UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 1 de mayo de 2011

LAS LEVITACIONES DE TERESA DE ÁVILA LE JOURNAL SPIRITE N° 80 ABRIL 2010

ENIGMAS DE LA HISTORIA
por
JOCELYNE CHARLES

Teresa de Ávila (1515-1582) nació en España, en Ávila.
Tomó los hábitos en noviembre de 1536. Durante 27
años, Teresa de Ávila permaneció en esta comunidad
carmelita, alternando fases de enfermedad y de salud,
visitas fuera y dentro del monasterio que mantenía su
vínculo con la sociedad. Reformó las reglas monásticas
de su orden para hacerlas más austeras, endureciendo
los votos de pobreza y de silencio. Como último despojo,
exigió que las religiosas cambiaran los zapatos por
sandalias de cuero o de madera. A partir de 1562, fueron
construidos diecisiete monasterios para acoger a las que
en adelante se llamarían “las Carmelitas descalzas”.
En 1560, se le apareció un ángel y atravesó su corazón
con un “dardo de oro”; ese encuentro fue esculpido por
Bernini en 1598 y bautizado “Transverberación de Santa
Teresa”, conocido también como “Éxtasis de Santa
Teresa”, expuesto en Santa Maria della Vittoria de Roma.
Nueve meses después de su muerte, el 4 de octubre
de 1582, fue abierto el ataúd, y se encontró su cuerpo
intacto aun cuando los vestidos se habían podrido. Fue
cortado entonces en varios pedazos que se enviaron
como reliquias a España, Lisboa y Roma. El corazón,
en particular, está todavía expuesto en la iglesia de las
Carmelitas de Alba en Tormes. Canonizada en 1622, fue
una de las primeras mujeres en ser proclamada Doctora
de la Iglesia en 1970.
Teresa de Ávila vivió intensas experiencias místicas
como visiones, trances extáticos, con levitaciones.
Las levitaciones
La levitación es un fenómeno que permite al cuerpo
vencer o dominar la ley de gravedad, de tal modo que
se eleva o es elevado por encima del suelo, y permanece
un tiempo más o menos largo suspendido en el vacío
sin apoyo.
Los ejemplos de levitación son numerosos en la historia.
Varios grandes místicos cristianos son reconocidos
oficialmente por haber levitado. Teresa de Ávila es
un ejemplo. Ella misma da testimonio, en sus textos
místicos, de los fenómenos y las experiencias espirituales
que atravesó. Nos da así un testimonio personal, directo
y lúcido, de las levitaciones que vivió, a partir de 1565.
“…He tratado con todas mis fuerzas de resistir. A veces
conseguía algo; pero como de alguna manera era como
luchar contra un gigante muy fuerte, quedaba molida
y agobiada de cansancio. (…) Cuando quería resistir,
creía sentir bajo mis pies fuerzas sorprendentes que me
elevaban; no sabría con qué compararlo. Ninguna otra de
las operaciones del espíritu se acerca a tal impetuosidad.
(…) Al principio, lo confieso, era presa de un temor
excesivo al ver mi cuerpo elevado así de la tierra. (…) A menudo
mi cuerpo se hacía tan ligero que ya no tenía peso; a veces hasta
tal punto que ya casi no sentía mis pies tocando la tierra”.
Santa Teresa levitaba de manera involuntaria durante
momentos de éxtasis místico.
Numerosos testigos declaran haberla visto levitar
Don Alvaro de Mendoza, obispo de Ávila da fe del arrebato
que sorprendió a Teresa en el momento en que le daba la
comunión. Justo antes de recibir la hostia, Teresa, presa del
éxtasis, fue levantada de la tierra y, sobrepasando la altura de
la abertura por la que el prelado le presentaba la hostia, no
pudo recibirla. Otro día, Teresa que se sentía arrancada de la
tierra, se aferró a los barrotes de la reja de clausura para frenar
su ascenso, implorando a Dios una vez más que le ahorrara
esos favores aparentes. Todavía otra vez, se aferró al felpudo
que cubría las losas de la iglesia y lo arrastró en su vuelo.
Cuando fue sorprendida por la hermana santa Ana de la
Encarnación, a 25 cm. del suelo, Teresa le pidió, en nombre de
la obediencia, que no dijera nada de lo que acababa de ver.
Ella no reveló su testimonio, bajo juramento, sino trece años
después de la muerte de la santa durante una larga serie de
declaraciones oficiales.
Todas las levitaciones de Teresa de Ávila fueron consignadas
en las Acta authentica canonizationis, en el seno de las cuales
figuran numerosos testimonios. Se añade que los arrebatos de
la santa se acompañaban a veces de luminiscencia.
La apoteosis fue el encuentro entre santa Teresa y san Juan de
la Cruz; este acontecimiento es conmemorado en una pintura
del locutorio del convento de la Encarnación. Al otro lado de la
reja, san Juan de la Cruz le habla de los Misterios de la Trinidad.
De repente, san Juan se eleva por los aires, arrastrando con
él su silla suspendida por encima del suelo. En un mismo
movimiento de ingravidez mística, Teresa se elevó a su vez,
acompañando en un mismo vuelo a su santo visitante. Fue
en ese instante que la hermana Beatriz entró por casualidad
al locutorio; y es gracias a su testimonio que conocemos esta
extraordinaria comunión en ingravidez entre estos dos seres.
Antes de que se estudiara el fenómeno de la levitación
bajo el ángulo de la mediumnidad y de las facultades del
espíritu, el hecho de vencer la gravedad formaba parte de las
manifestaciones místicas, consideradas como milagrosas que
valieron a sus autores el ser beatificados o canonizados. Se
encuentran pues casos muy interesantes entre los santos, en
la historia de la Iglesia.
¿Cómo explicar el proceso de la levitación?
La materia no puede existir sin el espíritu. Ella es el resultado
de un proceso de proyección cuya fuente es el espíritu.
La génesis de la materia, es pues la historia del espíritu, de
su fuerza creadora. Es por eso que el proceso de levitación
sobre la materia viva o inerte se debe a la sola capacidad del
espíritu de modificar la estructura molecular de los cuerpos
para aligerarlos. Se comprueba que la fuerza del espíritu hace
proezas, y especialmente en los casos de éxtasis místicos.

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