiel a sus convicciones.
          Vendría entonces el difícil proceso de adaptación y recuperación física, moral y espiritual de su existencia en los Estados Unidos de América, país al que, agradecido, tendría por segunda patria, aunque nunca olvidaría su isla preciosa, los blancos muros de su infancia, la visión del mar cercano, presentido en la brisa de las tardes bajo los árboles de la plaza, y el amor de los seres íntimos que allí quedaron.
          En Miami reorganizaría el hogar junto a Carmen y luego nacerían sus hijos y más tarde los nietos, dando sentido y alegría a la vida que las circunstancias habían impuesto. Y en esta pujante capital latinoamericana de los Estados Unidos, sería el Espiritismo, luminosa concepción de Dios y de la realidad espiritual y material, la filosofía que llenaría sus expectativas intelectuales y afectivas, y seduciría su alma por la racionalidad de sus principios y la belleza de sus enseñanzas morales y sociales. Aquí ofrecería el concurso de sus mejores esfuerzos para la constitución de Ciencia Espiritista Kardeciana, sociedad espírita nítidamente kardeciana, digna heredera de aquel movimiento espírita cubano que brilló en el firmamento espiritista panamericano e internacional por la limpidez de sus ideas, su admirable organización y la calidad intelectual y moral de sus líderes. Ahora, inspirado en el trabajo pionero del inolvidable Luis Guerrero Ovalle y de invictos trabajadores espíritas de la primera hora, como Nidia de Sendra, Norma y Casiano Fernández, y de otros entusiastas idealistas cubanos y latinoamericanos incorporados paulatinamente, como la dinámica Sonia Rodríguez, el ánimo de Gualberto se recuperaba de las tristezas del pasado y se regocijaba al calor del estudio y la divulgación del Espiritismo, daba rienda al desenvolvimiento de su educada mediumnidad  y disfrutaba el encuentro con almas afines que participan del mismo empeño, en el ámbito de la vasta e intensa tarea que desde hace más de seis décadas se ha impuesto la Confederación Espírita Panamericana.                 
          Para Carmen, hijos y nietos, un afectuoso abrazo, y que la certeza de la inmortalidad espiritual sirva para aliviar el dolor de la pérdida material del hombre que en esta existencia les amó como esposo y padre, y desde su condición desencarnada les sigue amando y prodigando solícitos cuidados.
          Para mis queridos y recordados compañeros de Ciencia Espiritista Kardeciana, mi palabra de solidaridad ante la partida física del Presidente de la institución, y de aliento para que en su mismo recuerdo y como el mejor homenaje por él deseado, sigan adelante librando la grande y amorosa batalla por el mayor y mejor conocimiento del ideal espírita.
          Para ti, Gualberto, ahora en el plano espiritual, la renovación de los  sentimientos de amistad y cariño que nos unieron y nos mantendrán vinculados por siempre. Seguiré queriéndote, recordándote y admirándote porque fuiste conjunción de inteligencia y de bondad, y bondad inteligente es lo que necesita el mundo para ser mejor, y tu supiste enseñarla y practicarla inspirado en las luces que te proporcionó la doctrina espírita, de la cual fuiste digno y apasionado estudioso y seguidor.
Caracas, 8 de enero de 2012.
 EXTRAÍDO DE:http://americaespirita.blogspot.com/search?updated-max=2012-03-09T15:15:00-03:00&max-results=10&start=9&by-date=false

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