UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

lunes, 7 de febrero de 2011

MAGNETISMO Y ESPIRITISMO por A D R I E N P I E R S A N T I TERAPIAS Y ATENCIONES ESPÍRITAS TOMADO DE:LA REVISTA ESPIRITA N° 83 ENERO 2011.

MAGNETISMO Y ESPIRITISMO
por
A D R I E N P I E R S A N T I
TERAPIAS Y ATENCIONES ESPÍRITAS
He aquí un caso que tuve que tratar a comienzos de
los años 2000. Se trataba de una mujer que me había
contactado a través de nuestro sitio en Internet. Esta
persona sufría de la espalda al punto de que ello la
incapacitaba.
Había, por así decirlo, probado todo, tocado todas
las puertas y, desgraciadamente, no había podido
conseguir más que un alivio pasajero. Su espalda no
presentaba nada anormal y sin embargo sufría por
ella en forma esporádica. Era tanto más penoso para
ella pues era un avezada karateca, muy interesada
en esa disciplina. Además había alcanzado un muy
buen nivel, pero desde hacía varios meses había
sido obligada a hacer un alto en el kárate, lo cual la
afectaba.
Todo esto me lo explicó en su primer correo y, al tener
su número de teléfono la llamé, lo cual permitió
conocernos e igualmente que ella expresara su
problema con más detalle.
Pude hablarle de los diferentes medios terapéuticos
que practicamos en el Círculo espírita Allan Kardec.
En un primer momento, le propuse el magnetismo
pero rápidamente me dije que tal vez en su caso
eso no bastaría, que el magnetismo sólo le traería
alivio, lo cual no es desdeñable, pero seguiría siendo
insuficiente. Para ella era cuestión de curar su
espalda. Decidí emprender, con su aprobación, por
supuesto, una psicometría que quizás me permitiría
revelar la causa de su problema, seguida de una radiestesia

con fines terapéuticos.
En la revista anterior abrimos este nuevo apartado “Terapias y atenciones espíritas”, dedicada a los cuidados
magnéticos, hipnóticos y otros, dispensados en el marco de la sección de atención del Círculo. Adrien Piersanti,
responsable de esta sección, atiende este apartado y prosigue su informe con un nuevo testimonio representativo
de su trabajo regular en magnetismo y psicoquinesia.
La redacción
.
Debo abrir un paréntesis para explicar el génesis
de esta combinación psicometría y radiestesia con
fines terapéuticos: algunos meses antes, durante
una sesión de escritura automática, mi guía vino
para decirme que la psicometría que desarrollaba
desde hacía algunos años se había vuelto operativa
y que tomaría una dirección terapéutica, siendo
una psicometría de tipo clásico, si puedo decirlo
así. Eso significa que por el contacto con un objeto
perteneciente a una persona enferma, objeto que
debe estar muy “impregnado” de esa persona y que
pueda considerarse de gran valor sentimental; por
ese contacto, pues, veré en psicometría la causa y
el origen del problema de salud de la persona en
cuestión. Una vez encontrada la causa, emprenderé
un trabajo en radiestesia, esta vez de tratamiento
del problema. Le propuse pues esta fórmula que
ella aceptó y le pedí me enviara un objeto que le
perteneciera y al cual estuviera particularmente
apegada, acompañado por una foto que la
representara de pie.
Como habrán comprendido, este trabajo
radiestésico se haría a distancia sobre la foto, pues la
dama estaba demasiado alejada geográficamente.
Pasaron dos días y recibí por correo el objeto
solicitado, que era ni más ni menos que una
navaja de resorte… Kárate, navaja de resorte, ¿una
delincuente? Sin duda, esta mujer es totalmente
tranquila y encantadora.
Al día siguiente decidí actuar. Me instalé en las
condiciones requeridas: calma, recogimiento,
concentración, pensamientos dirigidos hacia mi
guía quien, como él lo ha precisado, estaría presente.
Tomo el cuchillo y al cabo de algunos minutos,
aparecen imágenes. Veo un vasto campo verde y
ondulado, salpicado de bosquecillos y matorrales,
el clima es suave. El ambiente es muy tranquilo y
sereno. Y percibo un hombre a caballo inmóvil. Este
hombre tiene unos treinta años, moreno, esbelto,
lleva un pequeño bigote, tiene el cabello corto. Está
vestido de jinete, un traje muy esmerado. Percibo
que pertenece a la alta sociedad de fines del siglo
XIX. Contempla sus tierras a las cuales está muy
apegado. Adora particularmente esos momentos,
esos paseos por la naturaleza. Tiene aspecto de
meditar, quieto sobre su caballo, la mirada hacia el
horizonte, se siente bien. Luego decide continuar,
parte al trote lento, pero de repente su caballo se
encabrita violentamente, yo no sabría decir por qué.
Él, totalmente sorprendido, es derribado. Su caída es
terrible pues se rompe la columna vertebral contra
una gran piedra semi-enterrada. En la siguiente
imagen, lo veo sentado bajo un ventanal, una
manta le cubre las piernas, ya no puede caminar
más. El ventanal está adosado a su vasta morada
que domina sus tierras. Mira tristemente el campo
pues nunca más podrá recorrerlo como tanto le
gustaba hacer.
Después de eso, llamo por teléfono a la Señora C.
y le hablo de la psicometría. Sigue un largo silencio
luego ella me dice: “Le confiaré un pensamiento
íntimo. Cada vez que veo a un minusválido sobre su
silla de ruedas, experimento la irresistible necesidad
de ponerlo de pie para verlo caminar. Nunca he
comprendido por qué reaccionaba así”.
Después de esa entrevista, comienzo el trabajo
radiestésico sobre la foto de la señora C. a razón
de dos veces por semana. Durante la entrevista
que precede a este trabajo, le pido que me tenga
al corriente de su estado, una vez por mes, por
teléfono.
Esta petición es doblemente importante. Por una
parte, por supuesto, para su control y por otra
para mantener un vínculo que me es necesario en
la permanencia de la frecuencia de trabajo. Pues
trabajar sobre una foto por largo tiempo tiene el
riesgo de provocar cansancio. Pero, tener noticias
regularmente mantiene el impulso.
Un mes después, la señora C. me llamó como
habíamos convenido, para decirme que nada
había cambiado. Es necesario insistir, un mes es
poco. El trabajo sobre foto es más largo que el
trabajo efectuado directamente sobre la persona.
El segundo mes, ídem. El tercer mes, el dolor ha
desaparecido.
Prudente, le digo que prolongaremos el trabajo un
mes. La desaparición del dolor es confirmada por la
señora C. cuando me llama el mes siguiente.
¿Cómo explicar que hemos logrado la curación?
Lo recuerdo, varios medios combinados entran en
juego: la psicometría revelada a la señora C. tiene un
impacto cierto sobre su psiquismo, sobre su espíritu;
y a continuación la radiestesia con fines terapéuticos,
el pensamiento dirigido del terapeuta durante el
acto radiestésico, todo eso crea una “alquimia” que
en este caso preciso lleva a la curación. Puntualizo
bien “en este caso preciso”, porque no siempre todos
los actos de este tipo han dado el mismo resultado.
Es decir que a veces hay mejoría del estado del
paciente, alivio pero no curación, y a veces hasta nos
enfrentamos al fracaso. Desde luego, esta disciplina
no es la panacea pero ha resultado eficaz para buen
número de pacientes.
Por supuesto, el cuerpo médico no se conformará
con esta respuesta. Los resultados están allí. En este
proceso de curación entran en juego elementos
sutiles tales como la fuerza del pensamiento, la
onda de forma creada por el péndulo, que hoy no
son admitidos, y hasta son despreciados por ese
mismo cuerpo médico dominante

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