UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 1 de septiembre de 2012

TELEPATÍA Y FUERZA DEL PENSAMIENTO
por
C AT H E R I N E C O U R T I O L
LA COMBUSTIÓN
ESPONTÁNEA

LE JOURNAL SPIRITE N° 89 JUILLET 2012
Sin avisar y sin razones aparentes, en Francia, como un
poco en todas partes del mundo, se produce un fenómeno
extraño e incomprensible en personas vivas
que, casi siempre, provoca su muerte instantánea:
en el interior de su cuerpo se declara un fuego de un
calor intenso. Ante cada nuevo descubrimiento, hay
las mismas reacciones: estupefacción, horror, interrogación,
incluso incomprensión total. Las personas
parecen no haber tenido ninguna reacción frente a las
llamas; elemento confirmado en los raros casos observados
por algunos testigos que han asistido al abrasamiento.
Además, los peritos encargados de investigar
no encuentran el origen exacto del incendio. En general
este fenómeno se denomina combustión espontánea
pero, a falta de explicación, algunos prefieren llamarlo
combustión inexplicada.
A través de algunos casos, entre los más conocidos,
veremos cuáles son los testimonios visuales y olfativos
en los lugares del desarrollo del drama. Luego, participaremos
en todas las interrogantes que provienen de
los investigadores. Trataremos luego de transmitirles
la reflexión de los espíritus sobre la cuestión planteada
durante una sesión espírita. Preguntémonos en primer
lugar por su definición.
Combustión espontánea es la expresión utilizada para
caracterizar la destrucción completa de un cuerpo
humano, o de una parte de él, por un fuego de un
increíble calor cuya fuente aún no es conocida. Lo que
más impresiona a los investigadores, es la ausencia de
propagación de ese fuego al entorno inmediato. Todas
las investigaciones policiales realizadas en este tipo de
asunto, presentan la misma evidencia: el cuerpo se
calcina, o más aún, se encuentra calcinado desde el
interior, sin ninguna explicación aparente de origen
externo y, sobre todo, sin que ningún elemento inflamable
que se encuentre en la inmediata proximidad
del cuerpo, sea tocado en forma significativa por las
eventuales llamas.
La combustión es una reacción química, acompañada
de una producción de energía bajo la forma de
calor. Uno puede observar, cuando se quema un palo
de incienso, que la materia es reducida a cenizas por
efecto del fuego. Para que esto sea posible, es necesario
reunir tres elementos indispensables e indisociables:
el combustible, el comburente, que generalmente es
dioxígeno, presente en el aire ambiente, y una fuente
de activación externa o inducida. En la combustión
espontánea, son los vestidos que lleva la persona lo
que sirve de combustible y no el
cuerpo humano porque éste se
compone de agua en demasiada
cantidad como para inflamarse. La
fuente de activación es a menudo
mal definida en la relación de las
investigaciones policiales pero el
problema no se halla únicamente
a ese nivel. La observación de los
lugares muestra que los objetos
combustibles ubicados en las
proximidades del cuerpo destruido han quedado
casi intactos, mientras que se necesitó un fuego de
una increíble intensidad para consumir los huesos de
la víctima al punto de reducirlos a cenizas. En efecto,
para conseguir la calcinación de los huesos, hace
falta una temperatura del orden de los 2.000 a 2.500
grados Celsius durante dos horas; lo que es enorme
en comparación con la intensidad de un incendio que
alcanza los 800 grados.
El estudio de tales casos moviliza a numerosas personas
en los medios científicos y judiciales. Es cierto que ellos
no se producen con frecuencia, pues en el planeta se
registran unos cincuenta casos de este tipo por año, de
los cuales dos en territorio francés.
El fenómeno es tan extraño que
amerita que uno se detenga en los
diversos testimonios.
Algunos ejemplos
Los casos más conocidos se encuentran
catalogados en los anales
de la medicina y se remontan al
comienzo del siglo XVIII. ¿Cuáles
son las observaciones hechas por
los testigos presenciales en los
lugares del drama?
En 1731, en Italia, una doncella
descubre el cuerpo calcinado de su
patrona a un metro de su cama. De
este horrible espectáculo no queda
más que un pequeño montón de
cenizas, dos piernas intactas cubiertas de medias de
seda, un cráneo, una parte de la cara y tres dedos. La
cama no está dañada pero se menciona un olor infecto,
y una capa de hollín encontrada sobre los muros de
una habitación contigua así como sobre los muebles y
en las gavetas donde se encontraba la ropa.
En 1951, en Florida, se encontró el cuerpo de una
mujer prácticamente reducido
a cenizas en un apartamento
intacto. El bombero, alertado
por la propietaria, se dirigió al
lugar del drama. Observó en el
centro de la habitación un lugar
carbonizado de alrededor de
un metro veinte de diámetro,
en cuyo interior se encontraba
cierto número de resortes de una
silla y los horribles restos de un
cuerpo humano, compuestos de
un hígado carbonizado pegado
a un trozo de columna vertebral,
un cráneo reducido, un pie que
todavía llevaba una zapatilla de
raso negro y un pequeño montón
de cenizas. El policía encargado
de la investigación comprobó que
pocos muebles fueron dañados
por el fuego. Sólo el techo, las colgaduras y los muros,
por encima de una altura de un metro veinte estaban
cubiertos de un hollín graso y maloliente, pero la
alfombra sobre la que reposaba el cuerpo, no estaba
ni siquiera quemada. Observó también que otros
elementos extremadamente combustibles, como
mechas de velas, periódicos, colgaduras y ropa,
ubicados cerca del incendio no estaban dañados.
En mayo de 1977, en Francia, se encontró una mujer
muerta en su apartamento. Su cuerpo yacía carbonizado
sobre el piso, las piernas y el brazo derecho
intactos, mientras que la cabeza, el tronco y el
abdomen estaban reducidos a cenizas. En 1996, en
una entrevista realizada por los redactores
de Le Journal Spirite, el coronel
Laurain, encargado del peritaje, nos
respondió en la forma siguiente:
“En todos los casos, se manifiesta una
destrucción casi total de una parte del
cuerpo. La parte calcinada está reducida
a cenizas, eso va más allá de la
carbonización. Hay una franca división
entre las zonas calcinadas y las zonas
intactas. En efecto, el revestimiento del
piso sobre el que reposaba el cuerpo
destruido estaba totalmente consumido
por el fuego, mientras que debajo
de las partes que quedaron intactas
el mismo linóleo estaba libre de todo
rastro de fuego”.

En 1982, en Inglaterra, una mujer de
62 años se incendió en su butaca delante de su padre.
Le tomó al padre menos de dos minutos ver brotar un
relámpago de luz, observar a su hija inflamarse de una
sola vez y apagar el fuego con mucha agua, ayudado
por un vecino. En muy poco tiempo la infeliz, que no
tuvo ninguna reacción y quedó allí sin moverse, se
quemó velozmente. Los socorristas reportaron que “el
fuego salía de su boca como de un
dragón, con un ruido de rugido”.
Más recientemente, en 2010, en
Irlanda, se encontró en su casa
el cuerpo carbonizado de un
hombre, sin que ningún otro
elemento de la casa se hubiera
quemado. El 22 de diciembre, un
vecino llamó a los socorristas a
eso de las 3 de la mañana, al oír una alarma de incendio.
Se encontró el cuerpo totalmente quemado tendido
sobre la espalda pero solamente el piso debajo de
su cuerpo y el techo en la parte superior de él fueron
perjudicados por el humo.
Las hipótesis y una explicación espírita
Todos estos casos fueron objeto de profundos estudios,
las personas encargadas de estudiarlos están
en total incapacidad de dar una explicación verosímil
en cuanto a las causas exactas del origen del
incendio, la justicia parece desamparada ante la falta
de elementos concretos para abrir una investigación
y generalmente el ministerio fiscal pronuncia una
resolución de sobreseimiento en este género de casos,
si bien están clasificados bajo la rúbrica de combustiones
espontáneas. En todos los casos, los investigadores
se preguntan, ¿por qué ciertos cuerpos no son
totalmente calcinados, cómo una combustión viva no
produce algo de humo, cuál es el detonante externo,
cómo es que los elementos inflamables de los alrededores
no se queman? Las preguntas siempre quedan
sin respuesta. Se han aventurado algunas hipótesis
pero éstas siempre son desmentidas. Se ha sugerido
el alcoholismo, pero se han señalado casos donde
las víctimas no bebían. La ingesta de ciertos medicamentos
podría explicar la reacción química pero en
muchos casos las personas encontradas muertas por
calcinación no seguían tratamiento medicamentoso.
La grasa presente en las víctimas obesas sería la causa
de la propagación del fuego, pero esta tesis no es sostenida
pues se sabe que el fenómeno golpea también a
personas delgadas. La caída de un rayo también sería
una hipótesis, pero las condiciones atmosféricas no
siempre son de tormenta. Los gases presentes en los
intestinos serían buenos combustibles pero tampoco
explicarían el comienzo del incendio.
Preocupados por investigar y comprender, los espíritas
hicieron la pregunta a los espíritus. Antes de
recibir su respuesta, es bueno recordar la composición
del cuerpo humano. En espiritismo, acostumbramos
afirmar que nuestra constitución corporal no es únicamente
el resultado de un aglomerado de células
físicas. Estamos compuestos por tres elementos indispensables
para la vida tal como la concebimos: el
cuerpo material, el espíritu y el periespíritu. El espíritu
es considerado la memoria viva de todo nuestro ser,
registra todo lo que el cuerpo vive, tanto en la materia
como en el más allá, es inmaterial, invisible e impalpable.
Necesita un soporte para guardar en memoria
e imprimir todos los datos vividos por el cuerpo físico
y por él mismo. El periespíritu juega ese importante
papel. Es una envoltura semi-material compuesta de
mil millones de partículas activas y memorizantes.
Se dice que el periespíritu es el intermediario entre
el cuerpo y el espíritu. Este último lo utiliza también
para desplazarse en el espacio, pero igualmente para
hacerse visible y para encarnar en la materia. Espíritu
y periespíritu interactúan juntos para mantener el
cuerpo humano en equilibrio y armonía. Esa interacción
es fundamental porque repercute en las células
del cuerpo físico. ¿Cómo? Considerando al hombre en
su totalidad, la medicina ha hecho un gran bien al reconocer
lo psicosomático. Como ella, si se admite el poder
de la fuerza del pensamiento, dicho de otra manera,
del espíritu, así como la capacidad de las células del
periespíritu para actuar y recordar, la respuesta dada
parece evidente. En efecto, el fenómeno de combustión
espontánea corresponde a personas que, en su
última encarnación, han perecido en forma violenta
por el fuego. Su periespíritu y su espíritu han guardado
el recuerdo de ello, el traumatismo, y en su siguiente
vida, esas mismas personas, que alimentan actitudes
suicidas, consciente o inconscientemente desencadenarán,
a su pesar, una destrucción por el fuego.
En conclusión, citaremos un extracto del mensaje
recibido: “El espiritismo permite explicar mejor por qué
nuestro cuerpo vibra según el estado de nuestro pensamiento.
Este conocimiento abre fabulosas perspectivas
nuevas para aliviar así al ser humano de sus sufrimientos,
de sus temores, de sus angustias, prevenir muchas enfermedades,
comprender y dominar ciertos fenómenos que
se describen como extraños, como los del fuego interior
que consume los cuerpos".

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