UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 17 de mayo de 2011

PERO ¿QUÉ PASÓ CON EL CUERPO DEL MARISCAL NEY? D O S S I E R ENIGMAS DE LA HISTORIA por JEAN-LOUIS PETIT LE JOURNAL SPIRITE N° 80 ABRIL 2010

PERO ¿QUÉ PASÓ
CON EL CUERPO
DEL MARISCAL NEY?
D O S S I E R
ENIGMAS DE LA HISTORIA
por
JEAN-LOUIS PETIT

Del papel de la historia en una educación espírita
“En efecto, para muchos espíritus que vienen a visitaros, se trata de hablar de historia. Desde este
punto de vista, todavía tenéis muchos esfuerzos que realizar, es preciso decirlo claramente”.
Al intervenir, el 7 de marzo de 1988, el espíritu del Mariscal Ney veía las lagunas
demasiado numerosas de los espíritas y de los hombres a propósito de la gran
historia, la que constituye “el conocimiento necesario” para nuestra reflexión
y nuestra comprensión del mundo, pero también la más humilde, tal como la
historia personal de los guías y portadores de mensajes de los que lo vivido sigue
siendo inseparable de las palabras, indispensables para la buena comprensión del
pensamiento. Pero de hecho, ¿conocen bien la suya, la de la epopeya del “Valiente
de los Valientes”, nacido en el hogar de un simple tonelero de Sarrelouis, convertido
a fuerza de talento de soldado a mariscal del Imperio, duque de Elchingen, príncipe del
Moskova?
Ingresado al ejército a los 19 años como simple húsar, sirvió a la revolución francesa
como suboficial, se volvió luego oficial gracias a Kléber. Jefe de escuadrón en
1795, era para sus hombres “el pelirrojo”, “el infatigable», “el león rojo”. Ganó
sus galones de general en el campo de batalla en 1796 y siguió acumulando
victorias y actos valerosos que lo hicieron notar por Napoleón, quien lo
promovió como uno de sus mariscales del imperio. ¿Se conoce también
la realidad de su fin? ¡Qué pregunta! Nadie ignora que, después de haber
traicionado a Luis XVIII durante los cien días, después de haber sido colmado
de honores por aceptar volver al servicio a favor de los Borbones, este
mariscal tan brillante, que en vano había buscado la muerte en el campo
de batalla de Waterloo, fue condenado a muerte y dirigió personalmente
su propio pelotón de ejecución, el 7 de diciembre de 1815, pidiendo a
los soldados que apuntaran directo al corazón. Sería el único mariscal
de imperio en sufrir las iras de la restauración de modo tan brutal y
definitivo.
El enigma del ataúd vacío
Esa es la historia oficial de su muerte, pero en este caso, ¿qué pasó
con el cuerpo del mariscal Ney? Existe una tumba familiar en el
Père Lachaise. El monumento actual fue remodelado en 1903, a
pedido conjunto de la familia y de la Tercera
República que se interesó en Ney (erección
de varias estatuas, entre ellas la de Metz).
Antes, el cuerpo estaba enterrado bajo una
simple losa. Por lo menos, se le suponía allí…
Cuando el sepulturero de servicio abrió la fosa,
encontró realmente un ataúd vacío… Aunque
los racionalistas pretendieron que los restos
del cuerpo se encontraban debajo de un ataúd
de pino de mala calidad, el enterrador sostuvo
su opinión. En cambio en Brownsville, en los
Estados Unidos, se encuentra el cuerpo de un
hombre, muerto en 1846 que se supone que es
el Mariscal Ney. Se llamaba oficialmente Peter
Stuart Ney y ejercía el oficio de instructor de
francés, alemán, hebreo y matemáticas. En
su lecho de muerte declaró, en inglés, a los
testigos: “By all That Is Holly, I Am Marshall Ney
of Francia” (Juro por todo lo que tengo de más
sagrado que soy el mariscal Ney, de Francia).
Los hijos, que algunos años antes le habían
informado a Peter de la muerte del emperador
Napoleón, han dado testimonio de la fuerte
emoción que lo embargó, seguida de un
desmayo y luego de una tentativa de suicidio.
La verdadera historia del fin de la vida del
mariscal Ney

Entonces, ¿qué retener de esta historia, por lo menos
curiosa? Felizmente para nosotros, los espíritus han
contribuido desde el más allá a encender nuestra
linterna. Un primer mensaje muy claro se recibió en
1983, en el marco de una pregunta hecha sobre la
realidad de la ejecución del 7 de diciembre de 1815: “El
mariscal Ney murió en Luisiana donde se había convertido
en instructor. El mariscal fue salvado por intervención
austriaca y autorizado a abandonar Francia. De hecho,
cuando la familia hizo transformar la actual sepultura,
el ataúd estaba vacío. El testimonio del sepulturero es
irrefutable”. Un testimonio particularmente conmovedor
del fin de la vida de Michel Ney fue obtenido, el 8 de
abril de 1990, en el marco de un sueño magnético (en
esta técnica el médium ha sido dormido por medio
de pases magnéticos; ese sueño particular le permite
salir al encuentro de los espíritus manteniendo toda la
posibilidad de relatar su viaje): “Camino por las calles
de una pequeña aldea. Muchas casas son de madera…
Veo a un hombre bastante viejo. Golpea con sus manos.
Los niños dejan de jugar y se ponen en fila. El hombre es
el instructor. En verdad, es el mariscal Ney… Estoy en
Luisiana. El mariscal está vestido todo de negro, traje y
chaleco. Lleva además un crespón negro en la manga
derecha en señal de duelo del Imperio. Sus cabellos son
blancos, un poco rizados. Lleva patillas y se mantiene muy
derecho. Los niños lo quieren mucho; están fascinados
por todas las historias que les cuenta y, por supuesto, las
batallas napoleónicas. Luis XVIII hubiera podido hacerlo
ejecutar; es lo que hizo hacer oficialmente. Así, el mariscal
huyó de Francia con la complicidad de la policía real”. La
continuación del mensaje nos informa que Ney recibía
por la noche a algunos amigos de confianza con los que
utilizaba sus talentos de médium, en sesiones de mesitas
móviles. Fallecido seis años antes, el emperador estaba
con frecuencia en la cita, así como numerosos amigos
de Francia también pasados al más allá. Igualmente Ney
se dedicó mucho al municipio y sus habitantes, en una
vida siempre muy activa y resueltamente volcada hacia
el prójimo. Murió bastante anciano, una tarde, después
de haber contemplado largamente un pequeño retrato
de Madame Laetitia, la madre de Napoleón.
Epílogo
Uno no puede menos que conmoverse por ese cambio
completo de vida de un ex-privilegiado que extrae
lecciones de su agitada vida para dedicarse resueltamente
a los demás. El gran espíritu de Ney se volverá igualmente
guía protector, antes de dejar su protección para “volar
hacia cielos diferentes a continuar su evolución”. Más allá
del enigma histórico, el conocimiento de la vida real del
mariscal Ney nos ilumina. Como tan justamente lo dice
Sir Oliver Lodge, venido en 1988 a retomar el ejemplo y
los propósitos de Ney: “La historia puede ser una ciencia y
esa ciencia debe serviros. Evolucionar, es vencer su pasado,
evolucionar es vencer su civilización, vencer su paisaje,
vencer sus anterioridades. La evolución consiste pues en
vencer su historia”.

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