UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 5 de mayo de 2012






J O Ë L F R A N C H E T E AU 
PIERRE-GAËTAN LEYMARIE
(1817 - 1901)

Pierre-Gaëtan Leymarie nació en Tulle el 2 de mayo de
1817 y muy pronto llegó a París buscando prosperar.
Luego del golpe de Estado de 1857, fue desterrado y
no volvió a Francia sino después de la amnistía. Tuvo
entonces una librería en la calle San-Jacques de París
y se convirtió en espírita junto a Allan Kardec. Era un
apasionado de la lectura y todos los temas le interesaban,
la política, lo social, la ciencia, la religión o la literatura.
Leía todo lo que le caía en las manos y se esforzaba
por asimilar toda su claridad. Por tanto, los fenómenos
espíritas no podían dejarlo indiferente. Estuvo
en la primera fila de los que se apasionaron por estas
sorprendentes cuestiones. También, cuando Allan Kardec
comenzó la publicación de La Revue Spirite y de
sus libros, y abrió sus sesiones de estudio y experimentación,
contó a Leymarie entre sus más ardientes
discípulos. Bajo la dirección del maestro, se formaron
médiums y en cierto momento pudo verse, a tres jóvenes
hasta entonces desconocidos, tres médiums, sentados
en una misma mesa y retomando, hecho extraño
y nuevo, esas experiencias que son sin embargo tan
antiguas, de misteriosa telegrafía entre dos mundos, el
de los espíritus y el nuestro. Esos tres fieles experimentadores
de la doctrina eran Camille Flammarion, Victorien
Sardou y Pierre-Gaëtan Leymarie.



Las reacciones de la época
Dos años después de la muerte de Allan Kardec, Leymarie
se convirtió en redactor jefe y director de La Revue
Spirite. Prosiguió la obra emprendida por el Maestro y
sería un infatigable defensor de la nueva filosofía atacada
por todas partes. A lo largo de treinta años, es
decir durante el largo y difícil período en que el espiritismo
fue casi ininterrumpidamente blanco de todas
las bromas y de todos los ataques, Leymarie estuvo en
la brecha, batallando sin cesar con la palabra y con la
pluma, ofreciendo en la Revue un terreno libre a los
combatientes de todo matiz, siempre que defendieran
una causa espiritualista o de orden esencialmente
humanitario y moral, exponiéndose así a las críticas
mordaces de unos y otros. Sin embargo, tuvo mucho
cuidado de no perder de vista la divisa del maestro:
“Fuera de la caridad, no hay salvación” y de desterrar de
todas las discusiones, las fricciones de personalidades
y todas las cuestiones irritantes. Leymarie dio cuenta
igualmente de las experiencias de William Crookes y
destacó los primeros ensayos de fotografía espírita. Él
mismo experimentó con un médium fotógrafo y consiguió
una serie de manifestaciones reales que publicó
en la revista. Pero ocurrió que su buena fe fue traicionada.
Los enemigos del espiritismo, al acecho de todo
lo que pudiera frenar el movimiento ascendente de
esta doctrina, aprovecharon con rapidez la ocasión de
un proceso para darle un gran golpe y acabarla con la
poderosa arma del ridículo. Fue menor el proceso de
las fotografías que el de los mismos espíritas. Leymarie,
tomado como chivo expiatorio, fue acusado de
todas las fechorías y todas las burlas, y condenado. Esa
condena fue anulada algunos meses más tarde por
una completa rehabilitación; el espiritismo salió más
fuerte que nunca de esa prueba, así como Leymarie
que ganó en estima y confianza con la simpatía de los
amigos sinceros de la causa.

Lo que aportó al espiritismo
Militante por la paz y uno de los pioneros por la emancipación
de la mujer, comprendió rápidamente que
para difundir el espiritismo, hacía falta preparar a los
espíritus. Son necesarios numerosos esfuerzos para
instruirlos e iluminarlos. Así pues, cuando en 1866
su amigo Jean Macé (1815-1894), pedagogo y publicista,
le participó su proyecto de crear “la Liga de la
enseñanza”, naturalmente se propuso apoyarlo junto
con la señora Leymarie. Para la circunstancia, no sólo
prestó su concurso activo, sino también su casa de la
calle Vivienne de manera que puede considerarse que
la casa de Leymarie fue la cuna de la liga de la enseñanza,
cuya acción terminaría en 1881 en la escuela
pública, laica, obligatoria y gratuita, bajo el ministro
Jules Ferry. Preocupado también por los problemas
sociales, Leymarie se dedicó, en conferencias y columnas
de la revista, a revelar la existencia y el funcionamiento
del Familistère de Guisa fundado por J. B. Godin
(cuyos textos publicó) donde se practicaban los principios
de asociación del capital y el trabajo.
En 1878, junto a la Sociedad para la difusión y traducción
de las obras de Allan Kardec a través del mundo,
Leymarie organizó la Sociedad científica de estudios psicológicos.
Alrededor de esta obra agrupó el concurso
de los más eminentes tales como Eugène Nus, René
Caillé, Camille Chaigneau, Charles Fauvety, el Dr. Chazarain,
etc. En el curso de los trabajos de esta sociedad, se
encontraba igualmente producir teorías y experimentos
sobre el magnetismo animal, y de la mediumnidad
a la encarnación, las obras originales de Cahagnet
y de Roustaing, además la doctrina de Swedenborg,
ese gran iniciador del espiritismo, estudios relativos a
la teosofía, el budismo, el transformismo y por último
el ocultismo. Leymarie prosiguió la traducción de las
obras de Allan Kardec en muchas lenguas, al mismo
tiempo que comenzaba el ciclo de sus conferencias. El
director de la Revue Spirite estaba en la primera fila de
los que iban a llevar y propagar la filosofía espírita. Se
le vio sucesivamente en Francia en todos los centros
importantes; en Bélgica, Italia y España. Asistió como
delegado al primer congreso espírita en Bruselas. En
1888, fue elegido como uno de los cuatro presidentes
efectivos del congreso de Barcelona donde se produjo
un hecho conmovedor: la lectura de una carta de reconocimiento
enviada por un grupo de galeotes del presidio
de Tarragona, convertidos a la fe espírita.
En 1889, Leymarie organizó el primer congreso espírita
internacional en Francia, pero se colocó en segundo
plano, limitándose a aceptar la vicepresidencia de una
sección. La administración de la Sociedad absorbía
cada vez más su tiempo. Pues, mientras los recursos
de la Sociedad se habían acrecentado por la liberalidad
de uno de sus miembros, Jean Guérin, surgieron
dificultades de gerencia que fueron creciendo poco a
poco. Igual que Allan Kardec, Guérin, antes de morir
tomó todas las previsiones para asegurar el beneficio
de su fortuna a la Sociedad científica del espiritismo.
Pero surgieron sordas hostilidades y se encontraron
artículos legales para anular sus voluntades. La lucha
comenzó casi al día siguiente de la muerte de Guérin.
Los procesos se sucedían unos a otros y cuando
se creía haber recuperado por lo menos la tranquilidad,
se incorporó el proceso de los herederos de Kardec
sobre el de los herederos de Guérin. Y eso recomenzaba
y continuaba, hasta que al fin, a pesar de una
encarnizada y pertinaz resistencia en todo momento,
la Sociedad representada y administrada por Leymarie
sucumbió. No obstante, todas esas pruebas no lograron
abatirlo ni apartarlo de su deber. En medio de los
mayores problemas, de las mayores preocupaciones,
continuó valientemente su tarea y dio a conocer los
trabajos y principales obras de los escritores espiritualistas
con la mayoría de los cuales estaba en relación, tales como:
Eugène Nus, Léon Denis, Ernest Bosc, los doctores Encausse, Gibier y Baraduc, etc.
En 1908, envió a Londres, al congreso internacional de los espiritualistas,
un trabajo personal sobre la evolución y la revelación. Igualmente dio repetidas veces en la revista un gran espacio a las cuestiones relativas al establecimiento
de la paz por el arbitraje, a la emancipación de la mujer, a la obra de las liberadas de Saint-Lazare y hasta al estudio de la inteligencia en los animales a la que él mismodedicó más de una página interesante.
Murió el 10 de abril de 1901, a consecuencia de una
larga enfermedad. De acuerdo a su última voluntad, su
cuerpo fue incinerado y sus cenizas descansan en el
cementerio del Père-Lachaise. La sepultura está rematada
por un pequeño dolmen sobre el que puede leerse “Morir es dejar la sombra para entrar en la luz”

La señora Marina Leymarie (1837-1904)

La señora Leymarie fue a la vez compañera
y devota colaboradora de su marido.
Le prestó su activo concurso en los primeros años,
cuando se elaboró la fundación de la liga de la enseñanza, bajo los
auspicios de Jean Macé. Cuando estalló el proceso de los espíritas,
ella debió hacer frente a la justicia en compañía de su marido Pierre-Gaëtan
y de Amélie Boudet.
Ese proceso se refería a las fotos fraudulentas de espíritus
desencarnados producidas por Edouard Buguet,
fotógrafo en quien los espíritas habían puesto toda su
confianza y que, por eso mismo, fueron seriamente salpicados
por el caso. Durante esa prueba, Marina mostró
una energía y una firmeza a la altura de las circunstancias.
Recurriendo a toda la simpatía que la rodeaba,
así como a los testimonios de todas las personas honradas
que pensaba interesar en su causa, intentó detener
el juicio inicuo que había golpeado a su marido.
Y con ese objetivo, publicó en 1875 un libro, Proceso de
los Espíritas
, admirable memoria que es ya un precioso
documento para la historia del espiritismo en el cual
toda la luz está fija sobre el proceso, donde están consignadas
las declaraciones de los testigos, todas manifiestamente
favorables a Leymarie, así como las afirmaciones
importantes de muchos espíritas militantes
y personalidades conocidas.
Compañera de las pruebas de su marido,
fue hasta el fin la compañera de sus luchas,
y cuando tuvo el dolor de perderlo, no cedió
un instante, y estoica y valiente, tomó en su mano la
dirección de la librería espírita así como de la Revue
Spirite, alrededor de la cual siempre supo agrupar y
mantener un núcleo de fieles y devotos colaboradores
que debían continuar su obra después de ella.
Murió el 29 de septiembre de 1904 a la edad de 67 años y
su cuerpo está enterrado al lado de su esposo Pierre-
Gaëtan Leymarie en el cementerio del Père Lachaise. 

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