UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 19 de marzo de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 74 OCTOBRE 2008 D O S S I E R LAS VIDAS SUCESIVAS por CHRISTOPHE CHEVALIER

LE JOURNAL SPIRITE N° 74 OCTOBRE 2008
D O S S I E R
LAS VIDAS SUCESIVAS
por
CHRISTOPHE CHEVALIER

LAS EXPERIENCIAS DEL CONDE
ALBERT DE ROCHAS

En esta revista tienen ustedes a su disposición varios artículos
que tratan de la reencarnación y de los diferentes medios
que permiten conseguir información sobre este asunto que
nos concierne a todos. Durante la historia del espiritismo y
en la búsqueda de las pruebas de la supervivencia del alma,
muchos hombres se han interesado en el aspecto científico del
espiritismo, realizando numerosos trabajos y experimentos
para poner en evidencia el principio de la vida después de
la muerte. La hipnosis es un medio extraordinario que
contribuye a probar de manera indiscutible la supervivencia
del alma, la reencarnación y el doble periespiritual.
Un hombre en particular, el coronel Conde Albert de
Rochas d’Aiglun, supo demostrarlo por este medio y
sus numerosos experimentos. Nacido en 1837, el conde
de Rochas entró a la escuela Politécnica en 1857 y a la
Academia militar de aplicación de Metz en 1859. En 1900,
dejó el ejército activo para pasar al ejército territorial
y ocupar las funciones civiles de administrador de la
Escuela Politécnica, donde esperaba encontrar mayores
facilidades para sus estudios científicos. La parte de la
obra científica y literaria de Albert de Rochas que no se
relaciona con las ciencias psíquicas es considerable, por
ejemplo sus estudios de historia militar y topografía y los
clásicos en Francia y en Italia. Albert de Rochas aportó
numerosas contribuciones al estudio de la psicología
trascendental, primero con investigaciones históricas y
muy poco después con las investigaciones experimentales.
Del estudio de los “estados superficiales de la hipnosis”,
pasó al de los “estados profundos”, luego al de la
“exteriorización del doble” en lo que tiene de sensibilidad y
motricidad. Luego de sus observaciones sobre la regresión
de la memoria, adquirió la certeza de la supervivencia del
alma y de su reencarnación. Sus experimentos fueron
objeto de un libro: Las vidas sucesivas.
De este libro se ha extraído una de las experiencias más
significativas para el avance de la idea espírita, puesto que es
la que aportará un gran número de pruebas. Es importante
precisar que el coronel Albert de Rochas no practicaba la
hipnosis tal y como se la conoce y practica hoy en día. En
efecto, él no utilizaba la sugestión como podían hacerlo
los doctores Liébault, Bernheim o Charcot y con los cuales,
por otra parte, estaba en desacuerdo, particularmente
con Charcot, tanto sobre la técnica como sobre las
diferentes denominaciones de los estados hipnóticos.
Albert de Rochas utilizaba el magnetismo y practicaba al
estilo de los antiguos hipnotizadores; administraba pases
longitudinales para inducir la hipnosis en sus sujetos e
igualmente presiones o imposición de manos sobre ciertas
partes del cuerpo que eran, según él, zonas hipnógenas. No
hacía sugestiones regresivas sino que guiaba a sus sujetos
por medio del interrogatorio simple.
Sus primeras investigaciones y experimentos se
concentraron en las manifestaciones del cuerpo fluídico. Su
primera tentativa tuvo lugar con la Sra. Lambert con quien
experimentó muchas veces con el objetivo de exteriorizar
su doble frente a testigos. Hizo muchas otras, pero una
de ellas nos llama la atención. Este experimento fue
realizado en la escuela de medicina de Grenoble, en 1904,
en presencia del doctor Bourdier, testigo de la aparición
del fantasma del sujeto hipnotizado. El doctor Bourdier dio
testimonio de que esta materialización fantasmal era la
reproducción exacta del cuerpo físico del sujeto.
Esto se desarrolló según el ejercicio siguiente: un día de
primavera en abril de 1904, Albert de Rochas intentó
el experimento de la exteriorización del doble de su
paciente. En el transcurso de la sesión, el doctor Bourdier,
entonces presente y testigo de esta materialización física,
trató de tocar el periespíritu del paciente. En un primer
momento, no experimentó ninguna sensación al tacto,
pero el sujeto pudo dar testimonio del contacto percibido
entonces. Luego, el doctor Bourdier colocó su índice con
cuidado sobre un punto preciso y lo introdujo en el doble
exteriorizado sin informar al sujeto. Entonces éste fue
capaz de ubicar con precisión sobre su cuerpo el órgano
apuntado por el doctor. Es preciso recordar que el sujeto
estaba profundamente hipnotizado, tenía los ojos cerrados
y se habían tomado todas las precauciones para comprobar
la seriedad del experimento y excluir todo fraude.
Esta experiencia es esencial por varias razones: Prueba
la existencia del doble periespiritual en el interior del
cuerpo físico, prueba la exteriorización de este doble y
por tanto la posible supervivencia de la persona fuera de
su cuerpo. Demuestra igualmente que entonces, siendo
sensible a los contactos exteriores por las impresiones
sentidas y repercutidas en el cuerpo físico, este doble
está vivo. La prueba estaba hecha: el ser humano está
compuesto por la materia de su cuerpo físico, un doble
hecho de materia etérea, vivo y sensible, siendo todo
dirigido por la personalidad del sujeto, dicho además por
el espíritu. Este ejemplo dado es esencial pues marca el
comienzo de una larga investigación. Está en el origen
de la prueba de la supervivencia del alma, lo cual me
permite tomar un nuevo impulso sobre el tema que
particularmente nos interesa aquí: las vidas sucesivas.
En cada uno de sus experimentos, Albert de Rochas se
rodeó siempre de precauciones, como la presencia de un
tercero que tomaba apuntes a medida que se producían
las sesiones y los fenómenos. Ese tercero no se arriesgaba a
ser influenciado por una eventual expectativa, suposición
o interpretación, como podría serlo Albert de Rochas. Los
informes tomados por estos terceros no serían modificados
y sirvieron para autenticar ciertos experimentos. Más
adelante volveré sobre el testimonio anterior para aclarar
ciertos puntos que son muy interesantes en el estudio.
El caso de Joséphine
En 1904, Joséphine era una señorita de dieciocho años que
vivía en Voiron. Albert de Rochas tuvo ocasión de observar
su sensibilidad al magnetismo cuando la atendió después
de una caída que la hirió severamente en la cadera.
Decidió magnetizarla y dormirla con pases longitudinales
para observar los fenómenos que presentaría. Quedó
muy sorprendido al comprobar que, muy rápidamente
bajo la influencia de los pases magnéticos, Joséphine
se encontraba en la edad de siete años sin ninguna
sugestión. Él entabló entonces un diálogo y le preguntó
qué hacía: “Voy a la escuela”. ¿Sabes escribir? “Sí, estoy
empezando”. Le deslizó una pluma en la mano y ella se
puso a escribir las palabras “papá” y “mamá”. Él continuó
con los pases para regresarla a la edad de cinco años y
le dio un pañuelo diciéndole que era una muñeca, ella
pareció muy contenta y se puso a mimarla. Su apariencia
era entonces la de una chiquilla de esa edad. Nuevos
pases y, probablemente estaba en la cuna y ya no podía
hablar. Le puso la punta del dedo en la boca y ella se puso
a mamarlo. Fin de la primera sesión.
Albert de Rochas siguió experimentando con esta
señorita. Observó que ya no hablaba y que respondía a sus
preguntas por señas. Así fue como en diferentes sesiones,
le informó que aún no había nacido, que el cuerpo en que
debía encarnar se encontraba en el vientre de su madre y
que se envolvía alrededor de éste.
Nueva sesión durante la cual Albert de Rochas aumentó
el número de pases magnéticos y la chica comenzó a
hablar. Pero en lugar de la voz débil que podía esperarse,
la joven se expresó con una voz de hombre, mostrando
una personalidad huraña. El experimento siguió y en un
sueño más profundo todavía, la voz de hombre se volvió
la de un anciano que dio por fin algunas informaciones
referentes a él. Dijo llamarse Jean-Claude Bourdon,
que había nacido en 1812 y que vivía en un pequeño
caserío llamado Champvent en el municipio de Polliat,
pero desconocía el departamento. Había ido a la escuela
hasta los dieciocho años, sólo en invierno, y no aprendía
gran cosa pues a menudo faltaba. Dijo también haber
hecho su servicio militar en el 7º Regimiento de artillería
en Besançon, que debería haber permanecido allí siete
años, pero que la muerte de su padre lo liberó al cabo de
cuatro años. No tenía ningún recuerdo de los nombres
de sus oficiales, pero dijo haberse divertido bastante con
sus camaradas y con las chicas. Contó entonces algunas
de sus aventuras haciendo ademán de rizarse el bigote.
La chica imitaba el gesto. Luego, contó su regreso al
país. Envejeció solo y murió de una larga enfermedad
a los setenta años. Albert de Rochas le preguntó que si,
durante su enfermedad, había pensado en hacer venir al
cura. He aquí la respuesta: “Te estás burlando de mí. ¿Tú
crees en todas las tonterías que él cuenta? ¡Bah! ¡Cuando
uno se muere, es para siempre!” Sin embargo, contó a
su manera su tránsito al más allá. Se sintió salir de su
cuerpo pero permaneció muy apegado a él durante un
tiempo bastante largo. Pudo seguir su entierro flotando
por encima del ataúd. Y oyó a la gente que decía de él:
“¡Por fin se fue!”. Luego al llegar a la iglesia, contó que
el cura que daba vueltas alrededor del ataúd, produjo
una especie de muro ligeramente luminoso que lo ponía
un poco al abrigo de los malos espíritus que querían
abalanzarse sobre él. Además las oraciones del cura
lo tranquilizaron un poco. Dio testimonio también de
haberse quedado en el cementerio cerca de su cuerpo
y que podía sentir cómo se descomponía y ver los
gusanos que lo atacaban. Todo eso duró un cierto tiempo
y luego vivió en una oscuridad que le fue muy penosa,
pero no sufría pues no había matado ni robado. Sin
comprender verdaderamente lo que le pasaba, hizo notar
que la muerte no era lo que él pensaba y que no debería
haberse burlado del cura. Permaneció en la oscuridad en
la que se había sumido hasta el momento en que tuvo la
inspiración de reencarnar y de acercarse a la que debía
ser su futura madre. Así, se regresa al principio de este
testimonio cuando Albert de Rochas hace retroceder a la
chica hasta el vientre de su madre.
Análisis del experimento y búsqueda de pruebas
Albert de Rochas buscó las pruebas de este relato rico en
informaciones. Respecto a los lugares, encontró el caserío
de Champvent, cerca de Polliat, en el departamento del Ain,
y lo pudo localizar también en el mapa de Estado Mayor.
En cuanto a Joséphine, ella había nacido en Manziat que
se halla también en el departamento del Ain. En estado de
vigilia, no conocía el caserío de Champvent y no recordaba
haberlo oído nombrar. En cuanto a la localización del
7º Regimiento de artillería, éste estuvo emplazado en
Besançon entre 1832 y 1837. Aunque no haya fecha
precisa para su salida del regimiento, el período parece
corresponder. En estado consciente, Joséphine no parecía
enterada, allí tampoco, de estas diferentes informaciones
geográficas. En lo que concierne la búsqueda del estado
civil de Jean-Claude Bourdon, Albert de Rochas escribió
al cura de Polliat para saber si quedaban rastros de este
señor en su parroquia. Pero no había ninguno. Sin embargo,
ese nombre estaba muy extendido en un municipio
vecino distante algunos kilómetros, más precisamente
en Griège. Estas observaciones nos muestran cierta
coherencia en la búsqueda de información sobre la vida
anterior de Joséphine. Es lamentable no disponer de
más informaciones sobre el estado civil de Jean-Claude
Bourdon; esto debido quizás al hecho de que su caserío
no estaba vinculado claramente a una parroquia precisa.
No obstante, esta experiencia es sorprendente en la
medida en que la joven Joséphine se expresaba con voz
de hombre y con expresiones verbales que de ninguna
manera eran normales en ella cuando estaba despierta.
Esto en cuanto al testimonio de su vida anterior.
Ahora, detengámonos en la descripción de su más allá.
El propio Jean Claude Bourdon afirma no creer en las
sandeces del cura y piensa que todo se detiene con la
muerte. Sin embargo, se siente dejar su cuerpo aunque
se queda en su entorno muy cercano. Para él es una gran
confusión, pues lo que sucede va en contra de su certeza
de la nada. ¡Sigue viviendo! Por el momento su más allá
se reduce a seguir a su cuerpo, pues dice flotar encima y
asiste a toda la ceremonia de su entierro. Luego, cuenta
que podía sentir su cuerpo descomponiéndose y los
gusanos royéndolo, lo cual se explica por el hecho de que
no tenía ninguna conciencia de la supervivencia. Además,
a este espíritu que está muy cercano a su cuerpo, al punto
de sentir todos sus cambios físicos, la sorpresa “de flotar
sobre su cuerpo” lo ha confundido profundamente. Lo que
hace que siempre tenga la noción del tiempo que pasa y
esa proximidad con su envoltura carnal induce a que sienta
los estragos de la descomposición. Esta situación, aunque
duró algún tiempo, cesó luego. ¿Es posible que haya sido
ayudado por un pensamiento liberador de alguien que,
en cierto momento, rezó sinceramente para despertar su
espíritu a fin de que se apartara de esa proximidad física
que lo hacía sufrir? Dice que desembocó en las tinieblas,
lo cual va a describir como penoso, aunque sin sufrimiento,
y añade que eso es debido al hecho de no haber matado
ni robado. Eso demanda una cierta conciencia adquirida
por el tiempo pasado en el más allá. El encuentro con su
guía y otros espíritus, ha podido ayudarlo en esa reflexión.
Dice también que tuvo la inspiración
de reencarnar y que se acercó a la que
se convertiría en su futura madre. Es
posible entonces que este espíritu no
haya reencarnado en la turbación y que
se le ofreciera una nueva conciencia.
Aunque el guía no aparezca en el relato,
es probable que estuviera detrás de la
“inspiración de reencarnar”.
Albert de Rochas experimentó con
numerosos sujetos, sin embargo, no
todos los relatos y testimonios que
consiguió son verificables o válidos.
Él mismo estima que sólo el 20% de
los casos son auténticos. Siempre fue
muy prudente con su experimentación,
pues los sujetos dormidos no tienen
todos la misma sensibilidad y la misma
receptividad al magnetismo que les
permite dejarse llevar por la regresión
hipnótica. Ciertas personas tendrán más
tendencia a dejar lugar a su imaginación
o sus fantasmas por el hecho de que
la hipnosis no hace presa en ellas por
razones que les son propias. Es necesario
relatarles aquí las impresiones de Albert
de Rochas respecto a su propio trabajo
de experimentación: estaba lejos de
imaginar el trabajo de investigación y
coordinación que eso le iba a exigir. Le
hizo falta un número importante de
sesiones para el caso antes citado, para
completar y comprender las situaciones
que se le ofrecían. Pues no sabía en
absoluto a dónde le conduciría la joven
Joséphine; fue a fuerza de investigación,
perspicacia y objetividad que este caso
pudo ser relatado, pero también varios
otros que están reunidos en su libro "Las
vidas sucesivas".
Un trabajo a ser continuado
Los espíritus que se manifiestan a los
espíritas y más particularmente junto
a los hipnotizadores en desarrollo, nos
llaman a trabajar la hipnosis espírita
que sabrá, también, poner en evidencia
las presencias del espíritu, del doble
etérico y de la reencarnación. El
objetivo ya no es probar la existencia
del espíritu, del periespíritu y de la
supervivencia, sino más bien desarrollar
una medicina complementaria en la
cual la hipnosis espírita tendrá su lugar
y su importancia.

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