UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

miércoles, 25 de julio de 2012

D O S S I E R
por
EMMANUELLE PÊCHEUR
LOS ARTISTAS MÉDIUMS
INSPIRADOS POR EL MÁS ALLÁ
LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008


FLEURY JOSEPH CRÉPIN (1875-1948)
Crépin nació en 1875 en una aldea
del Norte de Francia. Durante
su niñez y adolescencia, sufrió
desórdenes oculares. Fue operado en
dos oportunidades pero toda su vida
conservó una vista muy mala. Después
de conseguir su certificado de estudios, aprendió el oficio
de fontanero cinquero al mismo tiempo que la música,
para la que parecía muy dotado.
En los años 1900, compuso polcas
para clarinete, que tocaba por la
noche en el café bailable regentado
por su padre. En paralelo, dirigía
una banda compuesta de trompetas
y trompas. En 1901, se casó y
se estableció como fontanero
cinquero mientras su esposa tenía
una quincalla. No apto debido a
su mala vista, escapó de la Gran
Guerra de 1914.
La señora Crépin dio a luz dos
hijas de las cuales la primogénita se
volvió loca en 1927. Luego de esta
prueba, Joseph Crépin abandonó
la “dirección de orquesta”. En
1931, comenzó a interesarse por
la radiestesia; y aunque continuó
en su oficio, se hizo oficialmente
zahorí y radiestesista. El mismo año
—tenía entonces cincuenta y seis
años— entró en relación con el círculo espiritualista de
Douai donde conoció a Victor Simon que le presentó
al pintor médium Augustin Lesage. El año 1931 pareció
beneficioso para él: fue ese mismo año cuando descubrió
sus dotes de sanador. Curaba por imposición de las
manos y hasta a distancia, por telepatía.
Una tarde de 1938, mientras copiaba música, su mano
se puso a trazar automáticamente un dibujo y una voz
misteriosa resonó en sus oídos: “Pinta trescientos cuadros
y la guerra terminará”. Sin conocer nada de pintura y a
pesar de su muy mala vista, trazaba
primero bosquejos en un cuaderno
escolar, para agrandarlos luego
sirviéndose de una regla y un compás
para trasladarlos a la tela. Dibujaba
y pintaba en estado mediúmnico.
Cuando trabajaba percibía sombras
a su derecha: eran sus guías que
venían a sostenerlo y ayudarlo;
ellos le dictaban los colores que
debía utilizar. Fue bajo la influencia
de estos espíritus que realizaría
sus cuadros. Mientras transcribía
el pensamiento de los espíritus
escuchaba música. Trabajaba tanto
de día como de noche de lo cual da
testimonio así: “Mi mayor placer es
oír la música mientras pinto…”
Sus problemas de visión no le
impedían pintar motivos de gran
precisión; él nunca reveló el
procedimiento que le permitía
En el transcurso de la historia las producciones artísticas mediúmnicas han sido ricas y numerosas. En este
artículo, evocaremos particularmente las obras de los tres artistas médiums Fleury Joseph Crépin, Madge
Gill y Raphaël Lonné. Veremos brevemente algunos elementos de su vida y lo que fue su trayectoria
artística. Así podremos darnos cuenta del extraordinario patrimonio artístico que nos dejaron estos hombres y
esta mujer inspirados por el más allá, ese más allá que, a través de ellos, no cesa de llamarnos la atención sobre su
supervivencia y su perenne creación.
constelar sus obras de gotitas de pintura perfectamente
calibradas, parecidas a perlas. A este respecto diría: “En
ciertos lienzos, he hecho hasta 1.500 puntos por hora”
y agregó: “No comprendo lo que se me hace hacer”.
Sus cuadros representan generalmente arquitecturas
simbólicas, templos; son especies de mandalas. Ocurre
que hay personajes curiosos, suertes de divinidades
inquietantes acompañadas con frecuencia por animales
exóticos. La simetría parece jugar un papel importante.
Todos los cuadros fueron cuidadosamente fechados y
numerados. Es interesante notar el parecido entre las
obras de Augustin Lesage y las de Crépin, el método de
creación es el mismo.
El tricentésimo cuadro fue terminado el 7 de mayo de 1945,
víspera del armisticio, firmado el 8 de mayo de 1945.
En noviembre de 1947, Fleury Joseph Crépin oyó de
nuevo las voces: “Debes realizar de nuevo cuarenta
y cinco maravillosos cuadros para conseguir la paz en
el mundo”. Esta misma voz le previno igualmente que
moriría después de haber realizado su cuadro trescientos
cuarenta y cinco. En efecto, murió el 8 de noviembre de
1948, después de haber realizado 43 nuevos cuadros. En
su ataúd se colocaron todos los bosquejos que le habían
servido de base para sus pinturas.
Algunos pretenden que sus obras tienen un poder mágico
benéfico. Hoy en día sus cuadros se venden entre 4.000
y 6.000 €, lo cual ciertamente está lejos de ser el caso
cuando estaba vivo.
MADGE GILL (1882-1961)
En 1903, Madge Gill, enfermera en
un hospital londinense, fue iniciada
en el espiritismo y la astrología por
su tía. Después de haber superado
una sucesión de desgracias familiares
y problemas de salud, se vinculó
plenamente con las doctrinas espíritas. A partir de 1919 ó
1920, comenzó a realizar bordados, a dibujar y a escribir
guiada de manera automática por una fuerza invisible,
por un espíritu que firmaba “Myrninerest”; el historiador
de arte Roger Cardinal supone que esta palabra significa
“my innerest self” (mi yo profundo).
Magde Gill asegura: “Sentía que sin duda era guiada por
una fuerza invisible sin que hubiera podido decir cuál
era su verdadera naturaleza”. Aunque había perdido
su ojo izquierdo, trabajaba día y noche en estado de
trance y producía 20 lienzos por semana. Este nombre,
Myrninerest, acompañado por una cruz, está escrito en
numerosos dibujos, a menudo con la fecha y a veces
con inscripciones. En la noche, alumbrada por una
débil luz, Magde dibujaba al lápiz, con tinta negra o de
color sobre cartones o rollos de calicó, pudiendo éstos
alcanzar varios metros de largo. Madge Gill, igual que
la mayoría de las mujeres catalogadas como artistas de
art brut, privilegiaba la representación femenina. En su
obra no aparece ninguna figura de hombre. El ejemplo
más sorprendente se encuentra en uno de sus calicós
donde se cuenta hasta un centenar de rostros femeninos
que rodean una cruz coronada por un halo y que parece
hallarse en un cementerio. Frondosa y densa, hecha de
rasgos fluidos y anchos que revelan la velocidad de la
ejecución, la obra entera sugiere el más allá. Las mismas
figuras miran derecho al frente: esa mirada frontal, a la
inversa de los retratos clásicos que buscan el nuestro,
parece debida a la necesidad de confrontarse al infinito.
Madge traza las figuras femeninas insistiendo
particularmente en el rostro, siempre de frente, con
grandes ojos abiertos. Las manos son sugeridas a
veces, así como el cuerpo envuelto en un amplio
vestido fluido que es absorbido dentro de un espacio
compuesto de fragmentos de arquitecturas y de
formas geométricas. Sus dibujos que oscilan entre
la figuración y la abstracción ejercen una completa
fascinación. A la muerte de su hijo, en 1958, Gill
dejó de dibujar. Sentía como un peso esa fuerza de
la que fue intérprete, y dejó de producir sus obras
dos años antes de su propia muerte. Dejó centenares
de dibujos apilados en los armarios y debajo de las
camas. Entre ellos, el más grande mide 11 metros.
RAPHAËL LONNE (1910-1989)
Nacido en las Landas, Raphaël
Lonné vivió allí toda su vida. Niño
frágil, sensible y asmático, dejó la
escuela a los doce años. Ejerció luego
diversos oficios: cobrador de tranvía,
portero, chofer, obrero en el hospital.
Simultáneamente, se apasionó por la poesía y la música
y compuso textos cortos para las fiestas. Tocaba en
pequeñas orquestas y dibujaba primero temas figurativos
pero sin gran interés. Sus colegas se burlaban de él y lo
apodaban “el poeta”. Finalmente se convirtió en cartero en
una pequeña ciudad de la región. En los años cincuenta,
Lonné participó en sesiones de espiritismo y descubrió
sus verdaderas capacidades gráficas. Guiado a nivel de
su mano, trabajaba en un estado de trance construyendo
cada dibujo en la misma forma, de izquierda a derecha
y de arriba abajo, recordando una suerte de escritura
gráfica. Sus creaciones nos llevan a paisajes imaginarios
de donde surgen siluetas fantasmagóricas, animales y
rostros femeninos. Trabajaba con la mina de plomo, al
óleo, a la tinta china, con rotulador, etc. Con el pasar
del tiempo su obra se hizo cada vez más abstracta. Así
pasaron cuarenta años de intensa creación.
La obra de Raphaël Lonné da muestras de una gran
emotividad que se adivina en su comportamiento: bajo
la sacudida de una brusca emoción, podía, para la gran
estupefacción de los testigos de la escena, encontrarse
súbitamente como paralizado. Igualmente era poco
locuaz cuando se la interrogaba sobre su creación,
respondiendo simplemente: “Me hago disponible”.
Raphaël Lonné no invocaba a nadie, recibía lo que se
le daba. Antes de realizar su dibujo, no sabía lo que iba
a hacer, después podía poner su nombre. Trabajaba dos
a tres horas sin detenerse. El dibujo estaba terminado
cuando ponía su firma en la parte baja a la derecha.
Siendo empleado de correos de su estado, ¿no tenía
como función el cartero transmitir mensajes? Raphaël
Lonné trabajaba día y noche. Dibujaba con el apoyo
incondicional de su esposa.
Los formatos utilizados varían entre el de la tarjeta
postal, el habitual de un papel de carta o más raramente
el formato raisin.* Todo es tratado al creyón negro
con ligeras coloraciones de vez en cuando, pero su
predilección recae en la tinta negra y la pluma. Los
rostros —en particular de mujeres—, la fauna y la flora
se entremezclan en un diseño compacto y subterráneo
con boquetes aquí y allí que dejan aparecer el blanco
del papel; a veces es una madeja de figuras que se
extiende sobre la hoja agolpándose horizontalmente.
Raphaël Lonné se ejercitó en el color en 1963 cuando
Jean Dubuffet le ofreció una caja de lápices de colores,
luego en el barniz y también en la pintura. “Hago
experimentos”, explicaba entonces.
* Formato francés del papel 50X65 cm., muy utilizado en
dibujo (N. del T.)
Excepto la primera sesión, Raphaël Lonné nunca se
entregó a la práctica del espiritismo; éste fue únicamente
un disparador que, por otra parte, provocó durante toda
su vida tantas interrogantes que él ya no podía delimitar
su parte personal de la del momento en que el espiritismo
lo reveló a la creación.
Así, a través de estos tres artistas médiums, uno se
encuentra en el centro de la creación inspirada por el
más allá. Lo sorprendente es que ellos descubrieron
su facultad a través de la experiencia espírita. Pueden
verse las similitudes con nuestra práctica actual, pues es
igualmente durante sesiones espíritas, que los espíritus
son traídos para revelar las capacidades de artista médium
a ciertos miembros de nuestro Círculo.
A través el tiempo humano que transcurre, el mundo de
los espíritus siempre ha tenido la misma preocupación y
el mismo deseo de dar testimonio de su supervivencia a
través de estas creaciones “inspiradas” que constituyen
verdaderos mensajes hechos para encantar nuestros
sentidos y llamar a nuestras conciencias.

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