UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

viernes, 18 de febrero de 2011

JAMES BRAID, UN CIRUJANO DEL SIGLO XIX EN LUCHA CONTRA EL DOLOR A R C H I V O MAGNETISMO Y SPIRITISMO por J E A N - LO U I S P E T I T TOMADO DE: LA REVISTA ESPIRITA N° 83 ENERO 2011.

A R C H I V O
MAGNETISMO Y SPIRITISMO
por
J E A N - LO U I S P E T I T
 
JAMES BRAID,
UN CIRUJANO DEL SIGLO XIX EN LUCHA CONTRA EL DOLOR



En principio nada excepcional en la vida de este buen
alumno, llamado a convertirse en cirujano, en las
condiciones de la época que no siempre conocía la
anestesia. En aquellos tiempos, se cortaba, se serraba
vivo, lo que con gran frecuencia llevaba a “romper su
pipa” (introducida en las operaciones del campo de
batalla para que el paciente apretara muy fuerte el
tubo, aferrándose al utensilio mientras que tres a cinco
forzudos lo sostenían; el dolor y el choque quirúrgico
producían una mortandad espantosa). Durante
toda su vida, Braid se dedicaría a sus enfermos, y
especialmente, se interesaría en todo lo que pudiera
aliviar ese omnipresente dolor.
Había nacido el 19 de junio de 1795 en Escocia, en
Kinross, y llevó una vida familiar aparentemente
bastante feliz, después de su boda con Margaret Mason
en 1813. La pareja tuvo dos hijos, un niño y una niña.
Braid prosiguió sus estudios de medicina en Edimburgo
entre 1812 y 1815, interesándose mucho en la filosofía
y la moral. Salió brillantemente de la universidad con
una licencia del Real Colegio de Cirugía de la ciudad
de Edimburgo que lo recibió como miembro de pleno
derecho, autorizado a enseñar y dirigir una actividad
de investigación. Murió en 1860 en Manchester luego
de una fecunda carrera de practicante e investigador.
Inició su carrera como médico de las minas de Leadsville
en 1816, antes de abrir su propio consultorio en
Dumfries. Decidió especializarse en cirugía de los ojos y
en ortopedia. Pronto consiguió una buena reputación
local que llevó a uno de sus pacientes a invitarlo a
ejercer en la gran ciudad de Manchester, en Inglaterra,
desde 1825 hasta su muerte en 1860. Rápidamente
se hizo célebre en su especialidad, y operaba tanto
casos de estrabismo como deformidades, patizambos,
afecciones de la columna vertebral y accidentes
diversos incluidos de deporte. Su reputación le trajo
numerosos pacientes de todo el Reino Unido. Curioso
y abierto, al principio se mostró bastante escéptico
durante una demostración de magnetismo animal
hecha en el lugar por un discípulo de Mesmer, Charles
Lafontaine, quien recorría toda Europa. Persuadido
primero de que el operador falseaba sus resultados,
examinó atentamente a los pacientes para concluir en
una verdadera modificación de su estado. Concluyó
no sólo en una intervención física, sino también
nerviosa y psicológica. Decidió entonces que él mismo
practicaría el magnetismo que incluyó en sus métodos
de curación. Le interesó muy especialmente el estado
particular, así es como lo describe, entre sueño y
vigilia, que se puede obtener con pases magnéticos y
una acción sobre el psiquismo del paciente. Se trataba
del comienzo de la hipnosis, cuyo aporte percibió de
inmediato, tanto para curar desórdenes nerviosos
como para luchar contra el dolor. Leía todo lo que
encontraba, experimentaba con su esposa y su entorno
que le servían de conejillos de Indias. Desarrolló por fin
un método personal destinado a provocar ese estado,
utilizando no sólo la imaginación del paciente, sino
también fijando su atención sobre un objeto brillante,
lo cual provoca un estado que llamó “hipnotismo”,
del griego, hipnos, sueño. Treinta años más tarde el
término sería utilizado habitualmente. Su método
sigue siendo aceptado y practicado, con muchos otros
(método llamado de inducción, es decir, conducido,
guiado por una fijación de la atención sobre un objeto
externo). Dictó numerosas conferencias, en 1843
escribió un tratado: Neurypnologie, traité du sommeil
nerveux ou hypnotisme, considéré dans ses relations
avec le magnétisme animal (Neurohipnología, tratado
del sueño nervioso o hipnotismo, considerado en sus
relaciones con el magnetismo animal). No logró, sin
embargo, imponer la hipnosis en su propio país.
Dos médicos franceses Eugène Adam y Paul Broca se
apasionaron por sus trabajos, y en 1859 informaron
acerca de una intervención quirúrgica practicada
bajo hipnosis. Las primeras pruebas de anestesia por
inhalación de vapores de éter se intentaron con éxito
en París en 1846-1847. Se deseaba hacer progresar
la técnica. En 1860, los trabajos de Braid fueron
presentados a la Academia de ciencias por Alfred
Velpeau. Sobre la marcha, Joseph Durand de Gros
publicó un curso teórico y práctico de “Braidismo” o
hipnotismo nervioso, que apasionó al doctor Auguste
Liébault, uno de los fundadores de la escuela de Nancy.
Liébault utilizaría ordinariamente la hipnosis, tal y como
la practicamos de nuevo, después del largo sueño de
los años de desgracia vinculados a la invención del
psicoanálisis por Freud. Fue pues en Nancy donde los
trabajos de Braid se utilizaron habitualmente, antes de
difundirse por todo el mundo.

viernes, 11 de febrero de 2011

EL BARÓN DU POTET por C É L I N E P Ê C H E U R TOMADO DE: LA REVISTA ESPIRITA N° 83 ENERO 2011.

Denis, Jules Dupotet, o Dupotet de Sennevoy, más
conocido por el nombre de Barón du Potet, nació el
12 de abril de 1796 en Sennevoy-le-haut en el Yonne
y murió el 1 de julio de 1881 en París. Está enterrado
en el cementerio de Montmartre.
El magnetismo animal, igualmente llamado mesmerismo,
es un conjunto de las antiguas teorías y prácticas
terapéuticas que se desarrollaron desde fines
del siglo XVIII hasta fines del siglo XIX en Occidente
y que tuvieron un impacto importante en el desarrollo
de la medicina, la psicología y la parapsicología.
El magnetismo no era reconocido por la academia
de medicina, por tanto, según el artículo 4127-
39 del código de Salud Pública, los médicos no tenían
derecho de enviar a sus pacientes a un magnetizador.
Sin embargo, Martorel, cirujano dentista, abandonó
los dientes y efectuó otros tratamientos dolorosos
sobre pacientes magnetizados por el barón du Potet.
En 1837, exportó la práctica del magnetismo animal
a Inglaterra y formó especialmente al médico inglés
John Elliotson.
El barón du Potet se convirtió en miembro de la Sociedad
Teosófica. Entre 1845 y 1861 publicó Le Journal
du magnétisme (El Periódico del magnetismo). En este
periódico, explicaba en primer lugar la falta de conocimientos
y de reconocimiento de los científicos ante
el magnetismo. Deploraba esa
falta de amplitud de miras sobre
el asunto. A lo largo de sus escritos
trata también de marcar diferencia
entre el espiritismo de la época y
el magnetismo. Más tarde confesará
creer en la comunicación
con los muertos y hasta haberla
vivido, pero no quiere dedicarse
más que al reconocimiento del
magnetismo. Verdadero fenómeno
social, el magnetismo animal
ha sido objeto de numerosas
polémicas, especialmente en
Francia, con la facultad de medicina
que ha condenado esta práctica por los médicos
desde 1784. Eso no ha impedido al magnetismo animal
seguir propagándose bajo diversas formas, ciertos
magnetizadores siguen atribuyendo sus efectos
al fluido de Mesmer, otros los atribuyen a la voluntad
o la imaginación del magnetizador y el magnetizado.
Estos últimos dan origen a teorías
sobre la hipnosis desarrolladas
por médicos como James Braid
o Ambroise-Auguste Liébault.
Otros más explican los fenómenos
magnéticos por un contacto privilegiado
con los “espíritus.”
El barón du Potet polemizó a
menudo en Le Journal du Magnétisme
contra sus colegas, cuando
éstos se atrevían a publicar episodios
de manifestaciones de fallecidos.
Revela sus convicciones
íntimas a este respecto cuando
se expresa así en una carta particular
a Alphonse Cahagnet, y que este último inserta
en su obra: “Tratáis estas cuestiones veinte años demasiado
temprano: el hombre no está preparado para
comprenderlas”. El barón du Potet fue un autodidacta
de talento y sus escritos sobre el magnetismo siguen
estando entre los mejores.

EMMANUELLE PÊCHEUR
DELEUZE,
PIONERO DEL MAGNETISMO
Joseph Philippe François
Deleuze es un naturalista
francés, nacido en 1753 en
Sisteron y fallecido el 31 de
octubre de 1835 en París.
Experimentador en magnetismo,
fue igualmente uno de
los pioneros en este campo
como lo fueron Mesmer, Puységur y los Durville. Estudia
en París y en 1795 se convierte en naturalista asistente
del Museo Nacional de Historia Natural. Colabora
con Antoine Laurent de Jussieu (1748-1836). Naturalista
auxiliar, luego bibliotecario del Museo de Historia
Natural, es conocido sobre todo por ser partidario de la
teoría del magnetismo animal y sugiere que la Academia
de Ciencias lo estudie. Deleuze defiende el magnetismo
contra los positivistas de la Academia pero
también contra el ala derecha de la Iglesia católica. La
publicación de una revista, los Annales du magnétisme
(Anales del magnetismo), permite
dar cuenta de los experimentos
dirigidos por los
magnetizadores a través de
Europa. A partir de 1818 esta
revista tomará el nombre de
Bibliothèque du magnétisme
animal (Biblioteca del magnetismo
animal). La obra Histoire critique du magnétisme
animal (Historia crítica del magnetismo animal)
le asegurará a Deleuze la celebridad y contribuirá con
la expansión del magnetismo en Francia.
He aquí lo que le escribió al marqués de Puységur:
“Permítame colocar su nombre (Puységur) a la cabeza
de una obra destinada a dar a conocer más generalmente
los principios enunciados en sus textos, y las
consecuencias de los hechos que ha observado. Sin
usted, el magnetismo hubiera sido olvidado después
de Mesmer, como lo hubiera sido después de Harnero
Helmont. Nadie se ocuparía hoy de él, si
la caridad más activa no le hubiera dado
a usted el valor de sacrificar su tiempo,
desdeñar las críticas, y en fin, desafiar
todos los obstáculos, para establecer una
verdad que nos ilumina sobre las facultades
de nuestra alma y sobre los medios
de emplear estas facultades para curar
o aliviar los males de nuestros semejantes.
Es a usted que debo los conocimientos
que he adquirido, los cuales he derramado,
y el poco de bien que he tenido la
felicidad de hacer…”
Se carteaba igualmente con el doctor
Billot con lo cual da testimonio así de su certeza
sobre la vida después de la muerte en este extracto de
correspondencia: “…No veo razones que les impidan,
habiendo abandonado esta vida, ocuparse de aquellos
a quienes han amado y vienen a presentarse ante
ellos para darles consejos saludables. Acabo de tener
un ejemplo de ello, helo aquí…” Y Deleuze expone
el caso de una sonámbula a quien su padre fallecido
se manifestó dos veces para aconsejarla respecto al
esposo que debía elegir, sus consejos implicaban la
realización de un hecho todavía lejano en el tiempo,
y que se cumplió puntualmente en el momento indicado.
(G. Billot “Correspondencia sobre el magnetismo
animal”).
Una vez convertido en espíritu, este investigador del
magnetismo no dejó de continuar sus trabajos en el
más allá y de venir, así como otros espíritus,
a compartir con nosotros los resultados
de sus investigaciones en este campo
para afinar siempre nuestros conocimientos
en materia de magnetismo y las
posibilidades de cura por medio de esta
terapia.
He aquí las palabras de los Espíritus respecto
a la práctica del magnetismo: “…
Afirmamos también que es preciso desarrollar
progresivamente un magnetismo
que calificaré de espírita, es decir, un
magnetismo iluminado que sepa apoyarse
en la comunicación con el más allá,
en la comunicación con nosotros, los magnetizadores
de antes.
Sin método, no es de eficacia posible. No creo, y nunca
he creído en el magnetismo azaroso y empírico; evidentemente,
hay que ir a las fuentes de problemas
muy graves. Creo en un magnetismo instruido y continuado,
creo en un magnetismo de método y de adaptación
según los casos… Que el magnetismo no sea
una palabra mágica, que recuerde simplemente que
está allí para aliviar los sufrimientos del prójimo, y eso
es lo esencial, y esa es la cuestión. Pero uno no alivia
de cualquier manera en la anarquía, tampoco alivia a
quien no quiere serlo. Es por eso que hace falta que los
magnetizadores espíritas, en el círculo Allan Kardec,
estén conscientes de la tardanza necesaria para el progreso
de la eficacia de sus trabajos…”
E C O S
Cuando mi intervención quirúrgica del síndrome carpiano, el cirujano me explicó que serían necesarias varias
semanas para recuperar el empleo de la mano en las tareas diarias (excepto la carga de pesos y las presiones
fuertes que necesitarían varios meses). Magnetizada después de la intervención por Myriam, magnetizadora
de Besançon, comprobé una mejoría progresiva, día tras día, que superaba con mucho las indicaciones que
se me habían dado, tanto por mi cirujano como por los diversos amigos que habían sufrido esta intervención.
Contra todas las previsiones retomé mi vehículo 15 días después de la intervención. Asimismo, estoy
profundamente convencida de que la implicación y las sesiones con la “magnetizadora espírita” me han ayudado
en el camino de la curación. Andrée Levin – 20.10.2010
El 13 de noviembre de 2010, a consecuencia de una caída ocurrida una semana antes, fui magnetizada por
Colombe en el costado izquierdo a nivel del corazón (costilla quebrada), quien magnetizó igualmente 2
pañuelos, luego por Myriam en el interior de la rodilla derecha (ligero esguince). De inmediato sentí los
beneficios en lo que concierne a la rodilla pues ya no cojeo más al levantarme, lo que ocurría al retomar la
marcha después del reposo. De vez en cuando aplico un pañuelo sobre mi rodilla e inmediatamente me
alivio. Y en la noche, momento cuando la costilla se hace sentir durante los cambios de posición, coloco el
pañuelo y el dolor es notoriamente más soportable.
Mariane
Magnetismo postoperatorio sobre canal carpiano
Costilla fracturada

lunes, 7 de febrero de 2011

MAGNETISMO Y ESPIRITISMO por A D R I E N P I E R S A N T I TERAPIAS Y ATENCIONES ESPÍRITAS TOMADO DE:LA REVISTA ESPIRITA N° 83 ENERO 2011.

MAGNETISMO Y ESPIRITISMO
por
A D R I E N P I E R S A N T I
TERAPIAS Y ATENCIONES ESPÍRITAS
He aquí un caso que tuve que tratar a comienzos de
los años 2000. Se trataba de una mujer que me había
contactado a través de nuestro sitio en Internet. Esta
persona sufría de la espalda al punto de que ello la
incapacitaba.
Había, por así decirlo, probado todo, tocado todas
las puertas y, desgraciadamente, no había podido
conseguir más que un alivio pasajero. Su espalda no
presentaba nada anormal y sin embargo sufría por
ella en forma esporádica. Era tanto más penoso para
ella pues era un avezada karateca, muy interesada
en esa disciplina. Además había alcanzado un muy
buen nivel, pero desde hacía varios meses había
sido obligada a hacer un alto en el kárate, lo cual la
afectaba.
Todo esto me lo explicó en su primer correo y, al tener
su número de teléfono la llamé, lo cual permitió
conocernos e igualmente que ella expresara su
problema con más detalle.
Pude hablarle de los diferentes medios terapéuticos
que practicamos en el Círculo espírita Allan Kardec.
En un primer momento, le propuse el magnetismo
pero rápidamente me dije que tal vez en su caso
eso no bastaría, que el magnetismo sólo le traería
alivio, lo cual no es desdeñable, pero seguiría siendo
insuficiente. Para ella era cuestión de curar su
espalda. Decidí emprender, con su aprobación, por
supuesto, una psicometría que quizás me permitiría
revelar la causa de su problema, seguida de una radiestesia

con fines terapéuticos.
En la revista anterior abrimos este nuevo apartado “Terapias y atenciones espíritas”, dedicada a los cuidados
magnéticos, hipnóticos y otros, dispensados en el marco de la sección de atención del Círculo. Adrien Piersanti,
responsable de esta sección, atiende este apartado y prosigue su informe con un nuevo testimonio representativo
de su trabajo regular en magnetismo y psicoquinesia.
La redacción
.
Debo abrir un paréntesis para explicar el génesis
de esta combinación psicometría y radiestesia con
fines terapéuticos: algunos meses antes, durante
una sesión de escritura automática, mi guía vino
para decirme que la psicometría que desarrollaba
desde hacía algunos años se había vuelto operativa
y que tomaría una dirección terapéutica, siendo
una psicometría de tipo clásico, si puedo decirlo
así. Eso significa que por el contacto con un objeto
perteneciente a una persona enferma, objeto que
debe estar muy “impregnado” de esa persona y que
pueda considerarse de gran valor sentimental; por
ese contacto, pues, veré en psicometría la causa y
el origen del problema de salud de la persona en
cuestión. Una vez encontrada la causa, emprenderé
un trabajo en radiestesia, esta vez de tratamiento
del problema. Le propuse pues esta fórmula que
ella aceptó y le pedí me enviara un objeto que le
perteneciera y al cual estuviera particularmente
apegada, acompañado por una foto que la
representara de pie.
Como habrán comprendido, este trabajo
radiestésico se haría a distancia sobre la foto, pues la
dama estaba demasiado alejada geográficamente.
Pasaron dos días y recibí por correo el objeto
solicitado, que era ni más ni menos que una
navaja de resorte… Kárate, navaja de resorte, ¿una
delincuente? Sin duda, esta mujer es totalmente
tranquila y encantadora.
Al día siguiente decidí actuar. Me instalé en las
condiciones requeridas: calma, recogimiento,
concentración, pensamientos dirigidos hacia mi
guía quien, como él lo ha precisado, estaría presente.
Tomo el cuchillo y al cabo de algunos minutos,
aparecen imágenes. Veo un vasto campo verde y
ondulado, salpicado de bosquecillos y matorrales,
el clima es suave. El ambiente es muy tranquilo y
sereno. Y percibo un hombre a caballo inmóvil. Este
hombre tiene unos treinta años, moreno, esbelto,
lleva un pequeño bigote, tiene el cabello corto. Está
vestido de jinete, un traje muy esmerado. Percibo
que pertenece a la alta sociedad de fines del siglo
XIX. Contempla sus tierras a las cuales está muy
apegado. Adora particularmente esos momentos,
esos paseos por la naturaleza. Tiene aspecto de
meditar, quieto sobre su caballo, la mirada hacia el
horizonte, se siente bien. Luego decide continuar,
parte al trote lento, pero de repente su caballo se
encabrita violentamente, yo no sabría decir por qué.
Él, totalmente sorprendido, es derribado. Su caída es
terrible pues se rompe la columna vertebral contra
una gran piedra semi-enterrada. En la siguiente
imagen, lo veo sentado bajo un ventanal, una
manta le cubre las piernas, ya no puede caminar
más. El ventanal está adosado a su vasta morada
que domina sus tierras. Mira tristemente el campo
pues nunca más podrá recorrerlo como tanto le
gustaba hacer.
Después de eso, llamo por teléfono a la Señora C.
y le hablo de la psicometría. Sigue un largo silencio
luego ella me dice: “Le confiaré un pensamiento
íntimo. Cada vez que veo a un minusválido sobre su
silla de ruedas, experimento la irresistible necesidad
de ponerlo de pie para verlo caminar. Nunca he
comprendido por qué reaccionaba así”.
Después de esa entrevista, comienzo el trabajo
radiestésico sobre la foto de la señora C. a razón
de dos veces por semana. Durante la entrevista
que precede a este trabajo, le pido que me tenga
al corriente de su estado, una vez por mes, por
teléfono.
Esta petición es doblemente importante. Por una
parte, por supuesto, para su control y por otra
para mantener un vínculo que me es necesario en
la permanencia de la frecuencia de trabajo. Pues
trabajar sobre una foto por largo tiempo tiene el
riesgo de provocar cansancio. Pero, tener noticias
regularmente mantiene el impulso.
Un mes después, la señora C. me llamó como
habíamos convenido, para decirme que nada
había cambiado. Es necesario insistir, un mes es
poco. El trabajo sobre foto es más largo que el
trabajo efectuado directamente sobre la persona.
El segundo mes, ídem. El tercer mes, el dolor ha
desaparecido.
Prudente, le digo que prolongaremos el trabajo un
mes. La desaparición del dolor es confirmada por la
señora C. cuando me llama el mes siguiente.
¿Cómo explicar que hemos logrado la curación?
Lo recuerdo, varios medios combinados entran en
juego: la psicometría revelada a la señora C. tiene un
impacto cierto sobre su psiquismo, sobre su espíritu;
y a continuación la radiestesia con fines terapéuticos,
el pensamiento dirigido del terapeuta durante el
acto radiestésico, todo eso crea una “alquimia” que
en este caso preciso lleva a la curación. Puntualizo
bien “en este caso preciso”, porque no siempre todos
los actos de este tipo han dado el mismo resultado.
Es decir que a veces hay mejoría del estado del
paciente, alivio pero no curación, y a veces hasta nos
enfrentamos al fracaso. Desde luego, esta disciplina
no es la panacea pero ha resultado eficaz para buen
número de pacientes.
Por supuesto, el cuerpo médico no se conformará
con esta respuesta. Los resultados están allí. En este
proceso de curación entran en juego elementos
sutiles tales como la fuerza del pensamiento, la
onda de forma creada por el péndulo, que hoy no
son admitidos, y hasta son despreciados por ese
mismo cuerpo médico dominante

martes, 1 de febrero de 2011

DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE INTRODUCCIÓN WASSILY KANDINSKY TOMADO DE: EL BOLETÍN "PROGRESO" DEL A.I.P.E.

DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE
INTRODUCCIÓN
WASSILY KANDINSKY
Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, madre de nuestros
propios sentimientos.
Igualmente, cada periodo cultural produce un arte que le es propio y que no puede repetirse.
Pretender revivir principios artísticos del pasado puede dar como resultado, en el mejor de los
casos, obras de arte que sean como un niño muerto antes de nacer. Por ejemplo, es totalmente
imposible sentir y vivir interiormente como lo hacían los antiguos griegos. Los intentos por
reactualizar los principios griegos de la escultura, únicamente darán como fruto formas
semejantes a las griegas, pero la obra estará muerta eternamente. Una reproducción tal es igual
a las imitaciones de un mono. A primera vista, los movimientos del mono son iguales a los del
hombre. El mono puede sentarse sosteniendo un libro frente a sus ojos, dar vuelta a las páginas,
ponerse serio, pero el sentido de estos movimientos le es ajeno totalmente.
Hay, a pesar de esto, otra igualdad exterior de las formas artísticas que se asienta en una gran
necesidad. La igualdad de la aspiración espiritual en todo el medio moral-espiritual, la
aspiración hacia metas que, perseguidas primero, fueron luego olvidadas; es decir, la igualdad
del sentir interno de todo un periodo puede llevar lógicamente al empleo de formas que en un
periodo anterior sirvieron positivamente a las mismas aspiraciones. Así nació parte de nuestra
simpatía, nuestra comprensión y nuestro parentesco espiritual con los primitivos. Como
nosotros, esos artistas puros buscaron reflejar en sus obras únicamente lo esencial: la renuncia a
lo contingente apareció por sí sola.
A pesar de su valor, este punto importante de unión espiritual no es más que un aspecto.
Nuestro espíritu, que después de una larga etapa materialista se halla aún en los inicios de su
despertar, posee gérmenes de desesperación, carente de fe falto de meta y de sentido. Pero aún
no ha terminado completamente la pesadilla de las tendencias materialistas que hicieron de la
vida en el mundo un penoso y absurdo juego. El espíritu que empieza a despertar se encuentra
todavía bajo el influjo de esta pesadilla. Sólo una débil luz aparece como un diminuto punto en
un gran círculo negro. Es únicamente un presentimiento que el espíritu no se arriesga a mirar,
pues se pregunta si la luz es sólo un sueño y el círculo negro la realidad.
Esta duda y los sufrimientos aún válidos de la filosofía materialista, separan nuestro espíritu del
de los primitivos. Nuestro espíritu tiene una grieta, que cuando se logra tocar, produce el sonido
de un fino jarrón quebrado, hallado en el fondo de la tierra.
Por eso, la inclinación a lo primitivo, como la que hoy tenemos abiertamente tomada en
préstamo, será de corta vigencia.
Estas dos clases de semejanzas entre el arte nuevo y las formas de etapas pasadas, son
radicalmente diferentes. El primero es externo y, por lo tanto, no tiene porvenir.
El segundo es espiritual y por eso lleva en sí la semilla del futuro. Tras la etapa de la tentación
materialista, en la que aparentemente murió y que, sin embargo, ahora rechaza como una
tentación negativa, el alma se levanta afinada por la lucha y el sufrimiento.

Los sentimientos más burdos, como el miedo, la alegría, la tristeza, etc., que podrían usarse en
esta etapa de tentación como contenido del arte, atraerán poco al artista. Este buscará despertar
sentimientos más sutiles que en la actualidad no tienen nombre. El artista tiene una vida
compleja, sutil, y la obra surgida de él originará necesariamente, en el público capaz de
sentirlas, emociones tan matizadas que nuestras palabras no las podrán manifestar.
El espectador es hoy incapaz, salvo en excepciones, de tales vibraciones. Desea hallar en la
obra de arte una simple imitación de la naturaleza que le sirva para algún fin práctico (el retrato
en su significado corriente, etc.), o una imitación de la naturaleza que traiga consigo cierta
interpretación (pintura impresionista), o finalmente, estados de ánimo disfrazados de formas
naturales (lo que se llama emoción) (1). Todas estas formas de ser auténticamente artísticas,
cumplen una finalidad y son (también en el primer caso) alimento espiritual, y especialmente
en el caso tercero, en el que el espectador encuentra una relación con su alma. Naturalmente,
tal relación (o re-sonancia) no se queda en la superficie: el estado de ánimo de la obra puede
profundizarse y modificar el estado de ánimo del espectador….. Cada cuadro guarda
misteriosamente toda una vida, una vida con muchos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo
y de luz. ¿Hacia dónde va esta vida? ¿Hacia dónde busca el alma del artista, si también se
entregó en la creación?
¿Qué anuncia?
Iluminar las profundidades del corazón humano es la misión del artista, dice Schumann.
El artista es un hombre que lo sabe dibujar μ pintar todo, dice Tolstoi.
De estas dos definiciones sobre la función del artista elegimos la segunda, pensando en la
exposición descrita anteriormente; con mayor o menor habilidad, virtuosismo y energía, surgen
en el cuadro objetos relacionados entre sí por medio de pintura, más tosca o más fina. Esta
armonización del todo en el cuadro es el medio que conduce a la obra de arte. Esta es mirada
con ojos fríos y espíritu indiferente. Los expertos admiran la factura (así como se contempla a
un equilibrista), gozan la pintura (como se goza con una empanada).
Las almas hambrientas se van hambrientas. La muchedumbre camina por las salas y encuentra
las pinturas bonitas o grandiosas. El hombre que podría decir algo no ha dicho nada, y el que
podría escuchar no ha oído nada.
Este estado del arte se llama l'art pourl'art. La eliminación de los sonidos internos,
que son el ser de los colores, la dispersión de las fuerzas del artista en la nada, es el arte por el
arte.
………... Comprender es formar y aproximar al espectador al punto de vista del artista.
Ya dijimos que el arte es hijo de su tiempo. Un arte así sólo puede repetir artísticamente lo que
está reflejando nítidamente la atmósfera del momento. Este arte, que no guarda ningún germen
del futuro, que es sólo hijo de su tiempo y que nunca crecerá hasta ser engendrador de futuro,
es un arte castrado. Tiene escasa duración y moralmente muere en el instante en que
desaparece la atmósfera que lo ha originado.
El otro arte, capaz de evolucionar, se basa también en su época espiritual, pero no sólo es eco y
espejo de ella, sino que contiene una energía profética vivificadora que actúa amplia y
profundamente. La vida espiritual, en la que también se halla el arte y de la que el arte es uno
de sus más fuertes agentes, es un movimiento complejo pero determinado, traducible a
términos simples, que conduce hacia adelante y hacia arriba. Este movimiento es el del
conocimiento. Puede adoptar muchas formas, pero en el fondo mantiene siempre un sentido
interior idéntico, el mismo fin. Son oscuras las razones por las que todo movimiento
progresivo y ascendente debe realizarse con el sudor de la frente con sufrimientos, malos
momentos y penas. Cuando se ha concluido una etapa y se ha superado otro escollo del
camino, una mano perversa e invisible arroja nuevas piedras que parecen cerrar y borrar por
completo el camino por el que se andaba.
Entonces aparece un hombre parecido en todo a nosotros, pero que tiene dentro de sí una
fuerza visionaria y misteriosa. El observa y enseña. Por momentos desea liberarse de ese don
superior que a menudo es una pesada cruz. Pero no puede. A pesar de las burlas y los odios,
lleva hacia adelante y hacia arriba el pesado y reacio carro de la Humanidad que se detiene
entre las piedras.

En algunas ocasiones, cuando no queda ya nada de su ser físico en la tierra, se usan todos los
materiales para reproducirlo ya sea en mármol, hierro, bronce o piedra. Como si representara
algo el cuerpo de estos servidores del hombre, mártires casi divinos, que despreciaron lo físico
y sólo valoraron al espíritu. El recurso del mármol demuestra que una gran multitud ha llegado
finalmente al lugar que en su día ocupó el ahora homenajeado.

TESTIMONIO por FABIENNE DUCOURNEAU MI ENCUENTRO CON EL ESPIRITISMO TOMADO DE: LA REVISTA ESPIRITA N° 83 ENERO 2011

TESTIMONIO
por
FABIENNE DUCOURNEAU
MI ENCUENTRO
CON EL ESPIRITISMO
Cuando yo nací, en enero de 1965, tenía dos hermanos
y era la única hija. Sin embargo, diez meses antes de
mi nacimiento, mis padres tenían otra hija, Michèle,
de 8 años y medio. Pero un día, Michèle jugaba con
una pelota delante de la casa y se lanzó a perseguir la
pelota. El señor G. venía al volante de su auto y a pesar
del enérgico frenazo no pudo evitar a mi hermana y
la golpeó violentamente con el parachoques delantero.
Trasladada de emergencia al hospital Central de
Nancy, Michèle murió el 21 de marzo de 1964, día de
la primavera, luego de un coma de tres días. Después
de ese deceso mi padre se convirtió en ateo, pero de
hecho pienso que, aun antes de ese drama, él no era
creyente. Según varios testimonios, mi padre habría
dicho: “Si mi hija se salva, creeré en Dios”. Luego de la
partida de mi hermana, la muerte quedó como un
asunto que no había que abordar, la muerte se había
convertido su enemiga. En cuanto a mi madre, ella era
católica y los tres años que siguieron a aquel drama,
permaneció vestida de negro con la televisión apagada.
Fue pues una educación católica la que recibí,
bautismo, comunión, con curso de catecismo del que
no me queda ningún recuerdo; sólo un cuaderno de
trabajos prácticos, fechando en 1975, me recuerda ese
período.
¡Desde mi más tierna edad, fui llamada pronto por la
muerte! ¿Por qué hace ella tanto mal? ¿Por qué esta
injusticia? De pequeña, cuando me despertaba por la
noche de vez en cuando, mi cuarto y mi cuerpo me
parecían extraños. No comprendía y, por supuesto no
tenía ninguna respuesta a esas extrañas sensaciones,
hasta el día que vi la película de Robert Wise “Audrey
Rose” estrenada en 1977, (ver en Le Journal Spirite N°52
- paranormal y cine). Sin poder explicarla todavía hoy,
esta película forjó en mí una nueva convicción: ¡Se
vivían varias vidas! La reencarnación se convirtió en
la explicación de mis raras sensaciones. Comprendí
entonces que ya había vivido y que mis impresiones
nocturnas podían ser el recuerdo puntual e inconsciente
de mi última vida. ¡Fue en ese momento que
tuve la convicción de la existencia de vidas anteriores!
Estamos en 1988, tengo 23 años, y nunca he oído hablar
de espiritismo, apenas he intentado con mi familia o
hasta con amigos, hacer moverse un vaso. Recuerdo
muy particularmente una de esas experiencias. Ocurrió
en mi habitación, donde estaban presentes mi madre
y una prima. El vaso comenzó a moverse y a la pregunta
“¿Quién eres?” el vaso se dirigió hacia las letras
indicando “Michèle, quiero hablar con Papá”. Papá se
encontraba en el salón mirando la televisión, fui pues
a verlo para explicarle e invitarlo a reunirse con nosotras,
pero la respuesta fue clara y precisa. “¡Todo eso,
son tonterías!” ¡Bien, no insistí! Una tarde, invité a mi
hermano y a su amigo a venir a pasar la noche y en esa
oportunidad, oí hablar por primera vez de espiritismo.
Me enteré de que mi hermano José era espiritista
desde hacía algunos meses y ambos me explicaron los
grandes lineamientos de la filosofía espírita: el espíritu
sobrevive después de la muerte, hemos vivido ya otras
vidas y es posible la comunicación con el más allá.
Empecé a descubrir el espiritismo con la lectura de El
Libro de los Espíritus escrito por Allan Kardec. Después
de esta obra, que me apasionó, proseguí con El Libro
de los Médiums, ¿Qué es el Espiritismo? y descubrí igualmente
otros autores como Gabriel Delanne y Léon
Denis, ambos sucesores de Allan Kardec. Me adherí al
Círculo Allan Kardec en septiembre de 1990. Luego de
una entrevista con Jacques Peccatte, recibí mi “tarjeta
de socio” y para mí fue como un diploma que obtenía,
¡un diploma “inmaterial” por supuesto! Mi adhesión
me hizo pasar de una vida banal a una vida llena de
descubrimientos, de encuentros, estoy en una nueva
escuela, tanto con los espíritus como con los hombres.
No olvido el papel esencial de Michel Pantin, cofundador
con Jacques del Círculo Allan Kardec, espírita y
médium y que nos dejó este año para partir hacia su
más allá, ¡un más allá que él defendió por cerca de cuarenta
años! (ver Le Journal Spirite N° 80 - Homenaje, ha
partido un hombre de excepción).
Veinte años después de mi encuentro con el Círculo
Allan Kardec, sé que he descubierto la verdadera
vida, la vida que había elegido antes de mi regreso a
esta tierra para realizar el sentido de mi encarnación.
¡El espiritismo mitiga la separación y da la esperanza
de que un día encontraremos a todos los que hemos
amado!