UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 22 de abril de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011 par J O Ë L F R ANCHETEAU DESPUÉS DE LA MUERTE

LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011
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par
J O Ë L F R ANCHETEAU
DESPUÉS DE LA MUERTE

Cuando una persona acaba de morir, se produce el
fenómeno siguiente: el alma se separa del cuerpo físico
a causa de la ruptura del lazo periespiritual que los
une. Esa ruptura se desarrolla de manera progresiva,
pues el periespíritu se despega poco a poco de la
carne. La sensación de dolor que el alma experimenta
en el momento de la muerte es entonces resultado de
ese desacoplamiento; puede ser más fuerte, porque
ese dolor está en relación con la importancia de la
adherencia que existe en ese momento entre el cuerpo
y el periespíritu. He aquí dos ejemplos opuestos para
representar esta ley: si en el momento de la extinción
de la vida orgánica, prácticamente se ha operado el
desprendimiento del periespíritu, el alma no siente
nada. Por el contrario, si la cohesión de los dos elementos
está en toda su fuerza, se produce entonces una suerte
de desgarramiento que actúa dolorosamente sobre el
alma. Una vez rota la atadura, el espíritu de la persona
se siente bascular hacia atrás, en un movimiento circular
de forma elíptica con la impresión de descender. En
función de la entidad, esto dura un tiempo más o menos
largo; el fin de ese movimiento se traduce entonces en
el encuentro de un túnel largo y estrecho, iluminado
por un resplandor amarillento semejante al que podría
producir la electricidad. En ese momento, ciertos
espíritus penetran el túnel y otros no. Para los que lo
atraviesan, éste desemboca sobre un color azulado,
semejante a un cielo azul. En ese instante, el espíritu se
encuentra con su guía y con aquellos que ha conocido y
querido. Unos espíritus se acercan a él, que está cegado
por la luz que se atenúa poco a poco; entonces, las
siluetas se hacen más precisas y el espíritu reconoce
a sus parientes, pero sobre todo ve rostros que había
olvidado en la Tierra y conocido en vidas anteriores. La
vista de uno de estos rostros provoca el disparo de la
memoria, entonces el espíritu toma consciencia de su
estado espiritual, y según su grado de comprensión,
le vuelven progresivamente los recuerdos de sus vidas
anteriores.
La turbación
Para los que no franquearon el túnel, el movimiento
circular y la sensación de descenso continúan. Es
entonces el comienzo de imágenes relativas a la
vida que acaba de transcurrir, es lo que se llama la
turbación. El espíritu está inconsciente de su nuevo
estado y permanece cerca de las vibraciones terrestres;
en ese estado, el miedo, la duda y la amargura son los
sentimientos que dominan. El espíritu puede prolongar
ese sueño, o esa pesadilla, por muchísimo tiempo
y sus torpezas pueden dar lugar a manifestaciones
de obsesión en la Tierra. Al no estar ya el cuerpo a su
disposición, el espíritu en turbación utiliza a veces su
periespíritu para producir manifestaciones fantasmales.
En estos casos particulares, el espíritu se queda apegado
a los lugares y a las personas que ha conocido. Y es así
como muchos espíritus reencarnan instintivamente,
en el retorno natural a la materia, sin haber salido de la
turbación.
Para comprender la turbación, es necesario tomar
en cuenta sobre todo las causas y no el concepto de
duración. El paso de la vida corporal a la vida espiritual
implica un cambio de estado, que no conlleva, sin
embargo, un cambio de temperamento.
¿Qué es el más allá?
No es un lugar geográfico, nos rodea. La vida espiritual
de los espíritus se ubica en una dimensión paralela a
la nuestra, es decir más allá de la materia; los espíritus
se codean continuamente con nosotros y el más allá
es sólo el reflejo de la Tierra. Está poblado de espíritus
que tienen buenas o malas intenciones y que han
pertenecido a la Tierra. Cada entidad se encuentra en
la vida espiritual tal y como fue en la Tierra, con sus
aspiraciones, sus conocimientos y su psicología: el
alma de un humanista sigue siendo la de un espíritu
benévolo, el alma del asesino continúa haciendo mal,
un erudito conserva sus conocimientos y el ignaro no se
vuelve omnisciente.
La turbación según
la naturaleza del deceso

En la muerte natural, las fuerzas vitales disminuyen con
la edad o la enfermedad, es decir que se produce un
comienzo de separación entre el cuerpo y el espíritu
que va a facilitar el paso al más allá. Por el contrario,
cuando se trata de muertes violentas por accidentes,
asesinatos o suicidios, el desgarramiento va a ser rápido
y la separación del periespíritu no empezará sino
después de la muerte orgánica. Así, la liberación del
espíritu será más larga y en este caso en particular, el
espíritu se creerá todavía en vida hasta que se dé cuenta
de su situación.
Según la evolución del espíritu
La intensidad y la duración del sufrimiento están
función del apego que el espíritu tenga a la materia. Las
preocupaciones del hombre se concentran entonces en
la vida corporal de acuerdo a su evolución, a la educación
recibida, ya sea religiosa o materialista, y también al
miedo a la muerte. En efecto, para el materialismo no
hay nada después de la muerte; el espíritu que cree en
la nada, no comprende que la vida continúa después de
la muerte. Es evidente que un espíritu menos apegado a
lo material verá reducida su turbación. Hay igualmente
malos espíritus (poco evolucionados) que están
relativamente conscientes de su nuevo estado pero en
su rechazo a ver más lejos, siguen pensando en el mal
como en su vida encarnada. Ese más allá en el que se
encuentran los espíritus en turbación y los que son mal
intencionados es llamado comúnmente el bajo astral.

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