UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

jueves, 31 de marzo de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 76 ABRIL 2009 D O S S I E R SUEÑOS Y PREMONICIONES por CHRISTOPHE CHEVALIER


LE JOURNAL SPIRITE N° 76 ABRIL 2009
D O S S I E R
SUEÑOS Y PREMONICIONES
por
CHRISTOPHE CHEVALIER

El dossier de Le Journal
Spirite se centra más
precisamente sobre el
fenómeno del sueño.
Abordaremos en este
artículo, la diferencia
entre el sueño y el
sonambulismo, la
manifestación física de
éste y su origen.
Durante las diferentes
fases del sueño, sucede
que una persona se
levanta y se ocupa de sus
asuntos o se desplaza
de un lugar a otro.
Se habla entonces de
sonambulismo. Muchos
de nosotros conocemos
o hemos oído hablar
de las personas
sonámbulas. Se trata del
“sonambulismo natural”.
Este estado ya suscitaba
el interés de Allan Kardec en su tiempo, y lo pregunta
en El Libro de los Espíritus. Veamos las respuestas
proporcionadas por los espíritus: “Es una independencia
del alma más completa que en el sueño y entonces sus
facultades están más desarrolladas; tiene las percepciones
que no tiene en el sueño que es un estado imperfecto
de sonambulismo”. He aquí un comienzo de respuesta
interesante que nos presenta el sonambulismo como
una manifestación más avanzada que el sueño. En este
caso se impone una reflexión, pues, en el sueño el espíritu
recupera cierta libertad. Utilizar un cuerpo dormido no
es sinónimo de libertad ni de independencia. Veamos la
continuación de la respuesta: “En el sonambulismo, el
espíritu se pertenece completamente a sí mismo: los
órganos materiales que
en cierta forma están
en catalepsia, ya no
reciben las impresiones
externas. Cuando se
producen los hechos
de sonambulismo,
es porque el espíritu,
preocupado por una
cosa u otra, se entrega
a una acción cualquiera
que necesita el empleo
de su cuerpo del cual
se sirve entonces de
manera análoga al
empleo que hace de
una mesa o de cualquier
otro objeto material”.
Es preciso entonces
comprender esto:
el ser humano está
compuesto por tres
elementos: el espíritu,
es decir el ser espiritual
inmaterial, inteligente,
dotado de reflexión y de razonamiento; el periespíritu,
cuerpo energético, vehículo del espíritu; y el cuerpo
físico, hecho de la materia del medio donde el espíritu
encarna. Cada noche, durante unas dos horas, el espíritu
deja su envoltura carnal para unirse a los éteres y
regenerarse. Es entonces cuando el espíritu vive el más
allá y puede acordarse al despertar, bajo la forma de
ensueños, de sus encuentros y sensaciones, durante
la libertad encontrada temporalmente. Sin embargo,
el espíritu no utiliza la totalidad de sus facultades en
esta desincorporación donde ya no hay interacción con
el cuerpo. Por la respuesta referida en El Libro de los
Espíritus, se comprende que el estado de sonambulismo
es la suma de la desincorporación del espíritu y de la
capacidad de las fuerzas de éste para actuar sobre su
cuerpo a fin de realizar las acciones que le preocupan.
Para ilustrar estas palabras, he aquí un ejemplo de
sonambulismo natural observado por el profesor
Soave quien enseñaba filosofía e historia natural en
la universidad de Padua, ejemplo extraído del libro de
Gabriel Delanne El Espiritismo ante la Ciencia:
“Un farmacéutico de Pavía, versado en química, a quien
se deben importantes descubrimientos, se levantaba
todas las noches durante su sueño e iba a su laboratorio
para retomar allí sus trabajos inacabados. Encendía los
hornos, colocaba los alambiques, retortas, matraces,
etc. …y proseguía sus experimentos con una prudencia
y una agilidad que no hubiera podido tener estando
despierto; manejaba las sustancias más peligrosas
y los venenos más violentos sin que le ocurriera el
menor accidente. Cuando le había faltado tiempo
en el día para preparar las recetas que le entregaban
los médicos, las tomaba del cajón donde estaban
guardadas, las abría, las colocaba una al lado de otra
sobre la mesa y procedía a su preparación con todo
el cuidado y todas las precauciones deseables. Era
verdaderamente extraordinario verlo tomar la balanza,
elegir los gramos, decigramos y centigramos, pesar
con precisión farmacéutica las dosis más mínimas
de las sustancias de las que estaban compuestas
las recetas, triturarlas, mezclarlas, revisarlas, luego
ponerlas en frascos o paquetes según la naturaleza
de los remedios, pegar las etiquetas y finalmente
almacenarlos en orden sobre los estantes de la
farmacia, listos para ser entregados cuando fueran
a recogerlos. Terminados los trabajos, apagaba los
hornos, volvía a poner en su sitio los objetos utilizados
y retornaba a su cama donde dormía tranquilamente
hasta el momento de despertar”.
El profesor Soave hacía notar que este farmacéutico
sonámbulo tenía los ojos cerrados durante esos
trabajos nocturnos y que la simple memorización de
los lugares no era suficiente para la realización de
los trabajos y que la preparación de las recetas cuyo
contenido desconocía seguía siendo inexplicable. He
aquí la explicación espírita de este fenómeno. Si un
sonámbulo puede movilizarse en un apartamento,
escribir o trabajar con los ojos cerrados, es porque existe
en él una fuerza que lo dirige con seguridad fuera de los
sentidos utilizados habitualmente en estado de vigilia,
puede decirse entonces con certeza que es el alma o el
espíritu que predomina sobre los órganos utilizados en
estado de conciencia.
He aquí otro ejemplo para argumentar el hecho de que
el espíritu es capaz de ver a través de la materia. Se ha
extraído de la enciclopedia del artículo “sonambulismo”.
Relata el hecho siguiente: “Un joven abad se levantaba
cada noche, iba a su despacho, componía los sermones
y se acostaba. Unos amigos suyos, deseosos de saber
si verdaderamente dormía, lo espiaron; y una noche
en que escribía como de costumbre, interpusieron un
gran cartón entre sus ojos y el papel. No se interrumpió
en absoluto, continuó su redacción, y en cuanto la
hubo terminado se acostó como tenía por costumbre
hacer, sin sospechar la prueba a la que acababa de ser
sometido. El autor del artículo agrega: cuando había
acabado una página, la leía en voz alta, de un extremo
al otro (esta acción la realizaba sin el concurso de
los ojos). Entonces si alguna cosa le desagradaba,
la retocaba y escribía encima las correcciones con
gran exactitud. He visto el comienzo de uno de sus
sermones que había escrito dormido; me pareció
bastante bien hecho y correctamente escrito. Pero
hizo una corrección sorprendente: habiendo escrito
en un lugar ‘ce divin enfant’, creyó, al releerlo, que
debía sustituir la palabra ‘divin’ por ‘adorable’; pero vio
que el ‘ce’, colocado delante de divin, no podía ir con
adorable; de manera que añadió muy hábilmente una
‘t’ al lado de las letras anteriores, para que se leyera
‘cet adorable enfant’. El sonámbulo ve pues a través
de los cuerpos opacos que no son obstáculos sino
para nuestros órganos todavía rudimentarios, pero no
para el espíritu que atraviesa libremente la materia”.
Estas observaciones alentaron a Allan Kardec a hacer
a los espíritus la siguiente pregunta: ¿Cómo puede
el sonámbulo ver a través de los cuerpos opacos?
Respuesta: No hay cuerpos opacos más que para
vuestros órganos rudimentarios; ¿no os hemos dicho
que, para el espíritu, la materia no es en absoluto un
obstáculo, pues la atraviesa libremente?
Ciertos sonámbulos, como para ver mejor, aplican los
objetos sobre el epigastrio o sobre la nuca. Ve entonces
por todas las partes de su cuerpo. Está fuera de su
cuerpo al que ve. Ve pues con toda su alma. Al no estar
la vista del alma o del espíritu circunscrita ni tener sede
determinada, se explica por qué los sonámbulos no
pueden asignarle un órgano particular. He aquí un punto
importante aclarado. Sin embargo, quedan muchos
otros y en particular, este razonamiento:
¿El sonámbulo actúa de manera mecánica o razona
de manera inteligente? He aquí otro ejemplo extraído
del libro de Gabriel Delanne El Espiritismo ante la Ciencia.
Es referido por el doctor Esquirol que cuenta que un
farmacéutico se levantaba todas las noches y preparaba
las pociones cuyas fórmulas encontraba sobre la mesa.
Para saber si el juicio actuaba en este farmacéutico
sonámbulo o si no había más que movimientos
automáticos, un médico puso sobre el mostrador de
la farmacia la nota siguiente: “Sublimado corrosivo: 2
dracmas, agua destilada: 4 onzas a tragar de una vez”.
Habiéndose levantado el farmacéutico durante su sueño,
bajó como siempre a su laboratorio, tomó la receta, la
leyó varias veces, pareció muy asombrado y comenzó el
monólogo siguiente que el autor del relato, oculto en el
laboratorio, escribió palabra por palabra: “Es imposible
que el doctor no se haya equivocado al redactar
su fórmula; 2 granos ya sería mucho, y aquí ha
escrito de manera legible 2 dracmas. Pero 2
dracmas hacen más de 150 granos, es más de lo
que se necesita para envenenar a 280 personas;
sin duda el doctor se ha equivocado. Me niego a
preparar esta poción”. El sonámbulo tomó luego
diversas recetas que estaban sobre la mesa, las
preparó, las etiquetó y las ordenó en fila para ser
entregadas al día siguiente. Este ejemplo prueba
que sí hay una reflexión y un razonamiento. Hay
allí una prueba suplementaria de la existencia del
espíritu que trasciende la materia y que nuestros
sentidos son considerablemente exacerbados
bajo la influencia del espíritu. Para comprender
nos hace falta todavía admitir la existencia de
un principio espiritual.
Esto nos lleva a otra forma de sonambulismo que
se acompaña con la visión a distancia. En efecto, la
persona sujeta al sonambulismo puede practicar
a veces la visión a distancia, no como si se mirara
un objeto desde lejos como podría hacerse con un
catalejo o con un par de prismáticos, pues no es
el objeto que se acerca sino es el espíritu que se
desplaza. En el sueño, el espíritu, la parte inmaterial
de nuestro ser, se traslada instantáneamente por
el espacio, conducido por el pensamiento y la
voluntad. Se desarraiga entonces de su envoltura
carnal durante un tiempo más o menos largo.
Durante ese período, el cuerpo parece anonadado
y la palabra es más sorda, al estar la vida espiritual
entera en el lugar donde su pensamiento la ha
transportado. Sin embargo, el sujeto puede
experimentar físicamente impresiones de calor o
frío, o bien otras sensaciones del lugar donde se
encuentra su espíritu pues siempre se halla unido
a su cuerpo por una atadura fluídica que sigue
siendo la conductora de las sensaciones. Esta
separación puede engendrar también cansancio
para el cuerpo, sobre todo cuando el espíritu
se entrega a un trabajo activo. La clarividencia
del sonámbulo, la fuente de las ideas innatas,
el hecho de que pueda hablar con soltura y
exactitud de cosas desconocidas en estado de
vigilia, que a veces pueden estar por encima de sus
capacidades intelectuales, hay que relacionarlo
con el hecho de que el sujeto dispone de muchos
más conocimientos que los que sabe, que están
registrados en el periespíritu y por tanto no están
disponibles en estado de vigilia.
Finalmente, concluiremos este artículo precisando
que el sonambulismo puede ser provocado por
medio de pases magnéticos. Hablamos entonces
de sueño magnético que ya ha sido objeto de
varias disertaciones en nuestro Jornal Spirite
(N°62 y N°64) que les invitamos a leer o a releer.

domingo, 27 de marzo de 2011

VIDAS ANTERIORES LE JOURNAL SPIRITE N° 77 JULIO 2009 D O S S I E R LAS VIDAS SUCESIVAS por MARIE-NOËL LE COURTIOL UNA HISTORIA ESPÍRITA

Para introducir este artículo que cuenta una historia que fue también la mía, debo
indicar que, si como dice la canción, Dios reúne a los que se aman, eso no siempre es
necesariamente en el más allá. Así, he encontrado a la que fue mi compañera y que se
marchó prematuramente luego de haber luchado contra la enfermedad. Cuando digo que
la he encontrado, quiero precisar que es gracias a la reencarnación. El extracto que sigue,
ha sido redactado por una amiga espírita. Transmite y explica el desarrollo de una vida
que terminó en la tierra, que siguió en el más allá y que todavía hoy continúa. Agnès se ha
convertido en Sacha, el hijo de Fabienne y yo.

La vida de una espírita:
antes, durante y después de la muerte
Por Patricia Caldéran

“Había una vez una estrella que vivía en la Tierra y que
fue a encontrarse con sus pares. Endeble y frágil entre los
hombres, conoció su salvación regresando a los éteres.
Es así como podríamos resumir el breve paso entre
nosotros, de Agnès Jacquet, si la realidad del espiritismo
y sus comunicaciones con nuestros difuntos no hubiera
traído su magia encantadora que conjuga el pasado, el
presente y el porvenir. Agnès era una chica de veintiocho
años, dulce y delicada, con rostro de porcelana resaltado
por unos ojos chispeantes y algo maliciosos, envoltorio
de un aura de las más cálidas. Tenía siempre la postura
más esmerada. Antes de adherirse compartió la filosofía
espírita por intermedio de su padre, Gilbert, miembro de
nuestra asociación. Su actividad profesional artística muy
absorbente, la distinguía como bailarina estrella en un
cuerpo de baile de la región parisiense. Fue en esa época,
finales de los años 80, que el temible mal de los cuerpos, el
cáncer, solapadamente se impuso en su ser, para sustraerle
poco a poco su vitalidad y despojarla en un primer
momento de sus atributos femeninos (los senos). Su padre,
legítimamente inquieto, había recibido consejos que el
espíritu le transmitió para que dejara las turbulencias de la
capital. De regreso en Nancy, para descansar y encontrar
fuerza y amor cerca de los suyos, se comprometió en la
lucha común de los espíritas, en 1989”.
Agnès tuvo la revelación de una vida anterior en Francia
bajo el nombre de Cyrille de Fontanges en el siglo XVI, y
luego de una vida en Inglaterra en el siglo XIX.
Tuvo luego otra vida junto al que más tarde se convertiría
en su compañero, Igor Manouchian:
“Los lazos afectivos trenzados entre ellos desde hace
tiempo habrían permanecido inadvertidos, de no haber
conocido la revelación espírita. Pues a principios del siglo
XX, en los años 30, la vida ya los había reunido dentro de
una misma familia. Agnès que entonces se llamaba Caroline
era hija de Igor. Tenía un hermano menor. Su madre,
Marthe, a la que conoció poco, murió accidentalmente por
ahogamiento. Este drama había golpeado profundamente
a la familia; hasta el día en que el padre descubrió el
espiritismo por la lectura de las obras de Gabriel Delanne
y de Allan Kardec, muy apreciadas en aquel tiempo.
Integró un grupo espírita a través del cual, Marthe, su
esposa, se manifestó. Convencido por esa razón de la
supervivencia del alma más allá de la muerte, transmitió
ese conocimiento a sus hijos. Caroline, muy entusiasta de
esas revelaciones no se apartó y supo sacar provecho de
sus experiencias espíritas rogando por su padre, cuando,
más tarde, durante la segunda guerra mundial, éste fue
muerto por los alemanes. La continuación de ese amor
tomaría cuerpo en la existencia actual.
A pesar de toda la atención y los cuidados aportados a su
estado de salud, la hidra terminó su obra devastadora. En
la última fase de su vida, cuando la morfina aliviaba sus
dolores, las tenues conexiones que la ataban a la carne le
hacían percibir los espíritus y sus palabras; los describía.
Próxima a ese estado de su realidad, la confusión natural
que conoce el alma moribunda se vuelve ínfima. Y Agnès
partió el 27 de agosto de 1992, llena de certezas y
serenidad en el porvenir que se haría suyo.
Los espíritas la acompañamos hacia su nuevo destino
con oraciones y cadenas fluídicas, el día de la última
reunión alrededor de sus despojos mortales. Desde el 31
de agosto de 1992, ya Agnès se manifestaba por escritura
automática para decirnos: “Que estaba presente en sus
exequias, sin cruz y sin prejuicios, feliz por los no-espíritas
presentes que comprendieron muy bien por qué
estábamos reunidos…” Se comunicó luego con el Círculo
por medio de las facultades mediúmnicas puestas a su
disposición, para venir a querer a los que había dejado y
tranquilizarlos respecto al bienestar sin igual que la invadía.
Y también, para dar testimonio de un más allá que, como
un hormiguero, se activa sin descanso para ayudar a los
que tienen necesidad, encarnados o desencarnados.
Extractos de mensajes: “Estaba tan cansada, estaba tan
mal en mi piel. Era necesario que partiera. He partido
para no sufrir más, he partido para vivir, crear, dar y
actuar cerca de los que amo, y también para transformar
a mi padre… Soy tan feliz, aunque, tan ligera… Escucho
vuestros pensamientos… Estoy al lado de músicos que me
hacen visitar mundos pensados por los espíritus donde la
música tiene toda su importancia, pues la música cura las
almas… Veo hijos que encuentran a sus padres, hermanos
que encuentran a sus hermanas… Veo escenas de amor
verdadero, justo y directo, es tan hermoso”.
Agnès ha seguido aprendiendo y comprendiendo cerca
de los espíritus, entregándose completamente a la gracia
de la danza que tanto amaba, y al canto, para acompañar
en su despertar astral a las conciencias dormidas. Decidió
rápidamente, después de concertar con entidades
iluminadas, volverse la guía protectora de su padre,
Gilbert. (Esto es posible cuando el avance evolutivo es
suficiente). Durante varios años, ha prodigado consejos
a su padre, para que cure las heridas de su partida física
y trabaje en su propia metamorfosis, convirtiéndose en
el hombre libre que deseaba ser. Extractos de mensajes:
“El pasado se aleja, es tu devenir lo que me importa, yo
que desde ahora te guío en este más allá que resplandece
en millones de claridades nuevas… Te sigo, te escucho,
tú me rezas, me llamas… Es necesario, lo deseo, verte
alegre y reidor… Soy muy feliz, y lo que veo en el mundo
de los espíritus me tranquiliza de los horrores vividos en la
Tierra… Soy un guía decidido que no debe ser el espíritu del
compromiso, el abogado de las debilidades, y pensando en
papá, le digo: Hazte completamente libre… Si es preciso,
me convertiré en tu obsesión para conseguir tu libertad…”.
Agnès había resuelto no reencarnar hasta que su padre
no se hubiera liberado totalmente de una situación
personal. Siendo así, cerca de Igor a quien seguía
amando con un amor que no olvida nada porque tiene
el recuerdo total, se mostró encantada con la nueva vida
de Igor junto a otra compañera, Fabienne.
En 1997, una clarividencia mediúmnica indicó el deseo
y la voluntad de Agnès de reencarnar cerca de Igor y
Fabienne. Prosiguiendo su búsqueda del absoluto, fue
junto al que quería encontrar que, bajo los rasgos de un
niño, Sacha vio la luz el 2 de mayo de 1998.
Han pasado los años, ahora tiene diez años e Igor declara
sobre la personalidad del que fue Agnès: “Sacha es un niño
tranquilo, que quiere que sus asuntos sean ordenados. Es
cuidadoso de su imagen. Le encanta estar bien vestido.
Es bastante meticuloso en lo que hace. Es un niño un
poco soñador que adora el cine. Sin embargo necesita
tener confianza en sí mismo pues tiende a no creer en
sus capacidades. Agnès tenía un poco este perfil. Lo que
hay de asombroso en Sacha, es que ama a Inglaterra, sin
que en esta vida haya puesto los pies allí. De carácter
más bien sociable, le gusta tanto la compañía de otros
niños como los momentos en que prefiere estar solo en
calma jugando los juegos de nuestra época, ordenador,
Playstation etc., también le gusta dibujar y a veces pasa
tiempo solo, concentrado en lo que hace”. Viajeros de
vida en vida, los corazones llenos de amor no se separan
nunca, para nutrirse cada día con los abrazos de lo bello y
de lo verdadero. Puesto que “Nacer, morir, volver a nacer
y progresar sin cesar, tal es la ley”, la máxima de Allan
Kardec está aquí bien ilustrada.
Un día, Sacha sabrá reconocerse; Fabienne y yo no
le imponemos esas informaciones, preferimos dejar
que lleguen. El objetivo de una nueva encarnación no
es necesariamente recordar el pasado porque sí, sin
precaución, pues los miedos o los traumas podrían
despertar y ser obstáculo para las metas decididas antes
del retorno a la tierra. No obstante, en su fuero interno,
el espíritu se acuerda y eso es lo esencial, eso se traduce
en la personalidad, en los gustos, en el carácter y sucede
con frecuencia, de manera furtiva, que compruebo las
similitudes entre Agnès y Sacha en ciertas actitudes
espontáneas, igualmente en las miradas fugaces. El
espiritismo y el Círculo Allan Kardec han permitido que
esta historia pueda ser vivida. Gracias a los médiums
que reciben a los espíritus en sesiones, nos hemos
beneficiado con noticias de los espíritus pero también
con el testimonio de la supervivencia.
El 14 de abril pasado, nos enteramos de la partida carnal
de Gilbert Jacquet quien fuera el papá de Agnès. Dejó
la sombra para unirse a la luz luego de terminar su vida
en un geriátrico. Era miembro del Círculo desde 1985 y
conservaba una certeza espírita a pesar de su retiro de la
vida asociativa. Algún tiempo después de su partida, Agnès,
había logrado comunicarle desde el más allá, un poema en
el cual le aseguraba su libertad y el fin de los sufrimientos:
Estoy aquí, muy, muy cerca de ti,
Mi gozo de estar en mi vida de ultratumba,
Te protejo más allá de las reglas y las leyes,
Mi bonanza de estar en mi vida de ultratumba.
Un pasado de infortunio da lugar al porvenir radiante,
Abrazo tu mirada azul vuelta hacia el cielo,
En la conciencia del calor de un corazón,
Abrazo todas tus penas, y borro la desdicha.
Sigo la danza sobre el hilo de Ariane,
Mi amor por ti inscrito sobre el rostro de Anne,
Mi regalo para tu fuerza de estar en misión,
Así ves bien que no he dejado tu casa.
Frecuento tu sueño y tus ensueños de felicidad,
Te recibo en mi jardín de rosas multicolores,
Para tomarte la mano y bailar el vals de los muertos,
En el país de los vivos donde nada muere, ni aun los recuerdos.
A la gloria de mi padre canto la poesía,
Mi eternidad es tu eternidad que invita a compartir,
Y persigue a todos los tabúes encontrando mi vida,
Te la contaré aún en la cueva de las montañas sin edad.

martes, 22 de marzo de 2011

EDUCAR SÍ, PERO, ¿CÓMO? LE JOURNAL SPIRITE N° 77 JULIO 2009

 JEAN JACQUES ROUSSEAU                                      



LAS VIDAS SUCESIVAS
por
PAT R I C IA SAL I BA


La educación, sujeta a diversas teorías, refleja tanto ayer
como hoy lo que el hombre convertido en adulto debe
ser en una sociedad en movimiento. Al alba del siglo
XXI, nuestras sociedades crean a menudo el malestar
que arrastra cada vez a más niños y adolescentes a
la tormenta. Porque no encuentra respuesta a sus
incertidumbres y dificultades de vida, esta juventud,
busca a toda costa paraísos artificiales, se compromete en
movimientos sectarios o trata de suicidarse.
                                                                                                                                     
                                                      JOHANN HEINRICH PESTALOZZI

Obnubilada por una sociedad de consumo que multiplica las
necesidades, la juventud carece a menudo de atención
y de amor en familias destruidas. La educación actual
tiende a reprimir la curiosidad natural e intelectual de
un niño, no explota las riquezas de esa niñez. Ya sea por
las películas, los juegos o la cotidianidad, el adulto lo              
arrastra cada vez más hacia un mundo de competición,
de competencia, halagando al mismo tiempo su orgullo
y su violencia, olvidando que cada ser humano tiene
derecho a ganar su libertad y rechazar ser dominado.
Rousseau sabía que era ilusorio querer formar libremente
a un hombre en una sociedad donde prevalece la
desigualdad, y que era ilusorio esperar transformar la
sociedad si no se dispone de hombres libres, listos para
sacrificarse por esa libertad, por la igualdad de todos ante
la ley: “Es necesario estudiar la sociedad por los hombres, y
los hombres por la sociedad”.
¿Qué respuestas tenemos para proponerles?
Es fundamental enseñar a estos niños el camino
de la esperanza, pero no en la facilidad ya sea ésta
económica, política o religiosa. La sociedad se transforma
rápidamente, no hace falta mentirle a esa juventud que
busca, sino insistir en propuestas de esfuerzo y voluntad,
de ánimo y lucidez.
Como espíritas, defendemos la idea de la reencarnación.
El espíritu que regresa necesita ser guiado en su camino
evolutivo, rodeado por adultos que lo protejan y lo
amen, sin mentira ni disimulo. ¿Por qué halagar a un
niño? ¿Qué tiene de superior a los demás? Ante sus
preexistencias donde conoció el orgullo, halagarlo es
darle de nuevo la posibilidad de hacerlo renacer. El
niño no es ni ángel, ni demonio, es un espíritu
reencarnado con su propia evolución que ha elegido su
camino, una misión a menudo diferente de la deseada
por los padres. Respetar al niño en ese espíritu, es darle
todas las oportunidades de avanzar y ser feliz. Un niño
no es una marioneta a quien uno puede imponerle su
propia elección de acciones o pensamientos, sino un
adulto en desarrollo a quien se sugiere y se propone, y
a quien se le da la posibilidad de descubrir y aprender a
respetar el mundo que le rodea.
Nuestra sociedad de hoy produce también los niños
llamados “hiperactivos”, es decir cuya actividad motora
está acrecentada y desordenada, acompañada de
impulsividad, reacciones agresivas y desórdenes de la
atención que perturban su eficiencia escolar. Del 3 al
6% de los niños son diagnosticados en edad escolar
como enfermos. Qué es entonces la hiperactividad, sino
seguramente el desfase entre la naturaleza espiritual y la
naturaleza de nuevo material.
Cuando el espíritu reencarna, el pasado se borra
progresivamente y es un alma de niño lista para
soñar, aprender y progresar que va a crecer. Para
eso, es importante no ocultar la verdad sobre las
injusticias de nuestro mundo, ni sobre las dificultades
del vivir. Para desarrollarse, el niño necesita recibir
la fuerza y el sentimiento que pida. Ese espíritu que
regresa necesita recibir mucho de aquellos que le han
permitido este regreso.
Volver a aprender la niñez, es lo que numerosos padres
tienden a olvidar. Hoy en día el ritmo de nuestras
sociedades hace ocultar las necesidades fundamentales
del niño con excepción de las necesidades vitales. ¿Y si
cada padre se tomara el tiempo para escuchar, proponer
la enseñanza del dibujo, de la música, de la naturaleza,
del deporte y hacer nacer así una pasión? No se trata
de fabricar genios, sino simplemente niños abiertos a
su propio imaginario, a su propia creatividad. Nuestras
sociedades, nuestra organización, nuestra educación,
ya no responden a esa naturaleza que reencarna. En
nuestro mundo que se ha vuelto exageradamente
materialista, ya no existe todo un contexto, sino poco,
que favorezca una cierta plenitud para el equilibrio
de la infancia. Cada vez más padres, estresados ellos
mismos por su cotidianidad, no pueden aportar a sus
hijos el alimento indispensable para el espíritu.
Se habla de desorden, se inventan nuevos términos,
cuando basta con pensar en la vida y los estilos de
vida indispensables a nuestras naturalezas espirituales
reencarnadas. Si uno se pregunta sobre un niño, quizás
haga falta reflexionar y no considerarlo como un ser
aparte o diferente. Según las naturalezas, unos se adaptan
más que otros al estrés permanente de una sociedad mal
representada y mal gobernada.
En el plano escolar, los cincuenta últimos años han
propuesto a toda una juventud teorías pedagógicas
contradictorias. El resultado es revelador, los niños de
las clases secundarias tienen graves lagunas en sus
conocimientos globales. Muchos padres llegan a la triste
conclusión de que sus propios padres tenían un nivel
superior de conocimientos sobre las bases elementales
de lectura, escritura y cálculo. Pero “¡hay que vivir
con su época!” podrían retrucar los intelectuales que
proponen los manuales escolares de hoy. A este
respecto, es revelador comprobar ciertos olvidos en
el plano histórico. Sí pero, ¿qué ganas tiene un niño a
quien no se le abre el espíritu, de ir a ver en la Internet
la multitud de informaciones propuestas? ¿Qué
comprensión puede tener sobre el respeto debido a los
demás si no conoce ni sus derechos, ni sus deberes?
¿Qué preguntas puede hacerse sobre la historia de su
país o su geografía si no encuentra allí ningún interés?
Las lagunas de hoy preparan una generación de incultos
cuando nunca se les había llevado tanta información y
aprendizaje. En cambio, es cierto que quizás están mejor
informados sobre economía, sobre el valor del dinero
y sobre la posibilidad de enriquecerse, si es posible,
con un mínimo de esfuerzo. Por supuesto, no todos los
niños tienen estas lagunas pero es porque quizás han
tenido la oportunidad de tener presentes cerca adultos
conscientes de su papel. ¿Y si después de todo un niño
prefiere no ser bachiller sino un artesano orgulloso de
su oficio? ¿Por qué desde el kindergarten, ciertos niños
ya son observados y hasta señalados como malos
estudiantes o futuros delincuentes? Lo que la enseñanza
debería aportar a cada alumno, son las bases sólidas de
una cultura general para que pueda hacer una elección,
cualquiera que sea la actividad, sin desvalorizarla nunca,
y el deseo de completar esa enseñanza al margen de
la educación escolar, el deseo de aprender. Pestalozzi,
discípulo de Rousseau, consideraba que el niño debía ser
el sujeto activo de su aprendizaje; su principio esencial
era hacer todo lo posible para que el niño pusiera en
práctica su propia voluntad.
Educar es guiar, no para uno mismo sino para dar a cada
niño la posibilidad de ser lo más feliz posible según su
elección, decidida antes de su regreso. La enseñanza dada
sobre este asunto a través del espiritismo así como las
palabras de los espíritus, son una riqueza pedagógica que
se apoya sobre el sentimiento y la conciencia de lo que es
un niño, es decir un espíritu en busca de evolución.

sábado, 19 de marzo de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 74 OCTOBRE 2008 D O S S I E R LAS VIDAS SUCESIVAS por CHRISTOPHE CHEVALIER

LE JOURNAL SPIRITE N° 74 OCTOBRE 2008
D O S S I E R
LAS VIDAS SUCESIVAS
por
CHRISTOPHE CHEVALIER

LAS EXPERIENCIAS DEL CONDE
ALBERT DE ROCHAS

En esta revista tienen ustedes a su disposición varios artículos
que tratan de la reencarnación y de los diferentes medios
que permiten conseguir información sobre este asunto que
nos concierne a todos. Durante la historia del espiritismo y
en la búsqueda de las pruebas de la supervivencia del alma,
muchos hombres se han interesado en el aspecto científico del
espiritismo, realizando numerosos trabajos y experimentos
para poner en evidencia el principio de la vida después de
la muerte. La hipnosis es un medio extraordinario que
contribuye a probar de manera indiscutible la supervivencia
del alma, la reencarnación y el doble periespiritual.
Un hombre en particular, el coronel Conde Albert de
Rochas d’Aiglun, supo demostrarlo por este medio y
sus numerosos experimentos. Nacido en 1837, el conde
de Rochas entró a la escuela Politécnica en 1857 y a la
Academia militar de aplicación de Metz en 1859. En 1900,
dejó el ejército activo para pasar al ejército territorial
y ocupar las funciones civiles de administrador de la
Escuela Politécnica, donde esperaba encontrar mayores
facilidades para sus estudios científicos. La parte de la
obra científica y literaria de Albert de Rochas que no se
relaciona con las ciencias psíquicas es considerable, por
ejemplo sus estudios de historia militar y topografía y los
clásicos en Francia y en Italia. Albert de Rochas aportó
numerosas contribuciones al estudio de la psicología
trascendental, primero con investigaciones históricas y
muy poco después con las investigaciones experimentales.
Del estudio de los “estados superficiales de la hipnosis”,
pasó al de los “estados profundos”, luego al de la
“exteriorización del doble” en lo que tiene de sensibilidad y
motricidad. Luego de sus observaciones sobre la regresión
de la memoria, adquirió la certeza de la supervivencia del
alma y de su reencarnación. Sus experimentos fueron
objeto de un libro: Las vidas sucesivas.
De este libro se ha extraído una de las experiencias más
significativas para el avance de la idea espírita, puesto que es
la que aportará un gran número de pruebas. Es importante
precisar que el coronel Albert de Rochas no practicaba la
hipnosis tal y como se la conoce y practica hoy en día. En
efecto, él no utilizaba la sugestión como podían hacerlo
los doctores Liébault, Bernheim o Charcot y con los cuales,
por otra parte, estaba en desacuerdo, particularmente
con Charcot, tanto sobre la técnica como sobre las
diferentes denominaciones de los estados hipnóticos.
Albert de Rochas utilizaba el magnetismo y practicaba al
estilo de los antiguos hipnotizadores; administraba pases
longitudinales para inducir la hipnosis en sus sujetos e
igualmente presiones o imposición de manos sobre ciertas
partes del cuerpo que eran, según él, zonas hipnógenas. No
hacía sugestiones regresivas sino que guiaba a sus sujetos
por medio del interrogatorio simple.
Sus primeras investigaciones y experimentos se
concentraron en las manifestaciones del cuerpo fluídico. Su
primera tentativa tuvo lugar con la Sra. Lambert con quien
experimentó muchas veces con el objetivo de exteriorizar
su doble frente a testigos. Hizo muchas otras, pero una
de ellas nos llama la atención. Este experimento fue
realizado en la escuela de medicina de Grenoble, en 1904,
en presencia del doctor Bourdier, testigo de la aparición
del fantasma del sujeto hipnotizado. El doctor Bourdier dio
testimonio de que esta materialización fantasmal era la
reproducción exacta del cuerpo físico del sujeto.
Esto se desarrolló según el ejercicio siguiente: un día de
primavera en abril de 1904, Albert de Rochas intentó
el experimento de la exteriorización del doble de su
paciente. En el transcurso de la sesión, el doctor Bourdier,
entonces presente y testigo de esta materialización física,
trató de tocar el periespíritu del paciente. En un primer
momento, no experimentó ninguna sensación al tacto,
pero el sujeto pudo dar testimonio del contacto percibido
entonces. Luego, el doctor Bourdier colocó su índice con
cuidado sobre un punto preciso y lo introdujo en el doble
exteriorizado sin informar al sujeto. Entonces éste fue
capaz de ubicar con precisión sobre su cuerpo el órgano
apuntado por el doctor. Es preciso recordar que el sujeto
estaba profundamente hipnotizado, tenía los ojos cerrados
y se habían tomado todas las precauciones para comprobar
la seriedad del experimento y excluir todo fraude.
Esta experiencia es esencial por varias razones: Prueba
la existencia del doble periespiritual en el interior del
cuerpo físico, prueba la exteriorización de este doble y
por tanto la posible supervivencia de la persona fuera de
su cuerpo. Demuestra igualmente que entonces, siendo
sensible a los contactos exteriores por las impresiones
sentidas y repercutidas en el cuerpo físico, este doble
está vivo. La prueba estaba hecha: el ser humano está
compuesto por la materia de su cuerpo físico, un doble
hecho de materia etérea, vivo y sensible, siendo todo
dirigido por la personalidad del sujeto, dicho además por
el espíritu. Este ejemplo dado es esencial pues marca el
comienzo de una larga investigación. Está en el origen
de la prueba de la supervivencia del alma, lo cual me
permite tomar un nuevo impulso sobre el tema que
particularmente nos interesa aquí: las vidas sucesivas.
En cada uno de sus experimentos, Albert de Rochas se
rodeó siempre de precauciones, como la presencia de un
tercero que tomaba apuntes a medida que se producían
las sesiones y los fenómenos. Ese tercero no se arriesgaba a
ser influenciado por una eventual expectativa, suposición
o interpretación, como podría serlo Albert de Rochas. Los
informes tomados por estos terceros no serían modificados
y sirvieron para autenticar ciertos experimentos. Más
adelante volveré sobre el testimonio anterior para aclarar
ciertos puntos que son muy interesantes en el estudio.
El caso de Joséphine
En 1904, Joséphine era una señorita de dieciocho años que
vivía en Voiron. Albert de Rochas tuvo ocasión de observar
su sensibilidad al magnetismo cuando la atendió después
de una caída que la hirió severamente en la cadera.
Decidió magnetizarla y dormirla con pases longitudinales
para observar los fenómenos que presentaría. Quedó
muy sorprendido al comprobar que, muy rápidamente
bajo la influencia de los pases magnéticos, Joséphine
se encontraba en la edad de siete años sin ninguna
sugestión. Él entabló entonces un diálogo y le preguntó
qué hacía: “Voy a la escuela”. ¿Sabes escribir? “Sí, estoy
empezando”. Le deslizó una pluma en la mano y ella se
puso a escribir las palabras “papá” y “mamá”. Él continuó
con los pases para regresarla a la edad de cinco años y
le dio un pañuelo diciéndole que era una muñeca, ella
pareció muy contenta y se puso a mimarla. Su apariencia
era entonces la de una chiquilla de esa edad. Nuevos
pases y, probablemente estaba en la cuna y ya no podía
hablar. Le puso la punta del dedo en la boca y ella se puso
a mamarlo. Fin de la primera sesión.
Albert de Rochas siguió experimentando con esta
señorita. Observó que ya no hablaba y que respondía a sus
preguntas por señas. Así fue como en diferentes sesiones,
le informó que aún no había nacido, que el cuerpo en que
debía encarnar se encontraba en el vientre de su madre y
que se envolvía alrededor de éste.
Nueva sesión durante la cual Albert de Rochas aumentó
el número de pases magnéticos y la chica comenzó a
hablar. Pero en lugar de la voz débil que podía esperarse,
la joven se expresó con una voz de hombre, mostrando
una personalidad huraña. El experimento siguió y en un
sueño más profundo todavía, la voz de hombre se volvió
la de un anciano que dio por fin algunas informaciones
referentes a él. Dijo llamarse Jean-Claude Bourdon,
que había nacido en 1812 y que vivía en un pequeño
caserío llamado Champvent en el municipio de Polliat,
pero desconocía el departamento. Había ido a la escuela
hasta los dieciocho años, sólo en invierno, y no aprendía
gran cosa pues a menudo faltaba. Dijo también haber
hecho su servicio militar en el 7º Regimiento de artillería
en Besançon, que debería haber permanecido allí siete
años, pero que la muerte de su padre lo liberó al cabo de
cuatro años. No tenía ningún recuerdo de los nombres
de sus oficiales, pero dijo haberse divertido bastante con
sus camaradas y con las chicas. Contó entonces algunas
de sus aventuras haciendo ademán de rizarse el bigote.
La chica imitaba el gesto. Luego, contó su regreso al
país. Envejeció solo y murió de una larga enfermedad
a los setenta años. Albert de Rochas le preguntó que si,
durante su enfermedad, había pensado en hacer venir al
cura. He aquí la respuesta: “Te estás burlando de mí. ¿Tú
crees en todas las tonterías que él cuenta? ¡Bah! ¡Cuando
uno se muere, es para siempre!” Sin embargo, contó a
su manera su tránsito al más allá. Se sintió salir de su
cuerpo pero permaneció muy apegado a él durante un
tiempo bastante largo. Pudo seguir su entierro flotando
por encima del ataúd. Y oyó a la gente que decía de él:
“¡Por fin se fue!”. Luego al llegar a la iglesia, contó que
el cura que daba vueltas alrededor del ataúd, produjo
una especie de muro ligeramente luminoso que lo ponía
un poco al abrigo de los malos espíritus que querían
abalanzarse sobre él. Además las oraciones del cura
lo tranquilizaron un poco. Dio testimonio también de
haberse quedado en el cementerio cerca de su cuerpo
y que podía sentir cómo se descomponía y ver los
gusanos que lo atacaban. Todo eso duró un cierto tiempo
y luego vivió en una oscuridad que le fue muy penosa,
pero no sufría pues no había matado ni robado. Sin
comprender verdaderamente lo que le pasaba, hizo notar
que la muerte no era lo que él pensaba y que no debería
haberse burlado del cura. Permaneció en la oscuridad en
la que se había sumido hasta el momento en que tuvo la
inspiración de reencarnar y de acercarse a la que debía
ser su futura madre. Así, se regresa al principio de este
testimonio cuando Albert de Rochas hace retroceder a la
chica hasta el vientre de su madre.
Análisis del experimento y búsqueda de pruebas
Albert de Rochas buscó las pruebas de este relato rico en
informaciones. Respecto a los lugares, encontró el caserío
de Champvent, cerca de Polliat, en el departamento del Ain,
y lo pudo localizar también en el mapa de Estado Mayor.
En cuanto a Joséphine, ella había nacido en Manziat que
se halla también en el departamento del Ain. En estado de
vigilia, no conocía el caserío de Champvent y no recordaba
haberlo oído nombrar. En cuanto a la localización del
7º Regimiento de artillería, éste estuvo emplazado en
Besançon entre 1832 y 1837. Aunque no haya fecha
precisa para su salida del regimiento, el período parece
corresponder. En estado consciente, Joséphine no parecía
enterada, allí tampoco, de estas diferentes informaciones
geográficas. En lo que concierne la búsqueda del estado
civil de Jean-Claude Bourdon, Albert de Rochas escribió
al cura de Polliat para saber si quedaban rastros de este
señor en su parroquia. Pero no había ninguno. Sin embargo,
ese nombre estaba muy extendido en un municipio
vecino distante algunos kilómetros, más precisamente
en Griège. Estas observaciones nos muestran cierta
coherencia en la búsqueda de información sobre la vida
anterior de Joséphine. Es lamentable no disponer de
más informaciones sobre el estado civil de Jean-Claude
Bourdon; esto debido quizás al hecho de que su caserío
no estaba vinculado claramente a una parroquia precisa.
No obstante, esta experiencia es sorprendente en la
medida en que la joven Joséphine se expresaba con voz
de hombre y con expresiones verbales que de ninguna
manera eran normales en ella cuando estaba despierta.
Esto en cuanto al testimonio de su vida anterior.
Ahora, detengámonos en la descripción de su más allá.
El propio Jean Claude Bourdon afirma no creer en las
sandeces del cura y piensa que todo se detiene con la
muerte. Sin embargo, se siente dejar su cuerpo aunque
se queda en su entorno muy cercano. Para él es una gran
confusión, pues lo que sucede va en contra de su certeza
de la nada. ¡Sigue viviendo! Por el momento su más allá
se reduce a seguir a su cuerpo, pues dice flotar encima y
asiste a toda la ceremonia de su entierro. Luego, cuenta
que podía sentir su cuerpo descomponiéndose y los
gusanos royéndolo, lo cual se explica por el hecho de que
no tenía ninguna conciencia de la supervivencia. Además,
a este espíritu que está muy cercano a su cuerpo, al punto
de sentir todos sus cambios físicos, la sorpresa “de flotar
sobre su cuerpo” lo ha confundido profundamente. Lo que
hace que siempre tenga la noción del tiempo que pasa y
esa proximidad con su envoltura carnal induce a que sienta
los estragos de la descomposición. Esta situación, aunque
duró algún tiempo, cesó luego. ¿Es posible que haya sido
ayudado por un pensamiento liberador de alguien que,
en cierto momento, rezó sinceramente para despertar su
espíritu a fin de que se apartara de esa proximidad física
que lo hacía sufrir? Dice que desembocó en las tinieblas,
lo cual va a describir como penoso, aunque sin sufrimiento,
y añade que eso es debido al hecho de no haber matado
ni robado. Eso demanda una cierta conciencia adquirida
por el tiempo pasado en el más allá. El encuentro con su
guía y otros espíritus, ha podido ayudarlo en esa reflexión.
Dice también que tuvo la inspiración
de reencarnar y que se acercó a la que
se convertiría en su futura madre. Es
posible entonces que este espíritu no
haya reencarnado en la turbación y que
se le ofreciera una nueva conciencia.
Aunque el guía no aparezca en el relato,
es probable que estuviera detrás de la
“inspiración de reencarnar”.
Albert de Rochas experimentó con
numerosos sujetos, sin embargo, no
todos los relatos y testimonios que
consiguió son verificables o válidos.
Él mismo estima que sólo el 20% de
los casos son auténticos. Siempre fue
muy prudente con su experimentación,
pues los sujetos dormidos no tienen
todos la misma sensibilidad y la misma
receptividad al magnetismo que les
permite dejarse llevar por la regresión
hipnótica. Ciertas personas tendrán más
tendencia a dejar lugar a su imaginación
o sus fantasmas por el hecho de que
la hipnosis no hace presa en ellas por
razones que les son propias. Es necesario
relatarles aquí las impresiones de Albert
de Rochas respecto a su propio trabajo
de experimentación: estaba lejos de
imaginar el trabajo de investigación y
coordinación que eso le iba a exigir. Le
hizo falta un número importante de
sesiones para el caso antes citado, para
completar y comprender las situaciones
que se le ofrecían. Pues no sabía en
absoluto a dónde le conduciría la joven
Joséphine; fue a fuerza de investigación,
perspicacia y objetividad que este caso
pudo ser relatado, pero también varios
otros que están reunidos en su libro "Las
vidas sucesivas".
Un trabajo a ser continuado
Los espíritus que se manifiestan a los
espíritas y más particularmente junto
a los hipnotizadores en desarrollo, nos
llaman a trabajar la hipnosis espírita
que sabrá, también, poner en evidencia
las presencias del espíritu, del doble
etérico y de la reencarnación. El
objetivo ya no es probar la existencia
del espíritu, del periespíritu y de la
supervivencia, sino más bien desarrollar
una medicina complementaria en la
cual la hipnosis espírita tendrá su lugar
y su importancia.

viernes, 18 de marzo de 2011

LOS CASOS DE ALEJANDRINA SAMONA Y LAURE RAYNAUD LE JOURNAL SPIRITE N° 77 JULIO 2009

                                                                 GABRIEL DELANNE

LA REENCARNACIÓN ANUNCIADA
DE ALEJANDRINA SAMONA
El número de enero de 1911 de la revista Filosofia
della Scienza de Palermo relata el caso de la segunda
encarnación en la misma familia de Alejandrina
Samona muerta de meningitis a la edad de cinco
años. Es el doctor Carmelo Samona, jefe de la familia
en la que ocurrieron los hechos, quien habla: “el 15 de
marzo de 1910 perdimos una niña que mi esposa y yo
adorábamos; en mi compañera fue tal la desesperación
que por un momento temí por su razón”.
“Volveré a ti como niña”
“Tres días después de la muerte de Alejandrina, mi
esposa tuvo un sueño donde creyó ver a la niña que le
decía: ‘Madre, no llores más, no te he abandonado; no
me he alejado de ti, por el contrario, volveré a ti como
niña’. Tres días más tarde, se repitió el mismo sueño.
La pobre madre cuyo dolor nada podía atenuar, y que
para esa época no tenía ninguna noción de las teorías
del espiritualismo moderno, no encontraba en sus
sueños más que una nueva razón para atizar su pena.
Una mañana en que se quejaba como de costumbre, se
escucharon tres golpes secos en la puerta de la habitación
donde nos encontrábamos. Creyendo que había llegado
mi hermana, mis hijos que se encontraban con nosotros
fueron a abrir la puerta diciendo: ‘entra, Tía Catherine’.
Nuestra sorpresa fue grande al comprobar que no había
nadie detrás de la puerta ni en la pieza que la precedía.
Fue entonces cuando resolvimos comenzar sesiones de
tiptología (comunicación con los espíritus por medio
de golpecitos) con la esperanza de que, quizás por
este medio, tendríamos algunas explicaciones sobre
el misterioso hecho de los sueños y de los golpes que
tanto nos preocupaban; durante tres meses seguimos
nuestras experiencias con gran regularidad. Desde
nuestra primera sesión, se manifestaron dos entidades:
una decía ser mi hermana, la otra nuestra querida
desaparecida. Esta última confirmó por medio de la
mesa su aparición en los dos sueños de mi esposa y
reveló que los golpes habían sido dados por ella. Todavía
repitió a su madre: ‘No te entristezcas más pues naceré
otra vez de ti y antes de Navidad’. La predicción fue
acogida por nosotros con la mayor incredulidad, pues
un accidente seguido de operación (el 21 de noviembre
de 1909) hacía inverosímil cualquier nuevo embarazo
de mi esposa. Y sin embargo, el 10 de abril, se manifestó
en ella una primera sospecha de embarazo. El 4 de mayo
siguiente, nuestra hija se manifestó de nuevo a través
de la mesa y nos dio un nuevo anuncio: ‘Madre, hay
otro en ti’. Como no comprendimos esta frase, la otra
entidad que, al parecer, siempre acompañaba a nuestra
hija, la confirmó comentándola así: ‘La pequeña no se
equivoca: otro ser se desarrolla en ti, mi querida Adèle’.
Las comunicaciones que siguieron ratificaron todas
estas declaraciones y hasta las precisaron, anunciando
que los infantes por nacer serían niñas; que una se
parecería a Alejandrina y también que sería un poco
más hermosa de lo que fuera anteriormente. A pesar
de la persistente incredulidad de mi esposa, las cosas
parecieron tomar el giro anunciado, pues en el mes de
agosto, el doctor Cordaro, reputado partero, pronosticó
el embarazo gemelo”.
Nacimiento de gemelos
“Y el 22 de noviembre de 1910, mi esposa dio a luz a
dos niñas, sin parecido entre sí, aunque una reproducía
en sus rasgos las particularidades físicas muy especiales
que caracterizaban la fisonomía de Alejandrina, es decir,
un inflamación del ojo izquierdo y una ligera seborrea
de la oreja derecha, en fin una asimetría poco marcada
del rostro.
Parecidos con la vida precedente
Habían transcurrido dos años y medio desde el
nacimiento de aquella niña, y el doctor Carmona
escribió a Filosofia della Scienza que el parecido de
la Alejandrina N° 2 con la Alejandrina N° 1 no había
hecho más que confirmarse, no sólo en lo físico, sino
sobre todo en lo moral. Mismas actitudes y juegos
tranquilos, mismas formas de acariciar a su madre;
mismos terrores infantiles expresados en los mismos
términos, también tendencia irresistible a servirse de la
mano izquierda, misma forma de modificar los nombres
de los que la rodeaban. Como la Alejandrina N° 1, abría
el armario de los zapatos cada vez que podía entrar al
cuarto donde se encontraba ese mueble, se calzaba un
pie y se paseaba triunfalmente por el cuarto. En una
palabra, rehacía de modo absolutamente idéntico la
existencia en la edad correspondiente de la Alejandrina
N° 2. No se observaba nada semejante en Maria Pace,
su hermana gemela.
Este testimonio es interesante pues fue vivido por el
doctor Carmona quien, atento a los hechos, los anotó
en el transcurso de los años. Este segundo nacimiento,
anunciado de antemano por las manifestaciones de
espíritus, aunque considerado imposible por los padres
por causas patológicas, se cumplió en el día fijado.
Se encontraban en la niña todas las particularidades
morales y físicas muy características de su corta vida
anterior. Estos hechos se apoyan sobre toda un serie de
declaraciones de testigos y amigos que relatan todas
las fases de este fenómeno.
“Hoy, Alejandrina tiene 13 años”, escribió Gabriel
Delanne (en su obra Documentos para servir al estudio
de la reencarnación), “y puede seguirse en ella todo el
desarrollo de las primicias indicadas por los espíritus”.
EL CASO DE LAURE RAYNAUD
Excepcionalmente esta percepción de las vidas
anteriores se encuentra también entre algunos adultos.
El caso de Laure Raynaud fue observado por el doctor
Gaston Durville que lo describió en la revista Psychic
Magazine de enero de 1914. He aquí extractos del
relato del doctor Durville que conoció muy bien a la
señora Raynaud, pues ella era empleada de su clínica
y antigua alumna de la escuela de magnetismo Hector
Durville en París:
“Cuando todavía era muy pequeña, parecía que Laure
no era como todas las niñas de su edad. Su madre, una
valiente mujer que superaba la cincuentena, tuvo a
bien venir a verme a París y me aseveró lo que sigue:
‘Desde sus primeros años mi hija Laure tuvo ideas que
no comprendíamos, que se había hecho ella misma
sin que se las hubieran enseñado. Con frecuencia, nos
molestaba con sus historias y yo le decía que se volvería
loca si seguía pensando así; sabía que los asuntos
enseñados por los sacerdotes en la iglesia no eran
verdad y sus ideas eran tan tenaces, tan firmes, que se
negaba obstinadamente a ir a misa el domingo con los
suyos. Era preciso, continúa su vieja madre, llevarla a
la misa con un cachouère (látigo). Y el cachouère no
tenía razón de las ideas de la niña. El cura de la aldea
se interesaba en Laure pues ella era inteligente y él
disfrutaba yendo a verla para conversar con ella. La
pequeña Laure le discutía el paraíso, el purgatorio y el
infierno, y le decía que después de la muerte el espíritu
regresa a la tierra en otro cuerpo. Entonces el cura se
enfadaba y murmuraba entre dientes: ‘¡Extraña criatura!
¡Chiquilla misteriosa!’ Y entonces se iba perplejo, sin
haber logrado obtener de la niña más arrepentimiento
que un gran mohín y un ‘¡Ah! Bien, no diré más nada’.
Ese cura ejerce su ministerio en Auront, en la Somme,
región natal de Laure Raynaud; es un anciano de 72
años llamado Géimbard. Las ideas ‘raras’ de la pequeña
Laure no se borraron a medida que avanzaba en años.
Cuando el lenguaje le permitió expresarlas mejor, se
precisaron. A la edad de 17 años, vino a Amiens. Allí,
era apremiada por la idea de tocar a los enfermos para
curarlos, y a sus íntimos, a sus vecinos, exponía en horas
de confidencias sus conceptos sobre la supervivencia.
No hablé más de esta época y llegó 1904, año en que
se casó. Me fue dado reconstituir las ideas de Laure
Raynaud a partir de ese momento, gracias a los amigos
de ella que he podido encontrar. Laure Raynaud sabía
que los humanos poseen un principio espiritual inmaterial que
sobrevive a la muerte. Pero esa supervivencia no tiene lugar en un
lejano paraíso o infierno; es a la tierra donde el alma vuelve para
reencarnar, después de haber vivido durante años una vida celestial”.
Recordaba haber vivido
“Laure Raynaud sabía todo eso; recordaba haber vivido ya y le gustaba
contar su vida anterior; su recuerdo no era completo; conocía sólo
algunos pasajes, algunas circunstancias de esa existencia, pero esos
pasajes y esas circunstancias eran para ella de una inaudita claridad.
La casa donde había vivido, o más bien el exterior de ésta, el parque
que la rodeaba, los alrededores, el cielo de un azul añil, todo estaba
presente en su espíritu como un cliché luminoso. Decía que sabría
reconocer su morada tan fácilmente como un aficionado a los
cuadros reconoce un lienzo que le ha gustado. Se veía a sí misma en
esa existencia anterior pero no sabía nada de los menudos detalles
de su vida; se veía con 25 años y daba señas precisas de sí misma. En
cuanto a su familia, no la recordaba. Hablaba con frecuencia de una
suerte de cliché que tenía de sí misma. Se veía joven y enferma del
pecho, vagando por un gran parque, en un país que no podía nombrar
pero cuyo cielo era puro, sin duda un país del Mediodía. Se quejaba
del clima frío del Norte: su país tenía otro sol más cálido, más alegre.
Pasaron los años, y Laure Raynaud realizó su sueño de la niñez; tocaba
a los enfermos para sanarlos y conseguía notables curaciones. La
fama de sus curas se extendió como un reguero de pólvora. Ricos
y pobres se amontonaban en su salón de la calle Enguerrand, en
Amiens, para encontrar alivio a sus males. Las personalidades más
importantes de la región, jueces, abogados y hasta médicos, venían a
consultarla. Pero pronto la señora Raynaud, ya no estuvo a gusto en
Amiens, y quiso venir a París, y en el momento mismo de su mayor
apogeo, en la época en que sus adeptos la veneraban igual que a un
dios, abandonó repentinamente a su clientela. Vino a París. Fue para
perfeccionar sus conocimientos de sanadora que vino a la capital;
se inscribió en la escuela práctica de magnetismo; fue allí donde la
conocí. Pronto observé su notable facultad, así que en 1911, le ofrecí
la dirección de mi sanatorio la cual aceptó. Desde 1911 he vivido al
lado de la señora Raynaud; entonces la he podido seguir, día a día, y he
estudiado serenamente sus curiosas facultades y sus originales ideas.
Puedo afirmar que desde el punto de vista mental es perfectamente
equilibrada. No es psicópata; no tiene ninguna alucinación, ninguna
idea mórbida; es una mujer tranquila y razonable; y tiene una gran
fe en el poder terapéutico de su mano. Pero los resultados que la he
visto obtener en mi casa la autorizan a tener confianza en sí misma.
En fin, es una maravillosa intuitiva que me ha predicho numerosos
eventos de mi vida que nada podía hacer prever. Muchas veces la
señora Raynaud hablaba delante de mí de de su última vida anterior,
pero yo no le daba mucho valor a esas historias, pues no veía la
posibilidad de verificación alguna. Me decía que ya había vivido,
con toda seguridad había habitado un país del Mediodía; su casa
era muy grande, mucho más grande que las casas ordinarias,
con una gran terraza en la parte delantera; las ventanas eran
grandes, numerosas, arqueadas en lo alto; había dos pisos y hasta
una terraza arriba. Era por esa terraza que le gustaba pasearse,
joven, morena, con los ojos muy negros y grandes; estaba triste,
pues estaba muy gravemente enferma. Tosía y pronto moriría del
pecho. Su carácter era arrogante, altanero, severo,
casi malo; sin duda la enfermedad la había agriado.
Era indolente y le encantaba vagar, perezosamente,
por el parque. Ese parque estaba plantado de viejos
árboles; iba en cuesta ascendente; y por detrás y a
los lados, había casitas habitadas por un grupo de
obreros. La muerte la sorprendió pronto, quizás hacia
los 25 años, partió agotada, delgada, pálida. Pasó
más de medio siglo viviendo en el más allá. Luego
reencarnó en la aldea de Aumont, en la Somme. Es lo
que le oí contar muchas veces”.
¿Cómo encontró
su casa la señora Raynaud?

“En marzo de 1913 recibí una carta procedente de
Génova, llamándome de parte de una dama de la
aristocracia genovesa. En ese momento yo no podía
dejar París. Afortunadamente, la enferma en cuestión
quería mucho a la señora Raynaud. Ya había sido
magnetizada por ella en mi casa de París. Rogué pues a
la señora Raynaud que partiera para Italia. El viaje iba
a ser prolífico en curiosas sorpresas. Al llegar a Turín, la
señora Raynaud tuvo la vaga impresión de que el país
no le era desconocido. Le parecía que ya había visto los
lugares que se extendían ante sus ojos. Sin embargo,
nunca había estado en Italia, tampoco había leído libros
sobre este país y tampoco creía haber visto imágenes
que lo representaran; y el tren rápido seguía rodando.
Llegó a Génova. Allí, lo que hasta entonces no había
sido para la señora Raynaud más que una impresión se
convirtió en certeza. Verdaderamente conocía ese país:
era allí donde había vivido en una existencia anterior. Al
llegar a casa de sus huéspedes, les comunicó sus ideas
y su deseo de ir en busca de su casa. Nuestro excelente
Sr. C., psíquico erudito y espiritualista convencido, se
ofreció enseguida para ayudar a la señora Raynaud en
su búsqueda. Conocedor a fondo de Génova, le pidió
a la señora Raynaud que le diera todas las señas que
conociera de su casa; y ella le repitió al Sr. C lo que
leímos más arriba. ‘Existe, pero no en la propia Génova,
sino en los alrededores’, dijo el Sr. C., ‘una gran casa que
me parece que responde a la forma, la ubicación y la
arquitectura que usted indica, vamos allá’. Y el señor C.
le rogó a la señora Raynaud que viniera con él. Subieron
a un auto y atravesaron toda Génova. Pronto el coche
se detuvo delante de una gran casa blanca. ‘No, esa
no es’, dijo la señora Raynaud, ‘pero conozco muy
bien este lugar y mi morada no está lejos. Partamos,
girando a la izquierda vamos a encontrar una carretera
que sube, y desde esa carretera veremos a través de los
árboles lo que nos interesa’. El auto avanzó siguiendo
las indicaciones de la señora Raynaud y, en efecto, a la
izquierda se encontraba la carretera que se extendía,
en pendiente bastante fuerte, hasta una hermosa
casa blanca que respondía a las señas indicadas, un
gran cuadrilátero con su gran terraza en la parte baja,
su terraza arriba, las numerosas ventanas, grandes,
arqueadas en lo alto, de estilo renacentista italiano. El
parque inculto adelante, descendía por detrás”.
Es allí donde morí, hace un siglo
“¡Ah! Dijo el Sr. C., esa es la casa de la familia S., familia
muy conocida en Génova.
—Es allí donde yo vivía, añadió la señora Raynaud; era
allí, en esa terraza, donde me paseaba débil, enferma
del pecho. Estaba muy indispuesta, estaba triste; fue allí
donde morí en la flor de la edad, hace un siglo”.
De regreso en casa de sus amigos, la señora Raynaud,
dio en la cena detalles sobre su hallazgo, evocó con
placer algunos recuerdos de su existencia anterior, y
luego agregó: “Sé que no estoy enterrada como todo
el mundo, en el cementerio; mi cuerpo descansa en una
iglesia, tengo la convicción”.
Las pruebas:
En Génova se encontró una partida de
defunción que es la de la señora Raynaud
“A través de mis amigos hice hacer largas investigaciones
en Génova; que condujeron a comprobaciones muy
extrañas. La iglesia de San Francisco de Albaro guarda
en sus minutas las partidas de defunción de las personas
fallecidas en esa casa señalada como suya por la señora
Raynaud. En esas minutas, mi amigo descubrió un acta
de la cual me envió copia. En esa acta, se observa:
1° Que se trata de una mujer que siempre fue
enfermiza, lo que está conforme con lo dicho por la
señora Raynaud
2° Que esta mujer parece haber muerto del pecho,
pues se dice que murió de un enfriamiento; el
término morir de enfriamiento es generalmente
sinónimo de morir de tuberculosis pulmonar. Esto
está igualmente conforme con el decir de la señora
Raynaud
3° Que la defunción se remonta a más o menos un
siglo, exactamente al 13 de octubre de 1809. Esto
está igualmente conforme
4° Que el cuerpo de la difunta está enterrado en una
iglesia (esto está igualmente conforme).
Notamos, finalmente, que nada en el acta contradice lo
que expresa la señora Raynaud”
Laure Raynaud murió a la edad de 45 años. Gracias
a su magnetismo, había curado una multitud de
desheredados. Podríamos decir que Laure Raynaud
también tenía por misión recordar su vida anterior, sin
duda para estimular al prójimo e incitarlo a la reflexión.

sábado, 12 de marzo de 2011

EUSAPIA PALLADINO, «LA DIVA DE LOS ERUDITOS» Y CESARE LOMBROSO LE JOURNAL SPIRITE N° 78 OCTUBRE 2009

LE JOURNAL SPIRITE N° 78 OCTUBRE 2009
D O S S I E R
LOS MEDIUMS Y LA CIENCIA
por
EMMA N U E L L E P Ê C H E U R

En la historia del espiritismo fueron
numerosos los médiums de efectos
físicos. Los experimentos realizados
durante sesiones rigurosamente
controladas, ponen en evidencia la
realidad de las manifestaciones del
espíritu. En este artículo vamos a
dedicarnos a describir brevemente la
historia de una médium a quien se
apodaba “la diva de los eruditos”, pues
trabajó con numerosos científicos en
Europa pero también en Norteamérica.
Sin embargo, fue su encuentro con
el doctor Lombroso en Italia lo que
recordaremos más particularmente.
Ante todo presentaremos al Dr.
Lombroso, luego a la médium Eusapia
Palladino, para terminar con algunos
extractos de informes de sesiones
donde los espíritus se manifestaron
produciendo también muchos
fenómenos físicos, visuales y táctiles,
así como sonoros. Son citados en el
libro de Arthur Conan Doyle Historia del espiritismo del
cual he aquí el comentario:
“La mediumnidad de Eusapia Palladino es semejante a
la de los demás médiums, pero ella ha tenido la ventaja
de asegurarse la atención de hombres influyentes, cuyos
informes publicados relativos a sus fenómenos han pesado
mucho más que los comentarios de personas menos
conocidas. Lombroso, en particular, publicó sus convicciones
en su célebre obra After Death - What? (Después de la
Muerte - ¿Qué?) aparecido en 1909. Eusapia fue el medio
por el cual se demostró la realidad de ciertos hechos que la
ciencia ortodoxa no iba a aceptar. Para el mundo, era más
fácil negar estos hechos que explicarlos y,
por otra parte, esa siguió siendo la línea
generalmente adoptada”.

EL INVESTIGADOR EN
CRIMINOLOGÍA Cesare Lombroso

Cesare Lombroso nació en Verona
en 1835. Su familia, de origen judío,
siempre vivió en el norte de Italia.
Lombroso hizo luego estudios de
medicina en Pavía, Padua y Viena, para
regresar finalmente a Pavía donde
obtuvo su doctorado en 1858. De 1863
a 1872, cumplió una carrera hospitalaria
en Pavía, Pesaro y Reggio de Emilia. A
partir de 1876 enseñó medicina forense
e higiene pública en la universidad de
Turín, donde fue nombrado profesor de
psiquiatría en 1896, luego profesor de
antropología criminal en 1906. Murió
en Turín en 1909. Bajo la influencia de
los positivistas franceses y de la teoría
evolucionista de Darwin, llegó a la conclusión de que la
desviación y el crimen son fenómenos biológicos. Para
él, los caracteres anatómicos y fisiológicos del criminal
permiten diferenciarlo claramente. Por otra parte, éste
es considerado más como una supervivencia del “salvaje
primitivo” que como un descarriado social. Utilizando
el método experimental para inventariar los caracteres
del criminal, en su libro El hombre criminal, (L’uomo
delinquente, 1876), Lombroso redactó una tipología y
en ella distingue cinco tipos: los criminales alienados,
los criminales de costumbre, los criminales de ocasión,
los criminales por pasión y los criminales natos, por los
cuales más se interesó.

El doctor Lombroso era muy escéptico
respecto a los fenómenos mediúmnicos
y la manifestación de los espíritus. No
fue hasta 1890 que aceptó la invitación
del profesor Chiaia de Nápoles, que en
1888 publicó en una revista romana
una carta que describe en detalle
sus experimentos e invita al célebre
alienista a examinar al médium por
sí mismo. Y, en febrero de ese mismo
año, Lombroso tuvo dos sesiones con
Eusapia en Nápoles. Se convirtió y
escribió: “Estoy lleno de confusión y
disgusto al pensar que he combatido
con tanta perseverancia la posibilidad
de los hechos llamados espiritualistas”.

Su conversión llevó a muchos eruditos
europeos de importancia a estudiar
el tema, y de allí en adelante, la
Sra. Palladino no dejaría de trabajar
durante muchos años en sesiones experimentales. Las
sesiones de Lombroso en Nápoles en 1891 fueron
seguidas por las de la Comisión de Milán en 1892 que
contaba entre sus miembros al profesor Schiaparelli,
director del Observatorio de Milán; el profesor Gerosa,
cátedra de física; Ermacora, doctor en filosofía natural;
el Sr. Aksakoff, consejero de Estado del Zar; Charles du
Prel, doctor en filosofía en Munich y el profesor Charles
Richet de la Universidad de París. Diecisiete sesiones
tuvieron lugar. Vinieron luego las investigaciones en
Nápoles en 1893; en Roma en 1893-1894; en Varsovia
y en Francia en 1894, bajo la dirección del profesor
Richet, de Sir Oliver Lodge, de F. W. H. Myers y del Dr.
Ochorowicz; en 1895 en Nápoles; y el mismo año en
Cambridge en Inglaterra, en la residencia de F. W. H.
Myers en presencia del profesor y la Sra. Sidgwick, de
Sir Oliver Lodge y del Dr. Richard Hodgson. Siguieron
en Francia, en 1895, en la residencia del coronel de
Rochas; en 1896 en Tremezzo, en Auteuil y en Choisy-
Yvrac; en 1897 en Nápoles, Roma, París, Montfort y
Burdeos; en París en noviembre de 1898 en presencia
de Flammarion, Charles Richet, A. de Rochas, Victorien
Sardou, Jules Claretie, Adolphe Bisson, G. Delanne y G.
de Fontenay, entre otros; luego, en 1901 en el Minerva
Club de Ginebra, en presencia de los profesores Porro,
Morselli, Bozzano, Venzano, Lombroso y Vassalo, entre
otros. Hubo muchas otras sesiones experimentales con
eruditos, tanto en Europa como en América.
¿QUIÉN ES LA MÉDIUM EUSAPIA PALLADINO?
“La carrera de médium de esta humilde napolitana
analfabeta, de un interés superior y de una importancia
extrema por sus resultados, suministra un ejemplo mayor
de la utilización de un ser modesto como instrumento
destinado a hacer añicos las sofisticaciones de los
eruditos. Eusapia nació el 21 de enero de
1854 y murió en 1918. Su mediumnidad
empezó a manifestarse hacia los
catorce años. Su madre murió de parto,
así como su padre cuando ella tenía
sólo doce años. Se refugió en casa de
amigos y allí, como se la persuadiera de
sentarse en compañía junto a una mesa,
al cabo de diez minutos la mesa levitó,
las sillas se pusieron a bailar, las cortinas
de la habitación se hincharon y los vasos
y las botellas se desplazaron. Se puso a
prueba a cada uno de los presentes para
descubrir quien era responsable de los
desplazamientos y, al final, se decidió
que Eusapia era la médium. Ella no
tenía ningún interés en las operaciones
y consintió en tener otras sesiones
sólo para complacer a sus anfitriones
y evitar que la enviaran al convento.
No fue antes de su vigésimo segundo o vigésimo tercer
cumpleaños que comenzó su educación espiritualista
la cual, después de Flammarion, se desarrolló bajo la
dirección de un ardiente espiritualista, el Signor Damiani.
Respecto a este período, Eusapia cuenta un incidente
singular. En Nápoles, una dama inglesa que se había
casado con el Signor Damiani, recibió durante la
sesión el mensaje de un espíritu que se presentó bajo el
nombre de John King, y le ordenó buscar a una mujer de
nombre Eusapia, precisando la calle y el número de la
casa. Afirmaba que era una poderosa médium a través de
la cual tenía la intención de manifestarse. La Sra. Damiani
se encaminó a la dirección indicada y descubrió a Eusapia
Palladino de quien nunca antes había oído hablar. Las dos
mujeres hicieron una sesión donde John King controló a la
médium, de la que seguiría siendo guía o registrador hasta
el fin”. (Extracto del libro de Arthur Conan Doyle Historia
del espiritismo, capítulo XV).
He aquí lo que decía el profesor Chiaia en su carta al
profesor Lombroso:
“El caso al cual hago alusión es el de una inválida que
pertenece a la clase social más humilde. Tiene casi treinta
años y es muy ignorante; además no es ni fascinante ni
dotada del poder que los criminólogos modernos llaman
irresistible; pero cuando lo desea, ya sea día o noche,
puede entretener a un grupo de curiosos durante casi
una hora con los más sorprendentes fenómenos. Aunque
esté atada a una silla, o sólidamente sujeta por las
manos de los curiosos, atrae hacia ella los muebles que
la rodean, los levanta y los mantiene suspendidos en el
aire como el ataúd de Mahoma, y los hace volver a bajar
con movimientos ondulatorios como si obedecieran a su
voluntad. Les aumenta o disminuye su peso a capricho.
Golpea o bate sobre los muros, los techos o el piso, con
buen ritmo y hermosa cadencia. En respuesta al pedido
de los espectadores, brotan de su cuerpo algo parecido
a relámpagos eléctricos y lo envuelven o se enrollan
alrededor de los espectadores de esas maravillosas
escenas. Dibuja sobre tarjetas que usted le presenta
todo lo que se desea —personajes, firmas, números,
frases— simplemente extendiendo la mano hacia el
lugar indicado.
Si se coloca en una esquina de la habitación un envase
con una capa de arcilla blanda, al cabo de un momento
se descubre la huella de una mano, grande o pequeña; la
imagen de un rostro (de frente o de perfil) de los que se
puede hacer un moldeado de yeso. De este modo, se han
conservado retratos de un rostro visto desde diferentes
ángulos y los que lo desean pueden dedicarse a estudios
serios e importantes.
Esta mujer se eleva por los aires, cualesquiera sean las
ataduras que la retienen en tierra. Parece tendida en el
aire como sobre un diván, desafiando todas las leyes de
la gravedad; toca instrumentos de música —órgano,
campanas, panderetas— como si fueran tocados por sus
manos o accionadas por el soplo de gnomos invisibles…
Algunas veces esta mujer puede aumentar su altura en
más de diez centímetros”.
ALGUNOS EXTRACTOS DE LOS NUMEROSOS
INFORMES DE SESIONES CON EUSAPIA PALLADINO

He aquí la relación de la Comisión de Milán (1892)
después de los experimentos:
“Es imposible contar el número de veces en que ha
aparecido una mano y ha sido tocada por uno de nosotros.
Baste decir que la duda ya no era posible. Lo que vimos y
tocamos era realmente una mano humana viva, mientras
que al mismo tiempo el busto y los brazos de la médium
permanecían visibles y sus manos eran sujetadas por los
que se encontraban a cada lado de ella”.
He aquí, a guisa de conclusión dos relatos, entre
muchos otros, de materializaciones convincentes. El
primero es proporcionado por el Dr. Joseph Venzano
en los Annals of Psychical Science (vol. VI, p. 164,
septiembre de 1907). La luz provenía de una vela que
permitía que se viera la silueta de la médium:
“A pesar de la debilidad de la iluminación, podía ver
claramente a la Sra. Palladino y a mis colegas presentes.
De repente, sentí que detrás de mí había una forma,
bastante grande, que apoyaba su cabeza sobre mi
hombro izquierdo sollozando violentamente, al punto
que las personas presentes podían oír los sollozos; me
abrazó repetidas veces. Distinguía distintamente los
contornos de aquel rostro que tocaba el mío y sentía
sobre mi mejilla izquierda el contacto de cabellos
muy finos y abundantes, de tal suerte que yo estaba
absolutamente seguro de que se trataba de una mujer.
Entonces la mesa comenzó a moverse y, por tiptología,
dio el nombre de una pariente cercana que nadie
conocía excepto yo. Había muerto algún tiempo antes
y, debido a una incompatibilidad de caracteres, yo había
tenido graves desacuerdos con ella. Estaba tan lejos de
esperar esta respuesta tiptológica que pensé que se
trataba de un caso de coincidencia de nombres pero,
mientras mentalmente me hacía esta reflexión, sentí
una boca, con su aliento tibio, tocar mi oreja izquierda
y murmurar, en voz baja y en dialecto genovés, una
serie de frases de las que para los demás participantes
sólo era audible el murmullo. Esas frases eran cortadas
por accesos de llanto y su sentido general era pedirme
perdón cada vez por las heridas que se me habían
infligido, con un lujo de detalles vinculados a asuntos
de familia que únicamente la persona en cuestión podía
conocer. El fenómeno parecía tan real que me sentí
obligado a responder con testimonios de afecto a las
excusas que se me presentaban y a mi vez pedir perdón
si el resentimiento nacido de los daños sufridos había
resultado excesivo. Pero apenas había pronunciado
las primeras dos sílabas, cuando dos manos se posaron
sobre mis labios con una exquisita delicadeza y me
impidieron proseguir. Luego la forma me dijo ‘Gracias’,
me tomó entre sus brazos, me abrazó y desapareció”.
Hay materializaciones más hermosas que esta con otros
médiums y con mejor luz pero, en este caso, hay una
prueba de identidad interior, mental.
El último ejemplo que daremos ocurrió en París en
1898, durante una sesión a la que asistió Flammarion,
y donde Le Bocain se dirigió en árabe a un espíritu
materializado: “Si realmente eres tú, Rosalie, que te
encuentras entre nosotros, tira tres veces seguidas de mi
cabello detrás de la cabeza”.
Diez minutos más tarde, cuando Le Bocain casi había
olvidado completamente su petición, sintió que le
tiraban tres veces del cabello, exactamente como lo
deseaba. Dijo: “Garantizo este hecho que, además,
representa para mí la prueba convincente de la presencia

viernes, 11 de marzo de 2011

STANISLAWA POPIELSKA LE JOURNAL SPIRITE N° 78 OCTUBRE 2009

LOS MEDIUMS Y LA CIENCIA
por
PAT R I C I A S A L I BA


STANISLAWA POPIELSKA

“Nuestro conocimiento de las fuerzas y las leyes de la naturaleza es extremadamente
defectuoso y no nos permite en absoluto juzgar lo que es posible o imposible en la
naturaleza”. Dr. Schrenck-Notzing
Las facultades de Stanislawa P. joven polaca de dieciocho años, cajera en un almacén de Varsovia,
se manifestaron a la muerte de su amiga Sophie. La manifestación fantasmal de esta última al
momento mismo de su muerte, fue el comienzo de una larga serie de fenómenos espontáneos,
de golpecitos y desplazamiento de objetos. Muy pronto esos fenómenos inexplicables fueron
considerados mediúmnicos y Stanislawa desarrolló sus facultades en un círculo espírita. Entre
1911 y 1916, el profesor Lebiedzinski estudió a la joven médium, reforzando los métodos
experimentales a los cuales ya ella estaba acostumbrada. Los experimentos se desarrollaban
con luz atenuada o roja, la médium tendida sobre una litera era atada por el cuello y por los pies
con dos vendas tan cortas como era posible y selladas contra la pared. Otras veces, la médium
era encerrada en una red, cuya abertura era igualmente cerrada, sellada y fijada a la pared.
En estas condiciones tan difíciles, se producían las mismas manifestaciones. Algunos objetos
encerrados en la red con la médium se encontraban en el exterior y de igual forma, objetos de la
habitación reaparecían dentro de la red cuando ésta era desellada. Un fantasma se materializó,
hablando en voz alta, y pudo elevarse por encima de las cortinas del gabinete negro a más de
2,50 m. arriba de la médium acostada y en trance. Los testigos de estas sesiones exigían ver al
mismo tiempo al fantasma y a Stanislawa, sobre todo cuando decidieron no atarla más. Todos
pudieron ver varias veces al mismo fantasma, desplazándose con la médium o con un asistente.
Fue a partir de 1912 que Stanislawa partió para Munich para ser estudiada durante varios meses
por el profesor Schrenck-Notzing. Éste observó los fenómenos telequinéticos o telequinésicos,
es decir las acciones sobre objetos inanimados sin contacto corporal, movimiento de mesas,
desplazamiento de objetos, golpecitos y materializaciones. Estas últimas corresponden a la
creación de formas y sustancias, de fuerzas y de inteligencias externas a la médium, gracias
a una materia orgánica, en términos espíritas, el fenómeno de ectoplasmia. Es a este grupo
de fenómenos que pertenecen las excrecencias que han observado numerosos científicos
como Oliver Lodge y Charles Richet sobre otros médiums de efectos físicos: la formación
de hilos blancuzcos, de nubes, de nebulosidades de una sustancia semejante a la muselina y
la aparición de manos, dedos y cabezas visibles y tangibles. El primer fenómeno visible es la
aparición sobre el cuerpo del médium de una sustancia aglomerada, imprecisa como un fino
humo blanco o gris. Cuando la sustancia se espesa se pone blanca para, en la medida en que
se desarrolla, volverse compacta, parecida a un tejido orgánico. La estructura sigue siendo
la misma, hilos gruesos y paralelos, cordones unidos por hilos transversales más pequeños.
Esta materia es fría, pegajosa, viscosa y sobre todo móvil. Aun cuando el cuerpo del médium
esté inmóvil, el velo membranoso recuerda en su elasticidad al caucho. Ese tejido parece
atravesar el tejido del traje particular que porta el médium y se desarrolla a nivel de la boca.
En Stanislawa P., la sustancia que salía de la boca se parecía a la lana o a un velo transparente.
El diseño daba la impresión de algodón deshilachado, ligero.
El 23 de junio de 1913, el plasma producido por la médium atravesó la redecilla negra que
envolvía su cabeza sin desgarrarla a pesar de la rigidez de la sustancia. Estas producciones
ectoplásmicas continuaron para ser observadas de nuevo por el profesor Liebedzinski cuando
Stanislawa regresó a Varsovia, donde se encontraba igualmente Melle Tomczyk, otra médium
de ectoplasma. En una sesión de febrero de 1916, fue recogido por el profesor polaco un
fragmento de materia producida por Stanislawa. Brillante y sin olor particular, este pequeño
fragmento parecía poroso. Fue dividido en dos partes y enviado para ser analizado en dos
laboratorios distintos, uno en Varsovia y el otro en Munich. El resultado presentó el análisis de
una sustancia albuminoidea conteniendo muchos leucocitos, además de un cuerpo graso y
células semejantes a las del cuerpo humano. Esta materia recuerda al líquido linfático y al quilo
del cuerpo humano sin tener todas las características de ellos.
Stanislawa era una joven sencilla y modesta. Huérfana desde su más tierna edad, fue recogida
por un jardinero. Al comienzo de sus experiencias mediúmnicas no sabía leer ni escribir del todo.
A veces su timidez y su gran sensibilidad hacían difíciles los experimentos. Además, durante
las sesiones, la médium sufría una gran pérdida de energía. La mediumnidad exige un trabajo
de desarrollo y muy a menudo, los médiums son considerados como máquinas. Durante las
sesiones con el Dr. Schrenck-Notzing, cada nueva medida de control le parecía ser un atentado
a su honradez e implicaba lágrimas, insomnios, o sesiones negativas. Se puede comprender
esta reacción cuando se conocen las comprobaciones hechas por los experimentadores: Solas
las mujeres eran autorizadas a desnudarse completamente para ser examinadas y permitirles
vestirse con el traje de sesión, negro en forma de delantal o de un jersey negro que le cubría
todo el cuerpo. Éste se abotonaba en la espalda y se cosía al cuello un velo con anillos por los
que pasaba un cordón que, una vez apretado, era emplomado. La cabellera, la boca, las orejas y
la nariz eran inspeccionadas. La cabeza era rodeada por una redecilla o un capuchón. Las manos
de la médium eran encerradas en un bolso de voile cosido a las mangas para impedir cualquier
fraude. El tejido del jersey era tan transparente que eran visibles los matices del cuerpo y de la
piel. El gabinete donde estaba sentada la médium era igualmente verificado. Stanislawa estaba
sumida en estado de sonambulismo por hipnosis, y permanecía pasiva durante la sesión. Al
fin de cada sesión, el Dr. Schrenck-Notzing y los asistentes examinaban de nuevo el cuerpo
dormido y despertaban a la joven. Las fotografías al magnesio tomadas durante estas sesiones
y ampliadas revelaron esa sustancia ectoplásmica. Dos películas de cerca de 400 cuadros, del
25 de junio y del 13 de julio de 1913, muestran cómo la sustancia se extendía y se estrechaba,
nacía y desaparecía en la boca de la médium.
La médium polaca organizó a espaldas de Schrenck-Notzing algunas sesiones en Viena en una
casa particular. El doctor Hartier, célebre en su ciudad, da testimonio en una carta dirigida a
Schrenck-Notzing:
“Sabe usted, en la primera sesión (yo estaba sentado aparte) rompí a reír; pero en la segunda,
quedé desconcertado, y luego en mí el Saúl se convirtió en Paúl. Esta segunda sesión con
Stanislawa tuvo como consecuencia echar abajo toda mi antigua concepción de la vida, de
la naturaleza, la vida entera tomó para mí otro aspecto. Me lancé con entusiasmo al estudio
de la literatura de este tema, que entonces debí reunir de manera empírica; en medio de mis
incertidumbres, le escribí para dirigirme a usted y usted ha tenido la amabilidad de darme puntos
de referencia verdaderamente preciosos, por los cuales le estoy muy agradecido. Todavía hoy
agradezco la suerte que, por casualidad, me permitió ver a la pequeña polaca, pues hoy sé que
era un necio y un ignorante, que tenía a la ciencia oficial por la ‘última palabra’ de la sabiduría.
Ahora estoy curado, aunque de vez en cuando, todavía soy atormentado por los escrúpulos y las
dudas. Cuando me ocupo de este asunto, encuentro lo que me abandona en las ciencias exactas
de la naturaleza, quiero decir que la fe tiene un alma”.
El impresionante número de fotografías tomadas por Schrenck-Notzing presenta en las
ampliaciones el esbozo de una mano, de dedos, de rostros. El aspecto de las producciones es
tosco y presenta formas imperfectas semejantes, como dice el experimentador, a una mano
de azúcar de la cual una mitad, en la zona del pulgar, se hubiera derretido. En febrero de 1913,
un ramo de mimosas florido y fresco de 20 cm. planeó libremente rodeado por una mano
chata y primitiva, muy diferencia a la de la médium. En otra oportunidad, un pañuelo que
Schrenck-Notzing tenía en sus manos fue sujetado y sacado con cierta violencia mientras
todos los miembros de la médium estaban inmóviles y visibles. Todas estas manifestaciones
mediúmnicas no impidieron, como con otros médiums, la sospecha de fraude pero ninguna
prueba pudo ser aportada en este caso, ni siquiera por los más hábiles prestidigitadores. Y
entonces, ¿quiénes son estos escépticos capaces de desacreditar y de humillar a personajes
serios, eruditos que han estudiado con pasión los fenómenos mediúmnicos? Seguramente no
son científicos dignos de ese nombre, abiertos a todo fenómeno y sensatos como para barrer
todo prejuicio antes de comenzar a estudiar lo que sea, en un verdadero paso científico no
oscurantista. Pero, ¿quién es Schrenck-Notzing?
Este médico, hijo del gran barón Walter Von Schrenck-Notzing, una de las más antiguas familias
de Munich se instaló en esa ciudad donde fue el primer psicólogo. Apasionado de la hipnosis y la
parapsicología, en 1886 fundó con Carl Du Prel la Sociedad de Psicología de Munich semejante
a la SPR de Londres donde se hicieron numerosos experimentos. Erudito, trabajador obstinado,
prosiguió sus investigaciones durante más de treinta años dentro de un rigor de condiciones
experimentales. A cualquier parte donde los fenómenos mediúmnicos fueran interesantes de
analizar, iba él a estudiarlos y observarlos, como los producidos por Eusapia Palladino. Nunca se
dejó desalentar, ni aun ante las críticas o las injurias. Supo reducir al silencio a sus adversarios e
incansablemente, con una sana curiosidad, profundizaba cada experimento. Schrenck-Notzing
instaló un laboratorio donde estaban instalados hasta siete aparatos fotográficos para dejar
a la investigación clisés de apariciones de ectoplasma. Stanislawa, Willy y otros médiums se
dejaron estudiar aunque a veces las condiciones de control fueran difíciles para ellos. Charles
Richet, miembro del instituto y amigo de Schrenck-Notzing, dijo de él:
“La verdad siempre acaba por triunfar, y el experimento confunde a los que no aceptan un hecho
porque es inusual y choca con sus ordinarias formas de pensar. Schrenck-Notzing ha tenido el
coraje y la paciencia de querer convencer a sus colegas y cofrades alemanes para que acepten
las teorías y hechos de la metapsiquis. Muchas sesiones han tenido lugar ante sabios profesores
que han visto a Willy y han sido convencidos, profesores de física, de química, de zoología, de
psiquiatría, de medicina. Es preciso leer su testimonio que es abrumador para los negadores”.
Schrenck-Notzing aportó a sus investigaciones una inteligencia y una precisión que dejan a
la posteridad un trabajo fundamental sobre la elaboración de la sustancia ectoplásmica, y
supo establecer una relación entre la densidad visual de la sustancia y su grado de solidez. Fue
también el primero en comprobar que la impresión de viento frío sentida por los asistentes a
la sesión correspondía a una baja de la temperatura del aire que rodea al médium lo cual, por
consiguiente, constituía una posible fuente de energía.
Allan Kardec, en su introducción de El Libro de los Espíritus publicado en 1857 escribió:
“Si los fenómenos que nos ocupan se hubieran limitado al movimiento de objetos, hubieran
quedado en el campo de las ciencias físicas, pero de ninguna manera es así: les era dado llevarnos
por el camino de un hecho extraño. Se creyó descubrir, no sabemos por qué iniciativa, que el
impulso dado a los objetos no era sólo producto de una fuerza mecánica ciega, sino que en ese
movimiento había la intervención de una causa inteligente. Ese camino, una vez abierto, era todo
un campo nuevo de observaciones: era el velo levantado sobre muchos misterios. ¿Hay en efecto
una causa inteligente? Esa es la cuestión.”
Alexander Aksakoff, consejero de Estado en Rusia que estudió todos los fenómenos durante
largos años, compara en su libro Animismo y espiritismo, la producción de ectoplasma con
un parto “reversible”. A la pregunta hecha a los espíritus sobre la composición de la materia
ectoplásmica, la respuesta fue la siguiente:
“Es una cuestión fundamental que ha sido objeto de numerosos estudios y de numerosos
experimentos. La materia ectoplásmica se parece en todo a la materia viva que anima y compone
vuestra propia estructura molecular. Sin embargo, existe otra forma de materia ectoplásmica. Me
refiero al ectoplasma que se solidifica y que, después de su exteriorización mediúmnica, permanece
entre vosotros, que entonces podéis conservarlo. Me refiero también al ectoplasma que puede
transformarse, que puede engendrar una materialización precisa a partir de la conciencia que se
sabe dar, quiero decir su forma, su color y su estructura. Existe pues, en el plano ectoplásmico,
una materialización solidificada que tiene
toda la apariencia y todos los componentes
de la estructura de la materia inerte. No
hay que buscar en la fórmula ectoplásmica,
cualquiera sea su naturaleza, cualquiera
sea su manifestación, viva o inerte, más
que un nuevo componente, un nuevo
elemento químico que sería desconocido
del mundo de la biología. En verdad, toda
estructura ectoplásmica corresponde a las
estructuras de la materia dentro de la cual
vivís, y de la materia que animáis dentro de
vuestra encarnación en el fenómeno vital.
Para el fantasma ectoplásmico, la fórmula
ectoplásmica es la fórmula acelerada de
un nacimiento. La fórmula acelerada de
la prolongación de un embrión que en el
tiempo real da nacimiento al bebé, al niño,
al adolescente y, más tarde, al adulto. El
ectoplasma en su manifestación energética
es pues la manifestación extraordinaria del
poder del espíritu que comanda y que guía
la materia. En el ectoplasma, también está
la naturaleza de vuestros pensamientos,
de vuestros fluidos, es también la fuerza
de esos mismos pensamientos, la fuerza
de esos mismos fluidos. Materia viva o
materia inerte, la estructura ectoplásmica
corresponde pues a todos los elementos de
la materia que conocéis actualmente”.
Los espíritus tienen la posibilidad de
manifestarse bajo diversas formas, y en
una época utilizaron mucho los fenómenos
de telequinesia y de ectoplasmia a fin
de aportar pruebas tangibles de sus
manifestaciones y de sus realidades y ello
delante de numerosos científicos que los
estudiaron con mucha seriedad durante el
período metapsíquico. Y sin embargo, en
ese mismo período, los médiums sufrieron
la crítica, la duda, el ridículo, algunos
menos célebres murieron desesperados
por no ser comprendidos. Otros, sin
embargo, pudieron hacer trampa para
cumplir con una permanente exigencia de
manifestaciones del más allá. Un médium,
cualquiera que sea su facultad, no es sólo
una máquina física que responde a las
exigencias y los caprichos de la sociedad
que lo utiliza, es un ser humano sensible
que merece respeto y comprensión.
En su época, Allan Kardec comprendió
que el espiritismo debía ser organizado,
y la mediumnidad volverse moral y
comprometer una conducta y una ética.
E C O S
Allerton T. Cushman comunicó al boletín de marzo de la Society
for the study of supranormal pictures una observación de lo más
curiosa que hizo en el círculo de Crewe, con los médiums W. Hope
y la Sra. Buxion. Abordando el examen del “ectoplasma negro”,
el Sr. T. Cushman habló de una sesión de la que fue testigo en
la casa de Hope. Aquel día se le ocurrió posar junto a una joven
delante del objetivo del médium de Crewe. Cuando se hizo una
impresión, W. Hope y la Sra. Buxton quedaron profundamente
sorprendidos y declararon no haber conseguido nunca un efecto
de esa clase. Una cinta ectoplásmica negra salía de la frente de
la joven, serpenteaba y se volvía blanca y transparente al pasar
sobre el antebrazo izquierdo, luego se dirigía hacia la región del
corazón y volvía a ser negra. Las partes negras parecían envolver
centros o núcleos más negros todavía. Estas partes parecían
haber sido dibujadas con tinta china sobre la placa, antes de la
exposición, como un intento de sombrear la cinta acentuando el
modelo y la perspectiva.
“Al primer examen, eso me pareció sospechoso. Pero al
reflexionar, pensé que si el negativo hubiera sido entintado de
esa manera, yo hubiera descubierto la superchería. Por otra parte,
toda alteración en negro sobre el negativo, aparecería blanca en
la impresión. Ahora bien, ese negativo, al que había controlado
escrupulosamente, lo había revelado yo y sabía que la impresión
era una reproducción fiel. Por añadidura y para responder a la
hipótesis de un fraude, era imposible, haber preparado esos
trazos negros, que Hope los hubiera podido colocar sobre la
placa en el preciso lugar donde debían salir de la cabeza de la
persona fotografiada. En efecto, este médium nunca impuso a
sus visitantes que se sentaran en uno u otro sitio y cuando habían
tomado lugar, nunca les hacía modificar la posición que elegían”.
(Revista metapsíquica 1923).