UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

jueves, 19 de julio de 2012

Dios y las desigualdades
Editorial
cbce@terra.com
A 153 años de la publicación de El Libro de los Espíritus (18 de abril de 1857)
de Allan Kardec, -obra fundamental de la filosofía espiritista- creemos oportuno
tratar, a grandes rasgos, un tema complejo como el que engloba la Ley de
Igualdad, en el capítulo IX del citado libro, y que discurre sobre la desigualdad en
las aptitudes, en las condiciones sociales, en las riquezas, …
En el ítem 803, Allan Kardec pregunta:
- ¿Todos los hombres son iguales ante Dios?
- Sí -responden los espíritus-, todos tienden hacia el mismo fin y Dios ha
hecho sus leyes para todos ellos. (…)
Y a continuación Allan Kardec añade:
Todos los hombres se hallan sometidos a las mismas leyes naturales. Todos
nacen con idéntica debilidad, están sujetos a iguales dolores, y el cuerpo del rico
se destruye como el del pobre. En consecuencia, Dios no ha otorgado a ningún
hombre una superioridad natural, ni por el nacimiento ni por la muerte. Ante Él
todos son iguales.
Y en el 804, la pregunta es:
- ¿Por qué Dios no ha dotado de las mismas aptitudes a todos los
hombres?
- Dios creó iguales a todos los espíritus, pero cada uno de ellos ha vivido
más o menos tiempo y, por tanto, ha adquirido también más o menos
experiencia. La diferencia reside en su grado de experiencia y también
en su voluntad, que es el libre arbitrio. (…)
Otro destacado espiritista, el francés Léon Denis, en su obra El Problema del
Ser y del Destino, en el capítulo XVIII, Justicia y responsabilidad. El problema
del mal, nos dice:
(…)
No existe, pues, el mal real, el mal absoluto en el Universo, y sí, por todas
partes la realización lenta y progresiva de un ideal superior; por todas partes, la
acción de una fuerza, de una potencia, de una causa que con todo y dejarnos
libres, nos atrae y nos conduce hacia un estado mejor. Por todo, la gran labor de
los seres, es trabajar, desarrollar en ellos, a costa de supremos esfuerzos, la
sensibilidad, el sentimiento, la voluntad, el amor.
Y Manuel S. Porteiro, ferviente y apasionado divulgador argentino de la doctrina
kardecista, en su Espiritismo Dialéctico, en el capítulo III, apartado El Bien y el
Mal. Su relatividad, manifiesta:
(…), vemos que ningún fenómeno se produce en la vida sino en virtud de
dos fuerzas o términos opuestos y necesarios. La ley de los opuestos es la que
determina todo movimiento, todo cambio, todo progreso, la que todo lo modifica y
perfecciona. Sin términos opuestos no sólo no se concibe la evolución, sino que ni el Universo podría
existir, a no ser en el reposo absoluto. Cada manifestación de la vida es el resultado de una antinomia; y
así como no hay esfuerzo sin resistencia que complemente la acción, tampoco hay término positivo que no
contenga su negativo para un efecto complementario, (…)
(…) Es tan necesario el bien como el mal; su contraposición es como la de los sexos: no existe sino
para crear, para renovar y perfeccionar constantemente la vida y la moral de los individuos y de los
pueblos. (…)
La reflexión sobre estas cuestiones nos ha llevado a trasladar a estas páginas un comunicado que en su
día dirigimos al autor del siguiente artículo.

¿Adónde vamos, quién nos conduce?
Al leer su artículo ¿Adónde vamos, quién nos conduce?, publicado en el periódico La
Vanguardia, de fecha 6 de junio de 2005, creemos entender su preocupación por el desapego, la
desvinculación, el casi nulo compromiso humano y la prácticamente inexistente solidaridad. Si
estamos en lo cierto, nosotros también estamos preocupados por ello; compartimos, por lo tanto,
su inquietud y su rechazo.
Pero, precisamente, porque las nuevas generaciones tienen más estudios, porque gozan de
mayor libertad para elegir, porque no se conforman en ostentar una actitud pasiva, porque quieren
respuestas, porque empiezan a pensar, etc. etc., no pueden entender ni admitir esta religación
(según sus propias palabras) con un Dios que permite tantas y tamañas desigualdades e
injusticias. Que permite que unos, por haber nacido en países desarrollados disfruten de una serie
de ventajas, y otros, por estar en países subdesarrollados se mueran de hambre. Que por el
aparente arrepentimiento y confesión de sus remordimientos sean exculpados de tantas y tantas
atrocidades, se trate de altos dignatarios políticos y/o eclesiásticos como el más insignificante de
nuestros congéneres. Que criaturas “inocentes” nazcan con graves deformaciones físicas y
limitaciones psíquicas, mientras otras gozan de una salud perfecta. ¡Y que no me digan que “es la
voluntad de Dios” porque de ser así, se trataría de un Dios CRUEL E INJUSTO, concepto que
rechazamos de plano, pues para nosotros Dios, o la Inteligencia Suprema, o la Fuente inagotable
de Vida, o… quién sabe qué -pues no podemos definir lo que no comprendemos ni vemos-, es
equilibrio, justicia, amor, solidaridad, misericordia, VIDA…
Entonces ¡algo falla! No existe coherencia ni lógica. Y las religiones establecidas u “oficiales”
se ven incapacitadas de dar una respuesta clarificadora, inteligible, después de tantos
desaguisados cometidos a lo largo de la historia de la humanidad.
Por eso estas generaciones buscan. Ese inconformismo que ellos también sienten les lleva a
indagar, aunque muchas veces se equivoquen. Pero por algo se empieza. Lo importante es sentir
esa inquietud que les induce a moverse. La verdad siempre triunfa y antes o después aparecerá, la
encontrarán. En esto consiste el progreso, en no permanecer nunca detenido.
¡Ah! Y ante su pregunta: ¿cómo es posible que la generación con más estudios de nuestra
historia crea en espíritus y brujas? ¡Hablemos de espíritus, no de brujas! Permítanos decirle que
usted también es un espíritu -versus principio inteligente-. Pero, claro, un espíritu provisto de una
envoltura material denominada cuerpo que le permite desenvolverse en este planeta; envoltura que
abandonará, una vez haya usted (y cada uno de nosotros) cumplido con todas sus (nuestras)
responsabilidades para proseguir aprendiendo, trabajando, acumulando experiencia, progresando,
en fin. Acervo que siempre le acompañará a usted, a su YO, para continuar este aprendizaje
infinito aquí, allá; es decir, donde su mismo progreso le coloque.
No es nuestra intención hacerle ninguna advertencia; simplemente nos permitimos, con todos
nuestros respetos, trasladarle nuestra opinión que, naturalmente, puede aceptar o rechazar.
Pero quizás, cuando usted se encuentre en esa “situación” pueda recordarlo, permitiéndole
ello meditar, reflexionar y reubicarse en el “lugar” que le corresponda por usted mismo, y que se
habrá ganado con sus propios esfuerzos. Pues, aunque siempre haya “alguien” que esté dispuesto
a darnos “la mano”, únicamente dependerá de nosotros, el que tomemos conciencia de esa nueva
realidad que a todos nos espera… sin distinción de raza ni condición. ◙
TOMADO DE: http://cbce.info/web/images/pdf/FE1362tr10.pdf

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