UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

jueves, 1 de noviembre de 2012







 


 LE JOURNAL ESPIRITA N° 89 JUILLET 2012
por
N I C O L E L AV O I N E
HISTORIA ESPIRITA
UNA EXTRAÑA EPIDEMIA:
LOS ENDEMONIADOS DE MORZINE


La historia
En marzo de 1857, Morzine, una pequeña aldea aislada
de Alta-Saboya, entonces italiana, es teatro de fenómenos
muy extraños. Una niña de 10 años, llamada
Péronne, es víctima de crisis convulsivas. En un primer
momento, sus padres piensan que esas crisis se deben
al hecho de que su hija quedó muy impresionada
cuando, yendo a la escuela, asistió al salvamento de
una chiquilla que estuvo a punto de ahogarse en un
río. Fue algunas horas después cuando tuvo su primera
crisis, luego tres días más tarde, durante la misa y en
los días siguientes las crisis se multiplicaron. Péronne
fue así la primera víctima de lo que se denominaría “la
epidemia de Morzine o el mal de Morzine”.
En mayo, con una compañera, Péronne se va a guardar
las cabras. Sufre una nueva crisis, pero súbitamente su
pequeña compañera también es afectada por el mal.
No tienen ningún recuerdo de lo que ha pasado. Estas
crisis se van a repetir hasta seis veces al día. Entonces,
cuando el mal las invadía, parecían imitar la recepción
de una carta y parecían estar felices, o sea, trastornadas
por ese correo imaginario. Cuando volvían en sí,
decían haber recibido una carta de la Virgen. Habían
ido a visitar el paraíso, luego el infierno.
La epidemia se extiende
Otros niños fueron afectados. Las crisis se modificaron,
se volvieron más violentas. Los niños, antes
generalmente buenos, se vuelven violentos, vociferan,
insultan a las personas presentes, golpean, lanzan
objetos, se arrojan al suelo, se golpean el vientre.
Parecen sufrir un desdoblamiento de personalidad.
Entonces se comienza a llamarlos “los endemoniados”.
En julio, se cuenta una veintena de niños afectados y
las manifestaciones de estas crisis revisten diferentes
formas. Algunos niños ven serpientes, otros hacen
profecías que a veces se cumplen. Nenes, apenas
escolarizados, responden preguntas en latín, árabe
o hebreo. Otros blasfeman y su crisis es más violenta
cuando tiene lugar en la iglesia o en presencia de un
LE JOURNAL ESPIRITA N° 89 JUILLET 2012
por
N I C O L E L AV O I N E
HISTORIA ESPIRITA
UNA EXTRAÑA EPIDEMIA:
LOS ENDEMONIADOS DE MORZINE
55
sacerdote. Los médicos se encuentran impotentes, los
sacerdotes practican bendiciones y exorcismos, pero
sin éxito. Los animales también son afectados y son
arrastrados uno a uno.
Para la gran desesperación de la población, el obispo
de Annecy no autoriza más exorcismos. El Doctor Duet,
médico de la aldea, trata de curar a los enfermos administrándoles
antiespasmódicos. Es un error. Reserva
entonces su diagnóstico y será el único hombre de
ciencia en emitir oficialmente la hipótesis de la intervención
de un agente sobrenatural, lo cual provoca la
ira de sus colegas.
Intervienen las autoridades
Es al cabo de seis meses cuando intervienen las autoridades
y piden al Doctor Tavenier de Thonon que se
dirija al lugar para estudiar la naturaleza y las causas
de esta “enfermedad contagiosa”. Él reúne a todos
los niños con sus familias en la escuela y es entonces
cuando todos son acometidos por una crisis colectiva,
una de las más espectaculares según los testigos. He
aquí el diagnóstico del médico:
“Monomanía convulsiva. La naturaleza de esta enfermedad
según los síntomas, parece deber referirse a la
de las diversas epidemias de convulsiones, de pretendidas
posesiones. Enfermedad que se contagia por la
simple imitación y que algunos atribuyen al poder de
los brujos, a los maleficios y a la posesión de los demonios,
para ser atribuida al “magnetismo animal”.
Un terapeuta magnetizador, Charles Lafontaine, de
Ginebra, se interesó en el caso de los morzineses. Es
conocido por haber convertido al inglés Braid, pionero
de la hipnosis, al magnetismo luego de una demostración.
El adjunto al alcalde de Morzine y el intendente
recurrieron pues a él, que aceptó “con un fin humanitario
y en beneficio de la ciencia”. Pero las autoridades
no lo interpretaron así. Sin embargo, tres chicas morzinesas
le fueron enviadas a Ginebra y luego del magnetismo
recibido, las crisis cesaron completamente.
Charles Lafontaine debía permanecer en Ginebra y
atender sólo a aquellos que se desplazaran hasta él.
Adultos de todas las edades y de toda condición
son afectados igualmente
A pesar de los numerosos reportes, la administración
no hizo nada para frenar la “epidemia”. Durante el
invierno de 1858, los niños ya no eran los únicos en ser
afectados, sino los adultos también, de toda edad y de
toda condición.
En 1860, Saboya se volvió francesa y el Ministerio del
Interior envía al Doctor Arthaud, del Asilo de Alienados
de Lyon. Será de la misma opinión que el doctor Duet.
Hay entonces cerca de 200 casos
registrados y el mal se ha extendido a
los caseríos vecinos. Los servicios del
subprefecto ponen en práctica una
política de represión. El párroco ya no
practica más exorcismos. La población,
sintiéndose abandonada, está
muy encolerizada y estalla un motín
en la iglesia. El sacerdote es agredido violentamente.
Los habitantes buscan culpables, responsables y aflora
entonces un clima más malsano. Reaparece una vieja
historia, la del abad Cotter-Demoulin a quien se le
habría negado la construcción de una capilla y que se
habría marchado amenazando: “Plantaré en Morzine
una espina que ella no arrancará tan pronto”.
La caza de brujas
Llegó un nuevo magnetizador y propuso curar el mal
que afectaba al municipio, la famosa espina plantada
por el abad. Organizó una marcha hasta la capilla que
el abad había hecho construir 5 Km. más lejos, en
Montriond. Pero la capilla estaba vacía. Entonces, para
demostrar sus poderes, el magnetizador mató a un
perro en el lugar con fórmulas mágicas y signos cabalísticos.
Fue detenido y encarcelado. En cuanto al viejo
abad, terminaría su vida en Ginebra.
Nuevo método
En 1861, otro médico fue enviado de París, el doctor
Constans, inspector general de los enajenados. El
método entonces fue diferente. Refiriéndose a la relación
del doctor Arthaud, la tomó contra los echadores
de suertes, los exorcistas y otros “necios creyentes”.
Actuó como “dictador médico”. En su relación, quiere
expulsar a todos los enfermos fuera del municipio
para administrarles un tratamiento. Eso parece tener
un resultado positivo pues en los asilos a los cuales
han sido remitidos los enfermos, ya no hay el menor
síntoma. Observa entonces que el alejamiento de
Morzine es benéfico. El doctor Constant ayudado por
la infantería, pone la aldea en estado de sitio y hace
volver al párroco. Sus métodos no son apreciados y el
gobierno lo hace sustituir por el Doctor Cailles, “más
humano”.
Un visitante inesperado
Estamos en 1862. Entonces se presenta en Morzine
un visitante inesperado. Se trata de Allan Kardec, pero
es rechazado por los gendarmes. En la Revue Spirite se
expresa sobre el fenómeno. Comparte
con los morzineses la creencia en los
espíritus, pero rechaza toda teoría
vinculada con la hechicería: “La
creencia en los echadores de suertes
debe relegarse a las creencias supersticiosas”.
El obispo de Annecy
Con el Doctor Cailles, la crisis se estabiliza,
pero no cesa. En 1864, la llegada
de siete misioneros desata de nuevo
crisis dramáticas. El Vaticano rehúsa
considerar a Morzine como un caso
de posesión, pero se implora al obispo
que vaya a Morzine. En primer lugar se desplaza el
gobernador civil acompañado por médicos. Una veintena
de enfermos es reunida en un aula y estalla una
crisis colectiva donde las víctimas llaman al Diablo.
El único con poder para practicar el exorcismo es el
obispo Monseñor Magnin. Es esperado con impaciencia
y desde su llegada, 80 mujeres reunidas en el
cementerio entran en crisis, pero el obispo se niega a
practicar el exorcismo; los feligreses se arrojan sobre
él y desgarran sus vestiduras. Según los testimonios,
las escenas eran tan inhumanas que la prensa local
y nacional se impuso el silencio. Pero los reportes
oficiales explican que se trataba allí de una puesta en
escena para obligar el obispo a practicar un exorcismo.
En mayo de 1864, son registrados 140 casos.
Voluntad de pasar la página
Como consecuencia de este episodio, la primera
medida tomada fue la construcción de una carretera
que enlazara a Morzine con Thonon para romper el
aislamiento de la pequeña aldea y se puso en práctica
un verdadero plan de acciones socioculturales. Los
religiosos fueron sustituidos por instructores laicos, se
instaló una biblioteca, se organizaron presentaciones
y conferencias sobre la utilidad del Estado. Las autoridades
cumplieron un trabajo de fondo basado en la
formación cultural y el civismo para hacer olvidar a los
habitantes el traumatismo vivido.
Las diversas tesis planteadas sobre las causas del
fenómeno

Se sospechaba que el abad Cottet-Demoulin había
lanzado un sortilegio cuando amenazó “con plantar
una espina en Morzine que no se arrancaría tan
pronto”. El alcalde, su adjunto y su ex-secretario, son
igualmente sospechosos de estar en el origen de esta
epidemia. Considerados como “Rojos”, es decir progresistas,
eran enemigos de la creencia popular admitida
por generaciones y por tanto se sospechaba de pacto
diabólico. Hay igualmente una anciana que habría
tocado el hombro de la pequeña Péronne un día de
mercado cuando ella no la conocía.
¿Le habría echado mal de ojo? El
obispo, Monseñor Magnin, que no era
responsable del mal, se habría hecho
cómplice al negarse a exorcizar a los
enfermos.
El caso de Morzine no es reconocido
por la Iglesia porque, hasta entonces,
en los casos de posesión, eran principalmente
las religiosas las que
eran afectadas y con frecuencia en
el interior de los conventos. Algunos
han expuesto el hecho de que podría
tratarse del tizón del centeno, un
hongo parásito muy peligroso para el sistema nervioso.
Provoca crisis de histeria convulsiva, pero éstas sólo
duran unos días. Desde el punto de vista de la medicina,
se concluyó en una enajenación mental. Charcot
se inspiró en este caso en sus trabajos sobre la histeria.
Diagnosticó este mal como crisis de histerio-demonopatía,
enajenación mental de origen puramente físico,
en la cual uno se cree poseído por el demonio, en la
que intervendrían igualmente las condiciones de vida
y de higiene de la aldea. Esta tesis fue sostenida por
todos los médicos que se sucedieron. Para ellos se
trataba, sin lugar a dudas, de un caso de histerio-demonomanía
colectiva, de locura religiosa.
Sin embargo, dos médicos reservaron su diagnóstico,
y el doctor Duet concluye en la intervención de un
agente sobrenatural. Médico de la aldea, conoce bien
a sus pacientes y les administra tratamientos que sabe
eficaces contra los espasmos y la convulsión. Hace
una constatación de fracaso y admite humildemente
que allí hay otra causa para ese fenómeno. En la Revue
Spirite de abril de 1863, encontramos un extracto de
las observaciones del Doctor Arthaud: “Para concluir
diremos: que nuestra impresión es que todo es sobrenatural,
en la causa y en los efectos; según las reglas de la
sana lógica, y según todo lo que la teología, la historia
eclesiástica y el evangelio nos enseñan y nos cuentan.
Declaramos que, para nosotros, hay una verdadera posesión
del demonio”.
La explicación espírita
Más arriba hemos visto que Allan Kardec se dirigió
a Morzine en 1862 y que fue
rechazado por los gendarmes. Se
interesó muy de cerca por este
fenómeno. Como investigador
riguroso, estableció los hechos, los
estudió y además, recibió comunicaciones
del más allá que confirmaron
lo que había concluido.
Todo este estudio está consignado
en La obsesión, obra que reúne
extractos de las Revues Spirites de
1858 a 1868. Consultando estas
revistas, comprobamos que el caso
de los endemoniados de Morzine
ha sido seguido atentamente por
Allan Kardec que tuvo la voluntad
de no omitir ningún elemento de
la historia tal y como se desarrolló.
Lo que dicen las comunicaciones
espíritas

Dos comunicaciones fueron recibidas
sobre este asunto por la Sociedad
de París en 1862. He aquí algunos
extractos.
“No son médicos, sino magnetizadores,
espiritualistas o espíritas lo que habría que enviar
para disipar la legión de malos Espíritus extraviados en
vuestro planeta. Digo extraviados, pues no hicieron sino
pasar. (…) ¿Dónde está el remedio? Preguntáis. Surgirá
del mal, pues los hombres, asustados por estas manifestaciones,
acogerán con júbilo el contacto benéfico
de los buenos Espíritus que les sucederán como el alba
sucede a la noche. Esta pobre población, ignorante de
todo trabajo intelectual, habría desconocido las comunicaciones
inteligentes de los Espíritus, o más bien, ni las
habría percibido (…)”. Georges (Médium, Sra. Costel)
“Los casos de demonomanía que se producen hoy
en Saboya se producen igualmente en muchas otras
comarcas, especialmente en Alemania, pero más principalmente
en Oriente. (…) ¡Y bien! Todavía hoy, todos
vuestros inspectores de epidemias, todos vuestros alienistas
más distinguidos, sabios doctores en materialismo
puro, se estrellaron igualmente ante esta enfermedad
totalmente moral, ante esta epidemia totalmente espiritual
(…)” Erasto (Médium, Sra. d’Ambel)
La naturaleza de esos espíritus
El más allá es el espejo de la Tierra. Un hombre bueno
será un buen espíritu en el más allá, un hombre malo,
será malo en el más allá. El objetivo de cada encarnación
es mejorar. Por ser nuestro planeta un mundo
inferior, resulta que está poblado mayoritariamente
por espíritus imperfectos. De allí el predominio del mal
sobre la Tierra (guerra, hambre, tortura, pobreza, etc.).
En lo que concierne a los endemoniados de Morzine,
podemos concluir que por los síntomas manifestados,
la naturaleza de los espíritus que
rodeaban a las personas afectadas
era poco evolucionada y mal intencionada.
Los endemoniados eran
diabólicos, agresivos, insultaban y
golpeaban.
Forma de acción de los desencarnados
sobre los encarnados
El ser humano tiene tres componentes:
el espíritu, inmaterial,
principio inteligente, el cuerpo,
envoltura material, y el periespíritu,
envoltura fluídica semi-material,
que sirve de vínculo entre
el cuerpo y el espíritu. Después
de la muerte, el espíritu conserva
su periespíritu que le sirve para la
transmisión del pensamiento. En estado encarnado,
el periespíritu es el vínculo que une el espíritu con el
cuerpo. Es por medio de él que se transmite la expresión
de la voluntad del espíritu y es también por medio
de él que se transmiten al espíritu las sensaciones del
cuerpo.
La mediumnidad
Para que un espíritu pueda actuar sobre una persona,
hace falta un médium, una persona que posee una
sensibilidad particular que le permite percibir y sentir
el mundo de los espíritus, ya sean éstos buenos,
sufrientes o malos. Cuando un espíritu quiere influir
sobre un individuo, lo envuelve en su propio periespíritu
como un abrigo. Los dos periespíritus se penetran y
los dos pensamientos se confunden. Entonces el espíritu
puede “teledirigir” el cuerpo que envuelve. Puede
hacerlo hablar, dibujar o escribir. Es así como sucede,
en forma gráfica y simplificada, para los médiums. Si
el espíritu está animado de buenos sentimientos, su
acción sobre el médium será benéfica y dirigida hacia
el bien. Si el espíritu está animado de malas intenciones,
su objetivo será manipular el individuo con
fines nocivos para él y su entorno. He aquí un nuevo
dato para el caso de los endemoniados de Morzine.
Sin duda alguna, las personas afectadas tenían esa
sensibilidad particular. Eran permeables a la influencia
de los espíritus que las rodeaban y, en este caso, éstos
eran malos.
La obsesión: En su tiempo, Allan Kardec explicó, luego
de diversas observaciones, el carácter de la obsesión,
término que califica de genérico para presentar luego
sus diferentes formas:
La obsesión simple: el mal espíritu se impone al
médium, trata de engañarlo. Su deseo es contrariarlo.
Se puede hablar igualmente de obsesión física, aquella
donde los malos espíritus hacen oír golpes u otros
ruidos. El médium está consciente de lo que ocurre.
La fascinación: Más grave, el mal espíritu actúa directamente
sobre el pensamiento del médium para paralizar
su juicio. Fascinado, el médium no se da cuenta de
la influencia del mal espíritu y es llevado a decir cosas
absurdas y a cumplir acciones peligrosas.
La subyugación: El mal espíritu paraliza totalmente la
voluntad de su víctima. Esta influencia puede ser moral
o física. En el primer caso, el médium tomará decisiones
cuyas consecuencias pueden ser muy graves.
En el segundo caso, el mal espíritu actúa sobre el físico
del médium y provoca movimientos involuntarios. El
médium es impulsado a hacer gestos obscenos o peligrosos;
como en la obsesión simple, el médium está
consciente de lo que le impone el espíritu, pero no
puede ir contra la influencia que éste ejerce sobre él.
La posesión: Para Allan Kardec, se trata de hecho de
la subyugación, pues la palabra posesión implica la
creencia en seres perpetuamente dedicados al mal
cuando no hay sino seres perfectibles, y porque el
término posesión implica igualmente la toma de posesión
del cuerpo por un espíritu que cohabitaría con la
víctima. La posesión es una coacción ejercida desde el
exterior de la víctima. No hay cohabitación. Es por eso
que el término subyugación es más apropiado.
El carácter de la situación en Morzine
Para saber por qué los malos espíritus le echaron el ojo
a la pequeña localidad de Morzine y sus alrededores,
hay que conocer el estado de ánimo que reinaba
entonces en ese lugar. La debilidad, la ignorancia,
la falta de cultura intelectual, dan naturalmente más
punto de apoyo al mal. Se trataba de una población
aislada, llena de supersticiones. Cuando llegan los
primeros casos, los morzineses, aterrados por estos
fenómenos extraños, los amplificaron dándole una
influencia suplementaria al mal y produciendo así
una suerte de epidemia moral. Pero, el estudio de la
obsesión demuestra que los malos espíritus pueden
dominar también sobre personas inteligentes,
instruidas y espirituales, lo que muestra que este fenómeno
es bien el efecto de una causa externa.
La conclusión de Allan Kardec
Al final de su estudio sobre los endemoniados de
Morzine, Allan Kardec explica por qué no se recurrió
a los espíritas (1864): “En primer lugar, los espíritas no
hacen milagros; la acción curativa que se puede ejercer
en tales casos no tiene nada de maravilloso ni de sobrenatural;
descansa sobre una ley de la naturaleza: la de
las relaciones del mundo visible y el mundo invisible,
ley que, al dar razón de ciertos fenómenos incomprendidos
por falta de conocerla, viene a echar hacia atrás
los límites de lo maravilloso, en lugar de ampliarlos. En
segundo lugar, habría que preguntarse si su asistencia
hubiera sido aceptada; si no hubiera encontrado una
oposición sistemática; si, lejos de ser secundados, no
hubieran sido impedidos por los mismos que habían
fracasado; (…). En casos aislados, los que se dedican al
alivio de los afligidos, generalmente son secundados
por las familias y el entorno, con frecuencia por los
mismos enfermos, sobre cuya moral es preciso actuar
con buenas y alentadoras palabras, que hay que incitar
a la oración. Curas parecidas no se obtienen instantáneamente;
los que las emprenden necesitan calma y un
profundo recogimiento; en las circunstancias actuales,
¿esas condiciones serían posibles en Morzine? Eso es
más que dudoso (…)”
Entre 1864 y 1870, hubo aún algunos casos de posesión.
El affaire fue cerrado oficialmente en 1870.
Fuentes: Les mystères de la Haute Savoir de Jean-Philippe
Buord (De Borée)
L’Obsession de Allan Kardec.

No hay comentarios:

Publicar un comentario