UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

jueves, 31 de enero de 2013

FILOSOFÍA
Doctrina Kardecista
Modelo Conceptual (reescribiendo el modelo espirita), de Jaci Regis
David Santamaría
dsantamaria@cbce.info
(Comentarios iniciados en F.E. 137 y siguientes)
2ª. Parte – Bases de un nuevo modelo
Capítulo V – DE LA ÉTICA Y DE LA MORAL
Ñ
1. Consideraciones Generales
DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – “Considerando la vida corpórea como el inicio de la
existencia del alma y la muerte como el lugar de enjuiciamiento y definición última del futuro del
alma, profetas y legisladores crearon leyes morales para regular el comportamiento personal y
colectivo. Era todavía una consecuencia de la visión sensorial de la vida.
“Para la sociedad occidental, esa visión vino de la biblia o del antiguo testamento. La biblia
relata, sobre todo, la perplejidad del pueblo judío ante los problemas de la vida de relación. Los
profetas desenvolvieron una visión extremadamente dura de la relación entre el Criador y la
criatura.
COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) - Es cierto que los profetas y los legisladores
hebreos, como el mismo Moisés, propusieron unas leyes muy duras para el conjunto de su pueblo.
Probablemente pueda explicarse por la necesidad de influir en un pueblo todavía muy ignorante y rudo. Es
por ello que, posiblemente, vincularon sus normas a la divinidad, presentándolas como decretos de la
misma para que fuesen más efectivas y menos discutidas.
D.K. – “La existencia, en la visión bíblica, es un choque interminable entre las personas y la
divinidad. El poder divino se muestra en el castigo. Jehová es retratado como el dios vengador,
parcial y exclusivo del pueblo, cuyo poder en relación a los otros dioses fue varias veces probado,
como también, varias veces, la ira de él se abatió sin piedad, transformando la mujer de Lot en
estatua de sal o en la matanza general que aconteció en el diluvio.
F.E. - Se tenía una visión de la divinidad muy “física”, muy “humana”; es decir, muy antropomórfica. Esa
divinidad poseía no sólo virtudes, sino también muchos de los defectos de la humanidad. Nada que ver con
la noción de Dios que nos ofrecen Jesús de Nazaret, primero, y Allan Kardec4, después.
D.K. – “Las Iglesias tuvieron dificultades para comprender la naturaleza de los seres humanos y
por eso los consideraron a priori, pecadores. Asumieron la vida corpórea como un yugo que había
que soportar. Así, pues, la salvación está más allá de la muerte.
“En el cristianismo, la base moral reposa, esencial y teóricamente, en la prédica de Jesús de
Nazaret y, por eso, algunos principios son extremadamente compasivos aunque no sean
ostensiblemente practicados por la mayoría.
“Aunque Allan Kardec creyese que el cristianismo había creado una nueva versión de Dios a
través del trabajo de Jesús, la verdad es que el dios cristiano es tan vengativo como el dios judío.
Si el Nazareno trajo la noción de la paternidad amorosa, su misericordia y solidaridad, la realidad
del concepto de justicia en la expresión cristiana, continuó intrínsecamente implacable.
F.E. - Ciertamente éste es uno de los motivos por los que el Espiritismo debe desmarcarse del concepto de
“religión cristiana”; concepto que no le conviene en absoluto, ya que está lejos de las más puras nociones
kardecistas5. El Espiritismo estaría más unido a un concepto inexistente que podríamos denominar como
“jesusianismo”; es decir, con la trayectoria ejemplar de Jesús de Nazaret6. Evidentemente el Espiritismo no
4 Recordemos al respecto el texto de la primera pregunta que Kardec propone en “El Libro de los Espíritus”: “¿Qué es Dios?:
Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”. Tanto el matiz de la pregunta (Qué, en lugar de quién) como
la sobriedad y precisión de la respuesta, son verdaderamente admirables.
GENER / MARÇ 2013 FLAMA ESPIRITA -5-
tendría el más mínimo problema con la moral “jesusianista”, cosa que no ocurre con la moral religiosa
cristiana.
D.K. – “Debido a las premisas filosóficas sobre el pecado y la salvación, la sociedad cristiana
estuvo siempre bajo el tacón del pecado, de la tristeza y del dolor. La Iglesia llegó hasta
condenar la sonrisa, el placer, eligiendo el sufrimiento y la renuncia como patrones sublimados;
las músicas sacras son lamentos, la santidad es otorgada a quien sufrió.
F.E. - A diferencia de ello, el Espiritismo es una noción esencialmente optimista y encarada hacia la
consecución de una felicidad lo más plena posible, sin que ello deba disimular o esconder las dificultades del
camino.
D.K. – “El gran personaje de la trama de la caída y de la culpa es el demonio, con su capacidad
infinita de seducir y apartar del camino. Larga es la puerta de la perdición.
F.E. - No deja de sorprender que, a estas alturas del siglo XXI, aún se hable del tema del diablo como
figura contrapuesta a Dios y siendo, evidentemente, también él una creación de Dios. Es extraño que las
religiones cristianas no hayan sido más sagaces a la hora de erradicar ese concepto tan incómodo para su
Dios. Larga es la puerta de la perdición, para las religiones cristianas, y largo es el camino del progreso para
el Espiritismo.
D.K. – “El ser humano es el blanco de esa visión que lo condena aquí y después. Pocos son los
que se salvan, pocos los escogidos.
“Este modelo descarta totalmente la premisa de la vida humana girando en torno de la culpa y
del castigo.
“En la visión evolucionista no existe lugar para el retroceso, ni para la perdición, sólo lo hay para
el éxito y la ascensión.
“El universo se equilibra en una relación de reciprocidad, adecuada a cada etapa en el proceso de
desenvolvimiento del Principio Inteligente.
F.E. - Evidentemente el Espiritismo es un modelo mucho más eficiente en cuanto al delineamiento del
futuro del Espíritu. No hay condenas, sólo hay oportunidades de progreso. No hay nadie “perdido”, todos
estamos salvados por la bondad divina. No hay retrocesos, hay descansos momentáneos (estancamientos a
veces) para tomar impulso hacia nuevos retos.
D.K. – “La Ley divina o natural, no se ocupa de juzgar o condenar. O sea, la Ley Natural no es una
ley moral. Ella controla la vida universal, estableciendo una directriz positiva que sobrevive y se
impone en el aparente caos y en los límites del libre albedrío...
F.E. - “La Ley natural -podemos leer en “El Libro de los Espíritus”, apartado 614- es la ley de Dios y la
única verdadera para la dicha del hombre. Le indica lo que debe hacer o dejar de hacer, y es desgraciado,
porque de ella se separa.” O sea que, directamente o indirectamente, sí que se relaciona con lo moral ya
que si obramos correctamente -de una manera moralmente adecuada- nos acercaremos a la felicidad; pero,
si obramos incorrectamente -o sea, de una manera moralmente inadecuada- persistiremos en la ignorancia
y la dificultad.
D.K. – “El libre albedrío, esa libertad esencial, podría llevar a la anarquía incontrolable, si no
estuviesen grabados en la consciencia los parámetros de la Ley, construidos en el conflicto
existencial. La ética y la moral son estadios creados a partir de la racionalidad.
F.E. - También Kardec se refiere a esa “grabación” de los aspectos esenciales de la Ley en nuestra
conciencia7. Así en el apartado 621 de “El Libro de los Espíritus”, podemos leer:
“¿Dónde está escrita la ley de Dios?
“En la conciencia.
“Puesto que el hombre lleva en la conciencia la ley de Dios, ¿qué necesidad tenía de revelársela8?
“La había olvidado y desconocido, y Dios quiso que le fuese recordada.”
5 Todo ello a pesar de que, realmente, Allan Kardec no dejó clara (al menos de forma explícita, aunque sí -pensamos- de forma
implícita) su posición con respecto de la filiación religiosa, o no, del Espiritismo.
6 Jesús como hombre, como espíritu adelantadísimo y no como Dios; Jesús como filósofo (el “filósofo por excelencia”, como lo
denominó Carlos Brandt) y no como líder religioso.
7 Conciencia, como siendo el conocimiento íntimo del bien y del mal. Es castellano puede diferenciarse de consciencia, que sería
nuestra capacidad como seres humanos de vernos y reconocernos como tales.
8 Suponemos que Kardec debe referirse a lo realizado a través de la llamada “revelación” espiritista.
-6- FLAMA ESPIRITA GENER / MARÇ 2013
¿Cómo hemos de entender esa afirmación de que los parámetros de la Ley están “grabados” en nuestra
conciencia, o en nuestra consciencia (como nos dicen tanto el Dr. Regis como Kardec) y de que podemos
“olvidarlos” (como leemos en la respuesta de los Espíritus a Kardec)?
Fijémonos en el detalle inserto en el párrafo que estamos estudiando: el Dr. Regis nos dice que los
parámetros de la Ley están “construidos en el conflicto existencial”. Es decir, que esos principios de la Ley
se van generando a medida que vamos aprendiendo a través de la resolución de conflictos. En el apartado 2
de este presente capítulo encontraremos de nuevo estos conceptos.
También puede ayudarnos a la comprensión de este tema el comentario de Léon Denis en el cap. XII de su
obra “Después de la muerte” (como ya habíamos mencionado en el comentario del cap. II-1 de este
opúsculo):
“El alma es un mundo, un mundo en el que se mezclan aún las sombras y los rayos de luz y cuyo estudio
atento nos hace ir de sorpresa en sorpresa. En sus pliegues, todos los poderes están en germen,
esperando la hora de la fecundación para abrirse en chorros de luz. A medida que se purifica, aumentan sus
percepciones”.
Es decir, no haría falta considerar esa grabación de los principios de la Ley, ya que todo, absolutamente
todo, se adquiere por la vía del progreso, por el camino del ensayo y del error, por el camino del error y de
su rectificación, esperando que esas potencialidades que están en germen vayan desenvolviéndose. En “El
Libro de los Espíritus, apartado 631, queda también perfectamente clarificado:
“¿El hombre tiene por sí mismo medios de distinguir lo que es bueno de lo que es malo?
“Sí, cuando cree en Dios y quiere saberlo. Dios le ha dado la inteligencia para discernir lo uno de lo otro.”
O sea, que es la inteligencia lo que nos hace avanzar, la que nos permite diferenciar lo que está bien de lo
que no lo está. Por lo tanto, al menos teóricamente, no se necesitaría ese registro previo en nuestra
conciencia de los parámetros de la Ley (como parecería desprenderse de la lectura de L.E. 621), sino que lo
que es necesario tener es inteligencia para discernir lo correcto de lo incorrecto.
En cuanto al tema del “olvido” de esos parámetros, pensamos que no existe como tal ya que no podemos
olvidar aquello que no sabemos, porque si lo supiéramos de verdad, si realmente estuvieran grabados en
nuestra conciencia por la acción del progreso intelectivo, de ninguna manera podríamos olvidarlos. Lo que
hacemos realmente es aprender a través de todos los medios a nuestro alcance, y, ciertamente, la
enseñanza de los Espíritus es uno de esos medios.
D.K. – “La ley de causa y efecto o de acción y reacción, instrumento básico en el balanceo de las
energías y las fuerzas, no es, como a veces se piensa, una ley represora, punitiva, sino más bien
la ley básica del equilibrio, y el equilibrio es la felicidad o la condición de satisfacción y
compensación del ser.
“La infelicidad es la quiebra del equilibrio con la creación de estados de desconsuelo y
desintegración mental.
“El interés de la preservación, o instinto de conservación, que se instala en el ser desde el inicio
y la necesidad que le es inherente de participar de relaciones compensatorias con sus
semejantes, son las fuerzas propulsoras que lo mueven para la búsqueda de la armonía. El
proceso evolutivo del ser inteligente es inestable por cuanto se adiestra en el nivel de
imperfección natural en constante mutación generando desequilibrio. Esos parámetros
intrínsecos reposan en la reciprocidad de la ley de causa y efecto. Acción y reacción constituyen
el camino, a veces doloroso, de la búsqueda del equilibrio, sea internamente, sea en la relación
con el otro, con el ambiente.
F.E. - La ley de causa y efecto, o de acción y reacción, es una ley de justicia distributiva: a cada cual según
sus obras. Muy acertado está el Dr. Regis cuando señala que esta ley no es punitiva, sino que es una ley
compensatoria, una ley de reequilibrio. Es la gran ley del progreso, tanto individual como colectivo.
D.K. – “En la trayectoria evolutiva del ser espiritual, los factores externos provocan
repercusiones que movilizan sus potencialidades, reestructurando niveles mentales y
motivaciones. Esas confrontaciones causan dolor y sufrimientos que producen situaciones
penosas e insatisfactorias.
F.E. - “Situaciones penosas e insatisfactorias” que, a la postre, son uno de los más poderosos motores de
progreso. Para desembarazarnos de las consecuencias penosas e insatisfactorias no nos queda más remedio
que trabajar positivamente en su superación. Eso es progresar.
GENER / MARÇ 2013 FLAMA ESPIRITA -7-
2. La ética
D.K. – “El flujo organizador y directivo de la Ley está “inscrito en la consciencia”, esto es, en la
formación de la estructura del cuerpo mental9. ¿Qué significa eso?
“La Ley no es un discurso. Es el conjunto de factores que actúan siempre procurando la
manutención del equilibrio.
“Esos mecanismos de autorespuesta, definen en la estructura del cuerpo mental del principio
inteligente, la noción básica de lo que es correcto o errado. Ellos limitan o responden a las
estimulaciones comportamentales o meramente reactivas del ser en la trayectoria evolutiva.
Debido a la actuación automática de esas fuerzas, el Principio Inteligente es compelido a
establecer esos parámetros no como forma consciente, sino como ocurrencia real en si misma, de
los límites de la ley de acción y reacción.
“En la estructura de la Ley Natural están establecidos los limites que el Principio Inteligente
conocerá en los conflictos de la experiencia que definen las repercusiones, la reciprocidad
natural entre acción y reacción, en los campos de las relaciones se sobrevivencia. Después, en el
desencadenamiento de las mutaciones, él sufrirá las consecuencias del choque de la convivencia
e inscribirá en su mente, en su cuerpo mental perenne, los rigores de las respuestas...
“La “inscripción en la consciencia” de los valores de la Ley se da en la propia vivencia de los
conflictos y por el deseo de preservación del ser y constituye, con el tiempo, los fundamentos de
la ética, considerada como el factor que establece el enjuiciamiento de los factores para la
persistencia del ser.
F.E. - Acompañando atentamente la secuencia de estos últimos párrafos, se llega a la conclusión enunciada
en el último de ellos: “La “inscripción en la consciencia” de los valores de la Ley se da en la propia vivencia
de los conflictos”. Es decir que es la vivencia de los conflictos la que finalmente propiciará esa inscripción,
esa grabación, de los parámetros de la Ley Natural tanto en nuestra conciencia (como elementos normativos
de nuestros actos, como principios éticos), como en nuestra consciencia (asunción lúcida, asunción
consciente de la realidad y de la importancia de estos principios éticos en nuestra vida). Por lo tanto
podemos reafirmarnos en que la grabación de los Parámetros de la Ley, devendría de forma natural como
consecuencia de nuestro progreso.
D.K. – “La ley de causa y efecto es el principio fundamental de balanceo y reajuste constante de
la ruta recorrida por el ser en el camino evolutivo. Ese juego permite la construcción y
reconstrucción del equilibrio interno.
F.E. - Realmente, la ley de causa y efecto no es únicamente -tal y como ya afirmaba más arriba el Dr.
Regis- una ley punitiva, sino que es una ley de “reajuste constante de la ruta”, tal y como enuncia el autor.
También tiene un componente expiatorio -inherente a esa acción de reequilibrio-, el cual de una manera
automática, pero razonable, nos impele a recibir -de forma voluntaria o involuntaria, de manera consciente
o inconsciente- las consecuencias inevitables de nuestros actos equivocados. Y decíamos que se trata de
una ley que actúa de una forma razonable -lo cual no podría ser de otra manera, al tratarse de la acción de
la Ley divina o natural-, en el sentido de que no se nos propondrá dicha expiación, y la compensación
material y moral subsiguiente, hasta que en nuestro “haber10” haya el suficiente contenido como para
poder enfrentar con las mínimas garantías de éxito el saldo de nuestro “debe”.
D.K. – “La consecuencia será la estructuración de los valores que después serán los que
formarán la “ética”, o sea, la definición básica de lo correcto y errado, del bien y del mal.
F.E. - Es formidable la manera como, de una forma tan bien secuenciada y plena de lógica, el Dr. Regis
nos conduce a la aceptación de que la noción de lo que denominamos ética se va delineando y consolidando
en el espíritu de una manera inevitable, como consecuencia de nuestras acciones. Ello es un argumento
más en contra de aquellos que piensan que el Espiritismo nos ha venido a “religar” con Dios, como si en
algún momento hubiéramos tenido una completa comprensión de la divinidad y, por una “falta” nos
hubiéramos desviado de esa presumida unión. Todo ello no es así. No somos “ángeles caídos”, sino que
somos espíritus en constante evolución, evolución que nos conduce, consecuentemente, a obtener una
mayor comprensión de Dios, de la Ley Natural y de la Ética.
3. La moral (se comentará en el próximo número)􀀃◙
9 No insistiremos en el tema del “cuerpo mental” que propone el Dr. Regis (véase nuestro comentario al Cap. II de la 2ª parte de
este opúsculo).
10 En los antiguos libros de contabilidad aparecían dos columnas tituladas “Debe” y “Haber” donde se consignaban los conceptos
y cantidades, de lo que la empresa tenía a su favor como ingresos o, en su contra, como pagos.
TOMADO DE:  GENER / MARÇ 2013 FLAMA ESPIRITA -7-

domingo, 27 de enero de 2013

ALLAN KARDEC, LE FONDATEUR DU SPIRITISME
por
J O C E LY N E C H A R L E S
LAS OBRAS PRINCIPALES
DE ALLAN KARDEC
LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

En 1854, Hippolyte Léon Denizard Rivail oyó hablar
por primera vez de las mesas giratorias y asistió luego
a sesiones de espiritismo. Las cosas hubieran podido
quedar allí, de no ser por la intervención de un grupo
de investigadores que le pidió examinar cincuenta
cuadernos de comunicaciones diversas. Algunos de
ellos lo conocían, así como los manuales escolares que
había escrito; apreciaban su capacidad para explicar
sencillamente las cosas complicadas, y para sintetizar
las tesis más confusas. En esos cuadernos, y en las
comunicaciones obtenidas por diferentes medios, Allan
Kardec iba a descubrir una enseñanza. Así codificaría el
espiritismo. He aquí algunas de sus obras, muy sucintamente
presentadas.
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Son esos cuadernos, completados
por otras comunicaciones, lo que
forma la base de El Libro de los Espíritus
publicado en 1857. Según
H.L.D. Rivail, convertido en Allan
Kardec, se trata de: “la primera obra
que hace entrar al espiritismo en el
camino filosófico por la deducción
de las consecuencias normales de los hechos”, y que “data
la época del espiritismo filosófico que hasta allí permanecía
en el dominio de los fenómenos de curiosidad”. Esta
obra maestra echa las bases del espiritismo, utilizando
las respuestas de los espíritus; ese es el principio mismo
del libro. Allan Kardec utiliza la forma de preguntas y
respuestas. La obra comienza con una introducción al
estudio de la doctrina espírita en la que plantea todos
los grandes principios y responde ya a todas las objeciones
posibles en diecisiete párrafos cuidadosamente
elaborados. Comienza por echar las bases de un vocabulario
adecuado, e indica en primer lugar que en
adelante utilizará la palabra Espiritismo para diferenciar
la doctrina espírita de toda otra teoría espiritualista.
Y el adepto del espiritismo deviene en espírita. Al final
de esta introducción, Allan Kardec presenta El Libro de
los Espíritus como una enseñanza de los espíritus de los
cuales él sería apenas el modesto portavoz: “Este libro
no tendría como resultado sino mostrar el lado serio de la
cuestión, y estimular estudios en este sentido, eso ya sería
mucho, y nos felicitaríamos por haber sido elegidos para
cumplir una obra de la que, por lo demás, no pretendemos
extraer ningún mérito personal, pues los principios que
encierra no son de nuestra creación; el mérito completo es
pues de los espíritus que lo dictaron. Esperamos que tenga
otro resultado, el de guiar a los hombres deseosos de ilustrarse,
mostrándoles, en estos estudios, un objetivo grande
y sublime: el del progreso individual y social, e indicarles el
camino a seguir para alcanzarlo”.
La obra está dividida en cuatro grandes partes:
- Las causas primeras
- Mundo espírita o de los espíritus
- Leyes morales
- Esperanzas y consuelos.
En el libro primero, el autor se dedica a poner en
evidencia la existencia de Dios. Hay, en esta parte, capítulos
sobre la creación, el universo y el principio vital.
El libro segundo comprende todas las definiciones y
atributos del espíritu y del periespíritu, indicando los
procesos de la encarnación y la reencarnación, dentro
de la pluralidad de las existencias y de los mundos. Esta
parte incluye también las diferentes manifestaciones
de los espíritus según sus niveles de evolución y la
influencia que pueden tener sobre los humanos y sobre
nuestro mundo.
El libro tercero abarca las leyes divinas o naturales. Se
encuentran en él todos los grandes principios humanistas
de la marcha del progreso, dentro de consideraciones
sobre las leyes de igualdad, libertad, justicia,
amor y caridad.
En el libro cuarto, las nociones de penas, recompensas,
pruebas o expiaciones, nos parecen hoy mal adaptadas
en una connotación que podría hacer pensar en
temas de moral religiosa. Y sin embargo, esta parte del
libro dedica justamente una argumentación que busca
limitar bien la moral espírita de las nociones de cielo,
purgatorio e infierno del catolicismo. Aunque hoy en
día ciertos términos empleados suenen bastante mal
a nuestros oídos, el fondo mismo de las palabras en
referencia a una moral inmanente y universal, conserva
todo su valor.
Finalmente, la conclusión de El Libro de los Espíritus
subraya la diferencia entre el espiritismo y el materialismo.
El autor hace alarde de una confianza en el
porvenir que verá un día el triunfo del espiritismo sobre
la Tierra.
En El Libro de los Espíritus se encuentran respuestas
firmadas por san Luis, san Agustín, Fenelón, Lamennais,
Platón y san Vicente de Paul. El Libro de los Espíritus
contiene las respuestas de los espíritus a más del mil
preguntas sobre Dios, el universo, los ángeles, la reencarnación,
los sueños, la telepatía, la oración, las guerras,
las desigualdades, la libertad, la justicia, el suicidio, el
egoísmo, el amor, etc.
EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS
Luego de El Libro de los Espíritus,
Allan Kardec escribe una obra
sobre la mediumnidad. Hace una
meticulosa descripción de los
posibles escollos y peligros que
podrían acechar a los médiums,
en el caso de que las condiciones
serias, que imperativamente
deben rodear una sesión digna de ese nombre, no
fueran cumplidas. Dice además en la introducción:
“Todos los días la experiencia nos confirma en esta opinión,
de que las dificultades y chascos que se encuentran en la
práctica del espiritismo, tienen su fuente en la ignorancia
de los principios de esta ciencia, y estamos felices de haber
sido capaces de comprobar que el trabajo que hemos
hecho para prevenir a los adeptos contra los escollos de un
noviciado, ha dado sus frutos, y que mucho han debido a
la lectura de esta obra, para haber podido evitarlos”.
El Libro de los Médiums consta de dos grandes partes.
En la primera parte, Allan Kardec pasa revista a las
“Nociones preliminares” del mundo espírita: trata de la
existencia de los espíritus, de lo sobrenatural y lo maravilloso,
del método de proceder con los materialistas y
los escépticos.
Escribe: “Desde el momento en que se admite la existencia
del alma y su individualidad después de la muerte… es
preciso admitir también que goza de la conciencia de sí
misma… ahora queda la cuestión de saber si el espíritu
puede comunicarse con el hombre, es decir, si puede intercambiar
pensamientos con él”.
La facultad mediúmnica puede revestir el abrigo del
misterio, de la inaccesibilidad, incluso de lo paranormal,
pero el autor explica que para la mayoría de las personas
“lo maravilloso” es “lo sobrenatural”, o sea, algo que
sobrepasa lo natural. Allan Kardec dice entonces: “Qué
es lo sobrenatural, sino lo natural aún no comprendido
por todos”. Gracias al espiritismo, a la vez ciencia y filosofía,
el velo de la ignorancia se levantará y así permitirá
comprender, explicar y revelar los mecanismos naturales
de la mediumnidad.
La segunda parte es la más importante. El autor nos
expone un gran número de informes de manifestaciones
diversas autenticadas por múltiples testigos, que
van del hombre de la calle al cura de la aldea, pasando
por los magistrados o la gendarmería. Estas manifestaciones,
independientes o provocadas, se expresan
de diversas maneras: ruidos, movimientos, desplazamiento
de cuerpos sólidos o apariciones. Un capítulo
explica la naturaleza de las comunicaciones espíritas.
Las más importantes son los golpecitos, la palabra y la
escritura. Luego, Allan Kardec define la mediumnidad
y sus variedades (escritura automática, clariaudiencia,
clarividencia mediúmnica…), el papel de los médiums
en la comunicación espírita y su formación, precisa que
hay inconvenientes y hasta peligros en la mediumnidad.
Los capítulos siguientes tratan de la obsesión y la
identidad de los espíritus, así como de las evocaciones
y las reuniones en general. En cuanto a la identidad de
los espíritus, el autor indica: “No hay otro criterio para
discernir el valor de los espíritus que el sentido común.
Pues se juzga a los espíritus como se juzga a los hombres,
a su lenguaje y a sus acciones, lo mismo que a los sentimientos
que inspiran”. El Libro de los Médiums, publicado
en 1861, sigue siendo hoy en día el libro de referencia,
aun cuando es cierto que algunos términos empleados
hace más de 150 años están, a veces, pasados de moda;
su contenido no deja por ello de estar siempre de actualidad.
VIAJE ESPÍRITA
En 1862 Allan Kardec escribe Viaje
Espírita. Allí define entonces lo que
deben ser los verdaderos espíritas,
los espíritas cristianos, es decir, “los
que aceptan por sí mismos, todas
las consecuencias de la fórmula
espírita, cuya moral practican o se
esfuerzan por practicar”. En cuanto
a la filosofía espírita, recuerda allí los beneficios esenciales.
Porque es reencarnacionista, permite al hombre,
con lógica y coherencia, considerar su porvenir de
manera más serena, permitiéndole comprender mejor
la razón de sus males, dándole la certeza de no estar
separado definitivamente de los seres que le son
queridos, y la de que la comunicación con el espíritu no
puede sino volver a los hombres, mejores los unos para
con los otros. Tiene igualmente como objetivos rehabilitar
el espiritismo practicado seriamente, denunciar
a sus detractores pero también las falsificaciones y el
charlatanismo, recordando que “la verdadera profanación
es entretenerse con los desencarnados, con ligereza,
de manera irreverente o por especulación”. Insiste en la
dignidad y la seriedad de las que debe rodearse el espiritismo.
No olvidemos que esta obra fue escrita en el siglo XIX y
que los términos utilizados en esa época ya no tienen
totalmente el mismo sentido hoy. Si dan la impresión de
tener una connotación religiosa (caridad, abnegación,
humildad), es sin embargo en el sentido moderno de
compartir, devoción y justicia que las emplea Allan
Kardec.
LA GÉNESIS SEGÚN
EL ESPIRITISMO

Muy lejos de las teorías bíblicas
respecto a la creación del mundo
y del hombre, esta obra publicada
en enero de 1868, aborda numerosos
temas que tratan del sentido
de la vida y de sus orígenes. Todos
sin excepción han sido puestos en
relación con las nuevas leyes que derivan de la observación
de los fenómenos espíritas de la época. A partir
de esta observación, dos elementos parecen regir el
universo: el elemento espiritual y el elemento material.
Así pues, el espiritismo, demostrando la existencia del
mundo espiritual y sus relaciones con el mundo material,
explica muchos fenómenos incomprendidos.
El primer capítulo se titula Caracteres de la revelación
espírita. ¿Puede considerarse el espiritismo como una
revelación? He aquí algunos elementos de respuesta:
“… Por su naturaleza, la revelación espírita tiene un doble
carácter: tiene a la vez de la revelación divina y de la revelación
científica”. “… Lo que caracteriza a la revelación espírita,
es que la fuente es divina, que la iniciativa pertenece a
los espíritus, y que la elaboración es obra del hombre”.
El segundo capítulo está dedicado a la existencia de
Dios. Allan Kardec, por medio de una argumentación
sin falla, comprende de una manera simple y coherente
el concepto de un creador, despojado al fin de
toda impregnación y concepción religiosa. A título de
ejemplo, he aquí algunas frases extraídas de este capítulo:
“Todo efecto inteligente debe tener una causa inteligente.
(…) Echando una mirada a su alrededor, sobre las
obras de la naturaleza, observando la previsión, sabiduría
y armonía que las preside a todas, se reconoce que no hay
ninguna que no sobrepase el más alto nivel de la inteligencia
humana. Desde que el hombre no puede producirlas,
es porque ellas son producto de una inteligencia
superior a la humanidad, a menos que se diga que hay
efectos sin causa”.
En el transcurso de la obra, Allan Kardec expone
todas las teorías científicas de la época, que ya trastornan
las concepciones bíblicas del Génesis. Se
atiene a los descubrimientos de su tiempo e integra
a ellos las nociones de espíritu y divinidad, precisando
muy prudentemente que ciertas tesis no son
forzosamente definitivas y que el futuro se encargará
de corregirlas. Sobre el plano filosófico, expone en
diferentes capítulos temas que a menudo han dado
lugar a interpretaciones religiosas como por ejemplo,
el origen del bien y el mal, la vida universal, la diversidad
de los mundos, el diluvio bíblico, etc.
La última parte de la obra está dedicada a los milagros
y predicciones de Jesús. A la luz del espiritismo,
Allan Kardec desmitifica el milagro para introducirlo
en el orden de los fenómenos naturales. Las observaciones
y experiencias espíritas ponen en evidencia
fenómenos semejantes a aquellos referidos por los
evangelistas, a partir de lo cual Allan Kardec reinterpreta
los prodigios del profeta que, por extraordinarios
que fueran, no estaban en contradicción
con las leyes naturales. Recurriendo al magnetismo,
el sonambulismo, la catalepsia, la clarividencia o la
mediumnidad, los milagros se vuelven hechos paranormales
o mediúmnicos que fueron comprendidos
como hechos naturales a partir del advenimiento del
espiritismo. En este capítulo se abordan temas como:
Superioridad de la naturaleza de Jesús, Ensueños,
Estrella de los Magos, Doble vista, Curaciones, Endemoniados,
Resurrección, desaparición del cuerpo de
Jesús…
Entre sus obras, citaremos también:
¿Qué es el espiritismo? (1859): este libro corresponde
al deseo de Allan Kardec de “presentar dentro
de un marco restringido, la respuesta a algunas de las
preguntas fundamentales que nos son formuladas
diariamente (…)”
El Evangelio según el Espiritismo (1864) en que el
autor analiza en veintiocho capítulos las máximas
morales de los Evangelios y las aplicaciones espíritas
de la enseñanza del Cristo.
El Cielo y el infierno (1865) que trata de la muerte, el
cielo y el infierno, el purgatorio, las penas eternas, los
ángeles y los demonios, nociones religiosas revisadas
y corregidas a la luz del espiritismo.
La obsesión
Esta obra reúne extractos de Revistas Espíritas de 1858
a 1868. Se trata de testimonios sobre los fenómenos
de influencia de un espíritu sobre una persona. Allí se
distingue la obsesión simple de la fascinación y de la
subyugación según el grado de la influencia nefasta
de un espíritu sobre un humano. Las experiencias
relatadas ponen en evidencia el estado crítico en que
se encuentran los protagonistas que sufren, muy a su
pesar, la influencia de espíritus malévolos.
Lejos de haber dicho todo acerca de la riqueza de las
obras de Allan Kardec, concluiremos con la importancia
de los trabajos que él realizó en su tiempo, la
claridad de sus palabras y sus argumentaciones. Él no
poseía ninguna facultad mediúmnica, y sin embargo,
podríamos decir que fue, a su manera, uno de los más
grandes intermediarios del mundo de los espíritus.

sábado, 26 de enero de 2013


D O S S I E R
ALLAN KARDEC, LE FONDATEUR DU SPIRITISME
por
KARINE CHATEIGNER

¿QUIÉN ES USTED,
SEÑOR KARDEC?
LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

Físicamente, he aquí la descripción dada por su traductora
inglesa Anna Blackwell:
“Allan Kardec era de una talla inferior a la media. Sólidamente
estructurado, con una cabeza redonda, los rasgos
bien marcados y los ojos gris claro. Enérgico y perseverante
aunque de un temperamento calmado, prudente al punto
de ser casi frío, incrédulo por naturaleza y por educación,
razonador preciso y lógico, enormemente práctico en su
pensamiento y en sus actos, estaba igualmente desprovisto
de todo misticismo y entusiasmo, palabra de la época que
significaba caprichoso, extraño, estrafalario, un tanto loco”.
Su carácter
El Sr. Lèvent, amigo de Allan Kardec nos dice: “El maestro
tenía una fisonomía a la vez benévola y austera, ese tacto
perfecto, esa justeza de apreciación, esta lógica superior e
incomparable que nos parecía inspirada”.
Pero también E. Muller: “La tolerancia absoluta era la regla
de Allan Kardec. Sus amigos, sus discípulos pertenecientes
a todas las religiones: israelitas, mahometanos, católicos y
protestantes de todas las sectas; de todas las clases: ricos,
pobres, sabios, librepensadores, artistas y obreros, etc. Pero
al lado de esta tolerancia que nos reúne, ¿es preciso que
¿QUIÉN ES USTED,
SEÑOR KARDEC?
LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013
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yo cite una intolerancia que admiro?
Lo haré, porque debe legitimar a los
ojos de todos, este título de maestro
que muchos de nosotros le damos a
nuestro amigo. Esta intolerancia es uno
de los caracteres más sobresalientes de
su noble existencia. Tenía horror a la
pereza y al ocio; y este gran trabajador
murió de pie, después de una inmensa
labor que terminó por sobrepasar las
fuerzas de sus órganos, pero no las de
su espíritu y de su corazón”.
Por educación y sin duda igualmente
por naturaleza, Allan Kardec era un
hombre muy educado, de una educación
refinada, serio pero no grave, circunspecto y moralista
por excelencia. Pocas veces se sirvió de la ironía en
sus textos.
Considerando que las cartas anónimas, que recibía en
gran número, hacían sospechoso su origen, él nunca se
dio por enterado, destinándolas de una vez a la papelera.
Además, nunca abundaba en las polémicas suscitadas
por los numerosos opositores a la nueva doctrina,
estimando que el silencio era la mejor de las respuestas,
haciéndose ley de abstenerse de todo lo que pudiera
degenerar en particularidades, estimando que los
lectores se inscriben para instruirse y no para escuchar
diatribas más o menos espirituales.
Pero paralelamente, Allan Kardec nunca retrocedía ante
las numerosas preguntas planteadas por el espiritismo
naciente al mundo y a las conciencias: “Hay polémicas
y polémicas, decía, y hay una ante la cual jamás retrocederemos,
es la discusión seria de los principios que profesamos.
No obstante, aquí hay también una distinción que
hacer; si no se trata sino de ataques generales dirigidos
contra la doctrina, sin otro objetivo determinado que el
de criticar, y por parte de gentes que tienen un partido
tomado de rechazar todo lo que no comprenden, eso no
merece que uno se ocupe de ello”. (R. S. 1858)
Tal fue la conducta de Allan Kardec, absteniéndose
de ceder a las provocaciones que le habrían hecho
descender a la arena de la controversia. A los espíritas
de todas partes, les decía: “Seguid sembrando la idea,
derramad allí dulzura y persuasión y dejad a nuestros
antagonistas el monopolio de la violencia y la acrimonia,
a las cuales no se recurre sino cuando uno no se siente lo
bastante fuerte por el razonamiento”. (R. S. 1863)
Su generosidad
“No conozco otros signos de superioridad que la bondad”.
(L. Van Beethoven)
No contento con utilizar sus notables facultades en
una profesión que le aseguraba una tranquila holgura,
quiso hacer beneficiarse de la ciencia a aquellos que no
podían pagarla y, fue uno de los primeros en organizar,
en esa época de su vida, cursos gratuitos que fueron
dictados en el 35 de la calle de Sèvres,
y en los que enseñó química, física,
anatomía comparada, astronomía,
etc., habiendo adquirido numerosos
conocimientos en diferentes campos,
Hippolyte Rivail sabía transmitir a
los demás lo que él mismo conocía,
talento que es escaso y siempre apreciado.
Durante una conversación con
Alexandre Delanne y el Sr. de Joinville
en la que se hizo alusión a un anciano
que vivía en la precariedad, y que sin
embargo había encontrado consuelo
gracias a un folleto espírita que cayó
en sus manos; la mirada de Allan Kardec se nubló de
lágrimas y le entregó al Sr. de Joinville algunas monedas
de oro, diciendo: “Tenga, aquí tiene para ayudarle a
atender las necesidades materiales más acuciantes de este
señor y puesto que es espírita, vuelva mañana, le daré mis
libros”. Siempre muy discreto en este sentido, sus actos
de generosidad eran habituales.
Pierre Gaëtan Leymarie: “Cuántas veces nos enteramos de
que muchos de los que sufrían habían encontrado cerca de
Allan Kardec ayuda moral eficaz y ayuda material, que no
lo es menos; de eso no decía una palabra, cubriendo con el
olvido sus buenas obras”.
El escritor codificador
Si bien Allan Kardec repetía siempre que el mérito de
sus obras correspondía por entero a los espíritus que las
dictaron, a él le incumbió sin embargo la enorme tarea
de organizar y ordenar las preguntas; la redacción de los
comentarios sobre las respuestas obtenidas, comentarios
que sobresalen por su concisión y la claridad con
la que fueron expuestos, igualmente la precisión con la
que tituló capítulos y párrafos, las aclaratorias complementarias,
de las que es autor, las observaciones y anotaciones,
los párrafos y conclusiones, siempre profundos
y penetrantes, tal como su notable introducción. Todo
esto expresa la gran cultura de Allan Kardec. Realizó lo
que aún nadie había hecho: extraer de los mensajes
los principios fundamentales, con los que elaboró una
nueva doctrina filosófica, de carácter científico y consecuencias
morales.
Por el esfuerzo de su pensamiento todo se transformaba
y se agrandaba ante los rayos de su corazón ardiente;
bajo su pluma todo se precisaba y se cristalizaba, por así
decirlo, en frases deslumbrantes de claridad. Tomó para
sus libros este admirable epígrafe: “Fuera de la caridad no
hay salvación”, cuya aparente intolerancia hace resaltar
la absoluta tolerancia. Transformó las viejas fórmulas, y
sin negar la agraciada influencia de la fe, la esperanza
y la caridad, enarboló una nueva bandera ante la cual
todos los pensadores pueden y deben inclinarse, pues
este estandarte del porvenir lleva escritas estas tres
palabras: Razón, Trabajo y Solidaridad.
Para este afanoso sabio, el trabajo parecía el elemento
mismo de la vida. Por otra parte, menos que nadie,
podía soportar la idea de la muerte tal y como se la
representaba entonces, terminando en un eterno sufrimiento
o bien en una egoísta felicidad eterna, pero sin
utilidad ni para los demás ni para sí mismo. Estaba como
predestinado, para difundir y vulgarizar esta admirable
filosofía que nos hace vislumbrar numerosas tareas más
allá de la tumba y el progreso indefinido de nuestra
individualidad que se conserva mejorando.
Lo que impresiona en Allan Kardec, es que en cuanto
abrió su conciencia a los asuntos divinos, extrajo de
ellos el mensaje vital. Comprendió más que ninguno
la fuerza y la verdad espíritas, de las cuales destaca dos
factores esenciales que emanan de la voluntad de los
espíritus:
- El primero, es la energía desplegada por ambas partes
de la frontera para impresionar los sentidos.
- El segundo, es el amor manifestado en la adición de
pruebas más personales para impresionar los corazones.
En la suma de estos dos factores, el espiritismo
encontrará el camino progresivo de su realización; pues
más allá de estos dos flechazos de amor dirigidos a la
naturaleza humana, los sentidos y los corazones, existe
la conciencia.
¿Conciencia de qué? ¿Conciencia de quién? Es
esto lo que Allan Kardec va a demostrar, explicar y
compartir con fuerza y pedagogía; instruirá al hombre
sobre la conciencia, los orígenes y el destino de cada
uno. Si al comienzo Dios permitió y favoreció las pruebas
materiales, fue para llamar luego la atención sobre los
fenómenos materiales, Dios se dirige al sentido común,
al sentimiento, la inteligencia y la razón.
Eso, parecería haberlo captado Allan Kardec desde un
principio; sus libros no son una suma de relatos y observaciones,
uno no le ve asistir incansablemente a una
serie de hechos materiales, él está más allá y esa es la
expresión que conviene.
Desde 1857 dice: “La ciencia espírita comprende dos
partes, una experimental basada en las manifestaciones
materiales, la otra filosófica, basada en las manifestaciones
inteligentes. Cualquiera que no haya observado
sino la primera y se haya detenido en esta primera parte,
está en la posición del que no conoce la física sino por
los experimentos recreativos, sin haber penetrado en el
fondo de la ciencia. El espiritismo consiste en guiar a los
hombres deseosos de iluminarse mostrándoles un objetivo,
un camino grande y sublime: el del progreso individual
y social”.
Los fenómenos, decía Allan Kardec, lejos de ser la parte
esencial del espiritismo, no son más que el accesorio, un
medio provocado por Dios para vencer la incredulidad
que invade a la sociedad. “Uno puede burlarse de las mesas
giratorias, pero no se burlará de la filosofía, la sabiduría y la
caridad tan evidentes en las comunicaciones serias”.
Con Allan Kardec, se penetra la esencia de la filosofía,
cuyo corazón late al ritmo del alma del druida de antaño.
Esta anterioridad le fue revelada por intermedio de la
Sra. Japhet, médium: un espíritu denominado Zéphir,
le aseveró que lo había conocido en una vida anterior:
“Vivíamos juntos en las Galias. Éramos amigos. Tú eras
druida y te llamabas Allan Kardec”. Y es bajo este nombre
de Allan Kardec, prosiguió Zéphir, que deberás “guiar de
nuevo a los hombres por el camino de la salvación”. Desde
entonces, Hippolyte Rivail se convirtió en Allan Kardec.
El hombre providencial
“Y yo rezaré al Padre y os dará otro Paráclito, para que
esté con vosotros para siempre, el Espíritu de Verdad, que
el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo reconoce.
Vosotros lo conocéis, porque vive entre vosotros”. (Juan
14, 16-17).
El Espíritu de Verdad fue el espíritu que presidió la
revelación y la codificación espírita en la época de
Allan Kardec y el que guió a este último en su misión
de codificador del espiritismo. Allan Kardec ha señalado
el alto grado de evolución moral de este Espíritu
que es un Espíritu Puro y que no es otro que el consolador
prometido, anunciado por el Cristo en El Evangelio
según Juan, el Cristo consolador.
“Vengo, como antaño, entre los hijos perdidos de Israel, a
traer la verdad y disipar las tinieblas. Escuchadme. El espiritismo,
como en otro tiempo mi palabra, debe recordar a
los incrédulos que sobre ellos reina la inmutable verdad:
el Dios bueno, el Dios grande que hace brotar la planta y
levanta el oleaje. Yo he revelado la doctrina divina; como
un segador he atado en gavillas el bien disperso entre la
humanidad, y he dicho: ¡Venid a mí, todos los que sufren!
Pero los hombres ingratos se han apartado de la vía
recta y ancha que conduce al reino de mi Padre, y se han
extraviado por los ásperos senderos de la impiedad. Mi
Padre no quiere aniquilar la raza humana; quiere que,
os ayudéis los unos a los otros, muertos y vivos, es decir
muertos según la carne, pues la muerte no existe, os
socorráis, y que, no ya la voz de los profetas y los apóstoles,
sino la voz de los que ya no están, se haga oír para
gritaros: ¡Orad y creed! Pues la muerte es la resurrección
y la vida, es la prueba elegida durante la cual vuestras
virtudes cultivadas deben crecer y desarrollarse como el
cedro.
Creed, amad, meditad las cosas que os son reveladas; no
mezcléis la cizaña con el buen grano, las utopías con las
verdades.
¡Espíritas! Amaos, he aquí la primera enseñanza;
instruíos, he allí la segunda. Toda verdad se encuentran
en el Cristianismo; los errores que allí han echado
raíces son de origen humano; y he aquí que más allá
de la tumba que creíais la nada, las voces os gritan:
¡Hermanos! Nada perece; Jesucristo es el vencedor del
mal, sed los vencedores de la impiedad”. (El Espíritu de
Verdad - París, 1860).
Con Allan Kardec el consolador, vinculado al espiritismo
acababa de aparecer.
Por otra parte, ¿cómo hubiera podido él dejar de
compartir con el hombre los designios de Dios? Ya que
fue elegido para abrir nuestras estrechas conciencias.
He aquí la respuesta obtenida a la pregunta hecha en
1989:
- ¿Cómo se decidió en el más allá, la tercera Revelación?
- “Dios sabe que el espíritu creado necesita luz, Dios sabe
que el espíritu creado necesita acordarse de su paternidad,
pero es demasiado débil, pero es demasiado ignorante,
pero es demasiado inconsciente para tener ese
recuerdo. Entonces, Dios hace señas por medio de otros
espíritus creados antes de vosotros.
Dios llama a Moisés que enseña un camino, que enseña
una idea, que enseña una moral, que llama la atención
del hombre. Dios llama a Jesús que enseña el camino,
que enseña la idea, que enseña la moral, que reclama
justicia, que celebra el compartir, que invita al amor. Y
otros se turnan sin cesar en el camino de la encarnación.
De ciencia, de filosofía, de todas las formas artísticas,
vienen, encarnan, hablan, luchan, escriben y a veces son
seguidos, y a veces son oídos. Pero el hombre persiste en
su error, pero el hombre se estanca y, en el más allá, miles
de espíritus, millones de espíritus se reúnen, se juntan y
reflexionan sobre los siglos que pasan, sobre las debilidades,
sobre las renuncias, sobre las injusticias, sobre las
traiciones.
Es preciso entonces encontrar más que un hombre, es
preciso entonces encontrar una manifestación entre los
hombres. Y los Druidas, en su conciencia, llamaron con
todas sus fuerzas a Allan Kardec que escuchó, que recibió,
que entendió y que aceptó. Designado, vino el siglo
pasado sobre el suelo de los franceses. No fue el único,
otros lo acompañaron, y cumplió su misión, y reveló la
verdadera resurrección”.
El espiritismo llegó en el momento preciso, pues el
siglo XIX vivía la filosofía de la desesperación. Positivismo,
materialismo y pesimismo reducían la vida
entonces a una simple agregación material que se
extinguía con la muerte.
El humilde hombre de fe
Revelar la supervivencia del alma, su posible manifestación
y las leyes que la rigen, implica naturalmente
la idea, la realidad, de un Poder Creador. Allan Kardec,
profundo creyente, no dejaba nunca de recordarlo y se
comportaba como espírita cristiano, incluyendo a Dios
y glorificándolo numerosas veces:
1856 - “Señor, si os habéis dignado poner los ojos en mí
para el cumplimiento de vuestros designios, ¡que se
haga vuestra voluntad! Mi vida está en vuestras manos.
En presencia de una tarea tan grande, reconozco mi
debilidad, mi buena voluntad no faltará pero quizás mis
fuerzas me traicionen. Suplid mi insuficiencia, dadme las
fuerzas físicas y morales necesarias, sostenedme en los
momentos difíciles y con vuestra ayuda y la de vuestros
mensajeros celestes, me esforzaré por responder a vuestros
propósitos”.
R. S. 1865 - p. 328: “Dios me guarde de tener la presunción
de creerme el único capaz, o más capaz que ninguno
otro, o el único encargado de cumplir los designios de
la Providencia; no, lejos de mí ese pensamiento. En este
gran movimiento renovador tengo mi parte de acción;
hablo sólo de lo que me concierne; pero lo que puedo
afirmar sin vana fanfarronería, es que, en el papel que me
incumbe, no me faltarán ni el ánimo ni la perseverancia.
Nunca me han faltado, pero hoy que veo iluminarse el
camino con una maravillosa claridad, siento acrecentarse
mis fuerzas, nunca he dudado; pero hoy, gracias
a las nuevas luces que se ha dignado Dios darme, estoy
seguro, y digo a todos mis hermanos, con más certeza
que nunca: Ánimo y perseverancia, pues un resplandeciente
éxito coronará vuestros esfuerzos”.
R. S. - 1868: “Partiré cuando plazca a Dios llamarme”.
Fuera de la caridad, no hay salvación
“Tales son las ideas que resaltan del Espiritismo, y que
suscitará entre todos los hombres cuando sea universalmente
extendido, comprendido, enseñado y practicado.
Con el Espiritismo, la fraternidad, sinónimo
de la caridad predicada por el Cristo, ya no es una
palabra vana; tiene su razón de ser. Del sentimiento
de la fraternidad nace el de la reciprocidad y el de los
deberes sociales, de hombre a hombre, de pueblo a
pueblo, de raza a raza; de estos dos sentimientos bien
comprendidos surgirán forzosamente instituciones
más favorables para el bienestar de todos”.

viernes, 25 de enero de 2013

CATHERINE GOUTTIÈRE
UN OJO SOBRE...
EL ESPIRITISMO,
UN COMPROMISO SOCIAL
LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013




“Para saber quiénes somos, el espiritismo enseña a vivir
mejor; para saber de dónde venimos, el espiritismo enseña
a comprender mejor la Tierra y el universo; para saber a
dónde vamos, el espiritismo explica el mañana, borrando
los miedos y las angustias de una muerte desconocida”.
Extracto del libro de Karine Chateigner Entre cielo y tierra
—espírita y médium.
Ser espírita, es tener en sí la convicción y la certeza de
la existencia del alma y de su supervivencia más allá
de la muerte; es comunicarse con esa misma muerte;
es aportar, por una parte, la ayuda de los espíritus
sufrientes y por otra, recibir el fruto de la reflexión de
aquellos que, conscientes de su vida espiritual, vienen a
compartirla con nosotros.
Igualmente, ser espírita es actuar. En efecto, si bien el
mundo de los espíritus tiene su existencia propia en
otra dimensión, no por ello está tan desvinculado del
mundo de los humanos. Los espíritus observan nuestro
planeta y vienen en sesión para alertarnos sobre
nuestro mundo y sobre nuestra condición. Vivimos en
un planeta inferior en evolución moral donde reinan
el orgullo, el egoísmo y la voluntad de dominar al otro
para someterlo mejor. Los mensajes que se nos dan nos
ayudan a comprender la razón de la vida, de las vidas
sucesivas, de nuestra presencia en esta Tierra y del
vínculo fraternal que existe entre todos sus habitantes,
pues todos proceden del pensamiento divino.
Hemos vivido ya, y porque ya hemos vivido, hemos
podido vivir en otras comarcas, en otras latitudes y por
consiguiente, haber tenido un color de piel diferente o
un sexo diferente. Hemos podido ser hombre o mujer,
vivir en África, en la India o incluso hasta en China.
Nuestra psicología, nuestra forma de pensar, nuestros
temores, nuestras angustias, nuestros gustos o nuestros
centros de interés son el resultado de todo ese pasado,
vivido y registrado en nuestra memoria espiritual.
En ese caso, ser espírita nos hace tener una visión
diferente sobre los hombres y mujeres que componen
la población de nuestro planeta. El miedo al extranjero,
dentro de su diferencia tanto física como social o
religiosa, y la idea racista que de él deriva se atenúa
en pro del reconocimiento de un hermano, él también
reencarnado, para avanzar por su camino evolutivo.
Los seres humanos que somos deben aprender a vivir
juntos dentro del respeto y la dignidad de cada uno, en
el seno de una sociedad mundial donde la dominación,
bien sea ésta religiosa, militar, social o financiera, sería
abolida. Así, un reparto equilibrado permitiría a todos vivir
y desarrollarse juntos. Ciertos espíritas se comprometen
entonces, según las afinidades y atracciones de unos u
otros, en organizaciones humanistas que trabajan, por
ejemplo, por la supresión de la pena de muerte y dan
su apoyo a los reclusos norteamericanos que esperan
su ejecución en el corredor de la muerte; se incorporan
a asociaciones, como la ayuda a los más desposeídos,
y participan en diversas manifestaciones para tener
siempre más justicia social.
Con sus cadenas de pensamiento, los espíritas luchan
por la paz en el mundo y por el fin de las dictaduras y
de todas las injusticias, y saben aunar así el combate
de los humanistas y no espíritas que también han
comprendido que sólo se crece junto con los demás.
Los espíritas piensan y trabajan por una sociedad más
justa, en ello el compromiso espírita es igualmente un
compromiso social.
Extracto de un mensaje de Jean Jaurès en 1989:
“El espiritismo abraza todos los campos referentes a la
naturaleza de los hombres. Por consiguiente, el espiritismo
no puede ser, y nunca ha sido, apolítico. Quien afirme lo
contrario no conoce bien y no ha estudiado la fórmula
espírita, o hasta más grave aún, se engaña a sí mismo…
¿Estarían ustedes solos dormidos en un mundo que
cambia, en un mundo que vive? ¿Serían indiferentes a las
injusticias sociales? No pueden y lo saben bien. Al saberlo,
ya hacen política.
Hacer política no consiste simplemente en hablar y charlar.
Consiste en comprometerse y en ser, tan claro como se
pueda, en el sentido de su compromiso. La fórmula espírita,
que es cristiana, sólo puede ser una fórmula de reparto,
justicia, libertad y dignidad para todos los hombres, para
todos los pueblos y todas las razas…
Ustedes siempre están invitados a un mejor ser, es decir
a otro mundo, y allí están invitados como agentes y
participantes. Ayúdennos en la lucha social, ayúdennos
en la transformación de la sociedad. No se disfracen de
falsos revolucionarios. Sean verdaderos revolucionarios y
no tengan miedo a la palabra.
Revolucionario no quiere decir homicida o sanguinario.
Revolucionario quiere decir tener el corazón, la inteligencia
y el ardor, tener el coraje y la voluntad de hacer evolucionar
al planeta completo. Es juntos como lo conseguiremos…”

jueves, 24 de enero de 2013

ALLAN KARDEC, LE FONDATEUR DU SPIRITISME
por
V A L É R I E F A U V E L

HIPPOLYTE RIVAIL,
EL PEDAGOGO
LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013


El alumno de Pestalozzi (1804-1818)
Hijo de Jean-Baptiste Antoine Rivail, abogado, juez, y de
Jeanne Duhamel, su esposa, Hippolyte Léon Denizard
Rivail, nació el 3 de octubre de 1804. El futuro fundador
del espiritismo fue educado en la estricta atmósfera, tal
vez un poco severa, de esta vieja familia lionesa donde
el espíritu de justicia y honestidad le fue enseñado
como ejemplo por un padre íntegro. Hizo sus primeros
estudios en Lyon y completó luego su bagaje escolar en
Yverdun (tendría unos diez años), con el profesor Jean-
Henri Pestalozzi.
¿Por qué Yverdun, en Suiza? La relativa proximidad de
la escuela no lo explica todo. Ciertamente los acontecimientos
políticos y militares de los años 1814-1815 en
Francia, convencieron a los Rivail de enviar a su hijo hacia
un país más tranquilo, pues París estaba amenazada y
ocupada por los Aliados; y quizás también para escapar
de la educación reaccionaria. La reputación de ese establecimiento
escolar, convertido en la escuela modelo
para toda Europa y cuya experiencia se remontaba a una
decena de años, también ha podido ser decisiva.
Pestalozzi era el educador atento, a la vez severo y suave,
justo y caritativo. Allí Hippolyte aprendería el sentido de
la educación a la vez paterna y liberal.
Pestalozzi aplicaba los métodos del Emilio de Rousseau:
nada de estudios apremiantes, nada de amenazas ni
sanciones; la disciplina debía ceder lugar a la autodisciplina.
Las puertas de su instituto permanecían siempre
abiertas, sin guardián. Diez horas de curso por día, cada
lección de cincuenta minutos era seguida por un recreo.
El espíritu del niño debía desarrollarse con toda libertad.
Aprender debía ser un placer. Pestalozzi concedía una
gran importancia a la libre expresión, a la enseñanza de
la agricultura y de la industria manufacturera. Quería que
estos jóvenes ejercitaran sus manos, sus sentidos y su
mirada al mismo tiempo que su cerebro. Eso era enseñar
al niño el arte de aprender.
El acento educativo estaba puesto sobre la espontaneidad
natural del ser humano que era conveniente preservar
contra la corrupción social. Más tarde, Allan Kardec se
esforzaría a su vez, en sus libros referentes a los fenómenos
espíritas, en recurrir a la idea de naturaleza que excluía al
mismo tiempo lo sobrenatural y lo maravilloso.
La escuela de Pestalozzi abría sus puertas a alumnos del
mundo entero para una educación que enseñara al niño
el sentimiento de la igualdad humana, de la fraternidad y
la tolerancia por encima de las diferencias de idioma, civilización,
raza o creencia. Los problemas que experimentó
el joven Rivail al principio, católico en un país protestante,
lo llevaron pronto a amar la tolerancia. Esa larga permanencia
en un país protestante también tuvo la ventaja de
darle un buen conocimiento de la Biblia. En esa época,
en Francia, y aún a principios del siglo XX, se necesitaba
una autorización especial de su guía espiritual para poder
sumergirse en el Antiguo Testamento.
Pestalozzi dejaba a sus alumnos la libertad de elegir entre
el descanso y el trabajo, y entre las disciplinas. Muchas
veces, los huéspedes de Yverdun preferían no ir a acostarse
para seguir estudiando. Eso también dejaría huella
en el carácter del “obrero laborioso” que será Allan Kardec
que está en vela tarde por la noche para preparar sus artículos
para la Revista Espírita o para escribir sus innumerables
obras. Durante esos años de trabajo tesonero y sin
tregua, una sola vez se otorgará verdaderas vacaciones
para dirigirse a Suiza.
En 1824, (aún no tenía veinte años), escribió su primera
obra pedagógica Curso práctico y teórico de aritmética.
Resumía allí los seis principios básicos del sistema pestalozziano:
“1 - Cultivar el espíritu natural de observación de los
niños, llamando su atención acerca de los objetos de los
que están rodeados.
2 - Cultivar la inteligencia, siguiendo una marcha que
ponga al alumno en estado de descubrir las reglas por
sí mismo.
3 - Proceder siempre de lo conocido a lo desconocido, de
lo simple a lo compuesto.
4 - Evitar todo mecanicismo, haciéndole conocer el objetivo
y la razón de todo lo que hace.
5 - Hacer que se relacione meticulosamente con todas las
verdades. Este principio forma en cierta manera la base
material de este curso de aritmética.
6 - No confiar a la memoria que lo que haya sido captado
por la inteligencia”.
A este método, que guiará sus primeros pasos en la
actividad pedagógica, Rivail añadirá sus propias ideas
y, desde 1824, preferirá combinar el método Pestalozzi
con el método ordinario y hacer suceder la abstracción
a la intuición, paso que adaptará al estudio de los fenómenos
espíritas a partir de 1854.
Desde los 14 años, se convirtió en uno de los discípulos
más eminentes de Yverdun y en el colaborador inteligente
y adicto, que explicaba a sus camaradas menos
adelantados que él, las lecciones del maestro que
había comprendido. Cuando Pestalozzi era llamado
por los gobiernos para fundar institutos semejantes al
suyo, confiaba a Denizard el cuidado de reemplazarlo
en la dirección de su escuela. Encantado por la constancia
de su alumno en el trabajo, por su inteligencia y
su valor moral, Pestalozzi solicitó al joven Rivail que lo
sucediera a la cabeza de su Instituto, pero éste decidió
regresar a Francia.
El estudiante (1818-1824)
Sabemos muy pocas cosas sobre esta etapa de su vida.
¿Cuánto tiempo permaneció todavía en Yverdun? En
1818, tenía catorce años, la edad del límite escolar. En esa
época, un niño de quince o dieciséis años era bachiller.
Rivail obtuvo sus bachilleratos en letras y en ciencias.
Destacado lingüista, hablaba corrientemente el alemán
y el inglés; conocía también el holandés.
Volvió a Lyon donde, según el biógrafo Henri Sausse,
habría proseguido estudios de medicina y también
habría presentado una tesis, información que nunca
ha sido comprobada. Ese estudio no parece haberlo
entusiasmado, pues no hablará de él sino una sola vez a
propósito del magnetismo animal. Ahora bien, la facultad
de medicina no podía explicarle los extraños fenómenos
popularizados por Mesmer pues la Academia de París
había tomado partido contra el magnetismo animal.
El pedagogo (1824-1848)
Denizard Rivail era un muchachón, de modales distinguidos,
de humor alegre en la intimidad, bueno y servicial.
Se hizo eximir del servicio militar y dos años después,
en 1824, se vino a París para fundar en el 35 de la calle
de Sèvres, un establecimiento semejante al de Yverdun.
Para esta empresa, se había asociado con uno de sus tíos,
hermano de su madre, que era su proveedor de fondos.
A los veinte años, este amigo del hombre, este espíritu
altruista, demócrata hasta los tuétanos, quería ponerse
al servicio de los niños diciéndose que la instrucción
pública era la cosa más importante para un país. En
este período redactó varios libros de carácter didáctico,
planes, métodos y proyectos propuestos a diputados,
gobiernos y universidades, referentes a la eterna reforma
de la enseñanza francesa, en pocas palabras, su actividad
pedagógica ocupaba el lugar de su vida privada. En
efecto, nunca tendrá verdadera vida privada, pues como
pedagogo o fundador del espiritismo, fue hombre de
una vocación.
Su pedagogía condenaba los castigos corporales, lo
cual era una revolución para la época. El maestro, decía,
tiene un arte muy difícil, el de formar a un hombre. Es
un arte filosófico. Cuando se dirigía a “sus amigos” los
alumnos, les hacía el elogio de la instrucción diciendo:
“En otros tiempos, solamente la fuerza del brazo hacía la
ley, hoy, es la fuerza del espíritu”. Compadecía al que se
quedaba en la ignorancia y les pedía dar gracias a la
providencia por haberles hecho nacer en un siglo tan
esclarecido: “Instruyéndoos, trabajáis por vuestra propia
felicidad… ¡El que haya estudiado todas las ciencias
llegará a la verdad!” Para él, el acento estaba puesto en
la educación moral, la única que hace del niño un ciudadano
justo y un hombre caritativo.
En el mundo de las letras y de la enseñanza que frecuentaba
en París, Denizard Rivail conoció a la señorita Amélie
Boudet con quien se casó (ver el artículo: Amélie Boudet
o la mujer en la sombra).
El socio de Rivail tenía pasión por el juego; arruinó a su
sobrino que pidió la liquidación del Instituto. Le devolvieron
45.000 francos que fueron depositados por los
Rivail en casa de uno de sus amigos íntimos, negociante,
que hizo malas inversiones y cuya quiebra no les dejó
nada. Lejos de desanimarse por ese doble revés, Rivail se
puso valerosamente a trabajar y consiguió tres empleos
de teneduría. Al terminar su jornada, trabajaba por la
noche en sus tratados pedagógicos. Traducía obras
inglesas y alemanas y preparaba todos los cursos de
Levy-Alvarès estudiados por alumnos de ambos sexos en
el suburbio de Saint-Germain. Organizaba también en su
casa, calle de Sèvres, cursos gratuitos de química, física,
astronomía y anatomía comparada, muy solicitados
entre 1835 y 1840.
Escribió una veintena de libros escolares y educativos
entre ellos dos informes (entre 1828 y 1831), donde sus
ideas innovadoras lo harían aparecer como un precursor
de Jules Ferry. En 1828, realizó su Plan propuesto para la
mejora de la instrucción pública que fue sometido al Parlamento,
y cuyas proposiciones eran las siguientes:
“- La educación es una ciencia muy caracterizada “que
uno debería estudiar para ser maestro, como estudia la
medicina para ser médico”.
- Si se encuentran tan pocas personas que enseñan bajo
su verdadero punto de vista, se debe a la ausencia de
estudios especiales sobre ese tema.
- El retardo de la educación debe ser atribuido a que pocas
personas son capaces de apreciar su verdadero objetivo,
lo que ella es, lo que podría ser y, por consiguiente,
lo que habría que hacer para mejorarla. La educación
está actualmente en el estado en que se encontraba la
química hace un siglo. Es una ciencia que aún no está
constituida y cuyas bases todavía son inciertas”.
Propuso la creación de una escuela teórica y práctica
de pedagogía, semejante a las escuelas de derecho y
de medicina. Los estudios durarían tres años: el primero
dedicado a la teoría, el segundo a teoría y práctica y el
último únicamente a la práctica.
Lo que hizo en 1828 por la ciencia educativa, lo continuaría,
treinta años más tarde, por la ciencia espírita.
Entre Rivail el educador y Allan Kardec, no habrá ninguna
diferencia ni de método ni de rigor.
En un Informe de 1831 que publica a sus expensas, establece
en veintiséis puntos sus observaciones y propuestas
sobre el sistema general de instrucción pública. Nada fue
olvidado: ni el número de alumnos para cada institución,
ni la edad para ser bachiller o licenciado, ni el salario del
maestro, etc. por ello será recompensado con un premio
de la Real Academia de Arras.
Escribió las siguientes obras:
- En 1831: Gramática francesa clásica
- Gramática normal de los exámenes, o soluciones razonadas
de todas las preguntas sobre gramática francesa,
propuestas en los exámenes de la Sorbona, del Ayuntamiento
de París y de todas las academias de Francia
- Curso de cálculo mental, según el método de Pestalozzi
Allan Kardec
- Tratado de aritmética (3.000 ejercicios y problemas
progresivos), el único que contiene el método adoptado
en el comercio y la banca para el cálculo de los intereses
- Cuestionario gramatical, literario y filosófico, con
Lévy-Alvarès
- Manual de los exámenes para los diplomas de capacidad
(1846): soluciones razonadas de las preguntas y
problemas de aritmética y de geometría usual
- En 1847: Proyecto de Reforma referente a los exámenes
y las casas de estudio de las personas jóvenes, según
una propuesta con respecto a la adopción de las obras
clásicas por la universidad respecto al nuevo proyecto de
ley sobre la enseñanza.
- En 1848: El catecismo gramatical de la lengua francesa
- “La claridad y la sencillez son los principales méritos
de una obra destinada a los principiantes… La claridad
resulta de la brevedad misma con la que son formulados
y presentados los principios, en cierta forma independientes
unos de otros, lo cual permite al alumno
comprenderlos y retenerlos con menos dificultad”.
- En 1849, retomará sus cursos de fisiología, astronomía,
química y física en el Lycée Polymathique y
editará Dictados normales de los exámenes del Ayuntamiento
y de la Sorbona y Dictados especiales sobre las
dificultades ortográficas.
Estas obras, claras y atractivas, recibirán premios académicos
y serán adoptadas por la Universidad de Francia,
lo que coronará de alguna manera una actividad de
un cuarto de siglo al servicio de la instrucción pública.
Se venderán y Rivail podrá constituirse una modesta
holgura. Su nombre será conocido y respetado, y sus
trabajos justamente apreciados. Será condecorado con
laureles académicos, honrado con adhesiones personales
del ministro de Instrucción Pública, promovido
miembro de la Real Academia de Ciencias de Arras, del
Instituto histórico, de la Sociedad de Ciencias naturales
de Francia, etc.
El hombre universal (1848-1854)
Si bien Rivail trabajó por la educación de los niños de
su país, se consideraba a sí mismo como un hombre sin
patria ni ataduras particulares. Las ciencias y el estudio
de las humanidades le enseñaron que “el hombre, para
ser verdaderamente libre, debe tomar conciencia de su
universalidad. El espíritu de tolerancia, de caridad, debe
ser más fuerte que el de clan, secta o Iglesia, de grupo limitado
en el tiempo y el espacio”. Entre todas las doctrinas
o sistemas de educación universalista que precedieron al
espiritismo, Rivail encontró afinidades con la francmasonería
definida así en el Larousse del siglo XIX: “Tiene como
objetivo el mejoramiento moral y material del hombre, y
por principios la ley del progreso de la humanidad, las
ideas filosóficas de tolerancia, fraternidad, igualdad y
libertad, abstracción hecha de la fe religiosa o política,
de nacionalidades y diferencias sociales”. El espiritismo
moral y social no dirá otra cosa. En cuanto a los principios
filosóficos, serán los mismos: la existencia de Dios, la
inmortalidad del alma y la solidaridad humana.
En cambio, Allan Kardec renunciará a todo lo que sea
formalismo, en consecuencia, al aspecto litúrgico
de la iniciación masónica: “La iniciación no es una
marcha hacia la verdad, con los ojos vendados, como
en la francmasonería, sino por el contrario, con los ojos
abiertos ante el hecho indudable de la manifestación
de los Espíritus”.
Finalmente, es preciso mencionar una última experiencia
que, probablemente, data de esta época, la de
director del teatro de las Folies-Marigny. Se supone que
si Rivail tuvo la dirección del teatro, eso debió ocurrir
entre 1852 y 1853.
Hacia 1823, tenía a lo sumo diecinueve años, cuando se
ocupó de los fenómenos de magnetismo, se interesó
en Mesmer. Estudió las fases del sonambulismo cuyos
turbadores misterios eran del mayor interés para él.
Uno de sus amigos, el librero-editor Maurice Lachâtre, le
habló de palingenesia: nombre que se daba entonces a
la reencarnación, palabra que sólo aparecería en 1875.
Fue en 1854 cuando por primera vez escuchó hablar de
las mesas giratorias…
Fuentes: Biografía de Allan Kardec por Henri Sausse - 1909
Allan Kardec: su vida, su obra - André Moreil - 1980
Allan Kardec y su época - Jean Prieur - 2004

miércoles, 23 de enero de 2013


EL KARDECISMO HOY
por

J A C Q U E S P E C C AT T E
E D I TO R I A L
LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

“El espiritismo está lejos de haber dicho su última palabra
en cuanto a sus consecuencias, pero es inquebrantable en
su base, porque esta base está asentada sobre los hechos”.
“Marchando con el progreso, el espiritismo jamás
será superado, porque, si nuevos descubrimientos le
demostraran que está equivocado sobre un punto, se
modificaría en ese punto; y si una nueva verdad se revela,
la acepta”. (La Génesis, carácter de la revelación espírita,
N° 55)
Con estas palabras, Allan Kardec insiste en los principios
fundamentales que ha puesto en evidencia y que
constituyen las bases del espiritismo experimental
y filosófico. Además, expresa claramente que el
espiritismo nunca será dogmático y por tanto, si fuera
necesario, deberá plegarse a los cuestionamientos
en función de nuevos descubrimientos que vengan a
contradecir uno u otro de sus principios. Se encuentra
allí el sentido de una postura intelectual lógica y
rigurosa, que ha permitido la eclosión de un cuerpo
de doctrina meticulosamente elaborado a partir de
la experiencia y la reflexión, dentro de un espíritu de
análisis y síntesis donde nada fue dejado al azar.
Sin duda alguna fue necesario todo el rigor del
pedagogo Rivail convertido en Allan Kardec, para
descifrar el sentido de las manifestaciones póstumas a
fin de extraer de ellas un conjunto de leyes naturales.
Las informaciones recibidas fueron analizadas y
organizadas por un trabajo metódico y razonado, con la
participación de algunos médiums de confianza, para
permitir la realización de la obra fundamental El Libro
de los Espíritus.
Ninguna otra gran obra, ni antes ni después de Allan
Kardec, ha dado cuenta de los grandes principios
metafísicos del universo a partir de la comunicación
con los espíritus. Hubo pues, un antes y un después
de Allan Kardec; antes, existía aún la gran nebulosa
de teorías diversas, mal definidas e influenciadas por
las religiones, aunque ya personajes brillantes como
Emmanuel Swedenborg (1688-1772) o Jean Reynaud
(1806-1863) habían sido, de alguna manera, precursores
del espiritismo.
En primerísimo lugar, se debe a Allan Kardec el hecho
de haber introducido la comunicación espírita en
los campos de la ciencia y la filosofía, a partir de un
estudio que recurre a la lógica y la razón, dentro de una
reflexión intelectual y moral. Aún aquellos que se han
alejado de su pensamiento, como Charles Richet y otros
metapsiquistas, han reconocido en él al precursor de
una conducta nueva e inédita, la de un hombre riguroso
que se ha colocado sobre un terreno experimental
e intelectual, con una grandeza de miras que ya no
tenía nada en común con las concepciones habituales
del esoterismo y del misticismo religioso. Adoptó la
palabra espiritismo para desmarcarse del espiritualismo
anglosajón; hizo entrar los fenómenos en una nueva
era, la de la experiencia y la reflexión intelectual. Y,
contrariamente a las posiciones dogmáticas tomadas
en su nombre, él mismo se cuidó mucho de todo
dogmatismo, ubicando al pensamiento espírita dentro
de una perspectiva evolutiva, donde el espiritismo
nunca debería ser sobrepasado por el progreso. Y es
esta noción la que, todavía hoy, genera debates: ¿sería
el kardecismo una doctrina detenida en el más allá, en
la no habría más nada que descubrir? El propio Allan
Kardec deseaba que su doctrina no se convirtiera en
un dogma inmutable, lo que expresó con “El espiritismo,
marchando con el progreso, nunca será rebasado…”
Si bien el kardecismo es y sigue siendo un aporte
considerable en sus bases esenciales, ha sido
necesario, sin embargo, afinar ciertas nociones, lo que
a menudo hemos tenido oportunidad de hacer en
esta revista, como por ejemplo todo lo que se refiere
a los términos de expiación, prueba y resignación
(Editorial - Journal Spirite N° 82). Sin desnaturalizar el
conjunto de principios puestos de relieve por Allan
Kardec, los progresos y transformaciones de nuestras
sociedades han impuesto reajustes en cierto número
de puntos y precisiones complementarias sobre temas
sociales como el suicidio, la eutanasia, el aborto o
la homosexualidad. ¿Es eso injuriar al fundador del
espiritismo? Ciertos espíritas lo creen, encerrándose en
un dogmatismo neo-religioso que se aleja del fondo
mismo de un pensamiento abierto y progresista que
siempre debe ser capaz de interrogarse acerca de lo que
ya no estaría de acuerdo con los progresos científicos,
intelectuales y sociales de nuestras civilizaciones.
Así, aún hoy, subsisten querellas escolares entre los
dogmáticos y los progresistas, por el hecho de que el ser
humano a menudo necesita marcos muy establecidos
y referencias inmutables y definitivas. Por el contrario,
es preciso interrogarse permanentemente sobre
conocimientos, a veces mal meditados, que pueden
convertirse en lecciones recitadas de memoria.
La evolución de los conceptos
Respecto a la cuestión de las pruebas y expiaciones,
volvamos sobre el tema con algunos argumentos
complementarios. Para comprender estas nociones, es
preciso en primer lugar situarse en el contexto histórico
de la época de Allan Kardec: el espiritismo nacía en
un universo judeo-cristiano bajo el Segundo Imperio
en Francia. ¿No hacía falta entonces una necesaria
transición para pasar de una espiritualidad a otra, del
catolicismo al espiritismo? La idea podría afinarse
en tiempos futuros más favorables, y por otra parte,
eso es lo que ha venido ocurriendo progresivamente
en la historia espírita después de Allan Kardec. Al
leer la obra del fundador, se experimenta cierta
dificultad en conciliar la resignación ante la prueba y
la responsabilidad activa del libre albedrío. Es como si
hubiera hecho falta encontrar un término medio en
una transición entre la religión y el espiritismo, como
si hubiera hecho falta adaptar progresivamente al
Dios de la religión a otra concepción de la divinidad. Y
ya en la época, la contradicción fue ruda; nada le fue
escatimado a Allan Kardec que había franqueado una
frontera inaceptable para la religión. Es sobre esto que
hay que reflexionar cuando la noción de expiación,
heredada de la religión, ya no conviene a nuestro
pensamiento espírita de hoy. La simple relación de
causa a efecto es una noción mejor adaptada, noción
ya desarrollada por Allan Kardec y que de hecho se
basta a sí misma.
Hay otro elemento de importancia a hacer entrar
en juego, y es que la comunicación espírita se ha
perpetuado en el tiempo y a través de testimonios
individuales de espíritus, hemos podido discernir
mejor este principio natural de la relación de causa a
efecto. Un espíritu que hace su balance en el más allá
y que viene a participar en sesión espírita, se convierte
en un elemento determinante de comprensión.
Cuando, por ejemplo, un espíritu mide sus fracasos o
sus inconsecuencias, si se arrepiente amargamente
de ellos, no siente por ello la capa de plomo de un
juicio divino y de un castigo. Siente ante todo lo que
él es, lo que no ha hecho y debía haber hecho; es
confrontado a su propia naturaleza, a su libre albedrío
y a sus debilidades, pero no está sujeto a un juicio
de los espíritus superiores o de Dios. Sólo tiene en
sí mismo la respuesta a su propia naturaleza que ha
incumplido y que deberá superar, no por expiación,
sino tomando por sí mismo nuevas resoluciones para
una nueva encarnación. En sí, la divinidad es la ley de
la naturaleza que se impone de entrada al espíritu que
se encuentra frente a su propia verdad. He aquí lo que
hace la diferencia, y no es inconveniente revisar en la
obra inicial un vocabulario que deja entrever un severo
juicio divino. Precisar y afinar ciertas nociones no es
injuriar a Allan Kardec, puesto que él mismo había
anticipado esta eventualidad.
Las conclusiones del congreso de Santos
En el mismo orden de ideas, la Confederación Espírita
Panamericana - CEPA - siempre ha militado por una
reflexión actualizada de los conceptos espíritas y
su último congreso, en Santos, Brasil (del 5 al 9 de
septiembre de 2012), se realizó sobre el tema: Las
perspectivas contemporáneas de la teoría espírita
de la reencarnación.
Resalta de este congreso, dentro de la síntesis de
reflexiones comunes y compartidas, un cierto número
de conclusiones aquí resumidas:
“- Las estadísticas muestran que la creencia en la
reencarnación y su aceptación como hipótesis científica
y filosófica, se expande en todos los continentes,
independientemente de las tradiciones culturales y
religiosas de sus respectivos pueblos y naciones.
- Episodios cada vez más frecuentes de recuerdos
espontáneos de probables vidas pasadas, en particular
entre los niños, así como la hipnosis regresiva y las
experiencias mediúmnicas que acceden a presuntas vidas
anteriores, ofrecen hoy una rica fuente de estudios que
refuerza la teoría reencarnacionista.
- La aceptación de la hipótesis palingenésica, en particular
a partir de un enfoque racional y filosófico, apoyado por
indicios o evidencias que se verifican en el campo de la
ciencia experimental, vienen a confirmar las propuestas
fundamentales del espiritismo, enunciadas en las obras
de Allan Kardec y en las obras complementarias de
filósofos, científicos, escritores y pensadores que, después
de él, han desarrollado una filosofía espírita dentro de una
perspectiva progresista, laica y de libre pensamiento.
- Estamos ante un nuevo paradigma filosófico y
científico que merece el estudio, la profundización de la
investigación y la aplicación práctica en todos los campos
del conocimiento del ser humano.
- La reencarnación no es para considerarla como un dogma
religioso, sino como un conocimiento capaz de dotar al
individuo y la sociedad de una responsabilidad personal y
colectiva respecto al progreso individual y social.
- A la luz de la filosofía espírita, la reencarnación puede ser
vista como un poderoso instrumento para buscar la justicia
social, reduciendo progresivamente las desigualdades y
las injusticias. Éstas jamás deben ser interpretadas como
consecuencia de una presunta justicia divina, sino como
el resultado del orgullo, el egoísmo y el desprecio por las
leyes naturales. La propuesta ética espírita combate estos
tropiezos humanos y contribuye a la construcción de una
sociedad más justa y solidaria.
- A diferencia de antiguas creencias como la metempsicosis
o de concepciones reencarnacionistas inspiradas en el
cristianismo, el hinduísmo u otros, la palingenesia espírita
indica que el espíritu reencarna para progresar y no para
pagar sus faltas. Así, la visión espírita es esencialmente
pedagógica, ejerciendo un rol importante en la educación
progresiva del espíritu inmortal, contribuyendo igualmente
a la toma de conciencia de la humanidad en el sentido de
evitarle el consumismo excesivo y la falsa prosperidad.
- La palingenesia espírita es un instrumento de
conocimiento de sí, de educación y progreso ético
individual y colectivo. De acuerdo con las leyes naturales,
especialmente con los valores de justicia, amor y caridad,
la reencarnación según el espiritismo, contiene elementos
de convicción científicos, filosóficos y éticos de carácter
universal. La evolución consistirá en un acercamiento de
los pueblos y las culturas en favor del progreso, la paz y la
fraternidad”.
Nuestra asociación suscribe totalmente esta visión
reactualizada de la reencarnación, a partir de
reflexiones sobre la aplicación de una moral espírita
que esté conforme con los principios fundamentales
del kardecismo, y que, al mismo tiempo, esté en
concordancia con los progresos científicos y las
evoluciones sociales de nuestro tiempo.