UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 18 de febrero de 2011

JAMES BRAID, UN CIRUJANO DEL SIGLO XIX EN LUCHA CONTRA EL DOLOR A R C H I V O MAGNETISMO Y SPIRITISMO por J E A N - LO U I S P E T I T TOMADO DE: LA REVISTA ESPIRITA N° 83 ENERO 2011.

A R C H I V O
MAGNETISMO Y SPIRITISMO
por
J E A N - LO U I S P E T I T
 
JAMES BRAID,
UN CIRUJANO DEL SIGLO XIX EN LUCHA CONTRA EL DOLOR



En principio nada excepcional en la vida de este buen
alumno, llamado a convertirse en cirujano, en las
condiciones de la época que no siempre conocía la
anestesia. En aquellos tiempos, se cortaba, se serraba
vivo, lo que con gran frecuencia llevaba a “romper su
pipa” (introducida en las operaciones del campo de
batalla para que el paciente apretara muy fuerte el
tubo, aferrándose al utensilio mientras que tres a cinco
forzudos lo sostenían; el dolor y el choque quirúrgico
producían una mortandad espantosa). Durante
toda su vida, Braid se dedicaría a sus enfermos, y
especialmente, se interesaría en todo lo que pudiera
aliviar ese omnipresente dolor.
Había nacido el 19 de junio de 1795 en Escocia, en
Kinross, y llevó una vida familiar aparentemente
bastante feliz, después de su boda con Margaret Mason
en 1813. La pareja tuvo dos hijos, un niño y una niña.
Braid prosiguió sus estudios de medicina en Edimburgo
entre 1812 y 1815, interesándose mucho en la filosofía
y la moral. Salió brillantemente de la universidad con
una licencia del Real Colegio de Cirugía de la ciudad
de Edimburgo que lo recibió como miembro de pleno
derecho, autorizado a enseñar y dirigir una actividad
de investigación. Murió en 1860 en Manchester luego
de una fecunda carrera de practicante e investigador.
Inició su carrera como médico de las minas de Leadsville
en 1816, antes de abrir su propio consultorio en
Dumfries. Decidió especializarse en cirugía de los ojos y
en ortopedia. Pronto consiguió una buena reputación
local que llevó a uno de sus pacientes a invitarlo a
ejercer en la gran ciudad de Manchester, en Inglaterra,
desde 1825 hasta su muerte en 1860. Rápidamente
se hizo célebre en su especialidad, y operaba tanto
casos de estrabismo como deformidades, patizambos,
afecciones de la columna vertebral y accidentes
diversos incluidos de deporte. Su reputación le trajo
numerosos pacientes de todo el Reino Unido. Curioso
y abierto, al principio se mostró bastante escéptico
durante una demostración de magnetismo animal
hecha en el lugar por un discípulo de Mesmer, Charles
Lafontaine, quien recorría toda Europa. Persuadido
primero de que el operador falseaba sus resultados,
examinó atentamente a los pacientes para concluir en
una verdadera modificación de su estado. Concluyó
no sólo en una intervención física, sino también
nerviosa y psicológica. Decidió entonces que él mismo
practicaría el magnetismo que incluyó en sus métodos
de curación. Le interesó muy especialmente el estado
particular, así es como lo describe, entre sueño y
vigilia, que se puede obtener con pases magnéticos y
una acción sobre el psiquismo del paciente. Se trataba
del comienzo de la hipnosis, cuyo aporte percibió de
inmediato, tanto para curar desórdenes nerviosos
como para luchar contra el dolor. Leía todo lo que
encontraba, experimentaba con su esposa y su entorno
que le servían de conejillos de Indias. Desarrolló por fin
un método personal destinado a provocar ese estado,
utilizando no sólo la imaginación del paciente, sino
también fijando su atención sobre un objeto brillante,
lo cual provoca un estado que llamó “hipnotismo”,
del griego, hipnos, sueño. Treinta años más tarde el
término sería utilizado habitualmente. Su método
sigue siendo aceptado y practicado, con muchos otros
(método llamado de inducción, es decir, conducido,
guiado por una fijación de la atención sobre un objeto
externo). Dictó numerosas conferencias, en 1843
escribió un tratado: Neurypnologie, traité du sommeil
nerveux ou hypnotisme, considéré dans ses relations
avec le magnétisme animal (Neurohipnología, tratado
del sueño nervioso o hipnotismo, considerado en sus
relaciones con el magnetismo animal). No logró, sin
embargo, imponer la hipnosis en su propio país.
Dos médicos franceses Eugène Adam y Paul Broca se
apasionaron por sus trabajos, y en 1859 informaron
acerca de una intervención quirúrgica practicada
bajo hipnosis. Las primeras pruebas de anestesia por
inhalación de vapores de éter se intentaron con éxito
en París en 1846-1847. Se deseaba hacer progresar
la técnica. En 1860, los trabajos de Braid fueron
presentados a la Academia de ciencias por Alfred
Velpeau. Sobre la marcha, Joseph Durand de Gros
publicó un curso teórico y práctico de “Braidismo” o
hipnotismo nervioso, que apasionó al doctor Auguste
Liébault, uno de los fundadores de la escuela de Nancy.
Liébault utilizaría ordinariamente la hipnosis, tal y como
la practicamos de nuevo, después del largo sueño de
los años de desgracia vinculados a la invención del
psicoanálisis por Freud. Fue pues en Nancy donde los
trabajos de Braid se utilizaron habitualmente, antes de
difundirse por todo el mundo.

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