UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 5 de mayo de 2012






J O Ë L F R A N C H E T E AU 
PIERRE-GAËTAN LEYMARIE
(1817 - 1901)

Pierre-Gaëtan Leymarie nació en Tulle el 2 de mayo de
1817 y muy pronto llegó a París buscando prosperar.
Luego del golpe de Estado de 1857, fue desterrado y
no volvió a Francia sino después de la amnistía. Tuvo
entonces una librería en la calle San-Jacques de París
y se convirtió en espírita junto a Allan Kardec. Era un
apasionado de la lectura y todos los temas le interesaban,
la política, lo social, la ciencia, la religión o la literatura.
Leía todo lo que le caía en las manos y se esforzaba
por asimilar toda su claridad. Por tanto, los fenómenos
espíritas no podían dejarlo indiferente. Estuvo
en la primera fila de los que se apasionaron por estas
sorprendentes cuestiones. También, cuando Allan Kardec
comenzó la publicación de La Revue Spirite y de
sus libros, y abrió sus sesiones de estudio y experimentación,
contó a Leymarie entre sus más ardientes
discípulos. Bajo la dirección del maestro, se formaron
médiums y en cierto momento pudo verse, a tres jóvenes
hasta entonces desconocidos, tres médiums, sentados
en una misma mesa y retomando, hecho extraño
y nuevo, esas experiencias que son sin embargo tan
antiguas, de misteriosa telegrafía entre dos mundos, el
de los espíritus y el nuestro. Esos tres fieles experimentadores
de la doctrina eran Camille Flammarion, Victorien
Sardou y Pierre-Gaëtan Leymarie.



Las reacciones de la época
Dos años después de la muerte de Allan Kardec, Leymarie
se convirtió en redactor jefe y director de La Revue
Spirite. Prosiguió la obra emprendida por el Maestro y
sería un infatigable defensor de la nueva filosofía atacada
por todas partes. A lo largo de treinta años, es
decir durante el largo y difícil período en que el espiritismo
fue casi ininterrumpidamente blanco de todas
las bromas y de todos los ataques, Leymarie estuvo en
la brecha, batallando sin cesar con la palabra y con la
pluma, ofreciendo en la Revue un terreno libre a los
combatientes de todo matiz, siempre que defendieran
una causa espiritualista o de orden esencialmente
humanitario y moral, exponiéndose así a las críticas
mordaces de unos y otros. Sin embargo, tuvo mucho
cuidado de no perder de vista la divisa del maestro:
“Fuera de la caridad, no hay salvación” y de desterrar de
todas las discusiones, las fricciones de personalidades
y todas las cuestiones irritantes. Leymarie dio cuenta
igualmente de las experiencias de William Crookes y
destacó los primeros ensayos de fotografía espírita. Él
mismo experimentó con un médium fotógrafo y consiguió
una serie de manifestaciones reales que publicó
en la revista. Pero ocurrió que su buena fe fue traicionada.
Los enemigos del espiritismo, al acecho de todo
lo que pudiera frenar el movimiento ascendente de
esta doctrina, aprovecharon con rapidez la ocasión de
un proceso para darle un gran golpe y acabarla con la
poderosa arma del ridículo. Fue menor el proceso de
las fotografías que el de los mismos espíritas. Leymarie,
tomado como chivo expiatorio, fue acusado de
todas las fechorías y todas las burlas, y condenado. Esa
condena fue anulada algunos meses más tarde por
una completa rehabilitación; el espiritismo salió más
fuerte que nunca de esa prueba, así como Leymarie
que ganó en estima y confianza con la simpatía de los
amigos sinceros de la causa.

Lo que aportó al espiritismo
Militante por la paz y uno de los pioneros por la emancipación
de la mujer, comprendió rápidamente que
para difundir el espiritismo, hacía falta preparar a los
espíritus. Son necesarios numerosos esfuerzos para
instruirlos e iluminarlos. Así pues, cuando en 1866
su amigo Jean Macé (1815-1894), pedagogo y publicista,
le participó su proyecto de crear “la Liga de la
enseñanza”, naturalmente se propuso apoyarlo junto
con la señora Leymarie. Para la circunstancia, no sólo
prestó su concurso activo, sino también su casa de la
calle Vivienne de manera que puede considerarse que
la casa de Leymarie fue la cuna de la liga de la enseñanza,
cuya acción terminaría en 1881 en la escuela
pública, laica, obligatoria y gratuita, bajo el ministro
Jules Ferry. Preocupado también por los problemas
sociales, Leymarie se dedicó, en conferencias y columnas
de la revista, a revelar la existencia y el funcionamiento
del Familistère de Guisa fundado por J. B. Godin
(cuyos textos publicó) donde se practicaban los principios
de asociación del capital y el trabajo.
En 1878, junto a la Sociedad para la difusión y traducción
de las obras de Allan Kardec a través del mundo,
Leymarie organizó la Sociedad científica de estudios psicológicos.
Alrededor de esta obra agrupó el concurso
de los más eminentes tales como Eugène Nus, René
Caillé, Camille Chaigneau, Charles Fauvety, el Dr. Chazarain,
etc. En el curso de los trabajos de esta sociedad, se
encontraba igualmente producir teorías y experimentos
sobre el magnetismo animal, y de la mediumnidad
a la encarnación, las obras originales de Cahagnet
y de Roustaing, además la doctrina de Swedenborg,
ese gran iniciador del espiritismo, estudios relativos a
la teosofía, el budismo, el transformismo y por último
el ocultismo. Leymarie prosiguió la traducción de las
obras de Allan Kardec en muchas lenguas, al mismo
tiempo que comenzaba el ciclo de sus conferencias. El
director de la Revue Spirite estaba en la primera fila de
los que iban a llevar y propagar la filosofía espírita. Se
le vio sucesivamente en Francia en todos los centros
importantes; en Bélgica, Italia y España. Asistió como
delegado al primer congreso espírita en Bruselas. En
1888, fue elegido como uno de los cuatro presidentes
efectivos del congreso de Barcelona donde se produjo
un hecho conmovedor: la lectura de una carta de reconocimiento
enviada por un grupo de galeotes del presidio
de Tarragona, convertidos a la fe espírita.
En 1889, Leymarie organizó el primer congreso espírita
internacional en Francia, pero se colocó en segundo
plano, limitándose a aceptar la vicepresidencia de una
sección. La administración de la Sociedad absorbía
cada vez más su tiempo. Pues, mientras los recursos
de la Sociedad se habían acrecentado por la liberalidad
de uno de sus miembros, Jean Guérin, surgieron
dificultades de gerencia que fueron creciendo poco a
poco. Igual que Allan Kardec, Guérin, antes de morir
tomó todas las previsiones para asegurar el beneficio
de su fortuna a la Sociedad científica del espiritismo.
Pero surgieron sordas hostilidades y se encontraron
artículos legales para anular sus voluntades. La lucha
comenzó casi al día siguiente de la muerte de Guérin.
Los procesos se sucedían unos a otros y cuando
se creía haber recuperado por lo menos la tranquilidad,
se incorporó el proceso de los herederos de Kardec
sobre el de los herederos de Guérin. Y eso recomenzaba
y continuaba, hasta que al fin, a pesar de una
encarnizada y pertinaz resistencia en todo momento,
la Sociedad representada y administrada por Leymarie
sucumbió. No obstante, todas esas pruebas no lograron
abatirlo ni apartarlo de su deber. En medio de los
mayores problemas, de las mayores preocupaciones,
continuó valientemente su tarea y dio a conocer los
trabajos y principales obras de los escritores espiritualistas
con la mayoría de los cuales estaba en relación, tales como:
Eugène Nus, Léon Denis, Ernest Bosc, los doctores Encausse, Gibier y Baraduc, etc.
En 1908, envió a Londres, al congreso internacional de los espiritualistas,
un trabajo personal sobre la evolución y la revelación. Igualmente dio repetidas veces en la revista un gran espacio a las cuestiones relativas al establecimiento
de la paz por el arbitraje, a la emancipación de la mujer, a la obra de las liberadas de Saint-Lazare y hasta al estudio de la inteligencia en los animales a la que él mismodedicó más de una página interesante.
Murió el 10 de abril de 1901, a consecuencia de una
larga enfermedad. De acuerdo a su última voluntad, su
cuerpo fue incinerado y sus cenizas descansan en el
cementerio del Père-Lachaise. La sepultura está rematada
por un pequeño dolmen sobre el que puede leerse “Morir es dejar la sombra para entrar en la luz”

La señora Marina Leymarie (1837-1904)

La señora Leymarie fue a la vez compañera
y devota colaboradora de su marido.
Le prestó su activo concurso en los primeros años,
cuando se elaboró la fundación de la liga de la enseñanza, bajo los
auspicios de Jean Macé. Cuando estalló el proceso de los espíritas,
ella debió hacer frente a la justicia en compañía de su marido Pierre-Gaëtan
y de Amélie Boudet.
Ese proceso se refería a las fotos fraudulentas de espíritus
desencarnados producidas por Edouard Buguet,
fotógrafo en quien los espíritas habían puesto toda su
confianza y que, por eso mismo, fueron seriamente salpicados
por el caso. Durante esa prueba, Marina mostró
una energía y una firmeza a la altura de las circunstancias.
Recurriendo a toda la simpatía que la rodeaba,
así como a los testimonios de todas las personas honradas
que pensaba interesar en su causa, intentó detener
el juicio inicuo que había golpeado a su marido.
Y con ese objetivo, publicó en 1875 un libro, Proceso de
los Espíritas
, admirable memoria que es ya un precioso
documento para la historia del espiritismo en el cual
toda la luz está fija sobre el proceso, donde están consignadas
las declaraciones de los testigos, todas manifiestamente
favorables a Leymarie, así como las afirmaciones
importantes de muchos espíritas militantes
y personalidades conocidas.
Compañera de las pruebas de su marido,
fue hasta el fin la compañera de sus luchas,
y cuando tuvo el dolor de perderlo, no cedió
un instante, y estoica y valiente, tomó en su mano la
dirección de la librería espírita así como de la Revue
Spirite, alrededor de la cual siempre supo agrupar y
mantener un núcleo de fieles y devotos colaboradores
que debían continuar su obra después de ella.
Murió el 29 de septiembre de 1904 a la edad de 67 años y
su cuerpo está enterrado al lado de su esposo Pierre-
Gaëtan Leymarie en el cementerio del Père Lachaise. 

viernes, 4 de mayo de 2012











EUSAPIA PALLADINO, «LA DIVA DE LOS ERUDITOS» Y CESARE LOMBROSO LE JOURNAL SPIRITE N° 78 OCTUBRE 2009

LE JOURNAL SPIRITE N° 78 OCTUBRE 2009
D O S S I E R
LOS MEDIUMS Y LA CIENCIA
por
EMMA N U E L L E P Ê C H E U R

En la historia del espiritismo fueron
numerosos los médiums de efectos
físicos. Los experimentos realizados
durante sesiones rigurosamente
controladas, ponen en evidencia la
realidad de las manifestaciones del
espíritu. En este artículo vamos a
dedicarnos a describir brevemente la
historia de una médium a quien se
apodaba “la diva de los eruditos”, pues
trabajó con numerosos científicos en
Europa pero también en Norteamérica.
Sin embargo, fue su encuentro con
el doctor Lombroso en Italia lo que
recordaremos más particularmente.
Ante todo presentaremos al Dr.
Lombroso, luego a la médium Eusapia
Palladino, para terminar con algunos
extractos de informes de sesiones
donde los espíritus se manifestaron
produciendo también muchos
fenómenos físicos, visuales y táctiles,
así como sonoros. Son citados en el
libro de Arthur Conan Doyle Historia del espiritismo del
cual he aquí el comentario:
“La mediumnidad de Eusapia Palladino es semejante a
la de los demás médiums, pero ella ha tenido la ventaja
de asegurarse la atención de hombres influyentes, cuyos
informes publicados relativos a sus fenómenos han pesado
mucho más que los comentarios de personas menos
conocidas. Lombroso, en particular, publicó sus convicciones
en su célebre obra After Death - What? (Después de la
Muerte - ¿Qué?) aparecido en 1909. Eusapia fue el medio
por el cual se demostró la realidad de ciertos hechos que la
ciencia ortodoxa no iba a aceptar. Para el mundo, era más
fácil negar estos hechos que explicarlos y,
por otra parte, esa siguió siendo la línea
generalmente adoptada”.

EL INVESTIGADOR EN
CRIMINOLOGÍA Cesare Lombroso

Cesare Lombroso nació en Verona
en 1835. Su familia, de origen judío,
siempre vivió en el norte de Italia.
Lombroso hizo luego estudios de
medicina en Pavía, Padua y Viena, para
regresar finalmente a Pavía donde
obtuvo su doctorado en 1858. De 1863
a 1872, cumplió una carrera hospitalaria
en Pavía, Pesaro y Reggio de Emilia. A
partir de 1876 enseñó medicina forense
e higiene pública en la universidad de
Turín, donde fue nombrado profesor de
psiquiatría en 1896, luego profesor de
antropología criminal en 1906. Murió
en Turín en 1909. Bajo la influencia de
los positivistas franceses y de la teoría
evolucionista de Darwin, llegó a la conclusión de que la
desviación y el crimen son fenómenos biológicos. Para
él, los caracteres anatómicos y fisiológicos del criminal
permiten diferenciarlo claramente. Por otra parte, éste
es considerado más como una supervivencia del “salvaje
primitivo” que como un descarriado social. Utilizando
el método experimental para inventariar los caracteres
del criminal, en su libro El hombre criminal, (L’uomo
delinquente, 1876), Lombroso redactó una tipología y
en ella distingue cinco tipos: los criminales alienados,
los criminales de costumbre, los criminales de ocasión,
los criminales por pasión y los criminales natos, por los
cuales más se interesó.

El doctor Lombroso era muy escéptico
respecto a los fenómenos mediúmnicos
y la manifestación de los espíritus. No
fue hasta 1890 que aceptó la invitación
del profesor Chiaia de Nápoles, que en
1888 publicó en una revista romana
una carta que describe en detalle
sus experimentos e invita al célebre
alienista a examinar al médium por
sí mismo. Y, en febrero de ese mismo
año, Lombroso tuvo dos sesiones con
Eusapia en Nápoles. Se convirtió y
escribió: “Estoy lleno de confusión y
disgusto al pensar que he combatido
con tanta perseverancia la posibilidad
de los hechos llamados espiritualistas”.

Su conversión llevó a muchos eruditos
europeos de importancia a estudiar
el tema, y de allí en adelante, la
Sra. Palladino no dejaría de trabajar
durante muchos años en sesiones experimentales. Las
sesiones de Lombroso en Nápoles en 1891 fueron
seguidas por las de la Comisión de Milán en 1892 que
contaba entre sus miembros al profesor Schiaparelli,
director del Observatorio de Milán; el profesor Gerosa,
cátedra de física; Ermacora, doctor en filosofía natural;
el Sr. Aksakoff, consejero de Estado del Zar; Charles du
Prel, doctor en filosofía en Munich y el profesor Charles
Richet de la Universidad de París. Diecisiete sesiones
tuvieron lugar. Vinieron luego las investigaciones en
Nápoles en 1893; en Roma en 1893-1894; en Varsovia
y en Francia en 1894, bajo la dirección del profesor
Richet, de Sir Oliver Lodge, de F. W. H. Myers y del Dr.
Ochorowicz; en 1895 en Nápoles; y el mismo año en
Cambridge en Inglaterra, en la residencia de F. W. H.
Myers en presencia del profesor y la Sra. Sidgwick, de
Sir Oliver Lodge y del Dr. Richard Hodgson. Siguieron
en Francia, en 1895, en la residencia del coronel de
Rochas; en 1896 en Tremezzo, en Auteuil y en Choisy-
Yvrac; en 1897 en Nápoles, Roma, París, Montfort y
Burdeos; en París en noviembre de 1898 en presencia
de Flammarion, Charles Richet, A. de Rochas, Victorien
Sardou, Jules Claretie, Adolphe Bisson, G. Delanne y G.
de Fontenay, entre otros; luego, en 1901 en el Minerva
Club de Ginebra, en presencia de los profesores Porro,
Morselli, Bozzano, Venzano, Lombroso y Vassalo, entre
otros. Hubo muchas otras sesiones experimentales con
eruditos, tanto en Europa como en América.

¿QUIÉN ES LA MÉDIUM EUSAPIA PALLADINO?
“La carrera de médium de esta humilde napolitana
analfabeta, de un interés superior y de una importancia
extrema por sus resultados, suministra un ejemplo mayor
de la utilización de un ser modesto como instrumento
destinado a hacer añicos las sofisticaciones de los
eruditos. Eusapia nació el 21 de enero de
1854 y murió en 1918. Su mediumnidad
empezó a manifestarse hacia los
catorce años. Su madre murió de parto,
así como su padre cuando ella tenía
sólo doce años. Se refugió en casa de
amigos y allí, como se la persuadiera de
sentarse en compañía junto a una mesa,
al cabo de diez minutos la mesa levitó,
las sillas se pusieron a bailar, las cortinas
de la habitación se hincharon y los vasos
y las botellas se desplazaron. Se puso a
prueba a cada uno de los presentes para
descubrir quien era responsable de los
desplazamientos y, al final, se decidió
que Eusapia era la médium. Ella no
tenía ningún interés en las operaciones
y consintió en tener otras sesiones
sólo para complacer a sus anfitriones
y evitar que la enviaran al convento.
No fue antes de su vigésimo segundo o vigésimo tercer
cumpleaños que comenzó su educación espiritualista
la cual, después de Flammarion, se desarrolló bajo la
dirección de un ardiente espiritualista, el Signor Damiani.
Respecto a este período, Eusapia cuenta un incidente
singular. En Nápoles, una dama inglesa que se había
casado con el Signor Damiani, recibió durante la
sesión el mensaje de un espíritu que se presentó bajo el
nombre de John King, y le ordenó buscar a una mujer de
nombre Eusapia, precisando la calle y el número de la
casa. Afirmaba que era una poderosa médium a través de
la cual tenía la intención de manifestarse. La Sra. Damiani
se encaminó a la dirección indicada y descubrió a Eusapia
Palladino de quien nunca antes había oído hablar. Las dos
mujeres hicieron una sesión donde John King controló a la
médium, de la que seguiría siendo guía o registrador hasta
el fin”. (Extracto del libro de Arthur Conan Doyle Historia
del espiritismo, capítulo XV).

He aquí lo que decía el profesor Chiaia en su carta al
profesor Lombroso:
“El caso al cual hago alusión es el de una inválida que
pertenece a la clase social más humilde. Tiene casi treinta
años y es muy ignorante; además no es ni fascinante ni
dotada del poder que los criminólogos modernos llaman
irresistible; pero cuando lo desea, ya sea día o noche,
puede entretener a un grupo de curiosos durante casi
una hora con los más sorprendentes fenómenos. Aunque
esté atada a una silla, o sólidamente sujeta por las
manos de los curiosos, atrae hacia ella los muebles que
la rodean, los levanta y los mantiene suspendidos en el
aire como el ataúd de Mahoma, y los hace volver a bajar
con movimientos ondulatorios como si obedecieran a su
voluntad. Les aumenta o disminuye su peso a capricho.
Golpea o bate sobre los muros, los techos o el piso, con
buen ritmo y hermosa cadencia. En respuesta al pedido
de los espectadores, brotan de su cuerpo algo parecido
a relámpagos eléctricos y lo envuelven o se enrollan
alrededor de los espectadores de esas maravillosas
escenas. Dibuja sobre tarjetas que usted le presenta
todo lo que se desea —personajes, firmas, números,
frases— simplemente extendiendo la mano hacia el
lugar indicado.
Si se coloca en una esquina de la habitación un envase
con una capa de arcilla blanda, al cabo de un momento
se descubre la huella de una mano, grande o pequeña; la
imagen de un rostro (de frente o de perfil) de los que se
puede hacer un moldeado de yeso. De este modo, se han
conservado retratos de un rostro visto desde diferentes
ángulos y los que lo desean pueden dedicarse a estudios
serios e importantes.
Esta mujer se eleva por los aires, cualesquiera sean las
ataduras que la retienen en tierra. Parece tendida en el
aire como sobre un diván, desafiando todas las leyes de
la gravedad; toca instrumentos de música —órgano,
campanas, panderetas— como si fueran tocados por sus
manos o accionadas por el soplo de gnomos invisibles…
Algunas veces esta mujer puede aumentar su altura en
más de diez centímetros”.

ALGUNOS EXTRACTOS DE LOS NUMEROSOS
INFORMES DE SESIONES CON EUSAPIA PALLADINO

He aquí la relación de la Comisión de Milán (1892)
después de los experimentos:
“Es imposible contar el número de veces en que ha
aparecido una mano y ha sido tocada por uno de nosotros.
Baste decir que la duda ya no era posible. Lo que vimos y
tocamos era realmente una mano humana viva, mientras
que al mismo tiempo el busto y los brazos de la médium
permanecían visibles y sus manos eran sujetadas por los
que se encontraban a cada lado de ella”.
He aquí, a guisa de conclusión dos relatos, entre
muchos otros, de materializaciones convincentes. El
primero es proporcionado por el Dr. Joseph Venzano
en los Annals of Psychical Science (vol. VI, p. 164,
septiembre de 1907). La luz provenía de una vela que
permitía que se viera la silueta de la médium:
“A pesar de la debilidad de la iluminación, podía ver
claramente a la Sra. Palladino y a mis colegas presentes.
De repente, sentí que detrás de mí había una forma,
bastante grande, que apoyaba su cabeza sobre mi
hombro izquierdo sollozando violentamente, al punto
que las personas presentes podían oír los sollozos; me
abrazó repetidas veces. Distinguía distintamente los
contornos de aquel rostro que tocaba el mío y sentía
sobre mi mejilla izquierda el contacto de cabellos
muy finos y abundantes, de tal suerte que yo estaba
absolutamente seguro de que se trataba de una mujer.
Entonces la mesa comenzó a moverse y, por tiptología,
dio el nombre de una pariente cercana que nadie
conocía excepto yo. Había muerto algún tiempo antes
y, debido a una incompatibilidad de caracteres, yo había
tenido graves desacuerdos con ella. Estaba tan lejos de
esperar esta respuesta tiptológica que pensé que se
trataba de un caso de coincidencia de nombres pero,
mientras mentalmente me hacía esta reflexión, sentí
una boca, con su aliento tibio, tocar mi oreja izquierda
y murmurar, en voz baja y en dialecto genovés, una
serie de frases de las que para los demás participantes
sólo era audible el murmullo. Esas frases eran cortadas
por accesos de llanto y su sentido general era pedirme
perdón cada vez por las heridas que se me habían
infligido, con un lujo de detalles vinculados a asuntos
de familia que únicamente la persona en cuestión podía
conocer. El fenómeno parecía tan real que me sentí
obligado a responder con testimonios de afecto a las
excusas que se me presentaban y a mi vez pedir perdón
si el resentimiento nacido de los daños sufridos había
resultado excesivo. Pero apenas había pronunciado
las primeras dos sílabas, cuando dos manos se posaron
sobre mis labios con una exquisita delicadeza y me
impidieron proseguir. Luego la forma me dijo ‘Gracias’,
me tomó entre sus brazos, me abrazó y desapareció”.
Hay materializaciones más hermosas que esta con otros
médiums y con mejor luz pero, en este caso, hay una
prueba de identidad interior, mental.

miércoles, 2 de mayo de 2012






LA SENSATEZ ESPÍRITA por J A C Q U E S  P E C C AT T E
E D I TO R I A L LE JOURNAL SPIRITE N° 82 OCTOBRE 2010


En el antiguo vocabulario espírita kardecista, se utilizan
los términos expiación y prueba que con frecuencia han
sido mal comprendidos y hasta caricaturizados, como si
expresaran una forma de karma punitivo, lo cual en realidad
no se corresponde con la esencia misma de la filosofía
espírita. En su obra, Allan Kardec siempre vuelve a
poner en perspectiva la noción del libre albedrío, indicando
una cierta libertad de elección que está en función
de la evolución de cada ser humano. Dios no es el juez
que determinará lo que cada uno debe experimentar o
expiar, él es el principio de todas las cosas a las cuales
está unida la ley universal de la evolución, dejando a
cada espíritu el medio de avanzar a partir de su consciencia
relativa y de su capacidad de discernimiento.
Se ha caído demasiado en la caricatura del castigo como
si, a imagen de una culpabilidad judeocristiana, las pruebas
son enviadas por Dios que luego sería el juez supremo,
que distribuye las recompensas o las sanciones según el
mérito o el demérito de cada uno después del cumplimiento
de una vida. En realidad, lo que se llama “prueba”,
es la condición misma de nuestra humanidad, dependiente
de la encarnación en un mundo todavía inferior.
En sí misma, la vida sigue siendo una prueba en el sentido
de que “probamos” las vicisitudes de un mundo material
con frecuencia difícil de asumir, un mundo que es imagen
de sus habitantes, espíritus encarnados de poca evolución
que, por el egoísmo y el orgullo inherentes a su
naturaleza, aún no han trascendido esa naturaleza en el
sentido del bien común y el amor al prójimo. Experimentamos
entonces todas las dificultades que hacen la vida
encarnada: dolores físicos, sufrimientos afectivos, enfermedades,
accidentes, duelos, etc.
En cuanto a la palabra expiación, corresponde a esta inferioridad
en la cual, dependiente de sus debilidades anteriores,
el espíritu será rehén de lo que ha vivido, y deberá
pagar o reparar sus faltas pasadas. Y si se simplifica al
extremo este concepto, se llega a la caricatura habitual
con este tipo de ejemplo: el rico se volverá pobre, el
esclavista se volverá esclavo, el criminal sufrirá a su vez
lo que ha hecho sufrir, etc., hasta que se agote toda la
deuda kármica.

Entre determinismo y libertad
Releyendo algunos extractos de El Libro de los Espíritus,
no encuentro esta exagerada simplificación (influenciada
al mismo tiempo por el espiritualismo oriental y el
catolicismo) sino por el contrario, la idea del libre albedrío
donde cada espíritu tiene la posibilidad de avanzar,
según su grado de conciencia previa, para adelantar o
bien para recaer en sus anteriores hábitos, dentro de una
estricta responsabilidad que es suya y no de un Dios justiciero.
A fuerza de haber escuchado aquí y allá en ciertos
medios espíritas kardecistas, que estábamos en la era
de la expiación antes de entrar en una era de regeneración,
uno terminaría por creer que esta visión simplista
estaba inscrita en la obra de Allan Kardec, lo cual, releyéndola
bien, es completamente erróneo. Y en la prolongación
de esta obra, si se vuelven a poner en perspectiva
todos los datos referentes a las leyes divinas que
presiden la vida universal, y en particular la de la evolu-
ción reencarnacionista, se llega a la noción esencial del
libre albedrío, según la cual no hay ninguna fatalidad ni
predestinación, sino por el contrario, una invitación a la
acción haciéndose cargo de su propia vida e interesándose
por la de los demás por medio del aprendizaje de la
solidaridad y el amor. Con lo que se contradice una idea
demasiado extendida según la cual todas las aflicciones
serían normales y merecidas, en función de expiaciones
justas y necesarias. Un cataclismo o una guerra serían
pues el mal necesario de una prueba a ser sufrida para
pagar deudas anteriores, a la espera de una regeneración
de la humanidad el día en que los humanos ya no
tengan más nada que pagar… Nos encontramos ante
una forma de justificación en la cual se querría dar una
explicación kármica a todas las calamidades de la humanidad.
No se trata de decir que tal calamidad es inevitable
y de interpretarla luego como justificación de una
deuda anterior, sino de determinar las causas, y entre
esas causas las eventuales responsabilidades humanas.
Una guerra, por ejemplo, tiene sus causas profundas en
pugnas de influencias, circunstancias económicas, hegemonías,
querellas étnicas etc., examinamos entonces las
causas que están ligadas a la naturaleza humana en su
conjunto. Pero, a partir de esas causas conocidas, no se
puede extraer la consecuencia de que era un mal necesario
con las justas víctimas expiatorias que asumen el
peso de sus deudas. Se espera que ocurra un evento, y
luego se le justifica a partir de las vidas anteriores, lo cual
es un disparate ante la razón que consiste, no en justificar
las consecuencias, sino en buscar las causas que han
producido los eventos. No se puede entonces hablar a la
vez de libre albedrío y decir que hay circunstancias inevitables
e ineludibles que estarían allí para justificar la
necesaria expiación. Uno se encontraría entonces ante
una flagrante contradicción entre el determinismo y la
libertad.

La relación de causa a efecto
Si lo releemos atentamente, Allan Kardec no entra realmente
en ese esquema contradictorio: se aluden las
relaciones de causa a efecto empleando, por supuesto,
las palabras pruebas y expiaciones pero no con el sentido
de fatalidades ineluctables que son compensadas
precisamente por la noción de libre albedrío omnipresente
en su obra. Se llega entonces, no a la resignación,
aunque ese término también sea empleado, sino a una
parte determinante de responsabilidad que incumbe a
todos. El término resignación también debe ser explicado:
sí, resignarse a ser sólo un ser humano con todas
sus vicisitudes de vida, es admitir la condición humana,
sabiendo que la vida encarnada comporta ciertos límites
que impiden al espíritu gozar de una libertad total; pero
eso no significa resignarse a la esclavitud, al dominio del
otro o a todas las miserias que no tendrían solución. Y si
hay una prolongación a la obra de Allan Kardec, no es la
de la resignación fatalista, sino la de la determinación en
una lucha humanista para hacer ascender a los seres a fin
de que reconozcan su verdadero destino.
Demasiado se ha querido confundir la causa y el efecto.
“El efecto fatalidad” no existe si uno se remonta a las causas.
Si se habla, por ejemplo, de las catástrofes naturales,
ellas tienen sus causas “en sí mismas”, pero sería ridículo
ver en las consecuencias mortales, el castigo de víctimas
que se encontrarían allí en el momento debido, para
expiar sus faltas anteriores, como si existiera esa correlación
entre la manifestación de la naturaleza y el karma
de los humanos que se encontrarían en el entorno ideal
para su ineluctable expiación. Al haber escuchado ya
esta clase de argumento por parte de espíritas fieles al
pensamiento kardecista, me planteo la cuestión de una
buena comprensión del espiritismo. Si bien en la obra de
Allan Kardec, se trata innegablemente de pruebas, expiaciones,
resignación o aceptación, es un modo de expresar
la inferioridad humana dando la idea de una justicia
divina en relación de causa a efecto a través de la reencarnación.
Pero el concepto esencial que proporciona
toda su fuerza a la idea espírita kardecista, es el de la
emancipación humana por medio del aprendizaje de la
libertad y la responsabilidad en el sentido de un amor a
ser desarrollado luchando contra el egoísmo y el orgullo.
Si se oculta esta parte esencial de la obra, se volverá
forzosamente a justificar todo por la deuda kármica, sin
preocuparse realmente por otro mundo a ser construido.
En nuestra versión moderna del espiritismo, si se considera
que la vida es en sí misma una prueba, es ante
todo la de enfrentarse a la acción en luchas por la transformación
de la humanidad, es para poner en evidencia
las nociones de justicia, igualdad, compartir y libertad.
Aceptar la condición humana es un primer principio,
tratar de transformarla es otro, y torna entonces al ser
humano consciente de que participa en la transformación
general.

Actualizar ciertos principios
Allan Kardec realizó una síntesis de los mensajes recibidos,
para establecer un cuerpo de doctrina que se convertiría
en El Libro de los Espíritus. Fue el primer enfoque
filosófico del espiritismo según “la enseñanza dada por
los espíritus superiores por medio de diversos médiums”.
(*) Se encuentran allí todos los principios espíritas fundamentales
que definen las leyes universales y divinas,
principios definidos con el vocabulario de una época y
adaptados a la evolución relativa de las mentalidades, de
las sociedades y de la ciencia de esa época. Hoy comprobamos,
según las comunicaciones espíritas recibidas y
según nuestras propias reflexiones, que estos principios
fundamentales no han variado, pero que han sido necesarias
ciertas rectificaciones en el detalle de la interpretación.
Y es en particular sobre estas nociones de pruebas,
expiaciones y resignación, que ha hecho falta afinar
el tema dentro de una comprensión más justa del principio
de relación de causa a efecto. El propio Allan Kar
dec había considerado esta actualización o posible evolución
de los principios cuando afirmó: “El Espiritismo,
marchando con el progreso, nunca será rebasado,
porque, si nuevos descubrimientos le demostrasen que
está en equivocado en un punto, se modificaría en este
punto; si una nueva verdad se revela, la acepta”.
Han pasado ciento cincuenta años desde que fueron
establecidos los primeros principios espíritas. ¿Habría
que abstenerse, con la perspectiva del tiempo, de toda
reflexión en el replanteamiento de tal o cual punto,
para cerrarse sobre conocimientos inmutables e intocables?
En numerosos medios espíritas, El Libro de los
Espíritus es prácticamente una “Biblia” que sigue siendo
la referencia última sobre todos los temas, y según la
pregunta que se plantee, se remite al que la hace a tal
o cual capítulo del libro donde encontrará su respuesta.
En ese estado de ánimo, ya no se trata de destacar el
mínimo detalle que presente problemas, sino de referirse
a textos que representan el alfa y el omega de
todas las cosas. Y es así como los que se permiten tocar
una línea de “la Biblia de los espíritas” se convierten en
desviacionistas o revisionistas, lo cual somos, evidentemente,
a los ojos de ciertos espíritas… Y esos mismos
espíritas invocan invariablemente nuestra era de
expiación, es decir el período que, desde los orígenes
hasta nuestros días, es de fatalidades ineludibles de
las deudas a pagar para enjugar nuestras faltas anteriores.
Pero ahora hablan de la nueva era tan esperada,
la de la regeneración de la humanidad que, parece se
abrirá a nosotros en los años por venir. Tenemos todavía
una visión simplista, pues eso significaría que, por
no se sabe qué operación del Espíritu Santo, finalmente
la humanidad estaría lista para una transformación
radical, lo cual objetivamente no salta a la vista… Por
el contrario, estamos en una lucha entre el bien y mal
que no se resolverá de un día para otro. Las transformaciones
de la humanidad son extremadamente progresivas
y realmente no se puede decretar arbitrariamente
que de ahora en adelante todo irá mejor. Si se miden
todos los focos de tensión existentes en el mundo, si
se consideran el hambre, el crimen, los genocidios y las
guerras tribales, las crisis económicas y políticas, etc.,
nada permite decir que estamos al alba de una nueva
era, cuyo único árbitro sería el propio Dios, y que en su
trascendente bondad habría decidido repentinamente
que la humanidad cambiara de rumbo. Sigamos pues
en la idea de la sensatez, no en una proyección aleatoria
que nos promete mejores días, sino en un estado de
ánimo de vigilancia y de lucha. La sensatez espírita no
puede hallarse en otra parte.
*Nota de Allan Kardec a propósito de la elaboración de El Libro de los
Espíritus: «Fue de la comparación y fusión de todas las respuestas
coordinadas, clasificadas y muchas veces rehechas en el silencio de
la meditación que formé la primera edición de El Libro de los Espíritus
que apareció el 18 de abril de 1857».

SIR. WILLIAM CROOKES EN WIKIPEDIA
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William Crookes

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Sir William Crookes
Crookes William.jpg
Nacimiento 17 de junio de 1832
Londres, Reino Unido
Fallecimiento 4 de abril de 1919 86 años
Londres, Reino Unido
Residencia Inglaterra
Nacionalidad Bandera de Inglaterra Inglaterra
Campo Fisicoquímica
Conocido por Descubridor del talio
William Crookes.
Sir William Crookes (17 de junio de 1832- 4 de abril de 1919) fue un químico inglés, uno de los científicos más importantes en Europa del Siglo XIX, tanto en el campo de la física como en el de la química. Estudió en el Colegio Real de Química de Londres. Fundó la revista de divulgación Chemical News, y fue editor del Quarterly Journal for Science. En 1863 entró a la Royal Society recibiendo la prestigiosa medalla para 1875. En 1888 recibe la Medalla Davy, fue nombrado caballero en 1897, la Medalla Copley en 1904 y en 1910 fue nombrado “Sir” recibiendo la Orden del Mérito. Crookes también fue uno de los más importantes y destacados investigadores, y luego defensor, de lo que hoy día se conoce como Espiritismo Científico.

Investigación científica

William Crookes descubrió el elemento metálico talio y desarrolló un proceso de amalgación para separar la plata y el oro de sus minerales. En química aplicada trató diversos temas: tratamiento de las aguas de las cloacas, la fabricación del azúcar de remolacha, el tinte de tejidos, entre otros. Sin embargo, su trabajo más importante fue la investigación sobre la conducción de la electricidad en los gases. Inventó el tubo de Crookes, para el estudio de las propiedades de los rayos catódicos; y también inventó el radiómetro, y el espintariscopio, un detector de partícula. Entre sus trabajos más importantes está el haber sido el primero en identificar el Plasma (estado de la materia)
Sobre el Radiómetro de Crookes (también llamado molinito de luz o light-mill en inglés): Crookes utilizó en éste una bomba de Sprengel. Esta bomba consiste en un tubo capilar de vidrio de una altura aproximadamente de 76 cm. En su parte superior lleva una especie de embudo que contiene mercurio (aproximadamente 12 kg) y en la parte de abajo un recipiente para recibir las gotas. Si se terminaba el mercurio de arriba era cuestión de vaciar el que había bajado. Las gotas de mercurio al bajar por efecto de la gravedad lentamente extraen pequeñas porciones de aire del bulbo al que se quiere hacer vacío. Para llegar a la presión del radiómetro de necesitaron de 6 a 8 horas. Es por eso que Crookes pudo observar lentamente el inicio del giro del radiómetro sin necesidad de medir la presión. Con algunos arreglos en la bomba de Sprengel, Crookes pudo llegar a tal presión. Además fue un gran homeopata. Su padre Gardestell Crookes fue un artesano de la época hispánica, que decubrio que las partículas de hielo en una pista de patinaje artística. Allí Crookes aprendió a patinar en el Carrasperience Club (Francés) , dondé tuvo una lesión en la costilla izquierda porque su traje le quedaba pequeño.

Espiritismo científico

Sir William Crookes y el Espiritismo Científico: Uno de los pioneros en la investigación de fenómenos psíquicos, específicamente en las áreas de materialización y de mediumnidad. En 1870 William Crookes es parte de lo que se conoce como la “Metapsíquica” (pionera de la Parapsicología) con sus investigaciones sobre el Espiritismo y los fenómenos mediúmnicos. Estudia en profundidad y con rigor a los grandes médiums físicos de la época como Daniel Dunglas Home, Eusapia Palladino y Florence Cook reconociendo la realidad de sus extraordinarias facultades. Uno de sus artículos más leído sobre el tema lo es: “Spiritualism Viewed by the Light of Modern Science”. Escritos suyos sobre este tema es el libro titulado "Nuevos Experimentos sobre la Fuerza Psiquica".

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