UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 28 de abril de 2013


                                                          DOCTOR GUSTAVE GELEY


LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
D O S S I E R
EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
por
CATHERINE COURTIOL & ISABELLE CHEVALIER


ESPÍRITU Y MATERIA

En los últimos decenios, el mundo científico ha
hecho considerables descubrimientos que permiten
identificar la materia, ya se trate de los elementos
o de los organismos vivientes. Desde las partículas
fundamentales, del átomo al quark, la física moderna
ha puesto en evidencia la existencia de lo infinitamente
pequeño. Sin embargo, respecto al origen de esta
materia desde un punto de vista filosófico, no estamos
muy alejados de los “granos indivisibles de materia”
evocados por los antiguos griegos.
¿De dónde proviene la materia? ¿Cómo se mueven sus
células? ¿No somos más que un aglomerado de células?
¿Hay una fuerza suprema que anima nuestros cuerpos
físicos y todos los elementos de la creación, como ya
parecen entrever ciertos investigadores y físicos? Este
asunto ha preocupado a numerosos pensadores y
filósofos, a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Más allá de las corrientes religiosas que han basado
sus creencias en dogmas y han admitido sin discusión
la existencia de un Dios organizador y rector de los
destinos humanos, dos grandes corrientes filosóficas
se han enfrentado respecto a la cuestión del espíritu y
la materia: los monistas y los dualistas.
Para los primeros, el mundo no está constituido
sino por una sola sustancia, llamada materia por
los materialistas o espíritu por los espiritualistas. En
cambio, para los dualistas los fenómenos mentales o
psíquicos poseen características que escapan al campo
de la ciencia física. Estas ideas aparecen en los escritos
de Platón y Aristóteles, que afirman que la inteligencia
del hombre y sus facultades mentales no pueden ser
asimiladas ni explicadas por su cuerpo material. Esta
corriente de pensamiento fue formalizada por René
Descartes quien sostuvo la idea de un espíritu de
naturaleza inmaterial, asimilado a la conciencia, lo cual
lo distingue claramente del cerebro que, según él, no
es sino el soporte de la inteligencia.

LAS TEORÍAS DE BERGSON
Henri Bergson, filósofo y gran pensador espiritualista
contemporáneo, se opone a todos los positivistas
y materialistas de fines del siglo XIX. En su obra
Materia y memoria, trata la cuestión de la memoria
poniendo de relieve las relaciones entre el cuerpo y
el espíritu. Este libro fue escrito como respuesta al del
filósofo y psicólogo Théodule Ribot Enfermedades de
la memoria que, habiendo estudiado la psicología
patológica, sostenía que estando el recuerdo alojado
en una parte del cerebro, no era entonces más que
materia.
Bergson tiene una concepción dualista del ser: distingue
realmente el alma y el cuerpo y se opone a esta
reducción del espíritu a la materia. El espíritu existe por
sí mismo, no es un producto de la actividad del cerebro
y la verdadera memoria es profundamente espiritual.
Lo que se puede explicar por el cerebro, es solamente la
memoria motora. Distingue así dos formas de memoria:
La memoria de costumbre: repasa el pasado y lo
repite de manera automática. No es reconocido como
pasado, pero utiliza la experiencia de la acción pasada
para la acción presente. Es una memoria útil, inscrita
en el cuerpo. Bergson toma el ejemplo de la lección
aprendida de memoria: cuando aprendo una lección
en verso, la recito de manera mecánica, sin pensar.
Esta lección tiene cierta duración cuando la recito. Esa
duración es regular. Esta memoria se puede comparar
a una habilidad, o como su nombre lo indica, a la
costumbre: “es la costumbre optimizada por la memoria
más que la memoria misma”.
La memoria pura o memoria recuerdo: registra el
pasado bajo la forma de “recuerdo-imagen”. Representa
el pasado. El pasado es reconocido como pasado.
Es de orden contemplativo y teórico, es gratuita. Es
profundamente espiritual. Para Bergson esta es la
verdadera memoria. Toma el ejemplo del recuerdo del
aprendizaje de la lección aprendida de memoria. Es un
hecho fechado que ya no puedo recrear. La memoria
pura, o memoria recuerdo, permite saber que la lección
ha sido aprendida en el pasado y que no es “innata”.
El cuerpo no es más que un instrumento de acción;
el cerebro tiene una función exclusivamente práctica,
se conforma con orientar la memoria hacia la acción
presente. Inserta los recuerdos en el presente con miras
a la acción. Las lesiones del cerebro no menoscaban
el recuerdo, ni la memoria. Perturban únicamente
la función práctica del cerebro, que entonces ya no
cumple más su tarea: los recuerdos están allí pero no
pueden ser utilizados. Así lo demuestra él: “Si realmente
los recuerdos fueran depositados en el cerebro, a los
olvidos notorios corresponderían lesiones caracterizadas
del cerebro. Ahora bien, en las amnesias donde, por
ejemplo, todo un período de nuestra existencia pasada
es brusca y radicalmente arrancada de la memoria, no se
observa ninguna lesión cerebral precisa; y, por el contrario,
en los desórdenes de la memoria donde la localización
cerebral es clara y cierta, es decir en las diversas afasias y
en las enfermedades de reconocimiento visual o auditivo,
no son tales o cuales recuerdos determinados los que
son como arrancados del lugar donde se ubicaban, es la
facultad de recordar la que es más o menos disminuida
en su vitalidad, como si al sujeto le costara más o menos
trabajo poner sus recuerdos en contacto con la situación
presente. Es, pues, el mecanismo de ese contacto lo que
habría que estudiar, para ver si el papel del cerebro no sería
más bien asegurar el funcionamiento, que retener en sus
células los propios recuerdos. Y es por eso que, en todos los
casos en que una lesión del cerebro afecta una cierta clase
de recuerdos, los recuerdos afectados no se parecen, por
ejemplo, en que son de la misma época o en que tienen
un parentesco lógico entre ellos, sino simplemente en que
son todos auditivos, o todos visuales, o todos motores.
Lo que parece lesionado, son pues las diversas regiones
sensoriales y motoras, o con mayor frecuencia aún, los
anexos que permiten activarlas desde el interior mismo de
la corteza, antes que los propios recuerdos. Se comprende
entonces por qué el recuerdo no podría resultar de un
estado cerebral. El estado cerebral conserva el recuerdo;
lo conecta con el presente por la materialidad que le
confiere, pero el recuerdo puro es una manifestación
espiritual. Con la memoria, estamos verdaderamente en
el campo del espíritu”.
Las teorías de Bergson sobre la evolución creadora
demuestran la existencia del impulso vital, principio
inmanente que es vida, inteligencia, materia; principio
que se inscribe en lo que él llama la permanencia, un
enriquecimiento que no se detiene jamás, que es una
perpetua aparición de novedades. Va así en contra de
los principios de la evolución por selección natural
de Darwin o de Lamarck que ven allí la influencia del
medio. Al abrir nuevos horizontes espirituales rechaza
las teorías materialistas o cientificistas. Para Bergson,
hay un centro y ese centro, es Dios. La creación así
concebida no es un misterio, el hombre evoluciona
libremente dentro de las realizaciones que se
encadenan recíprocamente sin plan preestablecido.
Bergson basa su método filosófico en la intuición y
no en el razonamiento científico. Para él, los grandes
problemas filosóficos de la vida, de la naturaleza del
ser y del Universo, de Dios y del destino, son extra
científicos y su solución depende de la intuición.

EL DINAMISMO SUPERIOR SEGÚN GELEY

El doctor Gustave Geley abordará la cuestión de la
creación y de la evolución, no ya desde un punto
de vista filosófico, sino desde un punto de vista
científico que trata de demostrar la existencia de un
dínamo-psiquismo superior a partir del inconsciente,
contrariamente a Bergson que no trata de la psicología
inconsciente o subconsciente.
En su obra Del inconsciente al consciente, refuta también
las teorías clásicas respecto a la evolución, la creación
de la vida y la constitución del individuo psíquico,
comprobando que “ninguna de estas teorías es capaz
de adaptarse a todos los hechos evolutivos, a todos los
hechos fisiológicos y a todos los hechos psicológicos”.
Respecto a la evolución de las especies, comprueba que
“Lamarckismo y darwinismo son igualmente incapaces de
dar una explicación general adaptable a todos los casos
de aparición de especies. Las grandes transformaciones
implican cambios radicales y, por así decirlo, inmediatos y
no una acumulación de modificaciones mínimas y lentas”.
Para él, el paso de la vida acuática a la vida terrestre
y luego a la vida aérea, no puede ser considerado en
absoluto como resultado de una adaptación. Para él,
un ser es algo completamente distinto a un “complejo”
de células.
Su proceso es original, al contrario de los procedimientos
vigentes. Él concentra su estudio en la fisiología llamada
“supranormal” (inexplicable por el funcionamiento
regular de los órganos humanos) considerando que, si
uno puede explicarse y comprender fenómenos como
la materialización y la desmaterialización, la explicación
de fenómenos más simples, que él denomina fisiología
normal (la creación de las especies animales o del
hombre) será forzosamente deducida de allí.
Estudió largamente las manifestaciones ectoplásmicas,
habiendo participado él mismo durante un año y
medio en sesiones con la médium Eva Carrière en su
propio laboratorio. Habiendo estudiado muy de cerca
los protocolos vigentes, diría: “No había posibilidad de
fraude”. Después de puesto el sujeto en condición por
un tiempo variable, sale una sustancia de los orificios
naturales, con frecuencia la boca; esta sustancia es
blanca la mayoría de las veces, pero puede ser gris
o negra; la sustancia es móvil, sube y baja y se pasea
sobre el médium lo más a menudo con movimientos
reptantes. Dentro de esta sustancia se modelan manos,
rostros, seres vivos cuyo corazón late y cuyo pulmón
respira; los órganos así materializados no son inertes
sino biológicamente vivos.
Para Gustave Geley, este nacimiento del ectoplasma
presenta analogías con el parto humano; hay gemidos,
estertores y dolores como los de la parturienta.
Durante todo el tiempo que dura la materialización,
la formación está en relación fisiológica y psicológica
con el médium. A veces hay un delgado cordón de
sustancia que conecta la forma al médium y que puede
compararse con el cordón umbilical que enlaza el feto
a la madre; toda impresión recibida por el ectoplasma
repercute en el médium y viceversa.
Estas materializaciones de seres vivos han sido objeto
de numerosas fotografías. Para Gustave Geley: “El ser
viviente aparece ante todo como un dínamo-psiquismo
y el complejo que constituye su cuerpo no aparece sino
como un producto ideoplástico de ese dínamo-psiquismo;
las formaciones materializadas en sesiones mediúmnicas
no son, ni más ni menos milagrosas, ni más ni menos
paranormales, o lo son igualmente si se quiere, este es
el mismo milagro ideoplástico que forma a expensas
del cuerpo material, las manos, el rostro o el organismo
entero de una materialización”.
Existe una sustancia única base substratum de la vida
organizada, animada por un dinamismo organizador  y superior. 
Ese mismo dinamismo superior obedece
a una idea directriz que se encuentra en todas las
creaciones biológicas, ya sean éstas normales o
resultado de una materialización.
Como la fisiología normal, la fisiología llamada
supranormal tiene sus productos bienvenidos y
sus productos abortados, sus “monstruosidades”. El
paralelismo es completo. En los dos casos se trata de
la ideoplastia, es decir, el modelado por la idea de la
materia viviente. La idea o pensamiento no es o pues
una dependencia, un producto de la materia, sino
por el contrario, es ella la que modela la materia y le
proporciona su forma y sus atributos.
Fenómenos de ideoplastia del mismo orden, aunque
más elementales que las materializaciones, se
encuentran en la telequinesia (desplazamientos de
objetos) o en las curaciones llamadas milagrosas
vinculadas a la sugestión o la autosugestión.
Así, las teorías que consisten en demostrar que el yo es
producto del funcionamiento de los centros nerviosos
del cerebro, no resisten la demostración. A veces, la
privación de porciones verdaderamente enormes del
cerebro en regiones que se consideran vitales, no son
seguidas de ningún desorden psíquico grave ni de
alguna restricción de la personalidad. Al contrario, no
emerge a la conciencia más que una parte ínfima del
ser: la influencia subconsciente es a veces soberana e
imperativa. Constituye la inspiración, lo cual demuestra
Gustave Geley en los fenómenos de criptopsiquia
(conjunto de los fenómenos inconscientes) y de
criptomnesia (memoria subconsciente de los
acontecimientos). Así, todo lo que ha impresionado
conscientemente nuestros sentidos, aun cuando no lo
sepamos, es registrado de manera fiel e indeleble. Todo
ocurre como si el estado psíquico que se denomina
recuerdo, registrado por las células cerebrales y
destinado a desaparecer con ellas, fuera registrado al
mismo tiempo en algo permanente.
Para él, el subconsciente sobresale por todas partes,
desborda completamente el marco de las capacidades
sensoriales. Está fuera del espacio y el tiempo. El
psiquismo subconsciente superior explica lo innato, las
capacidades no hereditarias, la inspiración, el talento o
el genio.
Camille Flammarion concluye también en la existencia
de un dinamismo superior. En su libro Las fuerzas
naturales desconocidas, escribe: “Estas manifestaciones
confirman lo que sabemos, que la explicación puramente
mecánica de la naturaleza es insuficiente y que hay en el
Universo otra cosa además de la supuesta materia; no es
la materia lo que rige el mundo, es un elemento dinámico
y psíquico”.

LA INFORMACIÓN ESPÍRITA
En el origen de toda cosa y de toda creación, ya sea
ésta mineral, vegetal, animal o humana, está Dios que
está de manera intrínseca en cada una de sus criaturas.
Fuerza amorosa todopoderosa y omnipresente que no
tiene ni principio ni fin, Dios está en el corazón de todos
los seres vivientes pues todo lo que vive es espíritu.
Es una fuerza que crea permanentemente, así hay un
comienzo de nuestras respectivas individualidades;
todo ser humano es el resultado del divino pensamiento
creador, el espíritu así creado tiene un comienzo pero
no tendrá fin.
El espíritu escapa a toda forma de materialidad; es una
vibración, resultado del soplo divino, que sin embargo
tiene una individualidad, una personalidad propia,
creada de manera imperfecta, simple e ignorante.
Para depurarse y evolucionar debe vivir numerosas
experiencias encarnadas, y para hacerlo el espíritu
creará su envoltura carnal, acompañada del elemento
de semi-materia, el periespíritu, indispensable para
penetrar esa misma materia. Así, la dinámica psíquica
del espíritu establece ya su presencia a nivel de la
célula. Cualquiera que sea la creación, mineral, vegetal,
animal o humana, la materia organizada presenta
en su proceso vital, en lo infinitamente pequeño, los
síntomas de la inteligencia y de la dirección creadora. El
núcleo de la célula contiene la historia de esa dirección
creadora; la materia vitalizada es pues el resultado del
soplo del espíritu dentro de un proceso espiritual que
no cesa de repetirse en todos los Universos. La materia
es el resultado de una acción pensada.
Así, el espíritu Allan Kardec dijo en 1977: “El espíritu es
una fuerza de la naturaleza. El limitado mundo de las
ciencias lo olvida. Una fuerza de la naturaleza por su
origen.
Los evolucionistas terrenales han negado, en su mayoría,
el fenómeno creativo. Sobre el origen de los seres y de las
cosas, no han dado sino vagas explicaciones y de todos
modos, explicaciones limitadas. En efecto, las formas
más complejas, las más evolucionadas, siguen siendo
para un Darwin, por ejemplo, el hecho de una simple
adaptación mecánica al medio ambiente. En cuanto a la
verdad, es completamente distinta, bastaba sin embargo
pensar en ese órgano esencial del cuerpo que es el ojo
humano. De naturaleza nerviosa, de naturaleza óptica,
doble elemento para la construcción de un solo órgano
complejo en cuanto a la naturaleza de estos elementos,
de una naturaleza embriológica diferente, allí ya no hay
adaptación al medio, hay creación inteligente del espíritu.
No hay allí el resultado de mecanismos fortuitos, allí hay
el pensamiento dirigido en la materia, el pensamiento
organizador y creador, el pensamiento fuente de todo
equilibrio, el pensamiento vida e impulso vital.
Amigos, con sus explicaciones erróneas demasiados
cientificistas han querido dar del espíritu una explicación
de carácter material, afirmando que el pensamiento no
era sino materia complicada. Más bien sería lo contrario lo
que habría que decir, aunque para nosotros la materia no
sea sino un estado inferior dentro del fenómeno creativo.
La creación es movimiento, así la materia organizada
no es sino el resultado de un movimiento creativo. A ese
movimiento creativo, yo lo llamo espíritu. No obstante,
en su impulso temporal se ha establecido el fenómeno
creativo. La extensión espacial, o materia, es pues un
estado determinado de la creación espiritual. Lo extenso o
más exactamente la extensión es sólo la tensión, es decir la
creación espiritual distendida. Amigos, es preciso concluir
de ello que la materia, es ante todo el espíritu apagado”.
El espíritu Paul Langevin precisa en un mensaje
recibido en 1985: “El papel de los protones, los electrones
y los quarks, es conducir la energía del fluido universal
a los componentes de la materia. La materia, en su
apariencia viviente y tangible, se subdivide según esos
mismos elementos, que sin embargo no conocerían el
movimiento, si no existiera el fluido vital y su fuente, el
espíritu. Por consiguiente, cada partícula de materia está
animada por el espíritu y si bien no se puede decir que el
espíritu exista al nivel de estas partículas, puede decirse,
sin embargo, que su proyección, que su emanencia,
existen a nivel de cada célula.
La materia inerte vive según este mismo principio. Sus
moléculas de base son atravesadas por la energía del
pensamiento, el físico no puede comprender totalmente
el comportamiento vibratorio de los neutrones, protones,
electrones y quarks si no admite en esos mismos elementos
una presencia energética de naturaleza espiritual”.
En 1982, el espíritu Marie Curie deplora la actitud del
mundo científico:
“Las palabras de antaño siguen siendo las mismas de hoy.
Estas palabras son las de una mujer que, en esta Tierra
jamás señaló a través de la ciencia, y por suerte para ella,
nada más que la pura verdad, habiendo sabido limitarse
a un descubrimiento cualquiera.
Para el momento presente, y para el físico de vuestro
mundo, la verdad esencial es el deber de descubrir el
espíritu a nivel de la materia, pues sin espíritu no puede
existir el estado de coordinación real de la materia, pues
sin espíritu no puede existir equilibrio. Por consiguiente no
puede existir armonía y el carácter tangible de la materia
llega a cuestionarse a sí mismo, pues para ambos, sin esta
noción fundamental, el físico de los quanta no puede
proclamar hoy la verdad fundamental de una estructura
inteligente de la materia.
Esta estructura inteligente de la materia lleva a esa
misma materia a producir formaciones elaboradas en sus
manifestaciones aparentes, tanto a nivel del microcosmos
como a nivel del macrocosmos. Esa manifestación
aparente en su singular armonía debe afrontar la propia
conciencia del espíritu del físico y debe saberle indicar el
camino de un cuestionamiento”. Dejemos la palabra
final al poeta Victor Hugo. Durante su exilio en la isla
de Jersey, asistió a numerosas sesiones espíritas y, en
1982, da testimonio así de la naturaleza de algunas de
esas manifestaciones: “El espíritu del viento, el espíritu
del mar, el espíritu de la montaña, han venido a mí.
Entonces he comprendido que nuestra naturaleza no
es más que el resultado de una obra pensada. El viento
viene a estrellarse sobre los acantilados, abrazando las
olas gigantes, viene a estrellarse sobre los acantilados
como los dedos de un escultor se imprimen en la greda y
ese viento, como los dedos del maestro de escultura sólo
pueden ser dirigidos por una conciencia. No hay pues un
solo estado de la materia que no haya sido pensado. No
hay pues una sola rama, un solo brote, una sola hierba,
una sola flor abierta que no tenga su autor”.
Victor Hugo

REPRODUCIDO DE: LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013

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