UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 14 de agosto de 2012

DEL más allá
por
FABIENNE TOUZET
LA MÚSICA CELESTIAL

LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008
Como ya nos lo decía el espíritu Rutebeuf en 1984
respondiendo a una pregunta sobre la evolución de los
artistas en el más allá:
“El universo es una conciencia total en permanente
actividad. El espíritu vive en todas partes y su actividad
no tiene tregua. Un libro pensado, una poesía lograda,
una canción compuesta, una música interpretada, una
forma esculpida, un amor dado, son registrados para
siempre en la conciencia colectiva del mundo divino.
Cualquiera que piense perpetúa su pensamiento en el
infinito sin siquiera saberlo. No es de acción gratuita, es
que la vida es un movimiento relacional que sobrepasa
vuestras conciencias todavía encerradas dentro de
un límite provisional y carnal”.

Fácilmente podemos imaginar,
entonces, que al igual que
ciertas personas que
durante un
lapso de
tiempo se encuentran proyectadas a la cuarta dimensión
y asisten así a escenas de un pasado más o menos lejano,
otros podrán, gracias a su facultad auditiva, escuchar la
música celestial.
Tomo igualmente como referencia este mensaje de
Camille Flammarion recibido el mismo año y que nos
decía:
“El Universo es un gran ordenador en el cual las estrellas
forman los circuitos integrados. Registra todas las
memorias visuales o auditivas. El electromagnetismo
que recorre los espacios intersiderales es una
corriente telepática que transporta el pensamiento
por el infinito. El paso a la cuarta dimensión es un
paseo por el ordenador si se reúnen las condiciones
de activación para reproducción y puesta en la
memoria. Entonces el pensamiento vibra al ritmo del
electromagnetismo y sale del espacio-tiempo. De esa
manera ciertas trampas se abren”.

Ernest Bozzano, en su libro “Fenómenos psíquicos en el
momento de la muerte”, recogió igualmente testimonios
sobre la música trascendental. Él separa rigurosamente
los fenómenos provocados vinculados a la mediumnidad
de las manifestaciones espontáneas. Como
científico concienzudo, hace también una
aproximación con la psicometría de
los lugares que con frecuencia son
portadores de historia y, por
qué no, de una atmósfera
musical, puesto que
esta música es
escuchada a
m e n u d o
en los
lugares de culto como catedrales o monasterios. Sin
embargo, Bozzano queda perplejo cuando esta melodía
es percibida por varias personas a la vez.
Otro punto, él observó igualmente que los médiums que
reciben la música astral no son invariablemente músicos,
lo que da testimonio de la presencia de un espíritu
músico al lado del médium ignorante en la materia. En
cambio, cuando se habla de telepatía musical, puso en
evidencia que los agentes emisores y receptores debían
ser obligatoriamente músicos.
■ MÚSICAS QUE PARECEN PROVENIR DEL
PASADO

Mencioné antes la cuarta dimensión y uno de los ejemplos
citados en el libro relata la historia de dos inglesas, Miss
Moberly y Miss Jourdain de quienes hemos hablado en
una revista anterior. Paseándose por el Pequeño Trianon
en Versailles, tuvieron la visión de los lugares tal y como
se encontraban en tiempos de María Antonieta. Es
preciso saber también que Miss Moberly percibió en
aquel momento el sonido de una orquesta de violines
inexistentes y llegó a transcribir doce compases que se
encontraron idénticos en las obras musicales del siglo
XVIII, igualmente con una tonalidad más baja, como se
acostumbraba en esa época.
En un segundo extracto, una persona que visitaba la
abadía de Jumièges, en Normandía, en 1913, relata:
“Después de haber contemplado durante mucho tiempo
las ruinas de la iglesia de Nuestra Señora, pasamos a las
de San Pedro, admirando esas espléndidas ruinas góticas
del siglo XIV. Me había alejado un poco de los demás,
cuando de repente, escuché resonar un coro compuesto
de numerosas voces de hombres que parecían venir de
un espacio libre a nuestra izquierda, donde algunos
trozos de muros marcaban el lugar donde antaño se
encontraba el coro. Era un canto melodioso y solemne.
Trataba de distraer mi atención cuando oí exclamar a
mi padre: ‘los monjes están cantando a coro’. Enseguida
la música cesó, duró sólo algunos minutos. Todos
habíamos oído un coro cantando vísperas y salmos en
latín… la actual iglesia parroquial se encuentra a un
kilómetro y medio de allí”.

■ MÚSICA EN LA CABECERA DE LOS
MORIBUNDOS

Son numerosos los relatos que dan testimonio de alguna
forma de voces angelicales o de coros sagrados, de
músicas cristalinas nunca oídas sobre esta tierra, una
música del paraíso, y felices son las personas que a la
hora de su partida han podido beneficiarse de este aporte
fluídico, como lo ha contado Gomin, uno de los guardias
de Louis XVII: la hora de la agonía se aproximaba y el
guardia, viendo que el enfermo permanecía en calma,
silencioso e inmóvil, le preguntó:
-¿Espero que no estéis sufriendo?
-Sí, sufro todavía pero no como antes… ¡Esta música
sí es bella!
No se percibía ningún eco de música; además, no se
podía percibir en la habitación donde el pequeño mártir
yacía moribundo. Gomin asombrado replicó:
-¿En qué dirección la oís?
-Viene de arriba.
-¿Y la oís desde hace mucho?
-Desde que os habéis arrodillado. ¿No la oís? ¡Oh!
¡Escuchemos, escuchemos!
Y el niño abrió sus grandes ojos iluminados por una
alegría extática y llegó a hacer una señal con su pequeña
mano exangüe. El guardia conmovido, no queriendo
destruir esta última dulce ilusión, aparentó escuchar
también. Después de algunos minutos de gran atención,
el niño pareció estremecerse de alegría, su mirada se
volvió centelleante y dijo con una voz que expresaba
bien una intensa emoción:
-¡Entre las voces que cantan, reconozco la de mi
madre!
Tan pronto esta última palabra salió de los labios del pobre
huérfano, pareció quitarle todo sufrimiento. Su frente
se sosegó, la mirada volvió a ser calma y permaneció
fija sobre algo invisible. Esperando, se veía que seguía
escuchando con una atención extática los acordes de un
concierto que escapaba a los oídos humanos. Se hubiera
dicho que para esta joven alma empezaba a despuntar el
alba de una nueva existencia.
Lo mismo sucedió con Daisy Dryden. Esta niña de 10
años atacada por la fiebre tifoidea, se volvió clarividente
tres días antes de su muerte y era ella quien tranquilizaba
a sus padres hablándoles de su próxima felicidad. No, su
vida futura ya no era un misterio y una vez le dijo a su
padre:
-Oh, papá, ¿no oyes esta música celestial? ¡Son los
ángeles que cantan! Deberías oírla porque el cuarto está
todo lleno. Percibo el coro de ángeles que cantan... ¡Oh,
cuántos hay, cuántos hay! ¡Qué multitud! Son varios
miles. ¡Qué amables son de prestarse a cantar para una
niña como yo! Pero sé bien que no hay diferencia de
tamaño en el cielo, nadie es pequeño, nadie es grande:
el amor lo es todo y lo envuelve todo...
¿No se dice que la verdad sale de la boca de los niños?
■ TERAPIA MUSICAL
Pero escuchamos las palabras de un espíritu sobre los
beneficios de la música. El mensaje de Maurice Ravel
recibido en enero de 1990 se adapta perfectamente a los
ejemplos citados:
“Con frecuencia los médiums son testigos en los grupos
espíritas de la música maravillosa que perciben en el
más allá y con este propósito, os hablan a menudo de
música cristalina. Esos médiums escuchan bien, esos
médiums perciben bien nuestros mensajes por cuanto
es cierto que la música es un mensaje de transporte
sin límites, la música del más allá es una creación
directa de nuestros corazones, una creación directa de
nuestros pensamientos. Pero esta noche quiero decir que
no es solamente una complacencia, que no se limita
a un placer. Esta noche quiero dar testimonio de la
terapia de esta música astral. Esta noche quiero dar
testimonio de todo el equilibrio que puede acarrear con
ella para todas las almas despechadas, angustiadas,
tristes y aturdidas. Es así como a menudo dirigimos
nuestros pensamientos musicales hacia cientos de
miles de entidades para, en cierta forma, despertarlas,
tranquilizarlas o transportarlas. Por el canto, el coro, el
sonido del instrumento transportado por el pensamiento,
podemos dirigir a las entidades hacia sus guías cuya
existencia ellos mismos desconocían. Por la fuerza de
nuestra creación podemos sublimar las esferas. Por la
fuerza de nuestra creación podemos despertar de la
confusión, dar gozo y felicidad, dar alegría”.
El aspecto terapéutico de la música trascendental fue
puesto de relieve en este otro testimonio catalogado por
Ernest Bozzano. He aquí un extracto:
“El Sr. Barnet tenía un hermano, para entonces de 15
años, que cayó gravemente enfermo de neumonía y el
médico que lo atendía previno a la familia que estaba en
peligro de muerte. En efecto, el enfermo no tardó en perder
el conocimiento y permaneció en ese estado durante tres
días. Cuando le tocó a Barnet asistirlo, ya no hablaba ni
mostraba signos de vida desde hacía veinticuatro horas.
A medianoche, se sentó, abrió los ojos y preguntó de
dónde venía esa música deliciosa. Repitió la frase varias
veces añadiendo que nunca había oído una música
tan hermosa. Las personas presentes vieron una señal
precursora de su muerte, pero no fue así. El paciente
siguió escuchando la música trascendental, aludiéndola
varias veces más. Luego, terminó por dormirse. Cuando
despertó estaba mucho mejor,
todavía hoy vive, tiene 53
años”.

CUANDO LA MÚSICA TRASCIENDE LOS
CUERPOS

El último personaje cuya experiencia deseo compartir
con ustedes se enteró durante una sesión espírita, a
comienzos del siglo XX, que el espíritu que se manifestaba
a través de él había sido un músico italiano del siglo
XVII, que se llamaba Porpora y que no podía hacerse
oír más que por él. El hombre que nos interesa aquí, era
un apasionado de la música, había escuchado a todos
los mejores cantantes y las mejores orquestas que había.
A pesar de eso, las armonías subjetivas que percibía
desde hacía seis años sobrepasaban en hermosura toda
audición musical terrenal a la que hubiera asistido
nunca o que fuera capaz de concebir. Eran precedidas
por largos y dulces acordes que parecían tocados por
cornetas. Luego otros instrumentos y después otros
más, venían a tejer gradualmente sus armonías en
el concierto, hasta el momento en que el volumen
complejo y maravilloso del flujo musical se insinuaba y
dominaba a tal punto los sentidos del percipiente, que
éste se sentía cerca de caer desmayado. Se sentía como
extasiado y comprendía intuitivamente que si ese estado
se prolongara más allá de cierto límite, el alma se retiraría
para siempre del cuerpo, raptada por el flujo encantador
de aquellas armonías del paraíso. Esa música no puede
ser comparada con la de este mundo,
aunque, en su conjunto, su tonalidad
se aproxima a las del violonchelo y del
órgano. Los aires son siempre elevados,
nobles, majestuosos, más allá de todo
lo que pueda decirse, y tienen alguna
analogía con la música sacra. Nunca
son alegres y menos vulgares, sólo que
a veces, por la riqueza y el volumen
de los sonidos, recuerdan un poco
ciertas escenas de la gran ópera. En
cuanto la orquesta trascendental
ha sido preludiada por una
serie de acordes, un
coro de voces
maravillosas,
tanto masculinas como femeninas, entra en acción. A
veces se dejan oír solos, otras veces, son dúos o réplicas
corales. En ciertos casos es una voz de tenor, muy dulce
que arrastra y conmueve, la reconocería entre todas.
Esta música, aunque subjetiva, le llega de una manera
repentina e inesperada, como se produciría la música
terrenal. Por lo general sólo tiene una duración muy
corta. Una vez, en que se había prolongado más que
de costumbre, casi se sintió morir, porque ella produce
un estado de éxtasis insostenible para una fibra mortal.
Se levantó, se paseó, subió la escalera, salió de la casa
esforzándose de diferentes maneras por liberarse de la
extática fascinación, pero la música lo seguía por todas
partes, a veces, durante el día entero... (El aire parecía
saturado de música, que superaba todos los otros ruidos,
invadiendo el espacio infinito, me parecía increíble que
los demás no la percibieran).
El amigo del médium que cuenta todo esto nos explica
que éste palpita al unísono con el ritmo del Universo.
Durante uno de sus éxtasis él pudo sentir también,
tomando su mano, que un temblor muy sensible sacudía
todo su cuerpo.
Este caso, tan particular, me recuerda un mensaje de
Juan Sebastián Bach, recibido en 1987 donde despertó
el interés de los espíritas explicándonos que es el alma la
que oye la música en primer lugar y luego los oídos.
“La música llega directamente a vuestros dobles,
alcanzando directamente vuestra vibración
periespritual. La música es un alimento artístico
indispensable a vuestro equilibrio, a vuestra evolución
en la encarnación... Es preciso que toda composición
musical llegue a vuestros sentidos. También debe
conservar su carácter armonioso. No debe corresponder
a una disonancia anárquica, que es fuente de
desorden y desequilibrio para vuestros espíritus... No
hace falta que la armonía musical suscite agresión,
violencia. Hace falta que la Señora Música
eleve todos vuestros espíritus hacia la cumbre
de esta elevación, es decir el Padre, es decir
Dios. La música es una vibración que puede
arrastrar a ciertos hombres a desmaterializarse,
a confundirse con su verdadera naturaleza, es
decir su espíritu. Superado por la armonía
musical, el espíritu trasciende la materia para
hacerse invisible. He conocido melómanos
que, al escuchar un concierto o una
sinfonía, desaparecen
físicamente. Eso es la música, es la fuerza y el amor”.
En nuestro último ejemplo se puede comprender mejor
este fenómeno aunque el médium no haya alcanzado
completamente esta transformación.
■ PARA LA FELICIDAD DE LOS HOMBRES
Héctor Berlioz también vino en 1985 para compartir
con nosotros su concepción de la música y creo que
es bueno dejarle la palabra final. No lo citaré completo
pues retoma numerosos elementos dados ya en mensajes
anteriores pero lo que trasluce luego, es su necesidad de
compartir su música no sólo en su más allá sino para
beneficio del planeta entero. Escuchémosle:
“La música se ha convertido para mí en fuente esencial
de alegría y este gozo debe ser compartido por todos
los que me rodean. La música adquiere plenamente
su sentido y su función cuando sé, cuando veo, que
permite a ciertas almas despertar de su tristeza, de
sus angustias, de abrirse y de avanzar más. Si puedo
alcanzarlas con mi arte, entonces las levanto, entonces
las elevo, entonces veo a sus cuerpos etéricos sonreír
a mi fuente musical para remojarse en mis notas
cristalinas que los llevan al espacio como lágrimas
felices de consuelo. Allí donde estoy, la música se
derrama, la música se vierte, la música lleva al espíritu
dándole justamente lo que quizás le falta.
Deseo para la tierra, una música que venga siempre y
cada vez más inspirada por la fuerza de los invisibles,
por la fuerza de todos los que os rodean, os protegen
y os aman. Una música que, si no transporta
vuestras almas, comienza a transportar vuestros
cuerpos aligerándolos de sus cargas cotidianas,
haciendo desaparecer progresivamente la pesadez
de vuestro peso planetario. Sí, que la música que
viene sea el reflejo de la necesidad absoluta de la
naturaleza humana. A este efecto, lamento lo que
pasa actualmente y que se dice contemporáneo, sin
armonía, sin efecto y sin devenir. El músico no debe
darse gusto, debe saber compartir con los demás su
alegría de existir. El que canta sabe bien eso.
Hasta luego y que la música os lleve siempre”.

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