UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

miércoles, 18 de julio de 2012

Del Jesús precristiano al Jesús cristiano
Jaci Regis (1932-2010)*
ickardecista@terra.com.br
Extraído de “Abertura”, núm. 268, mayo 2011
Traducción: Pura Argelich
                                                        DOCTOR JACI REGIS

JESÚS DE NAZARET
Cuando empezó su predicación, Jesús era un hombre de 30 años. En su época,
un hombre de 30 años era una persona de edad bastante significativa, ante la
expectativa de vida.
Por eso, es natural que fuese casado y que tuviese incluso hijos. Esa
humanización de él fue repelida y continúa siéndolo pues, desde su muerte, sus
seguidores se dividieron sobre su naturaleza.
Jesús se basó en la Ley Mosaica y no sólo la reformuló, sino que creó una
revolucionaria forma de relacionamiento humano, extraordinariamente por encima de los
preconceptos judaicos.
En verdad, sólo se apoyó en las bases bíblicas y corrió el velo de un nuevo
escenario para el entendimiento del ser humano. Ese nuevo escenario se basó en el
amor y en la reciprocidad entre las personas, trastornando el entendimiento, haciendo
que aquel que sirve fuera el mayor. Usó expresiones comunes, parábolas y enseñanzas
extraídos del día a día, creando una comprensión fácil y concreta de la existencia
humana.
En sólo tres años él creó la base para una revolución moral en medio de la
mediocridad general de los fariseos y saduceos.
Los judíos vivían bajo el Imperio Romano y la población deseaba la libertad
política, y no veía ninguna relación histórica entre Jesús de Nazaret y el esperado
Mesías. Él no poseía ningún perfil compatible con la esperanza de ese Mesías libertador
y promotor del esplendor de Israel. Por eso se prefirió a Barrabás, el revolucionario
político, a Jesús de Nazaret, con su doctrina renovadora y revolucionaria.
Podemos decir, con rigor, que Jesús de Nazaret fue una persona precristiana. No
fundó una religión ni escribió su testamento. Todos sus discípulos y primeros apóstoles
eran judíos, generalmente de un nivel social más elemental.
Crearon la iglesia del camino y habrían llevado sus palabras al olvido y
reduciéndose a una secta judaica, a no ser por la adhesión de un intelectual: Saulo de
Tarso.
Saulo de Tarso, al convertirse a las ideas del Nazareno, inició un gran programa
de divulgación entre las comunidades judaicas dispersas en el Imperio Romano, hasta
llegar a Roma. Él fue muerto en el 64 D.C. y su predicación indica claramente que
acreditaba y esperaba el retorno del Nazareno, durante su existencia, para establecer el
Reino de Dios en la Tierra.

JESUCRISTO
El cristianismo fue fundado en el Concilio de Nicea, en el año 385 de la Era Cristiana, bajo la firme
determinación del Emperador Constantino. Hasta allí, varias corrientes o sectas contendían sobre la figura de Jesús,
creando divisiones, a las cuales el Emperador puso fin.
El Concilio, por él convocado, decidió por el dominio de la Iglesia de Roma y estableció el credo de la Iglesia
Católica, la divinidad de Jesús, englobando todas las corrientes existentes de modo disperso y conflictivo. Ese
enmarañado de sectas produjo 315 evangelios que el mismo Concilio proscribió, legándonos cuatro evangelios
canónicos.
Según J. Herculano Pires, en su obra “Revisión del Cristianismo”: “hay un abismo entre el Cristo y el
Cristianismo tan grande como el abismo existente entre Jesús de Nazaret, hijo de José y María, nacido en Nazaret,
en Galilea, y Jesucristo, nacido de la Constelación de la Virgen, en la Ciudad del Rey David, en Belén de Judea,
según el mito hebraico del Mesías”.
Según el cristianismo, Jesucristo nació en Nicea. Allí, Jesús de Nazaret fue transformado en Jesucristo,
disuelto en la Santísima Trinidad, transformándose en prisionero de la retórica y de la escolástica.
Legítimamente, el Jesús precristiano se perdió en el Jesús cristiano, Jesucristo, Mesías, un judío rechazado
por los judíos, pero adorado por los cristianos.
Con el cristianismo se inició un largo periodo de negación de la verdad, por la imposición de una verdad final,
desmentida a lo largo de los siglos. El cristianismo comenzó a deshacerse con el renacimiento.
Cuando el Espiritismo surgió, el cristianismo ya estaba en decadencia. En los nuevos tiempos, una
consciencia poscristiana recupera de la propuesta de Jesús de Nazaret su esencia, bajo un lenguaje positivo. Ésta
es la propuesta del Espiritismo como la Ciencia del Alma, no de un pueblo, no de una región, sino de todos los
espíritus. ◙
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* Nota de la Redacción:
Este texto fue encontrado entre los archivos dejados por Jaci Regis.
Tal vez pudo ser el último esfuerzo intelectual de ese gran pensador,
escrito cinco días antes de ser internado en el hospital.
TOMADO DE FLAMA ESPÍRITA http://www.cbce.info/web/images/pdf/fe1424tr11.pdf

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