UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

lunes, 29 de abril de 2013

                                                SIR ALFRED RUSSEL WALLACE

LAS TEORÍAS DE LA EVOLUCIÓN
POR IGOR MANOUCHIAN
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 201


La evolución del hombre está inscrita y se ubica en un
tiempo relativamente reciente respecto a los cinco mil
millones de años que cubren la edad de la Tierra. En
efecto, los primeros humanos nacieron hace seis o siete
millones de años y el Homo Sapiens apareció hace apenas
195.000 años. Así pues, en este período corto y largo a la
vez, el hombre ha evolucionado y se ha adaptado a los
diversos entornos y cambios climáticos inherentes a la
progresiva metamorfosis del planeta. A medida que se
desarrolla, la ciencia ha hecho descubrimientos sobre el
origen del hombre por medio de los fósiles y los dibujos
y pinturas rupestres; luego, más cerca de nosotros, sobre
la célula viva y un poco más tarde sobre el ADN. Las
teorías sobre la evolución humana comienzan a partir
del momento en que la ciencia se aplica a determinar
los hechos por medio de la observación, el estudio y la
deducción. Pero antes de la exploración sobre la naturaleza
del hombre, fueron los animales los que ocuparon el
campo de la investigación.
Jean-Baptiste Lamarck
(1744-1829), naturalista
francés, se dedicó a
demostrar por la teoría
transformista los dos principios
siguientes:
1 - La creciente complejidad
de la organización de los
seres vivos por efecto de la
dinámica interna propia de
su metabolismo.
2 - la diversificación o
especialización de los seres
vivos en múltiples especies, por efecto de las variadas
circunstancias a las que son enfrontados en los diversos
medios y a los cuales son obligados a adaptarse, modificando
su comportamiento o sus órganos, para responder
a sus necesidades. (No siendo esa modificación producto
de su voluntad o de su deseo, sino siempre de esa dinámica
interna propia de la vida, concebida aquí como un proceso
donde los flujos de materia necesarios para la vida estructuran
la materia viva y, por consiguiente, los organismos).
Es así uno de los primeros naturalistas en comprender
la necesidad teórica de la evolución de los seres vivos,
explicando que los cuerpos se transforman a partir de
los cambios climáticos y geológicos y que entonces
un órgano puede modificarse para responder a una
necesidad. Para apuntalar su tesis, cita como ejemplo el
cuello de la jirafa que se ha alargado para alcanzar las
ramas altas de los árboles. Estos cambios se realizan en
períodos más o menos largos y no son controlados. Este
enfoque mecanicista y materialista de Lamarck no pudo
ser demostrado, sin embargo él fue uno de los primeros
en defender la idea de la evolución.
Más tarde, Charles Darwin
(1809-1882) desarrolló
una teoría diferente del
evolucionismo: “La Tierra
ha sido colonizada poco a
poco por las plantas, organismos
unicelulares que,
de mutación en mutación,
han evolucionado hacia
seres más complejos: los
animales (entre ellos el
hombre). La evolución
se produce por selección
natural, son los animales más adaptados a su medio los
que sobreviven. Son pues ellos los que tendrán más oportunidad
de reproducirse, y por tanto de transmitir sus genes.
Un animal que tenga una anomalía genética, por ejemplo,
más pelo que sus congéneres, tendrá más oportunidad
de sobrevivir en un entorno más frío. Podrá transmitir
entonces esta “anomalía positiva” a toda su descendencia.
Esta mutación se difundirá rápidamente entre todas las
nuevas generaciones de esta especie”.
Tenemos entonces, por un lado a Lamarck que habla de
adaptación al medio y a Darwin que profesa la selección
natural para comentar la evolución de la naturaleza
viviente. Otros científicos, y más particularmente los
genetistas, estudian una herencia de carácter evolutivo
por la transmisión de los genes. Gregor Johan Mendel
(1822-1884) será el primero en explicar la transmisión
de los caracteres innatos
(Teoría mendeliana
publicada en 1866), es el
comienzo de la genética.
Mendel cataloga tres principios
mayores:
- La evolución es gradual y
se produce por variaciones
continuas…
- La selección natural es el
motor principal de la evolución,
privilegiando a las
especies mejor adaptadas
a su entorno.
- El cambio evolutivo por mutación puede hacerse de dos
maneras: la anagénesis (una línea descendiente reemplaza
en la continuidad a una línea ancestral) y la cladogénesis
(una línea ancestral se divide en dos líneas descendientes).
Así, dos teorías parecen complementarse: la de la evolución
y la de la genética. Aparecen leyes, las de la herencia
y las de la transmisión de los caracteres relacionados
con el medio ambiental. No obstante, sigue siendo
cierto que si consideramos la lenta transformación de
los cuerpos, es preciso entrever al mismo tiempo otro
aspecto de la vida inteligente, el de la conciencia.
Otro investigador y naturalista, Alfred Russel Wallace
(1823-1913), postula
que la selección natural
no es en nada responsable
del desarrollo de la
conciencia en el hombre.
Para él, el hombre prehistórico
ya poseía una masa
cerebral y un potencial
físico casi idéntico al que
conocemos hoy en día.
Sin embargo, no le servía
sino para pocas cosas y
es entonces, por la experiencia
de la vida en el transcurso del tiempo, que él
explota cada vez más ese capital determinado por la
naturaleza. A Wallace se le reprochó la forma demasiado
esotérica de plantear la cuestión evolutiva del hombre
a través de la intervención de un poder externo dentro
de una visión finalista de la evolución global. Si Wallace
evoca una fuerza inteligente representativa de una
dinámica interior que impulsa al ser viviente a mejorar,
es porque, paralelamente a esas investigaciones científicas,
él cree en el mundo de los espíritus.
Charles Lyell (1797-1875) amigo de Wallace y de Darwin,
toma partido por el primero: “Acepto de buena gana la
sugestión de Wallace según la cual quizás hay una suprema
voluntad y poder que puede guiar las fuerzas y las leyes de
la naturaleza”. Wallace no se limita a la intervención de un
Dios sino que ve allí la de otras inteligencias: “El hombre
no parece demasiado
alejado de su ancestro
animal, si bien ve en la obra
humana el trabajo interno
de una naturaleza superior
que no se ha desarrollado
en medio de la lucha por
la existencia material, y
existiría un Universo invisible,
un mundo del espíritu
al cual el mundo de la
materia está enteramente
subordinado”. Gracias a sus
convicciones espíritas, Wallace le escribió a Darwin: “Mis
opiniones sobre el tema (el origen del hombre) solamente
han sido modificadas por la consideración de una serie
de fenómenos notables, físicos y mentales, que he estado
en capacidad de someter a un control completo y que
demuestran la existencia de fuerzas y de influencias aún no
reconocidas por la ciencia”. Relacionar así la espiritualidad
a la materia física como fuente de evolución, equivale a
reconocer que ante todo hay un origen divino en toda
naturaleza, ya sea ésta viviente o cercana a las manifestaciones
geológicas del planeta.
En el libro La Génesis, los milagros y las predicciones,
Allan Kardec expone la siguiente síntesis: “El hombre
fue incapaz de resolver el
problema de la creación
hasta el momento en que
le fue dada la clave por la
ciencia. Fue necesario que
la astronomía le abriera las
puertas del espacio infinito
y le permitiera incrustar
allí su mirada; que, por el
poder del cálculo, pudiera
determinar con rigurosa
precisión el movimiento,
la posición, el volumen, la
naturaleza y el papel de los cuerpos celestes; que la física le
revelara las leyes de la gravitación, del calor, de la luz y de
la electricidad; que la química le enseñara las transformaciones
de la materia, y la mineralogía los materiales que
forman la corteza del globo; que la geología le enseñara
a leer en las capas terrestres la formación gradual de este
mismo globo. La botánica, la zoología, la paleontología, la
antropología debían iniciarlo en la filiación y la sucesión de
los seres organizados; con la arqueología, ha podido seguir
los rastros de la humanidad a través de las edades; en una
palabra, todas las ciencias, complementándose unas con
otras, debían aportar su contingente indispensable para
el conocimiento de la historia del mundo; a falta de ella, el
hombre no tenía por guía más que sus primeras hipótesis”.
La filosofía espírita aporta nuevas luces sobre el aspecto
de la naturaleza humana que no se define únicamente
por su genética física hereditaria, sino igualmente y
en forma imbricada, por su trayectoria evolutiva en el
proceso de reencarnación. Entonces, para comprender
el origen del hombre, es preciso admitir la realidad
del espíritu. Este último predomina sobre el cuerpo
y se convierte en una conciencia en el interior de otro
cuerpo: el periespíritu. El periespíritu es semi-material,
registra todos los acontecimientos de la experiencia
encarnada. Es él quien impulsa el progreso de acuerdo
con la voluntad del espíritu y su libre albedrío. Con toda
certeza el hombre de hoy fue en otro tiempo uno de los
hombres prehistóricos, esos cuyos rastros fosilizados, o
más concretos de esqueletos exhumados, se descubren
en diversos lugares, y que, con la prueba del carbono
14, nos hablan de la historia y el origen del hombre. El
espiritismo no es una ciencia creacionista que vendría
a contar bellas historias o cuentos bíblicos, sino una
ciencia evolutiva que observa el progreso humano. El
estudio del principio espiritual es uno de los campos en
los que el espiritismo revela que en todos los tiempos el
espíritu sigue al cuerpo material, que le sobrevive más
allá de la muerte para llegar a un mundo paralelo en el
cual se regenera antes del regreso para una nueva existencia
encarnada. De vida en vida, el hombre progresa
y a la escala del mundo, se construyen sociedades que
crean las condiciones para tratar de vivir en colectividad
de manera justa y armoniosa. La evolución de los
cuerpos marcha a la por con la evolución de los espíritus.
Según Allan Kardec, “para el espíritu encarnado, la obligación
de asegurar el alimento del cuerpo, su seguridad,
su bienestar, la obligación de aplicar sus facultades a las
investigaciones, de ejercerlas y desarrollarlas. Entonces su
unión con la materia es útil para su avance; he allí por qué
la encarnación es una necesidad. Además, por el trabajo
inteligente que realiza para su provecho sobre la materia,
ayuda a la transformación y el progreso material del globo
que habita; es así como, progresando él, contribuye en la
obra del Creador de quien es agente inconsciente”. Desde
las primeras épocas de la humanidad, el hombre busca
su camino, su papel y su relación con la naturaleza que
lo rodea. De hecho, trata de encontrar sus orígenes en
el seno de un Universo
perpetuo que traspasa sus
sentidos.
Hoy, las teorías sobre
la evolución se refieren
siempre al evolucionismo
y con los paleontólogos
norteamericanos,
Stephen Jay Gould y
Niles Eldredge, adquieren
un valor de debates de
peritos. La idea de los
equilibrios puntuados es la siguiente: En 1972, Gould y
Eldredge, apoyándose en la teoría de Darwin, desarrollaron
la idea de que la
evolución de las especies
no se realizaba en forma
gradual y continua en el
transcurso de los tiempos.
Por el contrario, parece que
a evolución se hace a través
de períodos puntuales de
intensa actividad evolutiva,
separados por largos
períodos estancados. Hay
pues transiciones rápidas
entre especies, en forma de
“revoluciones genéticas”.
Esto explicaría por qué cuando se estudia una especie no
siempre se encuentran todos los estadios de la evolución:
faltan los individuos intermedios.
Según Gould, es simplemente que esos estadios han sido
tan rápidos (en la escala del tiempo) que no tenemos casi
ninguna oportunidad de encontrarlos.
En el transcurso del tiempo y de los descubrimientos,
la ciencia demuestra que la historia de la vida es como
un pozo insondable. Sin embargo, no puede ni podrá
a largo plazo seguir negando una realidad espiritual, la
que el espiritismo pone en perspectiva, no para rechazar
el progreso humano sino para darle un complemento
inmaterial como suplemento de alma. Quizás se trata
entonces de incluir allí una moral que ya no será más
exclusividad del mundo religioso, sino de otro mundo
invisible, el de los espíritus, como un más allá del
hombre, una extensión perfectible en camino hacia un
mismo punto omega, un mismo Dios reconocido tanto
por el origen como por el objetivo a ser alcanzado.

domingo, 28 de abril de 2013


                                                          DOCTOR GUSTAVE GELEY


LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
D O S S I E R
EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
por
CATHERINE COURTIOL & ISABELLE CHEVALIER


ESPÍRITU Y MATERIA

En los últimos decenios, el mundo científico ha
hecho considerables descubrimientos que permiten
identificar la materia, ya se trate de los elementos
o de los organismos vivientes. Desde las partículas
fundamentales, del átomo al quark, la física moderna
ha puesto en evidencia la existencia de lo infinitamente
pequeño. Sin embargo, respecto al origen de esta
materia desde un punto de vista filosófico, no estamos
muy alejados de los “granos indivisibles de materia”
evocados por los antiguos griegos.
¿De dónde proviene la materia? ¿Cómo se mueven sus
células? ¿No somos más que un aglomerado de células?
¿Hay una fuerza suprema que anima nuestros cuerpos
físicos y todos los elementos de la creación, como ya
parecen entrever ciertos investigadores y físicos? Este
asunto ha preocupado a numerosos pensadores y
filósofos, a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Más allá de las corrientes religiosas que han basado
sus creencias en dogmas y han admitido sin discusión
la existencia de un Dios organizador y rector de los
destinos humanos, dos grandes corrientes filosóficas
se han enfrentado respecto a la cuestión del espíritu y
la materia: los monistas y los dualistas.
Para los primeros, el mundo no está constituido
sino por una sola sustancia, llamada materia por
los materialistas o espíritu por los espiritualistas. En
cambio, para los dualistas los fenómenos mentales o
psíquicos poseen características que escapan al campo
de la ciencia física. Estas ideas aparecen en los escritos
de Platón y Aristóteles, que afirman que la inteligencia
del hombre y sus facultades mentales no pueden ser
asimiladas ni explicadas por su cuerpo material. Esta
corriente de pensamiento fue formalizada por René
Descartes quien sostuvo la idea de un espíritu de
naturaleza inmaterial, asimilado a la conciencia, lo cual
lo distingue claramente del cerebro que, según él, no
es sino el soporte de la inteligencia.

LAS TEORÍAS DE BERGSON
Henri Bergson, filósofo y gran pensador espiritualista
contemporáneo, se opone a todos los positivistas
y materialistas de fines del siglo XIX. En su obra
Materia y memoria, trata la cuestión de la memoria
poniendo de relieve las relaciones entre el cuerpo y
el espíritu. Este libro fue escrito como respuesta al del
filósofo y psicólogo Théodule Ribot Enfermedades de
la memoria que, habiendo estudiado la psicología
patológica, sostenía que estando el recuerdo alojado
en una parte del cerebro, no era entonces más que
materia.
Bergson tiene una concepción dualista del ser: distingue
realmente el alma y el cuerpo y se opone a esta
reducción del espíritu a la materia. El espíritu existe por
sí mismo, no es un producto de la actividad del cerebro
y la verdadera memoria es profundamente espiritual.
Lo que se puede explicar por el cerebro, es solamente la
memoria motora. Distingue así dos formas de memoria:
La memoria de costumbre: repasa el pasado y lo
repite de manera automática. No es reconocido como
pasado, pero utiliza la experiencia de la acción pasada
para la acción presente. Es una memoria útil, inscrita
en el cuerpo. Bergson toma el ejemplo de la lección
aprendida de memoria: cuando aprendo una lección
en verso, la recito de manera mecánica, sin pensar.
Esta lección tiene cierta duración cuando la recito. Esa
duración es regular. Esta memoria se puede comparar
a una habilidad, o como su nombre lo indica, a la
costumbre: “es la costumbre optimizada por la memoria
más que la memoria misma”.
La memoria pura o memoria recuerdo: registra el
pasado bajo la forma de “recuerdo-imagen”. Representa
el pasado. El pasado es reconocido como pasado.
Es de orden contemplativo y teórico, es gratuita. Es
profundamente espiritual. Para Bergson esta es la
verdadera memoria. Toma el ejemplo del recuerdo del
aprendizaje de la lección aprendida de memoria. Es un
hecho fechado que ya no puedo recrear. La memoria
pura, o memoria recuerdo, permite saber que la lección
ha sido aprendida en el pasado y que no es “innata”.
El cuerpo no es más que un instrumento de acción;
el cerebro tiene una función exclusivamente práctica,
se conforma con orientar la memoria hacia la acción
presente. Inserta los recuerdos en el presente con miras
a la acción. Las lesiones del cerebro no menoscaban
el recuerdo, ni la memoria. Perturban únicamente
la función práctica del cerebro, que entonces ya no
cumple más su tarea: los recuerdos están allí pero no
pueden ser utilizados. Así lo demuestra él: “Si realmente
los recuerdos fueran depositados en el cerebro, a los
olvidos notorios corresponderían lesiones caracterizadas
del cerebro. Ahora bien, en las amnesias donde, por
ejemplo, todo un período de nuestra existencia pasada
es brusca y radicalmente arrancada de la memoria, no se
observa ninguna lesión cerebral precisa; y, por el contrario,
en los desórdenes de la memoria donde la localización
cerebral es clara y cierta, es decir en las diversas afasias y
en las enfermedades de reconocimiento visual o auditivo,
no son tales o cuales recuerdos determinados los que
son como arrancados del lugar donde se ubicaban, es la
facultad de recordar la que es más o menos disminuida
en su vitalidad, como si al sujeto le costara más o menos
trabajo poner sus recuerdos en contacto con la situación
presente. Es, pues, el mecanismo de ese contacto lo que
habría que estudiar, para ver si el papel del cerebro no sería
más bien asegurar el funcionamiento, que retener en sus
células los propios recuerdos. Y es por eso que, en todos los
casos en que una lesión del cerebro afecta una cierta clase
de recuerdos, los recuerdos afectados no se parecen, por
ejemplo, en que son de la misma época o en que tienen
un parentesco lógico entre ellos, sino simplemente en que
son todos auditivos, o todos visuales, o todos motores.
Lo que parece lesionado, son pues las diversas regiones
sensoriales y motoras, o con mayor frecuencia aún, los
anexos que permiten activarlas desde el interior mismo de
la corteza, antes que los propios recuerdos. Se comprende
entonces por qué el recuerdo no podría resultar de un
estado cerebral. El estado cerebral conserva el recuerdo;
lo conecta con el presente por la materialidad que le
confiere, pero el recuerdo puro es una manifestación
espiritual. Con la memoria, estamos verdaderamente en
el campo del espíritu”.
Las teorías de Bergson sobre la evolución creadora
demuestran la existencia del impulso vital, principio
inmanente que es vida, inteligencia, materia; principio
que se inscribe en lo que él llama la permanencia, un
enriquecimiento que no se detiene jamás, que es una
perpetua aparición de novedades. Va así en contra de
los principios de la evolución por selección natural
de Darwin o de Lamarck que ven allí la influencia del
medio. Al abrir nuevos horizontes espirituales rechaza
las teorías materialistas o cientificistas. Para Bergson,
hay un centro y ese centro, es Dios. La creación así
concebida no es un misterio, el hombre evoluciona
libremente dentro de las realizaciones que se
encadenan recíprocamente sin plan preestablecido.
Bergson basa su método filosófico en la intuición y
no en el razonamiento científico. Para él, los grandes
problemas filosóficos de la vida, de la naturaleza del
ser y del Universo, de Dios y del destino, son extra
científicos y su solución depende de la intuición.

EL DINAMISMO SUPERIOR SEGÚN GELEY

El doctor Gustave Geley abordará la cuestión de la
creación y de la evolución, no ya desde un punto
de vista filosófico, sino desde un punto de vista
científico que trata de demostrar la existencia de un
dínamo-psiquismo superior a partir del inconsciente,
contrariamente a Bergson que no trata de la psicología
inconsciente o subconsciente.
En su obra Del inconsciente al consciente, refuta también
las teorías clásicas respecto a la evolución, la creación
de la vida y la constitución del individuo psíquico,
comprobando que “ninguna de estas teorías es capaz
de adaptarse a todos los hechos evolutivos, a todos los
hechos fisiológicos y a todos los hechos psicológicos”.
Respecto a la evolución de las especies, comprueba que
“Lamarckismo y darwinismo son igualmente incapaces de
dar una explicación general adaptable a todos los casos
de aparición de especies. Las grandes transformaciones
implican cambios radicales y, por así decirlo, inmediatos y
no una acumulación de modificaciones mínimas y lentas”.
Para él, el paso de la vida acuática a la vida terrestre
y luego a la vida aérea, no puede ser considerado en
absoluto como resultado de una adaptación. Para él,
un ser es algo completamente distinto a un “complejo”
de células.
Su proceso es original, al contrario de los procedimientos
vigentes. Él concentra su estudio en la fisiología llamada
“supranormal” (inexplicable por el funcionamiento
regular de los órganos humanos) considerando que, si
uno puede explicarse y comprender fenómenos como
la materialización y la desmaterialización, la explicación
de fenómenos más simples, que él denomina fisiología
normal (la creación de las especies animales o del
hombre) será forzosamente deducida de allí.
Estudió largamente las manifestaciones ectoplásmicas,
habiendo participado él mismo durante un año y
medio en sesiones con la médium Eva Carrière en su
propio laboratorio. Habiendo estudiado muy de cerca
los protocolos vigentes, diría: “No había posibilidad de
fraude”. Después de puesto el sujeto en condición por
un tiempo variable, sale una sustancia de los orificios
naturales, con frecuencia la boca; esta sustancia es
blanca la mayoría de las veces, pero puede ser gris
o negra; la sustancia es móvil, sube y baja y se pasea
sobre el médium lo más a menudo con movimientos
reptantes. Dentro de esta sustancia se modelan manos,
rostros, seres vivos cuyo corazón late y cuyo pulmón
respira; los órganos así materializados no son inertes
sino biológicamente vivos.
Para Gustave Geley, este nacimiento del ectoplasma
presenta analogías con el parto humano; hay gemidos,
estertores y dolores como los de la parturienta.
Durante todo el tiempo que dura la materialización,
la formación está en relación fisiológica y psicológica
con el médium. A veces hay un delgado cordón de
sustancia que conecta la forma al médium y que puede
compararse con el cordón umbilical que enlaza el feto
a la madre; toda impresión recibida por el ectoplasma
repercute en el médium y viceversa.
Estas materializaciones de seres vivos han sido objeto
de numerosas fotografías. Para Gustave Geley: “El ser
viviente aparece ante todo como un dínamo-psiquismo
y el complejo que constituye su cuerpo no aparece sino
como un producto ideoplástico de ese dínamo-psiquismo;
las formaciones materializadas en sesiones mediúmnicas
no son, ni más ni menos milagrosas, ni más ni menos
paranormales, o lo son igualmente si se quiere, este es
el mismo milagro ideoplástico que forma a expensas
del cuerpo material, las manos, el rostro o el organismo
entero de una materialización”.
Existe una sustancia única base substratum de la vida
organizada, animada por un dinamismo organizador  y superior. 
Ese mismo dinamismo superior obedece
a una idea directriz que se encuentra en todas las
creaciones biológicas, ya sean éstas normales o
resultado de una materialización.
Como la fisiología normal, la fisiología llamada
supranormal tiene sus productos bienvenidos y
sus productos abortados, sus “monstruosidades”. El
paralelismo es completo. En los dos casos se trata de
la ideoplastia, es decir, el modelado por la idea de la
materia viviente. La idea o pensamiento no es o pues
una dependencia, un producto de la materia, sino
por el contrario, es ella la que modela la materia y le
proporciona su forma y sus atributos.
Fenómenos de ideoplastia del mismo orden, aunque
más elementales que las materializaciones, se
encuentran en la telequinesia (desplazamientos de
objetos) o en las curaciones llamadas milagrosas
vinculadas a la sugestión o la autosugestión.
Así, las teorías que consisten en demostrar que el yo es
producto del funcionamiento de los centros nerviosos
del cerebro, no resisten la demostración. A veces, la
privación de porciones verdaderamente enormes del
cerebro en regiones que se consideran vitales, no son
seguidas de ningún desorden psíquico grave ni de
alguna restricción de la personalidad. Al contrario, no
emerge a la conciencia más que una parte ínfima del
ser: la influencia subconsciente es a veces soberana e
imperativa. Constituye la inspiración, lo cual demuestra
Gustave Geley en los fenómenos de criptopsiquia
(conjunto de los fenómenos inconscientes) y de
criptomnesia (memoria subconsciente de los
acontecimientos). Así, todo lo que ha impresionado
conscientemente nuestros sentidos, aun cuando no lo
sepamos, es registrado de manera fiel e indeleble. Todo
ocurre como si el estado psíquico que se denomina
recuerdo, registrado por las células cerebrales y
destinado a desaparecer con ellas, fuera registrado al
mismo tiempo en algo permanente.
Para él, el subconsciente sobresale por todas partes,
desborda completamente el marco de las capacidades
sensoriales. Está fuera del espacio y el tiempo. El
psiquismo subconsciente superior explica lo innato, las
capacidades no hereditarias, la inspiración, el talento o
el genio.
Camille Flammarion concluye también en la existencia
de un dinamismo superior. En su libro Las fuerzas
naturales desconocidas, escribe: “Estas manifestaciones
confirman lo que sabemos, que la explicación puramente
mecánica de la naturaleza es insuficiente y que hay en el
Universo otra cosa además de la supuesta materia; no es
la materia lo que rige el mundo, es un elemento dinámico
y psíquico”.

LA INFORMACIÓN ESPÍRITA
En el origen de toda cosa y de toda creación, ya sea
ésta mineral, vegetal, animal o humana, está Dios que
está de manera intrínseca en cada una de sus criaturas.
Fuerza amorosa todopoderosa y omnipresente que no
tiene ni principio ni fin, Dios está en el corazón de todos
los seres vivientes pues todo lo que vive es espíritu.
Es una fuerza que crea permanentemente, así hay un
comienzo de nuestras respectivas individualidades;
todo ser humano es el resultado del divino pensamiento
creador, el espíritu así creado tiene un comienzo pero
no tendrá fin.
El espíritu escapa a toda forma de materialidad; es una
vibración, resultado del soplo divino, que sin embargo
tiene una individualidad, una personalidad propia,
creada de manera imperfecta, simple e ignorante.
Para depurarse y evolucionar debe vivir numerosas
experiencias encarnadas, y para hacerlo el espíritu
creará su envoltura carnal, acompañada del elemento
de semi-materia, el periespíritu, indispensable para
penetrar esa misma materia. Así, la dinámica psíquica
del espíritu establece ya su presencia a nivel de la
célula. Cualquiera que sea la creación, mineral, vegetal,
animal o humana, la materia organizada presenta
en su proceso vital, en lo infinitamente pequeño, los
síntomas de la inteligencia y de la dirección creadora. El
núcleo de la célula contiene la historia de esa dirección
creadora; la materia vitalizada es pues el resultado del
soplo del espíritu dentro de un proceso espiritual que
no cesa de repetirse en todos los Universos. La materia
es el resultado de una acción pensada.
Así, el espíritu Allan Kardec dijo en 1977: “El espíritu es
una fuerza de la naturaleza. El limitado mundo de las
ciencias lo olvida. Una fuerza de la naturaleza por su
origen.
Los evolucionistas terrenales han negado, en su mayoría,
el fenómeno creativo. Sobre el origen de los seres y de las
cosas, no han dado sino vagas explicaciones y de todos
modos, explicaciones limitadas. En efecto, las formas
más complejas, las más evolucionadas, siguen siendo
para un Darwin, por ejemplo, el hecho de una simple
adaptación mecánica al medio ambiente. En cuanto a la
verdad, es completamente distinta, bastaba sin embargo
pensar en ese órgano esencial del cuerpo que es el ojo
humano. De naturaleza nerviosa, de naturaleza óptica,
doble elemento para la construcción de un solo órgano
complejo en cuanto a la naturaleza de estos elementos,
de una naturaleza embriológica diferente, allí ya no hay
adaptación al medio, hay creación inteligente del espíritu.
No hay allí el resultado de mecanismos fortuitos, allí hay
el pensamiento dirigido en la materia, el pensamiento
organizador y creador, el pensamiento fuente de todo
equilibrio, el pensamiento vida e impulso vital.
Amigos, con sus explicaciones erróneas demasiados
cientificistas han querido dar del espíritu una explicación
de carácter material, afirmando que el pensamiento no
era sino materia complicada. Más bien sería lo contrario lo
que habría que decir, aunque para nosotros la materia no
sea sino un estado inferior dentro del fenómeno creativo.
La creación es movimiento, así la materia organizada
no es sino el resultado de un movimiento creativo. A ese
movimiento creativo, yo lo llamo espíritu. No obstante,
en su impulso temporal se ha establecido el fenómeno
creativo. La extensión espacial, o materia, es pues un
estado determinado de la creación espiritual. Lo extenso o
más exactamente la extensión es sólo la tensión, es decir la
creación espiritual distendida. Amigos, es preciso concluir
de ello que la materia, es ante todo el espíritu apagado”.
El espíritu Paul Langevin precisa en un mensaje
recibido en 1985: “El papel de los protones, los electrones
y los quarks, es conducir la energía del fluido universal
a los componentes de la materia. La materia, en su
apariencia viviente y tangible, se subdivide según esos
mismos elementos, que sin embargo no conocerían el
movimiento, si no existiera el fluido vital y su fuente, el
espíritu. Por consiguiente, cada partícula de materia está
animada por el espíritu y si bien no se puede decir que el
espíritu exista al nivel de estas partículas, puede decirse,
sin embargo, que su proyección, que su emanencia,
existen a nivel de cada célula.
La materia inerte vive según este mismo principio. Sus
moléculas de base son atravesadas por la energía del
pensamiento, el físico no puede comprender totalmente
el comportamiento vibratorio de los neutrones, protones,
electrones y quarks si no admite en esos mismos elementos
una presencia energética de naturaleza espiritual”.
En 1982, el espíritu Marie Curie deplora la actitud del
mundo científico:
“Las palabras de antaño siguen siendo las mismas de hoy.
Estas palabras son las de una mujer que, en esta Tierra
jamás señaló a través de la ciencia, y por suerte para ella,
nada más que la pura verdad, habiendo sabido limitarse
a un descubrimiento cualquiera.
Para el momento presente, y para el físico de vuestro
mundo, la verdad esencial es el deber de descubrir el
espíritu a nivel de la materia, pues sin espíritu no puede
existir el estado de coordinación real de la materia, pues
sin espíritu no puede existir equilibrio. Por consiguiente no
puede existir armonía y el carácter tangible de la materia
llega a cuestionarse a sí mismo, pues para ambos, sin esta
noción fundamental, el físico de los quanta no puede
proclamar hoy la verdad fundamental de una estructura
inteligente de la materia.
Esta estructura inteligente de la materia lleva a esa
misma materia a producir formaciones elaboradas en sus
manifestaciones aparentes, tanto a nivel del microcosmos
como a nivel del macrocosmos. Esa manifestación
aparente en su singular armonía debe afrontar la propia
conciencia del espíritu del físico y debe saberle indicar el
camino de un cuestionamiento”. Dejemos la palabra
final al poeta Victor Hugo. Durante su exilio en la isla
de Jersey, asistió a numerosas sesiones espíritas y, en
1982, da testimonio así de la naturaleza de algunas de
esas manifestaciones: “El espíritu del viento, el espíritu
del mar, el espíritu de la montaña, han venido a mí.
Entonces he comprendido que nuestra naturaleza no
es más que el resultado de una obra pensada. El viento
viene a estrellarse sobre los acantilados, abrazando las
olas gigantes, viene a estrellarse sobre los acantilados
como los dedos de un escultor se imprimen en la greda y
ese viento, como los dedos del maestro de escultura sólo
pueden ser dirigidos por una conciencia. No hay pues un
solo estado de la materia que no haya sido pensado. No
hay pues una sola rama, un solo brote, una sola hierba,
una sola flor abierta que no tenga su autor”.
Victor Hugo

REPRODUCIDO DE: LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013

jueves, 25 de abril de 2013

LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
D O S S I E R
EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
por
CAT H E R I N E COURT I O L

EL MULTIUNIVERSO
En un documental llamado “La magia del cosmos”
presentado por la cadena de televisión Arte, se presenta
el multiverso en forma simple y abordable. He aquí el
resumen. Desde hace unos veinte años, se esboza
una nueva visión del cosmos. Según ciertos físicos
especializados en cosmología, se vuelve a cuestionar la
noción de unicidad y la idea de Universos múltiples se
ha vuelto posible gracias a los nuevos descubrimientos.
El concepto de multiverso aún no es reconocido, pero
hay buenas posibilidades de que sea real y de que, en
un centenar de años, la gente esté convencida de él.
¿No habían afirmado los sabios Copérnico y Galileo
que el Sol estaba en el centro del Universo? Entre las
pocas teorías del multiverso, la del físico ruso Andreï
Linde mantiene la atención de un número creciente
de cosmólogos. ¿De dónde le vino esa idea y de qué
pruebas dispone? Hay varios descubrimientos en el
origen de esta teoría. Entre ellos, el de la inflación,
descubierta por el norteamericano Alan Guth; dicho
de otra manera, la expansión exponencial del Universo.
Este nuevo concepto le permite a este investigador ruso
trabajar en la noción de pluralidad de los Universos. En
efecto, el espacio, que es infinito, no cesa de expandirse a
una velocidad vertiginosa y, en su seno, están presentes
múltiples Universos, entre ellos el nuestro, ellos mismos
en expansión. Él se pregunta entonces si el período de
expansión de cada Universo podría tener un principio y
un fin, lo cual explicaría nuestro bang inicial responsable
de la expulsión de la materia en todas direcciones,
seguido de una violenta explosión cuya fuerza dispersó
la materia. Reflexionando, comprende que la fase de
inflación no termina en todas partes al mismo tiempo,
para cada uno de los Universos existentes. En este nuevo
modelo, una expansión puede terminar en ciertas
regiones del cosmos, haciendo desaparecer un Universo
y continuar en otro. Igualmente, puede producirse en un
entorno, haciendo nacer un nuevo Universo. A la escala
del multiverso en eterna expansión, estas operaciones
reducen su velocidad y arrastran un número incalculable
de Universos, en cantidades cada vez más importantes.
Esta nueva hipótesis es apuntalada por dos argumentos
científicos fiables, la teoría de las cuerdas (minúsculas
briznas de energía vibrante presentes en el corazón del
átomo entre los protones, los neutrones y los quarks)
que supone dimensiones espaciales suplementarias
enroscadas en el espacio, y el descubrimiento de la
materia negra, forma de energía que ejerce un impulso
sobre el conjunto de las galaxias, alejándolas unas de
otras a un ritmo que se acelera. Los especialistas de
estas tres teorías (la inflación, las cuerdas y la materia
negra) afirman, y demuestran matemáticamente,
que éstas se integran perfectamente con la idea del
multiverso. Plasmadas sobre papel, las múltiples
soluciones encontradas corresponderían a Universos
diferentes, algunos dotados de propiedades totalmente
desconocidas, otros que presentan características
semejantes a las que nos son familiares y que albergan
formas de vida diferentes o parecidas a las nuestras.
Por otra parte, las ecuaciones muestran que podrían
encontrarse modelos que hacen aparecer dobles
de nosotros mismos. El multiverso es una atractiva
posibilidad que volvería a cuestionar muchas cosas.

martes, 23 de abril de 2013

                                                              JEAN EMILE CHARON

EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
por
KARINE CHATEIGNER

EL NACIMIENTO DEL UNIVERSO
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013

El Universo me inquieta y no puedo pensar que este reloj
exista y no haya relojero (Voltaire)
Pero, ¿qué es el Universo y qué sabemos hoy de él?
Nuestro planeta, la Tierra, navega en el infinito océano
del Universo. Gracias a la tecnología actual, podemos
percibirla, minúscula y perdida en ese océano eterno,
vortiginosa en medio de las miríadas de estrellas y
galaxias.
La historia del Universo, y luego la de nuestros orígenes
es una larga epopeya de unos 13,7 mil millones de
años. Al principio, todo era sólo energía. Al inicio, no
había materia ni siquiera átomos. No había más que
una “sopa” de partículas elementales energéticas, es
decir de energía pura: electrones, fotones y quarks. La
temperatura rondaba algunos millones de millones
de grados. La densidad era enorme y reinaba allí
el mayor caos. Estamos en el tiempo cero y nada
existe, solamente la nada y de golpe, una formidable
energía sacude la nada. Esta gran explosión es llamada
comúnmente Big-bang.
Se acepta entonces pensar que el Universo comenzó
por un Big-bang hace alrededor de 13,7 millardos
de años, un Universo contenido en el interior de una
burbuja microscópica, caliente y densa. Luego, esa
burbuja estalló bruscamente y nació el Universo. Con
ese Big-bang, el tiempo, el espacio y la materia tomaron
lugar con vertiginosa rapidez. En una fracción de
segundo, toda la energía contenida en aquella burbuja,
en ese punto en particular, fue liberada a través del
espacio que se creaba al mismo tiempo que la materia.
Desde los primeros instantes, las consecuencias de esa
explosión energética se contaron en microsegundos,
luego en segundos y en minutos antes de conocer una
fase de reposo.
A la primera cien-milésima de segundo, se forman
protones y neutrones. Son los futuros constituyentes
de los núcleos de átomos y de la materia ordinaria.
Luego, en los minutos siguientes aparecen los primeros
núcleos de átomos. Poco a poco, se van a juntar
unos con otros para producir el hidrógeno pesado
(deuterio) y el helio. La temperatura es de mil millones
de grados. Simultáneamente han aparecido fuerzas
para organizar esta materia. Cuatro interacciones
elementales son responsables de todos los fenómenos
físicos observados en el Universo, cada una se
manifiesta por una fuerza llamada fuerza fundamental.
Se trata de la interacción nuclear fuerte, la interacción
electromagnética, la interacción nuclear débil y la
gravitación. Luego la creación retardará su ritmo.
EL NACIMIENTO DEL UNIVERSO
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
Y sin embargo, ya todo estaba en su lugar para que
mucho más tarde apareciera la vida, pues desde su
nacimiento, este embrión de Universo contiene ya
la energía necesaria para construir todo lo que nos
rodea. Reguladas con una infinita precisión, todas
las propiedades de la arquitectura del Universo
están determinadas por las constantes físicas, por los
números eternos cuyo valor exacto es medido en los
laboratorios pero que ninguna teoría puede explicar.
Son los números de oro del Universo.
Al alba de la creación, se conformó el decorado
cosmológico. Éste se extendería sin cesar para que más
tarde, mucho más tarde, ¿fue un día, una hora, una
noche? actores llamados hombres representaran allí el
papel de su vida.
Muchos de nosotros pensamos que una inteligencia tuvo
algo que ver con la creación del Universo (Charles Townes,
físico, premio Nobel).
¿Según qué programación en una fracción de segundo,
el Universo, semejante a un grano de arena, se volvió
más grande que una galaxia?
Y siguió creciendo a una velocidad increíble, creciendo
todavía hoy. Los átomos más ligeros se formaron
300.000 años más tarde: átomos de hidrógeno
(un protón y un electrón) y átomos de helio. Las nubes
frías de hidrógeno y de helio se formaron al cabo de
un millón de años. Por la acción de la gravitación, esas
nubes se condensaron dando nacimiento a las primeras
galaxias en las cuales nacieron las primeras protoestrellas.
Estamos ya 100 millones de años después del
Big-bang.
Las estrellas y los planetas tal y como los conocemos se
formaron al cabo de 5 mil millones de años. En cuanto
al planeta Tierra, existe desde hace 4,6 millardos de
años, o sea cerca de 10 mil millones de años después
del Big-bang.
De lo infinitamente pequeño surgió en algunos
minutos lo infinitamente grande. Ese Universo, nacido
de aquella formidable explosión llamada Big-bang,
está poblado de soles, lunas, estrellas y galaxias,
planetas, cometas, meteoritos y agujeros negros. La
Tierra, cuyo Sol representa la estrella más cercana
forma parte de nuestro sistema solar, compuesto de
otros siete planetas que levitan en el espacio. Hace aún
poco tiempo, nuestro sistema solar contaba con nueve
planetas, pero en 2006, Plutón, considerado por los
astrónomos como un planeta enano, perdió su status
de planeta.
He aquí brevemente relatado el Cómo. Pero todavía
hoy numerosos científicos se niegan a investigar y a
explicar el Porqué. Pues cada efecto es precedido por su
Causa. Por otra parte, allí no se encuentra el sentido del
comportamiento científico, un comportamiento que
en dos siglos ha dado un formidable salto adelante,
rompiendo con antiguas teorías, como la de Aristóteles
y abordado nuevas, fruto de la observación y de sabios
cálculos matemáticos.
Pero, ¿qué había antes del Big-bang? Nada, se responde,
pues en el momento no lo sabemos, y de la nada, de ese
momento cero, se produjo una explosión venida de no
se sabe dónde, dando nacimiento al Universo. Antes,
se convino en hablar del muro de Planck, lo que podría
significar que existe un muro para el conocimiento.
El tiempo cero no es completamente igual a cero,
lleva el nombre del físico alemán Max Planck, premio
Nobel en 1918, y corresponde a 10 elevado a la -44
segundos después del Big-bang. Antes de ese instante,
el conocimiento tropieza con un muro, llamado muro
de Planck: en efecto, la física cuántica impide conocer
la naturaleza de los fenómenos que precedieron a esta
fracción de segundo increíblemente pequeña.
Los científicos trabajan sobre este período. Se han
elaborado varias teorías, pero por el momento, aún
son incompletas y necesitan avanzar en los campos
matemático, físico y técnico.
El Big-bang cuestionado
El gran fresco universal ha sido descrito con asombrosa
precisión por astrónomos y físicos, pero sólo el
momento cero del Universo sigue siendo todavía
un enigma, y eso desde hace más de 70 años. Hasta
entonces se habían propuesto elaboradas teorías, que
llegan hasta las más increíbles. Ninguna ha podido ser
experimentada y en consecuencia demostrada.
Según la teoría del Big-bang y las ecuaciones de
la relatividad general de Einstein, los físicos han
conseguido que en el momento cero, el Universo no
tenía dimensiones, su temperatura y su densidad eran
infinitas, lo cual sigue siendo difícil de admitir pues esta
noción muestra el límite de su ciencia.
Además, la visión tradicional de la relatividad general
no parece compatible con la otra construcción física del
siglo XX, la mecánica cuántica, para la cual la certeza se
detiene en 10-43 segundos. Eso nos muestra la dificultad
para determinar y definir el momento cero.
Acerca de ese momento inicial y de ese nacimiento,
escuchemos a Hubert Reeves:
—¿Se puede hablar del momento cero donde todo
comenzó?
—No
—¿Y de antes del Big-bang?
—El Big-bang, es el horizonte, es el límite, más allá del
cual no hay nada.
No es que allí no había nada, es que no hay nada. No
existe ninguna observación, ningún dato que nos permita
decir lo que había antes de 13 millardos 700 millones
de años. A la orilla del mar, ustedes ven el agua hasta el
horizonte y no pensarían en decir que el agua se detiene
allí porque no ven más allá de ese horizonte. Hoy en
día, los cosmólogos se atreven a aventurarse más allá de
ese horizonte pues se trata de comprender lo que pudo
provocar el Big-bang.
Etienne Klein, físico y filósofo:
“Sabemos contar la historia que
nos separa del muro de Planck; esta
historia ha durado 13,7 millardos
de años, pero más allá de ese muro,
no se puede decir nada. Ante el
muro de Planck, lo único que se
puede hacer, es callar”.
Si para los matemáticos sigue siendo extraordinario
descubrir esos instantes primeros del Universo,
pregunten a cualquier perito en física cuántica, y todos
les dirán que no están seguros de que el Big-bang sea
el comienzo de nuestro Universo, pues la física clásica
que imagina ese comienzo es incompleta.
Hasta es posible incluso que un día el Big-bang sea
superado. Como lo dice Hubert Reeves, ese modelo
estándar del Big-bang representa una probabilidad
satisfactoria para el día de hoy, máxime cuando
numerosos físicos, aun conociendo las incoherencias
de este modelo, no tienen ninguna otra explicación del
Universo que proponer al público.
La arquitectura del Universo
“Es difícil resistirse a la impresión de que la estructura
actual del Universo, que parecía tan sensible a la menor
modificación de las cifras, ha sido cuidadosamente
elaborada. La conjugación, aparentemente milagrosa,
de los valores numéricos que la naturaleza ha asignado
a esas constantes fundamentales sigue siendo la
prueba más contundente de una forma de organización
cósmica”. (Paul Davies, profesor de física teórica)
Si el Universo no hubiera sido reglamentado por
esas constantes fundamentales, infinitas y eternas,
hubiera podido ser diferente sabiendo que la mínima
desviación en esa mecánica celeste hubiera quitado
a la humanidad toda posibilidad de existir. Ciertos
cosmólogos actuales siguen quedando fascinados
por los valores precisos que tomaron las diversas
constantes físicas en el momento del Big-bang.
Ya sea científico o filósofo, el hombre reflexiona, mide
e investiga. ¿Qué busca? La fuente, la causa. Todo
efecto tiene una causa y el Universo no puede ser
comprendido sin llegar a la fuente de la creación. El
Universo y la vida son el fruto de un deseo de carácter
divino y la materia en la fuente de la creación es
ante todo transformada por una energía cósmica de
naturaleza divina. Naturaleza divina corresponde a
Amor, Amor que sin embargo no se mide ni se calcula.
Para los pioneros de la física moderna tales como
Galileo, Kepler o Newton, la voluntad divina está en
la fuente de la creación y la ciencia, al revelar el orden
de las cosas, no tendría otro objetivo que vislumbrar el
espíritu de Dios. La ciencia no puede admitir esta simple
verdad si responde al ateísmo, pero puede considerarla
en la medida en que reconozca un entorno espaciotemporal
establecido en forma inteligente y amorosa.
Esa es una realidad que los físicos y astrofísicos
comprueban cada vez más.
Trinh Xuan Thuan, astrofísico norteamericano
“La cosmología moderna ha precisado la estrecha
conexión cósmica que tenemos con el resto del Universo.
Las estrellas son nuestros ancestros a causa de todas
las partículas que nos constituyen. Son partículas que
existen desde el comienzo del Universo y que sin duda
vienen de las estrellas; somos polvo de estrellas: ese es
uno de los grandes descubrimientos de la astronomía
contemporánea. Otro de estos descubrimientos,
igualmente muy importante, es que desde las primeras
fracciones de segundo del Big-bang, todo estaba regulado
de manera extremadamente precisa, no solamente para
que apareciera la vida, sino también para que naciera una
conciencia que permitiera conocer al Universo, apreciar
su hermosura y su armonía. Uno se da cuenta de que si
se modificaran en algo esas constantes (Big-bang), se
llegaría a Universos estériles. Reduzcamos por ejemplo la
fuerza de gravedad: el Universo está demasiado diluido,
las nubes de hidrógeno y de helio no se contraen. No hay
estrellas, por tanto no hay alquimia nuclear ni ascenso
a la complejidad de la vida, ni inteligencia ni conciencia.
Aumentemos entonces la fuerza de gravedad: el guión
es diferente pero el resultado es poco convincente. La
precisión de estos arreglos para que un día aparezca un ser
dotado de conciencia es comparable a la de un arquero
que quiera clavar su flecha en un blanco de un centímetro
cuadrado situado al otro extremo del Universo, a catorce
mil millones de años luz. Me parece difícil explicar el
arreglo extremadamente preciso del Universo, sin invocar
un «principio creador», que tiene todo regulado desde el
comienzo. Entre el azar y la necesidad, elijo la necesidad.
Todos los científicos están lejos de aceptar este principio
que implica, por supuesto, la noción de un principio
creador. De todas maneras, añade Trinh Xuan Thuan,
la única pregunta verdadera, es esta: ¿por qué hay algo
en lugar de nada? Y allí la ciencia no puede decirnos
absolutamente nada”.
Nuestra ciencia es de disciplina materialista, vinculada
exclusivamente a la experiencia, la observación y la
teoría. Afirma que los elementos de la naturaleza y sus
fenómenos se bastan a sí mismos, a sus formaciones, a
sus movimientos y a sus desarrollos, pero, ¿no pueden
la física o la astrofísica aliarse a la metafísica? En otras
palabras y en forma más general: ¿es anticientífico creer
en Dios? O aún más, ¿puede la ciencia llevar al hombre
por el camino de la conciencia divina? Se puede ser
científico y creyente? Dejemos la palabra a algunos
eruditos:
Andreï Sakharov, físico atómico
ruso: “No concibo el Universo y
la vida humana sin un comienzo
inteligente, sin un «calor» espiritual
en el origen, algo que no depende
de la materia y de sus leyes”.
Otra cita de Andreï Sakharov:
“Sostengo la hipótesis cosmológica
según la cual el desarrollo del Universo se repite un
número infinito de veces sobre las páginas «siguientes» o
«precedentes» del Libro del Universo”.
Alfred Kastler, premio Nobel de Física escribió en 1965:
“La idea de que el mundo, el Universo material, se
creó solo me parece absurda. No concibo el mundo
sino con un Creador, en consecuencia, un Dios.
Para un físico, un solo átomo
es tan complejo, tan lleno de
inteligencia, que el Universo
materialista no tiene sentido”.
Max Planck, fundador de la teoría
de los quanta en la física moderna,
premio Nobel 1918: “Entonces
nada nos impide, y nuestro instinto
científico lo reclama, identificar el
orden universal de la ciencia y el
Dios de la religión. Para el cristiano,
Dios se ubica al principio, para el
físico al final del pensamiento”.
Pierre-Paul Grassé: zoólogo
(1895-1985): “Si el Universo es
comprensible, es porque está
ordenado. Pero, ¿de dónde viene
ese orden del Universo como las
leyes físicas, las que dirigen el
movimiento de los astros, las de
gravedad, y todas las que descubren
los físicos y los químicos? ¿Cuál llamado orden no
supone una inteligencia ordenadora? Si he regresado a
la fe, es por la ciencia, por una trayectoria científica. Creo
que la ciencia impone el pensamiento de Dios”.
Alexander Polyakov, físico ruso: “Sabemos que la
naturaleza está descrita por el mejor de los matemáticos
porque la creó Dios”.
Arno Penzias, que, en compañía de Robert Wilson fue
el primero en detectar una radiación cósmica (premio
Nobel en 1965), hizo este comentario sobre la perfecta
concepción que constituye nuestro Universo: “La
astronomía nos conduce a un solo acontecimiento, un
Universo creado a partir de la nada, un Universo con un
equilibrio tan minucioso que suministra las condiciones
exactas para permitir la vida y que no puede sino seguir
un plan (que podría denominarse «sobrenatural»)”.
Jean-Emile Charon (1920-1998),
físico y filósofo francés, es autor de
varios libros, ensayos y artículos
científicos o de filosofía científica,
(El ser y el verbo; El espíritu, ese
desconocido; He vivido quince mil
millones de años; Muerte, he aquí
tu derrota; El Espíritu y la Ciencia; etc.). Sus últimas notas
fueron publicadas después de su muerte en forma de
testamento espiritual, con el título: ¿Y la Divinidad en
todo esto? Entre los físicos, fue de los que no dudaban
en hablar del espíritu y de la conciencia, diciendo que
estamos hechos de materia y de espíritu y que por
tanto, es necesario tener nociones tan científicas sobre
el problema del Espíritu, como las que se tienen sobre
la Materia.
Extracto de la obra ¿Y la Divinidad
en todo esto? Entrevista con
Erik Pigani publicada en febrero
de 1998, algunos meses antes de
su muerte:
- Para volver a la creación del
Universo, ¿entonces usted está
íntimamente convencido de que
no ha sido creado por azar?
- Para mí, es una certeza. Hace poco tiempo eso se verificó
de manera científica, y toda la prensa se hizo eco. Ello
porque los astrofísicos disponen hoy de instrumentos
fantásticos para verificar sus teorías, como los
ordenadores que pueden recrear las condiciones iniciales
del nacimiento del Universo. Entonces, ellos se entretienen
mucho construyendo “Universos de juguete”. Los cálculos
son complicados, sin duda, pero el proceso es simple: se
programan los parámetros físicos conocidos, y se activa
la máquina. Como le decía, se trata de la velocidad de
la luz, de la masa de las partículas, etc. Ahora bien, si se
introducen en el ordenador los parámetros correctos, se
obtiene nuestro Universo. Pero si se cambia aunque sea
un solo decimal de una sola constante física, se asiste a
una serie de catástrofes a cual más espantosa: el Universo
se desmorona sobre sí mismo, o es demasiado caliente, o
demasiado frío. ¡Por tanto la Vida no puede aparecer!
Big-bang, ¿quién eres?
Dios no es la eternidad, no es el infinito, pero es eterno e
infinito. No es ni el tiempo ni el espacio, pero ha existido
desde siempre y su presencia está en todas partes. (Isaac
Newton)
La teoría del Big-bang nació en los años ‘30 a partir de
las investigaciones de Alexander Friedmann (1888-
1925), de George Le Maître (1884-1966) y de Georges
Gamow (1904-1968), investigaciones surgidas de la
observación y de las teorías de la física. La existencia
del Big-bang hubiera podido ser predicha por Albert
Einstein (1879-1955), pero él no creía que el Universo
podía evolucionar. Esta es una teoría sobre la que está
de acuerdo una gran mayoría de científicos.
El término Big-bang fue inventado por el cosmólogo
y astrónomo inglés Fred Hoyle. Él era el principal
detractor de la teoría del Big-bang y para designarla,
inventó el término BigBang que le parecía sonoro. Eso
gustó al gran público de los años ’50 y desde entonces
se convirtió en el término que designa esta teoría.
Hubert Reeves, astrofísico, director de investigaciones
en el CNRS (*) compara el Big-bang con un guión, el del
pasado: “Ciertos guiones son más creíbles, tienen a su
favor más pruebas que otros. No es necesario considerar
la teoría del Big-bang como la verdad. En la ciencia no hay
verdad, hay una plausibilidad.
(*) Centro Nacional de Investigación Científica. (N. del T.)
Esta plausibilidad es compartida por numerosos físicos,
astrofísicos y científicos; sin embargo, quedan algunas
«nebulosas» que, sin duda, el tiempo llegará a disipar. Por
ejemplo, de la composición de este Universo nacido del
Big-bang se conoce solamente el 5% (átomos, moléculas,
electrones, etc.). Otra forma de materia llamada materia
negra (o materia sombría) está compuesta de partículas
macizas no detectadas hasta hoy, que entran en la
composición total en alrededor del 25%, así como otra
forma de energía cuya naturaleza es mal conocida,
pero que podría ser una constante cosmológica,
llamada genéricamente energía negra, y que entra en la
composición del contenido material del Universo en un
70 %. Entonces, el 95% representa alguna cosa que está
allí pero de cuya naturaleza no se tiene ni la menor idea”.
Nuestro Universo habría nacido
entonces hace 13,7 millardos de
años, pero, ¿qué dice al respecto
el físico Paul Langevin a título
póstumo?:
“No existe el comienzo del Universo,
los astrofísicos establecen una
génesis de lo que ellos llaman el
Big-bang, haciendo creer al público
que antes no existía nada. Eso es un absurdo que hay que
denunciar. En efecto, el Universo no tiene ni comienzo ni
fin, y eso de lo que hablan los hombres está limitado a su
propia observación.
El Padre es una unidad amorosa y eterna cuyo
pensamiento dirige al espacio el nacimiento de los
espíritus individualizados. Quien se atreva a afirmar que
el Universo tiene límites reniega de la noción de infinito y,
por consiguiente, no puede responder a las exigencias de
la verdadera ciencia.
Ser científico, es ante todo reconocer que el hombre no
sabe sino pocas cosas, no en un vasto Universo, sino en un
Universo sin fin. Ser científico, es admitir que aún es preciso
aprender sin escuelas, sin definiciones, sin prejuicios y sin
definiciones materialistas. Ser científico, es admitir que no
hay límites al milagro de la vida y, por consiguiente, no
anatematizar al que cree en el espíritu, al que está más
cerca de la verdad porque ha superado la materia. Ser
científico, en el sentido noble del término, tiende más a
un estado de espíritu que al nivel de los conocimientos. El
conocimiento es una herramienta, no es el saber total.
El amor aliado a la inteligencia es más fuerte que todas las
facultades de la tierra juntas”. (Paul Langevin - mensaje
1987)
Sin duda es antinómico para un físico exponer una
noción de infinito, en la medida en que no puede haber
física sin medidas, es decir sin referencias concretas.
Dentro de esta perspectiva, el estatuto de los Universos
infinitos no se puede defender pues toda teoría física
implica números como tal, forzosamente repartidos
en un intervalo finito. Por consiguiente, un Universo
infinito, situado fuera del dominio de las medidas, se
excluye ipso facto del marco de la física. Si bien la noción
de infinito tiene una utilidad en matemáticas, no tiene
ninguna en física. Por el contrario, la aparición del
infinito en una teoría física, determina que esta última
simplemente es falsa, o al menos incapaz de manejar la
situación en la cual se presente la aberración.
Y sin embargo, tal como lo dice el
físico Jean-Pierre Luminet:
“Con frecuencia los físicos han
tratado de eludir la cuestión
del infinito, a la que consideran
demasiado metafísica. Ahora bien,
eliminado el infinito, éste, como la
esfinge, no cesa de renacer de sus
cenizas. Ha sido necesario esperar el comienzo del siglo XX
para una rehabilitación parcial del infinito en la física. La
teoría cuántica, la cosmología relativista o los modelos de
agujeros negros han hecho surgir nuevos infinitos. Desde
entonces, finito e infinito se codean en el propio seno de
los modelos”.
La marcha de la ciencia, como la del progreso, debe
alcanzar su emancipación, pero, ¿hacia qué? Uno
acumula conocimientos a una velocidad loca, y el
número de científicos no cesa de incrementarse
en toda la historia de la humanidad. Pero, de ese
montón de informaciones sobre asuntos cada vez más
puntuales, ¿se llega a precisar una visión del mundo
y del Universo, a la vez científicamente coherente, y
que responde a las preguntas que cada uno se hace
desde que está en edad de hacer preguntas? ¿Qué es
el mundo y qué hago yo en él?
¿Antes del Big-bang, la amnesia del Universo?
De la nada no puede nacer ninguna cosa y si hace 13,7
millardos de años se produjo una explosión, ¿cuál fue
la fuente?
Desde hace más de medio siglo, el modelo estándar
del Big-bang se ha impuesto en el mundo científico
y entre el gran público informado. Pero una pregunta
queda sin respuesta: “¿Qué había antes del Big-bang?”
Dilucidar esta cuestión entraña ya otra: “¿Y qué pasaba
antes?” La respuesta es que no hay “anterior”, ya que
“antes” el tiempo no existía. Pero justamente después,
súbitamente el tiempo, el espacio y la materia se
decidieron a existir. No todos los físicos piensan que el
tiempo comenzó con el Big-bang.
Pero, ¿qué sucede con el momento cero? En efecto,
todo el período en el cual el Universo tenía menos de
10-43 segundos (diez millonésimas de mil millonésima,
de mil millonésima, de mil millonésima, de mil
millonésima parte de segundo) siempre escapa a los
cosmólogos.
Estamos frente a un verdadero problema conceptual
que da testimonio de nuestro fantasma de atribuir al
Mundo una fecha de nacimiento: el tiempo cero es
un instante dentro de un tiempo que aún no existe.
Un 10-44 de segundo probablemente no existe. El
momento cero sería entonces una suerte de infinito,
un horizonte inaccesible. El cero, igual que el infinito,
no tiene equivalente real. Son pues dos conceptos
abstractos que no entran en las leyes de la física donde
todo se mide.
Pero, ¿qué pasa con el azar, término tan a menudo
empleado por los científicos? ¿Es realmente científico
proponer el azar en la fuente del universo, en la fuente
de la vida? Por definición, el azar no es científico pues
el azar es la ausencia de leyes. Ahora bien, la ciencia es
ante todo la búsqueda de las leyes que rigen el Universo.
Por consiguiente, no se puede hacer investigaciones
científicas y colocarse a la vez detrás del azar.
Valiente testimonio de un sabio ateo:
“Dios no existe: estoy obligado a creer que existo por azar,
gracias a un proceso evolutivo que, milagrosamente,
partiendo de nada llega a una obra maestra, violando
constantemente las leyes fundamentales de la ciencia y
del simple sentido común. ¿Han comprobado ustedes que
las cosas se mejoran por sí mismas
cuando las dejan abandonadas?
¡Yo no!” (Jean Rostand - biólogo)
El Big-Bang: extracto del libro de
K. Chateigner De Dieu à l’Homme
et aux Univers (De Dios al hombre
y a los Universos

lunes, 22 de abril de 2013

In Memoriam
Gualberto  Plaza
Jon AizpúruaPsicólogo y Escritor, Ex-Presidente de CEPA.
          La noticia de la desencarnación de Gualberto Plaza me afectó en lo más íntimo, no sólo porque fuimos amigos de décadas, sino porque admiré siempre su talento y su talante, su cultura y buen ánimo, y su incondicional disposición para estudiar y servir a la difusión del Espiritismo, en especial el que interpreta la doctrina enseñada por Kardec dentro de una concepción laica y librepensadora. Van transcurriendo los días de aquella triste noticia y sin embargo, con sobrada frecuencia me envuelve la nostalgia por el recuerdo de las numerosas ocasiones en que disfruté del calor y la hospitalidad de su hogar, al lado de Carmen, su eterna y fiel compañera.
          Mucho hablé con Gualberto en Miami, en Caracas y Maracay, en San Juan de Puerto Rico, en Porto Alegre y Sao Paulo, en Buenos Aires y en Rafaela, ciudades en las que participamos en Congresos y Conferencias espíritas convocados por la Confederación Espírita Panamericana. En cada ocasión conversamos mucho sobre Espiritismo, y siempre coincidíamos en la conveniencia de reafirmar las bases kardecianas de la doctrina espírita a la vez que debía tenderse a su inaplazable actualización, aunque también hablamos de otros asuntos relativos a nuestras vidas, ocupaciones y proyectos.
          De esas charlas brotó y se consolidó nuestra entrañable amistad. Conocí de primera mano su experiencia de joven cubano llevado tempranamente a la lucha social y política. Supe por sus propias palabras, que se había entusiasmado por el ideal de una patria libre, democrática, próspera y con oportunidades para todos sus ciudadanos, que ofrecía un líder desde la Sierra Maestra, y constaté, por las lágrimas que incontenibles brotaban de sus ojos, cuanta decepción había en su alma por la traición de ese líder a sus promesas y cuanto dolor por la entronización en la patria de Martí  de una tiranía de corte totalitario, sustentada sobre una asfixiante ideología materialista. Me enteré entonces de los meses que estuvo encarcelado por manifestar su desacuerdo con el inesperado giro que tomaban los acontecimientos y de su audacia para librarse de la prisión y desafiar al embravecido mar hasta llegar, literalmente desnudo, a las playas de la Florida. Igual que otros cientos de miles de sus compatriotas, Gualberto pagaba el duro precio del exilio por ser fiel a sus convicciones.
          Vendría entonces el difícil proceso de adaptación y recuperación física, moral y espiritual de su existencia en los Estados Unidos de América, país al que, agradecido, tendría por segunda patria, aunque nunca olvidaría su isla preciosa, los blancos muros de su infancia, la visión del mar cercano, presentido en la brisa de las tardes bajo los árboles de la plaza, y el amor de los seres íntimos que allí quedaron.
          En Miami reorganizaría el hogar junto a Carmen y luego nacerían sus hijos y más tarde los nietos, dando sentido y alegría a la vida que las circunstancias habían impuesto. Y en esta pujante capital latinoamericana de los Estados Unidos, sería el Espiritismo, luminosa concepción de Dios y de la realidad espiritual y material, la filosofía que llenaría sus expectativas intelectuales y afectivas, y seduciría su alma por la racionalidad de sus principios y la belleza de sus enseñanzas morales y sociales. Aquí ofrecería el concurso de sus mejores esfuerzos para la constitución de Ciencia Espiritista Kardeciana, sociedad espírita nítidamente kardeciana, digna heredera de aquel movimiento espírita cubano que brilló en el firmamento espiritista panamericano e internacional por la limpidez de sus ideas, su admirable organización y la calidad intelectual y moral de sus líderes. Ahora, inspirado en el trabajo pionero del inolvidable Luis Guerrero Ovalle y de invictos trabajadores espíritas de la primera hora, como Nidia de Sendra, Norma y Casiano Fernández, y de otros entusiastas idealistas cubanos y latinoamericanos incorporados paulatinamente, como la dinámica Sonia Rodríguez, el ánimo de Gualberto se recuperaba de las tristezas del pasado y se regocijaba al calor del estudio y la divulgación del Espiritismo, daba rienda al desenvolvimiento de su educada mediumnidad  y disfrutaba el encuentro con almas afines que participan del mismo empeño, en el ámbito de la vasta e intensa tarea que desde hace más de seis décadas se ha impuesto la Confederación Espírita Panamericana.                 
          Para Carmen, hijos y nietos, un afectuoso abrazo, y que la certeza de la inmortalidad espiritual sirva para aliviar el dolor de la pérdida material del hombre que en esta existencia les amó como esposo y padre, y desde su condición desencarnada les sigue amando y prodigando solícitos cuidados.
          Para mis queridos y recordados compañeros de Ciencia Espiritista Kardeciana, mi palabra de solidaridad ante la partida física del Presidente de la institución, y de aliento para que en su mismo recuerdo y como el mejor homenaje por él deseado, sigan adelante librando la grande y amorosa batalla por el mayor y mejor conocimiento del ideal espírita.
          Para ti, Gualberto, ahora en el plano espiritual, la renovación de los  sentimientos de amistad y cariño que nos unieron y nos mantendrán vinculados por siempre. Seguiré queriéndote, recordándote y admirándote porque fuiste conjunción de inteligencia y de bondad, y bondad inteligente es lo que necesita el mundo para ser mejor, y tu supiste enseñarla y practicarla inspirado en las luces que te proporcionó la doctrina espírita, de la cual fuiste digno y apasionado estudioso y seguidor.
Caracas, 8 de enero de 2012.
 EXTRAÍDO DE:http://americaespirita.blogspot.com/search?updated-max=2012-03-09T15:15:00-03:00&max-results=10&start=9&by-date=false

jueves, 18 de abril de 2013


quarta-feira, 3 de abril de 2013

OPINIÃO - ANO XIX - Nº 206 - ABRIL 2013


Uma tumultuada relação:
Religião x Direitos Humanos
A eleição do deputado e pastor evangélico Marco Feliciano para presidir a Comissão de Direitos Humanos e Minorias da Câmara Federal reacende, no Brasil, velhas polêmicas entre direitos civis e posições teológicas fundamentalistas.
Racista e homofóbico preside CDHM
Deputado federal eleito pelo Partido Social Cristão – PSC -, Marco Feliciano (foto) é também pastor da Igreja Assembleia de Deus. Recentemente guindado à presidência da Comissão de Direitos Humanos e Minorias da Câmara Federal, o pastor deputado vem recebendo de ativistas dos Direitos Humanos muitas críticas. Sua biografia registra episódios de manifestações explícitas de racismo e homofobia, sustentadas por suas convicções religiosas. 
Marcos Feliciano postou, certa vez, em seu twitter que “os africanos descendem de ancestral amaldiçoado por Noé”. Para ele, a maldição bíblica lançada por Noé a seu neto Canaã “respinga sobre o continente africano, daí a fome, pestes, doenças e guerras étnicas”. Em outro post, diz que “a podridão dos sentimentos dos homoafetivos levam (sic) ao ódio, ao crime e à rejeição”.
Tão logo conhecida a eleição de Marco Feliciano para presidir a Comissão de Direitos Humanos e Minorias, protestos passaram a acontecer, tornando fortemente tumultuadas as reuniões da Comissão, na Câmara dos Deputados. Inclusive, o Conselho Nacional de Igrejas Cristãs do Brasil – CONIC – terminou por pedir o afastamento de Marco Feliciano da Comissão, em nota pública de repúdio a suas declarações racistas. Outras representações religiosas, no entanto, o têm apoiado, sob o argumento de que suas declarações estão perfeitamente respaldadas na Bíblia. O CONIC é composto por Igrejas cristãs mais tradicionais, como a Católica, a de Confissão Luterana e a Episcopal Anglicana do Brasil.
Enquanto isso, em Roma...
A eleição, dia 13 de março último, do cardeal argentino Jorge Mario Bergoglio como novo Papa, com o nome de Francisco, abre perspectivas de mudanças na Igreja Católica. Considerado um “conservador moderado”, o novo pontífice assumiu concitando seus fiéis à retomada de valores morais ligados à doutrina cristã, mas nem sempre praticados por sua cúpula, tais como: o desapego de bens materiais, o perdão das ofensas, a tolerância e a fraternidade. Prega uma igreja pobre voltada, preferencialmente, para os pobres. Tais aspectos, se efetivamente assumidos, reaproximam a Cúria Romana da ala que defendeu a Teologia da Libertação, ostensivamente combatida pelos últimos chefes da Igreja. No campo específico dos direitos humanos, entretanto, subsistem dúvidas quanto à biografia do novo Papa. Ele é apontado por alguns biógrafos como tendo colaborado com as forças de repressão da ditadura militar em seu país. Tanto no Brasil como na Argentina, setores conservadores da Igreja prestigiaram as ditaduras militares, sob o argumento do combate ao comunismo. Já a Teologia da Libertação se caracterizou por uma forte ação contra a violação dos direitos humanos patrocinados pelos governos militares.
Presentemente, algumas práticas, como união ou casamento de pessoas do mesmo sexo, o uso de preservativos, a plena igualdade de direitos entre homens e mulheres, inclusive no seio da Igreja, a ampliação da licitude para algumas hipóteses de aborto, têm posto em confronto ativistas de direitos humanos e a Igreja Católica.  Junto a esta, mas sempre em nível bem mais ostensivo, políticos ligados a igrejas evangélicas pentecostais e neopentecostais, e que experimentam grande avanço no país, assumem posições ultraconservadoras, graças ao espaço político conquistado. É nesse contexto que se insere o Pastor Marco Feliciano, Deputado Federal eleito para presidir a CDHM.


Onde devemos nos situar?         
Valores bíblicos nem sempre combinam com direitos humanos. Ao contrário, foi sempre em nome daquilo que os religiosos classificaram como a palavra de Deus, que a Igreja, historicamente, discriminou mulheres e homossexuais, execrou etnias, provocou torturas e genocídios, assumiu claras posturas escravocratas, combateu a liberdade de pensamento e crença, condenou a separação entre Estado e Igreja, etc.
A Reforma Protestante se, de um lado, permitiu interpretações bíblicas mais livres, dando ambiente ao pluralismo religioso, por outro, abriu caminho para a formação de igrejas mais conservadoras e fundamentalistas. O fundamentalismo religioso, no atual cenário especialmente da América Latina, com destaque para o Brasil, medra e se desenvolve no seio de um amplo campo popular, onde o acesso à educação e ao esclarecimento político é ainda limitado e escasso. Aí, nascem e se reforçam lideranças políticas que se autodenominam representações de Deus. Nessa condição, e no vácuo de um fisiologismo político difícil de ser superado pelo Estado brasileiro, reeditam comportamentos diametralmente opostos a uma política de direitos humanos fundada em conceitos humanistas, conquistados, quase sempre, contra a religião.
A Igreja Católica, graças aos valores seculares e humanistas já assimilados no curso de sua longa e tumultuada história, aos poucos vai se adaptando à modernidade. Lideranças com níveis de cultura e de inserção político/social como o cardeal Bergoglio, agora guindado ao Papado, oferecem expectativas de mudanças em favor da plena aceitação e vigência de direitos humanos recém-emergentes e que combatem históricos preconceitos, alimentados pela fé religiosa.
De qualquer sorte, aqueles segmentos verdadeiramente progressistas, laicos e livre-pensadores, onde devem estar inseridos os espíritas, precisam se manter atentos para que retrocessos como os propostos pelo Deputado e Pastor Feliciano sejam, de fato, abortados. (A Redação)

Para além da Liturgia 
e do Poder
"Na religião o que há de real, essencial, necessário e eterno é o Cerimonial e a Liturgia - e o que há de artificial, de suplementar, de dispensável, de transitório é a Teologia e a Moral." - Eça de Queirós.
Fosse quem fosse, o escolhido como novo Papa, dentre os 119 cardeais participantes do conclave, naquele 13 de março, a multidão presente na Praça de São Pedro explodiria em aplausos, ao seu anúncio.
O aparecimento da fumaça branca na chaminé da Capela Sistina, em qualquer circunstância, encontra a massa em estado de quase êxtase. Gritos, choros, risos... Uma explosão de patéticas emoções é registrada, no momento em que o mais velho dos cardeais proclama “Habemus Papam”, declinando, a seguir, o nome do eleito.  A partir de então, seja ele quem for, merecerá o tratamento de “Santidade” e tudo o que em nome da fé disser, estará revestido de verdade, porque a infalibilidade o acompanhará na vida, até a morte ou até a uma eventual renúncia.
Assim foi e assim continua sendo numa sociedade movida pela espetacularização e que, segundo o pensador Wilson Garcia (leia sua crônica na última página desta edição), não sobrevive sem a presença de fortes signos icônicos. A Igreja sabe disso e, valendo-se da condição, historicamente construída, de administradora e guardiã do sagrado, utiliza-se largamente da simbologia, do fausto, do mistério e da pompa, em circunstâncias assim. Isso também é garantia de prestígio e de poder.
Estaria o Papa Francisco disposto a quebrar essas tradições? Deseja mesmo, conforme sugerem algumas de suas primeiras atitudes como novo pontífice, abrandar as pompas, reduzir o luxo, tornar, enfim, mais simples a instituição que dirige? E, se realmente o quer, conseguirá? Não estarão esses signos e práticas de tal forma entranhados na alma da Igreja e de seus fiéis a ponto de tornar impossível sua remoção? Talvez sejam, em suas instâncias superiores, bem mais fortes as correntes desejosas da manutenção deste “status quo”, em sentido contrário, pois, ao expresso desejo do novo chefe. Provavelmente, também a grande massa de fiéis prefira o luxo à pobreza, o mistério à verdade, a pompa à simplicidade. Entre nós, o carnavalesco Joãozinho Trinta celebrizou o conceito de que quem gosta de miséria é intelectual. Povo, dizia, gosta mesmo é de luxo. Valeria isso também para o autodenominado “povo de Deus”?
Todas essas questões interessam vivamente a nós, espíritas. Diversamente das igrejas e das religiões, buscamos uma espiritualidade sem ritos e liturgias, sem pompas nem sacerdotes, privilegiando a essência sobre a simbologia, o livre pensamento em vez do dogma. Reconhecemos que há, também na Igreja, setores com essa tendência. Mas até que ponto serão capazes de enfrentar todo o aparato histórico construído sob aquela pesada atmosfera? As instâncias de poder ali sobrepostas teriam levado o anterior Papa à renúncia, confessando-se sem forças para cumprir sua tarefa. Se para seu antecessor, o essencial estava na teologia e na disciplina institucional, Francisco demonstra privilegiar o exercício de virtudes como simplicidade e solidariedade.
Eça de Queirós pode ter sido demasiadamente cáustico ao afirmar ser a moral sempre secundária na religião que privilegiaria, ao contrário, o cerimonial e a liturgia. Não se duvida, entretanto, de que pompa e poder tendem a sufocar a mensagem, tal como o joio o faz com o trigo.
Só a História há de demonstrar a que norte Francisco poderá levar sua Igreja. Se sua política e os resultados concretos de suas ações contrariarem a afirmativa do autor de “O Crime do Padre Amaro”, a espiritualidade terá avançado sobre a religião. E nós, espíritas, saudaremos esse avanço.
         

Deus nos livre!
Circulou na Internet, numa das listas de debates de que participo, um texto com o título de “Deus nos livre de um Brasil Evangélico”. O artigo vinha assinado por Ricardo Gondim, um sujeito que eu não sabia quem era. Fui ao Google e fiquei sabendo: Trata-se de um ex-pastor evangélico, que, lá pelas tantas, resolveu deixar o movimento. O motivo da ruptura, segundo declarou na oportunidade, era que não admitia pertencer a “qualquer tradição, escola ou cânone” que cerceassem sua “capacidade de arrazoar”, ou que lhe impusessem a “obediência servil”. Dissera, ainda, que passaria a admitir unicamente “a consciência” como capaz de “chancelar” sua vida. Um ato de coragem para quem, até então, estivera engessado pelos dogmas bíblicos e aprisionado a algumas ideias retrógradas que seguem fazendo a cabeça de quantidade cada vez maior de gente, neste país já profetizado como “coração do mundo” e que está, mesmo, se transformando em “pátria dos evangélicos”.
         
O Brasil evangélico
No artigo que agora caiu na rede, Gondim, já fora do movimento, diz ver com muita apreensão esse avanço evangélico no país. Pergunta: Como seriam, num Brasil evangélico, tratados um Ney Matogrosso, Caetano Veloso ou Maria Gadu? Que destino teriam poesias sensuais como “Carinhoso”, de Pixinguinha, ou “Tatuagem”, de Chico? Nas Universidades, teoriza o autor, seria proscrito Darwin, se proibiria a leitura de Nietzsche e de Derrida. A política, a exemplo do que já ocorre com a bancada evangélica, seria dominada pelo fisiologismo. A cultura morreria, porque manifestações folclóricas como a do bumba-meu-boi e do frevo não caberiam dentro do estado teocrático evangélico.
Vai passar...
Alguns companheiros debatedores fizeram comentários com o mesmo tipo de preocupação. Aqui no meu cantinho, fiquei quieto, mas pensei: Bobagem! Isso não vai acontecer no Brasil. O Ocidente cristão está imunizado contra o estado teocrático. A História não volta para trás, malgrado as iniciativas nesse sentido. Elas produzem efeito nas camadas mais carentes social e culturalmente, porque adotam um formato compatível com a sociedade de consumo. O apelo de que você aceita “Jesus como único Senhor e Salvador” e, a partir daí, a fortuna, o amor, o poder, a saúde e tudo o mais que deseja deste mundo lhe caem aos pés, tem se mostrado eficiente. Multidões são, assim, arrebanhadas. Ambiente ideal para políticos oportunistas.
Mas, isso vai passar. Há uma parte boa da sociedade, com forte poder de reação. É a que protesta, por exemplo, contra a eleição de um deputado pastor à presidência da Comissão de Direitos Humanos da Câmara Federal. Mas, esse marketing religioso tende a enfraquecer ao natural. Como dizia o velho Lincoln: “Pode-se enganar a todos por algum tempo; pode-se enganar alguns por todo o tempo; mas não se pode enganar a todos o tempo todo”.
Laicismo e humanismo
O progresso das ideias e dos costumes é uma coisa avassaladora. Há uns 30 anos, quando passou a se intensificar essa onda pentecostalista no Brasil, as crentes andavam com saias pelas canelas e cabelos descendo à cintura. Agora, que as Igrejas comandam televisões e patrocinam grandes shows musicais, seus hábitos também se secularizam, tragados pela modernidade. A tendência da sociedade moderna, e, logo, do Estado, é a total laicização. Está aí o novo Papa dizendo, da sacada de seus aposentos: “Bom dia”, “bom almoço”, no lugar de “Louvado seja Nosso Senhor Jesus Cristo”. É a sociedade laica, e não as religiões, que pautam os costumes e o comportamento de nosso tempo. Se as religiões quiserem sobreviver, terão que se dobrar à laicidade dos costumes, das ideias, do discurso e também da moral. Esta se aprimora na medida em que se liberta do sagrado, da revelação, e é reconhecida como naturalmente humana e universalmente válida. É nesse contexto que uma espiritualidade fundada na razão e no livre-pensamento desbravará caminhos.
Espiritualistas livre-pensadores e humanistas, não temamos. O futuro nos pertence!


A Notícia
FEB editará tradução – O Novo Testamento
Haroldo Dutra Dias, tradutor de “O Novo Testamento”, obra lançada no ano de 2010 e esgotada, assinou contrato com a Federação Espírita Brasileira para cessão dos direitos autorais e patrimoniais da obra “O Novo Testamento (Evangelhos e Atos)”, a qual será lançada pela Editora FEB na segunda quinzena do próximo mês de abril. A assinatura do documento, com Haroldo e o presidente interino da FEB Antonio Cesar Perri de Carvalho, ocorreu no último dia 16 de fevereiro durante reunião do Núcleo de Estudo e Pesquisa do Evangelho da FEB, do qual o tradutor é coordenador.
Fonte: http://www.febnet.org.br/blog/geral/pesquisas/nepe/feb-editara-traducao-o-novo-testamento/
A crônica

Crônica do sagrado
WGarcia
(Wilson Garcia é escritor e jornalista. Mestre em Comunicação e Mercado,
Professor da Faculdade Maurício de Nassau, Recife, PE.)
Sérgio mora em São Paulo, mas o vejo sempre pelo Skype... Ontem, achei-o um pouco desenxabido, daquele tipo que fica olhando para o lado como quem quer fugir de uma conversa mais franca.
Interessante, o virtual já se misturou com o real de tal maneira que as pessoas estão repetindo na imagem o comportamento que expressam no face-a-face e o virtual está tão high definition que se torna quase natural perceber essa nova realidade.
Sem me conter, indaguei: que há contigo?
Desculpou-se três vezes, antes de abrir-se. Estava decepcionado, pois acredita na mudança, na necessidade da mudança, no dever da mudança, no movimento que implica mudança já que a roda da evolução só gira para frente.
Não entendi, disse.
Enfim, desabafou: hoje li a notícia do fechamento pela FEB do contrato para a publicação da Bíblia. Isto é o fim de toda minha esperança de transformação no destino da velha instituição. No que devo acreditar, qual é o significado do novo se o novo repete o velho?
Ouvi-o por cerca de dez minutos, a desenrolar o seu imenso corolário de justificativas. E vi sua face tensa, triste, doída.
-Não precisa repetir-me os seus avisos, falou-me. Agora entendo.
Sérgio calou-se. Foi minha vez de falar.
O problema do novo é o novo. É difícil representá-lo, ser o porta-voz dele, encarná-lo. Onde está o novo? No espírito? Mas o espírito para ser o novo não pode ser apenas retórica e argumentos.
O problema do homem que se autoproclama representante do novo é deixar-se ver apenas em sua complexidade imagética: nos olhos, na face, na expressão corporal, detalhes do visível recortado iconicamente.
O discurso do homem-imagem pode ser o discurso da esperança, mas quando a realidade o confronta vê-se que a esperança dele não é a do homem novo. A imagem padece de conformidade com (ao negar) a realidade, e não a nega apenas pelo conteúdo ilusório que lhe é próprio, mas pela ilusão acrescida, deliberada, intencional.
O novo não é naturalmente inclusivo, não está nem faz parte por ser o novo. Sua inclusão se dá pela ação que decorre da convicção firmada. O discurso é a promessa, que a imagem incorpora magistralmente, e muito mais no cotidiano tecnológico de nosso tempo.
Quando o homem-imagem-discurso descobre o prazer da fantasia e a espetacularização o projeta socialmente, apodera-se da ilusão imagética para aumentar o fascínio do outro, alimentando-a com a retórica do novo, da mudança, infundindo no outro a falsa esperança.
É por isso que o homem-imagem não pode mais prescindir desse signo icônico. Sem ele, ver-se-ia despido, nu, transparente e nem sempre o nu é arte.
Há duas maneiras de interpretar a imagem: uma mais segura e muito difícil, decorre da análise semiótica e para ser realizada exige especialização; outra, mais fácil e também mais dolorosa, chega-nos pelos veios pedregosos da desilusão. É quando a realidade contorna a imagem e se mostra em sua própria nudez.
O homem-imagem sabe que está sempre em perigo, pois participa de um jogo onde a imagem persegue a realidade e a realidade só se deixa aprisionar em seus nacos mutáveis. Quando um flagrante do real é registrado, no instante seguinte a realidade já não é mais aquela.
A imagem sobrevive na duração, a realidade existe para além do tempo. A primeira resulta intencional, a segunda está acima de qualquer suspeita.
Quando, pois, o homem-imagem, apesar de comprometido na origem com o novo, age para manter o velho como a FEB ao propor-se a editar a Bíblia, meu caro Sérgio, o que deixa à mostra? A impossibilidade de dominar a realidade.
Ah, não se esqueça de uma coisa: a ilusão é elemento intrínseco à imagem e não à realidade.


CCEPA – 77 Anos
Neste mês de abril, o Centro Cultural Espírita de Porto Alegre (ex-Sociedade Espírita Luz e Caridade) completa 77 anos de fundação.
Será uma oportunidade para quem quiser conhecer as origens, a história, as ideias e as transformações vividas por esse núcleo do pensamento espírita, fundado no ano de 1936, no tradicional bairro porto-alegrense do Menino Deus, onde até hoje está situado. Na noite de 19 de abril (sexta-feira), às 20h, uma mesa redonda, coordenada pelo presidente do CCEPA, Milton Medran Moreira, e da qual participarão seus mais antigos dirigentes, Maurice Herbert Jones e Salomão Jacob Benchaya, vai marcar o evento. O encontro é aberto a todos os interessados.
Além dos associados e colaboradores do CCEPA, já asseguraram presenças: Dante López, presidente da CEPA e esposa; Gustavo Molfino (3ºvice-presidente da CEPA); Mauro de Mesquita Spínola (2º vice-presidente); Alcione Moreno (presidente da CEPABrasil); e mais os delegados da CEPA: Jacira Jacinto da Silva (São Paulo), Homero Ward da Rosa e esposa (Pelotas), José Budó e esposa (Santa Maria) e Margarida Nunes (Florianópolis). Todos estarão participando, no sábado, dia 20, de uma reunião administrativa conjunta da CEPA e CEPABrasil, que terá por sede o Centro Cultural Espírita de Porto Alegre.
Atividades Públicas de Abril e Maio no CCEPA
Além da sessão comemorativa ao aniversário da instituição (dia 19, às 20h), o Centro Cultural Espírita realiza, no mês de abril, as seguintes atividades também abertas ao público:
Dia 1º - 20h30 – Conferência “Fenômenos Paranormais”, a cargo de Aureci Figueiredo Martins;
Dia 17, 15h – Conferência “Espiritismo e Ciência”, com Salomão Jacob Benchaya.
Segue aberto à participação de estudiosos do espiritismo, nas sextas-feiras, às 15 horas, o grupo formado para o Estudo Analítico de O Livro dos Espíritos, uma reflexão crítica e atualizada, coordenada por Salomão Benchaya, da principal obra de Allan Kardec.
No dia 6 de maio, às 20h30, e também dia 15/5, às 15h, você está convidado a assistir à conferência do Prof. Moacir Costa de Araújo Lima “Quântica, Espiritualidade e Saúde”, no auditório do CCEPA, com sessões de autógrafos de seu livro que leva o mesmo nome.



Depois da tragédia (1)
Sobre a matéria de capa de CCEPA-Opinião de março, depois de tantas mensagens irracionais tentando dar a interpretação espírita à tragédia de Santa Maria, eu aguardava a criteriosa análise de vocês. Imaginei que não deixariam sem resposta. Bom texto, como sempre.
Eneida Barreto Pereira – Santos/SP
Depois da tragédia (2)
Todas as edições do jornal “Opinião” são muito instrutivas e boas. Mas, na edição de março, vocês se superaram.
As análises profundamente esclarecedoras sobre as causas da tragédia de Santa Maria ajudam, e muito, na correta compreensão da Doutrina Espírita, resgatando-a de interpretações equivocadas sobre a Lei de Causa e Efeito. No fundo, essas inconsistências refletem os dogmas cristãos que aprisionam em culpas, tudo muito distante da boa lógica kardecista.
Foram também oportunas e sensatas, as considerações sobre o novo Papa e o milenar cerimonial que o elegeu. Que venha o novo, não apenas nas necessárias reformas morais, mas também nas antiquadas práticas vaticanas. Um abraço grato por sempre aprender com vocês!
Nícia Cunha – Cuiabá/MT                                                                       
Simplesmente, humano
Caro Medran, gostaria de parabenizá-lo pelo excelente artigo sobre a renúncia de Bento XVI (“Simplesmente, humano”), publicado no jornal Zero Hora e que foi, também, editorial de CCEPA Opinião de março. Aproveito para cumprimentar o Centro Cultural Espírita pela ótima diagramação de seu blog – www.ccepa.blogspot.com .
Grato, igualmente, pela oportunidade de expor minhas reflexões (artigo A Crise da Civilização Atual) a um público tão especial e seleto, como o é o dos leitores deste jornal.
Gláucio Grijó – Brasília/DF.