UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 1 de febrero de 2011

DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE INTRODUCCIÓN WASSILY KANDINSKY TOMADO DE: EL BOLETÍN "PROGRESO" DEL A.I.P.E.

DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE
INTRODUCCIÓN
WASSILY KANDINSKY
Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, madre de nuestros
propios sentimientos.
Igualmente, cada periodo cultural produce un arte que le es propio y que no puede repetirse.
Pretender revivir principios artísticos del pasado puede dar como resultado, en el mejor de los
casos, obras de arte que sean como un niño muerto antes de nacer. Por ejemplo, es totalmente
imposible sentir y vivir interiormente como lo hacían los antiguos griegos. Los intentos por
reactualizar los principios griegos de la escultura, únicamente darán como fruto formas
semejantes a las griegas, pero la obra estará muerta eternamente. Una reproducción tal es igual
a las imitaciones de un mono. A primera vista, los movimientos del mono son iguales a los del
hombre. El mono puede sentarse sosteniendo un libro frente a sus ojos, dar vuelta a las páginas,
ponerse serio, pero el sentido de estos movimientos le es ajeno totalmente.
Hay, a pesar de esto, otra igualdad exterior de las formas artísticas que se asienta en una gran
necesidad. La igualdad de la aspiración espiritual en todo el medio moral-espiritual, la
aspiración hacia metas que, perseguidas primero, fueron luego olvidadas; es decir, la igualdad
del sentir interno de todo un periodo puede llevar lógicamente al empleo de formas que en un
periodo anterior sirvieron positivamente a las mismas aspiraciones. Así nació parte de nuestra
simpatía, nuestra comprensión y nuestro parentesco espiritual con los primitivos. Como
nosotros, esos artistas puros buscaron reflejar en sus obras únicamente lo esencial: la renuncia a
lo contingente apareció por sí sola.
A pesar de su valor, este punto importante de unión espiritual no es más que un aspecto.
Nuestro espíritu, que después de una larga etapa materialista se halla aún en los inicios de su
despertar, posee gérmenes de desesperación, carente de fe falto de meta y de sentido. Pero aún
no ha terminado completamente la pesadilla de las tendencias materialistas que hicieron de la
vida en el mundo un penoso y absurdo juego. El espíritu que empieza a despertar se encuentra
todavía bajo el influjo de esta pesadilla. Sólo una débil luz aparece como un diminuto punto en
un gran círculo negro. Es únicamente un presentimiento que el espíritu no se arriesga a mirar,
pues se pregunta si la luz es sólo un sueño y el círculo negro la realidad.
Esta duda y los sufrimientos aún válidos de la filosofía materialista, separan nuestro espíritu del
de los primitivos. Nuestro espíritu tiene una grieta, que cuando se logra tocar, produce el sonido
de un fino jarrón quebrado, hallado en el fondo de la tierra.
Por eso, la inclinación a lo primitivo, como la que hoy tenemos abiertamente tomada en
préstamo, será de corta vigencia.
Estas dos clases de semejanzas entre el arte nuevo y las formas de etapas pasadas, son
radicalmente diferentes. El primero es externo y, por lo tanto, no tiene porvenir.
El segundo es espiritual y por eso lleva en sí la semilla del futuro. Tras la etapa de la tentación
materialista, en la que aparentemente murió y que, sin embargo, ahora rechaza como una
tentación negativa, el alma se levanta afinada por la lucha y el sufrimiento.

Los sentimientos más burdos, como el miedo, la alegría, la tristeza, etc., que podrían usarse en
esta etapa de tentación como contenido del arte, atraerán poco al artista. Este buscará despertar
sentimientos más sutiles que en la actualidad no tienen nombre. El artista tiene una vida
compleja, sutil, y la obra surgida de él originará necesariamente, en el público capaz de
sentirlas, emociones tan matizadas que nuestras palabras no las podrán manifestar.
El espectador es hoy incapaz, salvo en excepciones, de tales vibraciones. Desea hallar en la
obra de arte una simple imitación de la naturaleza que le sirva para algún fin práctico (el retrato
en su significado corriente, etc.), o una imitación de la naturaleza que traiga consigo cierta
interpretación (pintura impresionista), o finalmente, estados de ánimo disfrazados de formas
naturales (lo que se llama emoción) (1). Todas estas formas de ser auténticamente artísticas,
cumplen una finalidad y son (también en el primer caso) alimento espiritual, y especialmente
en el caso tercero, en el que el espectador encuentra una relación con su alma. Naturalmente,
tal relación (o re-sonancia) no se queda en la superficie: el estado de ánimo de la obra puede
profundizarse y modificar el estado de ánimo del espectador….. Cada cuadro guarda
misteriosamente toda una vida, una vida con muchos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo
y de luz. ¿Hacia dónde va esta vida? ¿Hacia dónde busca el alma del artista, si también se
entregó en la creación?
¿Qué anuncia?
Iluminar las profundidades del corazón humano es la misión del artista, dice Schumann.
El artista es un hombre que lo sabe dibujar μ pintar todo, dice Tolstoi.
De estas dos definiciones sobre la función del artista elegimos la segunda, pensando en la
exposición descrita anteriormente; con mayor o menor habilidad, virtuosismo y energía, surgen
en el cuadro objetos relacionados entre sí por medio de pintura, más tosca o más fina. Esta
armonización del todo en el cuadro es el medio que conduce a la obra de arte. Esta es mirada
con ojos fríos y espíritu indiferente. Los expertos admiran la factura (así como se contempla a
un equilibrista), gozan la pintura (como se goza con una empanada).
Las almas hambrientas se van hambrientas. La muchedumbre camina por las salas y encuentra
las pinturas bonitas o grandiosas. El hombre que podría decir algo no ha dicho nada, y el que
podría escuchar no ha oído nada.
Este estado del arte se llama l'art pourl'art. La eliminación de los sonidos internos,
que son el ser de los colores, la dispersión de las fuerzas del artista en la nada, es el arte por el
arte.
………... Comprender es formar y aproximar al espectador al punto de vista del artista.
Ya dijimos que el arte es hijo de su tiempo. Un arte así sólo puede repetir artísticamente lo que
está reflejando nítidamente la atmósfera del momento. Este arte, que no guarda ningún germen
del futuro, que es sólo hijo de su tiempo y que nunca crecerá hasta ser engendrador de futuro,
es un arte castrado. Tiene escasa duración y moralmente muere en el instante en que
desaparece la atmósfera que lo ha originado.
El otro arte, capaz de evolucionar, se basa también en su época espiritual, pero no sólo es eco y
espejo de ella, sino que contiene una energía profética vivificadora que actúa amplia y
profundamente. La vida espiritual, en la que también se halla el arte y de la que el arte es uno
de sus más fuertes agentes, es un movimiento complejo pero determinado, traducible a
términos simples, que conduce hacia adelante y hacia arriba. Este movimiento es el del
conocimiento. Puede adoptar muchas formas, pero en el fondo mantiene siempre un sentido
interior idéntico, el mismo fin. Son oscuras las razones por las que todo movimiento
progresivo y ascendente debe realizarse con el sudor de la frente con sufrimientos, malos
momentos y penas. Cuando se ha concluido una etapa y se ha superado otro escollo del
camino, una mano perversa e invisible arroja nuevas piedras que parecen cerrar y borrar por
completo el camino por el que se andaba.
Entonces aparece un hombre parecido en todo a nosotros, pero que tiene dentro de sí una
fuerza visionaria y misteriosa. El observa y enseña. Por momentos desea liberarse de ese don
superior que a menudo es una pesada cruz. Pero no puede. A pesar de las burlas y los odios,
lleva hacia adelante y hacia arriba el pesado y reacio carro de la Humanidad que se detiene
entre las piedras.

En algunas ocasiones, cuando no queda ya nada de su ser físico en la tierra, se usan todos los
materiales para reproducirlo ya sea en mármol, hierro, bronce o piedra. Como si representara
algo el cuerpo de estos servidores del hombre, mártires casi divinos, que despreciaron lo físico
y sólo valoraron al espíritu. El recurso del mármol demuestra que una gran multitud ha llegado
finalmente al lugar que en su día ocupó el ahora homenajeado.

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