UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 21 de octubre de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 86 OCTOBRE 2011 D O S S I E R LA CLARAVIDENCIA por EMMA N U E L L E P Ê C H E U R MADAME FRAYA O UNA CLARIVIDENTE EN MEDIO DE LA HISTORIA LE JOURNAL SPIRITE N° 86 OCTOBRE 2011

MADAME FRAYA
O UNA CLARIVIDENTE EN MEDIO DE LA HISTORIA

D O S S I E R
LA CLARAVIDENCIA
por
EMMA N U E L L E P Ê C H E U R

En este artículo, les propongo seguir el extraordinario
destino de una mujer que dedicó su vida a la clarividencia
leyendo las manos. Sus predicciones fueron de
una exactitud sorprendente. Madame Fraya se forjó
en su época una gran notoriedad que le permitió
conocer celebridades como Pierre Loti o Jean Jaurès
pasando por Marcel Proust, Lucien y Sacha Guitry.
Testas coronadas, artistas y políticos se apretujaban en
su gabinete de videncia, situado en la rue Edimbourg
de París, para conocer su porvenir. La señora Simone
de Tervagne, periodista y amiga de Madame Fraya le
dedicó, después de múltiples entrevistas, las obras
Madame Fraya me dijo y Una vidente en el Elíseo.
Revelación de una misión
Natural del país vasco, proveniente de una familia
acomodada, Valentine Dencausse (1871-1954), conocida
con el seudónimo de Madame Fraya, fue una
vidente francesa que practicó igualmente la grafología.
En su infancia, ningún signo particular dejó suponer
en su familia que ella ejercería un día la profesión de
vidente aunque su padre, un funcionario del Ministerio
de Finanzas poseía a ratos ese “don” que le hacía
presentir los acontecimientos futuros. De adolescente,
más allá de sus estudios, manifestó un gusto
apasionado por la música y pareció orientarse hacia
una carrera de pianista. Sin embargo durante toda su
juventud, un sueño no cesaba de obsesionarla; veía
centenares de manos que se tendían hacia ella. Esa
visión hizo nacer en ella una curiosidad por las ciencias
ocultas. A los 19 años, después de un matrimonio
fallido que duró sólo algunos días, tomó conciencia
del significado de sus ensueños y tuvo la visión de su
porvenir; sería vidente y recibiría a miles de personas,
examinando sus manos y haciéndoles sorprendente
revelaciones sobre ellas mismas o su entorno. Fue lo
que hizo toda su vida. Provocó la admiración de todos,
no sólo en razón de sus dones adivinatorios sino
también por su bondad, su cultura y su tacto. Prodigaba
consejos y apoyo y devolvía la confianza a los
desesperados. Era de una naturaleza optimista, muy
humana y le encantaba recibir. En la vida cotidiana era
alegre, risueña, tenía el espíritu fulgurante y conversar
con ella se convertía en una verdadera delicia. Su
distinción de maneras y de espíritu hacía de ella una
mujer de mundo realizada. Se puede decir sin exageración
que su vida estuvo totalmente vuelta hacia los
demás y que, a pesar de una vida plena de encuentros
enriquecedores, en el plano personal tuvo que sufrir
por su hija única, Marcelle, quien no sólo la despojó,
sino que le hizo sufrir su maldad, su tiranía y sus celos
enfermizos. Esta dolorosa realidad, la había “visto”
igualmente Madame Fraya al nacer su hija.
Dos casos de clarividencia
He aquí el relato de una videncia relatada por la
propia Madame Fraya a su amiga Simone de Tervagne.
Estamos en 1899. Los grandes duques de Rusia vienen
a consultarla en sus mismos comienzos. La mayoría
son apuestos, altos, rubios, extremadamente con
clase. El que parecía ser el mayor se presenta: Gran
duque Nicolas Nicolaïevitch (más tarde llegaría a ser
generalísimo del ejército ruso y permanecería allí
hasta 1915). Todos están de un humor muy alegre y
se expresan en un francés muy puro. Charlan sobre
París, sus fiestas, su vida nocturna. Cuando el príncipe
G. le cuenta una anécdota referente a su soberbio
piano de cola que había dado a guisa de propina al
músico que vino a tocarle sonatas de Chopin, súbitamente
Madame Fraya, en ese preciso momento, vio la
revolución rusa y les dice a todos: “Dejen de dilapidar
sus fortunas… Piensen en el porvenir… Un día ustedes
serán despojados de todos sus bienes”. Su predicción
fue recibida con una inmensa carcajada. “Eso no es
posible, somos ricos”. De nuevo, se dirigió al Príncipe
G. y le dijo: “Un día vendrá en que estarán en la más
completa indigencia. A usted lo veo como lavaplatos en
un restaurante”. Las risas estallaron con más fuerza…
Más de veinte años después de la visita de los grandes
duques a Madame Fraya, los hechos le dieron completamente
la razón. No solamente los príncipes de Rusia
regresaron a verla para reconocer su error, sino que
varios de ellos trabaron amistad con ella, en tan alta
estima la tenían, especialmente el gran duque Nicolas
Nicolaïevitch que vino a residir en Francia, en el Cap
d’Antibes donde murió en 1929. En cuanto al príncipe
G., pasaron años sin noticias de él. No obstante, ella
se enteró por una amiga que había cenado en Niza,
en un modesto y lúgubre restaurante ruso lleno de
rusos blancos sin dinero, de que uno de los empleados
trataba de escribirle desde hacía mucho tiempo. Este
empleado, este lavaplatos, no era otro que el príncipe
G. Poco después, ella recibió una larga carta donde,
después de haber reconocido su error, él le anunciaba
su boda con una norteamericana y su próxima partida
hacia los Estados Unidos.
No olvidamos que Madame Fraya jugó igualmente un
papel activo y determinante durante la primera guerra
mundial. En efecto, invitada por Georges Clémenceau
para venir al Elíseo, indicó gracias a su clarividencia
mediúmnica cómo rechazar el avance alemán requisando
todos los vehículos utilitarios de Paris; esa fue la
epopeya de los taxis del Marne.
La guerra de 1940 y su incómodo visitante
Otra videncia de Madame Fraya. Algunos meses antes
del desembarco de Normandía en junio de 1944, una
mujer joven, muy bonita, había ido a verla respecto
a un asunto del corazón. Amaba sinceramente a un
polaco comprometido a su pesar con la “administración”
del ejército alemán. Madame Fraya le hizo esta
videncia: “Lo veo cerca de usted de momento pero no
será por mucho tiempo. Pronto, él partirá precipitadamente”.
Perpleja, la joven prometió regresar con su
novio. Cuando ya la había olvidado, la joven la volvió a
ver en consulta con un hombre de civil, alto, cuadrado
de hombros, de mirada muy fría. Después de un breve
saludo, él se instaló frente a ella y le tendió sus manos
para que las examinara; ella le reveló esto: “Usted corre
un gran peligro. Escapará de la muerte por un pelo y casi
enseguida lo veo salir precipitadamente de Francia…”
Él le lanzó una mirada recelosa y le pidió: “Hábleme de
Alemania, de la fecha de su victoria definitiva…” Intuyendo
más o menos con quien estaba tratando, ella
le respondió, sin embargo, sin perder la sangre fría:
“Alemania marcha hacia su derrota más cruel”. Los ojos
de él se tornaron espantosos. Ironizó y le declaró que
Inglaterra sería aniquilada en una noche por un diluvio
de fuego. Pero Madame Fraya insistió y le ratificó la
victoria de los Aliados y la derrota alemana. Él montó
entonces en tan gran cólera que ella creyó que la iba
a golpear. Afortunadamente, su novia logró arrastrarla
rápidamente hacia afuera. ¡Dos años después
de la liberación de París, ella supo cuán imprudente
había sido aquel día y de qué peligro había escapado!
La novia de aquel falso polaco volvió a su gabinete
y le dijo: “No puede saber cuánto temblé por usted…
El hombre que le traje en marzo de 1944 era uno de los
principales jefes de la Gestapo. Estaba tan furioso porque
usted hubiera osado predecirle la derrota alemana que
quería hacerla detener. La orden escrita se encontraba
sobre su escritorio. No faltaba más que su firma. Afortunadamente
para usted, no tuvo tiempo de firmarla
pues fue víctima de un accidente de auto. Malherido, fue
trasladado a un hospital, luego de que ocurrió el desembarco
de Normandía, se le evacuó precipitadamente de
Alemania, tal como usted lo había previsto…”

Madame Fraya y el espiritismo
En lo que respecta al destino humano sus creencias
eran las siguientes: “Creo que nuestro paso terrenal tiene
por finalidad nuestra evolución, nuestro perfeccionamiento
gracias a las experiencias personales. En cuanto
a nuestro destino, no pienso que se pueda cambiar, al
menos en las líneas generales… Creo que los eventos
notables de la vida de cada uno se preparan en lo invisible
y están inscritos por adelantado, al momento de nuestro
nacimiento… Entre otros la hora de nuestra muerte…”
Ella daba muchísima importancia a los sueños premonitorios.
He aquí lo que afirmaba igualmente: “El espiritismo
me parece peligroso porque nos pone en contacto
con el mundo invisible que no conocemos. Soy católica
y pienso que la más elemental sabiduría nos invita a
cumplir los deberes que la Iglesia nos enseña… Sin
embargo, debo confesarles que con mucha frecuencia
he tenido manifestaciones del más allá, sin solicitarlas…
Creo que la muerte consiste en la destrucción del cuerpo
material, pero que nuestra alma no es alcanzada por
ella… Creo en la supervivencia…” Ella tuvo numerosas
apariciones astrales de tal o cual difunto y a menudo
comprobó que los parientes difuntos velaban por los
suyos y les acompañaban, sin que ellos lo supieran,
cuando venían a consultarla.
En abril de 2009 pedimos noticias de Madame Fraya y
el espíritu vino para indicarnos que ella deseaba reencarnar
pero que ya no podría ejercer la misma misión.
No podemos sino quedar admirados ante este fabuloso
destino y comprender que Madame Fraya representó
todo lo que debe ser la videncia: una ayuda y
consejos sobre el porvenir a fin de hacer tomar buenas
decisiones. Y sobre todo, una clarividencia practicada
por amor a su prójimo con humildad y abnegación.

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