UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 4 de noviembre de 2011

MESAS GIRATORIAS O SESIONES CON VASO ¡ ATENCIÓN PELIGRO ! UN OJO SOBRE... LE JOURNAL SPIRITE N° 86 OCTOBRE 2011

MESAS GIRATORIAS O SESIONES CON VASO
¡ATENIÓN PELIGRO!
por
MARIE-NOËLLE COURTIOL
Desgraciadamente hay que constatar que un buen
número de personas y especialmente adolescentes,
intentan con los amigos o parientes lo que llamamos
comúnmente “una sesión de mesa giratoria” o hasta
“una sesión con vaso”. Ya sea para entretenerse o
simplemente porque las personas creen en los espíritus,
el simple hecho de entregarse a una sesión de
este género puede tener repercusiones negativas
sobre los experimentadores. ¿Por qué? Porque allí no
se trata de un simple juego, de una simple diversión.
No, se trata de una experiencia que, si se comprueba
que una de las personas presentes posee una facultad
mediúmnica latente, permitirá por su intermedio que
uno o varios espíritus se manifiesten. Buscando en
Internet, y especialmente en los foros que tratan más
o menos acerca de espiritualidad, he descubierto un
impresionante número de testimonios de personas
que han participado en una sesión de mesa o de vaso.
De estos testimonios, resalta principalmente una
gran sensación de miedo, y hasta de pavor, que ha
marcado para siempre a las personas, porque la
experiencia vivida ha tomado a menudo giros y
proporciones que no se esperaban. Por supuesto, la
mayoría de estas personas confiesa que no conocía
el espiritismo y menos aún los peligros de tales
experiencias. Hasta los más escépticos dicen haber
sido desbordados y manifiestamente traumatizados
por los acontecimientos. Pero, ¿qué hizo que esas
experiencias hayan engendrado tales temores? He
aquí un extracto de sesión que, entre otras, encontré
en Internet. Estos testimonios son redactados por
anónimos que, a través de sus vivencias, quieren
informar y advertir a los que desearían realizar experiencias
parecidas.
“Si doy este testimonio, es con el único fin de advertir
a toda persona (sin experiencia) que desee hacer una
sesión de espiritismo. Cuando tenía 13 años, conocí a
una niña de 16 años que vivía en la misma aldea que
yo. Simpatizamos, y ella me contó su historia. Para
comenzar, había perdido a su papá hacía algunos
años a causa de una enfermedad, luego su hermano
menor, murió de la misma enfermedad. Me contó que
la víspera de la muerte de su hermano, se había despertado
en medio de la noche y había visto el fantasma
de su padre parado al pie de su cama. También me
confió que regularmente le sucedía que en ciertas
circunstancias lo veía. Entonces un día me propuso
hacer una sesión de espiritismo, para tratar de entrar
en contacto con su padre. Y por supuesto yo, en busca
de sensaciones fuertes, acepté. La sesión se desarrolló
en la tarde, en la casa de ella (en su habitación) con
puertas y postigos cerrados. Debíamos ser tres, pero
la tercera persona nos dejó plantados en el camino
porque tenía demasiado miedo. No éramos pues sino
las dos, y comenzó la sesión. Estábamos sentadas en el
suelo alrededor de una mesita, había una vela sobre la
mesa, y para convocar al espíritu de su papá, se sirvió de
un dije (obsequiado por su padre) que sostenía encima
de la mesa. Ella invocó al espíritu de su papá llamándolo.
Confieso que en ese momento, yo ya no estaba del
todo tranquila. Entonces, de repente, el dije comenzó a
girar violentamente sobre la mesa y vi los ojos de ella
desquiciarse y su cuerpo echarse a temblar como en un
trance. Todo se tornó confuso, y yo tenía la impresión de
que una tempestad tenía lugar en aquella habitación,
el ruido era ensordecedor. Por miedo, quise tomarla por
el brazo y, no sé cómo, algo como una violenta corriente
de aire, me proyectó un metro hacia atrás contra el
borde de la cama. Estaba semi-consciente. Cuando
recobré el sentido, el ruido había cesado y ella no se
había movido. Vi al dije reducir el movimiento, y fue en
ese momento cuando la vi salir de su “trance”. La tomé
por el brazo, yo estaba aterrorizada y salimos corriendo
de la casa. Una vez afuera, le comenté sobre la fuerza
que me había proyectado contra la cama, el dije, sus
ojos desquiciados, sus temblores y aquel ruido ensordecedor.
Pues bien, ella, no se acordaba de nada. Como
si no hubiera asistido a la escena. Sólo se acordaba del
comienzo de la sesión y del momento en que yo la había
tomado por el brazo para escapar corriendo. Después
de esta sesión, por miedo, corté nuestra relación. Debo
confesar que algo en ella me producía temor y la sesión
de espiritismo me lo confirmó. Después de ese evento,
me juré no volver a hacer una sesión de espiritismo
más nunca en mi vida. Concluiré entonces, advirtiendo
a toda persona principiante que nunca practique
una sesión de espiritismo sin estar acompañada por
personas serias y competentes en ese campo”.
Este testimonio es muy interesante porque muestra
muy claramente que esta sesión fue practicada por
chicas sin ninguna experiencia ni conocimiento de la
mediumnidad ni de la filosofía espírita, y que por lo
menos una de ellas era más receptora, más sensitiva
al mundo de los espíritus. No obstante, eso no hacía
de ella una médium, pero su sensibilidad estaba
lo suficientemente presente como para atraer la
presencia de una entidad más o menos buena, más
o menos bien intencionada. Entonces, ¿qué les pasó
a estas dos chicas? El más allá que nos rodea es sólo
el reflejo de nuestra humanidad terrestre; en otras
palabras, los espíritus de los difuntos no están todos
animados de buenas intenciones. Una persona que
tiene un potencial mediúmnico y se ejercita en una
experiencia a fin de entrar en contacto con los espíritus,
asume el riesgo de encontrarse en presencia
de un espíritu bromista, incluso a veces hasta peligroso
y que puede volverse con el tiempo un espíritu
obsesor. Pueden sobrevenir graves desórdenes de
orden psíquico que a veces pueden emparentarse
con ciertas patologías psiquiátricas.
Con esta experiencia, que nosotros calificaríamos
de arriesgada, estas dos chicas se precipitaron en un
mundo cuyas leyes desconocían y menospreciaron
los riesgos. Sabemos que una de las dos chicas abandonó
toda comunicación con los espíritus, pero no
sabemos si la otra continuó luego sus experiencias y
lo que le ocurrió por eso. Sin embargo, una cosa es
cierta, a la vista de lo ocurrido durante esa primera
experiencia: si tuvieron lugar otras tentativas, sin
duda habrán reproducido los mismos
efectos, lo que, inexorablemente,
sólo puede conducir a la obsesión
y en ciertos casos a la posesión. Es
pues, por estas razones que siempre
aconsejaremos no aventurarse a
querer comunicarse con el más allá
sin conocimientos previos. La práctica
del espiritismo no es peligrosa en
sí misma; en cambio una mala práctica
del espiritismo, y en particular
de la mediumnidad, puede resultar
arriesgada. Una persona que desee
comunicarse con el otro mundo,
debe hacerlo obligatoriamente en el marco de un
grupo estructurado, experimentado y advertido de
que sabrá hacer frente a las eventuales dificultades, ya
sea que se trate de manifestaciones subconscientes o
de intervenciones indeseables de los malos espíritus.
En otras palabras, nosotros desaconsejamos practicar
cualquier sesión fuera de un marco espírita.
Llamar a los espíritus no es un acto anodino. En
primer lugar, para que los espíritus puedan manifestarse,
es indispensable la presencia de un médium.
Luego, para favorecer el buen desarrollo de la sesión,
hace falta que el médium esté rodeado de personas
advertidas y conscientes de lo que se va a producir.
Y finalmente, los participantes, así como el intermediario
sensible, deben conocer bien los engranajes y
mecanismos de la mediumnidad, pues como ustedes
ya habrán advertido, el mundo de los espíritus no
está poblado sólo de buenas intenciones. Y es preciso
rendirse a la evidencia: son justamente esos espíritus
los que se aprovecharán de su inexperiencia para
manifestarse a ustedes.
Regularmente, recibimos llamadas de socorro procedentes
de personas que se encuentran desamparadas
ante los malos espíritus (supuestos o reales)
de los que no llegan a deshacerse. No podemos sino
invitarlas a detener toda experiencia, a fin de que sus
desórdenes psicológicos ya evidentes, no se agraven
más.
El último consejo que podemos darles en este campo
es que, cualquiera que sea su curiosidad, cualquiera
que sea su sed de experiencias, tengan la sabiduría de
hacer las cosas en orden. Comiencen por instruirse,
descubran el más allá por la lectura de los grandes
autores espíritas, y si quieren adelantar más en la
filosofía espírita, acérquense a un grupo espírita que
conoce perfectamente, por su experiencia, el más
allá de los espíritus, y sabrá responderles con todo
conocimiento de causa.

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