UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

lunes, 25 de abril de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011 TESTIMONIO por R É G I S B E R T A U D PRIMERA ESTADÍA ESPÍRITA

                                                               GAITERO ESCOCÉS

Mi camino espiritual

Cambiar su visión del mundo, cambiar su modo de
vivir o al menos su forma de considerar la vida siguen
siendo etapas que a veces pueden tomar la apariencia
de una búsqueda sin fin.
Más allá de aquellos que piensan que han encontrado
la respuesta a sus expectativas espirituales, están los
que buscan respuestas al sentido de la vida. Muchos
avanzan a tientas sin conservar verdaderamente la
marca de la constancia, consumiendo lo espiritual
como un ave que picotea de aquí y de allá.
Para otros, el hecho de hacerse preguntas filosóficas
o espirituales puede parecer romántico; lo consideran
como una especie de reacción de defensa, una
escapatoria ante las dificultades de lo cotidiano,
esas personas prefieren entregarse a las respuestas
inmediatas, materialistas.
Yo giro en círculos
Hace veintiséis años, yo giraba en círculos. La vida se
había vuelto rítmica al punto de hacerse previsible.
En el fondo, ese período era un estado más bien
tranquilizador. Pero más allá de esta aparente
seguridad, este modelo de vida no siempre me
aportaba respuestas en cuanto al sentido de la vida.
¿Dónde estaba el lugar del hombre en este mundo?
¿Por qué se vivía aquí y para hacer qué? Las preguntas
existencialistas volvían regularmente a mi consciencia.
Siempre he pensado que el hombre precedía a los
sistemas que lo dirigen, que en realidad estaba en
su origen. La naturaleza humana debe estar pues
sobre todas estas circunstancias estructurales; para
mí, la importancia de ocuparse del hombre se hacía
evidente.
Si el hombre es eterno, si la vida no tiene fin, ¿cómo
conciliar entonces lo temporal y lo eterno? ¿Cómo
vivir considerando los dos estados, el visible y el
invisible, como imbricados uno en el otro? Yo trataba
de encontrar respuestas en los libros, en los textos
religiosos y filosóficos. También descubrí el universo
de las ciencias ocultas, del esoterismo. Necesitaba
respuestas, tanteaba y picoteaba, pero respecto a
todos esos descubrimientos, ninguno se integraba en
mi vida en forma adecuada.
Primer encuentro con el espiritismo
Fue en el recodo de una librería especializada donde
descubrí el espiritismo por medio de una revista
espírita. Apenas abierta, la cerré inmediatamente:
“Las historias de fantasmas, son para espíritus ligeros”,
pensé. Grave error que iba a reconocer. Un poco más
tarde, leía: El Libro de los Espíritus de Allan Kardec.
¡Encontré una filosofía completa, presentada de manera
justa y clara! Rápidamente, me uní a la asociación
Círculo Allan Kardec de Nancy, último bastión de un
espiritismo kardecista completo y verdadero como lo
fue en el siglo XIX. Había conseguido un comienzo de
respuesta y supe de la existencia, en el fondo de mí,
de un mundo espiritual activo y cercano que deseaba
encontrar.
El aprendizaje de la filosofía espírita
El espiritismo se realiza en tres tiempos: aprender,
comprender y aplicar. Para aprender, son necesarios las
obras y textos fundamentales. Existen muchas obras
espíritas pero hay obras de base muy formadoras y
esenciales como El Libro de los Espíritus y El Libro de
los Médiums, que alimentan el alma de un espírita en
busca de primeras respuestas. Los mensajes recibidos
en sesión espírita, desde hace más de 30 años, son
otras tantas fuentes inagotables que tocan temas
como la historia, las ciencias, el arte, la política, etc.
Descubrimiento y encuentros
Para comprender, no basta con leer. Al quedar como
simples consumidores, convertidos en literatos de
nuestros propios salones, rápidamente seríamos
invadidos por el orgullo del saber celosamente
conservado. No hace nada, y en espiritismo el compartir
es esencial. Vivir en una asociación, es actuar al lado de
personas que, los más viejos, son ricos de una historia
que han construido por su empeño. Los espíritas
de larga data son el amparo, los instructores que
permiten favorecer la comprensión de los mensajes.
Es en esos momentos cuando uno se da cuenta de la
importancia del punto de vista de cada uno, pues es
muy fácil pasar por alto algo importante.
A través de este largo recorrido, también he
descubierto que la asociación adelanta un cambio
limitado y puramente filosófico, pues el espiritismo
kardecista está vivo. Aplicar el espiritismo ofrece una
vasta elección de acciones: escribir en la revista, realizar
exposiciones, dar conferencias, vivir la experiencia de
los foros de información, del foro Internet, compartir
nuestros puntos de vista con otras asociaciones.
Actuar así para vivir plenamente la filosofía espírita.
¡Sí! Vivir para no haber estado nunca tan vivo como
entre los muertos y dar testimonio incansablemente
de su supervivencia y de su posible comunicación.
La invitación
En el marco de los desplazamientos espíritas, fui
invitado a participar en una estadía en Escocia. Eso
fue por mi parte asombro y alegría, pero también la
angustia de la primera estadía. Cuando a uno se le
anuncia una salida hacia un territorio desconocido o
muy lejano, siente ya su alma liberada de las cadenas
de una cotidianidad que no conoce y no adivina sino
demasiado cada día. La apatía sabe enlazarnos tan bien
que olvidamos que danzamos incansablemente en sus
brazos. Arrancarse de la fuerza de la costumbre y vivir
lo absoluto, he allí un hermoso programa. Para mí este
año, estaba invitado a unirme a la estadía en Escocia
en el intercambio, una estadía que incluye temas
estimuladores como el compartir, el sentimiento,
la paz, la mediumnidad, y tantos otros. Una estadía
en fuerza espiritual donde la comunicación espírita
encuentra entonces su medida y su cumplimiento.
Llegada a Escocia
En las inmediaciones de las tierras que debían
acogernos ya yo adivinaba que íbamos a encontrar un
lugar de fuerza y de gravitación. Situado en el corazón
de una naturaleza solemne, un viejo camino escarpado
nos llevaba hacia un lugar que inspira el recogimiento.
Por ese camino desembocamos en una vasta llanura
escocesa, frente a una montaña cubierta en su cumbre
de nieve perpetua. Por más de un kilómetro se elevaba
de cada lado un frente de muchas decenas de metros
de altura. Monumento vertiginoso y abrupto cuya
inclinación nos parecía casi perpendicular al suelo.
Nos sentíamos muy pequeños ante aquel espectáculo.
A lo largo de la casa y de la planicie se deslizaba un
río con guijas pulidas por siglos de contacto incesante,
una escultura mineral apreciada por muchos de
nosotros. Algunos llevaron de ellas en sus pesados
bolsillos, un poco como los niños en el camino,
recogiendo los tesoros que la madre naturaleza había
dejado para ellos aquí y allá. Varias veces durante la
estadía, me entregué a ese sonido regular y singular.
Vivía momentos simples pero hermosos y mis bolsillos
se llenaban de recuerdos que, aún hoy, me los traen a
la memoria y que yo casi calificaría de divinos.
Primera emoción
Era mi primera estadía, mi primera gran emoción.
Durante una comida, la música nos acompañaba
cuando, justo en medio de ella, comenzó The Flower
of Scotland al son de una gaita que me traspasó el
alma. Sin aviso, en una fracción de segundo, me
invadió la emoción y tuve que poner mi rostro entre
las manos y llorar intensamente, un sentimiento
fuerte, compartido por la mayoría de nosotros. Luego
al son de Higlands cathedral, alzamos nuestras copas
para rendir homenaje a Michel, hombre pero también
espírita, que durante más de 30 años supo responder
al llamado de los espíritus, comprometiendo su vida
para la realización de sus múltiples misiones entre
ellas la mediumnidad. El carácter de la mediumnidad
es inseparable del espiritismo. Sin ella no hay espíritas,
e inversamente, sin espíritas no hay mediumnidad
realizada. Existen varias maneras de recibir a los
espíritus; entre esas posibilidades, está la escritura
automática, el principio de esta manifestación lleva al
espíritu a adueñarse del brazo del médium.
Las sesiones de escritura
Siendo todo una cuestión de fluidos, la sesión necesita
ante todo el recogimiento de la asamblea espírita. Es
entonces, al cabo de algunos instantes, que la mano
del médium se desplaza sobre el papel a una velocidad
que ningún pensamiento humano podría superar. Un
mensaje toma cuerpo, un mensaje pensado en el éter
que se inscribe sobre el papel, lo que no podemos oír,
la mano del médium lo escribe para que podamos
leerlo y más tarde comprenderlo.
Ocurre a veces que a los espíritus les cuesta más
manifestarse y el texto puede perder su legibilidad. Así
descubrí el largo camino que lleva al descifrado de un
mensaje. Mensajes personales, médicos y filosóficos
entre tantos otros, nos fueron enviados a lo largo de
la estadía.
La mediumnidad
Una estadía espírita, es también una vida en común
que refuerza los lazos afectivos e intelectuales.
Sumergidos en el corazón de lugares magníficos,
vivimos plenamente el encuentro entre los espíritus
y los hombres. Vivir el espiritismo, es también vivir
la mediumnidad. Descubrí entonces el rostro oculto
de una facultad tan hermosa pero tan frágil. La
naturaleza mediúmnica es desconcertante, gracias
a su singularidad propia de una naturaleza espiritual
agudizada. Más allá de las apariencias, nuestro espíritu
brilla a la luz de la llama del médium, nuestros ojos
como ventanas liberan nuestra naturaleza profunda.
¿Se ha sido nunca más desnudado por la mirada de la
verdad que cuando los ojos del médium se clavan en
los suyos? Uno quisiera huir pero no sabría a dónde
ir, entonces en esa mirada se sumerge completo
para descubrir cuánta sinceridad está presente en
el corazón. Pensamientos y sentimientos resuenan
sobre los médiums como el viento entre las cuerdas
de un arpa, su naturaleza agota nuestros fluidos y se
empapa del aire ambiente. Entre las manifestaciones,
es una de las más sorprendentes pues necesita la
disponibilidad completa del cuerpo del médium.
En efecto, el periespíritu del médium, cuerpo semimaterial
acompañado por su espíritu, se escapa del
cuerpo físico para dejar que otro espíritu se incorpore,
por medio de su cuerpo semi-material, al cuerpo físico
del médium, por el tiempo de un mensaje.
La incorporación
Vivir la incorporación, es vivir lo excepcional, es vivir
la individualidad del espíritu que se manifiesta. La voz
cambia, los rasgos se estiran, los gestos acompañan
una identidad con mímicas reconocibles entre otras.
La voz maquilla los rostros para darles la apariencia del
alma que se incorpora.
Vivir una estadía permite también ir al encuentro de
sí mismo recibiendo un mensaje de una vida anterior.
Descubrir una vida anterior, es estar en relación con su
pasado y decirse que somos nuestros propios padres,
dando a luz una metamorfosis lenta y dolorosa a
través de la palingenesia. Entre esas revelaciones,
hay una esencial pues se refiere al nombre constante,
nombre llevado en la vida donde por primera vez se
tomó consciencia de la existencia de Dios.
El regreso
El regreso de una estadía es difícil, necesitamos
algunos días para recobrar un ritmo “normal”. Pero,
no se puede considerar la experiencia de una estadía
espírita como puede considerarse un regreso de
vacaciones. Volver con recuerdos y emociones que
compartir, he aquí también lo que es el regreso de una
estadía. Prolongar una estadía, es ofrecer un puzzle de
recuerdos que han marcado a cada uno de nosotros y
a través de ese prisma de emociones, llevar al conjunto
de los espíritas hacia este suplemento de alma.

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