UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

miércoles, 2 de mayo de 2012









LOS MEDIUMS Y LA CIENCIA por MARIE-NOËLLE COURTIOL EL REVERENDO STAINTON MOSES LE JOURNAL SPIRITE N° 78 OCTUBRE 2009

LOS MEDIUMS Y LA CIENCIA
por
MARIE-NOËLLE COURTIOL

EL REVERENDO STAINTON MOSES

Pastor de la Iglesia anglicana, el reverendo Stainton Moses,
muy imbuido de los dogmas de la teología protestante,
fue un excelente médium escribiente mecánico. Hoy
en día lo llamaríamos escritura automática. En su obra
Enseñanzas espiritualistas, expone el estado de ánimo
en que recibía las comunicaciones del mundo invisible.
Todas las ideas nuevas contenidas en los mensajes que
recibía, provocaban rechazo en él y necesitó muchas
luchas interiores para finalmente aceptarlas como las
más conformes a la justicia y la bondad de Dios. Siempre
hizo un esfuerzo supremo para evitar que sus propios
pensamientos interfirieran con las palabras recibidas, es
por esa razón que se dedicaba a leer obras griegas en el
momento en que su mano recibía la escritura.
Entre él y sus instructores espirituales, existían tales
diferencias de puntos de vista, que realmente no es posible
atribuir esas personalidades distintas a desdoblamientos
inconscientes del médium. He aquí uno de estos casos,
extraído de su libro:
“El 29 de marzo de 1894, fue escrita una comunicación
en mi cuaderno. La escritura me era desconocida, muy
temblorosa y entrecortada; parecía trazada por una
persona extremadamente débil y anciana. La firma
permaneció como un enigma hasta que fue descifrada.
Este mensaje provenía de una anciana de quien nunca
había oído hablar; había muerto hacía más de 90 años,
en una casa no muy alejada de aquella donde se reúne
nuestro círculo. El nombre de la residencia donde habían
transcurrido los primeros años de esta mujer, su edad y la
fecha de la defunción, fueron dados muy exactamente. El
espíritu había abandonado la tierra hacía algunos meses.
Al despertar en el espacio, le había atraído su antigua
morada, luego el círculo que se encontraba en la vecindad
inmediata”.

Otro ejemplo, extraído del Diario de Stainton Moses, nos
muestra cómo el reverendo fue llevado a comprobar las
informaciones que le eran transmitidas: el 25 de marzo
de 1874 un espíritu se manifiesta por raps (golpecitos) y
da detalles sobre su vida, detalles precisos y totalmente
desconocidos por cada uno de los participantes. Al día
siguiente, el reverendo hizo preguntas a su sujeto por
medio de la escritura y se le respondió que el nombre
había sido dado correctamente; que esta Charlotte
Buckworth no tenía ninguna conexión especial con él ni
con sus amigos, pero hablaba como si estuviera presente.
El hecho de que la víspera él hubiera estado en compañía
de cuatro personas, todos más o menos médiums,
había impedido la regularidad de las comunicaciones
e introdujo un elemento de confusión. Se le dijo que
Charlotte Buckworth, el espíritu en cuestión, había sido
privado súbitamente de la existencia terrenal en 1773,
en una fiesta en casa de un amigo en Jermyn-Street.
Se enteró entonces de que ella sufría de una debilidad
del corazón y había muerto mientras bailaba. El espíritu
amigo que escribía no podía decir en casa de quien, pero
se fue y luego volvió y le dio la información: fue en casa
del Dr. Baker, el 5 de diciembre. No podían verificar la
información y no pensaron más en ella. Sin embargo,
mucho tiempo después, el Dr. Speer tenía en casa un
amigo a quien le encantaba registrar libros viejos. Una
tarde hablaban los tres, en una habitación donde había
muchos libros que raramente se usaban, ordenados en
anaqueles, desde el suelo hasta el techo. M. A. (como
él lo llama) se subió en una silla para alcanzar el último
anaquel que estaba ocupado por los volúmenes del Annual
Register. Tomó uno en medio de una nube de polvo y
observó que esta publicación era una preciosa colección
de acontecimientos. “Allí se encuentra de todo”, dijo. En
cuanto él pronunció estas palabras, la idea de que era
una oportunidad para comprobar si se había registrado la
muerte de Charlotte Buckworth, cruzó enseguida como
un relámpago el espíritu del reverendo. El acontecimiento
debió interesar y en uno de esos volúmenes debía
encontrarse el obituario. Su impresión era tan fuerte —le
parecía que le hablaba su voz interior— que se puso a
buscar el volumen de 1773. Allí encontró, en medio de
otras muertes notables, el registro de aquel hecho que
había causado sensación debido a su ocurrencia en una
fiesta del mundo elegante y a su terrible inmediatez. Los
hechos habían sido dados exactamente. El libro estaba
cubierto de una espesa capa de polvo y evidentemente
no había sido movido desde que se le colocó en ese
anaquel. Se recordó que los libros habían sido ordenados
cinco años antes; y desde entonces habían permanecido
tal cual. Nadie los hubiera tocado a no ser por los gustos
de anticuario de M. A.… La verificación fue tan sugestiva
de una indicación espiritualista como la comunicación
misma. Stainton recibió en forma inesperada otras
pruebas del mundo invisible. He aquí lo que nos dice:
“Me ha sido concedido, varias veces, otro género de prueba,
consistente en recordar incidentes menudos ocurridos
hace mucho tiempo, y que por ningún medio imaginable,
podrían haber llegado a mi conocimiento, o existir en mi
memoria Cierta noche, el 8 de abril de 1874, hice una
pregunta a propósito de lo que acababa de ser escrito al
momento, cuando la mano comenzó a dibujar, o más bien
a recorrer el papel al azar, como ocurría a menudo, cuando
llegó un nuevo espíritu… Yo me encontraba entonces
en el campo, y el espíritu que se comunicaba había sido
conocido de la dueña de la casa, así como de mí: para ser
más exactos, diré que, veintinueve años antes, me había
conocido de niño. Dio su nombre completo, y me preguntó
si la recordaba. Pues no. Añadió que era prima de la dama
en cuya casa me encontraba. Había fallecido el 15 de
mayo anterior. En respuesta a mis preguntas, agregó que
había estado casada, y poco después dio su apellido de
soltera. Recordé perfectamente ese nombre de soltera y el
de la localidad donde vivía. Dio entonces todos los detalles
acerca de su vida, con la fecha y lugar de su nacimiento,
la descripción muy exacta de la casa donde había vivido, y
el nombre del ocupante actual; detalles sobre su vida de
mujer casada, la fecha y el lugar de su muerte, así como su
edad. Siguió luego el relato de una aventura muy vulgar
de mi niñez, un día que había ido a visitarla. Durante ese
relato, fueron recordados los más mínimos incidentes, y se
dieron detalles tan insignificantes, de los que yo no sabía
una palabra, y que no es posible imaginar que pudieran
ser encontrados por alguien que imitara a un espíritu.
Más tarde, controlé sus afirmaciones, recurriendo a dos
fuentes distintas, y comprobé que cada particularidad era
rigurosamente exacta. Le pregunté, además, si no tenía
ningún objetivo al manifestarse a mí. Si deseaba transmitir
un mensaje a X…: ‘He perdido muchas oportunidades de
progresar, porque he buscado demasiado satisfacer los
apetitos carnales. Eso me ha hecho retroceder. Es preciso
que retome el curso de mi progreso. Encuentro que mi
vida actual no difiere mucho de la vuestra; soy casi como
vosotros. Quisiera poder ejercer influencia sobre X…,
pero no puedo llegar allí’. Le pedí otras pruebas, y me dijo
que no las podía dar. En el momento de irse: ‘¡Deteneos!
Pedidle a X… noticias de D*** y de la trampa’. Yo no tenía
ninguna idea de lo que eso podría significar, y le pregunté
si se encontraba bien en su estado actual. ‘Tan feliz como
se puede estar en este estado’. Le pregunté cómo me había
encontrado. Vino, me respondió, errando alrededor de
su amiga y se dio cuenta de que le era posible entrar en
comunicación. Le pregunté si podía serle útil. Respondió
pidiendo la oración habitual. Más tarde, pude asegurarme
que el incidente de la trampa respecto al que se me había
pedido que me informara, era uno de aquellos ínfimos
detalles de la vida de cada día, ocurrido treinta años antes
que me pareció muy propio para suministrar las mejores
pruebas de identidad. Ese incidente ridículo al cual había
hecho alusión, no podía ser conocido por nadie más que
aquellos que lo habían protagonizado. Es preciso decir que
tuvo lugar cuando yo tenía unos cinco años. La persona a
la que me dirigí no recordó el incidente de la trampa sino
con gran dificultad y después de una noche de reflexión”.
Stainton Moses desencarnó el 5 de septiembre de 1892,
dejando tras de sí, libros, manuscritos inéditos, relatos y
testimonios que el Sr. Myers consignó en los Proceedings
en forma de un estudio completo y pormenorizado.

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