UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 28 de julio de 2012


D O S S I E R
por
PATRICIA SALIBA
GEORGE AUBERT,
UN MÉDIUM VIRTUOSO

LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008


                                                                 Étienne Nicolas Méhul

George Aubert (seudónimo) hijo de una pareja de
cantantes líricos, estuvo rodeado por músicos desde
muy joven. Él mismo aprendió los primeros principios
del piano y el solfeo de un modo muy ordinario,
preocupado ante todo por el éxito de sus estudios
como el bachillerato en 1891. Fue luego del deceso
de Emile, un amigo músico de la familia, que abordó
el tema de la comunicación con los muertos, gracias
al Sr. David, subdirector de tinturas en la fábrica
de los Gobelins. Este último invitó a toda la familia
Aubert a una sesión de espiritismo en la que quizás
su amigo Emile podría manifestarse. Así fue, alrededor
de la mesa en movimiento y de la madre del Sr. David,
médium, Emile se manifestó en una forma reconocible
por todos los participantes. Esta primera sesión llevó
a otras, donde cada espíritu presente aportó pruebas
precisas de identidad. Aún no totalmente convencida
de la realidad de los fenómenos, la familia Aubert se
instruyó sobre el tema espírita, leyendo todas las obras
conocidas en la época, de Allan Kardec, Léon Denis,
William Crookes, Gabriel Delanne y otros precursores.
Deseando llegar ellos mismos a resultados idénticos a
los conseguidos con la médium Sra. David, por tres
meses, todas las noches durante dos horas, George,
entonces de 18 años y sus padres, invocaron al más
allá, sin gran resultado. Ahora bien, una noche la mesa
finalmente se puso a girar, pero con violencia, volcando
las sillas y empujando a los
participantes.
■ Una mediumnidad revelada
A la pregunta planteada sobre quién se manifestaba así y
quien era el médium capaz de provocar estos fenómenos,
Emile, el viejo amigo, respondió que él era el autor,
precisando que George era el intermediario, el médium
necesario para la manifestación de los espíritus. A partir de
ese día de 1891, tendrían lugar numerosas y asombrosas
comunicaciones con el más allá. Desplazamientos de
objetos, levitación de muebles, ruidos múltiples y sonidos
particulares que ya intrigaban a George por su armonía.
Los golpes dados en la mesa se convirtieron en un
medio para comunicarse más rápidamente, seguido por
la escritura directa. El número de participantes en las
sesiones aumentó rápidamente ante aquella mediumnidad
física que George poseía pero que no controlaba. Una
tarde de julio, se manifestó el espíritu del músico Méhul
y le pidió a George que se instalara delante del piano del
salón, donde tocaría bajo su influencia.
—Pero, ¿cómo? preguntó el padre de George.
—Como todo el mundo, con las manos sobre el teclado, ¡y
que él espere!
Al cabo de un cuarto de hora,
nada había sucedido.
Persuadido de un error de comprensión, interrogó de
nuevo a Méhul por la mesa.
—Es preciso que apaguen las lámparas, pues los rayos
luminosos forman un obstáculo para la manifestación.
Fue en total oscuridad que George ejecutó su primer
fragmento con cierta aprensión
“De repente sentí que mis manos se entumecían. Cada
vez más la sensación del teclado desaparecía bajo mis
dedos y quedé muy sorprendido al oír resonar con fuerza
un magnífico acorde pues ya no sentía las teclas. Me daba
cuenta de que mis manos estaban anestesiadas, pues
mis brazos se movían siguiendo la sucesión de notas,
pero el tacto manual estaba abolido… Sentía mi cerebro
completamente libre y sin tener ninguna preocupación por
falsas notas discordantes, me abandonaba a la influencia
de Méhul. Sin embargo esta sensación de tocar el piano,
sin sentir el teclado y sin saber lo que se tocaba bajo mis
dedos era más bien extraña”.

Ahora bien, cosa sorprendente, desde aquel día la mesa de
las sesiones quedó muda. Intrigado por ese silencio, George
se instaló al piano y de inmediato sus dedos golpearon
frenéticamente las teclas. En ese momento el padre se dio
cuenta de que cada nota golpeada iba a reemplazar una
respuesta al alfabeto deletreado. Méhul anunció que la
mediumnidad de efectos físicos de George había terminado
en pro de manifestaciones musicales dictadas por los
espíritus. Méhul, Beethoven, Mendelssohn, Mozart, Bach
y una multitud de músicos clásicos se expresaron por su
intermedio durante trece años entre 1891 y 1904.
■ Un concierto improvisado
Entre esas sesiones, una de ellas marcó a los espíritus
presentes. Lucien, un amigo de George, cantante y
violonchelista, tenía también la certeza de ser inspirado
por Boccherini y deseaba tocar con George. Casi
incrédulo, George se instaló al piano mientras
que Lucien se colocaba detrás de él. Fue entonces, durante
un absoluto silencio de espera, que se inició una soberbia
sonata para piano y violonchelo, compuesta de un Allegro,
un Andante y un Presto final, ejecutada por Beethoven
y Boccherini. El concierto improvisado duró 30 minutos,
sin notas discordantes, ni errores, comparable a un
tesonero trabajo de varios meses de los dos músicos. El
espíritu Beethoven invitó al padre de George a transcribir
cada nota, cada compás, cada movimiento, dictado por él
mismo, a través de George. Así fueron fijados en el papel
600 compases. Ante tantas posibilidades, George deseaba
que se estudiara en serio su facultad. Su encuentro en 1904
con Gabriel Delanne, presidente de la Sociedad Francesa
de Estudios de los Fenómenos Psíquicos y director de la
Revue Scientifique et morale du spiritisme, le permitió
mostrar su buena fe en el ejercicio de su mediumnidad
artística. Gabriel Delanne le invitó a participar en una
sesión muy controlada donde le serían exigidas diversas
experiencias. George aceptó y por primera vez dio un
soberbio concierto ante una sala repleta y delante de
otros miembros del Instituto General Psicológico. El 12
de febrero de 1905, George dio otra sesión en el Teatro
del Athénée San Germain durante el centenario de Allan
Kardec. Al día siguiente el periódico “Le Rappel” publicó
un elogioso artículo:
“El Sr. Aubert, médium músico, nos ha permitido asistir
a una muy curiosa sesión de espiritismo musical. El Sr.
Aubert, nunca ha estudiado música… Ahora bien, es
capaz de improvisar al piano deliciosas melodías, cultas
sonatas, geniales sinfonías. ¿Cómo? Dirán ustedes. Se
afirma que es porque el espíritu de los grandes músicos
muertos lo inspira en ciertos momentos.
Luego de que estos grandes
músicos llamados
Mendelssohn, Chopin, Wagner, Beethoven, Mozart y hasta
Métra, una fuerza superior invade al Sr. Aubert, y es en
un estado de completa inconsciencia que toca al piano
aires inéditos de los cuales algunos son muy hermosos y
completamente en el estilo de estos compositores”.

■ George fue observado durante tres meses
Las experiencias realizadas en el Instituto General
Psicológico fueron a veces agotadoras para George,
pero él aceptó ese control para responder a las críticas y
dudas referentes a su mediumnidad. George Aubert no
deseaba que se le tomara por un impostor, y durante tres
meses soportó todos los experimentos para conseguir
el reconocimiento de su mediumnidad. Mientras
interpretaba aquellos trozos de música tuvo los ojos
vendados, las manos pinchadas por agujas o una vela a
10 cm. de los ojos. Las investigaciones sobre su memoria,
ya fuera visual, auditiva o táctil y los reconocimientos
médicos, mostraron que, fisiológicamente, George era
absolutamente normal y no sufría de ninguna tara
psíquica. Para probar su independencia cerebral durante
los fenómenos, fueron empleados cuatro procedimientos:
lectura, cálculo, conversación y audición durante cada
sesión. Si se ponía un periódico sobre el atril del piano,
del que George debía leer en voz alta un artículo, o si
se le pedía resolver operaciones de cálculo mientras
tocaba, los experimentadores pudieron comprobar que
la pieza musical empezada seguía imperturbable sin
interrupción, dentro de la precisión, la medida, el estilo
y los matices del autor. Otro estudio decisivo probó,
él solo, la realidad de esta mediumnidad. En la oreja
derecha de George, se introdujo un tubo auditivo de
fonógrafo donde se emitía Aída, en la oreja izquierda,
una marcha de Sellénick. Nadie puede tocar el piano y
mucho menos improvisar, oyendo tal cacofonía.
“En todos los casos, mientras las supuestas influencias
de mi cerebro eran sometidas así a tan ruda prueba, la
barcarola improvisada por Mendelssohn no sufría ningún
cambio”.

Esta manifestación de Mendelssohn probó que ninguna
memoria visual intervenía en la manifestación, que
George estaba en total inconsciencia de lo que sus manos
ejecutaban, que le era imposible influenciar el fenómeno y
finalmente que una inteligencia exterior era la única dueña
de la manifestación. El único disgusto de George fue que
los experimentadores no hicieron ninguna deducción
oficial y, peor aún, no le transmitieron nada de sus estudios
mientras que fácilmente se puede imaginar que hubieran
hecho lo contrarios de haber sido George
un mistificador. Ahora bien, este
médium músico nunca
vivió de su facultad y en cada concierto se interpretaba
una obra nueva.
En lo que respecta al estudio de los trozos interpretados
por George, el Sr. Gailhard, director de la ópera, fue
invitado a varias sesiones de análisis. Colocado detrás
de George, escribía en su puño izquierdo el nombre
del autor que suponía presente. Los errores cometidos
por el Sr. Gailhard fueron mínimos. Es de resaltar otro
fenómeno curioso, parecido a las correspondencias
cruzadas. La primera fue luego de interpretado un
segmento de carácter extraño, un Sabbat, cuyo autor era
Berlioz. Algunos días más tarde, se le envió a George una
correspondencia en la que una condesa, impresionada
por la hermosura del trozo de Berlioz, le había pedido
a un médium escribiente que le rogara a Berlioz
describir lo que había querido tocar. La carta contenía
la comunicación del músico que describe de manera
admirable el Sabbat interpretado. El médium no había
asistido a la sesión de Berlioz ni conocía a George.
En 1913 Gabriel Delanne dictó una notable conferencia
sobre las mediumnidades automáticas en Nancy, y
George fue invitado. El artículo, aparecido en l’Etoile
de l’Est, es elogioso (ver al lado). En su autobiografía,
George Aubert concluye:
“No soy pianista y a pesar de eso el fenómeno se
desarrolla notablemente… Estas experiencias prueban
la existencia, después de nuestra muerte terrenal, de
otra vida que vislumbrada basta para consolarnos
grandemente de las vicisitudes de este mundo… Sí, el
espiritismo existe y no es una simple prestidigitación;
sí, tenemos el gran consuelo de tener la prueba segura,
cierta, de la supervivencia del alma y de la existencia
de Dios… Espero que mi modesta contribución al
edificio moral que los espíritas quieren construir, a la
finalidad filosófica que persiguen, hará reflexionar a
muchos espíritus y ayudará a transformar a la mayoría
incrédula o ignorante en ínfima minoría”.

Notas:
Étienne Nicolas Méhul, nació en Givet, el 22 de junio de 1763
y murió en París el 18 de octubre de 1817, es un compositor
francés, “el más importante compositor de óperas en Francia
durante la Revolución”. Fue igualmente el primer compositor
llamado “romántico” en Francia.
Boccherini Luigi, fue uno de los más grandes compositores
italianos de música de cámara para cuerdas y de música
instrumental de la segunda mitad del siglo XVIII.
Compositor y violonchelista italiano y
virtuoso desde los 14 años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario