UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 1 de febrero de 2013

 J E A N - LO U I S P E T I T
UN OJO SOBRE...
EL PENSAMIENTO MÁGICO,
PRECURSOR DEL ESPIRITISMO

LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013


“Lo más extraordinario que hay en el hombre, es su existencia
misma. Evidentemente, estamos acostumbrados y
ya no nos asombramos de nuestra presencia en la Tierra”,
escribe Michel Malherbe al principio de su libro Historia
de las religiones. Ese prodigio es el de la vida. En efecto,
cuántas condiciones son necesarias para que este frágil
estado se mantenga: un planeta con una atmósfera,
una distancia ideal respecto al sol, ni demasiado cerca
para quemar, ni demasiado lejos para helar, un verdadero
“mecanismo de relojería” de incomparable precisión,
que se modifica sin cesar para dar su oportunidad
por turno a los dinosaurios y luego a los humanos que
somos. Otro prodigio más: el pensamiento, un proceso
natural e innato de fabulosa complejidad que nos
permite comprender nuestro ámbito de vida y adaptar
nuestros comportamientos con toda nuestra inteligencia.
Se habla entonces fácilmente del “milagro de la
vida”, pero, ¿qué significa en realidad esa expresión?
¿Qué es un milagro?
Sería una derogación de las leyes de la naturaleza, por
medio de la cual Dios manifiesta su omnipotencia.
Suponer el milagro de la vida, es pues admitir a la vez
que hay leyes que rigen la naturaleza, y un gran relojero
o gran arquitecto del universo, es decir un creador del
universo. Desde siempre se le ha impuesto al hombre
esta idea de un creador, o más exactamente de numerosas
divinidades. En cuanto aparece el hombre, su
pensamiento crea lo sobrenatural y se complace en
contar múltiples historias sobre la creación y las relaciones
entre el hombre y estas fuerzas de todo orden
que unas veces lo colman y otras lo aplastan. El milagro
forma parte de la historia humana, en el marco de
un verdadero pensamiento mágico. Poco a poco, sin
embargo, el pensamiento científico ha resuelto muchos
de los enigmas del universo. El rayo ya no es una manifestación
de Zeus o de Júpiter sino una descarga eléctrica
mensurable y reproducible por el hombre.
Entonces, ¿existe siempre el milagro? Interroguémonos
sobre el pensamiento mágico que ha creado esta idea de
milagro; ella aún sigue estando ampliamente presente
en nuestro mundo a pesar del fenomenal impulso de
la ciencia. La tercera revelación, después de la primera,
la de Moisés que funda el monoteísmo sobre el temor;
luego la segunda, la de Jesús, que llama al Amor, hizo
desaparecer lo sobrenatural. ¿El espiritismo hace desaparecer
entonces la noción de milagro?
En nuestro mundo, el pensamiento tradicional es un
pensamiento mágico, que reposa sobre el milagro
Tanto hemos adoptado la costumbre de mirar el pasado
con nostalgia, que nos es difícil imaginar la rudeza de la
vida en las sociedades de otras épocas, cuando en siglos
pasados, el mundo se mostraba como una realidad
temible y aterradora librada a los caprichos de la naturaleza.
Si se cree en la pluralidad de las vidas, es decir en la
reencarnación, analizar nuestras primeras vidas da aún
más sentido a nuestros terrores sepultados. He aquí
un extracto de mensaje espírita que trata de nuestros
primerísimos pasos sobre un planeta: “Así, el espíritu
recién nacido al mundo encarnará sobre una esfera inferior
donde la pesadez es tal que evolucionará penosamente
en la tosquedad de las formas. Sus primeras relaciones
con el mundo exterior físico serán dependientes de las
funciones del cuerpo. Será guiado entonces por el hambre,
la sed, el deseo de sobrevivir defendiéndose contra todas
las agresiones de la materia… Todo, absolutamente
todo en este primer planeta, en esta primera encarnación
tendrá carácter de monstruosidad… Las primeras etapas
del alma, los primeros sentimientos, tendrán por nombre
angustia, miedo, reflejo de defensa, agresividad, verdadera
pesadilla viviente para el espíritu recién encarnado.
El mundo de la materia será rápidamente olvidado con la
muerte”.
Así, de vida en vida, el espíritu recién creado olvidará y
luego reprimirá en su memoria tan terribles imágenes,
pero éstas quedarán impregnadas en su memoria
profunda que guardará rastros de todos sus recuerdos
y de todos sus sentimientos. Igualmente la nueva
conciencia rechazará la idea de su filiación divina. Poco
a poco, se formará el inconsciente que también evolucionará
de vida en vida. Pero el hombre guardará en sí
una vaga idea de su espiritualidad. Proyectará su deseo
de comprender sobre el mundo que le rodea y en todo
lo que le supera verá una voluntad maléfica o benéfica
de las divinidades ante las cuales se prosterna. El sol se
convertirá en el dios por excelencia y las mitologías y
epopeyas que describen el mundo, le servirán de guías.
Otro extracto de mensaje ilustra bien los miedos y
terrores de los pueblos aún primitivos, cito: “Estamos
en 4200 antes de Jesucristo. Estamos en Carnagan (actual
Carnac). Hace calor, el cielo está oscuro. La tormenta
amenaza y las mujeres le temen. El dios de las cóleras se
va a manifestar. Es de tarde, todas las familias salen de
las chozas. Se reúnen alrededor del fuego sagrado para
adorar a otro fuego, el que va a caer en el mar, el fuego sol.
Ahora mujeres, niños y hombres están de rodillas. Vuelven
la espalda al brasero. Bajan las cabezas y se inclinan para
adorar al astro solar. Temen que no vuelva al día siguiente.
Le piden que regrese. Pero se hace aún más oscuro y la
tormenta amenaza. Todo el mundo parece atemorizado”.
Por siglos el pensamiento del hombre será ante todo
un pensamiento mágico, que fabulará al mundo para
hacerlo más accesible y el milagro tendrá allí todo su
espacio.
Estas mitologías iniciales se convierten en las religiones
que crean ritos para ayudar al hombre a vivir
en una naturaleza a la que aún no domina
Etimológicamente, religión viene del término latino
“religare”, que quiere decir enlazar. El hombre se inventa
ceremonias y dogmas, relacionados con las fuerzas de la
naturaleza y destinados a obtener el favor de las múltiples
divinidades que pueblan su imaginario. Conseguir
una caza abundante, asegurar una descendencia, curar
las enfermedades, se suma a las precauciones de base
que apuntan a encontrar el sol y a evitar que el cielo
caiga sobre las cabezas. El hombre aprende a venerar
a esas fuerzas que lo aterran y lo subyugan; intenta
conciliarlas con ofrendas y sacrificios. Durante mucho
tiempo, hasta se imaginó que debía sacrificar hombres
al supuesto apetito de los dioses.
En las civilizaciones egipcias, incas, chinas y otras, el
muerto es acompañado por sus muebles, alimento y
todo o parte de su entorno: mujeres, servidores y caballos.
Todos los ritos funerarios muestran una certeza en
la supervivencia del principio vital más allá de la muerte.
El rito mágico está aquí en su apogeo: se cree que el
soplo divino devolverá vida a los difuntos.
Finalmente, los ritos de la vida y la muerte conllevan
muy a menudo una noción moral de bien y de mal,
con un juicio último o un pesaje de las almas. La eternidad
al lado de los dioses supone un atento examen
de la conducta del difunto, que los pórticos de nuestras
catedrales dedican siempre al paraíso o al infierno.
Todos los grandes mitos fundadores de la humanidad
se crean durante nuestras primeras civilizaciones, así
como los intentos de respuesta a la inquietud humana
fundamental: ¿Quiénes somos? ¿Por qué la vida? ¿Y la
muerte? Ese es el milagro permanente, la intervención
de los dioses, creadores de toda vida. De generación
en generación, los narradores tuvieron tendencia a
deformar las historias para hacerlas aún más contundentes,
cada vez más mágicas. Pues en esa época,
nada estaba escrito, todo era contado, del viejo al niño
que a su vez mantendría las tradiciones y los ritos a fin
de que vivieran las creencias que dedican a los dioses
un culto divino.
Después, la ciencia explicó muchas realidades y
sustituyó al pensamiento mágico
Pero no lo explica todo: poco a poco la actitud científica
se convierte en la regla en nuestro mundo. Desde
la antigüedad, se sabe que vivimos sobre una bola
redonda que gira sobre sí misma y alrededor del Sol.
Sin embargo, durante muchísimo tiempo la Iglesia
rechazó esta realidad. Cada descubrimiento importante
comienza por crear incomprensión e intolerancia. En
nuestro siglo, siguen siendo numerosos los que todavía
dudan de las leyes de la evolución. La lucha entre ciencia
y espíritu mágico está lejos de haber concluido.
Habiendo demostrado Galileo, físico y astrónomo, que
la Tierra giraba alrededor del Sol, debió retractarse públicamente
para evitar la hoguera. Su frase “Y sin embargo
gira” ilustra la intolerancia de los esquemas impuestos
por la Iglesia. La visión científica del mundo tarda siglos
en imponerse, y se opone a las Iglesias. La ciencia va a
sostener una lucha constante contra el pensamiento
mágico tradicional, al que ella hace aparecer cada vez
más como una superstición.
El progreso de la medicina humana ilustra bien este
sempiterno combate. Con el paso de los siglos, los
descubrimientos científicos hacen retroceder constantemente
la mortalidad: Ambroise Paré impuso técnicas
tales como la ligadura de las arterias y la cauterización
de las heridas. Con Semmelweis y luego Pasteur, el
conocimiento de los gérmenes y de los microbios exigió
medidas simples de higiene, como el lavado de las
manos, que hacen retroceder a epidemias y mortandad
vinculadas a la ignorancia. Las técnicas modernas
permiten trasplantes de órganos y operaciones a
corazón abierto. Hasta ahora la medicina moderna
nunca ha reconocido el papel del espíritu y el peso de
su pasado ligado a las reencarnaciones; no siempre
sabe curar bien una depresión o una simple artrosis. El
espíritu estorba.
Si aún hoy permanecemos en esta dualidad entre ciencia
y religión, el espiritismo definido y codificado por Allan
Kardec en el siglo XIX, tiende un puente saludable entre
los dos pensamientos. En efecto, el espiritismo, reconocido
como filosofía y ciencia, puede convertirse en ese
pacificador que enlace cristiandad y disciplinas científicas.
Si el espiritismo da testimonio de la supervivencia
del espíritu y del reconocimiento de su origen divino,
revela también todo el poder de las facultades psíquicas
y espirituales del espíritu, eslabón faltante que pondría
fin a la teoría del milagro, de la superstición y del pensamiento
mágico. ¿Puede decirse ahora que todo pensamiento
mágico ha desaparecido de nuestro globo? Sin
duda que no. No obstante, las realidades descubiertas
por el espiritismo, con sus perspectivas grandiosas y
reales de pasarelas entre los mundos, deberían reemplazarlo
poco a poco.

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