UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 26 de abril de 2011

F A B I E N N E T O U Z E T UN POCO DE HISTORIA ALREDEDOR DE UNA SESIÓN DE PSICOMETRÍA PSICOMETRÍA Le site de Doura Europos LE JOURNAL SPIRITE N° 82 OCTOBRE 2010

De su viaje a Siria, hace ya algunos años, mi madre me
trajo algunas piedras recogidas aquí y allá, durante
sus visitas hechas a ese país tan rico históricamente
y cuyos registros, en ciertas ciudades, sólo datan de
1928 ó de 1968. Ella sabía que en el seno del Círculo
Allan Kardec, los psicómetras trabajan sobre tales
objetos para buscar su historia.
El psicómetra tiene un periespíritu cuyas células están
bien inervadas en las células del cuerpo físico y cuando
toca un objeto, entra en telepatía con la historia de
ese objeto (ver revista Nº 66). En el mes de agosto
de 2010, Jean-Pierre Lattanzio, en visita a nuestra
extensión del sur, realizó una sesión de psicometría.
Fue un momento de emoción para nuestro pequeño
grupo y transcribimos muy escrupulosamente todas
las informaciones dadas para poder efectuar las
investigaciones históricas que puedan corroborar
su relato. Curiosamente, las dos piedras elegidas
proceden de la misma ciudad o de sus alrededores
y comenzaré entonces por la segunda pues nos ha
hecho viajar mucho más lejos en el tiempo. Cuando
uno la mira, parece un hueso fosilizado, lo cual me
parece importante para el seguimiento de su historia,
pero en primer lugar cedo la palabra a Jean-Pierre:
“Estoy en un bosque, con grandes árboles, es muy
verde, muy abrupto, tengo la impresión de estar en el
piedemonte, en las laderas, hay mucha agua. Estoy
muy lejos en el tiempo. Oigo gritos de animales, gritos
de elefantes.
Llego a un lugar un poco diferente, una suerte de
calvero, hay una loma donde se ve el cielo. Ya es de
noche. Veo muchas estrellas, toda la Vía Láctea. Al
centro veo un gran fuego y hombres. Están vestidos con
una especie de pieles de animales, deben ser hombres
de Cro-Magnon. Danzan alrededor del fuego, parece
una danza de Latinoamérica.
Gritan, hacen un ritual. Levantan los brazos hacia el
cielo, los extienden como si llamaran. Pienso que es una
ceremonia, un culto para la gente del cielo. No veo niños,
ni mujeres. Se parecen mucho a nosotros, salvo que
tienen el cabello largo y barba. Se detienen, levantan los
brazos al cielo haciendo movimientos como si quisieran
atraer algo en una suerte de mantra.
Muchas veces al año vienen a este lugar, ha habido un
acontecimiento, han visto algo en el cielo, han tenido
un contacto con los hermanos del espacio. Para ellos,
son dioses a los que veneran. Están persuadidos de que
gobiernan todo. Siguen una especie de espiritualidad
pero no logran comprender. Y cuando uno no
comprende, en esa época, son los dioses, es la magia,
son los ritos, los cultos. Les piden que les ayude a cazar,
a encontrar comida. El problema, es que algunos se
sirven de eso para dominar a toda una tribu o a todo
un pueblo.
Veo a esta gente girar, todos en el mismo sentido. Ven
a una persona que hace movimientos, que habla,
que les explica lo que hay que hacer; es una especie
de sacerdote, de religioso, que pide alimento, objetos
y bienes, y es obedecido. Ahora estoy en una suerte
de gruta donde él pasa sus días, duerme y come. Pide
también ofrendas femeninas y cada vez, estas mujeres
terminan muertas, para que no hablen. Él les dice que
es gente del cielo que las ha tomado, pero es mentira.
Eso ha durado mucho tiempo, el tiempo de su vida,
y aunque en aquellos tiempos, no era larga, pudo
vivirla plenamente. Lo veo tendido, muerto, sobre su
rostro, tiene miedo de quien está allí: ha visto algo, ha
comprendido algo y tuvo miedo. La gruta donde estaba
parecía un caos: lleno de osamentas de animales y de
mujeres que él había arrojado allí”.
Cuando abrí el archivo de fotos de mi madre con su
relato de viaje, eso me permitió apreciar los detalles
suministrados y he aquí lo que ella a su vez describe,
el programa del día con visita a la parte este de Siria y
el curso del Éufrates:
“Avanzamos por el desierto, siempre nos rodea, a
nuestra izquierda, vemos el embalse del Éufrates
construido en 1967. A lo largo del río, a la izquierda, hay
una vegetación exuberante con árboles. A mi derecha,
en cambio, hay dunas hasta perderse de vista. La
ciudad visitada lleva el nombre de Doura Europos, está
instalada sobre una meseta que domina el Éufrates a
unos cuarenta metros por encima”. Pero, ¿a qué época
nos remonta Jean-Pierre?
Hace 40.000 años, desapareció el hombre de
Neandertal y el homo sapiens quedó como
la única raza humana en la Tierra (es lo que más
nos parece). Entre 10.000 y 8.000 a.C., el clima se
recalentó. Y hacia el 8.000 a.C. los hombres que para
alimentarse perseguían la caza y recogían plantas
silvestres, renunciaron a la caza por la agricultura
y la ganadería. Desde 9.000 años a.C., comienza el
neolítico a lo largo de los ríos Éufrates, Tigris y Nilo,
en el Creciente Fértil. Esa es una región del Cercano
Oriente que se extiende desde las fronteras del Egipto
actual hasta el golfo Pérsico. Las primeras aldeas
aparecen en esta franja de tierra rodeada de desierto
y el hombre, antes nómada, se vuelve sedentario.
Sabemos que en esa época había elefantes en esa
región, y aún más tarde, pues eran cazados en las
márgenes del Éufrates por el faraón Tutmosis I.
En cuanto al resto del relato, confirma la llegada de
nuestros hermanos del espacio. Sus visitas eran más
frecuentes en esas épocas lejanas pero no siempre
comprendidas, y a menudo eran considerados como
dioses (Ver revista Nº 51).
Entonces no es asombroso que los hombres más
astutos hayan creído bueno engañarlos, el hombre
no ha cambiado mucho desde entonces. Lo que es
interesante al final del relato, es ver que antes de
morir, este falso sacerdote debió tener la visión de
lo que le esperaba y comprendió que tendría que
devolver en bien todo el mal que había hecho.
En Siria hay numerosas grutas que igualmente
sirvieron de refugio a los primeros cristianos
perseguidos por mucho tiempo. Por otra parte Pablo
de Tarso (o Saúl) había partido de Damasco hacia allá
y en el camino fue convertido y luego evangelizó el
país. Hoy nosotros lo conocemos con el nombre de
apóstol Pablo. Siria tendrá una papel importante en
la historia del cristianismo.
La historia de Siria está marcada por su ubicación
excepcional. Es un territorio de transición en la
encrucijada de varios mundos: el Mediterráneo,
Mesopotamia, Persia, India, Asia Menor, las tierras
del Cáucaso y Egipto. Está atravesada por las más
importantes vías comerciales entre Europa, China
(ruta de la seda) y la India.
En la antigüedad, Siria se extendía por un territorio
mucho más vasto que hoy y fue un campo de batalla
entre los grandes pueblos vecinos, sufriendo así
varias dominaciones. Volvemos más particularmente
a la dominación romana, pues a ella nos conduce
la otra piedra encontrada en Doura Europos.
Recordemos simplemente que fue sólo en el 312 a.C.
que el territorio tomó el nombre de reino de Siria.
Alejandro el Grande la había anexado en 333-332
a.C. (período helenístico) y después de su muerte, el
poder pasó a Seleúco I Nicátor, uno de sus generales
que fundó la dinastía de los Seleúcidas. La civilización
griega se difundió por el país y creó nuevas ciudades
como Antioquía que fue la capital y Doura Europos, la
que nos interesa aquí (Europos viene del nombre de
la aldea natal de Seleúco I y Dura significa fortaleza).
Pero, dejemos de nuevo la palabra a Jean-Pierre, que
tiene en su mano un trozo de alfarería que nos lleva a
la época de la conquista romana:
“Oigo gritos, es de noche, hay fuego un poco por todas
partes. Creo que es un período en que hay un pillaje,
un ataque. La gente corre por
todas partes, niños, mujeres,
prácticamente no hay hombres.
Es bastante pedregoso, tengo la
impresión de que es un poblado
muy antiguo, del período del
Imperio romano.
Me encuentro con una joven, un
niño pequeño. Ella está vestida
toda de blanco, tiene un aspecto
completamente enloquecido.
El niño a su lado debe tener 5-6 años, no tiene aire de
asustado, tiene la impresión de que se juega. Corre,
sigue a la mujer, que es su mamá. Ella toma un camino
de piedra, lleva algo en la mano, tiene una caja en la
mano, llena, hay objetos adentro. La veo detenerse
delante de un árbol grande que parece un gran pino.
Por todas partes, hay pinos muy pequeños, pequeños
árboles frutales, parece muy seco, como en una región
del perímetro mediterráneo.
La veo hacer un agujero con sus manos, tiene las manos
ensangrentadas, se diría que es un perro el que cava.
El niño la imita. Mete allí el objeto y vuelve a cubrir el
agujero. La veo sacar un puñal, hace una cruz sobre
el árbol (cruz cristiana). Terminado el trabajo, la veo
partir, no la veo más.
Estoy delante del árbol y paso las estaciones, los años. Es
extraño, el paisaje cambia, las tierras están cultivadas.
En esta pequeña ciudad, la naturaleza ha retomado sus
derechos. Ahora, veo a un hombre joven, tiene 20 años,
mira hacia todos lados, busca. Se detiene delante de
este árbol, lo veo de rodillas, está vestido un poco como
los nobles de la época romana, con una gran túnica.
Tiene una espada encima, es extraño, se arrodilla y
hace la señal de la cruz (extraño para un romano). Lo
veo cavar, recuerda todo lo que ha pasado: su madre, la
joven mujer lo ha salvado de una muerte cierta. Habían
sido atacados por los bárbaros que querían saquear,
matar y destruir. Desentierra el objeto o al menos cava.
Recupera simplemente un medallón. Para él, es algo
simbólico, su padre lo llevaba antes pero su madre le
había dicho que lo recuperara el día que pudiera. Hoy,
ella ya no está y él piensa en ella, como la que lo salvó,
la que simplemente lo amó”.
Al principio, la ciudad de Doura Europos debió ser
solamente una colonia militar, no se convirtió en
ciudad sino después de siglo y medio de existencia.
El plano se inspira en los principios del urbanismo
helenístico. Sufrió transformaciones en el transcurso
de las invasiones.
Entre 114 y 116 d.C., el romano Trajano ocupó la
ciudad por primera vez. En 165 d.C. la ciudad fue
reconquistada por las tropas romanas y el cuarto
norte de la ciudad fue transformado en campamento
romano. En la propia ciudad, la construcción de
un templo militar, de tres termas y de un mercado
cerrado puede atribuirse al ejército romano. En el
mismo período, aparecen una sinagoga pintada y
una casa particular de dos piezas reservadas a la
celebración del culto cristiano perseguido.
También es necesario saber, en lo que se refiere a la
historia del joven en la psicometría, que los ejércitos
de los conquistadores a veces enrolaban a los
jóvenes de los países invadidos para abultar las filas
de combatientes pero su corazón había permanecido
cristiano. Desgraciadamente sólo podemos
extrapolar y nos hubiera encantado conocer la
“película” completa. En otra oportunidad, quizás…

lunes, 25 de abril de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011 TESTIMONIO por R É G I S B E R T A U D PRIMERA ESTADÍA ESPÍRITA

                                                               GAITERO ESCOCÉS

Mi camino espiritual

Cambiar su visión del mundo, cambiar su modo de
vivir o al menos su forma de considerar la vida siguen
siendo etapas que a veces pueden tomar la apariencia
de una búsqueda sin fin.
Más allá de aquellos que piensan que han encontrado
la respuesta a sus expectativas espirituales, están los
que buscan respuestas al sentido de la vida. Muchos
avanzan a tientas sin conservar verdaderamente la
marca de la constancia, consumiendo lo espiritual
como un ave que picotea de aquí y de allá.
Para otros, el hecho de hacerse preguntas filosóficas
o espirituales puede parecer romántico; lo consideran
como una especie de reacción de defensa, una
escapatoria ante las dificultades de lo cotidiano,
esas personas prefieren entregarse a las respuestas
inmediatas, materialistas.
Yo giro en círculos
Hace veintiséis años, yo giraba en círculos. La vida se
había vuelto rítmica al punto de hacerse previsible.
En el fondo, ese período era un estado más bien
tranquilizador. Pero más allá de esta aparente
seguridad, este modelo de vida no siempre me
aportaba respuestas en cuanto al sentido de la vida.
¿Dónde estaba el lugar del hombre en este mundo?
¿Por qué se vivía aquí y para hacer qué? Las preguntas
existencialistas volvían regularmente a mi consciencia.
Siempre he pensado que el hombre precedía a los
sistemas que lo dirigen, que en realidad estaba en
su origen. La naturaleza humana debe estar pues
sobre todas estas circunstancias estructurales; para
mí, la importancia de ocuparse del hombre se hacía
evidente.
Si el hombre es eterno, si la vida no tiene fin, ¿cómo
conciliar entonces lo temporal y lo eterno? ¿Cómo
vivir considerando los dos estados, el visible y el
invisible, como imbricados uno en el otro? Yo trataba
de encontrar respuestas en los libros, en los textos
religiosos y filosóficos. También descubrí el universo
de las ciencias ocultas, del esoterismo. Necesitaba
respuestas, tanteaba y picoteaba, pero respecto a
todos esos descubrimientos, ninguno se integraba en
mi vida en forma adecuada.
Primer encuentro con el espiritismo
Fue en el recodo de una librería especializada donde
descubrí el espiritismo por medio de una revista
espírita. Apenas abierta, la cerré inmediatamente:
“Las historias de fantasmas, son para espíritus ligeros”,
pensé. Grave error que iba a reconocer. Un poco más
tarde, leía: El Libro de los Espíritus de Allan Kardec.
¡Encontré una filosofía completa, presentada de manera
justa y clara! Rápidamente, me uní a la asociación
Círculo Allan Kardec de Nancy, último bastión de un
espiritismo kardecista completo y verdadero como lo
fue en el siglo XIX. Había conseguido un comienzo de
respuesta y supe de la existencia, en el fondo de mí,
de un mundo espiritual activo y cercano que deseaba
encontrar.
El aprendizaje de la filosofía espírita
El espiritismo se realiza en tres tiempos: aprender,
comprender y aplicar. Para aprender, son necesarios las
obras y textos fundamentales. Existen muchas obras
espíritas pero hay obras de base muy formadoras y
esenciales como El Libro de los Espíritus y El Libro de
los Médiums, que alimentan el alma de un espírita en
busca de primeras respuestas. Los mensajes recibidos
en sesión espírita, desde hace más de 30 años, son
otras tantas fuentes inagotables que tocan temas
como la historia, las ciencias, el arte, la política, etc.
Descubrimiento y encuentros
Para comprender, no basta con leer. Al quedar como
simples consumidores, convertidos en literatos de
nuestros propios salones, rápidamente seríamos
invadidos por el orgullo del saber celosamente
conservado. No hace nada, y en espiritismo el compartir
es esencial. Vivir en una asociación, es actuar al lado de
personas que, los más viejos, son ricos de una historia
que han construido por su empeño. Los espíritas
de larga data son el amparo, los instructores que
permiten favorecer la comprensión de los mensajes.
Es en esos momentos cuando uno se da cuenta de la
importancia del punto de vista de cada uno, pues es
muy fácil pasar por alto algo importante.
A través de este largo recorrido, también he
descubierto que la asociación adelanta un cambio
limitado y puramente filosófico, pues el espiritismo
kardecista está vivo. Aplicar el espiritismo ofrece una
vasta elección de acciones: escribir en la revista, realizar
exposiciones, dar conferencias, vivir la experiencia de
los foros de información, del foro Internet, compartir
nuestros puntos de vista con otras asociaciones.
Actuar así para vivir plenamente la filosofía espírita.
¡Sí! Vivir para no haber estado nunca tan vivo como
entre los muertos y dar testimonio incansablemente
de su supervivencia y de su posible comunicación.
La invitación
En el marco de los desplazamientos espíritas, fui
invitado a participar en una estadía en Escocia. Eso
fue por mi parte asombro y alegría, pero también la
angustia de la primera estadía. Cuando a uno se le
anuncia una salida hacia un territorio desconocido o
muy lejano, siente ya su alma liberada de las cadenas
de una cotidianidad que no conoce y no adivina sino
demasiado cada día. La apatía sabe enlazarnos tan bien
que olvidamos que danzamos incansablemente en sus
brazos. Arrancarse de la fuerza de la costumbre y vivir
lo absoluto, he allí un hermoso programa. Para mí este
año, estaba invitado a unirme a la estadía en Escocia
en el intercambio, una estadía que incluye temas
estimuladores como el compartir, el sentimiento,
la paz, la mediumnidad, y tantos otros. Una estadía
en fuerza espiritual donde la comunicación espírita
encuentra entonces su medida y su cumplimiento.
Llegada a Escocia
En las inmediaciones de las tierras que debían
acogernos ya yo adivinaba que íbamos a encontrar un
lugar de fuerza y de gravitación. Situado en el corazón
de una naturaleza solemne, un viejo camino escarpado
nos llevaba hacia un lugar que inspira el recogimiento.
Por ese camino desembocamos en una vasta llanura
escocesa, frente a una montaña cubierta en su cumbre
de nieve perpetua. Por más de un kilómetro se elevaba
de cada lado un frente de muchas decenas de metros
de altura. Monumento vertiginoso y abrupto cuya
inclinación nos parecía casi perpendicular al suelo.
Nos sentíamos muy pequeños ante aquel espectáculo.
A lo largo de la casa y de la planicie se deslizaba un
río con guijas pulidas por siglos de contacto incesante,
una escultura mineral apreciada por muchos de
nosotros. Algunos llevaron de ellas en sus pesados
bolsillos, un poco como los niños en el camino,
recogiendo los tesoros que la madre naturaleza había
dejado para ellos aquí y allá. Varias veces durante la
estadía, me entregué a ese sonido regular y singular.
Vivía momentos simples pero hermosos y mis bolsillos
se llenaban de recuerdos que, aún hoy, me los traen a
la memoria y que yo casi calificaría de divinos.
Primera emoción
Era mi primera estadía, mi primera gran emoción.
Durante una comida, la música nos acompañaba
cuando, justo en medio de ella, comenzó The Flower
of Scotland al son de una gaita que me traspasó el
alma. Sin aviso, en una fracción de segundo, me
invadió la emoción y tuve que poner mi rostro entre
las manos y llorar intensamente, un sentimiento
fuerte, compartido por la mayoría de nosotros. Luego
al son de Higlands cathedral, alzamos nuestras copas
para rendir homenaje a Michel, hombre pero también
espírita, que durante más de 30 años supo responder
al llamado de los espíritus, comprometiendo su vida
para la realización de sus múltiples misiones entre
ellas la mediumnidad. El carácter de la mediumnidad
es inseparable del espiritismo. Sin ella no hay espíritas,
e inversamente, sin espíritas no hay mediumnidad
realizada. Existen varias maneras de recibir a los
espíritus; entre esas posibilidades, está la escritura
automática, el principio de esta manifestación lleva al
espíritu a adueñarse del brazo del médium.
Las sesiones de escritura
Siendo todo una cuestión de fluidos, la sesión necesita
ante todo el recogimiento de la asamblea espírita. Es
entonces, al cabo de algunos instantes, que la mano
del médium se desplaza sobre el papel a una velocidad
que ningún pensamiento humano podría superar. Un
mensaje toma cuerpo, un mensaje pensado en el éter
que se inscribe sobre el papel, lo que no podemos oír,
la mano del médium lo escribe para que podamos
leerlo y más tarde comprenderlo.
Ocurre a veces que a los espíritus les cuesta más
manifestarse y el texto puede perder su legibilidad. Así
descubrí el largo camino que lleva al descifrado de un
mensaje. Mensajes personales, médicos y filosóficos
entre tantos otros, nos fueron enviados a lo largo de
la estadía.
La mediumnidad
Una estadía espírita, es también una vida en común
que refuerza los lazos afectivos e intelectuales.
Sumergidos en el corazón de lugares magníficos,
vivimos plenamente el encuentro entre los espíritus
y los hombres. Vivir el espiritismo, es también vivir
la mediumnidad. Descubrí entonces el rostro oculto
de una facultad tan hermosa pero tan frágil. La
naturaleza mediúmnica es desconcertante, gracias
a su singularidad propia de una naturaleza espiritual
agudizada. Más allá de las apariencias, nuestro espíritu
brilla a la luz de la llama del médium, nuestros ojos
como ventanas liberan nuestra naturaleza profunda.
¿Se ha sido nunca más desnudado por la mirada de la
verdad que cuando los ojos del médium se clavan en
los suyos? Uno quisiera huir pero no sabría a dónde
ir, entonces en esa mirada se sumerge completo
para descubrir cuánta sinceridad está presente en
el corazón. Pensamientos y sentimientos resuenan
sobre los médiums como el viento entre las cuerdas
de un arpa, su naturaleza agota nuestros fluidos y se
empapa del aire ambiente. Entre las manifestaciones,
es una de las más sorprendentes pues necesita la
disponibilidad completa del cuerpo del médium.
En efecto, el periespíritu del médium, cuerpo semimaterial
acompañado por su espíritu, se escapa del
cuerpo físico para dejar que otro espíritu se incorpore,
por medio de su cuerpo semi-material, al cuerpo físico
del médium, por el tiempo de un mensaje.
La incorporación
Vivir la incorporación, es vivir lo excepcional, es vivir
la individualidad del espíritu que se manifiesta. La voz
cambia, los rasgos se estiran, los gestos acompañan
una identidad con mímicas reconocibles entre otras.
La voz maquilla los rostros para darles la apariencia del
alma que se incorpora.
Vivir una estadía permite también ir al encuentro de
sí mismo recibiendo un mensaje de una vida anterior.
Descubrir una vida anterior, es estar en relación con su
pasado y decirse que somos nuestros propios padres,
dando a luz una metamorfosis lenta y dolorosa a
través de la palingenesia. Entre esas revelaciones,
hay una esencial pues se refiere al nombre constante,
nombre llevado en la vida donde por primera vez se
tomó consciencia de la existencia de Dios.
El regreso
El regreso de una estadía es difícil, necesitamos
algunos días para recobrar un ritmo “normal”. Pero,
no se puede considerar la experiencia de una estadía
espírita como puede considerarse un regreso de
vacaciones. Volver con recuerdos y emociones que
compartir, he aquí también lo que es el regreso de una
estadía. Prolongar una estadía, es ofrecer un puzzle de
recuerdos que han marcado a cada uno de nosotros y
a través de ese prisma de emociones, llevar al conjunto
de los espíritas hacia este suplemento de alma.

TRÁNSITO AL MÁS ALLÁ : TESTIMONIOS A R C H I V O LA VIDA DE LOS ESPÍRITUS EN EL MÁS ALLÁ LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011

TRÁNSITO
AL MÁS ALLÁ :
TESTIMONIOS

¿Cómo viven los espíritas, miembros de nuestro Círculo,
o sus parientes su tránsito al más allá? Devenidos en
espíritus, son los más indicados para expresarse sobre
su partida. He aquí sus testimonios.
Odette Debever
El 4 de mayo de 1999, Odette Debever
retornó al mundo de los espíritus.
Tenía 85 años y era miembro del
Círculo Allan Kardec con su marido
Gaston, desde hace más de veinte
años. Hacía varios meses que
Odette se sumía progresivamente en la inconsciencia,
y esperaba el tránsito al más allá, donde sabía que la
esperaban. Estaba convencida de que podría proseguir
su vida con más energía y vitalidad, porque se despojaba
de un cuerpo usado para encontrar la libertad. Se durmió
en la vida para despertar en la supervivencia. La víspera
de su entierro, Odette se dirigió naturalmente por el
camino de la comunicación espírita y se manifestó por
uno de los médiums. Ya había encontrado a muchos de
sus parientes, su mamá, su hermano. Ella estaba bien,
sólo que todavía cansada. Deseaba dirigirse en primer
lugar a Gaston, su marido. Le habló, lo tranquilizó, le
repitió que no estaba sola y que estaba tranquila en su
nuevo estado.
Gaston Debever
Gaston Debever, esposo de Odette,
se fue en vísperas de sus cien años,
el 21 de octubre de 2007, luego de
treinta años de fidelidad a su ideal
espírita. He aquí un extracto del
mensaje recibido en sesión el 9 de
enero de 2008:
“A todos ustedes, sólo tengo una palabra que decir y una
pequeña frase: soy feliz. Pero allí no puede detenerse mi
propósito. Mi propósito se convierte de ahora en adelante
en un propósito de eternidad, porque he regresado a la
eternidad, porque vivo en el corazón y en el coro (*) de la
verdad que me ha hecho vivir, esperar y actuar desde
hace más de treinta años. He encontrado a todos mis
hermanos, y a Cyprien mi guía, que me esperaba… A
todos les diré, eran multitud, estaban resplandecientes de
amor, representaban mi convicción. Sí, incondicional del
espíritu sigo y seguiré siempre. No he sufrido, me dormí
pensando en mi guía, dejé la Tierra para volver el éter y
allí donde estoy, allí donde descubro lo que ya sabía, pero
que evalúo con diferencia y fuerza; la vida continúa y el
combate sigue…”
(*) Gaston había dirigido durante mucho tiempo una coral en
Nancy, era jefe de “coro” según el término.

Marcelle Pigois
Marcelle Pigois conoció el Círculo
Allan Kardec por intermedio de sus
amigos Odette y Gaston Debever, y
se asoció en 1979. Ella murió el 9 de
abril de 2007, a la edad de 96 años.
En marzo de 2009, nos describió su
tránsito al más allá, y su encuentro
con su hijo Jean-Marie, fallecido varios años antes y
convertido en su guía:
“Sí, he sufrido, pero más en la espera que en el tránsito,
que no fue sino felicidad y liberación. Yo esperaba esta
liberación, con la serenidad de una espírita que ha
encontrado el espíritu y no lo ha dejado nunca, por
haberlo recibido, comprendido y escuchado. Es lo que
les deseo a todos, porque este sentimiento no puede
traducirse sino en fuerza y en confianza. Fue mi cuerpo
el que sufrió las últimas semanas, y mi espíritu sufría
por estar siempre prisionero de él. Entonces, llegó el
momento y fue durante el sueño que la libertad fue mía.
Fue entonces cuando vi a Jean-Marie, mi hijo, mi niño
por quien tanto había llorado, convertido en mi guía en
el amor. Tenía miedo de estar soñando pues cada día,
le rogaba que me liberara de mi cuerpo. Pero no, este
no era un sueño. Era la felicidad y la vida, era el amor,
simplemente. Lo seguí por un túnel de luz. Yo volaba,
repentinamente ligera, abandonando el recuerdo de
ese cuerpo y sus dolores. Si hubo caída, no fue sino de
corta duración. Si hubo torbellino, me fue agradable
porque lo esperaba, porque el amor me arrastraba
en un arrobamiento espiritual. Luego, allí estaban los
demás, todos los demás, Gaston (Pigois) mi esposo,
Maria Ricci mi hermana, y todos nuestros guías. Había
allí, y no puedo citarlos a todos, una nube de espíritus,
todos conocidos, todos queridos, que me acogían, que
me cantaban… Y estaba esta música, he amado tanto
la música que ella no podía sino acompañarme. Había
coros presentes, cantos, todo un concierto lírico. Era
maravilloso, y creo que me dormí algunos momentos,
quizás algunos días en aquel arrobamiento sonoro y
amoroso para reposar de mi camino terrenal. Cuánta
belleza, cuánta bondad, cuánta verdad, y el espíritu
renace a su verdadera naturaleza para avanzar siempre
hacia su devenir en sus acciones, en su misión… Es pues,
de mi felicidad y de mi libertad total que doy testimonio
ante todos ustedes”.
Maurice Debever
Acabamos de leer los testimonios
de los esposos Debever y de
su amiga Marcelle Pigois que
eran espíritas, miembros del
Círculo Allan Kardec. He aquí otro
testimonio de una persona no
espírita, pero que había oído hablar
del espiritismo, a su hermano y su cuñada, es decir a
Gaston y Odette. Fallecido mucho antes que ellos, he
aquí su testimonio obtenido por vía de incorporación
en 1986:
“Vean ustedes, yo tuve la suerte de tener un hermano y
una cuñada espíritas. Por otra parte, ellos no dejaron de
tratar de compartir conmigo sus propias convicciones;
de las cuales, debo confesarlo, con frecuencia dudé, y
sin embargo respeté. Cuando desperté del otro lado,
mi asombro fue tan grande que me quedé atrapado en
recuerdos, quedé atrapado en el pasado, súbitamente
recordé los temas divulgados por Gaston y Odette, sobre
todo por Odette, además. Y el recuerdo ayuda, entonces
comprendí que no soñaba y que estaba bien muerto y
que en materia de muerte, no había sino la vida y que
los espíritus nos esperaban. Por otra parte, papá vino
a mi encuentro… En realidad, todo iba muy bien para
alguien que, sin demasiado mérito ni convicción, se
despertaba en el otro mundo. Vean ustedes, eso podría
parecer hasta muy fácil, quizás hasta demasiado fácil.
En efecto, creo que ese es el caso y me siento un tanto
privilegiado en mi tránsito de la vida física a la vida
espiritual. Lo que también me ha ayudado mucho, es
el progresivo despertar de la memoria. Cuando ustedes
llegan al más allá, primero son cegados por una luz muy
fuerte, adivinan muchas presencias pero no distinguen
las formas con precisión y luego la luz se atenúa un
poco. Entonces, las formas se vuelven más precisas y
luego reconocen a los suyos, pero lo que es extraño,
lo que es extraordinario por encima de todo, es que
ustedes encuentran otros rostros que habían olvidado
en la Tierra y que reconocen súbitamente. Pueden
reconocer a un padre, un hermano, una hermana,
una esposa o un amigo. La vista de ese solo rostro es
el disparador de la memoria completa y de las vidas
anteriores, vida tras vida, vuelven bruscamente a la
superficie. El recuerdo de nuestras anterioridades facilita
entonces la toma de consciencia. Otros además de
mí, en el mismo estado que yo, siempre pueden seguir
pensando que sueñan, rechazar su muerte, rechazar
las palabras tranquilizadoras que son expuestas por
los buenos espíritus que nos acogen. Entonces, entran
progresivamente en lo que se llama la turbación, ellos
son los autores de su turbación. Lo cual quiere decir que,
a pesar de todo, lo que se les manifiesta a ustedes, ya sea
en algunas palabras, ya sea en algunas frases, cuando
viven en la Tierra y sobre todo cuando están al final de
esa vida, es muy importante, incluso determinante,
para la continuación de las cosas. Es lo que es necesario
comprender y es eso lo que hay que retener…”
Maurice no era espírita pero había escuchado las
palabras de su hermano y de su cuñada, sobre la vida
después de la muerte, palabras a las cuales no había
prestado mayor atención. Pero los recuerdos regresan
a su memoria al cambiar de mundo. Las palabras
escuchadas pueden ser la clave de la luz que espera a
las personas recién fallecidas, al final del túnel.

viernes, 22 de abril de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011 par J O Ë L F R ANCHETEAU DESPUÉS DE LA MUERTE

LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011
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par
J O Ë L F R ANCHETEAU
DESPUÉS DE LA MUERTE

Cuando una persona acaba de morir, se produce el
fenómeno siguiente: el alma se separa del cuerpo físico
a causa de la ruptura del lazo periespiritual que los
une. Esa ruptura se desarrolla de manera progresiva,
pues el periespíritu se despega poco a poco de la
carne. La sensación de dolor que el alma experimenta
en el momento de la muerte es entonces resultado de
ese desacoplamiento; puede ser más fuerte, porque
ese dolor está en relación con la importancia de la
adherencia que existe en ese momento entre el cuerpo
y el periespíritu. He aquí dos ejemplos opuestos para
representar esta ley: si en el momento de la extinción
de la vida orgánica, prácticamente se ha operado el
desprendimiento del periespíritu, el alma no siente
nada. Por el contrario, si la cohesión de los dos elementos
está en toda su fuerza, se produce entonces una suerte
de desgarramiento que actúa dolorosamente sobre el
alma. Una vez rota la atadura, el espíritu de la persona
se siente bascular hacia atrás, en un movimiento circular
de forma elíptica con la impresión de descender. En
función de la entidad, esto dura un tiempo más o menos
largo; el fin de ese movimiento se traduce entonces en
el encuentro de un túnel largo y estrecho, iluminado
por un resplandor amarillento semejante al que podría
producir la electricidad. En ese momento, ciertos
espíritus penetran el túnel y otros no. Para los que lo
atraviesan, éste desemboca sobre un color azulado,
semejante a un cielo azul. En ese instante, el espíritu se
encuentra con su guía y con aquellos que ha conocido y
querido. Unos espíritus se acercan a él, que está cegado
por la luz que se atenúa poco a poco; entonces, las
siluetas se hacen más precisas y el espíritu reconoce
a sus parientes, pero sobre todo ve rostros que había
olvidado en la Tierra y conocido en vidas anteriores. La
vista de uno de estos rostros provoca el disparo de la
memoria, entonces el espíritu toma consciencia de su
estado espiritual, y según su grado de comprensión,
le vuelven progresivamente los recuerdos de sus vidas
anteriores.
La turbación
Para los que no franquearon el túnel, el movimiento
circular y la sensación de descenso continúan. Es
entonces el comienzo de imágenes relativas a la
vida que acaba de transcurrir, es lo que se llama la
turbación. El espíritu está inconsciente de su nuevo
estado y permanece cerca de las vibraciones terrestres;
en ese estado, el miedo, la duda y la amargura son los
sentimientos que dominan. El espíritu puede prolongar
ese sueño, o esa pesadilla, por muchísimo tiempo
y sus torpezas pueden dar lugar a manifestaciones
de obsesión en la Tierra. Al no estar ya el cuerpo a su
disposición, el espíritu en turbación utiliza a veces su
periespíritu para producir manifestaciones fantasmales.
En estos casos particulares, el espíritu se queda apegado
a los lugares y a las personas que ha conocido. Y es así
como muchos espíritus reencarnan instintivamente,
en el retorno natural a la materia, sin haber salido de la
turbación.
Para comprender la turbación, es necesario tomar
en cuenta sobre todo las causas y no el concepto de
duración. El paso de la vida corporal a la vida espiritual
implica un cambio de estado, que no conlleva, sin
embargo, un cambio de temperamento.
¿Qué es el más allá?
No es un lugar geográfico, nos rodea. La vida espiritual
de los espíritus se ubica en una dimensión paralela a
la nuestra, es decir más allá de la materia; los espíritus
se codean continuamente con nosotros y el más allá
es sólo el reflejo de la Tierra. Está poblado de espíritus
que tienen buenas o malas intenciones y que han
pertenecido a la Tierra. Cada entidad se encuentra en
la vida espiritual tal y como fue en la Tierra, con sus
aspiraciones, sus conocimientos y su psicología: el
alma de un humanista sigue siendo la de un espíritu
benévolo, el alma del asesino continúa haciendo mal,
un erudito conserva sus conocimientos y el ignaro no se
vuelve omnisciente.
La turbación según
la naturaleza del deceso

En la muerte natural, las fuerzas vitales disminuyen con
la edad o la enfermedad, es decir que se produce un
comienzo de separación entre el cuerpo y el espíritu
que va a facilitar el paso al más allá. Por el contrario,
cuando se trata de muertes violentas por accidentes,
asesinatos o suicidios, el desgarramiento va a ser rápido
y la separación del periespíritu no empezará sino
después de la muerte orgánica. Así, la liberación del
espíritu será más larga y en este caso en particular, el
espíritu se creerá todavía en vida hasta que se dé cuenta
de su situación.
Según la evolución del espíritu
La intensidad y la duración del sufrimiento están
función del apego que el espíritu tenga a la materia. Las
preocupaciones del hombre se concentran entonces en
la vida corporal de acuerdo a su evolución, a la educación
recibida, ya sea religiosa o materialista, y también al
miedo a la muerte. En efecto, para el materialismo no
hay nada después de la muerte; el espíritu que cree en
la nada, no comprende que la vida continúa después de
la muerte. Es evidente que un espíritu menos apegado a
lo material verá reducida su turbación. Hay igualmente
malos espíritus (poco evolucionados) que están
relativamente conscientes de su nuevo estado pero en
su rechazo a ver más lejos, siguen pensando en el mal
como en su vida encarnada. Ese más allá en el que se
encuentran los espíritus en turbación y los que son mal
intencionados es llamado comúnmente el bajo astral.