UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 22 de marzo de 2011

EDUCAR SÍ, PERO, ¿CÓMO? LE JOURNAL SPIRITE N° 77 JULIO 2009

 JEAN JACQUES ROUSSEAU                                      



LAS VIDAS SUCESIVAS
por
PAT R I C IA SAL I BA


La educación, sujeta a diversas teorías, refleja tanto ayer
como hoy lo que el hombre convertido en adulto debe
ser en una sociedad en movimiento. Al alba del siglo
XXI, nuestras sociedades crean a menudo el malestar
que arrastra cada vez a más niños y adolescentes a
la tormenta. Porque no encuentra respuesta a sus
incertidumbres y dificultades de vida, esta juventud,
busca a toda costa paraísos artificiales, se compromete en
movimientos sectarios o trata de suicidarse.
                                                                                                                                     
                                                      JOHANN HEINRICH PESTALOZZI

Obnubilada por una sociedad de consumo que multiplica las
necesidades, la juventud carece a menudo de atención
y de amor en familias destruidas. La educación actual
tiende a reprimir la curiosidad natural e intelectual de
un niño, no explota las riquezas de esa niñez. Ya sea por
las películas, los juegos o la cotidianidad, el adulto lo              
arrastra cada vez más hacia un mundo de competición,
de competencia, halagando al mismo tiempo su orgullo
y su violencia, olvidando que cada ser humano tiene
derecho a ganar su libertad y rechazar ser dominado.
Rousseau sabía que era ilusorio querer formar libremente
a un hombre en una sociedad donde prevalece la
desigualdad, y que era ilusorio esperar transformar la
sociedad si no se dispone de hombres libres, listos para
sacrificarse por esa libertad, por la igualdad de todos ante
la ley: “Es necesario estudiar la sociedad por los hombres, y
los hombres por la sociedad”.
¿Qué respuestas tenemos para proponerles?
Es fundamental enseñar a estos niños el camino
de la esperanza, pero no en la facilidad ya sea ésta
económica, política o religiosa. La sociedad se transforma
rápidamente, no hace falta mentirle a esa juventud que
busca, sino insistir en propuestas de esfuerzo y voluntad,
de ánimo y lucidez.
Como espíritas, defendemos la idea de la reencarnación.
El espíritu que regresa necesita ser guiado en su camino
evolutivo, rodeado por adultos que lo protejan y lo
amen, sin mentira ni disimulo. ¿Por qué halagar a un
niño? ¿Qué tiene de superior a los demás? Ante sus
preexistencias donde conoció el orgullo, halagarlo es
darle de nuevo la posibilidad de hacerlo renacer. El
niño no es ni ángel, ni demonio, es un espíritu
reencarnado con su propia evolución que ha elegido su
camino, una misión a menudo diferente de la deseada
por los padres. Respetar al niño en ese espíritu, es darle
todas las oportunidades de avanzar y ser feliz. Un niño
no es una marioneta a quien uno puede imponerle su
propia elección de acciones o pensamientos, sino un
adulto en desarrollo a quien se sugiere y se propone, y
a quien se le da la posibilidad de descubrir y aprender a
respetar el mundo que le rodea.
Nuestra sociedad de hoy produce también los niños
llamados “hiperactivos”, es decir cuya actividad motora
está acrecentada y desordenada, acompañada de
impulsividad, reacciones agresivas y desórdenes de la
atención que perturban su eficiencia escolar. Del 3 al
6% de los niños son diagnosticados en edad escolar
como enfermos. Qué es entonces la hiperactividad, sino
seguramente el desfase entre la naturaleza espiritual y la
naturaleza de nuevo material.
Cuando el espíritu reencarna, el pasado se borra
progresivamente y es un alma de niño lista para
soñar, aprender y progresar que va a crecer. Para
eso, es importante no ocultar la verdad sobre las
injusticias de nuestro mundo, ni sobre las dificultades
del vivir. Para desarrollarse, el niño necesita recibir
la fuerza y el sentimiento que pida. Ese espíritu que
regresa necesita recibir mucho de aquellos que le han
permitido este regreso.
Volver a aprender la niñez, es lo que numerosos padres
tienden a olvidar. Hoy en día el ritmo de nuestras
sociedades hace ocultar las necesidades fundamentales
del niño con excepción de las necesidades vitales. ¿Y si
cada padre se tomara el tiempo para escuchar, proponer
la enseñanza del dibujo, de la música, de la naturaleza,
del deporte y hacer nacer así una pasión? No se trata
de fabricar genios, sino simplemente niños abiertos a
su propio imaginario, a su propia creatividad. Nuestras
sociedades, nuestra organización, nuestra educación,
ya no responden a esa naturaleza que reencarna. En
nuestro mundo que se ha vuelto exageradamente
materialista, ya no existe todo un contexto, sino poco,
que favorezca una cierta plenitud para el equilibrio
de la infancia. Cada vez más padres, estresados ellos
mismos por su cotidianidad, no pueden aportar a sus
hijos el alimento indispensable para el espíritu.
Se habla de desorden, se inventan nuevos términos,
cuando basta con pensar en la vida y los estilos de
vida indispensables a nuestras naturalezas espirituales
reencarnadas. Si uno se pregunta sobre un niño, quizás
haga falta reflexionar y no considerarlo como un ser
aparte o diferente. Según las naturalezas, unos se adaptan
más que otros al estrés permanente de una sociedad mal
representada y mal gobernada.
En el plano escolar, los cincuenta últimos años han
propuesto a toda una juventud teorías pedagógicas
contradictorias. El resultado es revelador, los niños de
las clases secundarias tienen graves lagunas en sus
conocimientos globales. Muchos padres llegan a la triste
conclusión de que sus propios padres tenían un nivel
superior de conocimientos sobre las bases elementales
de lectura, escritura y cálculo. Pero “¡hay que vivir
con su época!” podrían retrucar los intelectuales que
proponen los manuales escolares de hoy. A este
respecto, es revelador comprobar ciertos olvidos en
el plano histórico. Sí pero, ¿qué ganas tiene un niño a
quien no se le abre el espíritu, de ir a ver en la Internet
la multitud de informaciones propuestas? ¿Qué
comprensión puede tener sobre el respeto debido a los
demás si no conoce ni sus derechos, ni sus deberes?
¿Qué preguntas puede hacerse sobre la historia de su
país o su geografía si no encuentra allí ningún interés?
Las lagunas de hoy preparan una generación de incultos
cuando nunca se les había llevado tanta información y
aprendizaje. En cambio, es cierto que quizás están mejor
informados sobre economía, sobre el valor del dinero
y sobre la posibilidad de enriquecerse, si es posible,
con un mínimo de esfuerzo. Por supuesto, no todos los
niños tienen estas lagunas pero es porque quizás han
tenido la oportunidad de tener presentes cerca adultos
conscientes de su papel. ¿Y si después de todo un niño
prefiere no ser bachiller sino un artesano orgulloso de
su oficio? ¿Por qué desde el kindergarten, ciertos niños
ya son observados y hasta señalados como malos
estudiantes o futuros delincuentes? Lo que la enseñanza
debería aportar a cada alumno, son las bases sólidas de
una cultura general para que pueda hacer una elección,
cualquiera que sea la actividad, sin desvalorizarla nunca,
y el deseo de completar esa enseñanza al margen de
la educación escolar, el deseo de aprender. Pestalozzi,
discípulo de Rousseau, consideraba que el niño debía ser
el sujeto activo de su aprendizaje; su principio esencial
era hacer todo lo posible para que el niño pusiera en
práctica su propia voluntad.
Educar es guiar, no para uno mismo sino para dar a cada
niño la posibilidad de ser lo más feliz posible según su
elección, decidida antes de su regreso. La enseñanza dada
sobre este asunto a través del espiritismo así como las
palabras de los espíritus, son una riqueza pedagógica que
se apoya sobre el sentimiento y la conciencia de lo que es
un niño, es decir un espíritu en busca de evolución.

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