UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

jueves, 31 de marzo de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 76 ABRIL 2009 D O S S I E R SUEÑOS Y PREMONICIONES por CHRISTOPHE CHEVALIER


LE JOURNAL SPIRITE N° 76 ABRIL 2009
D O S S I E R
SUEÑOS Y PREMONICIONES
por
CHRISTOPHE CHEVALIER

El dossier de Le Journal
Spirite se centra más
precisamente sobre el
fenómeno del sueño.
Abordaremos en este
artículo, la diferencia
entre el sueño y el
sonambulismo, la
manifestación física de
éste y su origen.
Durante las diferentes
fases del sueño, sucede
que una persona se
levanta y se ocupa de sus
asuntos o se desplaza
de un lugar a otro.
Se habla entonces de
sonambulismo. Muchos
de nosotros conocemos
o hemos oído hablar
de las personas
sonámbulas. Se trata del
“sonambulismo natural”.
Este estado ya suscitaba
el interés de Allan Kardec en su tiempo, y lo pregunta
en El Libro de los Espíritus. Veamos las respuestas
proporcionadas por los espíritus: “Es una independencia
del alma más completa que en el sueño y entonces sus
facultades están más desarrolladas; tiene las percepciones
que no tiene en el sueño que es un estado imperfecto
de sonambulismo”. He aquí un comienzo de respuesta
interesante que nos presenta el sonambulismo como
una manifestación más avanzada que el sueño. En este
caso se impone una reflexión, pues, en el sueño el espíritu
recupera cierta libertad. Utilizar un cuerpo dormido no
es sinónimo de libertad ni de independencia. Veamos la
continuación de la respuesta: “En el sonambulismo, el
espíritu se pertenece completamente a sí mismo: los
órganos materiales que
en cierta forma están
en catalepsia, ya no
reciben las impresiones
externas. Cuando se
producen los hechos
de sonambulismo,
es porque el espíritu,
preocupado por una
cosa u otra, se entrega
a una acción cualquiera
que necesita el empleo
de su cuerpo del cual
se sirve entonces de
manera análoga al
empleo que hace de
una mesa o de cualquier
otro objeto material”.
Es preciso entonces
comprender esto:
el ser humano está
compuesto por tres
elementos: el espíritu,
es decir el ser espiritual
inmaterial, inteligente,
dotado de reflexión y de razonamiento; el periespíritu,
cuerpo energético, vehículo del espíritu; y el cuerpo
físico, hecho de la materia del medio donde el espíritu
encarna. Cada noche, durante unas dos horas, el espíritu
deja su envoltura carnal para unirse a los éteres y
regenerarse. Es entonces cuando el espíritu vive el más
allá y puede acordarse al despertar, bajo la forma de
ensueños, de sus encuentros y sensaciones, durante
la libertad encontrada temporalmente. Sin embargo,
el espíritu no utiliza la totalidad de sus facultades en
esta desincorporación donde ya no hay interacción con
el cuerpo. Por la respuesta referida en El Libro de los
Espíritus, se comprende que el estado de sonambulismo
es la suma de la desincorporación del espíritu y de la
capacidad de las fuerzas de éste para actuar sobre su
cuerpo a fin de realizar las acciones que le preocupan.
Para ilustrar estas palabras, he aquí un ejemplo de
sonambulismo natural observado por el profesor
Soave quien enseñaba filosofía e historia natural en
la universidad de Padua, ejemplo extraído del libro de
Gabriel Delanne El Espiritismo ante la Ciencia:
“Un farmacéutico de Pavía, versado en química, a quien
se deben importantes descubrimientos, se levantaba
todas las noches durante su sueño e iba a su laboratorio
para retomar allí sus trabajos inacabados. Encendía los
hornos, colocaba los alambiques, retortas, matraces,
etc. …y proseguía sus experimentos con una prudencia
y una agilidad que no hubiera podido tener estando
despierto; manejaba las sustancias más peligrosas
y los venenos más violentos sin que le ocurriera el
menor accidente. Cuando le había faltado tiempo
en el día para preparar las recetas que le entregaban
los médicos, las tomaba del cajón donde estaban
guardadas, las abría, las colocaba una al lado de otra
sobre la mesa y procedía a su preparación con todo
el cuidado y todas las precauciones deseables. Era
verdaderamente extraordinario verlo tomar la balanza,
elegir los gramos, decigramos y centigramos, pesar
con precisión farmacéutica las dosis más mínimas
de las sustancias de las que estaban compuestas
las recetas, triturarlas, mezclarlas, revisarlas, luego
ponerlas en frascos o paquetes según la naturaleza
de los remedios, pegar las etiquetas y finalmente
almacenarlos en orden sobre los estantes de la
farmacia, listos para ser entregados cuando fueran
a recogerlos. Terminados los trabajos, apagaba los
hornos, volvía a poner en su sitio los objetos utilizados
y retornaba a su cama donde dormía tranquilamente
hasta el momento de despertar”.
El profesor Soave hacía notar que este farmacéutico
sonámbulo tenía los ojos cerrados durante esos
trabajos nocturnos y que la simple memorización de
los lugares no era suficiente para la realización de
los trabajos y que la preparación de las recetas cuyo
contenido desconocía seguía siendo inexplicable. He
aquí la explicación espírita de este fenómeno. Si un
sonámbulo puede movilizarse en un apartamento,
escribir o trabajar con los ojos cerrados, es porque existe
en él una fuerza que lo dirige con seguridad fuera de los
sentidos utilizados habitualmente en estado de vigilia,
puede decirse entonces con certeza que es el alma o el
espíritu que predomina sobre los órganos utilizados en
estado de conciencia.
He aquí otro ejemplo para argumentar el hecho de que
el espíritu es capaz de ver a través de la materia. Se ha
extraído de la enciclopedia del artículo “sonambulismo”.
Relata el hecho siguiente: “Un joven abad se levantaba
cada noche, iba a su despacho, componía los sermones
y se acostaba. Unos amigos suyos, deseosos de saber
si verdaderamente dormía, lo espiaron; y una noche
en que escribía como de costumbre, interpusieron un
gran cartón entre sus ojos y el papel. No se interrumpió
en absoluto, continuó su redacción, y en cuanto la
hubo terminado se acostó como tenía por costumbre
hacer, sin sospechar la prueba a la que acababa de ser
sometido. El autor del artículo agrega: cuando había
acabado una página, la leía en voz alta, de un extremo
al otro (esta acción la realizaba sin el concurso de
los ojos). Entonces si alguna cosa le desagradaba,
la retocaba y escribía encima las correcciones con
gran exactitud. He visto el comienzo de uno de sus
sermones que había escrito dormido; me pareció
bastante bien hecho y correctamente escrito. Pero
hizo una corrección sorprendente: habiendo escrito
en un lugar ‘ce divin enfant’, creyó, al releerlo, que
debía sustituir la palabra ‘divin’ por ‘adorable’; pero vio
que el ‘ce’, colocado delante de divin, no podía ir con
adorable; de manera que añadió muy hábilmente una
‘t’ al lado de las letras anteriores, para que se leyera
‘cet adorable enfant’. El sonámbulo ve pues a través
de los cuerpos opacos que no son obstáculos sino
para nuestros órganos todavía rudimentarios, pero no
para el espíritu que atraviesa libremente la materia”.
Estas observaciones alentaron a Allan Kardec a hacer
a los espíritus la siguiente pregunta: ¿Cómo puede
el sonámbulo ver a través de los cuerpos opacos?
Respuesta: No hay cuerpos opacos más que para
vuestros órganos rudimentarios; ¿no os hemos dicho
que, para el espíritu, la materia no es en absoluto un
obstáculo, pues la atraviesa libremente?
Ciertos sonámbulos, como para ver mejor, aplican los
objetos sobre el epigastrio o sobre la nuca. Ve entonces
por todas las partes de su cuerpo. Está fuera de su
cuerpo al que ve. Ve pues con toda su alma. Al no estar
la vista del alma o del espíritu circunscrita ni tener sede
determinada, se explica por qué los sonámbulos no
pueden asignarle un órgano particular. He aquí un punto
importante aclarado. Sin embargo, quedan muchos
otros y en particular, este razonamiento:
¿El sonámbulo actúa de manera mecánica o razona
de manera inteligente? He aquí otro ejemplo extraído
del libro de Gabriel Delanne El Espiritismo ante la Ciencia.
Es referido por el doctor Esquirol que cuenta que un
farmacéutico se levantaba todas las noches y preparaba
las pociones cuyas fórmulas encontraba sobre la mesa.
Para saber si el juicio actuaba en este farmacéutico
sonámbulo o si no había más que movimientos
automáticos, un médico puso sobre el mostrador de
la farmacia la nota siguiente: “Sublimado corrosivo: 2
dracmas, agua destilada: 4 onzas a tragar de una vez”.
Habiéndose levantado el farmacéutico durante su sueño,
bajó como siempre a su laboratorio, tomó la receta, la
leyó varias veces, pareció muy asombrado y comenzó el
monólogo siguiente que el autor del relato, oculto en el
laboratorio, escribió palabra por palabra: “Es imposible
que el doctor no se haya equivocado al redactar
su fórmula; 2 granos ya sería mucho, y aquí ha
escrito de manera legible 2 dracmas. Pero 2
dracmas hacen más de 150 granos, es más de lo
que se necesita para envenenar a 280 personas;
sin duda el doctor se ha equivocado. Me niego a
preparar esta poción”. El sonámbulo tomó luego
diversas recetas que estaban sobre la mesa, las
preparó, las etiquetó y las ordenó en fila para ser
entregadas al día siguiente. Este ejemplo prueba
que sí hay una reflexión y un razonamiento. Hay
allí una prueba suplementaria de la existencia del
espíritu que trasciende la materia y que nuestros
sentidos son considerablemente exacerbados
bajo la influencia del espíritu. Para comprender
nos hace falta todavía admitir la existencia de
un principio espiritual.
Esto nos lleva a otra forma de sonambulismo que
se acompaña con la visión a distancia. En efecto, la
persona sujeta al sonambulismo puede practicar
a veces la visión a distancia, no como si se mirara
un objeto desde lejos como podría hacerse con un
catalejo o con un par de prismáticos, pues no es
el objeto que se acerca sino es el espíritu que se
desplaza. En el sueño, el espíritu, la parte inmaterial
de nuestro ser, se traslada instantáneamente por
el espacio, conducido por el pensamiento y la
voluntad. Se desarraiga entonces de su envoltura
carnal durante un tiempo más o menos largo.
Durante ese período, el cuerpo parece anonadado
y la palabra es más sorda, al estar la vida espiritual
entera en el lugar donde su pensamiento la ha
transportado. Sin embargo, el sujeto puede
experimentar físicamente impresiones de calor o
frío, o bien otras sensaciones del lugar donde se
encuentra su espíritu pues siempre se halla unido
a su cuerpo por una atadura fluídica que sigue
siendo la conductora de las sensaciones. Esta
separación puede engendrar también cansancio
para el cuerpo, sobre todo cuando el espíritu
se entrega a un trabajo activo. La clarividencia
del sonámbulo, la fuente de las ideas innatas,
el hecho de que pueda hablar con soltura y
exactitud de cosas desconocidas en estado de
vigilia, que a veces pueden estar por encima de sus
capacidades intelectuales, hay que relacionarlo
con el hecho de que el sujeto dispone de muchos
más conocimientos que los que sabe, que están
registrados en el periespíritu y por tanto no están
disponibles en estado de vigilia.
Finalmente, concluiremos este artículo precisando
que el sonambulismo puede ser provocado por
medio de pases magnéticos. Hablamos entonces
de sueño magnético que ya ha sido objeto de
varias disertaciones en nuestro Jornal Spirite
(N°62 y N°64) que les invitamos a leer o a releer.

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